Mostrando las entradas con la etiqueta Rosa Miriam Elizalde. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Rosa Miriam Elizalde. Mostrar todas las entradas

9/27/2026

“Matonismo” en la ONU


Como tantas personas, miro estos días la escena internacional con una mezcla de estupor y alarma. No porque la mentira, la violencia, la traición o el abuso del poder sean novedades. Lo inquietante es que vuelvan a venderse como virtudes; que la amenaza pase por liderazgo, la humillación por firmeza y la fanfarronería por política exterior. Y aquí está ahora Donald Trump, hablando desde la tribuna de Naciones Unidas para recordarle al planeta quién tiene el garrote más grande.

La historia aconseja no confundir lo grotesco con lo inofensivo. Hitler también parecía un chiste, y Mussolini otro. Vistos hoy, esos hombres de pecho inflado ante el horizonte de su propia grandeza podrían darnos risa; no nos la dan porque sabemos lo que vino después. Hicieron de la pose, la simplificación, la propaganda y el culto al macho alfa instrumentos de castigo. Además, entendieron muy bien el valor político del espectáculo, pero también la capacidad ejemplarizante del miedo. No bastaba con castigar, había que conseguir que todos vieran el castigo y entendieran el mensaje.

Por eso pienso en Martin Niemöller. Antes de convertirse en símbolo de resistencia en Alemania, había apoyado ideas nazis. Después se enfrentó a la interferencia de Hitler en la Iglesia, pasó de 1937 a 1945 entre prisiones y campos de concentración y, terminada la guerra, convirtió su propia culpa en aquella advertencia que empieza con “primero vinieron los comunistas…” No era literatura, sino la confesión sobre el precio de callar mientras el poderoso escoge a su siguiente víctima.

Ese recuerdo volvió al escuchar a Trump en la ONU. La organización nació precisamente para contener la lógica según la cual la fuerza crea el derecho. Trump, en cambio, habló de Venezuela con la frase favorita del conquistador: “al vencedor le corresponde el botín”. Y envolvió la exhibición de poder en una catarata de afirmaciones que no resisten la comprobación. Dijo haber terminado ocho guerras, que redujo el narcotráfico en 97 por ciento, aseguró que Estados Unidos posee munición casi inagotable y afirmó que su país y Venezuela concentran más de 60 por ciento del petróleo mundial. Analistas de medio mundo han señalado esas y otras afirmaciones como despropósitos, falsedades e inexactitudes.

Pero fue con Cuba donde la bravuconería adquirió un significado más concreto. Trump la llamó “Estado absolutamente fallido”, aseguró que “caerá”, anunció que Marco Rubio está metido de lleno en negociaciones y prometió que “la libertad llegará a Cuba”. La delegación cubana abandonó la sala. Dos semanas antes, sin embargo, el canciller Bruno Rodríguez había afirmado que no existían negociaciones ni agenda, aunque sí disposición a mantener contactos. Dos versiones incompatibles de una negociación que, según Washington, existe y, según La Habana, no.

La política de línea dura de Rubio hacia Cuba tiene una larga trayectoria pública, pero ahora dispone de un poder que antes no tenía. En la reunión del Escudo de las Américas, en la ONU, bromeó con desembarcar a Rubio en territorio cubano al regreso de Irán: “Usaremos uno de esos enormes y magníficos portaviones para llevarlo y dejarlo allí, y él se encargará del resto”.

Conviene no despacharlo simplemente como un chiste. En mayo, Trump ya había fantaseado públicamente con colocar un portaviones frente a Cuba para provocar su rendición. La imagen es militarmente grandilocuente y geográficamente absurda –la plataforma insular cubana tiene, en amplias zonas, muy poca profundidad, y ni Trump puede hacer llegar hasta la orilla una máquina naval de 100 mil toneladas y más de 12 metros de calado–, pero eso es casi lo de menos. Lo importante es el lenguaje, las cabriolas retóricas que hace el presidente de Estados Unidos para convertir públicamente la intimidación en espectáculo. Y detrás de la farsa, el mensaje.

