9/19/2026

El movimiento de mujeres y la lucha contra el sionismo".

 

Palestina hoy y la historia de la lucha de las mujeres y feministas palestinas

Mariana Morales

Publicamos la ponencia de Mariana Morales, profesora de la Facultad de Economía de la UNAM e integrante del Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas en la charla "¿Paz en Palestina?



Estoy muy contenta de estar acá, compartiendo esta charla con compañeras académicas destacadas que nos une la lucha por la causa Palestina y con todes ustedes que se dieron el tiempo para venir a esta actividad y ser parte de esta misma batalla junto a los cientos de miles en el mundo que estamos saliendo a las calles a denunciar el genocidio y exigir el alto al fuego, porque Palestina libre sea desde el río hasta el mar.

Es sumamente importante tener un espacio más como este, organizado por la revista Ideas de Izquierda Mx, que es parte de las Jornadas Marxistas que impulsamos desde 2023, no solamente para transmitir lo que estamos pensando y entender juntas/juntes lo que está pasando, sino también para llamar a que sigamos construyendo nuevas acciones por ejemplo, que podemos hacer juntes en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer el 25N para seguir exigiendo el derecho a la autodeterminación del pueblo a palestino y que sigamos perturbando el orden que el imperialismo de EU e Israel quieren imponernos con la complicidad de la UE.

Y digo perturbar porque cuando el sionismo habla de terrorismo, nosotros decimos derecho a la autodeterminación y organizarse por él; porque cuando, en Estados Unidos, los republicanos con el aval de los demócratas salen a decir que los estudiantes con las acampadas perturban la paz, decimos no existe paz con genocidio, con despojo, con apartheid, con el uso del hambre como arma de guerra. O también aquí en la UNAM les decimos eso a quienes hablan a nombre de la libertad y el orden - me refiero al pronunciamiento sobre “el asedio de la UNAM”- pero que en realidad son una burocracia dorada que vive a costa de la comunidad universitaria y lo que defienden es la libertad de la barbarie de Israel.

A más de dos años de la ofensiva sionista, en los últimos meses hemos visto con mucho entusiarmo el crecimiento de la solidaridad en el mundo con momentos históricos como la impresionante huelga general en Italia que paralizó todo, incluyendo el envío de armas para Israel, luego la huelga en España y las movilizaciones masivas en varias partes del mundo junto al enorme esfuerzo internacional que se mostró en la Global Sumud Flotilla para romper el cerco en Gaza.

Todas estas acciones con la entrada de la clase trabajadora con sus métodos que se articula con la acción protagónica de la juventud internacional y otros sectores populares, abrió la posibilidad de echar mano del freno de emergencia, como diría Walter Benjamin, es decir de que haya una alternativa radical a la barbarie imperialista que hoy muestra su mayor decadencia en lo que está viviendo el pueblo palestino. Fue todo esto lo que obligó a quienes avalaban el genocidio a buscar alguna salida bajo el llamado al alto al fuego, pero el cual, como sabemos, desde las primeras horas fue quebrado por Israel mostrando cual es el verdadero carácter del plan colonial impulsado por Trump.

Venimos de una intensificación sin precedentes de los padecimientos del pueblo palestino, marcado por la ofensiva militar israelí sobre Gaza desde hace más de dos años y ahora mientras se acordaba el alto al fuego en Cisjordania se agudizaron los ataques contra la población (van al menos más de 250 muertos).

Las cifras del genocidio son escalofriantes y como ha denunciado Rita Segato el poder de muerte se exhibe sin pudor, un horror televisado infringido al pueblo palestino”. De acuerdo con datos del Ministerio de Salud de Gaza han muerto más de 68 mil 872 personas desde 2023, la mayoría mujeres y niños. Por eso se habla de un genocidio también contra las mujeres y las infancias. ONU Mujeres estima que más de 28 mil mujeres y niñas han sido asesinadas, esto significa que, en promedio, una mujer o niña muere cada hora a manos de las fuerzas israelíes. Según un índice del Observatorio Euromediterráneo de Derechos Humanos de mayo de este año, más de 7 mil de ellas eran madres. Y al menos 21 mujeres al día son víctimas de bombardeos directos.

A esas cifras se suman 12 mil abortos espontáneos, provocados por la hambruna impuesta bloqueo a Gaza y por la destrucción deliberada del sistema sanitario, que también convierte enfermedades no mortales en causas de muerte. En esta situación devastadora, tampoco existen condiciones mínimas de salubridad e higiene: con el 80% de la infraestructura destruida, muchas mujeres se ven obligadas a parir bajo las balas.

