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6/13/2026

Mujeres quilombolas se reúnen en Brasilia para hablar sobre territorios, clima y derechos.

 Brasil: 

Brasil de Fato /Resumen Latinoamericano, 10 de junio de 2026.

Más de 500 dirigentes participan en la reunión nacional, que también conmemora el 30 aniversario de la CONAQ.

En 2023 se realizó el II Encuentro Nacional de Mujeres Quilombolas | Crédito: Antônio Cruz/Agência Brasil

El cambio climático, la defensa de los territorios y la protección de los líderes comunitarios serán el eje central de los debates en el 3er Encuentro Nacional de Mujeres Quilombolas , que reúne a más de 500 participantes en Brasilia esta semana.

Entre este miércoles (10) y el domingo (14), más de 500 líderes participan en el encuentro organizado por la Coordinación Nacional de Articulación de Comunidades Negras Quilombolas Rurales (Conaq) . El evento conmemora el 30.º aniversario de la entidad y reúne a representantes de los 24 estados brasileños, así como a delegaciones de otros países, para analizar los desafíos que enfrentan las comunidades quilombolas ante la crisis climática, la violencia y la disputa territorial.

La reunión se celebra en un momento en que las mujeres quilombolas siguen enfrentándose a desafíos que van desde la violencia en sus territorios hasta los impactos del cambio climático, al tiempo que mantienen actividades productivas, el cuidado de la comunidad y la preservación del conocimiento ancestral.

“Es fundamental que llevemos el mensaje a los territorios de que seguimos marchando, luchando por la defensa de nuestros derechos, derechos territoriales, derechos ancestrales y, sobre todo, derechos de las mujeres”, afirma Sandra Braga, coordinadora ejecutiva de Conaq.

Territorio, cuerpo y resistencia

El programa combina el debate político, el intercambio de experiencias y la celebración de la cultura quilombola. Sin embargo, la reunión también se produce en un momento de creciente preocupación por los impactos del cambio climático en las comunidades tradicionales, que viven con sequías prolongadas, alteraciones en los ciclos de producción y amenazas a sus formas de vida.

Uno de los momentos clave de la reunión será el lanzamiento del Plan de Emergencia para Mujeres Amenazadas en sus Territorios . Elaborado a partir de las aportaciones de líderes quilombolas de diversas regiones del país, la iniciativa busca ofrecer vías para la protección, el apoyo y el empoderamiento de las mujeres que viven bajo amenaza por defender sus territorios.

Para Selma Dealdina Mbaye, coordinadora política de CONAQ, la lucha por el reconocimiento de los territorios quilombolas está directamente vinculada a la protección de la vida y la memoria de estas comunidades. «Luchamos por la titulación de nuestros territorios porque necesitamos proteger nuestros cuerpos y nuestra historia», afirma.

Las mujeres quilombolas y la lucha climática

El debate sobre el cambio climático ocupa un lugar central en la segunda jornada del encuentro, con la presentación de la publicación » Voces Quilombolas: Mujeres en Defensa del Clima «. Este material reúne reflexiones y experiencias de mujeres que, en sus propios territorios, están presenciando los efectos de los cambios ambientales y los desafíos de preservar los biomas donde viven.

Además de los debates, el evento ofrece un espacio para valorar el saber tradicional. Mujeres agricultoras, artesanas, herbolarias, curanderas y parteras participan en la Feria del Saber Tradicional, que muestra la diversidad de la producción quilombola en diferentes regiones del país. El programa también incluye exposiciones fotográficas, proyecciones de películas, presentaciones culturales y un desfile de moda afro-quilombola.

Para Rosalina dos Santos, coordinadora nacional de CONAQ para Piauí, el encuentro también representa un momento de celebración de la trayectoria construida por las mujeres dentro del movimiento quilombola.

“Tenemos mucho que celebrar en estos 30 años como mujeres quilombolas. Será un gran intercambio entre mujeres de todos los biomas brasileños y también de otros países, compartiendo experiencias, desafíos y formas de resistencia”, afirma.

Según las líderes, la reunión refuerza un proceso que se ha ido consolidando a lo largo de los años. «Quiero creer que la 3ª Reunión de Mujeres Quilombolas no será un punto de partida, sino la continuación de esta lucha, que se transmitirá de generación en generación».

