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9/19/2026

El movimiento de mujeres y la lucha contra el sionismo".

 

Palestina hoy y la historia de la lucha de las mujeres y feministas palestinas

Mariana Morales

Publicamos la ponencia de Mariana Morales, profesora de la Facultad de Economía de la UNAM e integrante del Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas en la charla "¿Paz en Palestina?



Estoy muy contenta de estar acá, compartiendo esta charla con compañeras académicas destacadas que nos une la lucha por la causa Palestina y con todes ustedes que se dieron el tiempo para venir a esta actividad y ser parte de esta misma batalla junto a los cientos de miles en el mundo que estamos saliendo a las calles a denunciar el genocidio y exigir el alto al fuego, porque Palestina libre sea desde el río hasta el mar.

Es sumamente importante tener un espacio más como este, organizado por la revista Ideas de Izquierda Mx, que es parte de las Jornadas Marxistas que impulsamos desde 2023, no solamente para transmitir lo que estamos pensando y entender juntas/juntes lo que está pasando, sino también para llamar a que sigamos construyendo nuevas acciones por ejemplo, que podemos hacer juntes en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer el 25N para seguir exigiendo el derecho a la autodeterminación del pueblo a palestino y que sigamos perturbando el orden que el imperialismo de EU e Israel quieren imponernos con la complicidad de la UE.

Y digo perturbar porque cuando el sionismo habla de terrorismo, nosotros decimos derecho a la autodeterminación y organizarse por él; porque cuando, en Estados Unidos, los republicanos con el aval de los demócratas salen a decir que los estudiantes con las acampadas perturban la paz, decimos no existe paz con genocidio, con despojo, con apartheid, con el uso del hambre como arma de guerra. O también aquí en la UNAM les decimos eso a quienes hablan a nombre de la libertad y el orden - me refiero al pronunciamiento sobre “el asedio de la UNAM”- pero que en realidad son una burocracia dorada que vive a costa de la comunidad universitaria y lo que defienden es la libertad de la barbarie de Israel.

A más de dos años de la ofensiva sionista, en los últimos meses hemos visto con mucho entusiarmo el crecimiento de la solidaridad en el mundo con momentos históricos como la impresionante huelga general en Italia que paralizó todo, incluyendo el envío de armas para Israel, luego la huelga en España y las movilizaciones masivas en varias partes del mundo junto al enorme esfuerzo internacional que se mostró en la Global Sumud Flotilla para romper el cerco en Gaza.

Todas estas acciones con la entrada de la clase trabajadora con sus métodos que se articula con la acción protagónica de la juventud internacional y otros sectores populares, abrió la posibilidad de echar mano del freno de emergencia, como diría Walter Benjamin, es decir de que haya una alternativa radical a la barbarie imperialista que hoy muestra su mayor decadencia en lo que está viviendo el pueblo palestino. Fue todo esto lo que obligó a quienes avalaban el genocidio a buscar alguna salida bajo el llamado al alto al fuego, pero el cual, como sabemos, desde las primeras horas fue quebrado por Israel mostrando cual es el verdadero carácter del plan colonial impulsado por Trump.

Venimos de una intensificación sin precedentes de los padecimientos del pueblo palestino, marcado por la ofensiva militar israelí sobre Gaza desde hace más de dos años y ahora mientras se acordaba el alto al fuego en Cisjordania se agudizaron los ataques contra la población (van al menos más de 250 muertos).

Las cifras del genocidio son escalofriantes y como ha denunciado Rita Segato el poder de muerte se exhibe sin pudor, un horror televisado infringido al pueblo palestino”. De acuerdo con datos del Ministerio de Salud de Gaza han muerto más de 68 mil 872 personas desde 2023, la mayoría mujeres y niños. Por eso se habla de un genocidio también contra las mujeres y las infancias. ONU Mujeres estima que más de 28 mil mujeres y niñas han sido asesinadas, esto significa que, en promedio, una mujer o niña muere cada hora a manos de las fuerzas israelíes. Según un índice del Observatorio Euromediterráneo de Derechos Humanos de mayo de este año, más de 7 mil de ellas eran madres. Y al menos 21 mujeres al día son víctimas de bombardeos directos.

A esas cifras se suman 12 mil abortos espontáneos, provocados por la hambruna impuesta bloqueo a Gaza y por la destrucción deliberada del sistema sanitario, que también convierte enfermedades no mortales en causas de muerte. En esta situación devastadora, tampoco existen condiciones mínimas de salubridad e higiene: con el 80% de la infraestructura destruida, muchas mujeres se ven obligadas a parir bajo las balas.

Sabemos y denunciamos que todos estos ataques no son casuales. El capitalismo, el patriarcado y el imperialismo, hoy encarnados en el gobierno de Netanyahu y respaldados por Trump, utilizan el cuerpo de las mujeres como campo de batalla con el objetivo de humillar, dominar y eliminar a un pueblo entero. Del mismo modo, el asesinato de las infancias busca eliminar generaciones completas y su derecho a existir, en una población donde el 47% son menores de 18 años.

Seguramente estas cifras son aún más brutales en la Palestina de hoy —y algunas las conocemos—, pero las traigo aquí como una forma de nombrar esta barbarie y, al mismo tiempo, de contraponerla a la lucha de las mujeres palestinas, tanto en sus diversas formas de resistencia como a través de sus propias voces, trayendo las experiencias de quienes, desde hace más de un siglo, enfrentan cotidianamente la ocupación, sostienen la lucha por la liberación nacional y se enfrentan al sistema capitalista patriarcal y machista que se fortalece con la ocupación.

También como un modo de combatir la mirada supremacista blanca, racista e islamófoba que pretende reducir a las mujeres a meras cifras o víctimas de un conflicto.

I. Primera ola: El nacimiento político (1917-1939)

La lucha de las mujeres palestinas no es una nota al pie de página: es el corazón mismo de la resistencia nacional. Se trata de un feminismo que nace en las trincheras del anticolonialismo y que, en distintos momentos de resistencia, ha sido una fuerza decisiva en la creación de estructuras comunitarias “alternativas” dentro del pueblo palestino (Dajani, 1994).

Aquí recupero algunos de los episodios más significativos de la lucha de las mujeres en Palestina, entendiendo que no constituyen un movimiento homogéneo, sino que expresan diferencias políticas, sociales y culturales que también varían según las regiones geográficas.

Las primeras acciones de resistencia impulsadas por mujeres palestinas se registran, por ejemplo, en el norte de la Palestina histórica, en Afula, a finales del siglo XIX, bajo la colonización del Imperio Otomano. Allí se opusieron a la construcción de asentamientos judíos en sus tierras, en los mismos años en que la ideología sionista de Theodor Herzl comenzaba a propagarse, planteando que para poner fin a la persecución de las comunidades judías en Europa —lo que llamó “el problema judío”— la única solución era la creación de un Estado propio respaldado por las grandes potencias.

Desde los inicios del siglo XX, la organización de mujeres palestinas se convirtió en una fuerza crucial contra el proyecto colonial. La Unión de Mujeres Palestinas, fundada en 1921, logró unir a mujeres musulmanas, cristianas y laicas en un frente común, entre ellas nucleaba en diversas entidades de caridad y ayuda mutua para hacer frente a la devastación tras la Primera Guerra Mundial. Su objetivo principal era oponerse a la política británica, especialmente a la Declaración de Balfour de 1917, que respaldaba el establecimiento de un “hogar nacional para el pueblo judío” bajo la lógica colonial de “un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo”. Sus acciones incluyeron participar activamente en protestas, emitir declaraciones exigiendo el fin de la inmigración judía y la independencia, y la conformación de diversos comités de resistencia (Fleischmann, 2000).

El movimiento político de mujeres y feminista se formalizará con el Congreso de Mujeres Árabes Palestinas el cual reunió a decenas de mujeres que provenían de organizaciones locales las cuales habían surgido contra la ocupación de tierras como por brindar servicios a la comunidad. El congreso se da en el contexto de la disputa por el Muro de las Lamentaciones (Muro Occidental o Kótel en hebreo), lo que desató protestas y movilizaciones palestinas que fortalecerán la resistencia palestina. Fue en ese contexto en el que el Congreso de Mujeres exige derogar la Declaración Balfour, poner fin a la venta de tierras y también, la independencia y el fin de la inmigración judía.

La imagen que capturó la movilización con la que finalizó el congreso es una caravana de autos que, ante la prohibición británica de movilización, realizaron así la protesta. Con esto declararon unirse a la lucha antisionista al lado de los hombres (Azuara, 2020).

Este primer movimiento se centró en la cuestión nacional y mantuvo una estrecha relación con el Ejecutivo Árabe. Paralelamente, buscaba fomentar que otras mujeres palestinas desarrollaran su propia organización y aspiraba a unificar el movimiento de mujeres árabes (sin distinción religiosa), por ejemplo estableciendo vínculos con Egipto, Irak y Siria; aunque este movimiento se limitó a mujeres de clase media y alta, sin incorporar a las mujeres campesinas, de las aldeas y de las familias más pobres.

Entre las figuras más reconocidas se encuentra Matiel Mogannam -quien escribió La mujer árabe y el problema palestino (1937)- y Tarab Abdel Hadi. Finalmente, hacia 1938 la división política interna de los líderes del Ejecutivo Árabe fracturó al movimiento, dando lugar a la formación de la Asociación de Mujeres Árabes y la Unión de Mujeres Árabes.

Estos años también con la profundización de la colonización de asentamiento promovida por el Mandato Británico agravó la crisis contra la que estallaría La Gran Revuelta Árabe en 1936 que se extendió hasta 1939. El acontecimiento que desata el descontento es el descubrimiento de una carga de armamento dirigida a paramilitares judíos y llaman a huelga y a la toma de las armas.

