Durante décadas, la educación y las políticas de salud sexual han concentrado buena parte de sus esfuerzos en prevenir embarazos no planeados e infecciones de transmisión sexual. Sin embargo, esta perspectiva ha dejado en segundo plano una dimensión fundamental de la sexualidad: el placer, el bienestar y la capacidad de las personas para decidir sobre sus propios cuerpos.
Frente a esta situación, el Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (Promsex), en Perú, impulsa una iniciativa que busca ampliar la conversación sobre sexualidad en América Latina y reconocer el placer como parte del ejercicio de los derechos sexuales.
Rossina Guerrero, directora ejecutiva de Promsex, explicó en entrevista para Efeminista que la propuesta parte de la necesidad de transformar la manera en que se comprende la sexualidad humana, históricamente atravesada por prejuicios, culpa y mecanismos de control.
La iniciativa busca generar evidencia mediante estudios, capacitar a personas formadoras y personal de salud, y llevar información a las familias, las juventudes y las mujeres para contrarrestar la desinformación que persiste alrededor de la sexualidad.
El placer de las mujeres frente a los mandatos de género
Reconocer el placer como parte de la salud sexual también implica cuestionar las desigualdades que históricamente han limitado la autonomía de las mujeres sobre sus cuerpos y deseos.
Los mandatos de género han asociado la sexualidad femenina con la reproducción y la satisfacción de las necesidades de otras personas. Bajo esta lógica, el deseo de las mujeres ha quedado subordinado a las expectativas de sus parejas, mientras que su disfrute no siempre se considera una dimensión necesaria de las relaciones sexuales.
Guerrero señaló que las mujeres han enfrentado la exigencia de complacer a sus parejas sin que necesariamente se tome en cuenta si desean mantener relaciones sexuales o si estas les resultan satisfactorias.
Por ello, incorporar el placer a la atención de la salud sexual supone reconocer a las mujeres como sujetas de deseo y con capacidad para decidir qué quieren, qué no quieren y bajo qué condiciones desean relacionarse.
Esta perspectiva también permite identificar prácticas violentas que pueden normalizarse dentro de las relaciones. Preguntarse por el bienestar de ambas personas, explicó Guerrero, ayuda a reconocer que la sexualidad no debe reducirse a una práctica en la que solo importa la satisfacción de una de las partes.
Consentimiento y educación sexual integral
La propuesta de Promsex también plantea que el placer y el consentimiento deben formar parte de las conversaciones sobre salud sexual, particularmente en la atención que reciben adolescentes y jóvenes.
Para Guerrero, los servicios de salud no deberían limitarse a proporcionar información sobre prevención de embarazos o infecciones de transmisión sexual. También necesitan abrir espacios para preguntar si las relaciones son consentidas y placenteras, así como identificar posibles situaciones de violencia.
Esta mirada coloca en el centro la autonomía corporal y la posibilidad de establecer relaciones basadas en el respeto, el reconocimiento mutuo y la ausencia de coerción.
La educación sexual integral es fundamental para avanzar en ese sentido. Además de ofrecer información sobre el funcionamiento del cuerpo y la prevención de riesgos, debe proporcionar herramientas para reconocer los límites personales, expresar deseos, identificar situaciones incómodas y construir relaciones libres de violencia.
En el caso de niñas y niños, Guerrero destacó la importancia de que puedan identificar aquello que les incomoda y reconocer que ninguna persona tiene derecho a tocar sus cuerpos sin su consentimiento.
La especialista también rechazó los discursos que presentan la educación sexual como una amenaza para las infancias y adolescencias. De acuerdo con su planteamiento, hablar de sexualidad no implica promover determinadas prácticas o identidades, sino brindar información para comprender el cuerpo, reconocer derechos y prevenir violencias.
América Latina enfrenta retrocesos en educación sexual
La necesidad de ampliar la educación sexual integral ocurre en un contexto en el que, según Guerrero, distintos gobiernos de América Latina se oponen a incorporar esta perspectiva en las escuelas o están debilitando políticas que ya habían sido aprobadas.
La directora de Promsex advirtió que la eliminación del enfoque de género y la reducción de los contenidos integrales de educación sexual representan retrocesos para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos.
También señaló que los discursos discriminatorios contra las personas trans y las políticas que debilitan las instituciones encargadas de promover la igualdad forman parte de un escenario que amenaza los avances alcanzados en la región.
Como antecedente, la especialista recordó que en 2020 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) estableció, en una sentencia contra Ecuador, la importancia de incorporar contenidos específicos e integrales sobre sexualidad y reproducción en los programas educativos.
Este precedente refuerza la relevancia de garantizar información que permita a niñas, niños y adolescentes conocer sus derechos, identificar situaciones de violencia y desarrollar herramientas para tomar decisiones informadas.
Para Guerrero, defender la educación sexual integral significa también disputar los discursos que buscan restringir el reconocimiento de la diversidad y la autonomía corporal.

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