"Personajes que son directores de colectivos de desaparecidos entran en conflicto de interés al ser empleados del gobierno que desapareció a los 43 de Ayotzinapa".

El tema de las familias que buscan desaparecidos tiene una carga sentimental por sí mismo y sus voceras tienen un peso moral como víctimas que nos hace considerar como verdad todas sus palabras. La creencia colectiva es, ¿quién va a saber sobre desapariciones si no es quien las ha experimentado? Y eso puede ser cierto.
Pero esta columna no trata de ellas, de las Madres Buscadoras sino de su uso vilmente electoral. Lo que les voy a contar en seguida es producto de varias entrevistas con activistas de derechos humanos que están preocupados por el giro que ha tomado este tema contra la 4T y a favor del PRIAN y del Partido de Lorenzo Córdoba y Claudio X. González, Somos. También están desconfiadas de la llegada a abrazarlas del EZLN en diciembre próximo. Sirvo, pues, de correa para transmitir sus preocupaciones.
Esa historia comienza incluso antes de que se conformaran las organizaciones que hoy conocemos como Madres Buscadoras, que son muy diversas. Tendemos a imaginar que son madres que perdieron a sus hijos en la guerra contra el narco de Calderón y que buscan por sí mismas, sin financiamiento, con las uñas en la tierra. La realidad es diversa. Hay de todo. Hay mujeres cuyos hijos eran militares o marinos. Hay mujeres que sabían que sus hijos estaban en el crimen organizado y algunas más que participaron en él. Hay otras cuyos hijos fueron quizás levantados, secuestrados, e incorporados como desechables en las filas del sicariato. Los buscan. Están los padres y madres de los normalistas de Ayotzinapa.
Pero en estos 16 años de búsquedas ha habido una utilización ruin de sus causas y hasta falsas alarmas un día antes de algunas elecciones. Me refiero, por ejemplo, al escándalo mediático que causó la señora Ceci Flores de las madres de Sonora, en mayo de 2024 cuando anunció el hallazgo de una fosa clandestina en Xaltepec, Tláhuac. Cuando se analizaron los restos, los huesos eran de perro y de borregos. No obstante, la idea de esa madre buscadora era influir en la elección de la CdMx a favor del PAN, partido a cuyo relanzamiento acudió. También fue invitada a la formación del partido Somos, de Álvarez
Icaza y Lorenzo Córdoba.
Todo empieza en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que encabezó en el 2011 Javier Sicilia, el poeta a quien le mataron a un hijo en Temixco, Morelos, junto a otras seis jóvenes cuyos nombres no alcanzaron los titulares mediáticos. Se planteó como un movimiento tipo caravana cívica hacia la frontera norte del país para ir recogiendo los casos de los familiares de las víctimas de la guerra contra el narco de Felipe Calderón y Genaro García Luna. Desde el inicio, un personaje, Emilio Álvarez Icaza se convierte en el principal asesor del poeta. Para cuando llegan a Ciudad Juárez, el Movimiento por la Paz tiene una primera utilización partidista. Ahí, tanto Sicilia como Álvarez Icaza se niegan a firmar los acuerdos de las madres de desaparecidos que exigen el regreso inmediato del ejército a los cuarteles y la disculpa pública de Felipe Calderón por haber declarado esa guerra. Ellos dicen que no porque tienen acordada una reunión con el Presidente espurio y su Secretario de Seguridad, Genaro García Luna, el 23 de julio de 2011 en el Castillo de Chapultepec. Hasta ahí llegó Nepomuceno Moreno Núñez, a quien la policía estatal de Sonora le había secuestrado a su hijo para extorsionarlo. Nepomuceno se convirtió en el símbolo del Movimiento por la Paz porque fue a solicitarle protección a Felipe Calderón a Chapultepec.
Éste, al lado de Margarita Zavala, le entregó el expediente a Genaro García Luna. Los medios de comunicación tomaron fotos del momento. Y Nepomuceno Moreno Núñez fue asesinado a balazos en el centro de Hermosillo cuatro meses después, el 28 de noviembre. A plena luz del día. Por eso fue el símbolo de la inutilidad del Movimiento por la Paz. Nueve meses después, Emilio Álvarez Icaza fue propuesto para la Secretaría de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA. La Canciller de Calderón expresó su beneplácito. En un último estertor, Felipe Calderón vetó la Ley General de Víctimas que había redactado, entre otros, el Movimiento por la Paz y que se había aprobado en la Cámara de Diputados. Secuestró dicha Ley durante veinte días, esperando que pasaran las elecciones donde se eligió el regreso del PRI y, pasadas las elecciones, la vetó. Fue su última traición a los supuestos acuerdos con las madres buscadoras.
El 4 de diciembre de 2012 entró Jesús Murillo Karam a la Procuraduría General de la República propuesto por Peña Nieto. Le encargó a Eliana García Laguna, del movimiento de Sicilia y Álvarez Icaza, construir un “bloque de víctimas” que legitimara las acciones del gobierno priista. Eliana García había sido Diputada pluri por el PRD entre 2003 y 2006, se convirtió en la encargada del despacho de la Subprocuraduría de Derechos Humanos, Prevención del Delito y Servicios a la Comunidad del la PGR de Murillo Karam ---encargada porque no tenía las calificaciones académicas para ocupar el puesto. Más de 20 plazas de la Procuraduría fueron administradas por ella para atraer madres buscadoras y familiares de desaparecidos al entorno de Murillo Karam. Entran a la PGR buscadoras que ya habían encontrado a sus hijos, como Margarita López Pérez que, luego, sería Diputada pluri en Michoacán por el Verde, Movimiento Ciudadano, y el PRD. A ambos personajes, Álvarez Icaza desde la Comisión de la OEA y Eliana, la encargada de despacho en la PGR, les toca administrar las primeras investigaciones de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Administran juntos la llegada del GIEI a México. Álvarez Icaza termina su periodo en agosto de 2016. Ella renuncia en 2015, cuando entra Arely Gómez en sustitución del ya muy cansado Murillo Karam.