Mientras tanto, la guerra con Irán que Trump dijo que resolvería en pocos días lleva meses y su política exterior no goza de un cheque en blanco. La encuestadora de la Universidad Quinnipiac, una de las más serias de Estados Unidos, registró el 10 de septiembre 33 por ciento de aprobación general y apenas 29 por ciento sobre su manejo de Irán entre votantes registrados. Noviembre medirá cómo se traduce ese descontento en las urnas, pero si sigue esta tendencia, los republicanos podrían perder el control del Congreso y Trump pasaría los dos años que le quedan con un Legislativo dispuesto a ponerle límites.

La palabra “matonismo” describe una forma de ejercer el poder donde la amenaza pretende sustituir al argumento, la fuerza a las reglas y la victoria al derecho. Pero hay algo más. El matón no amenaza solamente a quien tiene delante. Necesita que los demás miren. Necesita público. Porque una parte esencial de su poder consiste precisamente en que el castigo de uno sirva como advertencia para todos.

Niemöller aprendió demasiado tarde que mirar hacia otro lado no protege a nadie. Cada lector podrá juzgar el término. Los hechos, por desgracia, ya están ahí.

5/25/2025

Meta se va a la guerra



Las grandes tecnológicas ya no ocultan sus alianzas: el negocio está en la guerra, y Meta lo sabe. La empresa matriz de Facebook, Instagram, WhatsApp y Threads ha iniciado una ofensiva directa para integrarse en la arquitectura bélica de EU. Según publica esta semana Forbes, el oligopolio de Mark Zuckerberg ha comenzado a contratar a ex funcionarios del Pentágono y asesores de seguridad nacional, como Francis Brennan, ex colaborador de Trump, para dirigir sus relaciones con el aparato estatal y militar (https://acortar.link/f97cBV).

Este giro corporativo coincide con la apertura de su modelo de inteligencia artificial de código abierto (LLaMA) para ser utilizado por agencias militares y de inteligencia, así como por contratistas gubernamentales como Lockheed Martin, Booz Allen, Leidos o Palantir. Meta ha justificado esta decisión, según Forbes, como una contribución a la seguridad democrática global, en clara alusión a la competencia con China.

La noticia en realidad no sorprende. Empresas como Meta están avanzando decididamente en su integración dentro del complejo industrial-digital-militar, evolución del concepto clásico de complejo militar-industrial, formulado por el presidente Dwight D. Eisenhower en 1961, pero adaptado a la era de la tecnología digital, la inteligencia artificial y la guerra informacional.

En New Dark Age: Technology and the End of the Future (Nueva era oscura: Tecnología y el fin del futuro), 2018, James Bridle denunció la alianza entre lo militar y lo civil, con tecnologías como la IA, el reconocimiento facial, los algoritmos de vigilancia masiva o los sistemas de ciberdefensa, que nacen de contratos militares, pero se aplican en sectores civiles y comerciales. A fin de cuentas, apunta Bridle, la red fue construida para la guerra, y nunca ha dejado de estar al servicio de ella, pero sólo ahora las plataformas tecnológicas han hecho pública la relación con el sector militar y su vínculo descarado con el Estado, principal financista de la innovación a través de contratos con el gobierno (especialmente con el Departamento de Defensa de EU, la OTAN y los gobiernos aliados).

Esta reconfiguración se produce en un contexto de acelerado crecimiento del gasto en inteligencia artificial (IA) por el gobierno de Estados Unidos, liderado por el Departamento de Defensa. El objetivo es claro: asegurar la primacía estadunidense en la carrera global por la IA, con un cambio tectónico en el gasto federal. Según el informe del Brookings Institution (marzo, 2024), el valor potencial de los contratos federales de IA se disparó mil 200 por ciento entre agosto de 2022 y agosto de 2023, pasando de 355 millones de dólares a 4 mil 561 millones. El Departamento de Defensa concentró 95 por ciento del total, con 657 contratos en un solo año (https://acortar.link/6FyErz).

De ahí nacieron proyectos como JEDI, inversión del Pentágono para gestionar la nube militar (Amazon y Microsoft pujaron por el contrato); el uso de tecnologías satelitales privadas (como Starlink) y datos digitales para inteligencia militar; la vigilancia algorítmica, que funciona con la colaboración de Facebook, Twitter y Google con determinados gobiernos para detectar amenazas, y los contratos de OpenAI, Anthropic y otras compañías con el gobierno de EU para adaptar sus modelos a usos bélicos. Esta semana Microsoft informó en un comunicado que vendió servicios avanzados de inteligencia artificial y computación en la nube al ejército israelí para la guerra en Gaza (https://acortar.link/o4ZMOz).