Treinta años después de su creación, CONAQ reúne a mujeres de Brasilia que siguen ocupando espacios de articulación política sin abandonar las agendas históricas del movimiento. En común, defienden sus territorios, preservan la memoria de sus ancestros y reivindican el derecho a seguir existiendo y produciendo vida en sus quilombos.

Servicio

3er Encuentro Nacional de Mujeres de CONAQ – Mujeres Quilombolas en defensa de la justicia climática, las reparaciones y la democracia: ¡somos el principio, el medio y el principio!

Clivia Mesquita

5/09/2026

Mujeres no son aficionadas pero sostendrán el mundial

.- Foto de Rabat 24h.- Un estudio de La Labó revela que nueve de cada diez mujeres en México participarán en el Mundial 2026, pero solo una de cada cinco se considera aficionada al futbol
  • Aun así, ellas decidirán o influirán en casi 9 de cada 10 gastos relacionados con el torne revelando una contradicción central: el evento logra monetizarlas sin integrarlas como afición

Ciudad de México.- El Mundial 2026 será visto por 9 de cada 10 mujeres, pese a que únicamente el 20.6% se considera seguidora habitual del futbol; serán ellas quienes aporten a la derrama económica, según un estudio realizado por La Labó.

Recordemos que México será una de las tres sedes junto con Estados Unidos y Canadá donde se llevará a cabo el Mundial 2026, frente a este evento el país espera la llegada de más de cinco millones de turistas, según estimaciones de la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut).

Este estudio realizado por La Labó, señaló que el 43.3% es quien tiene la última palabra para hacerlo, mientras que 44.9% lo decide en conjunto con otras personas. Además, el 28.4% prevé incrementar sus compras durante el Mundial, especialmente en alimentos, bebidas, reuniones sociales, jerseys y plataformas de transmisión.

“El cambio no está en el fútbol, está en quién tiene hoy el poder de decidir cómo se gasta el dinero alrededor del Mundial”, indicó Laura Manzo, fundadora de La Labó.

El interés económico convive con una mirada crítica sobre el Mundial. El 42.5% considera que el Mundial traerá más costos que beneficios para México. Entre las principales preocupaciones aparecen el caos vial (62%), aumento de precios (50.1%), uso de dinero público (44.4%), inseguridad (39.8%) y gentrificación (25.2%).

La investigación “El Mundial en las Mujeres: decisiones, consumo y vida cotidiana” , realizada con 1 mil 500 mujeres mexicanas entre enero y marzo de 2026, documenta cómo el evento impacta decisiones de consumo, uso del tiempo, percepción de seguridad y participación cotidiana.

En sus resultados arroja que tal como sucede en toda su vida, las mujeres se enfrentan a barreras estructurales, que les dificultan formar parte del torneo como audiencia. Tal es el caso de la pobreza de tiempo, debido a las múltiples labores que realizan solo el 36.1% podrán ver los partidos únicamente si no interfiere con sus obligaciones laborales y de cuidados.

Otro de las barreras que enfrentan es la violencia, pues 6 de cada 10 ha vivido cuestionamientos, comentarios condescendientes o situaciones de incomodidad en espacios futboleros. Sin embargo, 62.5% considera que los espacios futboleros son hoy más incluyentes, lo que da muestra de que muchas mujeres normalizan la exclusión pues han tenido que adaptarse y permanecer en espacios que no están hechos para ellas.

“La industria lleva décadas operando bajo un modelo que normalizó la exclusión de las mujeres como si fuera parte natural del deporte”, señaló Manzo.


4/11/2026

Cientos de mujeres protestan en Cuba contra bloqueo de EU


Conmemoran también el natalicio de Vilma Espín, heroína de la revolución

Foto
▲ Las inconformes celebraron en La Habana la resistencia frente a las agresiones imperialistas.

La Habana. Cientos de mujeres se reunieron ayer en un parque de La Habana para protestar contra la política de Estados Unidos hacia Cuba y contra el cerco energético impuesto por el presidente, Donald Trump, en el marco del natalicio de Vilma Espín, fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que convocó a la concentración.

En el encuentro también se conmemoraron los 96 años del nacimiento de Vilma Espín, patriota independentista del siglo XIX, reconocida como heroína de la república de Cuba por su papel en el movimiento revolucionario cubano.

El movimiento global feminista Marcha Mundial de las Mujeres, convocó a una jornada de 24 horas de solidaridad con Cuba realizada ayer, en honor a Espín, para respaldar a la resistencia de las cubanas frente al recrudecimiento de las agresiones imperiales.

