9/26/2026

México tiene una guía para detectar la depresión perinatal pero su aplicación aún enfrenta brechas

 

La depresión durante el embarazo y después del parto no es un problema que el sistema de salud deba esperar a que las mujeres identifiquen por sí mismas.

México cuenta desde 2021 con una Guía de Práctica Clínica (GPC) para la prevención, diagnóstico y manejo de la depresión prenatal y posparto en el primer y segundo niveles de atención, identificada como GPC-SS-666-21.

El documento forma parte del Catálogo Maestro de Guías de Práctica Clínica de la Secretaría de Salud y tiene como finalidad ofrecer un referente nacional para orientar las decisiones clínicas con base en evidencia. La propia guía señala que busca “estandarizar las acciones nacionales” relacionadas con la detección, evaluación, prevención, coordinación y referencia de mujeres con depresión perinatal.

También plantea como objetivo proporcionar herramientas que permitan la identificación temprana de la depresión durante el periodo perinatal y apoyar la detección oportuna y el tratamiento integral durante el embarazo y después del parto.

La existencia de esta guía abre una pregunta que sigue siendo relevante para la atención de las mujeres: ¿qué tan cerca está lo que establece el documento de lo que ocurre cotidianamente en los centros de salud?

La guía recomienda detectar la depresión de manera universal

Uno de los puntos más relevantes de la GPC aparece en el apartado de detección.

La guía recomienda la aplicación universal de la Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo (EDPE) como herramienta para identificar a mujeres embarazadas en riesgo de depresión.

El documento la describe como una herramienta de detección “fácil y barata” y establece expresamente que el profesional de salud que la aplique debe tener capacitación en su uso apropiado.

La EDPE consta de 10 preguntas sobre los sentimientos experimentados durante los últimos siete días. Cada pregunta tiene una puntuación de cero a tres y la propia guía señala que puede completarse en aproximadamente cinco minutos.

Pero existe una diferencia fundamental entre tamizar y diagnosticar.

La guía advierte que la EDPE no es una herramienta diagnóstica por sí sola. Un resultado positivo debe conducir a una valoración clínica, ya que el diagnóstico requiere una entrevista profesional y la aplicación de los criterios correspondientes.

En otras palabras, contestar un cuestionario no significa que una mujer tenga depresión, pero sí puede permitir que el personal de salud identifique que necesita una evaluación más profunda.

¿Qué debería ocurrir después de aplicar la escala?

La propia GPC incluye un diagrama de flujo para el diagnóstico y manejo de la depresión posparto en el primer y segundo niveles de atención.

El esquema comienza con una mujer en etapa perinatal y la aplicación de la EDPE.

Cuando el resultado es menor de 10 puntos, el documento contempla continuar con vigilancia prenatal y posparto, además de identificar factores de riesgo.

Cuando el resultado es superior a 10 puntos, la guía plantea una intervención del equipo multidisciplinario, integrado por áreas como enfermería, psicología, medicina general, medicina familiar y ginecología y obstetricia.

Entre las intervenciones contempladas aparecen la terapia cognitivo-conductual y la farmacoterapia, según las características y necesidades de cada paciente.

El diagrama también contempla la referencia a un tercer nivel cuando la intervención inicial no produce mejoría.

La guía, por tanto, no plantea simplemente entregar un cuestionario y continuar con la consulta. Propone una ruta de detección, valoración, intervención, vigilancia y referencia.

La escala también debe utilizarse con capacitación

La capacitación del personal no es un detalle menor.

Entre las recomendaciones clave de la propia GPC aparece que el profesional de salud que aplique la EPDE debe tener capacitación para utilizarla apropiadamente.

La guía también recoge evidencia que advierte que la escala debe utilizarse como parte de una valoración clínica y acompañarse del juicio profesional y una entrevista.

Esto es importante porque un resultado elevado no significa automáticamente que una mujer tenga depresión.

La interpretación requiere contexto clínico, especialmente porque durante el embarazo y el puerperio pueden presentarse distintos cambios emocionales y físicos.

La depresión puede comenzar antes del parto

El nombre de la guía también resulta significativo.

No se limita a hablar de depresión posparto. Su título es “Prevención, diagnóstico y manejo de la depresión prenatal y posparto”.

La GPC aborda, por tanto, la salud mental durante todo el periodo perinatal y no únicamente después del nacimiento.

La propia guía señala que en México se había reportado una prevalencia de depresión de alrededor de 9 por ciento durante el embarazo y 13.8 por ciento a las seis semanas posteriores, con base en estudios citados por el documento.

Estas cifras corresponden a investigaciones previas utilizadas como evidencia para la elaboración de la guía y no deben interpretarse como una medición actual de toda la población mexicana.

Pero sí muestran por qué la guía coloca la detección desde la etapa prenatal.

No todas las mujeres llegan al posparto en las mismas condiciones

La GPC también reconoce la importancia de los factores de riesgo y plantea intervenciones de consejería y psicoterapia para mujeres que presentan condiciones que pueden incrementar la posibilidad de desarrollar depresión perinatal.

Entre las recomendaciones de prevención se encuentra referir a mujeres con problemas graves de salud mental a servicios especializados en salud mental perinatal y considerar intervenciones de consejería y psicoterapia en mujeres con factores de riesgo.

La depresión perinatal, por tanto, no puede analizarse únicamente desde los cambios biológicos asociados al embarazo.

Las condiciones sociales y familiares también forman parte del contexto de las mujeres.

