10/18/2026

La clave está en los pueblos

Fortino Domínguez Rueda*

A 534 años del proceso de conquista y exterminio desatado contra nuestros pueblos, acentuado a raíz de la creación del Estado-nación mexicano y del neoliberalismo: aquí seguimos en resistencia y rebeldía. Que la clave está en los pueblos es una de las tantas ideas que compartió Carlos Chávez Reyes, defensor histórico de la autonomía, fundador de la Asociación Jalisciense de Apoyo a Grupos Indígenas (AJAGI) –a finales de los 80 del siglo XX–, y quien atestigua la fundación del Congreso Nacional Indígena (CNI) el 12 de octubre de 1996.

El México de los 90 era particular. El 1º de enero de 1994, los pueblos mayas zapatistas saltaban a la palestra de la historia y mostraban la existencia de otro calendario y de otra geografía. A dos años del levantamiento armado, el EZLN convocó –en enero de 1996– al primer Foro Nacional Indígena, semanas antes de que el gobierno federal, el chiapaneco y los representantes de todos los partidos políticos suscribieran los Acuerdos de San Andrés. En junio de ese mismo año se realiza un segundo foro. El sucesor directo de esos foros es el Congreso Nacional Indígena, el cual se funda entre el 9 y 12 de octubre de 1996 –en la asamblea que se desarrolló en el Centro Médico Siglo XXI de la Ciudad de México–, y que contó con la participación de la comandanta Ramona, quien participó como delegada del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN.

El Congreso Nacional Indígena se configuró como un espacio propio de los pueblos y este octubre de 2026 cumple 30 años de existencia. Para ello se convocó a una asamblea nacional, la cual se desarrolló en la Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes, ubicada en avenida México-Coyoacán, número 343, pueblo de Xoco, alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México. En ese edificio –de varios pisos– antes se alojaban las oficinas donde despachaba el traidor Adelfo Regino Montes, actual director del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas en el gobierno de la denominada 4T. Ese espacio recuperado por la comunidad otomí residente en la Ciudad de México –el 12 de octubre de 2020– fue el escenario donde se realizó la asamblea del CNI.

Los pueblos van como los gigantes, caminando a tropezones, pero siempre levantando la vida. Enseñándonos en la práctica como la larga trenza de resistencia se teje en colectivo cada cierto ciclo. El México de ahora, envuelto en un torbellino de muerte, destrucción de la Madre Tierra, desaparición forzada, desplazamiento humano, explotación, crisis ambientales y genocidios, nos obliga a asumir el lugar de la historia que queremos caminar. Mirar hacia nuestros adentros civilizatorios, caminar y aprender con ellos. En el caso de la asamblea del CNI, no sólo se mapea en colectivo la geografía del horror a partir de las experiencias concretas. Ante todo, se levanta el horizonte para ver el amanecer en el día después. Treinta años de existencia del Congreso Nacional Indígena, el espacio independiente más importante del siglo XXI y que aglutina las luchas dignas del México de abajo.

En memoria de Carlos Chávez Reyes, quien falleció el domingo 11 de octubre de 2026. Como ofrenda, la delegación del CNI región occidente que salió en autobús de la Ciudad de México –la tarde-noche del lunes 12 de octubre– decidió llegar al funeral a la ciudad de Guadalajara. El encuentro de los pueblos se dio en la madrugada del 13 de octubre. Buen camino, Carlos. Después de despedirme de tu familia, me vine a mi casa a escribirte este texto y recibir al padre sol.

*Zoque de Chapultenango, Chiapas, desplazado a Guadalajara por las erupciones del volcán Chichonal en 1982. Historiador, antropólogo e integrante de la Coordinación del Congreso Nacional Indígena

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