El mitin fue encabezado por la viceprimera ministra Inés María Chapman y la vicecanciller Josefina Vidal, quienes respondieron a la convocatoria de la FMC, organización vinculada estrechamente con el gobierno y el Partido Comunista.

En la manifestación destacaban carteles en los que se leía “Abajo el bloqueo” estadunidense contra la isla, banderas cubanas, fotografías del fallecido comandante, Fidel Castro, así como de Vilma Espín, quien también fue esposa del ex mandatario Raúl Castro.

“La política de abuso tiene que parar”

La viceprimera ministra Inés María Chapman, y la vicecanciller Josefina Vidal encabezaron la manifestación. También estuvo presente Mariela Castro, hija de Espín y de Raúl Castro. “Esta política de abuso tiene que parar. El pueblo de Cuba no merece esto. Es el sistema más completo, abarcador, más largo de medidas coercitivas que se ha impuesto contra todo un país”, aseveró la vicecanciller Vidal a Ap.

Vidal fue una de las negociadoras del histórico acercamiento entre Cuba y Estados Unidos en 2014, con la administración de Barack Obama. En enero, Trump impuso un cerco petrolero a Cuba tras atacar a Venezuela y secuestrar al entonces presidente Nicolás Maduro, privando a la isla de un aliado clave para su sostenimiento energético.

La falta de combustible paralizó a la nación caribeña y provocó desabastecimiento de alimentos al tiempo que afectó el sistema de salud y el transporte público. Las jornadas laborales fueron recortadas y muchos vuelos cancelados. El cerco energético agudizó la crisis que durante los últimos cinco años ha golpeado a la isla y llevó a una oleada migratoria récord.

Trump dijo que está dispuesto a “tomar” la isla mientras su secretario de Estado, Marco Rubio –un ex senador hijo de cubanos exiliados– exigió la liberación de presos y reformas económicas liberales. Cuba produce apenas 40 por ciento del combustible que consume. La semana pasada, el buque ruso Anatoly Kolodkin arribó a la isla con 730 mil barriles de crudo, el primero en tres meses. Trump aseveró que no le importaba su llegada y Moscú indicó que seguirá apoyando a la isla.

Foto Xinhua
Periódico La Jornada
Miércoles 8 de abril de 2026, p. 26

3/28/2026

Mujeres cubanas, las más afectadas por el bloqueo

 

Uno de los medios de comunicación invitados fue el Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe (SEMLAC) fundada en 1978, radicada en La Habana, Cuba, dirigido por la periodista Sara Más Farías y compartió cómo frente al bloqueo permanente que vive el país caribeño por parte de Estados Unidos el cual se ha agravado en los últimos meses, la isla se pauperiza con afectaciones particulares para las mujeres.

Cimacnotcias entrevistó a Lisandra Fariñas Acosta, periodista colaboradora del SEMLAC y coordinadora del Proyecto de Monitoreo Global de Medios para Cuba, durante su participación en La Juntanza.

“Ahora mismo Cuba atraviesa una de sus peores crisis o, como las y los investigadores lo han calificado, una policrisis o un conjunto de crisis que se concatenan, se alimentan unas de otras y que ha dado lugar a un escenario sumamente complejo desde punto de vista socioeconómico para toda la población”.

Las afectaciones del bloqueo no son solo económicas, las implicaciones alcanzan y rebasan derechos como la salud, la educación, la movilidad y el derecho a una vida libre de violencia.

“En un escenario de crisis son aquellas personas, los grupos en mayor situación de vulnerabilidad entre ellos, por supuesto, las mujeres, particularmente las mujeres racializadas, las mujeres lesbianas, las mujeres rurales, las mujeres en situación de discapacidad y las personas adultas mayores”.

De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística e Información, en 2024, 25.7 por ciento de la población es mayor a los 60 años, las mujeres representan el 54 por ciento de las personas adultas mayores. En este escenario de envejecimiento poblacional, la crisis también es de las tareas de cuidados.

“¿Quién va a cuidar a esas personas mayores? Es común encontrar mujeres de 70 años, de 75 y de 80 cuidando a sus parejas o cuidando a otras personas más mayores que ellas. En el cuidado las mujeres son las más afectadas debido a los mandatos estructurales. Las mujeres dirigimos la supervivencia cotidiana, la reproducción cotidiana de la vida diaria que ya no es solo con carga económica sino con escasez”, cuestionó la periodista.

