10/14/2026

Teología

 


Cuestionar lo sagrado es, para muchas sociedades, el tabú definitivo. Durante siglos, la teología ha sido tratada como una disciplina intelectual superior, un ejercicio de metafísica pura que merece respeto y distancia crítica. Sin embargo, a finales del siglo XIX, Óscar Panizza propuso una ruptura radical: aplicar el bisturí de la psiquiatría no al individuo, sino a la institución religiosa misma.

Para Panizza, la religión no es una verdad revelada ni una experiencia trascendental. Es, en su raíz, una manifestación de patología colectiva.

Para entender este enfoque, debemos despojarnos de la idea de que la locura es un fenómeno exclusivamente individual. Panizza, formado como psiquiatra, observó que los mecanismos de la neurosis, la represión sexual, la obsesión, el sadismo y la culpa crónica no habitan únicamente en la mente de un paciente encerrado en un hospital. Habitan también en la lógica de las instituciones que dictan lo que está bien y lo que está mal.

Cuando la iglesia, o cualquier dogma absoluto, impone una moralidad que contradice la naturaleza humana, está forzando a la sociedad a vivir en un estado de represión sistemática. Si observamos, por ejemplo, la fijación obsesiva con la castidad, la demonización del cuerpo o la glorificación del sufrimiento extremo, no estamos viendo verdades espirituales, sino la proyección de una neurosis colectiva.

Pedro Echeverria
alterar26@gmail.com

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