Brasil de Fato /Resumen Latinoamericano, 10 de junio de 2026.
Más de 500 dirigentes participan en la reunión nacional, que también conmemora el 30 aniversario de la CONAQ.
En 2023 se realizó el II Encuentro Nacional de Mujeres Quilombolas | Crédito: Antônio Cruz/Agência Brasil
El cambio climático, la defensa de los territorios y la protección de
los líderes comunitarios serán el eje central de los debates en el 3er Encuentro Nacional de Mujeres Quilombolas , que reúne a más de 500 participantes en Brasilia esta semana.
Entre este miércoles (10) y el domingo (14), más de 500 líderes participan en el encuentro organizado por la Coordinación Nacional de Articulación de Comunidades Negras Quilombolas Rurales (Conaq) .
El evento conmemora el 30.º aniversario de la entidad y reúne a
representantes de los 24 estados brasileños, así como a delegaciones de
otros países, para analizar los desafíos que enfrentan las comunidades
quilombolas ante la crisis climática, la violencia y la disputa
territorial.
La reunión se celebra en un momento en que las mujeres quilombolas
siguen enfrentándose a desafíos que van desde la violencia en sus
territorios hasta los impactos del cambio climático, al tiempo que
mantienen actividades productivas, el cuidado de la comunidad y la
preservación del conocimiento ancestral.
“Es fundamental que llevemos el mensaje a los territorios de que
seguimos marchando, luchando por la defensa de nuestros derechos,
derechos territoriales, derechos ancestrales y, sobre todo, derechos de
las mujeres”, afirma Sandra Braga, coordinadora ejecutiva de Conaq.
Territorio, cuerpo y resistencia
El programa combina el debate político, el intercambio de
experiencias y la celebración de la cultura quilombola. Sin embargo, la
reunión también se produce en un momento de creciente preocupación por
los impactos del cambio climático en las comunidades tradicionales, que
viven con sequías prolongadas, alteraciones en los ciclos de producción y
amenazas a sus formas de vida.
Uno de los momentos clave de la reunión será el lanzamiento del Plan de Emergencia para Mujeres Amenazadas en sus Territorios . Elaborado
a partir de las aportaciones de líderes quilombolas de diversas
regiones del país, la iniciativa busca ofrecer vías para la protección,
el apoyo y el empoderamiento de las mujeres que viven bajo amenaza por
defender sus territorios.
Para Selma Dealdina Mbaye, coordinadora política de CONAQ, la lucha
por el reconocimiento de los territorios quilombolas está directamente
vinculada a la protección de la vida y la memoria de estas comunidades.
«Luchamos por la titulación de nuestros territorios porque necesitamos
proteger nuestros cuerpos y nuestra historia», afirma.
Las mujeres quilombolas y la lucha climática
El debate sobre el cambio climático ocupa un lugar central en la
segunda jornada del encuentro, con la presentación de la publicación » Voces Quilombolas: Mujeres en Defensa del Clima «.
Este material reúne reflexiones y experiencias de mujeres que, en sus
propios territorios, están presenciando los efectos de los cambios
ambientales y los desafíos de preservar los biomas donde viven.
Además de los debates, el evento ofrece un espacio para valorar el
saber tradicional. Mujeres agricultoras, artesanas, herbolarias,
curanderas y parteras participan en la Feria del Saber Tradicional, que
muestra la diversidad de la producción quilombola en diferentes regiones
del país. El programa también incluye exposiciones fotográficas,
proyecciones de películas, presentaciones culturales y un desfile de
moda afro-quilombola.
Para Rosalina dos Santos, coordinadora nacional de CONAQ para Piauí,
el encuentro también representa un momento de celebración de la
trayectoria construida por las mujeres dentro del movimiento quilombola.
“Tenemos mucho que celebrar en estos 30 años como mujeres
quilombolas. Será un gran intercambio entre mujeres de todos los biomas
brasileños y también de otros países, compartiendo experiencias,
desafíos y formas de resistencia”, afirma.
Según las líderes, la reunión refuerza un proceso que se ha ido
consolidando a lo largo de los años. «Quiero creer que la 3ª Reunión de
Mujeres Quilombolas no será un punto de partida, sino la continuación de
esta lucha, que se transmitirá de generación en generación».
Treinta años después de su creación, CONAQ reúne a mujeres de
Brasilia que siguen ocupando espacios de articulación política sin
abandonar las agendas históricas del movimiento. En común, defienden sus
territorios, preservan la memoria de sus ancestros y reivindican el
derecho a seguir existiendo y produciendo vida en sus quilombos.
Servicio
3er Encuentro Nacional de Mujeres de CONAQ – Mujeres Quilombolas en
defensa de la justicia climática, las reparaciones y la democracia:
¡somos el principio, el medio y el principio!
.- Foto de Rabat 24h.- Un
estudio de La Labó revela que nueve de cada diez mujeres en México
participarán en el Mundial 2026, pero solo una de cada cinco se
considera aficionada al futbol
Aun así, ellas decidirán o
influirán en casi 9 de cada 10 gastos relacionados con el torne
revelando una contradicción central: el evento logra monetizarlas sin
integrarlas como afición
Ciudad de México.- El Mundial 2026
será visto por 9 de cada 10 mujeres, pese a que únicamente el 20.6% se
considera seguidora habitual del futbol; serán ellas quienes aporten a
la derrama económica, según un estudio realizado por La Labó.
Recordemos
que México será una de las tres sedes junto con Estados Unidos y Canadá
donde se llevará a cabo el Mundial 2026, frente a este evento el país
espera la llegada de más de cinco millones de turistas, según
estimaciones de la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut).
Este
estudio realizado por La Labó, señaló que el 43.3% es quien tiene la
última palabra para hacerlo, mientras que 44.9% lo decide en conjunto
con otras personas. Además, el 28.4% prevé incrementar sus compras
durante el Mundial, especialmente en alimentos, bebidas, reuniones
sociales, jerseys y plataformas de transmisión.
“El cambio no está
en el fútbol, está en quién tiene hoy el poder de decidir cómo se gasta
el dinero alrededor del Mundial”, indicó Laura Manzo, fundadora de La
Labó.
El interés económico convive con una mirada crítica sobre el
Mundial. El 42.5% considera que el Mundial traerá más costos que
beneficios para México. Entre las principales preocupaciones aparecen el
caos vial (62%), aumento de precios (50.1%), uso de dinero público
(44.4%), inseguridad (39.8%) y gentrificación (25.2%).
La
investigación “El Mundial en las Mujeres: decisiones, consumo y vida
cotidiana” , realizada con 1 mil 500 mujeres mexicanas entre enero y
marzo de 2026, documenta cómo el evento impacta decisiones de consumo,
uso del tiempo, percepción de seguridad y participación cotidiana.
En
sus resultados arroja que tal como sucede en toda su vida, las mujeres
se enfrentan a barreras estructurales, que les dificultan formar parte
del torneo como audiencia. Tal es el caso de la pobreza de tiempo,
debido a las múltiples labores que realizan solo el 36.1% podrán ver los
partidos únicamente si no interfiere con sus obligaciones laborales y
de cuidados.
Otro de las barreras que enfrentan es la violencia,
pues 6 de cada 10 ha vivido cuestionamientos, comentarios
condescendientes o situaciones de incomodidad en espacios futboleros.
Sin embargo, 62.5% considera que los espacios futboleros son hoy más
incluyentes, lo que da muestra de que muchas mujeres normalizan la
exclusión pues han tenido que adaptarse y permanecer en espacios que no
están hechos para ellas.
“La industria lleva décadas operando bajo
un modelo que normalizó la exclusión de las mujeres como si fuera parte
natural del deporte”, señaló Manzo.
Conmemoran también el natalicio de Vilma Espín, heroína de la revolución
▲ Las inconformes celebraron en La Habana la resistencia frente a las agresiones imperialistas.
La Habana. Cientos de mujeres se reunieron ayer en
un parque de La Habana para protestar contra la política de Estados
Unidos hacia Cuba y contra el cerco energético impuesto por el
presidente, Donald Trump, en el marco del natalicio de Vilma Espín,
fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que convocó a la
concentración.
En el encuentro también se conmemoraron los 96 años del nacimiento de
Vilma Espín, patriota independentista del siglo XIX, reconocida como
heroína de la república de Cuba por su papel en el movimiento
revolucionario cubano.
El movimiento global feminista Marcha Mundial de las Mujeres, convocó
a una jornada de 24 horas de solidaridad con Cuba realizada ayer, en
honor a Espín, para respaldar a la resistencia de las cubanas frente al
recrudecimiento de las agresiones imperiales.