En el mismo gobierno de Peña, nada más que en la Secretaría de Gobernación de Miguel Ángel Osorio Chong, sirvieron otros miembros de las caravanas, como por ejemplo, Juan Carlos Gutiérrez Contreras director de una AC llamada Idheas, Litigio Estratégico, entre varios otros. Es decir, una parte de estos personajes que son directores de colectivos de desaparecidos entran en un diáfano conflicto de interés al ser empleados del gobierno que desapareció a los 43 de Ayotzinapa.
Lo que hay que entender de este tipo de organizaciones es que recibieron, también, montos muy altos de dinero por parte de fundaciones internacionales, la USAID, o la Unión Europea, que, en un caso, fue de un millón de euros, es decir, 20 millones de pesos. Otros, como Fundar reciben financiamiento de la Fundación Mac Arthur, la Ford, y Hewlett Packard; o el Centro de Colaboración Cívica, forma parte de Partners for Democratic Change que es financiada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Así que hay divisas de por medio en la retórica de la sangre y la desaparición.
En esta coyuntura electoral, todo parece concentrarse en el partido de Claudio X. González y Lorenzo Córdoba, Somos. Desde ahí, tanto TvAzteca como sus influencers han empujado una campaña que asegura que en México hay la exorbitante cifra de 132 mil desaparecidos. Lo que no dicen es que la cifra es desde 1952 porque la Guerra Sucia empezó con esa práctica desde el Estado. Pero vayamos a los datos presentes. De estos exorbitantes, 47 mil no tienen datos completos en los registros y 32 mil mostraron actividad bancaria o tuvieron altas en el INE, el SAT, Bienestar o el IMSS, después a la denuncia de desaparición. Así que realmente son unos 43 mil desaparecidos con un registro totalmente validado. Pero se sigue repitiendo que son 130 mil y el dueño de TvAzteca mandó a sus influencers a que mostraran esa cifra en sus camisetas cuando se fotografiaron en sus palcos para la inauguración del Mundial de Futbol pasado. La campaña va acompañada del supuesto de que las madres han ido a tocar la puerta de Palacio Nacional ---como Xóchitl Gálvez le hizo y que le valió la candidatura del PRIAN--- y que ni Andrés Manuel ni Claudia les abren.
Además de ridícula, esa imagen invisibiliza a todos los colectivos atendidos y a los casos particulares que han sido resueltos, el cambio para homologar lo que es y no es un desaparecido, y que una Subsecretaría entera de Gobernación con una Comisión Nacional de Búsqueda están dedicadas a ello Con esa campaña se invisibiliza también el cruce masivo y las 100 mil visitas domiciliarias que el gobierno de López Obrador realizó en 2023, encontrando con vida a 34 mil 524 personas, cuyas desapariciones eran, no por crimen organizado, sino por problemas familiares, de salud, o salidas voluntarias. Con Claudia Sheinbaun fueron localizadas 47 mil 949 personas también con vida con otras 100 mil visitas domiciliarias.
Así que el drama real del crimen organizado y las fosas clandestinas no es el común denominador del fenómenos de la desaparición. Para ponerlo en perspectiva, cada año, la Unión Europea registra 250 mil niños desaparecidos sólo en el año pasado en Alerta Amber y 20 mil muertes o desapariciones de migrantes en el Mediterráneo. En Estados Unidos, el año pasado solamente se registraron 498 mil desapariciones. De estos, 305 mil eran menores de edad. Estos datos ponen en perspectiva las 132 mil sucedidas en México desde 1952.
Pero la campaña de los cientos de miles de desapariciones, de las autoridades que no les abren la puerta a las madres, de las fosas clandestinas que se convierten en campos de exterminio sigue. Sólo dos ejemplos breves. Uno, el del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, en Jalisco. Ustedes lo recuerdan: la Guardia Nacional lo aseguró en septiembre de 2024, lo dejó en manos de la Fiscalía de Jalisco y, luego, el colectivo Guerreros Buscadores, lo reportó como novedad y se hizo un circo mediático en el que el rancho ya era como Auschwitz y habían incinerado a cientos de personas. Resultó que sí había efectos personales pero hasta ahí quedó. Luego, vinieron los dientitos de leche. Ustedes también lo recuerdan: en septiembre, una columna de opinión de Óscar Balderas se hizo tan famosa que llegó hasta las orejas de TvAzteca. Según el reportero, la misma Margarita López Pérez, la Diputada michoacana por el Verde, MC, y PRD, la misma que había trabajado con la PGR de Murillo Karam, había encontrado mil 600 dientitos de leche en una fosa clandestina en Zacapu, Michoacán. No hubo más evidencia que el escándalo mediático y ni siquiera el reportero fue a buscarla en aquella fosa de Zacapu.
Además de que la Alcadesa de la Cuauhtémoc, Rojo de la Vega, que desapareció al Che y a Fidel, nombró a un salón de cabildo “Madre buscadora”, las activistas de derechos humanos me cuentan que se les han ofrecido candidaturas plurinominales por parte del partido de Claudio X. González, Somos. Están desconfiadas del Subcomandante Marcos que viene a “abrazarlas” ya mero, en diciembre. Una de ellas me dice: “No sé que más vienen a ofrecer porque abrazos nos dimos en Los Caracoles hace 16 años”.
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