10/25/2026

Arde Paris, Brasil despierta, Milei babea y México gobierna

 Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"En las calles de Francia, España, Albania, Colombia, Chile, Brasil, Argentina salen a reclamar un mundo que permita vidas que merezcan la pena ser vividas".

Arde Paris, Brasil despierta, Milei babea y México gobierna. Por Juan Carlos Monedero

Milei, en su séptimo viaje a España, ha vuelto a insultar al Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que le ha contestado con elegancia, aprovechando la zafiedad del Presidente argentino, que si subir las pensiones a los ancianos es ser zurdo, si fomentar la educación y la sanidad públicas es ser zurdo, si ayudar a que la gente llegue a fin de mes es ser zurdo, sí, soy zurdo y a mucha honra. Todo esto después de que el Presidente Milei se riera de los que no llegan en Argentina a fin de mes, con esas formas de payaso quebrado con trazas de brote psicótico que nos hacen preguntarnos cómo es posible que estos personajes puedan gobernar países tan relevantes como Argentina.

A Sánchez le viene muy bien que Trump o Milei le ataquen, porque así se convierte en el adalid de la izquierda mundial, aunque sus políticas en España, como le ocurre siempre a la socialdemocracia, son tibias y solo se atreve cuando le empujan desde su izquierda y no le queda más remedio que aceptar. Todas -todas- las medidas con las que saca pecho hoy Pedro Sánchez, son medidas que fueron arrancadas con mucha discusión y aspereza por Podemos cuando Podemos era una fuerza que contaba en la política española: subida del salario mínimo, escudo social frente a la crisis, congelamiento de los alquileres, mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones, denuncia del genocidio en Gaza…

En la otra punta del Atlántico, en Francia, 24 mil personas, la mayoría jóvenes, han sido detenidos en las protestas contra un país que no les está dejando salidas. La sensación de fraude que viven los jóvenes tiene todavía formas amables (pese al incendio en el Ayuntamiento de Limoges), porque todos esos jóvenes, después de las protestas, tienen una familia a la que regresar, donde dormir, comer y darse una ducha. Pueden, incluso, reclamar mejoras en la educación porque piensan que eso es posible. Es decir, creen que todavía hay solución a sus demandas. Aunque el Presidente Macron es de los que piensan que no es verdad, que ya no hay sociedad para todos. Y que la solución debe venir de otro lado que no pueden explicar a los jóvenes sin que les cuelguen de la torre Eiffel.

Tras mucho tiempo criticando a los jóvenes porque parecían estar dormidos, entretenidos, deprimidos y volcados a la extrema derecha, en las calles de Francia, de España, de Albania, de Bélgica, al igual que de Colombia, de Chile, de Brasil, de Bolivia, de Argentina salen a reclamar un mundo que permita vidas que merezcan la pena ser vividas.

La ira de los jóvenes no tiene un rumbo predeterminado. Puede salir por la izquierda, por la derecha o por un enfado abstracto y rupturista de incierto resultado. En España, en torno al 30 de los jóvenes entre 18 y 24 apoyan a la extrema derecha de VOX. No todos lo hacen por ideología, sino como expresión de hartazgo, de enfado con todos los demás. Gente que sabe que la extrema derecha va a ir contra los derechos sociales y contra las libertades pero que ha acumulado tanta decepción que está dispuesta a votar al mal y luego salir a las calles a combatir ese mal.

La ira ardiente de los jóvenes franceses contrasta con la condición pacífica de las acampadas españolas. Es verdad que en España gobierna el PSOE con SUMAR, una alianza hacia la izquierda, mientras Macron es una derecha arrogante que ha hundido la educación pública y que, como buen elitista, insulta a los jóvenes que reclaman una mejor formación para tener un futuro decente. Y hay algo de lo que se habla poco: Macron quiere que esos jóvenes vayan a la guerra contra Rusia. Las élites europeas siempre ven en la guerra, a la que no van ni ellos ni sus hijos, una solución a las contradicciones económicas del capitalismo. Y los jóvenes franceses, antes de que les manden ignorantes y sin formación a la guerra, a morir antes de los treinta años, le prenden fuego al Ayuntamiento de Limoges, no porque eso les sirva para algo, sino porque el fuego les hace creer que cuando se extinga permitirá que vuelva a nacer la Francia republicana.

Porque Francia es republicana y en los colegios les enseñan la revolución francesas. En las manifestaciones de los jóvenes les hemos escuchado decir: ya le cortamos la cabeza a Luis XVI, Macron, podemos hacer lo mismo contigo. Propio de un país donde en París siguen sonando una vez al mes las sirenas antiaéreas para recordar los bombardeos de los nazis sobre la capital francesa.

No deja de ser paradójico que mientras el Canciller alemán Friedrich Merz o el Primer Ministro francés Emmanuel Macron dan por cierta una confrontación contra Rusia que fue alentada por los EU (fueron los que impidieron hace algo más de tres años un acuerdo de paz entre Putin y Zelenski), Trump pacta con Putin comprarle más de 300 mil toneladas de diésel, además de pedir la destitución de Zelenski.

¿Qué tiene que pensar un joven europeo al ver que su país está comprando combustible ruso a través de EU, que lo paga seis veces más caro porque volaron el Nord Stream y EU marca el precio de ese combustible que antes le compraban más barato a Rusia, que le dicen que no hay dinero para educación ni para vivienda porque hay que prepararse para la guerra contra Rusia, y que, encima, es probable que tenga que ir al frente a matar y a que lo maten? Como Francia destaca por su laicidad, no creo que las hogueras sean una forma de oración para que Dios escuche sus plegarias desde el cielo.

