Pasemos a la larga lista, pues, de títulos extranjeros. De éstos, según mi muy personal y subjetiva opinión, los imprescindibles son Tierra de mi padre, del polaco Pavel Pavlikoski, quizá mi favorito en lo que va del año. No tiene desperdicio. En Cannes compartió con La bola negra, del dúo español conocido como Los Javis, el premio de mejor dirección y… bueno, la película viene además precedida de un impulso publicitario considerable. Pero es un vigoroso fresco gay merecedor de sus elogios. También de Cannes es la ganadora de la Concha de Oro, la controvertida Fjord, del rumano Cristian Mungiu. La recepción ha sido tan diversa que un crítico argentino la tildó hasta de “fascista”. El drama es complejo pues las emociones que entran en juego así lo son.
De lo que vi en San Sebastián, sobresalen un par de títulos de los cuales escribí recientemente: Wild Horse Nine, del británico Martin Mc Donagh, divertidísima comedia negra sobre un par de agentes de la CIA en Chile. E Ink, del también británico Danny Boyle, quien recupera mi estima con la fascinante historia del diario tabloide The Sun.
Para los interesados en el tema LGBTQ+ hay ejemplos meritorios, además de La bola negra, como Club Kid, del gringo Jordan Firstman, Cobarde, del belga Lukas Dhont, Elsinore, del británico Simon Stone y The Man I Love, del neoyorquino Ira Sachs. Esta última tiene un grave problema (dos palabras: Rami Malek).
En esta ocasión, lo que conozco de cine asiático no es muy emocionante, me temo. La mejor es All of a Sudden, del japonés Ryusuke Hamaguchi, que es interesante, aunque algo didáctica y cansina en sus más de tres horas de duración. Mientras el apreciable Hirokazu Koreeda dirigió su película más fallida, Sheep in the Box. Para compensar hizo después Look Back, que también está en el festival, pero no he visto aún. Igualmente, Un amor posible, del sudcoreano Lee Chang-dong es algo decepcionante, sobre todo para quienes admiramos su obra.
Del cine iberoamericano hay poco (si no contamos todas las producciones mexicanas, claro). El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, es el entretenido y bien actuado recuento de una caótica filmación en medio de un drama edípico. También recomendable es El deshielo, coproducción chilena con México y España, de la otrora actriz infantil Manuela Martelli, cuyo relato sobre una desaparición se vuelve inquietante. Y perdida entre extranjeros está la mexicana La venganza del Charro Negro, de Marvick Eduardo Núñez Aguilera. A saber de qué se trata. Igual desconozco Pepita, la pistolera, de la argentina Lucía Puenzo y Después de Kim, de la española Ángeles González Sinde.
Un misterio: no sé por qué se incluyó en el programa Adolescencia, sexo y muerte en el Campamento Miasma, de Jane Schoenbrun, ya estrenada en nuestra cartelera. Y una decepción: no se programó la versión restaurada de Los demonios, de Ken Russell.
Estoy consciente de que apenas rasco la superficie de todo lo que el festival de Morelia ofrece en su semana y pico de duración. En fin, es un intento por facilitarle un poco las opciones al esforzado e hipotético espectador.
X: @walyder
No hay comentarios.:
Publicar un comentario