Sabemos y denunciamos que todos estos ataques no son casuales. El capitalismo, el patriarcado y el imperialismo, hoy encarnados en el gobierno de Netanyahu y respaldados por Trump, utilizan el cuerpo de las mujeres como campo de batalla con el objetivo de humillar, dominar y eliminar a un pueblo entero. Del mismo modo, el asesinato de las infancias busca eliminar generaciones completas y su derecho a existir, en una población donde el 47% son menores de 18 años.

Seguramente estas cifras son aún más brutales en la Palestina de hoy —y algunas las conocemos—, pero las traigo aquí como una forma de nombrar esta barbarie y, al mismo tiempo, de contraponerla a la lucha de las mujeres palestinas, tanto en sus diversas formas de resistencia como a través de sus propias voces, trayendo las experiencias de quienes, desde hace más de un siglo, enfrentan cotidianamente la ocupación, sostienen la lucha por la liberación nacional y se enfrentan al sistema capitalista patriarcal y machista que se fortalece con la ocupación.

También como un modo de combatir la mirada supremacista blanca, racista e islamófoba que pretende reducir a las mujeres a meras cifras o víctimas de un conflicto.

I. Primera ola: El nacimiento político (1917-1939)

La lucha de las mujeres palestinas no es una nota al pie de página: es el corazón mismo de la resistencia nacional. Se trata de un feminismo que nace en las trincheras del anticolonialismo y que, en distintos momentos de resistencia, ha sido una fuerza decisiva en la creación de estructuras comunitarias “alternativas” dentro del pueblo palestino (Dajani, 1994).

Aquí recupero algunos de los episodios más significativos de la lucha de las mujeres en Palestina, entendiendo que no constituyen un movimiento homogéneo, sino que expresan diferencias políticas, sociales y culturales que también varían según las regiones geográficas.

Las primeras acciones de resistencia impulsadas por mujeres palestinas se registran, por ejemplo, en el norte de la Palestina histórica, en Afula, a finales del siglo XIX, bajo la colonización del Imperio Otomano. Allí se opusieron a la construcción de asentamientos judíos en sus tierras, en los mismos años en que la ideología sionista de Theodor Herzl comenzaba a propagarse, planteando que para poner fin a la persecución de las comunidades judías en Europa —lo que llamó “el problema judío”— la única solución era la creación de un Estado propio respaldado por las grandes potencias.

Desde los inicios del siglo XX, la organización de mujeres palestinas se convirtió en una fuerza crucial contra el proyecto colonial. La Unión de Mujeres Palestinas, fundada en 1921, logró unir a mujeres musulmanas, cristianas y laicas en un frente común, entre ellas nucleaba en diversas entidades de caridad y ayuda mutua para hacer frente a la devastación tras la Primera Guerra Mundial. Su objetivo principal era oponerse a la política británica, especialmente a la Declaración de Balfour de 1917, que respaldaba el establecimiento de un “hogar nacional para el pueblo judío” bajo la lógica colonial de “un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo”. Sus acciones incluyeron participar activamente en protestas, emitir declaraciones exigiendo el fin de la inmigración judía y la independencia, y la conformación de diversos comités de resistencia (Fleischmann, 2000).

El movimiento político de mujeres y feminista se formalizará con el Congreso de Mujeres Árabes Palestinas el cual reunió a decenas de mujeres que provenían de organizaciones locales las cuales habían surgido contra la ocupación de tierras como por brindar servicios a la comunidad. El congreso se da en el contexto de la disputa por el Muro de las Lamentaciones (Muro Occidental o Kótel en hebreo), lo que desató protestas y movilizaciones palestinas que fortalecerán la resistencia palestina. Fue en ese contexto en el que el Congreso de Mujeres exige derogar la Declaración Balfour, poner fin a la venta de tierras y también, la independencia y el fin de la inmigración judía.

La imagen que capturó la movilización con la que finalizó el congreso es una caravana de autos que, ante la prohibición británica de movilización, realizaron así la protesta. Con esto declararon unirse a la lucha antisionista al lado de los hombres (Azuara, 2020).

