10/18/2026

Las muchas vidas del Manifiesto comunista


Desde hace cerca de dos siglos, cada vez que las cosas se calientan sube la demanda del Manifiesto comunista (1842) de Karl Marx y Friederich Engels. En los pasados 15 años se han registrado picos de venta en Europa y Estados Unidos. Hoy, a raíz de las protestas por la vivienda en España, las búsquedas del documento aumentaron 5 mil por ciento; quizá no todos lo leyeron, pero el dato es revelador. España y Gran Bretaña registraron súbitas subidas en la demanda del Manifiesto en 2012, 2013, 2015, 2018, 2019, 2024 y 2026. En 2022, el escritor británico China Miéville publicó Un espectro recorre el mundo: Sobre el Manifiesto comunista (Akal, Madrid, 2024), que introduce el documento para las generaciones del siglo XXI.

Formalmente impecable, el ensayo de 200 páginas que precede al famoso panfleto (añadido como anexo de 30 páginas) opera como una puesta al día de la madre de todos los manifiestos. Miéville, a la luz de su fantástica literatura, muestra aquí un sorprendente pulso sociopolítico y didáctico.

Cada relato suyo abre puertas a la imaginación, tanto como al razonamiento social y a la radicalidad política. Por si importa, es uno de mis narradores contemporáneos preferidos. Sus novelas y cuentos van de una fantasía anti-Tolkien a la ciencia ficción, el cómic y la onda weird. Militante de la izquierda comunista, en la variante trotskista, es antropólogo social y se doctoró en relaciones internacionales por la London School of Economics en 2001. Nacido en 1972, se forma en el pensamiento posmodernista, de donde extrae sin duda su talante pulp, pero al nuevo siglo vira hacia el marxismo y es candidato local de la Alianza Socialista. Miembro de International Socialist Network, militó en el Socialist Workers Party y en 2013 funda, con el cineasta Ken Loach entre otros, la organización Left Unity.

No obstante, su literatura se ubica lejos del realismo o del materialismo histórico convencional. En The City& The City (2010) desafía la lógica y los límites de nuestra identidad personal. No la relata como Charles Dickens en su historia de dos ciudades que ni siquiera eran vecinas. Tampoco remite a urbes gemelas y físicamente divididas como Buda-Óbuda y Pest, San Francisco y Oakland, Juárez y el Paso, los dos Laredos, los dos Nogales. No se corresponde con Berlín y su infame muro, Belfast y sus “muros de paz” o la segregadísima Guatemala City. Su Bezel es pobre y decadente; en tanto, la arrogante Ul Qoma lleva una vibrante vida festiva rica en aspectos agradables. Sólo su corrupción es la misma. Aunque suceden en realidades paralelas y se quieren destruir apelando a variantes encontradas de nacionalismo, hay quienes sueñan con unificarlas.

En The Last Days of New Paris (2016), a la manera de Philip K. Dick en El hombre en castillo, imagina que en 1941 la ciudad de París, ocupada por las tropas alemanas, queda atrapada en un pliegue del tiempo que impide el fin de la guerra, y en 1950 la resistencia sigue en las calles a causa de un imprudente periodista y espía yanqui que infiltró en Marsella al exilio surrealista y liberó sin querer el poder de los sueños. Las creaturas del grupo cobran vida, se materializan en plena monstruosidad violenta oscilando entre lo fascinante y lo espantoso. Detrás de lo real desfilan los manifs (manifestaciones, ¿manifiestos?) de Magritte, Delvaux, Varo, Picasso, Domínguez, Paalen, Ray, Lamba, Tanguy, Ernst o Breton, y lo amenazan. El primer manif de la novela, que casi arrolla al protagonista, un combatiente de la resistencia, es la monumental Bicicleta y ciclista de Leonora Carrington, que lo persigue durante cuatro páginas.

Cada historia de Miéville asume un riesgo extremo. Perdido Street Station (2000) nos sumerge en la deteriorada ciudad de New Crobuzon, donde Humanos, Reciclados y Arcanos viven bajo la bota de las milicias del Parlamento. En ese espacio contaminado y degradado crecen barrios y guetos de espías, marginales, obreros, drogadictos y prostitutas. Isaac, científico, trabaja allí con una fauna fantástica que lo rebasa. Cierta oruga crece sin cesar y produce una sustancia alucinógena que alterará la vida y el futuro de la ciudad.

Embassytown aborda el colonialismo interplanetario y la relación entre los Humanos y los Ariekei. Desgarrada por su vida marital y social, y las potencias de un lenguaje que desconoce pero habla a través de ella, la colonizadora Avis Benner Cho regresa del espacio a Embassytown mientras la catástrofe acecha. Ursula K. Le Guin lo consideró una obra maestra.

En medio de esta afortunada literatura fantástica, equivalente a la del neoyorquino Jonathan Lethem (y como él en deuda con Kafka, Schultz, Lovecraft, Dick, Ballard), y con huellas de la ciencia ficción rusa (Platonov, Krzhizhanovsky, Tolstaya), ha producido libros “serios” como Entre derechos de igualdad: Una teoría marxista de la ley internacional (2005), Planetas rojos: Marxismo y ciencia ficción (2009, con Mark Bould) y Octubre (2017), una inesperada historia de la revolución rusa. Ahora nos guía por el Manifiesto de Marx y Engels. (Continuará.)

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