César Enrique Pineda
El ascenso de la derecha no ha puesto al mundo en crisis. Es la crisis del capital la que ha producido el ascenso de la derecha.
El capital tiene problemas para seguirse reproduciendo no por debilidad,sino por su triunfo absoluto que socava las bases de su propia renovación.
El historiador económico Robert Brenner, postuló desde 2009, la tesis de que la economía mundial ya vivía una crisis de rentabilidad, consecuencia de los bajos precios, derivados de la SOBRECAPACIDAD productiva por la competencia entre los países hegemónicos.
Si seguimos a Brenner, el exceso de capacidad industrial, junto a una demanda deprimida por el triunfo neoliberal sobre los salarios habría provocado que las inversiones se dirigieran hacia tasas de ganancia seguras basadas en superexplotación y no en innovación.
La expansión de la globalización abría dado la ilusión de crecimiento, pero éste se basaba en un desarrollo desigual entre economías de desarrollo temprano (EUA) y tardío (Alemania, Japón, y "Asia") que cuentan con nichos y espacio propio de expansión.
Si actualizamos la tesis de Brenner, está claro que ese desarrollo desigual benefició a China (con un amplio espacio de expansión tanto interno como externo). La atracción de inversiones en innovación -tal y como lo denuncia desde una posición reaccionaria el vicepresidente Vance- habría, en parte desfondado a EUA, para dirigirse hacia ganancias más seguras.
Lo que Vance no explica es que todo inversor en la era de la globalización neoliberal, se le ofreció libertad de movimiento, por lo que los capitales no tiene lealtad nacional sino que se dirigen a donde se les asegure mayores tasas de retorno.
Tanto la lógica de competencia produjo sobrecapacidad, creando crisis de rentabilidad, como la libertad de capitales habría abandonado sectores industriales de EUA.
Esta sería por tanto, una crisis de reproducción del capital por su propia lógica que intenta ser frenada por la fuerza: la fuerza del imperialismo.
Los téoricos de la revista Krisis (Alemania), Norbert Trenkle, Ernst Lohoff, sostienen (a diferencia de los análisis de sistema -mundo), que la financiarización provocada por la globalización neoliberal, esto es, el movimiento de capitales hacia el área financiera domina la economía mundial, no sería solamente una fase de declive estadounidense, similar a lo que ha sucedido previamente con otras hegemonías (como la inglesa), sino algo nuevo: el llamado "capital ficticio" y la increíble dimensión del capital financiero, habría producido un nuevo tipo de capitalismo, el "capitalismo inverso" donde "la superestructura financiera se ha convertido en el principal soporte de la acumulación de capital (...) no siendo ya una apéndice de la extracción de plusvalor como en el capitalismo clásico, sino que la acumulación de capital funcionante se ha convertido en una variable dependiente de la formación de capital ficticio" (Lohoff, Trenkle, 2025; 52).
Este cambio, (en el que el capital depende cada vez más de los mercados futuros, de la especulación y del área financiera), subordina aún más al trabajo por considerarlo un elemento secundario. La política monetaria desde la crisis de 2008 se dirige hacia sostener la creación de nuevo capital ficticio privado (en el área financiera). Pero el capital "ficticio" basado en la producción futura, tarde o temprano entra en crisis. La forma de solucionar la crisis ha sido postergarla, acercándose a sus límites.
"Estados Unidos y Gran Bretaña lanzan permanentemente capital ficticio al mercado mundial y acumulan más deudas, permitiendo que otros países, especialmente China triunfen en los mercados de bienes" (2025:59).