El mitin fue encabezado por la viceprimera ministra Inés María
Chapman y la vicecanciller Josefina Vidal, quienes respondieron a la
convocatoria de la FMC, organización vinculada estrechamente con el
gobierno y el Partido Comunista.
En la manifestación destacaban carteles en los que se leía “Abajo el
bloqueo” estadunidense contra la isla, banderas cubanas, fotografías del
fallecido comandante, Fidel Castro, así como de Vilma Espín, quien
también fue esposa del ex mandatario Raúl Castro.
“La política de abuso tiene que parar”
La viceprimera ministra Inés María Chapman, y la
vicecanciller Josefina Vidal encabezaron la manifestación. También
estuvo presente Mariela Castro, hija de Espín y de Raúl Castro. “Esta
política de abuso tiene que parar. El pueblo de Cuba no merece esto. Es
el sistema más completo, abarcador, más largo de medidas coercitivas que
se ha impuesto contra todo un país”, aseveró la vicecanciller Vidal a
Ap.
Vidal fue una de las negociadoras del histórico acercamiento
entre Cuba y Estados Unidos en 2014, con la administración de Barack
Obama. En enero, Trump impuso un cerco petrolero a Cuba tras atacar a
Venezuela y secuestrar al entonces presidente Nicolás Maduro, privando a
la isla de un aliado clave para su sostenimiento energético.
La falta de combustible paralizó a la nación caribeña y provocó
desabastecimiento de alimentos al tiempo que afectó el sistema de salud y
el transporte público. Las jornadas laborales fueron recortadas y
muchos vuelos cancelados. El cerco energético agudizó la crisis que
durante los últimos cinco años ha golpeado a la isla y llevó a una
oleada migratoria récord.
Trump dijo que está dispuesto a “tomar” la isla mientras su
secretario de Estado, Marco Rubio –un ex senador hijo de cubanos
exiliados– exigió la liberación de presos y reformas económicas
liberales. Cuba produce apenas 40 por ciento del combustible que
consume. La semana pasada, el buque ruso Anatoly Kolodkin
arribó a la isla con 730 mil barriles de crudo, el primero en tres
meses. Trump aseveró que no le importaba su llegada y Moscú indicó que
seguirá apoyando a la isla.
Foto: Cirenia Celestino Ortega.- Quito,
Ecuador.- Concluyeron las actividades de La Juntanza, el festival de la
comunicación desde Nuestra América que reunió a comunicadoras y
comunicadores de América Latina y el Caribe para dialogar sobre la
comunicación comunitaria, popular, alternativa y feminista.
Uno de los medios de comunicación invitados fue el Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe
(SEMLAC) fundada en 1978, radicada en La Habana, Cuba, dirigido por la
periodista Sara Más Farías y compartió cómo frente al bloqueo permanente
que vive el país caribeño por parte de Estados Unidos el cual se ha
agravado en los últimos meses, la isla se pauperiza con afectaciones
particulares para las mujeres.
Cimacnotcias entrevistó a
Lisandra Fariñas Acosta, periodista colaboradora del SEMLAC y
coordinadora del Proyecto de Monitoreo Global de Medios para Cuba,
durante su participación en La Juntanza.
“Ahora
mismo Cuba atraviesa una de sus peores crisis o, como las y los
investigadores lo han calificado, una policrisis o un conjunto de crisis
que se concatenan, se alimentan unas de otras y que ha dado lugar a un
escenario sumamente complejo desde punto de vista socioeconómico para
toda la población”.
Las afectaciones del bloqueo no son solo
económicas, las implicaciones alcanzan y rebasan derechos como la salud,
la educación, la movilidad y el derecho a una vida libre de violencia.
“En
un escenario de crisis son aquellas personas, los grupos en mayor
situación de vulnerabilidad entre ellos, por supuesto, las mujeres,
particularmente las mujeres racializadas, las mujeres lesbianas, las
mujeres rurales, las mujeres en situación de discapacidad y las personas
adultas mayores”.
De acuerdo con la Oficina Nacional de
Estadística e Información, en 2024, 25.7 por ciento de la población es
mayor a los 60 años, las mujeres representan el 54 por ciento de las
personas adultas mayores. En este escenario de envejecimiento
poblacional, la crisis también es de las tareas de cuidados.
“¿Quién
va a cuidar a esas personas mayores? Es común encontrar mujeres de 70
años, de 75 y de 80 cuidando a sus parejas o cuidando a otras personas
más mayores que ellas. En el cuidado las mujeres son las más afectadas
debido a los mandatos estructurales. Las mujeres dirigimos la
supervivencia cotidiana, la reproducción cotidiana de la vida diaria que
ya no es solo con carga económica sino con escasez”, cuestionó la
periodista.
“Las mujeres son las que han tenido que inventarse
todos los días estrategias de supervivencia. Son las mujeres cubanas las
que hoy tienen que levantarse de madrugada a preparar los alimentos,
que tienen que preparar los alimentos en carbón o en otras iniciativas
que son superdiversas porque depende del horario en que llegue la
electricidad o en que dispongas de electricidad, tú puedes entonces
hacer las tareas del hogar.
Servicios básicos
Lisandra
Fariñas Acosta, periodista colaboradora del SEMLAC señaló que Cuba
mantiene los servicios básicos e intenta mantener la vitalidad y la
organización de la vida cotidiana, dijo que en el sistema de salud las
urgencias se mantienen, los hospitales están abiertos, los policlínicos
están abiertos, pero hay escasez de insumos porque no hay medicinas.
“El
país tuvo que reorganizar muchas cosas. Se reorganizaron ciclos
escolares, no todos los días hay escuela, algunas escuelas cerraron
provisionalmente, otras se ajustaron, por ejemplo, las escuelas de
deportes tuvieron que parar. Personas con becas escolares que vienen de
diferentes partes del país tuvieron que regresar a sus casas, están
recibiendo las clases online o vía WhatsApp. Vía WhatsApp en un país
donde no hay electricidad y donde las tarifas de conectividad no son
baratas”.
El acceso a la luz no es mejor. “Hay luz cuando te toque
la luz, porque hay apagones que pueden durar desde 2 horas hasta 20
horas o más. Hay lugares donde incluso 36 horas pueden estar sin
electricidad porque a eso se suman las averías, la infraestructura
obsoleta o dañada completamente.
Violencia
En
este sentido la periodista determinó que este escenario es propicio
para la violencia contra las mujeres. “Muchas mujeres conviven con sus
agresores. En hogares donde hay hacinamiento la violencia puede
escalar”.
Por ejemplo, en 2024, datos del Observatorio de Cuba
sobre Igualdad de Género refieren que de las niñas entre 10 y 14 años
presentan entre 1.2 y 1.5 nacimientos por cada mil niñas, es decir,
casos de violencia sexual. La misma fuente refiere que en 2024, 76
mujeres fueron asesinadas por razones por razones de género, 72.5 por
ciento de los delitos fueron cometidos por sus parejas o exparejas.
Como ha documentado SEMLAC,
39.6 por ciento de las mujeres reportó haber sufrido violencia en algún
momento de su vida, 6.6 por ciento de las mujeres sufrieron violencia
económica en los últimos 12 meses; 2.4 por ciento, violencia física y
2.2 por ciento, violencia sexual. Solo 3.7 por ciento de las víctimas
aseguró haber acudido a alguna institución buscando ayuda (Enig, 2016).
Salud sexual y reproductiva
Fariñas
ha documentado el desabasto de insumos para la atención de la salud
sexual y reproductiva y la violencia contra mujeres y niñas.
“Hay
una escasez de medicinas y de alimentos. En salud se mantienen los
servicios básicos urgentes, pero hay colas, hay listas de espera para
cirugías. Es un escenario muy complicado donde se están tomando
estrategias por parte del Estado, pero no están siendo suficientes hay
muchas cosas dependen de la energía y dependen del combustible.
En medio de la crisis, la salud sexual y reproductiva pasa a un segundo plano. Se prioriza, por ejemplo, el parto.
Cuba
fue el primer país en América Latina y el Caribe en garantizar el
derecho al aborto en 1961 con su legalización y en 1965 creó el marco
legal para realizarse en el Sistema Público de Salud. Sin embargo, nos
exige estar alerta.