Las mujeres tuvieron una participación relevante. Las mujeres promovieron la huelga en las ciudades que duró 6 meses -siendo una de las más largas del periodo- y, por primera vez, las mujeres campesinas se hicieron parte del combate armado. Durante estos años hubo una intensa actividad de diferentes sectores en comités y organizaciones para oponerse a la partición de Palestina histórica.

Expresión de esto es que 1939 las palestinas convocaron al Congreso Oriental de Mujeres para el Apoyo de la Causa Palestina de El Cairo en apoyo a la rebelión árabe, al que acudieron mujeres de Siria, Líbano, Irak y Egipto, solidarias con la causa palestina, unidas por el rechazo al avance colonial europeo en Medio Oriente y la lucha por sacudirse el yugo inglés, es decir, compartían el antiimperialismo y el anhelo de justicia social forjado en sangrientas batallas. También buscaron establecer relación con sectores de feministas europeas, aunque pronto las palestinas las criticaron por querer imponer su cultura y costumbres, y no comprender cómo la situación política impactaba en la vida de las mujeres palestinas y esto también condiciona la lucha por los derechos de las mujeres.

En sus demandas, las mujeres palestinas unieron la lucha por los derechos democráticos y la resistencia nacional. Exigían derechos específicos para las mujeres —como el voto, la igualdad en la educación y el trabajo, y el derecho a decidir sobre el matrimonio y el divorcio (cuestionando así la poligamia masculina)—, ligándolos inseparablemente al derecho fundamental a la vida frente al creciente asedio sionista y el avance de la colonización británica.

La creciente solidaridad y cooperación por Palestina la convirtieron en el corazón del feminismo árabe y panarabismo feminista. La causa atrajo una amplia red de solidaridad incluyendo el apoyo de organizaciones importante como la Unión Feminista Egipcia (UFE) y figuras destacadas como Huda Shaarawi (UNRWA, 2021).

II. Hitos de la resistencia radical: La Nakba y la lucha armada (1948-1987)

La situación para Palestina histórica empeoró drásticamente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. La Asamblea General de la ONU aprobó en 1947 la partición del territorio mediante la Resolución 181, que dispuso la creación del Estado de Israel. Para este momento, Gran Bretaña ya había sentado las bases del proyecto sionista y, debilitada por la guerra, solicitó apoyo internacional. Estados Unidos, junto con el bloque aliado —incluida la URSS—, respaldó de inmediato el proyecto sionista.

Empieza un nuevo momento de limpieza étnica a la que fue sometido el pueblo palestino, y en particular las mujeres, provocó el éxodo masivo hacia países vecinos y otros territorios. A partir de este momento la mayor parte de la población palestina pasará a ser refugiada. Las denuncias que las feministas árabes habían planteado previamente sobre la explotación sexual y la violencia se agudizaron dramáticamente durante la Nakba: violaciones, asesinatos, torturas y masacres formaron parte de los crímenes de guerra cometidos por los grupos paramilitares sionistas y la acción militar de la Haganá, como ocurrió en Deir Yassin y en otros pueblos.

Ante la supervivencia familiar y comunitaria, la resistencia se transforma y surgen nuevas formas de resistencia. Muchas mujeres pasaron a la clandestinidad y otras se enfrentaron a la división de quienes vivían en Palestina y las miles que fueron expulsadas de sus hogares. Al menos el 80% de la población palestina pasó a ser refugiada. (Pappe, 2007). En este contexto que las mujeres se convierten en guardianas de la memoria y la historia (cuentos, danzas, narraciones) (Vidal, 2024).

Hacia 1967, la ocupación militar de Cisjordania (incluyendo Jerusalén Oriental), la franja de Gaza, los Altos del Golán Sirios y la Península Egipcia del Sinaí (UNRWA, 2021) desató la Guerra de los Seis Días. A partir de episodio conocido como Naksa, retroceso" o "revés" se radicaliza la resistencia y se extiende la idea de que la única vía para la liberación de Palestina era la lucha armada (ante el deterioro de la condiciones económicas y sociales con la ocupación, la destrucción de la economía campesina que generó mayor dependencia del mercado laboral israelí.

En adelante van a surgir varias organizaciones como la Organización para la Liberación de Palestina que en su interior agrupó a la Unión General de Mujeres Palestinas (UGMP) en 1965. Desde entonces la participación de las mujeres en organizaciones guerrilleras creció, aunque se mantuvieron como minoría al interior de estas (Serrano, 2024) y conformaron varios comités de mujeres.

Un giro importante que da el movimiento de mujeres y feminista es reconocer que es necesario incorporar a las mujeres campesinas, mujeres de sectores populares, especialmente de aldeas y campamentos de refugiados para avanzar en la lucha por los derechos de las mujeres y la liberación de Palestina. Las mujeres participaron en la creación de comités barriales, encargados de salud, educación popular, rescate, defensa comunitaria, abastecimiento y producción colectiva a través de cooperativas.

Por el lado de la guerrilla, uno de los hechos más difundidos de ese momento fue el secuestro de aviones que realizó el Frente Popular para la Liberación de Palestina y del cual participó Leila Khaled, quien se convirtió en un icono de la lucha palestina.

También es importante destacar que la politización de las mujeres tuvo expresión dentro de las propias facciones de la resistencia, donde comenzaron a surgir cuestionamientos impulsados por ellas mismas. En particular, cuando la OLP asumió el poder político, la mayoría de las mujeres militantes fueron relegadas de los espacios de liderazgo, especialmente dentro del Consejo Nacional Palestino (UNRWA, 2021).

A la par del crecimiento organizativo, aumentó la represión política. Al menos 2 mil mujeres y niñas fueron encarceladas, siendo sometidas a torturas durante los interrogatorios, incluso estando embarazadas, como fue denunciado en el caso de Maskubiya del Frente Popular (UNRWA, 2021: 31). Esta represión, sin embargo, no detuvo el movimiento. Se conformaron nuevos comités de mujeres que, a pesar de sus diferencias políticas e ideológicas sobre la liberación nacional, mantuvieron la unidad de acción en el avance por los derechos de las mujeres.

III. La Primera Intifada de las piedras y las mujeres palestinas

La Primera Intifada —conocida como la "Intifada de las piedras"— marcó un punto de inflexión en la resistencia palestina. El pueblo, y de manera masiva las mujeres, asumieron el protagonismo, la gran mayoría organizadas en comités de base. Un hito crucial ocurrió el 8 de marzo de 1988, cuando miles de mujeres salieron a las calles para conformar el Alto Consejo de Mujeres.

Este organismo fue esencial al participar en la coordinación de la resistencia con el Mando Nacional Unificado (MNU), que integró a diversas facciones. La participación femenina fue total: protagonizaron manifestaciones, marchas, y sentadas; se involucraron en enfrentamientos directos con soldados —como lo atestiguan las potentes imágenes de mujeres frente a tropas armadas—, protegieron a los jóvenes, organizaron funerales, protestas, se opusieron a los tanques y desafiaron los toques de queda impuestos.

La resistencia de las mujeres fue reprimida con dureza por la ocupación, y las cifras documentan que no solo hombres, sino también mujeres, fueron asesinadas, heridas, encarceladas y sometidas a violaciones sexuales y detención administrativa.

Más recientemente, han crecido las denuncias y movilizaciones contra la detención administrativa implementada por Israel. Este es un mecanismo legal que permite encarcelar a personas sin ningún juicio, cargos ni proceso legal, con órdenes que se extienden cada seis meses. Existen casos de personas, incluyendo varones y mujeres junto a sus hijos, que han permanecido detenidas por este método durante más de 20 años. En estos días Israel quiere dar un salto al buscar aprobar una nueva ley para aprobar la pena de muerte a partir de las detenciones.

Una de las conclusiones esenciales es que la Primera Intifada se erigió como un catalizador de la politización de las mujeres que les permite cuestionar su rol social y desafiar las normas patriarcales.

Pero el crecimiento del fundamentalismo religioso daría un giro ideológico y político con profundas repercusiones en la región, afectando tanto al feminismo árabe como a la organización por la liberación nacional. Esta situación se extiende hasta la ofensiva sionista actual en Gaza.

Este crecimiento se explica por la pervivencia de regímenes no democráticos, la incorporación de los países árabes al área de influencia de EU y que las resistencias por la liberación nacional fueron derrotadas militarmente. También el enriquecimiento de los países del Golfo gracias al petróleo sirvió no sólo para desarrollar sectores industriales sino para exportar modelos más conservadores basados en un islam ortodoxo que también era regresivo para las mujeres (Nieves, 2005). Con esto se promovió también un “feminismo islámico” contra un feminismo árabe y combativo de larga data histórica como vimos desde las primeras organizaciones de mujeres desde inicios del siglo XX cuando el sentimiento anticolonial las unió más allá de las religiones.
Pero el principal discurso conservador y odio al islam vino de occidente tratado como símbolo del “atraso y barbarie” y a las mujeres tratadas como “sumisas y pasivas”, a las cuales debían salvar o los valores eurocéntricos coloniales o racistas e imperialistas.

Toda esta intervención sobre las historias de la lucha de las mujeres demuestra también que la política de los dos estados es una perspectiva utópica que ya ha sido superada por la historia y por los acontecimientos actuales. Ante el fracaso de la misma, muchos plantean la idea de luchar por un Estado único, no sionista, donde convivan pacíficamente árabes y judíos, una palestina laica y democrática. Sin duda es una perspectiva progresista, pero creemos que la única forma de lograr ese resultado y conquistar una Palestina libre desde el río hasta el mar, es luchando por una Palestina democrática, laica, obrera y socialista.