Este viraje marca el paso de una etapa experimental –donde abundaban contratos menores para pruebas piloto– a una fase de implementación masiva y estratégica, caracterizada por acuerdos marco de alto valor, diseñados para acelerar el despliegue de tecnología en el ámbito militar a gran escala. El estudio de Brookings advierte que en la práctica el mercado federal de IA se comporta de forma caótica y fragmentada, guiado por la lógica de defensa antes que por principios regulatorios o civiles.

La integración de Meta en el aparato militar no es casualidad, sino un ejemplo claro del tecno-autoritarismo disfrazado de innovación, concepto del analista Evgueni Morozov que describe una nueva era donde se desdibujan quizás para siempre las fronteras entre lo civil y lo militar, entre lo público y lo corporativo. Meta, con su dominio en tecnologías de inmersión, redes sociales y modelado de lenguaje, es una pieza clave en esta arquitectura militar emergente.

Como Mambrú, Zuckerberg se fue a la guerra y a saber en qué otras perversiones andarán él y sus cibercompinches.

2/16/2025

Usaid: el imperio se reinventa

Rosa Miriam Elizalde

Tronó en X Elon Musk, investido como secretario para la Eficiencia Gubernamental: Ha llegado el momento de que Usaid muera. Sus palabras resonaron como el presagio de una tormenta inminente. Poco después, Donald Trump, en su primer día de regreso en la Casa Blanca, ordenó suspender por tres meses casi toda la asistencia exterior estadunidense, especialmente la de la Agencia de EU para el Desarrollo Internacional (Usaid).

El cierre fue abrupto y contundente: decenas de altos funcionarios fueron enviados a licencia forzosa, miles de contratistas resultaron despedidos y la sede de la Usaid en Washington cerró sus puertas sin un último aviso. Como si nunca hubieran existido, el sitio web de la agencia y su cuenta en X desaparecieron de la faz digital, dejando tras de sí un vacío que pronto se llenó de especulaciones y murmullos en Internet.

El desconcierto aumentó cuando, desde Dominicana y al final de su primera gira por América Latina, el secretario de Estado, Marco Rubio, anunció que su departamento recogería las riendas de las funciones que hasta entonces desempeñaba la agencia. Rubio, investido como administrador interino de la Usaid, aseguró que la ayuda exterior de Washington continuaría, pero con una condición: Debe tener sentido y alinearse con nuestros intereses nacionales.

Este movimiento, que algunos quieren ver como mera restructuración administrativa, es un giro estratégico que augura profundos cambios en la política exterior estadunidense dirigidos a mayor eficiencia y nuevas clavijas represivas. El fin no es aparcar los objetivos de la agencia reconocida como fachada de la CIA, sino lo contrario, ajustarlos y perfeccionar el sistema de influencia internacional del imperio. Como diría el doctor Vergerus en Das schlangenei, película de Igmar Bergman: cualquiera puede ver aquí el futuro, es como un huevo de la serpiente. A través de la fina membrana se puede distinguir un reptil ya formado.

La Usaid, nacida en 1961 bajo la guerra fría , se había convertido en un coloso de la injerencia, las operaciones encubiertas y las redes de desestabilización. Mientras hacían caridad en algunos países, intentaban desmantelar cualquier oposición a los aliados de Washington. También, ha sido el lugar para escandalosos casos de corrupción. Sin ir muy lejos, la semana pasada la Oficina Federal de Investigaciones reveló que indaga a Juan Guaidó, el efímero presidente interino de Venezuela, y a su embajador en Washington, Carlos Vecchio, por malversación de mil millones de dólares, gestionados entre 2018 y 2020 bajo ayuda humanitaria. Estos fondos, canalizados a través de la Usaid, se esfumaron en un torbellino de gastos opacos.

En el caso de Cuba, es célebre el programa encubierto conocido como ZunZuneo, fallido Twitter cubano, financiado por la Usaid y diseñado para avivar la disidencia en la isla. Millones de dólares fueron a dar a empresas fantasmas, mientras se violaba la legislación de varios países, aun la de EU.