Este primer movimiento se centró en la cuestión nacional y mantuvo una estrecha relación con el Ejecutivo Árabe. Paralelamente, buscaba fomentar que otras mujeres palestinas desarrollaran su propia organización y aspiraba a unificar el movimiento de mujeres árabes (sin distinción religiosa), por ejemplo estableciendo vínculos con Egipto, Irak y Siria; aunque este movimiento se limitó a mujeres de clase media y alta, sin incorporar a las mujeres campesinas, de las aldeas y de las familias más pobres.

Entre las figuras más reconocidas se encuentra Matiel Mogannam -quien escribió La mujer árabe y el problema palestino (1937)- y Tarab Abdel Hadi. Finalmente, hacia 1938 la división política interna de los líderes del Ejecutivo Árabe fracturó al movimiento, dando lugar a la formación de la Asociación de Mujeres Árabes y la Unión de Mujeres Árabes.

Estos años también con la profundización de la colonización de asentamiento promovida por el Mandato Británico agravó la crisis contra la que estallaría La Gran Revuelta Árabe en 1936 que se extendió hasta 1939. El acontecimiento que desata el descontento es el descubrimiento de una carga de armamento dirigida a paramilitares judíos y llaman a huelga y a la toma de las armas.

Las mujeres tuvieron una participación relevante. Las mujeres promovieron la huelga en las ciudades que duró 6 meses -siendo una de las más largas del periodo- y, por primera vez, las mujeres campesinas se hicieron parte del combate armado. Durante estos años hubo una intensa actividad de diferentes sectores en comités y organizaciones para oponerse a la partición de Palestina histórica.

Expresión de esto es que 1939 las palestinas convocaron al Congreso Oriental de Mujeres para el Apoyo de la Causa Palestina de El Cairo en apoyo a la rebelión árabe, al que acudieron mujeres de Siria, Líbano, Irak y Egipto, solidarias con la causa palestina, unidas por el rechazo al avance colonial europeo en Medio Oriente y la lucha por sacudirse el yugo inglés, es decir, compartían el antiimperialismo y el anhelo de justicia social forjado en sangrientas batallas. También buscaron establecer relación con sectores de feministas europeas, aunque pronto las palestinas las criticaron por querer imponer su cultura y costumbres, y no comprender cómo la situación política impactaba en la vida de las mujeres palestinas y esto también condiciona la lucha por los derechos de las mujeres.

En sus demandas, las mujeres palestinas unieron la lucha por los derechos democráticos y la resistencia nacional. Exigían derechos específicos para las mujeres —como el voto, la igualdad en la educación y el trabajo, y el derecho a decidir sobre el matrimonio y el divorcio (cuestionando así la poligamia masculina)—, ligándolos inseparablemente al derecho fundamental a la vida frente al creciente asedio sionista y el avance de la colonización británica.

La creciente solidaridad y cooperación por Palestina la convirtieron en el corazón del feminismo árabe y panarabismo feminista. La causa atrajo una amplia red de solidaridad incluyendo el apoyo de organizaciones importante como la Unión Feminista Egipcia (UFE) y figuras destacadas como Huda Shaarawi (UNRWA, 2021).

II. Hitos de la resistencia radical: La Nakba y la lucha armada (1948-1987)

La situación para Palestina histórica empeoró drásticamente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. La Asamblea General de la ONU aprobó en 1947 la partición del territorio mediante la Resolución 181, que dispuso la creación del Estado de Israel. Para este momento, Gran Bretaña ya había sentado las bases del proyecto sionista y, debilitada por la guerra, solicitó apoyo internacional. Estados Unidos, junto con el bloque aliado —incluida la URSS—, respaldó de inmediato el proyecto sionista.

Empieza un nuevo momento de limpieza étnica a la que fue sometido el pueblo palestino, y en particular las mujeres, provocó el éxodo masivo hacia países vecinos y otros territorios. A partir de este momento la mayor parte de la población palestina pasará a ser refugiada. Las denuncias que las feministas árabes habían planteado previamente sobre la explotación sexual y la violencia se agudizaron dramáticamente durante la Nakba: violaciones, asesinatos, torturas y masacres formaron parte de los crímenes de guerra cometidos por los grupos paramilitares sionistas y la acción militar de la Haganá, como ocurrió en Deir Yassin y en otros pueblos.

Ante la supervivencia familiar y comunitaria, la resistencia se transforma y surgen nuevas formas de resistencia. Muchas mujeres pasaron a la clandestinidad y otras se enfrentaron a la división de quienes vivían en Palestina y las miles que fueron expulsadas de sus hogares. Al menos el 80% de la población palestina pasó a ser refugiada. (Pappe, 2007). En este contexto que las mujeres se convierten en guardianas de la memoria y la historia (cuentos, danzas, narraciones) (Vidal, 2024).

