
El tsunami de inversiones en inteligencia artificial alcanza dimensiones notables. Como en su momento con el internet, la inteligencia artificial toma forma como tecnología irrefrenable. Los llamados “centros de datos”, instalaciones enormes que constituyen el sistema nervioso central de herramientas de IA como ChatGPT y Claude, están en pleno boom. Estados Unidos, sede de Silicon Valley y sus multinacionales, saca ventaja a un pelotón que empieza a rezagarse. Amén de las fuerzas naturales del mercado, donde la demanda atrae a su oferta como imán, la mano visible de Washington altera las cadenas de suministro. Esa reconfiguración encumbra a ganadores inesperados, como México.
El gobierno de Trump impuso aranceles a las importaciones de una amplia gama de sectores para revertir los déficits comerciales, en particular con China. Si bien algunas de estas tarifas fueron anuladas por la Corte Suprema y posteriormente restauradas por vía indirecta como la Sección 301, Estados Unidos carece de la capacidad interna para producir la oferta de chips que las empresas de IA y los centros de datos necesitan para satisfacer la ingente demanda. En el corto plazo, las limitantes productivas en casa y las barreras comerciales al epicentro de la manufactura mundial de electrónicos empujaron a las empresas estadounidenses a recurrir a otros mercados. En ese mar revuelto, Taiwán y México pescaron cuota de mercado.
Como clave del dinamismo comercial, el equipo de cómputo como categoría comercial carece de reglas de origen estrictas dentro del T-MEC. Mientras México exporta a Estados Unidos con aranceles cercanos a cero, China enfrenta aranceles prohibitivos. En unos cuantos años, China pasó de representar uno de cuatro dólares importados por Estados Unidos a menos de uno de cada 10. Ese vacío fue colmado en electrónicos por Taiwán y México, cuyo arancel promedio ganó atractivo frente a China, donde empresas tecnológicas clave como Apple y Foxconn reducen capacidad productiva.
Las cifras de la balanza comercial confirman un salto en las importaciones de bienes que usan los centros de datos, a pesar de los aranceles de Trump. Las importaciones estadounidenses de hardware informático y semiconductores superaron los 450 mil millones de dólares en 2025, registrando un aumento del 60 por ciento en los doce meses posteriores a la toma de posesión de Trump en enero de 2025. Y en el primer semestre del 2026, las categorías donde se esperarían ver crecimientos exponenciales cumplieron las expectativas de un boom. Las computadoras, los semiconductores, los equipos de telecomunicaciones y los accesorios para computadora galoparon a contraflujo de prácticamente todo el resto de bienes importados. Si bien la entrada en vigor de nuevas tarifas, como las contempladas en la Sección 301 tras el revés de la Suprema Corte a Trump, pudo haber incitado un efecto de compras adelantadas, no alcanza a explicar toda la historia, en especial a contraluz de bienes de consumo no perecederos desprovistos de la misma suerte.
México hace de la necesidad virtud y saca provecho de la reconfiguración del comercio. El principal socio comercial de Estados Unidos subió de la quinta a la tercera posición entre los mayores exportadores de computadoras del mundo, desplazando a Estados Unidos y Hong Kong y aprovechando una caída de más de seis por ciento en las exportaciones chinas. En 2025, las exportaciones de computadoras aumentaron 145 por ciento hasta alcanzar 85.4 mil millones de dólares (vs. 34.9 mmdd en 2024). En los primeros cinco meses del 2026, las exportaciones mexicanas de insumos electrónicos vinculados a IA escalaron 313 por ciento frente al mismo periodo del año anterior. Crecieron tanto las exportaciones de computadoras que relegaron a los automóviles al segundo sitio de principales bienes intercambiados.
Un riesgo incipiente es que Trump utilice las recién planteadas revisiones anuales al T-MEC para erigir nuevas barras a la importación de computadoras. No obstante, el capitalismo de cuates practicado por la Casa Blanca y Silicon Valley desde el retorno de Trump, más y más patente en los usos de la inteligencia artificial con fines militares, dificultaría un balazo en el pie para exportadores norteamericanos como Flex, Intel o incluso Foxconn, empresa taiwanesa de vínculos estrechos con Microsoft y OpenAI. Es un pequeño salvavidas en el mar de incertidumbre comercial.
Un pendiente que México no ha podido sortear es la atracción de inversiones en la fabricación de semiconductores. Que el sector sea muy intensivo en capital dificulta la llegada de grandes nombres, como TSMC. Otros jugadores, como Samsung, prefieren la comodidad—y los incentivos—que ofrece concentrar capacidades en casa. No obstante, para nivelar la cancha dispareja frente a pares consolidados, la banca de desarrollo, las carteras de las Afores y los Fideicomisos de Bienes Raíces (FIBRAS) podrían tener una participación más activa con ayuda de la planeación central. Un plan nacional de centros de datos, el aparejamiento con la oferta de energías renovables y un trato preferencial en los emergentes Polos de Bienestar son ejemplos de políticas públicas amigables.
Una limitante mayor es la exigua innovación en territorio nacional. La mala: como uno de los países que menos destina recursos a la I+D en relación al tamaño de la economía, México es dependiente de la importación de tecnologías. La buena: es un corsé desmontable. Cuando China trazó como misión el aprendizaje, firmó acuerdos de transferencia tecnológica a cambio de acceso a los mercados. En algunos casos extremos, como el de los trenes de alta velocidad, compró a empresas extranjeras líderes para después distribuir las patentes y los conocimientos entre jugadores locales. Por capacidad y escala, el gobierno mexicano puede y debe jugar un rol mayor.
En los gobiernos del PAN y de Peña Nieto (PRI), el relato central de la manufactura mexicana fue el atractivo en la industria automotriz, convertida en epicentro de divisas. Esa categoría perdió lustre por los aranceles y la incertidumbre de Trump, y es difícil que retorne en el corto plazo. En cambio, una oportunidad nueva brota de las cenizas de la convulsa relación comercial. México podría ser una de las fábricas del espinazo de la inteligencia artificial si monta bien la ola. Aunque la primera aduana es la revisión del T-MEC, donde una estrategia defensiva es ineludible, sacar mayor provecho del boom de centros de datos en Estados Unidos exige pasar después a la ofensiva.
https://www.sinembargo.mx/4853189/el-boom-de-exportaciones-mexicanas-de-computadoras/
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