Trump, pragmático y despiadado, parece haber comprendido que las operaciones encubiertas de la Usaid no sólo son ineficaces en el terreno, sino difíciles de controlar y contraproducentes. Es previsible que los fondos millonarios que alimentaban estas fallidas operaciones se redirijan hacia canales más sutiles y eficaces. Por ejemplo, dejarán de fluir hacia sitios web propagandísticos en español que operan desde Florida que, aunque útil para difundir contenido tóxico contra La Habana en redes sociales, carece de la legitimidad y el alcance necesarios para llegar a la opinión pública estadunidense.

Es probable que los dineros se destinen a medios y voceros de mayor peso en la opinión pública estadunidense e internacional. Irán también a las arcas de los contratistas privados, como advierten analistas. En una suerte de gatopardismo, los programas de cambio de régimen no desaparecen con la subordinación de la Usaid al Departamento de Estado, sino que las inmoralidades de las metodologías injerencistas y antidemocráticas de la Usaid y otras agencias de ayuda internacional profundizarán el control del estado profundo y las políticas de ajuste del nuevo gobierno trumpista.

El cierre de la Usaid y la transferencia de sus funciones al Departamento de Estado son más que una maniobra burocrática. Es el preludio de una política exterior más agresiva, más alineada con los intereses de los sectores ultraconservadores de EU, y mucho más afinada en términos comunicacionales y políticos. En este nuevo escenario, la manipulación de la información y el uso de fondos para promover agendas ideológicas podrían intensificarse, con consecuencias directas en países como Cuba, donde la batalla mediática es sólo otra arista del bloqueo económico, financiero y diplomático que la isla soporta desde hace décadas.

Así, la desaparición de la Usaid marca el fin de una era, pero también el comienzo de una nueva fase en la injerencia estadunidense, más sofisticada, más encubierta y, quizá, más peligrosa.

2/02/2025

La paradoja de Trump

Rosa Miriam Elizalde

El peligro de confiar en la CIA, decía el político brasileño Leonel Brizola, es que cuando pasan los años, la agencia abre sus archivos y todo lo podrido salta a la luz del día. El pronóstico de que nuevos esqueletos saldrán del clóset de la política estadunidense está en alza desde que Donald Trump decidió publicar los documentos clasificados que aún siguen bajo llave, relacionados con el asesinato del presidente John F. Kennedy (JFK).

Con la noticia en el aire, algunos medios han rescatado del olvido la Operación ­Northwoods , un plan de 1962 que salió a relucir en la primera gran apertura de los misteriosos archivos del magnicidio de Dallas, casi 40 años después de ese hecho, en 1997. Una montaña de documentos se publicó entonces, cuando el Consejo de Revisión de Registros del Asesinato de JFK liberó mil 521 páginas de los archivos militares desclasificados de 1962 a 1964. Los 12 folios de la Operación Northwoods formaron parte de este grupo, pero pasaron inadvertidos entre la podredumbre. Hasta ahora.

Esta operación describe que, a principios de los años 60, durante la administración Kennedy, la CIA elaboró planes para matar a personas inocentes y cometer actos de terrorismo en ciudades de Estados Unidos con el fin de crear apoyo público para invadir Cuba. Con el nombre en código de Northwoods, las acciones encubiertas incluirían el asesinato de cubanos en Florida, el hundimiento de barcos con emigrados en alta mar, el secuestro de aviones, la voladura de un barco estadunidense e incluso la organización de actos de terrorismo con víctimas mortales en varias ciudades de Estados Unidos, incluida la capital, ­Washington.

Los planes detallan explícitamente un esquema para engañar al público estadunidense y a la comunidad internacional para justificar la guerra que derrocaría al joven gobierno de Fidel Castro. Los altos mandos militares de Estados Unidos contemplaron la posibilidad de causar bajas militares estadunidenses, según escribieron en el memorando fechado el 13 de marzo de 1962: Podríamos hacer estallar un barco en la bahía de Guantánamo y culpar a Cuba, y las listas de bajas en los periódicos provocarían una ola de indignación nacional. También, proponía hacer funerales falsos para movilizar la opinión pública en favor de la intervención militar.