“América Latina nos está demostrando que lo
que no blindas en ley pues un buen día te despiertas y se fue. Cuba
también es una sociedad que tiene fundamentalismos, sectores
conservadores, entonces, era importante blindarlo y la nueva ley de
salud incluyó el aborto en la legislación, como un derecho”.
“Pero
en esta situación de crisis, una mujer quiere solicitar un aborto, a lo
mejor no puede llegar porque no tiene el transporte, porque están
alejados los servicios de salud de su localidad o porque a lo mejor en
este momento no hay un recurso.”
La esperanza desde la comunicación
Para
Lisandra, los medios comunitarios son una fuente de esperanza. Difundir
información para el ejercicio de derechos y para conocer y socializar
las estrategias para seguir adelante. Sin embargo, la crisis también
llegó a los medios.
“Cuba tiene un sistema de medios públicos. Lo más visible en la crisis, en periódicos como Granma,
el de mayor tirada del país, redujo su tirada, ahora solo publica una
vez a la semana. Era algo que ya se había visto en los años 90 cuando no
había papel. Hoy volvemos a lo mismo, no hay recursos, en medio de
apagones.”
La crisis también está afectando a la comunicación y el
consumo de la información porque las personas tienen que decidir a qué
van a dedicar sus pocos megas para para poder informarse. No siempre hay
internet y las tarifas son altas”.
Para SEMLAC es un momento de
retos y de sorpresas. “En medio de año de crisis, crecimos muchísimo en
Instagram. Las personas en un contexto donde tienen que elegir, eligen
qué escuchar: mujeres cubanas hablando de la realidad cubana, hablando
de ellas, de su profesión, de lo que han hecho, pero también pensando el
país”.
SEMLAC ha apostado por mantenerse abierta para ampliar el
flujo de la información, a mantener la mirada puesta en las mujeres y
reportar cómo viven este proceso con una mirada feminista.
Lisandra apuesta a la comunicación comunitaria, alternativa y feminista.
“En
medio de la crisis también hay oportunidades y también las mujeres que
desatan un potencial que nos recuerda y nos viene a demostrar que
estamos hechas de mucho y que hay que contar con nosotras para organizar
el mundo ante tantas adversidades. Las mujeres cubanas hemos
conquistado muchos derechos pero nos quedan muchos más derechos por
conquistar”.
Fuentes: Mundo Obrero [Imagen: Manifestación de mujeres durante la II República española. Créditos: Mundo Obrero]
Son los años 20 y Clara es la encarnación de un modelo de
mujer, el de Federica Montseny, mujer del mañana pensada desde el hoy.
Es objeto de admiración, pero también de odio y de miedo.
Se acaban de cumplir cien años de la publicación de la primera
novela larga de Federica Montseny (1905-1994), escritora, política y
sindicalista anarquista (ministra de Sanidad y Asistencia Social en la
Segunda República, primera mujer en sentarse al cargo de un ministerio
en España). Cien años de La victoria, un artefacto literario de
tesis libertaria que lleva por subtítulo nada más y nada menos que
“Novela en la que se narran los problemas de orden moral que se le
presentan a una mujer de ideas modernas”. Porque de esto va La victoria:
de los problemas morales y sociales que se le plantean a Clara Delval,
su personaje principal, cada vez que trata de poner en práctica (bajar a
la tierra) sus ideas. ¿Qué ideas? Pues unas muy concretas relacionadas
con la emancipación de la mujer y con el amor libre. ¿Y por qué el
choque? Porque son los años veinte y Clara, como pronto descubrimos, una
mujer del mañana pensada desde el hoy, así que no hay manera de
entenderse. O mejor: no hay forma ideológica hecha cuerpo que luche
contra las estructuras opresoras sobre las que se yergue la desigualdad
entre hombres y mujeres, así que Clara está sola. Es demasiado
inteligente y apenas sentimental, luego poco femenina: enferma.
Mujer del mañana pensada desde el hoy, la protagonista es objeto de
admiración, pero también de odio y de miedo. Es una mujer de
inteligencia extrema y rápida, emancipada, fuerte y segura de sí misma.
Y, además —¡atención!—, bella y elegante, porque una cosa no quita la
otra y, en todo caso, la inteligencia es cualidad femenina que está por
encima de la belleza, tal como reivindica el texto. Clara es la
encarnación de un modelo de mujer, el de Montseny, enfrentado tanto al
del ángel del hogar como al de la garçonne, ambos inventos de
la ideología burguesa con el objeto de mantener su hegemonía. Si hay
algo, en este sentido, sobre lo que arroja luz el estudio introductorio
de Carolina Fernández Cordero, encargada de la edición, es justamente
sobre el lugar que ocupan la novela y el pensamiento de Montseny en el
debate social, tanto dentro como fuera del anarquismo, sobre la
emancipación de las mujeres. Gracias a ello, quedan esclarecidas las
formas de oposición de La victoria contra la concepción
burguesa y por ende dominante de la mujer y del amor, pero también
contra los postulados de raigambre más feminista.
La novela narra un periodo corto en la vida de Clara, una joven que
vive con su madre en una casita alejada del centro de la ciudad y se
gana la vida como profesora en una academia de idiomas y de dibujo.
Pronto dará el salto al Ateneo de Divulgación Ideológica, donde
impartirá conferencias semanales a la clase obrera sobre justicia e
igualdad social, dándose a conocer como figura intelectual destacada y
mujer, por lo anterior, excepcional. Ciertos hombres no tardarán en
pulular a su alrededor, y digo ciertos con conocimiento de
causa: son hombres-prototipo, tres en concreto, enamorados de Clara,
pero incapaces de entender y aceptar su independencia (el respeto mutuo
por la libertad individual). Y es ese el gran drama, la imposibilidad
del amor entre iguales, lo que evidencia en último término la
contradicción que atraviesa al pensamiento obrerista en cuestión de
género: ideas avanzadas para todo menos para la mujer, a la que se
quiere —incluso ellos, los obreros, los progresistas, los anarquistas,
los revolucionarios— sumisa y cariñosa, joya que acompaña como bello
complemento.
Y aquí viene algo sumamente interesante, y con ello acabo: la forma
de la novela, que es dialógica. Toda ella, o casi toda, construida a
base de diálogo, de intercambio, de discusión entre la protagonista y
los otros (porque son sobre todo ellos). Diálogos que
conforman, las más de las veces, pequeños ensayos de corte filosófico y
político a través de los que despliegan los personajes sus respectivas
posturas ante las tres cuestiones más candentes: la feminidad, el rol de
la mujer y la posibilidad del amor libre. Diálogos planteados como
verdaderas disputas, como combates ideológicos que se vencen o se
pierden. Y Clara gana en todos ellos, sobre todo en el último, pero no
tanto por convencer como por mantenerse incólume: libre, jamás sumisa.
Clara vence porque renuncia a una compañía que la coloca por debajo.
Antes sola, sin duda, y esa es su victoria. La victoria.
Por Soledad Domínguez. Pikara Magazine. Resumen Latinoamericano, 19 de febrero de 2026
Una multitudinaria marcha antirracista ha recorrido la ciudad de
Brasilia para exigir buen vivir, justicia climática y afrofuturos.
Brasilia es una ciudad que impone distancia y que no se siente a
escala humana. Las manifestaciones públicas parecen pequeñas en sus
inmensas dimensiones. Los edificios gubernamentales están todos
alineados como piezas de un futuro imaginado: cóncavos, axiales y
distanciados.
Ese corazón geométrico del poder central brasileño se vio envuelto en
una presencia viva que lo volvió cuerpo, memoria y afecto por la Marcha de las Mujeres Negras que
reunió a más de 350.000 participantes brasileñas, latinoamericanas,
norteamericanas y del mundo que, el pasado mes de noviembre, recorrieron
las arterias de estas grandes avenidas y ocuparon espacios de poder
público. Con el lema de “Reparación y buen vivir”, mujeres negras y
afrodescendientes se hicieron presentes en actos junto a autoridades del
Supremo Tribunal Federal, del Parlamento Nacional, además de eventos
culturales del que ellas fueron las protagonistas.
Esta marcha antirracista, cuya primera edición tuvo lugar en 2015, es
una de las expresiones más fuertes, emotivas y activas del mundo
feminista de enfoque interseccional que la hace única. “La
interseccionalidad es la clave de este evento y lo que realmente tiene
futuro por hacer visible la manera en que las personas somos afectadas
por las discriminaciones en toda la amplitud de la diversidad que
sufrimos”, dice Ana Irma Rivera, activista feminista afrodescendiente puertorriqueña y exsenadora en su país.
