8/22/2026

Futbolistas mexicanas llevan décadas enfrentando violencia: el caso Cruz Azul exige algo más que condenas

Escrito por Georgina Monroy Vázquez 

Los ataques misóginos contra las jugadoras de Cruz Azul Femenil volvieron a poner sobre la mesa una pregunta que va mucho más allá de un partido de futbol: ¿qué están haciendo las instituciones para garantizar que las mujeres puedan practicar este deporte sin ser discriminadas, sexualizadas o violentadas?

Después de la derrota 10-0 ante América, integrantes de un podcast deportivo difundieron comentarios machistas y denigrantes contra las futbolistas celestes. Entre las expresiones difundidas se incluyeron referencias a que las jugadoras debían ser despedidas y trabajar en un table dance. Las declaraciones provocaron una reacción institucional de Cruz Azul Femenil, la Liga MX Femenil y la Secretaría de las Mujeres.

Pero el problema no es únicamente lo ocurrido después de una derrota. La violencia contra las mujeres futbolistas en México tiene una historia mucho más larga.

Una historia que comenzó mucho antes de las redes sociales

La presencia de las mujeres en el futbol mexicano ha estado marcada desde sus inicios por resistencias sociales, estereotipos y cuestionamientos sobre lo que supuestamente debería ser una mujer.

La investigación «Las futbolistas mexicanas de 1971 y la lucha por el profesionalismo«, bajo la autoría de Pérez Uriarte, Giovanni Alejandro que aborda el futbol femenil en México documenta que, durante los campeonatos internacionales de 1970 y 1971, las futbolistas eran representadas en buena parte de la prensa mediante discursos sexistas que cuestionaban incluso que una mujer pudiera practicar un deporte considerado “masculino”. Se les señalaba como fuertes, agresivas o “masculinizadas” por ocupar un espacio que culturalmente había sido reservado para los hombres.

La discriminación tampoco se quedó en los comentarios.

En 1971, cuando México fue sede de un campeonato mundial femenil, las jugadoras mexicanas llegaron hasta la final y exigieron una retribución económica por su participación. La investigación sobre aquel episodio documenta que fueron presionadas y amenazadas para desistir de su demanda de profesionalización.

Es decir, las futbolistas mexicanas ya estaban peleando hace más de cinco décadas por que su trabajo fuera reconocido y remunerado.

El futbol femenil enfrentó durante décadas resistencias sociales y médicas que contribuyeron a mantenerlo en el terreno amateur. La profesionalización de la rama femenil llegó hasta 2017, cuando la Federación Mexicana de Futbol creó la Liga MX Femenil.

La violencia, sin embargo, no desapareció con la profesionalización.

Cambió el escenario, pero no necesariamente el machismo

Hoy las futbolistas cuentan con una liga profesional, mayor presencia mediática y una audiencia que sigue cada jornada. Pero también están expuestas a nuevas formas de violencia.

El caso de Cruz Azul Femenil muestra cómo una crítica deportiva puede convertirse rápidamente en misoginia y violencia de género cuando el desempeño de las jugadoras deja de ser cuestionado desde lo deportivo y sus cuerpos, su sexualidad o su condición de mujeres se convierten en el blanco de los ataques.

La propia directiva de Cruz Azul Femenil calificó las expresiones como inadmisibles y aseguró que no normalizará discursos que denigren, sexualicen o vulneren la dignidad de sus jugadoras. El club también informó que brindaría respaldo jurídico a las afectadas y que cortó sus vínculos con los creadores de contenido señalados.

La Liga MX Femenil, por su parte, señaló que las críticas al desempeño deportivo no justifican ataques contra la dignidad de las integrantes de un equipo y anunció que atendería el caso mediante su Comité de Género.

La Secretaría de las Mujeres también condenó la descalificación, sexualización y violencia de género contra las jugadoras y recordó que la libertad de expresión no puede utilizarse para justificar la violencia contra las mujeres.

Condenar no es suficiente

El pronunciamiento institucional es importante porque establece que estas expresiones no deben considerarse normales. Pero la condena pública no puede ser el punto final de la respuesta.

México cuenta con un marco legal que reconoce la violencia digital y mediática y contempla medidas de protección para las mujeres frente a contenidos que dañen su dignidad, intimidad o integridad.

Por eso, frente a casos como el ocurrido con las jugadoras de Cruz Azul, la discusión tendría que avanzar hacia preguntas concretas:

¿Se investigará? ¿Habrá consecuencias? ¿Qué mecanismos de protección tienen las jugadoras? ¿Qué protocolos existen dentro de los clubes? ¿Cómo actúa la Liga MX Femenil cuando una futbolista es atacada en redes? ¿Qué responsabilidad tienen los medios, influencers, plataformas y patrocinadores?

La propia Secretaría de las Mujeres ha señalado que las consecuencias de la violencia digital no se quedan en internet: pueden afectar la seguridad, la salud emocional, las oportunidades y el ejercicio de derechos de las mujeres.

¿Qué tendría que cambiar?

Si las instituciones realmente quieren construir espacios deportivos libres de violencia, las respuestas deberían ir más allá de los comunicados.

Entre las medidas que podrían discutirse están:

  • Protocolos claros y públicos para atender violencia de género y violencia digital contra futbolistas.
  • Asesoría jurídica y acompañamiento psicológico para las jugadoras que sean víctimas.
  • Mecanismos ágiles para denunciar y documentar agresiones en redes sociales.
  • Sanciones cuando las conductas constituyan infracciones o delitos.
  • Capacitación obligatoria en perspectiva de género para clubes, cuerpos técnicos, personal directivo y comunicación deportiva.
  • Responsabilidad de medios, creadores de contenido y plataformas ante discursos de odio y sexualización.
  • Participación efectiva de las propias futbolistas en la elaboración de estos mecanismos.

México ya cuenta con herramientas legales para combatir la violencia digital y mediática. El desafío está en hacer que esas herramientas funcionen cuando las víctimas son mujeres que ejercen una profesión deportiva.

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