Los planes tenían la aprobación escrita del Estado Mayor Conjunto y fueron presentados al secretario de Defensa del presidente Kennedy, Robert McNamara. Formaban parte de un esfuerzo más amplio para derrocar al gobierno revolucionario, conocido como Operación Mangosta , campaña de la CIA que incluía espionaje, sabotaje y el apoyo a mercenarios de origen cubano. Pero la Operación Northwoods fue rechazada por Kennedy, quien estaba preocupado por las implicaciones éticas y políticas de un plan que hacía uso del engaño deliberado y apostaba por el sacrificio de vidas estadunidenses para manipular la opinión pública.

La negativa de Kennedy exacerbó las tensiones entre el presidente y los altos mandos militares, que ya cuestionaban su liderazgo tras el fracaso de la invasión de Playa Girón (también conocida como Bahía de Cochinos) en 1961. El presidente moriría asesinado en Dallas en noviembre de 1963, un año y medio después de haberse elaborado este plan, y Operación Northwoods se convirtió en objeto de atención en las investigaciones del magnicidio.

Ahora, el presidente Donald Trump ha prometido publicar todos los documentos clasificados relacionados con la muerte de JFK, la de su hermano –el senador Robert Kennedy– y la de Martin Luther King, estos dos últimos asesinados en 1968. Nadie duda, ni el propio Trump, que se revelarán actividades aún más controvertidas del gobierno en los años 60, porque se quedó sin divulgar lo más interesante de esos expedientes, al decir del presidente ­republicano.

La gran paradoja de este momento trumpista es que, mientras nos permite asomarnos a escalofriantes proyectos de terrorismo de Estado contra Cuba que fríamente calculaban la muerte de inocentes en territorio estadunidense, el nuevo inquilino de la Casa Blanca ha incluido de nuevo a la isla en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Pocas cosas son más cínicas que esta. Trump arrasa con los escrúpulos de imagen de los viejos conservadores, y sintiéndose, ahora sí, imbatible de aquí a la eternidad, exhibe desembozadamente sus odios y vergüenzas, y su particular revancha contra el Estado profundo. Pero lo que prueba la Operación Northwoods es que él no es una novedad, ni llegó a la Casa Blanca de la nada.

1/19/2025

Meta, vertedero universal

Rosa Miriam Elizalde

Ciberbasura sin control y sin fronteras. El conglomerado Meta, la empresa matriz de Facebook, Instagram, WhatsApp y Threads, ha anunciado que pondrá fin a su programa de verificación de datos, que había estado en funcionamiento desde 2016. Su fundador y principal ejecutivo, Mark Zuckerberg, se acomoda oportunistamente a la era Trump y a su maquiavélico asesor Elon Musk, el propietario de X y troll del libre flujo de la desinformación.

Lo que nos dice esta decisión es que no se eliminarán contenidos abiertamente manipulados o falsos, y los encargados de verificar los datos irán todos de patitas a la calle. Regresa además la era del todo vale. Como señaló The Intercept esta semana (https://acortar.link/OKWcJV), que logró el acceso a los materiales de capacitación de los empleados de Meta para adaptarse a las nuevas reglas, entre los ejemplos de expresiones permitidas en Facebook e Instagram están: Los inmigrantes son unos sucios y asquerosos pedazos de mierda, Los gays son unos bichos raros, entre otras perlas por el estilo.

En un ecosistema donde la desinformación tiene una enorme influencia, la decisión que deja la comprobación de la veracidad y las normas de civilidad a cargo de los usuarios de Internet, simplemente ampliará los decibeles de los más intensos, usualmente afiliados a la ultraderecha y a teorías de la conspiración que ya eran privilegiadas por el algoritmo, pero al menos hasta ahora existía un lugar al que los usuarios podían recurrir para exigir que se investigaran o se penalizaran las expresiones de racismo y violencia.

El sistema de verificación le dio durante cierto tiempo a la compañía un barniz de credibilidad, aunque no resolvía el problema de fondo y la criba parecía beneficiar siempre más a las hordas de la ultraderecha que a quienes las enfrentaban. La columna vertebral de Meta es su sistema de publicidad completamente al margen de la ley, en el que son posibles segmentaciones que jamás serían permitidas fuera del conglomerado, y en el que, además, predominan los actores que continuamente recurren a Facebook para crear campañas de desinformación de todo tipo. Pueden ser Cambridge Analytica, las agencias de inteligencia, la industria del petróleo, los antivacunas o simplemente anunciantes intentando definir sus objetivos de la manera en que la legislación no lo permite, pero la realidad es que la plataforma ha sido y sigue siendo una auténtica máquina de desinformación global al servicio del mejor postor.