Flore May, mujer afromaya y activista mexicana de Afropoderosas,
guarda con una sonrisa la vivencia de esos días: “La alegría de las
personas fue notable. Ver a todas, sin importar la barrera del lenguaje
ni las diferencias fenotípicas, unidas y sonriendo”. La marcha no se
agotó en un evento único, tuvo más de 70 actividades y debates
paralelos, fruto de más de un año de trabajo en 16 comités temáticos,
globales, nacionales y globales. En clave “amefricana”, como propuso Lelia González,
feminista, filósofa y militante del movimiento negro quien creó el
término “amefricanidade” para conceptualizar la experiencia
afrodescendiente en el continente, todas las participantes marcharon con
las banderas en alto.
Una de las participantes en la marcha. / Foto: Yane
Las mujeres negras representan cerca del 28 por ciento de la
población en Brasil. En México, la población afro en general supera los
2,5 millones de personas, alrededor del dos por ciento del total,
mientras que en Uruguay los datos de 2023 indican que está alrededor del
10,5 por ciento. La realidad más amplia es que cerca del 25 por ciento
de la población de América Latina y el Caribe -unos 150 millones de
personas- se identifica como afrodescendiente, un componente central en
la construcción histórica, cultural y política de la región, cuyas
trayectorias han sido sistemáticamente invisibilizadas, estigmatizadas o
reducidas a estereotipos, un proceso que ha afectado de manera
particularmente profunda a las mujeres negras. “Nunca estuvimos en los
libros de historia, nunca nos hablaron en el colegio de
afrodescendencia, y aun así siempre estuvimos ahí”, resume Milene Molina, activista afrochilena e integrante de Colectiva de Mujeres Negras Luanda, presente en Brasilia.
Los principios del manifiesto, en el Congreso Nacional de Brasil
El manifiesto de la marcha lo
dice sin rodeos: “Solo alcanzaremos el buen vivir si existen acciones
concretas de reparación que reconozcan la centralidad de la
participación activa de la población negra en la construcción de las
naciones”. No es una consigna aislada, sino el resultado de un proceso
político de aprendizaje y organización colectiva con fuerte marca de la
experiencia histórica de lucha de las mujeres negras en Brasil. “En 2015
marchamos por el buen vivir; en 2025 entendimos que era necesario
nombrar con claridad la reparación, decir qué justicia exigimos y cómo
se construye”, explica Fabiana Pinto, integrante del
Comité Nacional de la Marcha. Lejos de quedar anclado en la herida, el
texto también mira hacia adelante. “Después de la Marcha de 2015 hubo un
crecimiento del movimiento de mujeres negras: surgieron nuevas
organizaciones y otras se fortalecieron”, remarca la comunicadora y
activista Alane Reis, del Movimento de Mulheres Negras.
La reparación es una práctica política que busca revertir las desigualdades heredadas de la esclavitud y el colonialismo
Esta edición retomó y actualizó las demandas de la Carta de las
Mujeres Negras de 2015 e insistió en el reconocimiento público de la
deuda histórica del Estado brasileño con ellas. Para las mujeres negras,
la reparación es una práctica política concreta que busca revertir en
el presente las desigualdades heredadas de la esclavitud y el
colonialismo. Reparación y buen vivir son dos ideas inseparables para
disputar un modelo de desarrollo que sigue produciendo exclusión,
violencia y racismo. “Cuando hablamos de reparación estamos hablando de
políticas públicas, de presupuesto nacional, de fondos y de condiciones
reales para que la población negra pueda vivir con dignidad”, agrega la
lideresa Pinto.
Varias participantes de la marcha en el Parlamento de Brasil. /Foto: Lissandra
Estas demandas no quedaron solo enunciadas en documentos, tomaron
voz, cuerpo y escena en uno de los espacios que aún expresan con mayor
claridad la postergación histórica de las mujeres negras en la vida
política y pública: el Parlamento de Brasil donde la representación de
mujeres negras suma 9 parlamentarias federales de un total de 513
escaños. El Palacio Legislativo se volvió por unas horas un espacio de
visibilidad de esa ausencia y de las desigualdades que atraviesan a las
mujeres negras en Brasil. En la sesión solemne en homenaje a la Marcha
Nacional de las Mujeres Negras, la ministra de Derechos Humanos y
Ciudadanía, Macaé Evaristo, rodeada de diputadas y
otras autoridades -todas mujeres negras-, puso en palabras un reclamo
urgente hacia el interior de la democracia brasileña: que a las mujeres
negras se les permita vivir. Fue una escena de visibilidad política en
un espacio históricamente vedado a esas voces. Allí se leyó un documento
que enumeró proyectos y compromisos posibles del Estado para la defensa
de la vida de las mujeres negras y de la población negra en general. La
diputada Talíria Petrone, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) por
el estado de Río de Janeiro, lo expresó con claridad. “No hay
reconstrucción posible que no pase por las manos de las mujeres negras.
No hay bien vivir posible que no pase por nuestras manos. Porque nuestra
existencia en este país está marcada por la tragedia y el dolor,
también es cierto que no hay piedra sobre piedra sin nuestro trabajo,
nuestra fuerza, nuestra ancestralidad, nuestra resistencia, nuestra
ciencia, nuestros saberes y nuestras culturas”, afirmó.
«La justicia climática impacta directamente la vida de las mujeres negras, de sus territorios y sus formas de organización»
Justicia climática
Pocas semanas antes de la marcha, la ciudad de Belém do Pará, en la
Amazonia brasileña, fue sede de la COP30, el mayor evento mundial sobre
cambio climático. Las mujeres del Comité por la Justicia Climática de la
Marcha de las Mujeres Negras estuvieron presentes. “Nuestro trabajo fue
movilizar y construir una agenda común para mostrar que la justicia
climática impacta directamente la vida de las mujeres negras, de sus
territorios y sus formas de organización”, cuenta Maria Malcher, mujer negra brasileña es integrante de ese comité.
En el marco de esa conferencia internacional, fue un logro que el
término “afrodescendientes” quedara incorporado a los documentos
oficiales. Cuando esto sucede, algo se está moviendo y cambiando. “Al
entrar un término en el documento final, se empieza a existir como
categoría política”, subraya Malcher. En Brasil, las poblaciones negras
están atravesadas por la pérdida de territorios, la gentrificación y el
racismo ambiental: el Plan de Acción de Género de Belém (GAP
2026–2034) reconoce que la crisis climática impacta de manera
desproporcionada en mujeres negras, indígenas, afrodescendientes,
quilombolas y defensoras ambientales, e incorpora una mirada
interseccional.
Un momento de la masiva manifestación. /Foto: Fran Silva
Pero el núcleo del planteo fue más allá y buscó incomodar: la Marcha
de las Mujeres Negras insistió en que reparación no es compensación
ambiental. “No alcanza con ofrecer créditos de carbono o soluciones
verdes aisladas de otros aspectos sociales, culturales”, advierte
Malcher. “Parafraseando a la filósofa y lideresa Sueli Carneiro, la
reparación a la que nos referimos en la convocatoria de esta marcha
significa salir de las políticas de la precariedad y caminar hacia
políticas de prosperidad”.
Futuros ancestrales
“Tenemos mujeres urbanas y mujeres rurales en el corazón de Brasil, en el corazón de toda nuestra América del Sur”, dice Janira Sodré, educadora, fundadora de Coletiva Pretas de Angola.
“Muchas veces quedamos invisibilizadas por otras narrativas, pero somos
muchas, nuestros territorios son múltiples y estamos aquí. Todas
existimos”, agrega.
«Hablamos de afrofuturos, de un futuro ancestral, construido por mujeres negras”
Para Sodré, el futuro del movimiento de mujeres negras es un futuro
posible, pero lejos del modelo que destruye el planeta y profundiza las
desigualdades. Ella evoca “afrofuturos”: entendidos como futuros que,
paradójicamente, también son ancestrales. Futuros sostenidos en saberes
heredados y que están hilvanados en formas de relación con la
naturaleza. Muchos de ellos ya existen en comunidades quilombolas,
formadas por descendientes de africanos esclavizados en Brasil que
mantienen una relación histórica, comunitaria e identitaria con sus
territorios. “En esas comunidades las mujeres viven el bioma y lo
preservan. No es romanticismo, sino prácticas económicas, sociales y
culturales que entienden la vida como interdependencia”, dice la
activista y educadora.
