En 2026, los candidatos demócratas están respondiendo a un electorado que está listo para abolir al ICE, gravar a los multimillonarios y liberar a Palestina.
Cuando a Angie Nixon, de Florida, se le preguntó sobre la escalada israelí que ha dado muerte a 75 mil palestinos, contestó: “basada en mi entendimiento de la definición, lo que ocurre allá, es de hecho un genocidio”. En Michigan, Abdul El-Sayed dijo a los desarrolladores de centros de datos para la inteligencia artificial: “no pueden tocar el agua de ninguna manera, modo o forma”.
Cada círculo de acción tiene su propia dinámica. La contienda de este año está influida, desde luego, por la clara necesidad de elegir un Congreso que equilibre y acote al desastroso equipo presidencial de Donald Trump. Pero la dinámica de 2026 implica más que sólo hacer campaña contra una ilegalidad de tan gran escala que haría sonrojar a Richard Nixon.
Esta temporada electoral ha visto un cambio sísmico, con el surgimiento de nuevos temas y nuevas formas de hablar de los temas viejos. Una nueva generación de candidatos progresistas (y los electores jóvenes que responden a ellos) se enfoca en acabar con las políticas del statu quo que han baldado a este país porque están diseñadas, de manera literal, para quitarles a los pobres para darles a los ricos; con un “consenso” en política exterior que financia el genocidio, y con élites bipartidistas tan endeudadas con el poder corporativo que se sorprendieron cuando los estadunidenses demandaron moratorias a los centros de datos y una estricta reglamentación de las compañías de IA que nos amenazan con enorme desempleo, vigilancia generalizada y extinción en masa.
Estamos en un momento prelectoral. Reconocemos el inmenso gasto que los multimillonarios alineados con Trump, los oligarcas de la IA y los capitalistas de las criptomonedas pueden destinar a republicanos que merecen perder, lo cual crearía una resaca roja ante la oleada azul que los demócratas anticipan. Pero 2026 ha mostrado ya algunos resultados prometedores.
Pese a las fanáticas maniobras de Trump para distraer al electorado y sus serias amenazas de levantar barreras a elecciones libres y justas –sin mencionar una campaña que supuestamente sería más fácil para los republicanos gracias a manipulaciones, supresión de votos y ventajas en el financiamiento de campañas–, todo parece ir mal para el Partido Republicano, incluso en estados alguna vez confiablemente rojos, como Iowa y Ohio. Los electores desean desesperadamente liberarse del dolor económico creado por el desdén de Trump hacia la inflación y por sus caóticas políticas arancelarias; poner fin a la desastrosa guerra con Irán, y detener los ataques mortales a comunidades que llegaron a su punto más alto con los tiroteos del ICE en Mineápolis, pero que no han cesado.
Si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes, y posiblemente el Senado, pueden utilizar las facultades que la Constitución estadunidense concede al Poder Legislativo –en especial en lo referente a supervisión, investigaciones y rendición de cuentas– para presionar a este gobierno a cambiar de curso.
Pero los mismos demócratas necesitan cambiar. La temporada electoral ha dado un llamado de alerta al partido. Los electores en las primarias echaron de sus cargos a políticos que no escuchaban los llamados a poner fin a la ayuda estadunidense a Israel en el extranjero y a instaurar Medicare para Todos en el país. Durante la campaña de otoño, candidatos insurgentes al Senado, como El-Sayed, Nixon y Peggy Flanagan en Minesota, junto con contendientes para la Cámara de Representantes como Will Lawrence, de Michigan, y candidatos en los estados como la aspirante a comisionada de aseguramiento de California Jane Kim, han atraído a nuevos votantes –jóvenes, independientes, incluso algunos decepcionados partidarios de Trump–, al derribar las fronteras de la política estadunidense.
Los líderes y estrategas del Partido Demócrata deben hacer lo mismo. Deben aprender la lección de 2026: reconocer que lo que alguna vez se descartó por radical –reglamentar el poder de la IA y las corporaciones, abolir el ICE, establecer Medicare para Todos, poner fin a la ayuda militar a Israel y detener las guerras eternas, así como gravar sin excusas a los multimillonarios– está surgiendo con rapidez como la política sensata de nuestro tiempo.
* Katrina Vanden Heuvel es redactora y editora en The Nation, la principal fuente de política y cultura progresista en Estados Unidos. Experta en asuntos internacionales y política estadunidense, es una columnista galardonada y contribuyente frecuente en The Guardian. Es autora de varios libros, entre ellos The change I believe in: fighting for progress in the age of Obama, y coautora (con Stephen F. Cohen) de Voices of glasnost: interviews with Gorbachev’s feformers.
Publicado originalmente en The Nation: https://www.thenation.com/ar ticle/politics/2026-election-talarico-el- sayed-nixon/
Traducción: Jorge Anaya
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