9/13/2026

Aunque la utilidad se vista de seda

 Mario Campa

"Con todo y que el déficit comercial aumentó porque las importaciones crecieron a mayor tasa, la ganancia total para la actividad económica no es despreciable".

Aunque la utilidad se vista de seda. Por Mario Campa

Las utilidades de los fabricantes de electrónicos están vestidas de fiesta. Las exportaciones mexicanas descuellan a pesar de Trump. En julio, las ventas al exterior treparon 44 por ciento a tasa anual. Es un ritmo rara vez visto sin tomar en cuenta una devaluación o un periodo de recuperación que suele seguir a una recesión. Esta anomalía prueba que el boom de componentes vinculados a la inteligencia artificial es real. Pero con todo y el dinamismo del sector, que rebasa por el carril central a la industria automotriz, varios matices prescriben prudencia.

Un gris en las cifras de comercio internacional fue el salto de las importaciones. En otro comportamiento atípico, las compras del exterior saltaron 45 por ciento en julio. Desde la entrada en vigor del T-MEC, tasas semejantes sólo fueron alcanzadas en dos años: 2010 y 2021, post-Gran Recesión y post-pandemia, respectivamente. Las boyantes cifras son atribuibles a los bienes intermedios, aquellos insumos usados en la producción de bienes finales después vendidos al exterior. En julio, esta categoría trepó 56 por ciento por la estrechez de inventario para satisfacer el apetito estadounidense de capacidad computacional. Como antes con la fiebre del oro en California, donde la escasez de insumos y factores de producción benefició a empresas no mineras como Levi’s—creadora de los jeans—, hoy los picos y las palas en alta demanda son los CPUs y servidores, muchos ensamblados en México con chips y tarjetas de video provenientes de Asia.

Un segundo matiz de optimismo es que las importaciones de bienes de consumo y de capital crecen a ritmos modestos. En julio, ambos crecieron poco menos de 10 por ciento, alejados del vigor de los componentes más dinámicos de la balanza comercial. La apreciación del peso mexicano frente al dólar, favorable a las importaciones, no logró dar más vida a estas compras. Ahora mismo, ambos indicadores señalan que el consumo interno permanece aletargado y que la inversión sigue a la expectativa de mayor claridad sobre el futuro del T-MEC.

Un tercer y último motivo de sobriedad es que el destino de las exportaciones sigue concentrado. Que el boom de los componentes de IA tenga como principal comprador Estados Unidos podría conducir a una mayor dependencia comercial, ya de por sí elevada. Para muestra, las exportaciones no petroleras a Estados Unidos crecieron 69 por ciento en julio y en lo que va del año (enero-julio) acumulan un aumento del 44 por ciento que arrolla el 27 por ciento de alza en las ventas equivalentes al resto del mundo. La tendencia comercial apunta a mayor dependencia y no a diversificación, a pesar del ruido arancelario.

Aún con los tres matices, algo es algo y peor es nada, dice el filósofo. Ya en serio, que las exportaciones e importaciones crezcan es buena noticia, aunque sea a la par. Con todo y que el déficit comercial aumentó porque las importaciones crecieron a mayor tasa, la ganancia total para la actividad económica no es despreciable. Cuando el comercio internacional gana fuelle, también lo hacen los servicios logísticos: carga, transporte, almacenamiento, etcétera. Asimismo, la recaudación sube; por más que algunos bienes tengan tasas preferenciales por el T-MEC, lo captado por impuestos a la nómina y a las utilidades crece. Además, aumenta el retorno a la inversión en infraestructura vinculada al comercio, como puertos, aeropuertos y carreteras.

Mientras la incertidumbre del T-MEC persiste y es pegajosa, la calamidad sigue sin llegar. Aficionados a la especulación juraban que la Reforma Judicial fulminaría al sexenio de Claudia Sheinbaum en materia económica. Ciertamente, el dinamismo vigente es insuficiente, como también resulta insatisfactorio en Canadá. (Aunque registraron sorpresas de crecimiento en el último trimestre, las tasas en ambos países siguen por debajo del PIB potencial). El común denominador del letargo regional es el comercio vinculado al cambio de humor de Estados Unidos, no la política pública nacional. Para lo abollado del horno, la resiliencia es sobresaliente.

Dicho esto, los tomadores de decisión harían mal en colgar la hamaca. La nueva batería de aranceles a Canadá confirma que Trump mantiene a Norteamérica en la mira ante la proximidad de noviembre. De particular riesgo sería que Washington focalice nuevas tarifas para frenar la exportación de electrónicos provenientes de México, lo cual enfriaría el boom de envíos.

Mitigar cualquier acusación de arbitraje comercial—es decir, usar las tarifas preferenciales del T-MEC para exportar desde México lo que antes salía de Asia—implica desarrollar cadenas de suministro nacionales. El Gobierno federal ya actúa, como prueban los aranceles a las importaciones asiáticas. Sin embargo, los bienes intermedios fluyen sin contratiempo. La falta de proveeduría local robusta y las economías de escala de China dificultan que México agregue más valor en el corto plazo.

Cualquier estrategia de sustitución de importaciones toma años en madurar, sin éxito garantizado. No obstante, una estrategia de brazos cruzados e interferencia mínima lograría poca cosa. Hasta podría alimentar la furia de Trump por obra del bajo contenido regional. De allí la relevancia de pulir la arquitectura del Plan México, como sugirió la economista Mariana Mazzucato. El boom de componentes para IA, más y más visible en la balanza comercial, sólo generará derramas tangibles para la gente cuando la política industrial priorice el bienestar y el desarrollo nacional de largo plazo, no las ganancias trimestrales de los inversionistas extranjeros. Aunque la utilidad se vista de seda, riqueza concentrada se queda.

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