Las lideresas no ven posible prometer finales o futuros cerrados
porque siguen marchando, tejiendo redes entre lo local y lo global,
entre la memoria y el porvenir en ciudades amazónicas y megaurbes de
geografías cóncavas, como Brasilia. “Afrofuturas” son ellas que miran
hacia adelante abrazando su pasado y resignificándolo. “Si el futuro
existe será lejos del modelo actual que destruye la vida; por eso
hablamos de afrofuturos, de un futuro ancestral, construido por mujeres
negras”, afirma Sodré.
UN Women/Ryan Brown.- Ciudad
de México. – La Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO) declaró el 2026 como el Año
Internacional de la Agricultora para visibilizar y valorar el aporte de
las mujeres en los sistemas agroalimentarios; sin embargo, pese a su
papel en la nutrición y conservación de la biodiversidad, continúan
enfrentado diferentes obstáculos en su labor.
De
acuerdo con la FAO, referirse a las mujeres agricultoras abarca a
aquellas que trabajan en los sistemas agroalimentarios: productoras,
campesinas, agricultoras familiares y pequeñas agricultoras,
trabajadoras estacionales, pescadoras, trabajadoras de la industria
pesquera, apicultoras, pastoras, silvicultoras, elaboradoras,
comerciantes, hasta poseedoras de conocimientos tradicionales, mujeres
que se desempeñan en ciencias agrícolas, trabajadoras formales e
informales y empresarias rurales.
La definición incluye a mujeres
diversas, desde jóvenes y mayores, indígenas y de las comunidades
locales, con discapacidad, refugiadas y desplazadas. Mujeres que laboran
en el sector formal e informal, y que realizan otras tareas como el
liderazgo, el trabajo de cuidados y las tareas domésticas al mismo
tiempo que contribuyen a la seguridad alimentaria, la prosperidad
económica y mejoran la nutrición.
La
FAO ha observado, entre los años 2000 y 2019, diferencias
significativas en cifras globales respecto a la proporción de mujeres en
la agricultura, según el informe «Genero y situación laboral en los sistemas agroalimentarios«.
Factores como la falta de acceso a educación, infraestructuras y
mercados, junto con la sobrecarga de trabajo no remunerado y la escasez
de empleos rurales fuera del sector agrícola, restringen
significativamente las posibilidades de las mujeres rurales de
pertenecer a actividades no agrícolas.
Una
primera barrera es la falta de acceso a activos, servicios y recursos.
Las mujeres agrícolas se encuentran una situación de desventaja en
cuanto a la propiedad de la tierra. La cantidad de derechos de propiedad
de los hombres es el doble que el de las mujeres en más del 40% de los
países y lo mismo ocurre con el acceso a la propiedad del ganado e
insumos como semillas mejoradas.
Por otro lado, persisten normas
sociales discriminatorias en los sistemas agropecuarios que ocasionan
desequilibrios entre mujeres y hombres, limitando así las opciones para
las agricultoras. Por ejemplo, limitaciones sobre su movilidad, la
posibilidad de realizar trabajo no doméstico y actividades relacionadas
con el mercado. Pese a este panorama, solo el 19% de las políticas
agrícolas analizadas por la FAO reconocían la igualdad de género en la
agricultura o los derechos de las mujeres y el 13% promovía su
participación.
Las perturbaciones y las crisis tienen
consecuencias importantes en los medios de vida de las mujeres. La
pandemia de la COVID-19 y la crisis económica que generó, intensificó
las desigualdades de género para ellas. A escala mundial, el 22% perdió
sus empleos en el primer año de la emergencia sanitaria, en comparación
al 2% de los hombres. En consecuencia, la brecha de la inseguridad
alimentaria se amplió y la carga del trabajo de cuidados incrementó a la
par de la violencia de género por el confinamiento en los hogares.
Crédito: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
Asimismo,
las consecuencias climáticas y desastres naturales limitan su trabajo.
Cada día las temperaturas extremas reducen el valor total de los
cultivos producidos por las agriculturas en un 3% a comparación con los
hombres. Aun así, la carga de trabajo no disminuye cuando hay
perturbaciones de origen climático como el estrés térmico, el cual es
una respuesta del cuerpo a las condiciones de temperatura extrema que
puede afectar la salud física y mental.
A esto se suma que, los sistemas agrícolas y alimentarios se enfrentan a múltiples retos: «Debemos
alimentar a una población mundial creciente en un contexto de nuevas y
persistentes crisis: económicas, energéticas, ambientales, alimentarias y
sociales» advierte la FAO. Estos retos se insertan en medio de
conflictos, catástrofes naturales, alza de precios, inseguridad de
mercado, migración masiva y crisis sanitarias. Estas se profundizan
dependiendo del cambio climático, el agotamiento de recursos naturales,
la urbanización, los cambios en hábitos alimentarios y en los sistemas
de vida.
Sin embargo, la FAO reconoce que, para lograr revertir
esta situación, primero se deben abordar las desigualdades en el sector
agrícola de muchos países. Por ello, el Año Internacional de la
Agricultora 2026 busca encontrar formas de empoderar a las mujeres en
los sistemas agroalimentarios y promover iniciativas internacionales.
«Aumentar
el empoderamiento de las mujeres es esencial para su bienestar e
influye positivamente en la producción agrícola, la seguridad
alimentaria, la dieta y la nutrición infantil» -Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Crédito: Colectivo Morelos sin Mina.- Ciudad
de México.– El día de hoy, la organización Territorios Diversos para la
Vida (TerraVida) dio a conocer que un grupo de mujeres michoacanas del
municipio de Xochitepec, tras iniciar un proceso de lucha comunitaria y
jurídica, logró que un juzgado federal ordenara suspender la explotación
minera en su territorio mientras se resuelve el juicio de amparo, un
caso que abre un precedente clave en la defensa ambiental frente al
extractivismo en la entidad.
La Unidad Habitacional Morelos, en
donde radican las mujeres de Xochitepec, se fundó en 1985 mediante
trabajo colectivo, creando parques, pozos de agua, escuelas y servicios
básicos. A más de 40 años de ese esfuerzo comunitario, este proyecto de
vida hoy se encuentra en riesgo debido a la existencia de concesiones
mineras derivadas del proyecto denominado “Esperanza Gold”, impulsado
por las empresas Esperanza Silver de México, Alamos Gold y Zacatecas
Silver.
De acuerdo con TerraVida, dicho proyecto está constituido
por seis concesiones mineras cuya extensión aproximada es de más de 2
mil hectáreas. Su objetivo es extraer metales preciosos, principalmente
oro y plata, aunque también incluye otros como cobre, arsénico,
antimonio, molibdeno y zinc de la zona. Para ello, implica la liberación
de metales pesados que contaminan cuerpos de agua y afectan la salud de
la población y los ecosistemas.
Ante este escenario, han sido las
mujeres quienes han encabezado la resistencia contra este proyecto.
Mediante su organización y con el respaldo de su comunidad, decidieron
llevar el caso a los tribunales para lograr proteger el agua y los
servicios básicos, así como el uso y disfrute de sus ríos, cerros y
áreas verdes que aún han logrado mantener conservados.
Crédito: Colectivo Morelos sin Mina
Lo
que está ocurriendo en las comunidades de Morelos no es un caso
aislado. De acuerdo con la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres
Defensoras de Derechos Humanos (IM-Defensoras), en su informe «La tierra, para quienes la trabajan y la defienden»,
se documentó que entre 1990 y 2020 el 80.2% de los conflictos
socioambientales estuvieron relacionados con la extracción de minerales y
materiales de construcción.
Cabe destacar que, según la
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), mediante
un Dictamen Diagnóstico Socioambiental se advirtió que la explotación
minera en Morelos es inviable por los graves impactos ambientales,
visuales, humanos y culturales que generaría, además de alertar que no
existe suficiente agua para sostener el proyecto sin afectar gravemente
la seguridad hídrica local.
Ese mismo año, el Instituto Nacional
de Ecología y Cambio Climático (INECC) y la SEMARNAT señalaron que la
explotación podría incrementar la presencia de arsénico y cobre en el
suelo, representando un riesgo para la salud humana y la biodiversidad.
Frente
a este extractivismo, las mujeres han luchado por proteger sus
territorios; sin embargo, esta labor implica una actividad de alto
riesgo. De acuerdo con IM-Defensoras, entre 2012 y 2024 se registraron
35 asesinatos y 10 mil agresiones contra defensoras de la tierra, el
territorio y el medio ambiente, y se catalogó a México, Honduras,
Nicaragua y El Salvador como los países con el mayor número de
asesinatos contra defensoras ambientales.