Hoy, cuando la derecha y el sionismo intentan hipócritamente utilizar el argumento de que en el occidente capitalista las mujeres “son libres” y de que en Palestina las mujeres o las diversidades viven oprimidas, resulta fundamental recuperar estas experiencias de lucha. Dejando claro que la lucha contra la opresión de género contra el patriarcado es también la lucha contra la opresión sionista y colonial que sufre Palestina.

Para concluir, desde ese movimiento de mujeres, feminista y de las disidencias sexuales a nivel internacional que ha crecido en la últimas décadas y que también ha protagonizado movilizaciones exigiendo la liberación de las presas palestina como ocurrió en 2019, pensamos desde PyR que unir esa fuerza al movimiento internacional en solidaridad con Palestina a unir sus fuerzas y llamar a pararlo todo por el alto al fuego, el cese al genocidio y la autodeterminación de Palestina. Encendamos esa llamada de lo que puede ser el movimiento anticolonial, antipatriarcal, antirrascista y antiimperialista de nuestro siglo.

Por eso no pedimos exigimos, nuestro derecho al pan pero también a las rosas.

Bibliografía

Azuara, T. (2020). Historia del movimiento de mujeres en Palestina, Editores Txalaparta.
Dajani, S. (1994). “The struggle of palestinian women in the occupied territories: Between national and social liberation” en Arab Studies Quarterly, Spring 1994, Vol. 16, No. 2(Spring 1994), pp. 13-26.

Fleischmann, E. (2000). “The Emergence of the Palestinian Women’s Movement, 1929-39” en Journal of Palestine Studies, Vol.29 No. 3, Spring, 2000.

Mogannam, M. (1937). La mujer árabe y el problema palestino, Hyperion Press.

Nieves, M. (2005). “El feminismo árabe y su lucha por los derechos de la mujer” en Encuentros Multidisciplinarios, nº 46 enero-abril 2014.

Pappe, I. (2007). Historia de la Palestina moderna un territorio, dos pueblos. Tres Cantos (Madrid): Akal.

Serrano, L. (2024). “La mujer palestina en la historia: opresión y resistencia”, Amigos AHDJ Jaén, 2024 p. 391-407.

UNRWA (2021). Genealogía feminista palestina: historias de mujeres desde la diversidad. Bilbao: UNRWA.

Vidal, M. (2024). Hijas de la Nakba, Ediciones El Salmón.


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Palestina hoy y la historia de la lucha de las mujeres y feministas palestinas

Mariana Morales

Socióloga UNAM - Profesora la Facultad de Economía UNAM

8/22/2026

Desde el territorio-cuerpo: por qué la liberación palestina es una cuestión feminista

 Por Maite Arraiza |

Fuentes: Viento sur

Tras el 7 de octubre de 2023, el proceso de colonización y el intento de exterminio del pueblo palestino por parte de Israel han entrado en una nueva fase de intensificación.

Si bien dos semanas antes Benjamin Netanyahu exhibió, en la sede de la ONU, un mapa titulado “El Nuevo Oriente Medio”, del que Gaza y Cisjordania habían sido borradas, el 30 de octubre de 2023 apeló, como acostumbra el sionismo, a textos bíblicos y, citando a Yahvé, afirmó: “darás muerte a hombres y mujeres, niños y recién nacidos, bueyes y ovejas, camellos y asnos; no dejarás con vida nada que respire” (Aranguren, 2025, p. 120).

Ante el actual genocidio, que no hace sino dar continuidad a la colonización sionista iniciada a finales del s. XIX con el apoyo del Imperio británico primero y del estadounidense después, al servicio de los intereses del capital occidental, Rita Segato (2025) se declara “exhumana”, pues ya no quiere “pertenecer a esta especie siniestra, genocida”. El genocidio palestino nos interpela de manera directa a todas aquellas que nos consideramos feministas y luchamos por la profunda transformación de las condiciones materiales, de los regímenes de poder y de los afectos, vínculos y cuidados que sostienen la vida. En palabras del Movimiento de Mujeres Palestinas Alkarama (2025a), quien nos insta a asumir nuestra responsabilidad moral, política e histórica: “No hay feminismo revolucionario sin una postura clara a favor de la liberación de Palestina. Toda Palestina. Desde el río hasta el mar”.

Desde las tradiciones históricas de los feminismos anticoloniales, antiimperialistas y marxistas, en las que se inscribe también una parte significativa del movimiento feminista de Euskal Herria, junto a numerosas voces y colectivos feministas palestinos y aliados, este texto expone por qué la lucha por la liberación del pueblo palestino es una cuestión feminista central. Se erige, así, como denuncia del silencio, de la complicidad y del apoyo del feminismo blanco hegemónico al proyecto colonial sionista y al imperialismo occidental. Subraya que, junto a la vital tarea de denunciar y luchar contra el genocidio palestino, una postura feminista conocedora del carácter histórico milenario del pueblo palestino implica la denuncia de la colonización y el apoyo a la liberación de Palestina, de toda Palestina, desde el río hasta el mar. Hoy más que nunca, sostener una posición feminista exige afirmar alto y claro que no hay emancipación posible sin la liberación de Palestina.

¿De qué liberación habla el feminismo blanco hegemónico?

Ante la historia milenaria de Palestina 1 y los procesos de colonización, despojo y genocidio que la atraviesan, no debería ser necesario explicar por qué la liberación palestina es una cuestión feminista. Sin embargo, junto al apoyo sostenido por amplios sectores de los feminismos anticoloniales y populares en Abya Yala, Irak, Irán, Sudáfrica, el mundo árabe, Estados Unidos y múltiples naciones y territorios europeos, la falta de apoyo y solidaridad de determinados posicionamientos feministas con la lucha palestina remite a profundos y nada nuevos problemas en el terreno de los feminismos. Desde nuestras diversas configuraciones y posicionamientos en las redes y sistemas de poder y de dominación, ciertos privilegios se traducen de forma obscena en la defensa del derecho de Israel a defenderse. A esta obscenidad se suman las posturas equidistantes de quienes comparan la violencia de ambos lados, como si el terrorismo de Estado, la colonización y la limpieza étnica fueran lo mismo que el derecho de un pueblo a resistir y defenderse. Como señala Alkarama, el silencio de numerosas voces feministas globales no solo produce dolor, sino que reproduce desigualdades coloniales: “Cuando el sufrimiento de una mujer palestina se vuelve complicado, controvertido o no prioritario, lo que se está diciendo –sin decirlo– es que su vida vale menos” (Alkarama, 2025b). 

El feminismo se ha caracterizado históricamente como un movimiento de liberación de las mujeres. El debate en torno a quién cuenta como mujeres y qué significa liberación ha llenado páginas de crítica y de literatura feminista. Precisamente, lo que las múltiples críticas articuladas por los feminismos del Tercer Mundo, chicanos, negros, árabes, decoloniales, anticapitalistas y anti-imperialistas, así como sus entrelazamientos con los feminismos queer y transfeminismos, han puesto de manifiesto es que, más allá del ámbito teórico, se trata de cuerpos y de vidas que están literalmente en juego. Ahora que las feministas liberales, no exentas de problematicidad en sus alianzas con el fascismo y la ultraderecha, defienden también los derechos LGTBIQ+, la no solidaridad con nuestras hermanas, mujeres, bolleras, personas trans, no binaries, oprimidas en cualquier parte del mundo, constituye una renuncia a los principios feministas básicos. Pretender la propia liberación sin pretender al mismo tiempo la liberación de todas recae en un feminismo excluyente, opresor, imperialista, que contradice los principios que, en teoría, justifican el reclamo de la categoría de feminista. Afaf Jabiri es clara en este sentido, cuando afirma:

Durante demasiado tiempo, el término «feminismo» se ha utilizado de forma imprecisa, lo que ha permitido que cualquiera pueda atribuirse esa etiqueta sin comprometerse realmente con sus principios (…) [P]ero deben seguir existiendo ciertos elementos clave (…): la igualdad y la justicia. Si estos principios clave ya no están presentes o no se aplican por igual a todxs, entonces ya no puede considerarse feminismo (Pratt et al., 2025, 228–229, trad. propia).

Territorio-cuerpo: El nexo inextricable entre liberación nacional
y emancipación feminista

Una de las reivindicaciones históricas y actuales del feminismo liberal blanco, en la que este converge con otros feminismos, es el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, su soberanía corporal, sexual y reproductiva. Este principio, sin embargo, no puede sostenerse de manera coherente si no se aplica a todos los cuerpos, es decir, si no abarca en su seno el derecho a la autodeterminación sexo-genérica. Pues bien, el cuerpo no es una entidad aislada, cerrada en sí misma; es relacional, interdependiente, abierta, situada, vive en un territorio, está unida a un territorio. Incluso en estos tiempos de capitalismo híper-acelerado, en los que determinados cuerpos (adivínese cuáles) hacen un uso de la movilidad que podría denominarse intergaláctica, junto con Zygmunt Bauman ([2000] 2003) “líquida”, propia casi solo del capital, estos cuerpos pisan territorios. Un cuerpo no puede no habitar un territorio.