Hacia 1967, la ocupación militar de Cisjordania (incluyendo Jerusalén Oriental), la franja de Gaza, los Altos del Golán Sirios y la Península Egipcia del Sinaí (UNRWA, 2021) desató la Guerra de los Seis Días. A partir de episodio conocido como Naksa, retroceso" o "revés" se radicaliza la resistencia y se extiende la idea de que la única vía para la liberación de Palestina era la lucha armada (ante el deterioro de la condiciones económicas y sociales con la ocupación, la destrucción de la economía campesina que generó mayor dependencia del mercado laboral israelí.

En adelante van a surgir varias organizaciones como la Organización para la Liberación de Palestina que en su interior agrupó a la Unión General de Mujeres Palestinas (UGMP) en 1965. Desde entonces la participación de las mujeres en organizaciones guerrilleras creció, aunque se mantuvieron como minoría al interior de estas (Serrano, 2024) y conformaron varios comités de mujeres.

Un giro importante que da el movimiento de mujeres y feminista es reconocer que es necesario incorporar a las mujeres campesinas, mujeres de sectores populares, especialmente de aldeas y campamentos de refugiados para avanzar en la lucha por los derechos de las mujeres y la liberación de Palestina. Las mujeres participaron en la creación de comités barriales, encargados de salud, educación popular, rescate, defensa comunitaria, abastecimiento y producción colectiva a través de cooperativas.

Por el lado de la guerrilla, uno de los hechos más difundidos de ese momento fue el secuestro de aviones que realizó el Frente Popular para la Liberación de Palestina y del cual participó Leila Khaled, quien se convirtió en un icono de la lucha palestina.

También es importante destacar que la politización de las mujeres tuvo expresión dentro de las propias facciones de la resistencia, donde comenzaron a surgir cuestionamientos impulsados por ellas mismas. En particular, cuando la OLP asumió el poder político, la mayoría de las mujeres militantes fueron relegadas de los espacios de liderazgo, especialmente dentro del Consejo Nacional Palestino (UNRWA, 2021).

A la par del crecimiento organizativo, aumentó la represión política. Al menos 2 mil mujeres y niñas fueron encarceladas, siendo sometidas a torturas durante los interrogatorios, incluso estando embarazadas, como fue denunciado en el caso de Maskubiya del Frente Popular (UNRWA, 2021: 31). Esta represión, sin embargo, no detuvo el movimiento. Se conformaron nuevos comités de mujeres que, a pesar de sus diferencias políticas e ideológicas sobre la liberación nacional, mantuvieron la unidad de acción en el avance por los derechos de las mujeres.

III. La Primera Intifada de las piedras y las mujeres palestinas

La Primera Intifada —conocida como la "Intifada de las piedras"— marcó un punto de inflexión en la resistencia palestina. El pueblo, y de manera masiva las mujeres, asumieron el protagonismo, la gran mayoría organizadas en comités de base. Un hito crucial ocurrió el 8 de marzo de 1988, cuando miles de mujeres salieron a las calles para conformar el Alto Consejo de Mujeres.

Este organismo fue esencial al participar en la coordinación de la resistencia con el Mando Nacional Unificado (MNU), que integró a diversas facciones. La participación femenina fue total: protagonizaron manifestaciones, marchas, y sentadas; se involucraron en enfrentamientos directos con soldados —como lo atestiguan las potentes imágenes de mujeres frente a tropas armadas—, protegieron a los jóvenes, organizaron funerales, protestas, se opusieron a los tanques y desafiaron los toques de queda impuestos.

La resistencia de las mujeres fue reprimida con dureza por la ocupación, y las cifras documentan que no solo hombres, sino también mujeres, fueron asesinadas, heridas, encarceladas y sometidas a violaciones sexuales y detención administrativa.

Más recientemente, han crecido las denuncias y movilizaciones contra la detención administrativa implementada por Israel. Este es un mecanismo legal que permite encarcelar a personas sin ningún juicio, cargos ni proceso legal, con órdenes que se extienden cada seis meses. Existen casos de personas, incluyendo varones y mujeres junto a sus hijos, que han permanecido detenidas por este método durante más de 20 años. En estos días Israel quiere dar un salto al buscar aprobar una nueva ley para aprobar la pena de muerte a partir de las detenciones.