La
mayoría de quienes defienden la tierra son mujeres indígenas, garífunas
o afrodescendientes que viven en zonas rurales, por lo que les ha
tocado trabajar la tierra a la par de que históricamente fueron
excluidas de poder ser prioritarias de estas y de tomar decisiones sobre
los territorios ante las políticas coloniales que han terminado por
eliminar las cosmovisiones de varios pueblos originarios, según señala
IM-Defensoras.
Falta de agua afecta más a las mujeres
Pese
al riesgo que implica la defensa del territorio, las mujeres de la
comunidad de Xochitepec iniciaron su activismo en 2025 mediante un
juicio de amparo para solicitar la cancelación de las concesiones
mineras. En su argumentación señalan que, al ser una industria altamente
demandante de agua, la minería profundizará la escasez y afectará la
disponibilidad, accesibilidad y calidad del recurso, vulnerando el
derecho humano al agua y a una vida digna.
Sostuvieron que su
proyecto de vida comunitario se encuentra en peligro frente a la
devastación socioambiental que genera la actividad minera y que las
concesiones vulneran el derecho a la igualdad y no discriminación, al
constituir una forma de racismo ambiental que expone de manera
desproporcionada a la comunidad a impactos ambientales y cargas de
contaminación.
Cabe señalar que este proyecto minero, acusado de
posible desabasto de agua, podría provocar una crisis hídrica que, de
acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la
Desertificación (UNCCD), profundiza las desigualdades de género, pues
en todas las regiones son las mujeres quienes asumen mayor
responsabilidad en las labores de cuidado y provisión de agua.
Paralelamente,
UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que, a nivel
global, las mujeres y niñas mayores de 15 años son las encargadas de
recolectar agua en 7 de cada 10 hogares, frente a 3 de cada 10 en los
que lo hacen hombres. Entre la niñez menor de 15 años, las niñas (7%)
también tienen más probabilidades que los niños (4%) de cumplir con esta
tarea.
En la mayoría de los casos, los trayectos para acarrear
agua son largos y extenuantes, lo que les impide dedicar ese tiempo a la
educación, el empleo o el descanso. Además, estos recorridos las
exponen a riesgos físicos, agresiones y otras formas de violencia.
Ante
estas consecuencias, las mujeres morelenses han buscado oponerse a toda
costa al proyecto minero. Tras lograr la suspensión definitiva que
impide la explotación mientras dura el proceso legal, ahora buscan
ampliar la medida cautelar para frenar también la fase de exploración,
ya que implica estudios geológicos, construcción de socavones y
perforaciones que generan daños e impactos ambientales en el territorio;
sin embargo, la Secretaría de Economía ha intentado que estas
actividades no sean suspendidas.
Con este proceso, las mujeres
organizadas, junto con la comunidad de la Unidad Habitacional Morelos y
colonias adyacentes, buscan que su territorio vuelva a ser libre de
minería, lo que beneficiaría no solo a Xochitepec, sino también a
municipios vecinos como Miacatlán y Temixco, y al estado de Morelos en
su conjunto.
Por Farah Shroff. Rebelión. Resumen Latinoamericano, 21 de diciembre de 2025
En la actual construcción social, ¡las
mujeres alimentan y cuidan del mundo! Somos aguerridas, fuertes y
hacemos la lucha por justicia.
Nosotras exponemos la opresión sistémica que afecta la salud de las
mujeres, considerando mujeres a todas las personas que así se
identifican, incluyendo personas trans, no binarias y de género fluido.
Cuestiones sistémicas
El fin del capitalismo no será el fin del patriarcado, pero el fin
del patriarcado será el fin del capitalismo. Las economías capitalistas
coloniales globales de la actualidad dependen del trabajo reproductivo
de las mujeres, del trabajo de cuidados no remunerado o mal remunerado
dentro de las familias y de las comunidades, incluyendo sus
contribuciones a los sistemas de salud, a la provisión de alimentos y a
la producción agrícola. Las mujeres poseen una porción ínfima de las
tierras fértiles, pero son responsables por la producción y por la
alimentación de las familias, comunidades y
naciones.
La explotación económica de las mujeres y de las personas de género diverso
Las mujeres realizan al menos tres cuartas partes del trabajo de
cuidados no remunerado, esencial para el funcionamiento de las economías
capitalistas. Es una carga que lleva a consecuencias graves para la
salud mental y el bienestar. Sin él, el trabajo asalariado y los
mercados globales colapsarían. Es un trabajo que lleva marcas de género,
raza, clase y casta: son las mujeres migrantes, racializadas y de
castas históricamente oprimidas quienes en general realizan las tareas
peor pagadas y más desvalorizadas en los sectores de cuidados,
doméstico, agrícola e industrial, en condiciones precarias e inseguras.
Nosotras reivindicamos el reconocimiento social y financiero del
trabajo de las mujeres y la garantía de los derechos de las mujeres de
acceder y tener la propiedad de la tierra y de otros recursos, la
propiedad de la producción, la autonomía financiera y educación para
garantizar su independencia económica y política.
Enfrentando la violencia sistémica de género
La violencia contra las mujeres es generalizada e inherente a todas
las sociedades patriarcales. Las mujeres y niñas sufren la violencia
sistémica que lleva al feminicidio, a la mutilación genital femenina, al
matrimonio forzado, a la esterilización forzada y a la histerectomía, a
la violencia obstétrica, a los exámenes clínicos antiéticos, a la falta
de acceso a la planificación familiar y al aborto seguro, a la
violación y a la violencia sexual —y todo eso lleva a traumas que
perduran por toda la vida.
Las mujeres y niñas en las zonas rurales, en las áreas urbanas
pobres, las mujeres racializadas, migrantes, de clases marginalizadas y
castas oprimidas, incluyendo mujeres indígenas, enfrentan impactos
desproporcionados. Nosotras nos colocamos en fuerte solidaridad con las
mujeres de Sudán, del Congo, de Palestina y otras que viven en zonas de
guerra y que siguen resistiendo a la violencia y al genocidio. Esa
violencia afecta el derecho de las mujeres a la salud y también nuestra
capacidad de participar en los movimientos por soberanía alimentaria,
pues la supervivencia y la seguridad se vuelven luchas constantes.
Necesitamos reconocer y acabar con la violencia estructural de
género, humanizar a las mujeres y a las personas de género diverso,
proteger sus derechos humanos, incluyendo el acceso a la salud, al
aborto y a la planificación familiar, y ofrecer la base social para
permitir que todas nosotras nos liberemos de los ciclos de
violencia.
Lucha por la salud
La salud de las mujeres y de las personas de género diverso no está
determinada solo por diferencias biológicas, sino por desigualdades
estructurales arraigadas en nuestras economías y nuestros sistemas de
salud. Hoy, las investigaciones médicas, la prevención y el tratamiento
están definidos por normas androcéntricas que sistemáticamente ignoran y
desvalorizan las necesidades de los cuerpos femeninos.
Los índices de anemia, malnutrición, obesidad y deficiencia de
micronutrientes continúan creciendo o se mantienen estancados,
impactando desproporcionadamente a las mujeres en función de condiciones
tanto biológicas como sociales. Las mujeres son mucho más afectadas por
enfermedades autoinmunes, pero las investigaciones sobre sus causas y
tratamientos continúan recibiendo financiamiento insuficiente. Muchas
enfermedades, como las cardiovasculares, se manifiestan de forma
diferente en los cuerpos de las mujeres, pero esas diferencias no son
bien comprendidas, llevando a fallas de diagnóstico, tratamiento
inadecuado y muertes que podrían ser evitadas. Es común que los
problemas de salud mental se vuelvan un peso cargado durante toda la
vida, resultado de este sistema de desigualdad que nos afecta desde el
útero hasta la muerte.
Estas desigualdades se agravan por el sistema alimentario global que,
dominado por las corporaciones agroindustriales, prioriza el lucro en
detrimento de la nutrición, inundando comunidades con alimentos
procesados de baja calidad que alimentan enfermedades crónicas. Para las
mujeres, el peso es doble: siendo las principales responsables por los
cuidados y por los alimentos, sostenemos familias y comunidades, pero la
nutrición adecuada y el tiempo para cuidar de nuestra propia salud
todavía nos son negados.