Esta relación de entrelazamiento entre cuerpo y territorio, en la que el segundo opera como condición de posibilidad del primero, pone de manifiesto el profundo nexo entre la soberanía corporal, sexual y reproductiva, y la soberanía territorial, entre el derecho a la autodeterminación sexo-genérica y la autodeterminación de los pueblos. Quienes habitan cuerpos tienen derecho a decidir sobre ellos: tienen derecho a la soberanía corporal. Quienes habitan territorios tienen derecho a decidir sobre ellos: tienen derecho a la soberanía territorial. En este sentido, las posiciones adoptadas por amplios sectores del feminismo liberal antes y después del 7 de octubre de 2023 entran en contradicción con el propio marco normativo que dicen defender, pues el derecho de autodeterminación de los pueblos está recogido en la Carta de Naciones Unidas de 1945, un marco jurídico-político inscrito en la tradición liberal que ese mismo feminismo reivindica.

La idea del nexo inextricable entre el cuerpo y el territorio es formulada por la feminista comunitaria maya k’iche y la defensora de la vida, los territorios y la autodeterminación de los pueblos, Lolita Chávez, a través del concepto territorio-cuerpo. Chávez entiende los territorios, no solo como espacios físicos, sino como entramados históricos, culturales y cosmológicos, donde se inscriben la memoria, el arte, la herencia y las formas de vida comunitaria en relación con los elementos que sostienen la existencia: la tierra, el agua, el aire, las montañas y el sol. Asimismo, añade: “Cuando hablamos de territorio nos referimos además a nuestros cuerpos, que han sufrido mucha violencia, a través de los poderes que se imponen a través de los hombres, de los patriarcados, del capitalismo, de la gente blanca, del racismo” (Korol, 2016), por lo que insta a la liberación de los territorios cuerpos de las múltiples opresiones.

En sintonía con Segato (2016), quien sostiene que la colonialidad capitalista moderna reconfigura el cuerpo de las mujeres, desplazándolo de ser parte del territorio conquistado a constituirse en un territorio autónomo y central de conquista y dominación, Chávez muestra, a través del concepto territorio-cuerpo, la trabazón profunda entre violencia patriarcal, despojo territorial y acumulación capitalista. En esta línea, Silvia Federici ([2004] 2010) analiza cómo el colonialismo capitalista supuso simultáneamente un proceso de privatización de las tierras comunales en Europa, de intensificación de la apropiación, control y regulación de los cuerpos de las mujeres y de expropiación de tierras y destrucción de formas comunales de organización territorial en Abya Yala. No por casualidad, hasta mediados del siglo XIX, gran parte de la tierra cultivada en Palestina era comunal (Aranguren, 2025: 19-20). Desde esta perspectiva, la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres aparece indisolublemente ligada a la defensa del territorio y de los bienes comunes. 

La consecuencia de la indisociabilidad de cuerpo y territorio emerge así de manera clara: sostener el principio de soberanía sexual, reproductiva y corporal, implica abrazar el principio de soberanía nacional y territorial; y esto incluye Palestina. Desde la década de 1950, los feminismos del Mundo Mayoritario consideran la liberación nacional un eje central dentro de la lucha feminista, subrayando la necesidad de articularla con la abolición de la opresión de clase (Pratt et al., 2024: 241, 244). Inscritas en una tradición centenaria de organización feminista palestina, las mujeres palestinas siguen defendiendo el derecho innegociable a habitar su tierra (Alkarama, 2025b; Palestinian Feminist Collective, 2025b: 409). 

El carácter colonial de la violencia sexo-genérica,
el carácter generizado de la violencia colonial

Esta articulación se vuelve aún más evidente en los múltiples entrelazamientos entre la violencia colonial y sexo-genérica, que revelan tanto el carácter inherentemente generizado de la violencia colonial como el carácter colonial de la violencia sexual y patriarcal. Desde la Nakba, la violencia colonial se dirige específicamente contra las mujeres palestinas, consideradas pilares sociales y culturales de la sociedad palestina (Pratt et al., 2024: 232). Como ha ocurrido también en Argelia, la India, Sudáfrica o Irlanda, entre otros muchos procesos coloniales, la violencia sexual se convierte en un modo de gobernar: “Los cuerpos de las mujeres colonizadas son tratados como territorios conquistables (…) La violencia sexual reafirma jerarquías raciales, nacionales y militares. Es un mensaje político: ‘Tu cuerpo no te pertenece; tu pueblo, tampoco’” (Alkarama, 2025b). 

La violencia sexual ejercida por las fuerzas de seguridad israelíes y colonos israelíes contra mujeres, niñas, jóvenes y personas detenidas y encarceladas, incluidas violaciones (también mediante la inserción de objetos y sondas eléctricas por vagina, ano y recto), acoso sexual, amenazas de violación, tocamientos, violencia genital, insultos sexuales, torturas, cacheos al desnudo y desnudos forzados, ha sido ampliamente documentada (Alkarama, 2025b; Martone et al., 2025: 21-30; ONU, 2025: 19-30) 2; Palestinian Feminist Collective, 2025a; Pratt et al., 2024: 238). Un reciente informe de Naciones Unidas señala que la violencia y el genocidio recaen de manera desproporcionada sobre mujeres y niñas, y que la violencia sexual, reproductiva y de género ha sido sistemáticamente empleada por el Ejército y el Estado israelí desde el 7 de octubre de 2023, como parte de la ocupación ilegal, para “mantener el sistema de opresión israelí y negar a las palestinas su derecho a la autodeterminación” (ONU, 2025: 47, trad. propia). 

El informe de la ONU (2025: 46-47) subraya, además, que esta violencia no tiene únicamente como objetivos la humillación, la degradación, el castigo y la generación de terror, sino la expulsión de la comunidad palestina y la destrucción física de las palestinas y palestinos como grupo. Particularmente instrumental en este sentido es el reprocidio o genocidio reproductivo, otra de las formas generizadas de la violencia colonial, que evidencia cómo la violencia de género se inscribe en los procesos de colonización y limpieza étnica. El control y la vigilancia bio- y necropolíticas, las múltiples separaciones espaciales y el estado de excepción (incluidos los toques de queda y los puestos de control), afectan de manera directa a la salud sexual y reproductiva de las mujeres palestinas y producen una violencia severa sobre las mujeres embarazadas (Pratt et al., 2024: 235). Asimismo, el bloqueo absoluto de la franja de Gaza, la falta de acceso a agua potable, comida y atención sanitaria han recaído notablemente sobre las mujeres palestinas, deteriorando gravemente sus condiciones de salud sexual y reproductiva (Palestinian Feminist Collective, 2025a; Pratt et al., 2024: 232, 237). A ello se suman la hambruna, la masiva exposición a residuos tóxicos, incluidos los derivados de armamento químico ilegal, y la destrucción sistemática de hospitales y medios e infraestructuras sanitarias, violando el derecho humanitario internacional. Entre otros efectos, estas condiciones han dado lugar a partos y cesáreas sin anestesia ni medicamentos, esterilización postparto, graves consecuencias del estrés extremo para mujeres embarazadas y neonatos, incluida la muerte, así como a un aumento del 300 % de la tasa de abortos espontáneos durante el genocidio israelí tras el 7 de octubre de 2023 (Axelson y Venkatraman, 2024; ONU, 2025: 37, 45). El asesinato sistemático de mujeres y niñas y niños, así como la destrucción de embriones, óvulos y esperma, como ocurrió en el ataque aéreo israelí contra el mayor centro de fertilidad de Gaza, el Centro de FIV Albasma (ONU, 2025: 12), constituyen un intento de eliminar no solo el tejido social palestino, sino las generaciones futuras, la posibilidad misma del pueblo palestino (Alkarama, 2025b; Palestinian Feminist Collective, 2025a; 2025b: 409; Pratt et al., 2024: 235). Todas estas violencias constitutivas del colonialismo sionista y del imperialismo occidental, resultan incompatibles con los principios básicos del feminismo: no existe posición feminista alguna que pueda apoyarlas ni convenir con ellas sin incurrir en una contradicción estructural. 

Pinkwashing e instrumentalización sionista de las demandas feministas, al servicio de la aniquilación y la acumulación de capital

En este contexto, resulta obscena la alineación de sectores del feminismo blanco liberal con el pinkwashing colonialista y genocida de Israel. En no pocos casos, feministas occidentales han reproducido la propaganda sionista de supuestas violaciones de mujeres israelíes atribuidas a Hamas, a fin de justificar el genocidio y dar continuidad al proyecto de exterminio del pueblo palestino, mientras han ignorado la violencia sexual, reproductiva y la tortura sistemática ejercidas por Israel contra mujeres y hombres palestinos, como parte de su estrategia genocida (Pratt et al., 2024: 227). Imágenes como las de un soldado israelí alzando la bandera LGTBIQ+ con el lema “in the name of love” en noviembre de 2023, con la destrucción militar de la franja de Gaza de fondo, ilustran de la forma más cruda el pinkwashing sionista. A ello se suma la utilización sionista de la violencia contra las mujeres mediante fabricadas declaraciones de “violaciones en masa” (Martone et al., 2025: 16). 

Esta estrategia se inscribe en lo que Martone et al. (2025) denominan la táctica SORVO (Systemic Oppression Reverse Victim and Offender), un mecanismo propio de sistemas de opresión que invierte las posiciones de agredida y agresor mediante el empleo de la violencia sexual y de las acusaciones de esta para justificar la opresión. En el caso palestino, esta táctica incluye tanto la difusión de afirmaciones falsas sobre altos niveles de violencia sexual cometida por Hamás, como el ejercicio por parte del Ejército israelí de una violencia sexual generalizada a nivel individual, institucional y sistémico (Martone et al., 2025: 8, 11). Apoyándose en el estereotipo racista e islamófobo que dibuja a los hombres árabes como misóginos y sexualmente violentos, el Estado de Israel, con la complicidad de líderes políticos y medios de comunicación occidentales, ha construido una ecuación entre Hamás y violadores, también denominada Hamas rapist machine, presentada como una amenaza no solo para las mujeres israelíes, sino para Israel y para la humanidad en su conjunto (Alqaisiya, 2024: 33-35).