Una de las conclusiones esenciales es que la Primera Intifada se erigió como un catalizador de la politización de las mujeres que les permite cuestionar su rol social y desafiar las normas patriarcales.

Pero el crecimiento del fundamentalismo religioso daría un giro ideológico y político con profundas repercusiones en la región, afectando tanto al feminismo árabe como a la organización por la liberación nacional. Esta situación se extiende hasta la ofensiva sionista actual en Gaza.

Este crecimiento se explica por la pervivencia de regímenes no democráticos, la incorporación de los países árabes al área de influencia de EU y que las resistencias por la liberación nacional fueron derrotadas militarmente. También el enriquecimiento de los países del Golfo gracias al petróleo sirvió no sólo para desarrollar sectores industriales sino para exportar modelos más conservadores basados en un islam ortodoxo que también era regresivo para las mujeres (Nieves, 2005). Con esto se promovió también un “feminismo islámico” contra un feminismo árabe y combativo de larga data histórica como vimos desde las primeras organizaciones de mujeres desde inicios del siglo XX cuando el sentimiento anticolonial las unió más allá de las religiones.
Pero el principal discurso conservador y odio al islam vino de occidente tratado como símbolo del “atraso y barbarie” y a las mujeres tratadas como “sumisas y pasivas”, a las cuales debían salvar o los valores eurocéntricos coloniales o racistas e imperialistas.

Toda esta intervención sobre las historias de la lucha de las mujeres demuestra también que la política de los dos estados es una perspectiva utópica que ya ha sido superada por la historia y por los acontecimientos actuales. Ante el fracaso de la misma, muchos plantean la idea de luchar por un Estado único, no sionista, donde convivan pacíficamente árabes y judíos, una palestina laica y democrática. Sin duda es una perspectiva progresista, pero creemos que la única forma de lograr ese resultado y conquistar una Palestina libre desde el río hasta el mar, es luchando por una Palestina democrática, laica, obrera y socialista.

Hoy, cuando la derecha y el sionismo intentan hipócritamente utilizar el argumento de que en el occidente capitalista las mujeres “son libres” y de que en Palestina las mujeres o las diversidades viven oprimidas, resulta fundamental recuperar estas experiencias de lucha. Dejando claro que la lucha contra la opresión de género contra el patriarcado es también la lucha contra la opresión sionista y colonial que sufre Palestina.

Para concluir, desde ese movimiento de mujeres, feminista y de las disidencias sexuales a nivel internacional que ha crecido en la últimas décadas y que también ha protagonizado movilizaciones exigiendo la liberación de las presas palestina como ocurrió en 2019, pensamos desde PyR que unir esa fuerza al movimiento internacional en solidaridad con Palestina a unir sus fuerzas y llamar a pararlo todo por el alto al fuego, el cese al genocidio y la autodeterminación de Palestina. Encendamos esa llamada de lo que puede ser el movimiento anticolonial, antipatriarcal, antirrascista y antiimperialista de nuestro siglo.

Por eso no pedimos exigimos, nuestro derecho al pan pero también a las rosas.

Bibliografía

Azuara, T. (2020). Historia del movimiento de mujeres en Palestina, Editores Txalaparta.
Dajani, S. (1994). “The struggle of palestinian women in the occupied territories: Between national and social liberation” en Arab Studies Quarterly, Spring 1994, Vol. 16, No. 2(Spring 1994), pp. 13-26.

Fleischmann, E. (2000). “The Emergence of the Palestinian Women’s Movement, 1929-39” en Journal of Palestine Studies, Vol.29 No. 3, Spring, 2000.

Mogannam, M. (1937). La mujer árabe y el problema palestino, Hyperion Press.

Nieves, M. (2005). “El feminismo árabe y su lucha por los derechos de la mujer” en Encuentros Multidisciplinarios, nº 46 enero-abril 2014.

Pappe, I. (2007). Historia de la Palestina moderna un territorio, dos pueblos. Tres Cantos (Madrid): Akal.

Serrano, L. (2024). “La mujer palestina en la historia: opresión y resistencia”, Amigos AHDJ Jaén, 2024 p. 391-407.

UNRWA (2021). Genealogía feminista palestina: historias de mujeres desde la diversidad. Bilbao: UNRWA.

Vidal, M. (2024). Hijas de la Nakba, Ediciones El Salmón.


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Palestina hoy y la historia de la lucha de las mujeres y feministas palestinas

Mariana Morales

Socióloga UNAM - Profesora la Facultad de Economía UNAM

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