Para combatir esto, debemos desarrollar sistemas de salud feministas,
descentralizados y comunitarios que coloquen a las mujeres, niñas y
personas de género diverso en el centro, tanto como proveedoras como
responsables por las decisiones. Que consideren y traten las diferencias
y necesidades del cuerpo femenino, incluyendo en la prevención, en el
diagnóstico, en el tratamiento, en el cuidado y en la investigación. Es
necesario reconstruir sistemas alimentarios y de salud con base en la
soberanía alimentaria y en la autonomía de los cuerpos, apoyando la
producción local y ecológica de alimentos y protegiendo la lactancia
materna, el conocimiento nutricional y el trabajo de cuidados.
Transformando el mundo a través de las mujeres
Transformar el mundo a través de las mujeres y de las personas de
género diverso comienza con el reconocimiento de que nuestro trabajo es
sistemáticamente explotado para sostener el sistema alimentario. Y somos
nosotras, precisamente, quienes lideramos la transformación de ese
sistema: desmantelando los mercados globales y las jerarquías
arraigadas, sustituyéndolas por la producción de alimentos en
cooperativas, con prácticas ecológicas locales y comunidades abastecidas
por energía renovable. Esto también significa acabar con el
desequilibrio estructural de poder sobre la tierra, la economía, la
salud y la educación, y reconstruir todos los sectores a partir de los
principios de justicia. Significa reconocer social y financieramente el
trabajo de cuidados y el trabajo de las mujeres, reorganizando
socialmente los cuidados.
Para la transformación, no se trata solo de desmantelar, sino también
de construir nuevos mundos. Otro mundo no solo es posible, sino que
está en camino.
Las mujeres y las personas de género diverso cargan generaciones de
saberes en la protección de las semillas, en la agroecología y en la
salud comunitaria. Nosotras cargamos las prácticas de cuidado y
solidaridad, resistencia y creatividad que comprueban que ya existen
alternativas vivas. Nuestras visiones de justicia unen soberanía
alimentaria, acción climática y el derecho a la salud.
El fin de la opresión de las mujeres es el fin de los sistemas
alimentarios desiguales. La lucha por la salud y la soberanía
alimentaria es una sola. Y nosotras, mujeres y personas de género
diverso, ya protagonizamos esa lucha.
Mongabay Latam. Resumen Latinoamericano, 26 de diciembre de 2025
En 2025, la conservación en
Latinoamérica volvió a mostrar que muchas de sus batallas más
importantes son lideradas por mujeres. En las costas del Pacífico y el
Caribe, pescadoras artesanales lucharon por ser visibles no solo como
apoyo al oficio, sino como actoras clave en la defensa del mar, la organización comunitaria y la incidencia política.
En varios países, sus luchas lograron frenar prácticas destructivas,
impulsar vedas y abrir el camino para un reconocimiento legal largamente
postergado.
Pero los mares no son los únicos ecosistemas que tienen a lideresas al frente. En la Amazonía, mujeres indígenas protegieron
semillas, ríos y palmeras mientras construían economías alternativas
para evitar que sus comunidades dependan de actividades ilegales o
extractivas. Algunas de estas acciones incluso derivaron en sentencias
históricas que reconocen derechos a la naturaleza, como la del río
Marañón en Perú.
Sin embargo, este liderazgo no está libre de riesgos. En Colombia, las defensoras del territorio siguen viviendo al filo de la muerte:
amenazas, estigmatización, desplazamientos y agresiones se han
intensificado en los últimos años, especialmente en regiones atravesadas
por economías ilegales y conflictos armados. Aun así, las mujeres
continúan organizándose para proteger el agua, los bosques y la vida
comunitaria.
También fue un año de memoria y legado. La muerte de Jane Goodall, científica que revolucionó la forma de entender la relación entre humanos y naturaleza y miembro del consejo asesor de Mongabay,
nos recordó que la esperanza y la ciencia pueden caminar juntas incluso
en tiempos de crisis ambiental. Entre resistencias y soluciones, estas
historias trazan un mapa del rol indispensable que las mujeres han
tenido en la conservación del continente.
10. Las concheras del manglar: la resistencia de las mujeres frente al impacto de la industria camaronera en Ecuador
En el cantón Muisne, en la provincia de Esmeraldas, las mujeres
concheras encabezan desde hace años una lucha clave para proteger los
manglares frente a la expansión de la industria camaronera.
Esta actividad es señalada por la tala intensiva del manglar, la
deforestación y el vertido de químicos tóxicos en ríos y esteros, lo que
afecta gravemente a las especies que dependen de este ecosistema.
Ante la ausencia de apoyo estatal, las concheras se organizaron para resistir. Movilizaron
a sus familias y a las juventudes locales, crearon redes comunitarias
de vigilancia, impulsaron procesos de reforestación y promovieron la
educación ambiental como una herramienta de defensa del territorio. Su
trabajo no solo busca frenar la destrucción del manglar, sino asegurar
que las nuevas generaciones continúen protegiendo un ecosistema del que
dependen su cultura, su alimentación y su forma de vida.
9. Tres guardianas del alto Putumayo desafían monocultivos, ganadería y vías
En el valle de Sibundoy, en el extremo sur de Colombia, mujeres de
los pueblos indígenas inga y kamëntšá lideran la defensa de un
territorio clave para el abastecimiento de agua del departamento del
Putumayo. Este reportaje, realizado en alianza con La Silla Vacía y que forma parte de un especial sobre guardias indígenas en Colombia, narra como en una región atravesada por economías ilegales, grupos armados y la presión sobre la tierra, las
mujeres resisten al avance de los monocultivos, la ganadería extensiva y
los proyectos de infraestructura vial que amenazan ecosistemas
sensibles y fuentes hídricas.
A través del cuidado de las chagras —sistemas de siembra
tradicionales con cientos de especies de plantas alimenticias y
medicinales—, al menos 45 mujeres se han organizado para mantener el control del territorio,
transmitir conocimientos ancestrales y resistir la deforestación. Su
vínculo profundo con la tierra les ha permitido participar en la
creación de resguardos indígenas y oponerse a proyectos que fragmentan
el paisaje, demostrando que la defensa ambiental también se sostiene
desde la cultura, la lengua y las prácticas cotidianas.
8. Mari Luz Canaquiri Murayari, la guardiana del río Marañón, recibe el Premio Medioambiental Goldman 2025
En la Amazonía peruana, la defensa del río Marañón ha sido una lucha
larga y desigual frente a décadas de derrames de petróleo y
contaminación crónica, un problema que hemos documentado de forma
sostenida en Mongabay Latam. En ese escenario, la lideresa indígena kukama kukamiria Mari Luz Canaquiri Murayari se
convirtió en una de las voces más firmes en la exigencia de justicia
ambiental para su pueblo, históricamente afectado por la actividad
petrolera y por la falta de respuestas del Estado.
Su trabajo junto a la Asociación de Mujeres Huaynakana Kamatahuara
Kana logró en 2024 una sentencia histórica que reconoció al río Marañón
como un ser vivo con derechos, incluido el de fluir libre y sin
contaminación, y obligó al Gobierno a implementar medidas de protección
para toda la cuenca. Por esta lucha, Canaquiri recibió el Premio Medioambiental Goldman 2025,
un reconocimiento que visibiliza no solo su liderazgo, sino también el
rol de las mujeres indígenas en la defensa de los ríos, la salud y los
territorios amazónicos.
7. Las guardianas del huicungo en Perú: mujeres yine protegen palmeras alrededor del Parque Nacional Alto Purús
En la comunidad indígena Monte Salvado, en el sur de la Amazonía
peruana, cerca de 40 mujeres del pueblo yine lideran una estrategia de
conservación basada en el uso sostenible del huicungo, una palmera
amazónica central para el bosque. El territorio donde viven colinda con
la Reserva Territorial Madre de Dios y el Parque Nacional Alto Purús,
una zona por donde se desplazan pueblos indígenas en aislamiento voluntario, hoy amenazados por la tala ilegal.
Desde 2014, las mujeres yine recolectan y transforman las semillas de
huicungo para elaborar artesanías, una actividad que les permite
generar ingresos sin ampliar la frontera agrícola ni deforestar. A
través de la zonificación de su territorio, han delimitado las áreas
destinadas a la recolección y aquellas que se mantienen intactas para la
regeneración de la especie. Al mismo tiempo, las lideresas alertan
sobre el avance de los madereros ilegales que presionan
a los pueblos en aislamiento y refuerzan la urgencia de proteger el
bosque encontrando alternativas económicas compatibles con la vida
amazónica.
