10/11/2026

Las calles de España vuelven a gritar “no pasarán”

 Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"Cientos de miles de personas han salida a las calles, especialmente en Madrid, donde han acampado con tiendas de campaña en la Puerta del Sol".

Las calles de España vuelven a gritar “no pasarán”. Por Juan Carlos Monedero

Cuando parece que el rumbo de la izquierda está abandonando a América Latina -aunque no nos engañemos: la derecha gana con trampas, con bots, algoritmos, jueces corruptos, comprando voto y a la postre haciendo ingobernables los países- algo parece estar moviéndose en Europa. Aunque tampoco nos engañemos con el viejo continente: el ánimo conservador afecta a todo el planeta y no está descartado que la extrema derecha termine gobernando también en España y en Francia, de manera que en todos los países donde el fascismo, el nazismo, el colaboracionismo y el franquismo se impusieron, vuelven los bisnietos con las mismas maneras amenazantes.

Desde España, sin embargo, están viniendo buenas noticias para el ánimo emancipador. El detonante ha sido triple: por un lado la expulsión de su casa en Madrid de Maricarmen, una anciana de 87 años desahuciada enferma por un fondo buitre y que levantó una enorme indignación social al ser confrontada por cientos de personas que plantaron cara a la policía antidisturbios que ejecutaba la expulsión de la anciana de la casa donde había vivido toda su vida. Y que además, por ese morbo, contradictorio de los medios de comunicación, fue retransmitido en directo, con lo que la indignación se multiplicó. Fallecería un par de días después en el hospital al que la trasladaron. Los buitres son más decentes que los fondos buitre.

Además, no podía faltar otro ingrediente no menor. En la misma ciudad donde Maricarmen era desahuciada gobierna Isabel Díaz-Ayuso, que representa el ala más derechista del derechista Partido Popular. Pero resulta que la presidenta de la Comunidad de Madrid lleva varios meses en el retortero, esto es, teniendo que contestar con algo que nunca contaba con que se supiera, que es que se había comprado con dinero de todos los madrileños un ático en un caro barrio y, casualidad, enfrente de donde vive su madre. Es decir, que al tiempo que un fondo buitre echa de su vivienda a una anciana (igual que a 6 o 7 personas cada día en Madrid), Díaz-Ayuso se compraba para su uso persona una vivienda de 6.3 millones de euros, es decir, más de siete millones de dólares. Quisieron dar explicaciones cuando fue descubierta la operación, pero terminaron de complicarlo todo. El gobierno regional justificó inicialmente la adquisición de los 485 metros cuadrados en el barrio de Chamberí como una "oficina temporal" o despacho para la presidenta. Sin embargo, la normativa urbanística y la licencia del edificio establecen que su uso es estrictamente residencial, lo que impedía legalmente transformarlo en oficinas. Ese dispendio de una vivienda de siete millones de dólares, mezclado con mentiras, al tiempo que la presidenta celebraba que se desahuciara a Maricarmen le ha parecido demasiado a mucha gente y cientos de miles de personas han salida a las calles, especialmente en Madrid, donde han acampado con tiendas de campaña en la Puerta del Sol, enfrente de la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, que se está extendiendo por las calles aledañas y también al resto del país.

El tercer elemento es que en España, la gente se va de la casa de sus padres a los 30 años. La media en Europa, que tampoco es baja, es a los 26. Eso significa que mucha gente en España vive con sus padres más allá de los 40 años, sobrepasando los 33 años que tenía Jesucristo cuando lo crucificaron. Y eso genera una frustración profunda.

Hace 15 años hubo un movimiento que todo el mundo trae hoy a la memoria: el 15 de mayo, el movimiento de los indignados, que empezó igualmente con la ocupación de la Puerta del Sol por una decena de tiendas de campaña que al ser desalojadas por el PSOE -gobernaba Rodríguez Zapatero- generó una enorme indignación que convocó a decenas de miles a las plazas de toda España.

Hoy parece una pregunta obligada en qué se parecen y en qué se diferencian estos movimientos y si correrán similar suerte, sobre todo porque después del 15M quien ganó las elecciones fue la derecha, y solo cuando surgió Podemos como fuerza política, tres años después, ese vapor social pudo meterse en una turbina para que se movieran las cosas y generar cambios en España (entre ellos, el primer gobierno de coalición de izquierdas desde el fin de la guerra). Cambios que hoy les parecen, seguramente con razón, poca cosa a los que están manifestándose en las calles, pero que han dejado huella.