Con el adiós a los verificadores lo que viene, o se reforzará, es una descontrolada e imparable avalancha de basura. Meta tiene unos 3 mil millones de usuarios en todo el mundo, frente a unos 250 millones de X, que ponderarán el derecho individual a decir y propagar cualquier cosa por encima de los derechos colectivos, y a menospreciar los valores sociales y pisotear la intimidad.

Ya casi se ha olvidado que ni Facebook ni X llegaron a los programas de verificación de datos –ahora en el pasado– por casualidad. Facebook lo inauguró en 2016 como respuesta a un creciente escrutinio sobre el papel de la plataforma en la difusión de desinformación y noticias falsas, particularmente después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos de ese año, cuando se comprobó que la plataforma podía utilizarse como herramienta perfecta para campañas teledirigidas y compartir contenidos sin restricciones y organizar grupos de personas en torno a alguna postura, ideología o idea, no necesariamente democrática ni respetuosa.

La presión entonces no sólo fue política, sino de la comunidad científica. Varios estudios mostraron, entre ellos el publicado por la revista Science , en 2018 (https://acortar.link/oimltd), que las publicaciones falsas en las redes sociales se propagan hasta 20 veces más rápido que las verdaderas, especialmente si las publicaciones son teorías conspirativas antigubernamentales, insultos racistas y llamados a la violencia. Eso es 2 mil por ciento más de interacción y 2 mil por ciento más de ingresos por publicidad, según Science. Y cuanto más llamativa sea una publicación (a menudo, cuanto más alejada esté de la realidad), mejor.

A lo anterior hay que añadirle un matiz que han aportado varias autoridades en Brasil, entre ellos el secretario de Políticas Digitales, João Brant. El anuncio hecho por Mark Zuckerberg la semana pasada anticipa qué tipo de alianzas tendrá Meta con el gobierno estadunidense para enfrentar a la Unión Europea, Brasil y otros países que han impulsado políticas y legislaciones para proteger los derechos en el entorno online. Brant propone, en concreto, ampliar los esfuerzos internacionales en el ámbito de la ONU, la Unesco, el G-20, el BRICS y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para reforzar la agenda de la integridad de la información.

Muchos coinciden con Brasil. Al poder trasnacional de empresas como las de Elon Musk y Mark Zuckerberg, sólo se le puede oponer un sistema de alianzas internacionales que, en paralelo, plante cara e instale un cordón sanitario a la ciberbasura. Quizás la nueva decisión de Meta ayude a tomar decisiones prácticas globales antes de que el vertedero nos sepulte a todos.

12/08/2024

Las debilidades del halcón

Rosa Miriam Elizalde

Aunque parece salido de un notable esfuerzo demócrata, fue el equipo de campaña de Donald Trump el que ha elaborado el más exhaustivo y sucio expediente de Marco Rubio, el halcón más conocido como un escalador político que como un legislador, alguien cuyas opiniones han cambiado para adaptarse a los cambios dentro de su partido, según el prontuario.

El periodista estadunidense Ken Klippenstein ha filtrado (https://acortar.link/DGXuhf) el documento de 551 páginas que evalúa las vulnerabilidades del senador de Florida, inicialmente en la lista de candidatos a vicepresidente de la administración republicana. Finalmente J. D. Vance resultó escogido por Trump como su compañero de fórmula y dejó a Rubio el puesto de futuro secretario de Estado.

Entre los puntos claves del dosier se encuentran las inconsistencias ideológicas de Rubio, quien ha modificado sus posiciones en asuntos como inmigración, comercio y política exterior, lo que es señal de claro oportunismo político, según el informe. Parte de estos vaivenes tienen que ver con su relación oscilante con Trump, a quien criticó durante las primarias de 2016, para luego apoyarlo en 2020 y 2024, mientras por el camino condenó el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021. A la gente loca de MAGA, como denominó Rubio en algún momento a los seguidores más entusiastas de Trump, no le ha hecho mucha gracia la denominación del senador como secretario de Estado y, cuando se filtró la noticia, hicieron notar su cólera en redes sociales aireando la etiqueta #NoRubio.