Más allá de posibles actos individuales de violencia sexual 3, un artículo de Los Angeles Times se hacía eco de los supuestos “crímenes sexuales generalizados cometidos por Hamas” y recogía el llamamiento de Netanyahu a las organizaciones por los derechos de las mujeres ante su indiferencia: “¿Habéis oído hablar de las violaciones de mujeres israelíes, de las horribles atrocidades, de las mutilaciones sexuales? ¿Dónde demonios estáis?” (Mednick, 2023, trad. propia). Este llamamiento fue respaldado públicamente por la ex-secretaria de estado Hillary Clinton, la senadora Kirsten Gillibrand y la ejecutiva tecnológica Sheryl Sandberg, quienes denunciaron el supuesto fallo global en el apoyo a las mujeres sexualmente agredidas el 7 de octubre de 2023 (Mednick, 2023). El falso relato de violaciones en masa atribuidas a Hamás ha sido explícitamente utilizado para justificar el genocidio, como muestran las declaraciones del asesor jurídico israelí Tal Becker ante la Corte Internacional de Justicia en enero de 2024, en el marco de la demanda presentada por Sudáfrica contra Israel por genocidio. Dirigentes como Joe Biden y Kamala Harris también han movilizado y explotado la violencia sexual contra las mujeres con fines coloniales y genocidas, para justificar el derecho de Israel a defenderse y el apoyo militar de Estados Unidos a este (Martone et al., 2025: 17). 

El pinkwashing llevado a cabo por Israel, condensado en la bandera del orgullo con el lema “in the name of love”, vende al Estado sionista de Israel como libertador de las palestinas  LGTBIQ+, como si estas no estuvieran organizadas, también en contra del sionismo y a favor de la liberación de Palestina. Así, junto a la exclusión de las mujeres palestinas de la categoría mujeres y de les palestines queer y trans del colectivo LGTBIQ+, hallamos la expulsión del conjunto de la población palestina del campo de lo humano. Esta expulsión sucede como consecuencia del entrelazamiento de dos procesos; por un lado, la instrumentalización de las demandas feministas y queer para justificar la eliminación no solo de la resistencia palestina, sino del pueblo palestino en su conjunto; y, por otro, la reactualización, en el colonialismo de asentamiento contemporáneo, de la lógica racial del capitalismo colonial moderno, que conceptualiza a poblaciones racializadas, como los pueblos originarios de Abya Yala y las personas negras africanas esclavizadas, como salvajes, bestias y animales (no humanos) (Davis, [1981] 2005: 16, 183; Segato, 2016: 20; Wynter, 2003). De este modo, la catalogación de quienes participaron en el ataque del 7 de octubre de 2023 como violadores, barbarie o salvajes por parte de los oficiales israelíes y los medios de comunicación (Alqaisiya, 2024: 34-35; Martone et al., 2025: 13; ONU, 2025: 43) tiene como objeto despojar al conjunto de la población palestina de su humanidad, a fin de hacer de las palestinas y palestinos una población prescindible.

Lejos de posicionamientos antropocéntricos o de lecturas que contraponen humanidad y animalidad, lo que denunciamos aquí es el uso político de la animalización como tecnología de poder: la conceptualización de la población palestina como vida sacrificable, eliminable. Alqaisiya (2024: 36) va más allá al señalar, en relación con un vídeo en el que un soldado israelí aparece con cabras detrás, afirmando que “los animales son los únicos civiles en Gaza”, no solo la bestialidad proyectada por el Ejército israelí que documenta sus paseos civilizadores, sino la elevación de la animalidad no humana por encima de las personas indígenas palestinas. En una resonancia perfecta con las palabras de Theodor Herzl en El Estado Judío, acerca del Estado de Israel como defensa contra la barbarie ([1896] 1960: 118), Netanyahu insta a luchar sin concesiones contra “la barbarie que amenaza con arrollar al mundo” (Alqaisiya, 2024: 33, trad. propia).

Así, más allá de la priorización de unas vidas sobre otras (Pratt et al., 2024: 227), o de la idea de que la vida de una mujer palestina vale menos que la de otras mujeres (Alkarama, 2025b), lo que se pone en juego es una desvalorización radical: las vidas de las mujeres palestinas, y de la población palestina en su conjunto, son construidas como prescindibles e irrelevantes en el marco del orden político y moral occidental, incluidos amplios sectores del feminismo blanco liberal. Pero esa desvalorización política y moral no implica ausencia de valor. Siguiendo a Ali Kadri (2023) y Alqaisiya (2024), no se trata solo de vidas que no valen nada, sino de vidas que valen muertas: vidas cuya destrucción, desperdicio y aniquilación forman parte estructural de los procesos de acumulación capitalista. La destrucción de las vidas de las mujeres palestinas, y de la población palestina en general, es parte de la esfera de la producción capitalista; es constitutiva de la valorización y se materializa como mercancía en el mercado global del capital.

Por la liberación de Palestina, desde el río hasta el mar

Desde las tradiciones y alianzas históricas de los feminismos anticoloniales, antiimperialistas y marxistas, junto a numerosas voces feministas palestinas, sostenemos que la lucha por la liberación palestina constituye una cuestión feminista central. De este modo, pretender la propia liberación sin pretender al mismo tiempo la liberación de todas recae en un feminismo excluyente y opresor, que contradice los principios que, en teoría, justifican el reclamo de la categoría feminista. Condensado en el concepto territorio-cuerpo, el profundo entrelazamiento entre cuerpo y territorio evidencia asimismo el nexo inextricable entre soberanía corporal, sexo-genérica y reproductiva, y soberanía territorial y nacional, de manera que la defensa del derecho de los pueblos a decidir aparece como consecuencia lógica de la defensa de los derechos sexuales, reproductivos y sexo-genéricos de mujeres y personas trans.                   

Este entrelazamiento se pone más de manifiesto, si cabe, en los múltiples modos en que la violencia colonial se imbrica con la violencia sexual, reproductiva y de género, desvelando el carácter inherentemente generizado de la violencia colonial, así como el carácter colonial de la violencia patriarcal. Junto a la exclusión de las mujeres palestinas de la categoría mujeres y de las palestinas queer y trans del colectivo LGTBIQ+, el despojo de la población palestina de su humanidad tiene como fin conferirle una naturaleza sacrificable. La instrumentalización de las demandas queer y de la violencia contra las mujeres, cristalizada en la fabricación de Hamas rapist machine, entretejida con la lógica colonial capitalista que construye las poblaciones colonizadas como salvajes, bestias y bárbaras, se dirige así a legitimar el genocidio palestino. Todo ello revela no solo la desvalorización radical de las vidas de las mujeres palestinas y de la población palestina en su conjunto, sino su valor en tanto que vidas muertas, en tanto que parte estructural de los procesos de producción y acumulación capitalista. 

Frente a ello, una posición feminista responsable exige defender sin ambages el derecho del pueblo palestino a la defensa y a la resistencia en todas sus formas, incluida la lucha armada 4, en la que también las mujeres palestinas han estado al frente. Una posición feminista responsable exige el fin del régimen colonial en todo el territorio palestino, el desmantelamiento de las estructuras e instituciones opresivas, la devolución de la tierra expropiada y el retorno a tierras palestinas de todas las refugiadas y exiliadas palestinas y palestinos; a saber: la liberación de toda Palestina, desde el río hasta el mar.

Referencias:

Al Jazeera (2024) “UN experts say grounds to believe rape occurred in Hamas attack on Israel”. Al Jazeera. https://www.aljazeera.com/news/2024/3/4/reasonable-grounds-to-believe-hamas-committed-sexual-violence-un (4 de marzo)

Alkarama. Movimiento de Mujeres Palestinas (26 de julio de 2025a) Comunicado de la “Movimiento Mujeres de Palestina – Alkarama A los movimientos feministas del mundo. https://alkarama.eu/comunicado-de-la-movimiento-mujeres-de-palestina-alkarama-a-los-movimientos-feministas-del-mundo/  (2 de diciembre de 2025b) Manifiesto Feminista de Alkarama ante la violencia colonial contra las mujeres palestinas. https://alkarama.eu/nuestros-cuerpos-no-son-territorio-de-conquista-alkarama-denuncia-la-violencia-colonial/ (2 de diciembre).

Alqaisiya, Walaa (2024) “The urgency of anti-imperialist feminism. Lessons from Palestine.” vol. 2.16 (ISSN 0300-211X), 33-46

Aranguren, Teresa (2025) Palestina. La existencia negada. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. 

Axelson, RubyMae y Venkatraman, Prachiti (2024) Reproductive Violence in Palestine: The Need for a Feminist Approach to Justice. Opinio Juris https://opiniojuris.org/2024/02/01/reproductive-violence-in-palestine-the-need-for-a-feminist-approach-to-justice/ (1 de febrero)

Bauman, Zygmunt ([2000] 2003) Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.  

Davis, Angela Y. ([1981] 2005) Mujeres, raza y clase. Akal 

Federici, Silvia ([2004] 2010). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de Sueños.   

Goldenberg, Tia y Frankel, Julia (2024) “How 2 debunked accounts of sexual violence on Oct. 7 fueled a global dispute over Israel-Hamas war”. AP. https://apnews.com/article/israel-hamas-war-sexual-violence-zaka-ca7905bf9520b1e646f86d72cdf03244  (22 de mayo

Herzl, Theodor ([1896] 1960) El Estado Judío y Otros Escritos. Editorial Israel. 

