9/27/2026

El fascista Trump se orina en Naciones Unidas

Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"El mundo está bastante peor que hace un año y Naciones Unidas no ha sido eficaz de pararle los pies a asesinos como Trump".

El fascista Trump se orina en Naciones Unidas. Por Juan Carlos Monedero

Este año no ha dicho Trump que ni siquiera las escaleras mecánicas de Naciones Unidas funcionan. No le hacía falta porque iba a mearse directamente sobre la dignidad de esta institución que nació después de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, para que no pasara en el mundo lo que había pasado con Hitler, Mussolini e Hiro Hito, y ahora está haciendo, mismo perro que Hitler con distinto collar, Donald Trump. De hecho, ha vuelto a decir que cuando quiera puede acabar con toda la civilización persa a bombazos. Los presidentes del mundo le han escuchado. Cobardes.

El mandatario que ha sacado a su país de 31 organismos de Naciones Unidas, entre ellos la Organización Mundial de la Salud, la UNESCO -encargada de la educación- o la UNRWA -la encargada, la verdad sin mucho éxito de brindar socorro a los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente-, ha ido a la sede de Naciones Unidas a decir que el único acuerdo internacional que le vale es el que se somete a los intereses norteamericanos. En nombre de la soberanía de EU, se pasa por el arco del triunfo la soberanía de cualquier otro país.

Qué contraste escuchar justo antes al estadista Lula y luego escuchar al hooligan bravucón Trump. Lula habló recordando que la B de los BRICS es de Brasil. Habló con coherencia, con elegancia, desde la soberanía y desde la solidaridad. En Palestina ha habido un genocidio. Y punto. Alertó sobre los excesos de las superpotencias, de la arbitrariedad de los aranceles y de las guerras y de que el Consejo de Seguridad, que es obsoleto e ineficiente porque da derecho de veto a EU y no hay, por ejemplo, ningún país africano en su seno, es una institución injusta. La solución a la voluntad guerrera de EU -sin nombrarlo- no puede ser que todos los países aumenten su arsenal, porque hay países que no tienen ni pueden. Y también recordó la guerra contra las mujeres que se llama “trata”, contra la que esos poderosos no hacen nada. El feminicidio en el mundo expresa cifras de guerra contra las mujeres. El de la isla de Epstein, que seguro que estaba escuchando, miró para otro lado en ese momento. Lula le dijo a Trump en su cara: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”. Y menos en el de quien ha debilitado la salud del mundo saliéndose de la OMS, el que niega el cambio climático o el que amenaza al Amazonas. Y dos días después de que Trump dijera que hay que dejar que la IA vuele hasta donde están los dioses que manden los rayos y truenos que devasten el mundo, Lula mencionó la bicha en casa del perrero: hay que regular la IA y las redes sociales. Y de paso le recordó al Presidente del pelo naranja: en Brasil tenemos un sistema de pagos, el PIX, que no necesita a Washington para nada. ¿Y cómo responde Trump a esas provocaciones? Mandando a Brasil al equipo de Fernando Cerimedo, el delincuente informático y criminal socio de Javier Negre en La derecha diario y en la injerencia en elecciones, a apoyar a Bolsonaro para que gane las elecciones. ¿Quién? el Bolsonaro hijo del Bolsonaro padre, otro delincuente que está en la cárcel por promover golpes de Estado. Frente a la solución económica de Trump de enriquecer a EU robando las riquezas a otros países, Lula recordó que los jóvenes quieren “emprender”, como se dice ahora -algo que la izquierda tiene que reflexionar- igual que quieren más tiempo libre para disfrutar la vida. Porque trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar. Igual que Trump tiene las elecciones en noviembre, Lula las tiene en octubre y le hizo un recordatorio a Trump de que no se meta donde no le llaman, porque Brasil es soberano. Y terminó diciendo “que Dios los bendiga”, lo que me hizo recordar a León XIV, el Papa, diciendo que los que se manchan las manos de sangre, como Trump o JD Vance o De la Espriella, que ahora dicen que son creyentes, que no piensen que rezar les va a perdonar sus culpas.