El dosier menciona cuestiones éticas y financieras que oscilan entre investigaciones sobre el uso de tarjetas de crédito del Partido Republicano de Florida para gastos personales y préstamos hipotecarios obtenidos en condiciones cuestionables, hasta relaciones con un narcotraficante convicto, nada menos que su cuñado. Orlando Cicilia, casado con la hermana de Rubio, Bárbara, que fue arrestado en 1987 por dirigir una red de contrabando de cocaína valorada en 75 millones de dólares desde su casa en West Kendall, Florida, donde Rubio vivió cuando era adolescente. The Washington Post, recuerda el dosier, catalogó a Cicilia como el protagonista de “uno de los casos de drogas más importantes de la era barroca de los cowboys de la cocaína en Miami”.

En el acápite de las mentiras no le ha ido mejor. Alguna vez echó a andar la historia de sus padres como exiliados cubanos que huyeron de la isla tras la revolución de 1959, leyenda que resonaba muy bien entre su electorado en Miami, pero, según reveló The Washington Post en 2011, era una versión embellecida. Ni salieron de Cuba en esa fecha –lo hicieron tres años antes– ni la política motivó la decisión familiar de emprender una nueva vida en el Estados Unidos donde nacerían sus hijos, entre ellos Marco Rubio en 1971.

Pero Marco no miente sólo para embellecer su pasado, sino que hace de ello un instrumento de intensa amoralidad. Las primeras noticias sobre los ficticios ataques sónicos al personal diplomático estadunidense en la isla surgieron en agosto de 2017 a través de soplos a la prensa. En ese momento no se identificó públicamente a la fuente de estas filtraciones, pero Rubio intensificó sus declaraciones al respecto a sabiendas de que eran mentiras, lo que llevó a observadores a responsabilizarlo con la divulgación de esta falacia que justificó el cierre de la embajada estadunidense en La Habana y la imposición de más sanciones contra Cuba.

En cuanto a su fachada de benefactor latino, es célebre por utilizar los derechos de los inmigrantes en sus talking points, mientras vocifera por la inmediata cancelación de un programa que protege a decenas de miles de niños y jóvenes indocumentados en Estados Unidos.

Asegura el dosier que cuando aspiraba a la presidencia de EU en 2015, Rubio expresó su apoyo para una solución legislativa al problema de los llamados dreamers (soñadores), sabiendo que no existían los votos en el Congreso para apoyar una normativa que beneficiara a los jóvenes inmigrantes que llegaron al país siendo niños, llevados por sus padres sin autorización legal. Mientras, se opuso ferozmente al programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), impulsado por el gobierno de Obama, con el argumento de que el presidente no tenía potestad para proteger a esos niños con una orden ejecutiva. Si hubieran cancelado el programa, miles de menores habrían sido deportados.

Hay mucha información en este dosier que prueba con fuentes fiables y prisma republicano el atropello, la tergiversación, la perversión de la ley, el abuso, la manipulación descarada y las pésimas prácticas del próximo secretario de Estado. Como datos al margen aparecen que apoyó la guerra en Iraq y Libia, la guerra contra Yemen y los golpes de Estado en América Latina, y que tiene una obsesión enfermiza con la tierra donde nacieron sus padres. Peccata minuta para los trumpistas que, sin embargo, ven con reservas, a juzgar por este dosier, la camaleónica personalidad y el narcopasado del halcón que tendrá la tarea de susurrarle a Trump la política exterior del imperio.

9/06/2019

La migra se moderniza

La Jornada:
Rosa Miriam Elizalde

Ismail B. Ajjawi aterrizó en el Aeropuerto Internacional Logan, de Boston, el viernes 23 de agosto por la noche, preparado para comenzar su primer año en la Universidad de Harvard. El estudiante palestino de 17 años no salió del aeropuerto.


Los funcionarios de migración estadunidenses detuvieron e interrogaron a Ajjawi después de revisar su teléfono y computadora y exigirle la contraseña de su perfil en los sitios de redes sociales. Después de ocho horas detenido sin abogado ni acompañante –es un menor–, revocaron su visa y lo enviaron de vuelta a su casa, porqueaunque él no se ha expresado contra el gobierno de Estados Unidos, algunos de sus seguidores tienen puntos de vista que se oponenal régimen de Trump.