Herzog, Ze’ev (2001) “Deconstructing the walls of Jericho. Biblical myth and archeological reality.” Prometheus, 4: 72-93. https://dn790002.ca.archive.org/0/items/herzog-2001-deconstructing-the-walls-of-jericho/Herzog-2001-Deconstructing_the_walls_of_Jericho_biblical_myth_and_archaeological_reality-Promethus_v4_pp72-93_ISSN_1464-3901.pdf   

Kadri, Ali (2023) The Accumulation of Waste: A Political Economy of Systemic Destruction. Brill.s

Korol, Claudia (2016) “Yo soy Lolita.” Página 12. https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-10856-2016-09-09.html (9 de septiembre)

Martone, Omny M., Knick, Katie, Meteer, L. M., & Reilly, Michelle (2025) SORVO: Systemic Oppression Reverse Victim and Offender. Sexual Violence Prevention Association (SVPA). https://s-v-p-a.org/sorvo-palestine

Masalha, Nur (2018) Palestine: A Four Thousand Year History. Zed Books

Mednick, Sam (2023) “New evidence indicates ‘widespread’ sexual crimes by Hamas, as Netanyahu alleges global indifference”. Los Angeles Times. https://www.latimes.com/world-nation/story/2023-12-06/new-signs-emerge-of-widespread-sexual-crimes-by-hamas-as-netanyahu-alleges-global-indifference  (6 de diciembre)

Organización de Naciones Unidas (ONU) (1945) Carta de las Naciones Unidas. https://www.un.org/es/about-us/un-charter  

(1974) Resolución 3236 (XXIX) Cuestión de Palestina. https://documents.un.org/doc/resolution/gen/nr0/743/15/pdf/nr074315.pdf  

(1982) Resolución 37/43. Importancia de la realización universal del derecho de los pueblos a la libre determinación y de la rápida concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales para la garantía y la observancia efectivas de los derechos humanos. https://docs.un.org/es/a/res/37/43   

(2025) “More than a human can bear”: Israel’s systematic use of sexual, reproductive and other forms of gender-based violence since 7 October 2023. Independent International Commission of Inquiry on the Occupied Palestinian Territory, including East Jerusalem, and Israel (A/HRC/58/CRP.6). https://www.ohchr.org/sites/default/files/documents/hrbodies/hrcouncil/sessions-regular/session58/a-hrc-58-crp-6.pdf   

Palestinian Feminist Collective (2025a) The Palestinian Feminist Collective Condemns Reproductive Genocide in Gaza. https://palestinianfeministcollective.org/the-pfc-condemns-reproductive-genocide-in-gaza/  

(2025b) Reviving Third World Feminism: A Struggle for a Liberated Future. Women’s Studies in Communication, 48(3): 403-411. https://doi.org/10.1080/07491409.2025.2544500

Pratt, Nicola, Jabiri, Afaf, Ajour, Ashjan., Shoman, Hala, Aldossari, Maryam y Ababneh, Sara (2025) “Why Palestine is a feminist issue: a reckoning with Western feminism in a time of genocide”. International Feminist Journal of Politics, 27(1): 226-250. doi: https://doi.org/10.1080/14616742.2025.2455477

Segato, Rita Laura (2016) La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.      

(2025). Diálogos por la democracia con Rita Segato [Archivo de Vídeo]. TV UNAM. https://www.youtube.com/watch?v=FBjIHYEhfhg  

Thompson, Thomas L. (1992) Early history of the Israelite people: from the written and archaeological sources (Vol. 4). Brill.     

Wynter, Sylviu (2003) “Unsettling the coloniality of being/power/truth/freedom: Towards the human, after man, its overrepresentation – An argument”. CR: The New Centennial Review, 3(3): 257–337. https://doi.org/10.1353/ncr.2004.0015

Notas:

1. Diversos desarrollos en historia y arqueología han cuestionado la narrativa bíblico-sionista de continuidad histórica entre el antiguo Israel y el moderno Estado de Israel, al tiempo que han reafirmado la historicidad de Palestina como territorio y realidad histórica de larga duración. Véase, en este sentido, Herzog (2001); Masalha (2018); Thompson (1992).  

2. La violencia sexual, característica de las detenciones israelíes y parte de los procedimientos operativos estándar de las fuerzas de seguridad israelíes hacia lxs palestinxs, se ha incrementado de manera significativa en severidad y frecuencia tras el 7 de octubre de 2023, y se infringe en un clima de total impunidad (ONU, 2025: 33-34, 46-47) 

3. Según un informe de la ONU, que también desmiente ciertos relatos sobre violencia sexual cometida por Hamas el 7 de octubre de 2023, hay motivos para creer que hubo actos individuales de violencia sexual (véase, Al Jazeera, 2024; Goldenberg y Frankel, 2014). 

4. La Carta de las Naciones Unidas, diversas resoluciones y normas relevantes del derecho internacional reconocen la legitimidad de la lucha de los pueblos sometidos a ocupación o dominación colonial por la independencia y la integridad territorial por todos los medios, incluida la lucha armada (véase ONU, 1974; 1982). 

Maite Arraiza es profesora de filosofía de la Universidad del País Vasco
y activista feminista. 

Fuente: https://vientosur.info/desde-el-territorio-cuerpo-por-que-la-liberacion-palestina-es-una-cuestion-feminista/

7/18/2026

Denuncian grave deterioro de salud de prisioneras palestinas en Damon

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Resumen Medio Oriente, 15 de julio de 2026.

La Oficina de Prisioneros Palestinos alertó sobre el agravamiento del estado de salud de varias reclusas en la prisión israelí de Damon por la falta de atención médica.

La Oficina de Prisioneros Palestinos denunció el deterioro del estado de salud de varias  prisioneras palestinas recluidas en la prisión israelí de Damon, al atribuirlo a la persistente falta de atención médica adecuada y a la negativa de las autoridades penitenciarias a proporcionarles tratamiento.

Según la entidad, Fidaa Assaf, quien padece leucemia; Suhair Zaqiq, diagnosticada con cáncer; y Abeer Odeh, que presenta una amputación parcial del esófago y los intestinos, además de masas en el estómago, enfrentan un progresivo agravamiento de su condición debido a la ausencia de asistencia médica especializada.

La oficina también alertó sobre la situación de Fatima Yousef, de 34 años, quien sufre hepatitis C y una grave infección en una zona intervenida quirúrgicamente, quien ha perdido 22 kilogramos en pocos meses, lo que incrementa la preocupación por su estado de salud.

Ante esta situación, la Oficina de Prisioneros Palestinos solicitó la intervención urgente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y de organizaciones internacionales de derechos humanos para garantizar que las detenidas reciban tratamiento médico adecuado y sean evaluadas mediante visitas médicas independientes.

El organismo advirtió que la continuidad de la  negligencia médica contra las prisioneras enfermas pone en riesgo sus vidas e instó a la comunidad internacional a actuar para asegurar el respeto de sus derechos.

FUENTE: AL MAYADEEN

7/11/2026

Cómo Israel usa la violencia sexual contra la población palestina desde su fundación

 Es un sistema de dominio, opresión y borrado»


Fuentes: El Diario [Foto: La prisión israelí de Ofer, próxima a Jerusalén, donde los testimonios del informe denuncian que se produjeron agresiones sexuales a presos palestinos (Jamal Awad/Europa Press)]

El informe ‘Un Estado depredador’ recopila múltiples evidencias de prácticas sistemáticas de violencia y tortura de palestinos desde la fundación de Israel

Un nuevo informe elaborado por la organización Palestinian Feminist Collective (Colectivo Feminista Palestino) y la Internacional Progresista ha recopilado múltiples casos de empleo de violencia sexual por parte de Israel contra los palestinos a lo largo de las décadas, desde la fundación misma del Estado Israelí en 1948 hasta la actualidad, con especial énfasis en los casos sucedidos desde octubre de 2023, cuando comenzó la operación genocida contra Gaza que siguió a los atentados de Hamás.

El trabajo, que lleva por título A predatory state (Un Estado depredador), sistematiza a lo largo de más de 180 páginas la evidencia documental y los testimonios recogidos de múltiples fuentes —desde declaraciones de supervivientes a investigaciones de historiadores, relatos de juristas e informaciones de prensa— para llegar a la conclusión de que el empleo de la violencia sexual representó una estrategia de “deshumanización institucionalizada para ejecutar un daño y castigo colectivo a los palestinos y tratar de reducir la resistencia a una situación de subyugación colectiva”. Descarta, en ese sentido, el relato de las autoridades israelíes según el cual los casos de violencia son sucesos aislados, y concluye que son parte de un plan coordinado.

Un ejemplo flagrante, a juicio de los autores, es el uso de perros en prácticas de violencia sexual, mencionadas en un epígrafe específico. “Sostenemos que la única forma de que un perro viole a un humano es que haya sido entrenado para ello”, denuncian. Alegan que el objetivo de este proceder es infundir terror en los palestinos; y llaman la atención sobre la circunstancia de que la dimensión y frecuencia con el que se repiten se hayan acrecentado desde el nombramiento como ministro de Seguridad Nacional de Israel en 2022 del colono ultraderechista Itamar Ben-Gvir.

Violencia sexual desde 1948

El informe refiere casos documentados de violencia sexual desde la fundación del Estado de Israel y las matanzas y expulsión de los palestinos de sus hogares que siguieron a esta, la llamada Nakba (catástrofe). Menciona el caso de una violación en grupo reconocida por un mando militar y que figuraba en los archivos israelíes, un suceso desclasificado y después declarado nuevamente secreto, además de documentación recopilada por los primeros historiadores revisionistas israelíes —como Benny Morris o Ilan Pappé— que cuestionaban el relato oficial de una ocupación pacífica de terrenos prácticamente baldíos.