6. Las hijas de la yuca: mujeres bora procesan tubérculos como alternativa a actividades ilegales
En la cuenca del río Ampiyacu, en Loreto, un grupo de mujeres del
pueblo indígena bora encontró en la yuca una estrategia para proteger su
territorio y mejorar la economía de sus familias en una región marcada
por los cultivos ilícitos y la minería ilegal. En esta crónica de Mongabay Latam reconstruimos cómo, en 2019, conformaron la cooperativa Las hijas de la yuca,
un emprendimiento comunitario que procesa derivados de este tubérculo
amazónico sin expandir la frontera agrícola ni destruir bosque.
Su principal producto es el ají negro, una salsa elaborada de manera
artesanal que ha logrado posicionarse en la gastronomía gourmet. Al
mismo tiempo, las mujeres conservan más de 20 variedades de yuca como
parte de un esfuerzo por preservar la diversidad agrícola y
transmitirla a las nuevas generaciones. El proyecto funciona bajo
acuerdos colectivos: cuando hay pedidos grandes, la yuca se compra a
otras familias de la comunidad, evitando abrir nuevas chacras y
reforzando una economía que apuesta por el bosque en pie. Mientras
producen, las mujeres continúan monitoreando sus territorios, que forman
parte de la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Yaguas.
5. Las Chelemeras: el grupo de amas de casa que salvó los manglares de la costa norte de Yucatán
En el pueblo pesquero de Chelem, en la costa norte de Yucatán, un
grupo de mujeres —amas de casa, jóvenes y adultas mayores— lidera desde
hace más de una década la restauración de manglares gravemente afectados
por la construcción de carreteras, un puerto de abrigo y la deforestación, como documentamos en esta investigación de Mongabay Latam.
La alteración del flujo hidrológico provocó la muerte de amplias zonas
de humedal, secando algunos sectores e inundando otros dentro de la
Reserva Estatal Ciénagas y Manglares de la Costa Norte de Yucatán.
Frente a ese escenario, Las Chelemeras apostaron por la restauración ecológica. A
través de la apertura y mantenimiento de canales y la siembra de
plántulas de manglar rojo y negro, lograron recuperar más del 60 % de la topografía y el 90 % del
flujo hídrico en el área intervenida. Los resultados son visibles:
especies que habían desaparecido han regresado y el ecosistema muestra
señales claras de recuperación. Con la mirada puesta en el futuro, las
mujeres trabajan para involucrar a niñas, niños y jóvenes, convencidas
de que la protección del manglar depende de que nuevas generaciones
continúen cuidando el territorio.
4. Proyecto Tiburón: una alianza entre científicas y pescadores busca salvar a estas especies en el Golfo de California
En el Golfo de California, uno de los mares con mayor biodiversidad
del planeta, varias especies de tiburones han sido gravemente afectadas
por la pesca, como revelamos en este reportaje. Frente a este escenario,
Orgcas —una organización liderada por mujeres de distintas disciplinas—
impulsa en Baja California Sur el Proyecto Tiburón, una iniciativa que
busca proteger a estas especies y restaurar el equilibrio del ecosistema marino trabajando de la mano con comunidades costeras.
La estrategia se basa en alianzas con pescadores artesanales que
operan en las aguas cercanas a la Isla Cerralvo, reconociendo su
conocimiento del mar como una herramienta para la conservación. El
proyecto promueve alternativas a la pesca de tiburones, como el turismo
de conservación y los recorridos científicos, que permiten generar
ingresos sin extraer fauna vulnerable. A partir de este trabajo
conjunto, las científicas han comenzado a observar señales de
recuperación, mostrando que cuando la conservación se construye con las
comunidades, el mar tiene capacidad de regenerarse.
3. Murió Jane Goodall, la primatóloga que revolucionó la ciencia y contagió de esperanza al mundo
En 2025 murió Jane Goodall, una de las científicas más influyentes del siglo XX y una figura indispensable para
entender la relación entre humanos y naturaleza. A los 91 años, su
fallecimiento cerró una trayectoria que transformó la ciencia cuando,
durante sus investigaciones con chimpancés, demostró que estos primates
fabrican y utilizan herramientas, un hallazgo que cambió para siempre la
idea de que la conciencia era exclusiva de los seres humanos.
A lo largo de su vida, Goodall dedicó su trabajo a la conservación y a
la divulgación científica, lo que la convirtió en una voz de referencia
en un contexto de crisis ambiental global. Miembro del consejo asesor de Mongabay desde 2014,
defendió el periodismo independiente y basado en evidencia como una
herramienta fundamental para proteger la naturaleza. Su legado, marcado
por la ciencia, la ética y la esperanza, sigue influyendo en
generaciones de investigadoras, activistas y defensoras del planeta.
2. Mujeres que protegen el territorio: las defensoras en Colombia viven al filo de muerte
En Colombia, defender el territorio sigue siendo una labor de alto
riesgo, especialmente para las mujeres. En esta investigación realizada
por Mongabay Latam en alianza con Rutas del Conflicto y Vorágine, informamos que solo durante 2023 y el primer semestre de 2024 el Programa Somos Defensores registró 238 agresiones contra
lideresas y defensoras ambientales, una cifra que confirma la escalada
de violencia advertida por organizaciones sociales y la Defensoría del
Pueblo desde 2022. A diferencia de sus compañeros, ellas enfrentan una
doble victimización: por ser lideresas comunitarias y por ser mujeres.
El especial reconstruye las historias de defensoras en la Amazonía y
la Orinoquía colombiana en departamentos como Putumayo, Caquetá y Meta,
donde continúan siendo estigmatizadas, amenazadas, desplazadas y
criminalizadas por oponerse a economías ilegales, proyectos extractivos y al control de actores armados.
A través de los casos de mujeres como Jani Silva, Marlen Arévalo y
Waira Jacanamijoy mostramos que, pese a la violencia persistente, las
defensoras siguen organizándose para proteger el agua, los bosques y los
derechos de sus comunidades, aun cuando hacerlo implica poner la vida
en riesgo.
1. Sin mujeres no hay pesca: siete historias de pescadoras que rompen barreras en Latinoamérica
En Latinoamérica, la pesca artesanal ha sido históricamente entendida
como un oficio masculino. Sin embargo, como documentamos en este
especial regional, son las mujeres quienes preparan redes, limpian y
filetean el pescado, comercializan los productos y sostienen la economía
familiar en comunidades costeras. A pesar de cumplir tareas
fundamentales para la actividad pesquera, su trabajo ha sido por décadas
invisibilizado y, en muchos casos, menospreciado.
Este especial fue realizado por Mongabay Latam en colaboración con Vorágine (Colombia), Causa Natura (México), Plaza Pública (Guatemala), Contracorriente (Honduras), Revista Late y Mullu TV (Ecuador).
A través de siete historias en distintos países de la región, mostramos
cómo las pescadoras se han organizado para exigir reconocimiento,
derechos laborales y participación en la toma de decisiones. Desde
recolectoras de algas y cangrejeras hasta lideresas pesqueras y mujeres
trans vinculadas a la pesca artesanal, documentamos cómo las mujeres no
solo trabajan en el mar, sino también cómo defienden territorios,
impulsan vedas, inciden en políticas públicas y enfrentan amenazas como
la pesca furtiva y la degradación de los ecosistemas marinos.
Aunque las brechas de género persisten, su organización está
generando cambios reales en la gobernanza pesquera y deja claro que sin
mujeres no hay pesca ni conservación posible.
Bonus track: Más de 200 mujeres originarias protegen el mar de Chile: así conservan 20 espacios costeros con saberes ancestrales
En Chile, mujeres pertenecientes a once territorios y cinco pueblos
originarios integran la Red de Mujeres Originarias por la Defensa del
Mar, una articulación creada en 2022 que actualmente reúne a más de 200
mujeres comprometidas con el cuidado del borde costero. A través del Monitoreo Biocultural, estas lideresas han documentado oficios tradicionales ligados al mar, conocimientos sobre mareas, clima y medicina, y han identificado las necesidades específicas de cada comunidad para la conservación de sus territorios.
La investigación recoge conversaciones comunitarias que luego se
traducen en mapas que reconocen espacios con valor cultural y
espiritual, algunos incluso georreferenciados con herramientas
digitales. Este trabajo ha permitido la protección de más de 20 Espacios Marinos Costeros de Pueblos Originarios,
una figura de conservación que fue reconocida en el Informe sobre
Océanos y Derechos Humanos 2025 de las Naciones Unidas. Más que una
iniciativa técnica, el proceso muestra cómo los saberes ancestrales
liderados por mujeres pueden convertirse en políticas concretas de
conservación para asegurar el mar a las generaciones presentes y
futuras.