Investigaciones posteriores han documentado asociaciones entre depresión perinatal y factores como antecedentes de depresión o ansiedad, falta de apoyo y violencia de pareja.

Un estudio realizado en servicios de salud del IMSS y publicado en 2026 encontró una asociación entre violencia psicológica de pareja y síntomas depresivos durante el embarazo. La investigación analizó a mil 390 mujeres atendidas en su primera consulta prenatal en clínicas de distintas regiones del país.

La guía existe, pero ¿se aplica en los centros de salud?

La existencia de una guía nacional no significa necesariamente que todas las unidades médicas la apliquen de la misma manera.

La investigación “Challenges of Perinatal Depression Care in Mexico City Health Centers” de Navarrete, L.; Lara, M. A.; Berenzon, S.; y Mora-Ríos, J., publicada en 2022 en International Journal of Women’s Health, fue realizada en cuatro centros de salud de Ciudad de México donde los autores encontraron obstáculos para incorporar de manera rutinaria la atención de la salud mental materna en el primer nivel.

El estudio documentó problemas relacionados con el conocimiento de las disposiciones de atención, la capacitación, la distribución de responsabilidades entre profesionales, la comunicación entre integrantes de los equipos y la referencia de las mujeres a servicios especializados.

La investigación señala la necesidad de fortalecer la capacidad del primer nivel para identificar y atender la depresión perinatal.

Este estudio no permite afirmar que el personal médico de todo México desconozca la GPC-SS-666-21, pero sí ofrece evidencia de que la implementación de la atención de salud mental perinatal enfrenta barreras en determinados servicios públicos.

Por ello, no sería correcto decir que “los médicos no conocen la guía” ni que “la guía no se aplica en México”.

Lo que sí se puede argumentar es que no existe, en las fuentes públicas revisadas por Cimac, un indicador nacional que permita saber qué proporción del personal médico conoce específicamente la GPC-SS-666-21 o qué porcentaje de unidades de salud aplica de manera efectiva todas sus recomendaciones.

El IMSS reporta que sí realiza detección

El Instituto Mexicano del Seguro Social ha informado que realiza acciones de detección y atención de problemas de salud mental durante el embarazo y después del parto.

En junio de 2025, el IMSS señaló que durante las consultas prenatales en las Unidades de Medicina Familiar se da seguimiento tanto a la salud física como mental de las mujeres y que existen instrumentos de tamizaje para identificar síntomas de ansiedad y depresión.

La institución también informó que, cuando se identifican problemas de salud mental, el personal médico puede intervenir y realizar la referencia correspondiente a otros niveles de atención.

Esto muestra que sí existen mecanismos institucionales de detección en el sistema público.

Sin embargo, no se demuestra que todas las unidades del IMSS apliquen específicamente la GPC-SS-666-21 ni que todas utilicen la Escala de Edimburgo de manera universal.

La depresión posparto ya aparece en instrumentos de registro

Hay otro elemento que muestra que la detección forma parte de los instrumentos oficiales de atención materna.

El instructivo de la Tarjeta de Embarazo, Puerperio y Lactancia establece que la depresión posparto debe registrarse como positiva o negativa con base en el Cuestionario sobre Depresión Postnatal de Edimburgo.

El documento además sugiere utilizar las herramientas de detección recomendadas por la GPC de prevención, diagnóstico y manejo de la depresión prenatal y posparto.

Esto resulta relevante porque significa que la detección de depresión perinatal no aparece únicamente en una guía clínica aislada: también está contemplada en instrumentos de registro de la atención materna.

La pregunta pendiente es con qué frecuencia se aplica realmente y qué sucede después de detectar un posible caso.

¿Cuántas mujeres son detectadas?

Ese es uno de los datos que actualmente resulta difícil obtener.

En la elaboración de esta nota periodística, no encontramos algún informe público nacional que permita conocer, para todo el sistema de salud mexicano, cuántas mujeres embarazadas y puérperas fueron evaluadas mediante una escala de depresión, cuántas obtuvieron resultados positivos, cuántas fueron referidas a salud mental y cuántas finalmente recibieron tratamiento.

Tampoco encontramos un indicador nacional que permita saber cuántos profesionales de medicina, enfermería, psicología o ginecología han recibido capacitación específica para aplicar la EDPE.

La ausencia de estos datos no demuestra que la detección no ocurra.

Pero sí dificulta conocer qué tan ampliamente se está cumpliendo una recomendación que la propia guía califica como universal.

Una guía que las mujeres también deberían conocer

La salud mental materna suele quedar relegada frente al seguimiento del embarazo, el parto y la salud física del recién nacido.

Sin embargo, la propia GPC coloca la salud mental de la mujer dentro de la atención perinatal y plantea que su detección y tratamiento deben formar parte de los servicios de primer y segundo nivel.

Conocer que existe una guía no significa que una mujer tenga que diagnosticarse a sí misma.

Significa que puede saber que preguntar por su salud mental también forma parte de una atención integral durante el embarazo y después del parto.

La tristeza persistente, la desesperanza, la ansiedad intensa, la dificultad para dormir o comer, sentirse incapaz de cuidar de sí misma o pensamientos relacionados con hacerse daño no deberían ser descartados simplemente como parte inevitable de la maternidad.

La guía establece herramientas para que el sistema de salud pueda identificar estas señales.

Ahora queda por conocer con mayor precisión qué tan consistentemente esas herramientas llegan a las mujeres.

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