Desde la elección de 2016 los tiroteos masivos y las acciones racistas, fundamentalmente contra latinos, han aumentado dramáticamente en Estados Unidos, pero bastó que Syed Rizwan Farook y su esposa Tashfeen Malik –él nacido y criado en Estados Unidos y ella, en Pakistán– asesinaran a 14 personas en San Bernardino en 2015, para que demócratas y republicanos en el Congreso aprobaran con diligencia la legislación que autoriza los controles en las plataformas sociales para los extranjeros que buscan visas en Estados Unidos.

El Departamento de Estado anunció en junio que todos los solicitantes de visas deberán someterse a un cuidadoso escrutinio y presentar sus nombres de usuario de redes sociales y cinco años de direcciones de correo electrónico. Según la agencia AP, el pasado viernes los policías del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) recibieron autorización formal del gobierno para crear perfiles falsos en redes sociales con el objetivo de vigilar a los extranjeros que solicitan visas, tarjetas de residencia o quieren naturalizarse.

En realidad, esta cacería loca empezó con una trampa para conejos. El ICE creó una falsa universidad en Michigan –University of Farmington–. Una página web publicitaba el campus con sus edificios de cemento gris, directivos que tenían identidad y amigos fabricados en Facebook, y con un certificado oficial deuniversidad aprobada bajo el programa gubernamental para estudiantes extranjeros, conocido como el SEVIS (Student and Exchange Visitor Information System).

La página web afirmaba que la casa docente “remonta su linaje a principios de la década de 1950, cuando los soldados que regresaban de la Segunda Guerra Mundial buscaban una educación privada y de calidad. En ese momento, Detroit era el centro de innovación y desarrollo industrial… Explore nuestras ofertas académicas para ver si la Universidad de Farmington es el lugar adecuado para lograr su éxito”.

La operación encubierta fue financiada con el dinero obtenido mediante la falsa matrícula, unos 250 mil dólares. La ejecutó la segunda agencia de investigación más grande de Estados Unidos, el Departamento de Investigaciones de Seguridad Nacional (Homeland Security Investigations, HSI), que es una de las tres ramas de ICE. Un manual de la migra elaborado en 2008 y filtrado el año pasado, mostró que, si bien se aconseja a los agentes encubiertos que no induzcan a las personas a cometer delitos, se pueden hacer excepciones y están reguladas internamente.

The Guardian reveló que de los más de 600 estudiantes que pagaron para matricularse,146 fueron arrestados por ICE bajo cargos de migración civil. Todos son de la India, excepto Najlaa Karim Musarsa, de 29 años, que es palestina. El gobierno acusó formalmente a 160 estudiantes de inscribirse en la escuela para permanecer en ese país.

Desde 2017 hasta enero de 2019 en que el gobierno develó la operación,el elaborado fraude se dedicó a atrapar a jóvenes de piel oscura que pretendían seguir estudios en Estados Unidos, afirmó al diario británico Amer Zahr, profesor adjunto de derecho en la Universidad de Detroit-Mercy y portavoz de una de las víctimas.

Quien sigue estos temas descubrirá, perdidos en un aluvión de noticias en los márgenes, decenas de hechos que hablan del omnipresente Estado policial, todopoderoso y fiscalizador en el que se ha convertido yanquilandia gracias a los monopolios de la tecnología, con su control de la verdad, su avidez por los datos y su hipocresía. Twitter y Facebook cancelaron recientemente numerosas cuentas que supuestamente eran operadas por China mediante identidades falsas –antes bloquearon cientos de perfiles rusos e iraníes–, pero suelen quedarse como piedra ante el despliegue, sin complejos, de la mentira institucionalizada del gobierno de Estados Unidos, con sus abusos de poder cada vez más abrumadores e inmorales.

¿A quién sorprende que la migra semodernicey que los chicos de Silicon Valley miren a otro lado? Al fin y al cabo, ¿cuántos estarían dispuestos a desafiar el sistema que los hizo multimillonarios? Hace exactamente un año, en una audiencia en el Congreso, después de preguntarle al CEO y fundador de Twitter, Jack Dorsey, si creía que Estados Unidos deberíaseguir siendo la superpotencia global dominante del mundoy si se sentía suficientementeestadunidense, el senador Tom Cotton exigió que tanto esa plataforma como Facebook trabajasen activamente en nombre del gobierno y dejaran de actuar comoárbitros imparciales o neutrales. El duelo verbal fue puramente retórico.

* Periodista cubana