Hay diferencias entre el 15M y las acampadas por la vivienda. Ambas beben de tradiciones históricas españolas, aunque son de diferente tipo. El 15M fue un movimiento regeneracionista que pretendía superar lo que se entendía como la decadencia general de España (cercano a lo que se sentía en la crisis de 1898), mientras que las acampadas y marchas por la vivienda tienen una reivindicación central vinculada a los problemas estructurales de vivienda que hay en España. Recordemos que la edad media para salir de casa de los padres en España es a los 30,2 años, y que si no hay donde vivir, tampoco hay una vida plena.

En el 15M se juntó el agotamiento del régimen del 78 que, a su vez, expresaba el cuestionamiento de los elementos centrales del conservadurismo español desde, cuando menos, la restauración borbónica de 1876, que puso fin a la revolución gloriosa de 1868 y la I República española de 1873-1974. Ese ADN que se vio desafiado en las plazas de España lo configuraban en primer lugar la monarquía -el rey Juan Carlos demostró que era un mentiroso, un ladrón y un sinvergüenza a raíz de un accidente en Botswana que hundió a la monarquía en su más baja aceptación de la que se tenía noticia-; en segundo lugar el bipartidismo -con la gente diciendo en las calles “PSOE y PP, seguidores de los liberales y conservadores del siglo XIX, la misma mierda es”-; en tercer lugar estaba el centralismo, igualmente cuestionado con las plazas de toda España llenas de las mismas reivindicaciones, y que en Cataluña derivó en reclamaciones independentistas por la manipulación del movimiento por parte de la derecha catalana; el cuarto elemento, que era el militarismo, estaba desactivado por la rendición de ETA (que permitió que el 15M tuviera lugar. Con la lucha armada activada es casi imposible que pueda consolidarse un movimiento social de envergadura en un país ni que gobierne la izquierda); el quinto elemento, la vinculación entre la iglesia y el Estado también se rompía cuando la iglesia de base también estaba en las plazas apoyando las reivindicaciones; y por último, pero no el de menor importancia, la crisis del capitalismo clientelar, que resultaba inaceptable con el Ministro del llamado milagro económico del PP, Rodrigo Rato, expulsado del FMI por sus manejos turbios y, finalmente, encarcelado por delitos fiscales, blanqueo de capitales y corrupción, al igual que el presidente de la patronal, Díaz Ferrán, condenado por alzamiento de bienes, concurso fraudulento, integración en grupo criminal, blanqueo de capitales y apropiación del dinero de los clientes de su empresa de viajes. El Ministro de economía y el jefe de la patronal en la cárcel por ladrones.

Todos esos elementos no se dan ahora. Por eso, las acampadas tienen más forma de motín, de algarada, de levantamiento producido por algo que solivianta a la ciudadanía y que, una vez solventado, se desactiva. Lo cierto es que el tema de la vivienda no se solventa de manera tan sencilla porque es estructural y afecta a toda la economía, pues su solución afecta al sistema financiero y a una parte no pequeña de españoles que tienen una segunda vivienda alquilada y que se benefician desmesuradamente por el aumento brutal de los precios por la especulación de los fondos buitre y por los pisos turísticos, que terminan por expulsar de los barrios a sus habitantes, que son sustituidos por turistas que conviven con otros turistas porque ya no hay vecinos.

El movimiento del 15M, de los indignados, era un movimiento destituyente que pensaba en soluciones abstractas poco definidas, mientras que el movimiento de las acampadas, que ha sido impulsado por una organización, el sindicato de inquilinos, que lleva varios años trabajando, tiene una motivación más constituyente: solventar el problema de la vivienda. Sin embargo, las acampadas, como suele ocurrir, han cobrado vida propia y crecen día a día sin rumbo predecible, apareciendo otros actores políticos que se están haciendo fuertes, como la Coordinadora Juvenil Socialista, que pueden ayudar a vertebrar las protestas pero que pueden también ahogar al movimiento. En el 15M se entendió que ningún partido o formación política debía apropiarse del movimiento, porque rompía esa apertura y pluralidad que le dio tanta vida. Podemos nació tres años después y cuando el movimiento ya estaba languideciendo. Si eso pasa en las acampadas de la vivienda, es muy probable que las plazas terminen vaciándose, aunque también es muy difícil que las reivindicaciones por una vivienda digna se disipen. El virus ya ha entrado en las nuevas generaciones y va a ser permanente.