Pero la ira de los jóvenes no es garantía de transformación. Si el vapor social no se mete en una turbina, no hay cambio social, como decía Trotsky en los albores de la revolución rusa. La ira de los jóvenes es muy probable que les aleje del voto a los partidos de izquierda existentes -a los que ven blandos- al tiempo que asustan al votante burgués que se movilizará para conjurar el miedo a las turbas en las calles. Lo que no quita para que todos los partidos de izquierda en Francia le echen la culpa a Melenchon y a la Francia Insumisa de la violencia, porque saben que les va a ganar en las elecciones.

Como pasó en España después del 15M, es muy probable que gane la derecha porque la izquierda no termina de convencer -aún menos con las divisiones incomprensibles de los partidos a la izquierda de la izquierda, motivadas más por intereses personales que por diferencias políticas insalvables- y porque la movilización de la derecha les lleva, como suele ocurrir, a no perder un sólo voto. En Francia, toda la derecha va a votar a Le Pen, igual que toda la derecha votó en Colombia a De la Espriella y toda la derecha ha votado a Bolsonaro. Ellos, a diferencia de la izquierda, no se equivocan.

En el cambio de rumbo en el que está el mundo, vuelve a ser cierto que nos la jugamos en el socialismo o barbarie, tome las formas que tome la idea del socialismo. Da igual el nombre, pero si en un lado va a estar la apuesta por la guerra, en el otro tendrá que estar la lucha por la paz, contra el calentamiento global, la defensa de los bienes públicos -enseñanza, educación, vivienda, transporte, Inteligencia Artificial-, la regulación de la economía y la defensa de empleos dignos, ejércitos regionales supranacionales que defiendan la soberanía contra países imperialistas, cárteles y mafias, la defensa de los derechos humanos (con un especial énfasis en los migrantes), y la defensa de la igualdad de género y de raza, y lucha por un mundo sin polarización.

Estas cosas están defendiendo los jóvenes en las calles aunque no les pongan nombre concreto y no siempre acierten a convertirlo en programas de gobierno. Pero las calles son escuelas de ciudadanía y todos esos jóvenes que eran rehenes de TikTok e Instagram hoy utilizan sus redes para comunicar propósitos políticos. No pensemos que van a compensar en semanas la formación política que era el lugar común de los militantes de la izquierda de generaciones anteriores, pero han empezado a caminar. Tarde o temprano, los pueblos encuentran las herramientas políticas que necesitan.

Los jóvenes se darán cuenta de que no va a poderse explicar a ellos mismos y lo que les pasa con videos fugaces de TikTok. Que van a necesitar palabras para entender por qué pierden una mano o un ojo, por qué los detienen, por qué los apalizan o los tortura la policía. Algo que se multiplicará si gobierna la extrema derecha.

Cada generación viene con sus propias características y es verdad que el énfasis en lo audiovisual en los más jóvenes les ha quitado herramientas para entenderse. Por eso no es extraño que en España hagan acampadas más pacíficas, porque aún confían en que hay soluciones, siguen teniendo la cobertura familiar y su único referente de lucha es el 15M que fue igualmente pacífico. En Francia se les están agotando las perspectivas y el horizonte es más rupturista. Por eso le prendan fuego a las instituciones, porque el Estado no existe en la periferia de las grandes ciudades, porque el deterioro de Francia, como el de Europa, hace que ya no puedan financiar su bienestar con recursos del sur global, y porque la tradición republicana que hizo de la guillotina un símbolo político siempre pesa cuando la ciudadanía tiene reclamaciones lógicas. Y está ahí el gen supremacista de Europa, que presenta a la extrema derecha de Le Pe como una Juana de Arco salvadora. A la que votarán a los que estigmatizará, como han hecho muchos inmigrantes con Trump, aunque luego los haya deportado. La extrema derecha controla los dispositivos ideológicos y logra que las víctimas voten a sus verdugos.

No es cierto que Europa esté girando a la izquierda electoral, igual que no ocurre en América Latina. Pero también es falso decir que está girando a la derecha. La derecha ha aprendido a ganar elecciones con las nuevas herramientas tecnológicas y, como siempre, mucho dinero: bots, IA, algoritmos, además de las tradicionales compras de votos, acarreo, secuestro de urnas o siembra de votos donde no hay testigos. Sin contar la manipulación en medios y redes (no es gratuito que el nazi Elon Musk se comprara twitter por la módica cifra de 44 mil millones de dólares).

Pero luego no pueden gobernar. Ese va a ser el escenario de los próximos años. Cuando gane la izquierda, los grandes capitales y la derecha política no van a dejar gobernar a la izquierda, salvo que, como pasa en México, el pueblo esté consciente y organizado y su gobierno sea valiente. Y cuando gobierne la derecha rompiendo el Estado democrático y los derechos sociales, será el pueblo el que se eche a la calle a reclamar otra democracia.

Vienen tiempos de enorme turbulencia. Y hay que ir orientando la brújula para que el dolor sea el mínimo y el resultado sea el mejor para las mayorías. México sigue señalando un rumbo, España va a intentar superar la maldición de la división de la izquierda, Francia deberá canalizar la ira hacia la Francia Insumisa que es la única que puede conectar con esa voluntad de cambio, y los millones de personas que están en las calles en Brasil miran a Lula con esperanza mientras sienten que esa ciudadanía indignada tiene más claridad que los partidos que deberían representarlos.

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