El informe divide cronológicamente en cinco etapas la represión israelí desde la fundación del Estado hasta 2023, con profusión de sucesos de violencia sexual. A partir de esa fecha el relato es todavía más minucioso y divide las conductas entre “humillación sexual” y “tortura sexual y violación”, distinguiendo si las víctimas son hombres o mujeres (incluidos niños y niñas) y si las actuaciones tienen “intención genocida”.

Testimonios reiterados

La casuística es múltiple. Uno de los testimonios, tomado de un trabajo previo de la ONG Euromed, es de una mujer detenida que denuncia una penetración anal con un pene artificial. En otro, recogido anteriormente por el Palestinian Center for Human Rights, una mujer identificada por las iniciales N.A., detenida en un control en Gaza en 2024, relata violaciones por más de un soldado, algunas en el mismo día, además de torturas físicas y psicológicas. “No puedo describir lo que sentí, a cada momento deseaba morir”, expresaba.

Una de las instalaciones en las que se denunciaron abusos es la prisión de Ofer en Jerusalén, mencionada en varias ocasiones en el informe. Uno de los abogados que visitó a presos en este establecimiento, Khaled Mahajna, señala que algunas de estas agresiones sexuales se realizaban delante de otros reclusos de forma deliberada “para dar una lección a todos los detenidos y hacerles ver que cualquiera de ellos podría ser sometido a métodos tan brutales”.

El trabajo lo firman The Palestinian Feminist Collective (PFC), que se identifica como un cuerpo de feministas árabes y palestinas basadas principalmente en Norteamérica, y la Internacional Progresista, un movimiento de partidos de izquierdas, sindicatos y ONG de todo el mundo cuyos impulsores iniciales fueron el político griego Yanis Varoufakis y el senador estadounidense Bernie Sanders.

La relatora de la ONU avala el trabajo

La relatora especial de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, ha elogiado el trabajo. “Es hora de comprender que los crímenes contra los palestinos —incluida la violencia sexual y de género que se ha investigado y denunciado minuciosamente en este informe— no son una suma de abusos aislados, sino un sistema de dominación, opresión y borrado […]”

“Los Estados parecen alegar ignorancia para eludir sus obligaciones legales de prevenir y castigar el genocidio, poner fin a la complicidad, investigar y enjuiciar a los responsables, y desmantelar las estructuras que permiten que persistan tales crímenes. El informe es un llamamiento a todos los ciudadanos responsables para que se mantengan unidos, no solo para poner fin al genocidio, sino para luchar de una vez por todas contra este modelo de poder ‘testosterónico’ que se arraiga y crece a través de la subyugación y la represión”, reclama Albanese.

Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/israel-violencia-sexual-palestinos-fundacion-sistema-dominio-opresion-borrado_1_13344909.html

6/27/2026

Gen0cdio de Israel. Asesinó a 20 mil niñas y niños palestinos: investigación ONU

 

.-Ciudad de México.- La Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU* sobre el Territorio Palestino Ocupado presentó este martes un informe de casi 100 páginas sobre las violaciones y crímenes cometidos contra niños palestinos desde el 7 de octubre de 2023 hasta el 31 de marzo de 2026.

Entre los principales hallazgos se encuentra:

Más de 20 mil niñas y niños palestinos murieron y más de 44 mil resultaron heridos entre octubre de 2023 y octubre de 2025, según los datos citados por la Comisión, quienes representan cerca del 30% de todas las personas fallecidas en el territorio palestino ocupado.

La Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, e Israel fue establecida por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas el 27 de mayo de 2021 para «investigar, en el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, y en Israel, todas las presuntas violaciones del derecho internacional humanitario y todas las presuntas violaciones y abusos del derecho internacional de los derechos humanos ocurridos hasta el 13 de abril de 2021 y desde entonces».

La investigación abarca Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, y es el primer informe de un órgano investigador de la ONU dedicado específicamente a los crímenes y violaciones contra niños palestinos.

Según la Comisión, las autoridades y fuerzas de seguridad israelíes son responsables de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, incluida la persecución, en Gaza. En Cisjordania, incluida Jerusalén Este, determinó que se han cometido crímenes de guerra.

La Comisión ya había concluido en una investigación anterior, centrada específicamente en Gaza, que se había cometido genocidio en ese territorio.

“Sobre la base de todas las pruebas reunidas, el informe formula conclusiones jurídicas y determina que las autoridades y las fuerzas de seguridad israelíes atacaron y mataron deliberadamente a niños palestinos y destruyeron su infancia», Srinivasan Muralidhar. «El informe publicado hoy aporta nuevos elementos que sustentan la conclusión de genocidio”, agregó.

La investigación sostiene que muchos de ellos murieron en ataques aéreos con explosivos de gran potencia y amplio radio de impacto. También documenta casos de niñas y niños alcanzados por disparos de drones, francotiradores y otras armas en la cabeza o la parte superior del cuerpo.

Las pruebas reunidas revelan un patrón de conducta destinado a destruir la continuidad biológica y el futuro de la población palestina en Gaza.

A su juicio, el ataque deliberado contra la niñez palestina constituye uno de los elementos que demuestra la intención específica de destruir, total o parcialmente, al grupo palestino en ese territorio.

“La protección, el cuidado y la supervivencia de las y los niños palestinos y de las mujeres embarazadas están estrechamente vinculados al derecho fundamental del pueblo palestino a la autodeterminación”, dijo Muralidhar. “Al atacar a los niños, Israel está erosionando la estructura fundamental de la sociedad palestina”.

La Comisión indicó que su investigación se basó en entrevistas y grupos de discusión con víctimas y testigos, incluidos niños; informes médicos; análisis forenses; fotografías y videos; y material de fuentes abiertas sometido a procesos de verificación digital.

Una infancia sin escuela, hospitales ni alimentos

El informe también documenta la destrucción de instalaciones fundamentales para la supervivencia y el desarrollo de los niños, entre ellas escuelas, universidades, hospitales y orfanatos.

Según la Comisión, el 97% de las escuelas de Gaza han sido destruidas y el 95% de las universidades han resultado afectadas. De las 38 universidades del territorio, 22 habrían quedado completamente destruidas.

Esta destrucción de las instituciones educativas no solo priva a los niños de su derecho a la enseñanza, sino que socava las bases sociales e intelectuales de la sociedad palestina.

El informe también denuncia la imposición de condiciones de vida que obstaculizan la supervivencia de la niñez, incluida la privación de alimentos y atención médica.

Hasta el 1 de octubre de 2025, se habían registrado 151 muertes de niños por desnutrición, según los datos citados por la Comisión. Los expertos también documentaron más de mil casos de menores que sufrieron amputaciones entre octubre y diciembre de 2023.

Chris Sidoti, miembro de la Comisión, relató el caso de una niña de 12 años con enfermedad celíaca que murió de desnutrición aguda. Según explicó, durante el asedio no pudo acceder a los alimentos sin gluten que necesitaba ni recibir el tratamiento adecuado. La solicitud para evacuarla de Gaza con fines médicos fue aprobada dos semanas después de su muerte.

“No murió de enfermedad celíaca”, subrayó. “Murió de hambre”.

Violaciones que continúan

La Comisión afirmó que las violaciones contra la niñez palestina continuaron después del alto el fuego anunciado en octubre de 2025.

Entre los hechos documentados figuran tortura, tratos inhumanos y degradantes, violencia sexual y de género, así como ataques contra instalaciones sanitarias y educativas.

En el informe también se refirieron a la situación en Cisjordania. En uno de los casos investigados, un adolescente de 14 años herido de bala murió después de permanecer unos 45 minutos sin recibir asistencia médica.

La Comisión sostuvo que soldados israelíes impidieron que la madre del joven y una ambulancia se acercaran a ayudarlo, e identificó a la unidad militar que, según dijo, operaba en la zona en el momento de los hechos.

Sidoti afirmó que el niño murió desangrado mientras los soldados no le prestaban ayuda e impedían que otros lo hicieran. “Sabemos quiénes son”, dijo al referirse a la unidad señalada por la investigación.

Una mujer embarazada camina por el patio de un edificio escolar dañado en Jabalia, Gaza, que sirve como lugar de desplazamiento, con tiendas de campaña de UNICEF cerca.
© PMA/Maxime Le Lijour Nada, de 25 años, camina por el patio de una escuela convertida en centro de desplazamiento donde vive.

Llamado a la rendición de cuentas

La Comisión pidió a los Estados adoptar medidas para garantizar la rendición de cuentas por las violaciones cometidas contra niños palestinos.

Entre sus recomendaciones, solicitó investigar a individuos y organizaciones sospechosos de participar en actos de violencia ilegal mediante tribunales nacionales o el principio de jurisdicción universal.

También instó a los Estados a cumplir las órdenes de arresto emitidas por la Corte Penal Internacional, emplear todos los medios razonablemente disponibles para prevenir genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, y suspender las transferencias de armas, equipos o materiales que puedan utilizarse para violar el derecho internacional.

Las y los expertos indicaron que la Comisión ha compartido información con la Corte Penal Internacional, la Corte Internacional de Justicia y algunos Estados, y que seguirá colaborando con las autoridades judiciales que investiguen posibles responsabilidades.

Al cerrar la presentación, Sidoti pidió que las decenas de miles de niñas y niños afectados no queden reducidos a estadísticas.

“Hay que ver a esta niñez como individuos, con identidades, con vidas que estaban viviendo y con futuros que ahora han quedado truncados”, afirmó.