Esa es la tarea de la convocatoria de una huelga general por la vivienda, que ya han asumido los principales sindicatos de clase de España, que son los que la pueden convocar. Esa huelga general es la catarsis que puede permitir un cambio en la conciencia propietaria de España que se arrastra desde el franquismo, una dictadura que era de clase y que dejó abandonada a la clase trabajadora y a las clases medias que encontraron en la vivienda en propiedad el lugar donde colocar los ahorros para lograr la seguridad que no brindaba el inexistente estado social. Porque mientras el estado social se desarrollaba en Europa, en España había una dictadura militar que, como digo, era de clase.

La convocatoria de elecciones anticipadas por Pedro Sánchez es el intento de aprovechar el clavo ardiendo de las protestas para ir con más fuerza a la contienda electoral. Cuando todas las encuestas dan mayoría absoluta al PP con la extrema derecha de VOX, después de la crisis de Ceuta, provocada por EU, Israel, Marruecos y la derecha española para desestabilizar el gobierno del PSOE y Sumar. Aunque en España la economía va bien, la sensación popular no es esa, algo a lo que ayudan los medios de comunicación.

En la campaña electoral, que va a ir de la mano de las elecciones de medio término en EU (algo que también aprovechará Sánchez por su confrontación con Trump), el tema va a ser, desde la izquierda, la vivienda, y desde la derecha la inmigración. Antes de que los jóvenes tomaran las plazas, y con la izquierda dividida -sigue siendo doloroso ver cómo entre Podemos y Sumar, que antes formaban parte de una misma coalición electoral, hoy es común encontrarse insultos acerados entre ellos- la derrota de la actual mayoría de gobierno parecía garantizada. Aún más cuando la derecha independentista catalana, una vez que la izquierda le ha logrado la amnistía por sus delitos durante el llamado próces, vuelve a irse con la derecha que los quería meter en la cárcel. Como se dice en España, la cabra tira al monte.

Sánchez tuvo ocho años para solventar el problema de la vivienda, y no lo ha hecho. Igual que no han reformado la Ley mordaza que, en manos de la derecha, va a dificultar enormemente las movilizaciones. Sánchez, que es un oportunista, vuelve a agarrarse a esta oportunidad, igual que terminó gobernando con Podemos después de decir en prime time que gobernar con Podemos le quitaría el sueño. Desde las filas de los partidos a la izquierda del PSOE tampoco llegan buenas noticias. Tarde y mal intentan crear una coalición electoral. Produce cierta decepción que la discusión a la izquierda del PSOE sea por cosas que no enamoran a la gente: quién lidera el llamado Frente Amplio -un nombre aún sin contenido, que siempre defendí y que, convertido en mero eslogan, alimenta el cinismo-, quién va por Madrid, quién por Barcelona, quién habla con quién, cómo reservo mi rincón territorial, qué metodología se usa (pensando sólo en que te garantice un puesto)... y nadie piense en atender las necesidades de esa organización plural que tiene que movilizar a millones de personas. No trabajar para un cargo sino para un proyecto. Crear una historia compartida que inspire. El fracaso de la izquierda en todo el mundo es convertirse en partidos electorales y olvidarse de que sólo son realmente eficaces como partidos-movimiento. Aquello de la "maquinaria de guerra electoral" que lastró a Podemos en sus inicios, sigue vertiendo su veneno.

Sin embargo, se ha convocado una huelga general para el 11 de noviembre -las elecciones son el 19 de noviembre- y eso animará a una calle ya animada. ¿Se convertirá eso en votos o como ocurrió tras el 15M regresará una derecha aún más dura? Las cosas, en cualquier caso, se están moviendo. Como decíamos, nuestros países están en disputa. Y las disputas reales se dan en las calles y en las elecciones. En las calles ya las tenemos en España y Francia.

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