Si seguimos a los autores de la revista Krisis, podríamos decir que EUA estaría atrapado en la lógica mundial financiera que primero promovió y luego alargó después del rescate bancario de 2008. Trump intenta desmantelar el marco general de la acumulación mundial, de nueva cuenta, por la fuerza. El imperialismo visto así, es una respuesta a la crisis del capital y no simplemente la mano militar de siempre
La crisis ha encontrado una aparente salida con la explosión de la inteligencia artificial, que re dirige a los capitales hacia la inversión en tecnología. Sin embargo, Adrián Sotelo sostiene la hipótesis, que, como otros ciclos de innovación, la llamada cuarta revolución industrial responde "a un intento del capital global y de su Estado para re establecer las condiciones de rentabilidad afectada por la crisis de 2008-2009." (Sotelo, 2026).
Esta revolución sería ahora un respuesta al agotamiento del paradigma del toyotismo-ohnismo, que a su vez , como sabemos, sustituyó al fordismo, forjando así un NUEVO RÉGIMEN DE ACUMULACIÓN que sin embargo, profundizaría la superexplotación del trabajo, debido a la brecha que se está ensanchando entre norte y sur o de países dependientes (siguiendo la teoría de la dependencia).
Sotelo sostiene que si bien el capitalismo -con ayuda de la IA y otros instrumentos de la 4ta revolución industrial- "puede producir una mayor masa de riqueza social con una mínima producción de plusvalor- el sistema como un todo tiende al estancamiento estructural y a su autodestrucción. (Sotelo, 2026: 163).
Si seguimos a Sotelo, podríamos decir que la IA aunque pareciera momentáneamente crear un espacio de acumulación (con el peligro de una burbuja financiera) reduce la dependencia de creación de plusvalor, pero eliminando, tal y como previó Marx, las condiciones de reproducción del capital.
Podríamos decir entonces que la reestructuración capitalista (tanto en su forma imperialista trumpiana, como en su nuevo nicho de inversión que puede producir una burbuja incontrolable, como en la reestructuración de la relación capital -trabajo que destruirá empleos y salarios por la IA) parece un callejón sin salida.
Aunque todos estos autores tienen distintos énfasis y tesis sobre el origen de la crisis, todos coinciden en que hay una crisis de reproducción capitalista en curso. Esto es importante en el sentido de que si Trump cayera, no regresaríamos al capitalismo globalizado neoliberal al cual estábamos acostumbrados. La nostalgia por la era industrial o del capitalismo benévolo del viejo estado de bienestar no regresará. Son meras ilusiones de que el capital puede ser armónico con el trabajo y la naturaleza.
No hay solamente una crisis del MODO DE REGULACIÓN (político) sino del REGIMEN DE ACUMULACIÓN (de capital). Y la crisis del capital crea condiciones para salidas más autoritarias o demenciales.
Si a ello sumamos la CRISIS BIOSFÉRICA TERMINAL (crisis climática, sexta extinción masiva, acidificación y plastificación de los mares, agotamiento hídrico), como crisis misma del capitalismo ( pensando que el capitalismo es una ecología misma, como ha postulado Jason W Moore, esto es: la crisis ecológica no es externa a la "economía", porque la producción, consumo y desechos SIEMPRE han sido reorganizados por el capitalismo, es decir el capitalismo es una forma de poner a la naturaleza a trabajar, es una manera de organizar la naturaleza (Moore, 2020; 2025).
Entonces debemos concluir que el capital ha llegado a sus límites civilizatorios y de expansión y se vuelve cada más violento para mantener su lógica, que es insostenible.
La izquierda y los movimientos antisistémicos por tanto, deberíamos prepararnos para tal cataclismo, con la politización y organización desde abajo en vez de confiar en la ilusoria posibilidad de que el capitalismo se estabilice para el "bienestar compartido" o para lograr "modos de vida más asequible".
El fascismo del fin de los tiempos (Klein, Taylor) es la expresión política de la crisis del capital. Y a ella debemos resistir.
Madrid. París. Berlín. Anuncian -quizá- las nuevas luchas contra el capital y la guerra. Resistencias que son, entre muchas otras, la esperanza de la humanidad.
@cesarpinedar
PD: Abajo todos los títulos citados.
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