Trump es un delirado con una enorme capacidad de hacer daño. De hecho, habla, como los delirados, de él mismo en tercera persona “Trump es el Presidente más importante de la historia de EU”. En ese delirio, dijo que EU es el país de moda en el mundo y que es el siglo de oro de los Estados Unidos. Con dos narices. El que para celebrar el 250 aniversario del país -algo que recordó desde la tribuna- levantó un ring de lucha libre en la Casa Blanca como mensaje a los norteamericanos y al mundo: aquí no hay sociedad para todos, sino solo para los más fuertes o los más mañosos.

Trump dedicó un tercio de su intervención a Irán, recordando al electorado norteamericano que es un país muy malvado. La intervención de Trump fue decirles mentiras a sus votantes para que le voten en noviembre -qué le interesará al mundo la falsa lista que contó de lo bien que le iba a los EU- y amenazar al mundo para que le obedezcan. ¡Cuidado! A Canadá ni la nombró, porque los canadienses están mandando a la mierda al Presidente norteamericano y, de paso, a los norteamericanos. Por ejemplo, comprando cientos de miles de dólares en armas a otros países que no son los EU.

En ese delirio trumpiano que ya conoce el mundo, Trump dijo que ha acabado con muchas guerras. Como en Gaza. La historia lo juzgará. Aunque la cobarde Naciones Unidas -fue infumable el discurso de Antonio Guterres, el secretario general saliente, diciendo que había que hacer todo lo que no hizo él cuando mandaba- fue quien aprobó la Junta de Paz a Trump para levantar hoteles de lujo en la devastada Gaza.

Trump insistió en que la soberanía de EU, esto es, su modelo de vida, se lo va a seguir financiando el mundo. De manera que el futuro del mundo pasa por la doctrina Donroe, esto es, la doctrina Monroe que decía que América para los norteamericanos, sumado que ahora eso significa el control militar y económico de todo el hemisferio occidental.

Como no podía ser de otra manera, le dedicó su capítulo aparte al país que más preocupa el Hitler del siglo XXI: México. Hizo una salvaguardia de la Presidenta Sheinbaum, pero volvió a insistir en que México sería un país controlado por el narco, que es la justificación de Trump, el que indultó al narcopresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado en EU a 45 años de cárcel por traficar con 500 toneladas de cocaína, para injerir en México. Pero como le ha recordado la Presidenta Claudia Sheinbaum muchas veces, México está dispuesta a ayudar a EU a que sus ciudadanos dejen de ser lo mayores consumidores de droga del mundo, las empresas de armas dejen de armar a los narcos y que el sistema bancario norteamericano deje de lavar el dinero manchado de sangre del narco mundial. Y como un grano en el trasero, Trump dijo que Cuba va a caer porque es un Estado fallido. Después de 70 años de sanciones y bloqueos. Y en las misma línea, pese a haberse reunido con Mamdani -seguramente por lo mismo por lo que pensó que iba a levantar la copa del mundo con la selección española y tuvieron que empujarle para que se quitara de la foto- llamó “estúpidos” a los miembros de los Demócratas socialistas de EU que están intentando, con Mamdani como portaestandarte, sacar al Partido Demócrata de su postración.

El mundo está hoy bastante peor que hace un año, lo que demuestra que Naciones Unidas no ha sido eficaz para pararle los pies a los asesinos como Trump -recordemos que mandó bombardear barquichuelas en el Caribe con misiles matando a más de 200 personas y que acaba de prometer de nuevo la aniquilación de Irán- o como Netanyahu, que pudo hablar en Naciones Unidas, aunque todos se salieron de la sala, mientras que a Mahmud Abas, el líder palestino, no le dejaron hacerlo.

Naciones Unidas fue una gran idea. Precisamente contra fascistas como Trump. Es tiempo de recordar para qué nació. Porque en ese olvido, lo que vamos a saber seguro es cómo va a morir.

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