1/03/2026

Israel mantiene genocidio en Gaza a pesar del alto al fuego: AI

 

Cabe precisar que esta guerra comenzó el 7 de octubre de 2023, cuando Israel declaró una ofensiva caracterizada por intensos bombardeos en la Franja de Gaza, los cuales, hasta el momento, han provocado la muerte de más de 45 mil personas. De ellas, se estima que al menos 14 mil 500 eran niñas y niños. En el caso de las mujeres, se ha documentado el asesinato de 10 mil, de acuerdo con el informe más reciente de ONU Mujeres.

Tras este escenario, Israel impuso un bloqueo que restringe el acceso a suministros básicos, siendo las mujeres y las niñas el principal sector afectado de acuerdo con ONU Mujeres, pues 1.1 millones de mujeres carecen de acceso al agua potable y más de 337 mil niñas y niños menores de cinco años están en alto riesgo de contraer enfermedades relacionadas con su consumo.

Además, más de 540 mil mujeres y niñas en edad reproductiva necesitan artículos básicos de higiene, incluidas 10 millones de compresas al mes, en un contexto donde la privacidad para la gestión menstrual es casi inexistente para más de 690 mil de ellas.

Sin embargo, pese a que el alto al fuego aparentaba culminar con el genocidio y con las múltiples violencias, AI ha documentado que se mantiene la expulsión sistémica de personas palestinas de sus hogares y de las que eran las tierras más cultivables; asimismo, el ejército israelí está desplegado en el 58% de la Franja de Gaza, por lo que se prevé que esta expulsión podría convertirse en permanente.

Cabe poner bajo la mira que la población desplazada afronta condiciones insalubres y de hacinamiento, lo que incrementa la propagación de enfermedades, pues sus sistemas inmunitarios siguen debilitados ante la desnutrición y la privación prolongada de atención médica, además de que las principales zonas de desplazamiento carecen de infraestructuras vitales.

Sumado a ello, este desplazamiento se recrudece como consecuencia de la destrucción generalizada de infraestructuras, incluidas carreteras, y la falta de transporte, lo que dificulta aún más que la población palestina llegue a los limitados servicios médicos disponibles y que las agencias humanitarias puedan distribuir efectivamente la ayuda en la Franja de Gaza.

Frente a esta realidad, AI logró entrevistar a mujeres quienes han enfrentado las graves consecuencias de este desplazamiento. Una de ellas fue Dunia al Ajrami, de 24 años, quien resultó herida en un ataque israelí el 16 de noviembre de 2024 y sufrió la amputación de una pierna por encima de la rodilla y de cuatro dedos de una mano. Ella relató las dificultades que enfrenta como persona con discapacidad:

“Soy una especialista en educación especial; tenía un empleo antes de la guerra, trabajaba con niños y niñas… La herida me arrebató mi independencia, pero, lo que es peor, la tienda me arrebata mi humanidad. Los aseos no son accesibles, me cuesta mucho moverme en la tienda, ducharme. Antes mantenía a mi familia, pero ahora dependemos totalmente de la ayuda”.

Asimismo, una enfermera desplazada, que debido a esta situación no puede regresar a la casa de su familia al este de la línea amarilla, relató a Amnistía Internacional las múltiples afectaciones que han impactado su vida cotidiana.

“Me han desplazado múltiples veces y lo he perdido todo, y ahora vivo en una tienda en condiciones que no podrían ser peores, pues estos días han llegado fuertes lluvias y todo está inundado, y con la llegada del invierno esto solo empeorará. Si al menos pudiéramos volver a nuestra tierra, podríamos refugiarnos en los escombros de nuestra casa y al menos tendríamos cierta intimidad. Al menos sería hogar”.

Ante estas movilizaciones forzadas, Israel sigue prohibiendo la entrada de indumentaria necesaria para reparar infraestructuras, remover artefactos explosivos sin detonar y retirar escombros contaminados y aguas residuales, lo que provoca daños graves e irreversibles al medioambiente y a la salud pública en Palestina.

Además, no solo se han negado a proporcionar ayuda, sino que, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), entre el 10 de octubre y el 13 de noviembre, las autoridades israelíes impidieron la entrada en Gaza —coordinada por organismos de la ONU— de más de 6 mil 480 toneladas métricas de material de ayuda humanitaria.

Frente a ello, se demuestra que no solo no ha disminuido el grado de deshumanización de la población palestina después del alto al fuego y el regreso de los rehenes, sino que se ha propuesto una nueva ley sobre la pena de muerte que, según su redacción actual, se aplicaría principalmente a las personas palestinas.

Pese a este escenario, catalogado como de “lesa humanidad”, no ha habido enjuiciamientos ni investigaciones de actos de genocidio por parte de las autoridades israelíes. Por el contrario, los crímenes atroces cometidos contra la población palestina, como violaciones y otras formas de violencia sexual, torturas y otros abusos, continúan con apoyo político de alto nivel en Israel y dentro del ejército.

11/29/2025

Acción directa… a la conciencia

 Por Alicia Alonso Merino 

Fuentes: Desinformémonos

“Armadas” con sus sprays de pintura, escalera en mano, martillos y kufiyas, el 6 de agosto del 2024, un grupo de activistas entraron en la filial británica de la fábrica de drones israelí de Elbit Systems en Filton, Bristol.

Antes de ser desalojadas y detenidas por la policía británica consiguieron pintar las instalaciones, dañar equipos y bloquear la producción. El grupo se reivindicó como perteneciente a Palestine Action y ha optado por la acción directa ante la inacción y complicidad de su Gobierno de parar el genocidio en Gaza. Sus acciones son un grito directo a la conciencia que busca paralizar la maquinaria de muerte de la guerra colonial impiadosa y sin fin contra la población palestina.

Fundada en el 2020, Palestine Action se define como una organización propalestina para desestabilizar la industria armamentística en el Reino Unido mediante la acción directa. Su compromiso es acabar con la participación global en el régimen genocida y de apartheid de Israel. Desde su fundación, sus acciones, del mismo calado que la de la fábrica en Filton, se han multiplicado por todo el Reino Unido.

Sus métodos son formas de resistencia civil como pintar, bloquear edificios, encadenarse a infraestructuras, dañar equipos, busca interrumpir la cadena de suministro de armas a Israel, especialmente de la empresa Elbit Systems, con sede en el Reino Unido. Esta multinacional sionista es una de las principales empresas de tecnología militar israelí que produce esos horribles drones cuadricópteros siempre presentes en Gaza que asesinan y causan el terror en la población palestina.

Pero el establishment no ha demorado mucho en reaccionar. Haciendo gala del abuso autoritario del poder, la respuesta del Gobierno británico (presionado por el lobby sionista) ha sido ilegalizar a Palestine Action, clasificándola como una organización «terrorista» y juzgando las acciones de estas activistas bajo las leyes antiterroristas. Es como si el Estado estuviera diciendo que pintar un avión es más peligroso que la complicidad con las guerras. ¿Pintar de rojo es terrorismo? ¡Qué absurdo y qué doloroso para la libertad de expresión!

Las consecuencias por ser miembro o simplemente mostrar apoyo, incluso con un simple cartel, o llevar una camiseta de Palestine Action se ha convertido en un delito grave castigado con hasta 14 años de prisión. Todavía tenemos presentes las imágenes de cientos de personas (muchas de ellas bastante mayores), este verano, siendo arrestadas solo por sostener un letrero.

En la actualidad hay 33 personas encarceladas por pertenecer a esta organización (24 de las cuales por la acción de Filton) que llevan más de un año en prisión. Al menos seis de ellas iniciaron una huelga de hambre el 5 de noviembre de este año en protesta por el “abuso sistemático” en las cárceles, que incluye que los guardias las llamen “terroristas”, les confisquen su ropa —incluidas sus kufiyas palestinas— y restrinjan sus visitas y correspondencia. Sus demandas van desde el cese inmediato de toda censura y restricción a su correspondencia y comunicaciones, la libertad bajo fianza inmediata e incondicional, el derecho a un juicio justo y transparente, hasta que dejen de criminalizar la organización y el cierre definitivo de todas las instalaciones de Elbit Systems en el Reino Unido.

El 19 de noviembre comenzó el juicio a 6 de las 24 personas encausadas por la acción en Filton. Pero lo que está sucediendo en la corte de Londres es mucho más que el destino de un grupo de activistas. Es un juicio sobre los límites a la libertad de expresión, la propia democracia británica, y sus leyes antiterroristas. Un momento crucial donde el Estado intentará justificar lo injustificable abanderando la manida seguridad, mientras que las activistas buscarán poner de nuevo a la industria armamentística «en el banquillo de los acusados» ante la opinión pública, argumentar la desproporcionada prohibición y la violación del derecho de libertad de expresión.

Hasta el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha alertado que el Reino Unido está usando leyes antiterroristas para reprimir la protesta legítima, lo cual debería preocuparnos por el precedente que puede sentar en este camino ya avanzado de recortes de derechos y libertades civiles.

Las acciones directas de Palestine Action son una llamada directa a lo que queda de conciencia en nuestras sociedades occidentales bienpensantes y cómplices con un genocidio que continúa en Palestina, pese al supuesto alto el fuego. Pedir la liberación de los 24 de Filton es un acto de justicia que debe ir unido a la petición de la liberación de todos los presos y presas palestinas. Están en juego nuestras democracias… y nuestras conciencias.

Alicia Alonso Merino. Feminista y abogada de derechos humanos. Realiza acompañamiento socio-jurídico en cárceles de distintos países.

Fuente: https://desinformemonos.org/accion-directa-a-la-conciencia/