“Las mujeres son las que han tenido que inventarse todos los días estrategias de supervivencia. Son las mujeres cubanas las que hoy tienen que levantarse de madrugada a preparar los alimentos, que tienen que preparar los alimentos en carbón o en otras iniciativas que son superdiversas porque depende del horario en que llegue la electricidad o en que dispongas de electricidad, tú puedes entonces hacer las tareas del hogar.

Servicios básicos

Lisandra Fariñas Acosta, periodista colaboradora del SEMLAC señaló que Cuba mantiene los servicios básicos e intenta mantener la vitalidad y la organización de la vida cotidiana, dijo que en el sistema de salud las urgencias se mantienen, los hospitales están abiertos, los policlínicos están abiertos, pero hay escasez de insumos porque no hay medicinas.

“El país tuvo que reorganizar muchas cosas. Se reorganizaron ciclos escolares, no todos los días hay escuela, algunas escuelas cerraron provisionalmente, otras se ajustaron, por ejemplo, las escuelas de deportes tuvieron que parar. Personas con becas escolares que vienen de diferentes partes del país tuvieron que regresar a sus casas, están recibiendo las clases online o vía WhatsApp. Vía WhatsApp en un país donde no hay electricidad y donde las tarifas de conectividad no son baratas”.

El acceso a la luz no es mejor. “Hay luz cuando te toque la luz, porque hay apagones que pueden durar desde 2 horas hasta 20 horas o más. Hay lugares donde incluso 36 horas pueden estar sin electricidad porque a eso se suman las averías, la infraestructura obsoleta o dañada completamente.

Violencia

En este sentido la periodista determinó que este escenario es propicio para la violencia contra las mujeres. “Muchas mujeres conviven con sus agresores. En hogares donde hay hacinamiento la violencia puede escalar”.

Por ejemplo, en 2024, datos del Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género refieren que de las niñas entre 10 y 14 años presentan entre 1.2 y 1.5 nacimientos por cada mil niñas, es decir, casos de violencia sexual. La misma fuente refiere que en 2024, 76 mujeres fueron asesinadas por razones por razones de género, 72.5 por ciento de los delitos fueron cometidos por sus parejas o exparejas.

Como ha documentado SEMLAC, 39.6 por ciento de las mujeres reportó haber sufrido violencia en algún momento de su vida, 6.6 por ciento de las mujeres sufrieron violencia económica en los últimos 12 meses; 2.4 por ciento, violencia física y 2.2 por ciento, violencia sexual. Solo 3.7 por ciento de las víctimas aseguró haber acudido a alguna institución buscando ayuda (Enig, 2016).

Salud sexual y reproductiva

Fariñas ha documentado el desabasto de insumos para la atención de la salud sexual y reproductiva y la violencia contra mujeres y niñas.

“Hay una escasez de medicinas y de alimentos. En salud se mantienen los servicios básicos urgentes, pero hay colas, hay listas de espera para cirugías. Es un escenario muy complicado donde se están tomando estrategias por parte del Estado, pero no están siendo suficientes hay muchas cosas dependen de la energía y dependen del combustible.

En medio de la crisis, la salud sexual y reproductiva pasa a un segundo plano. Se prioriza, por ejemplo, el parto.

Cuba fue el primer país en América Latina y el Caribe en garantizar el derecho al aborto en 1961 con su legalización y en 1965 creó el marco legal para realizarse en el Sistema Público de Salud. Sin embargo, nos exige estar alerta.

“América Latina nos está demostrando que lo que no blindas en ley pues un buen día te despiertas y se fue. Cuba también es una sociedad que tiene fundamentalismos, sectores conservadores, entonces, era importante blindarlo y la nueva ley de salud incluyó el aborto en la legislación, como un derecho”.

“Pero en esta situación de crisis, una mujer quiere solicitar un aborto, a lo mejor no puede llegar porque no tiene el transporte, porque están alejados los servicios de salud de su localidad o porque a lo mejor en este momento no hay un recurso.”

La esperanza desde la comunicación

Para Lisandra, los medios comunitarios son una fuente de esperanza. Difundir información para el ejercicio de derechos y para conocer y socializar las estrategias para seguir adelante. Sin embargo, la crisis también llegó a los medios.

“Cuba tiene un sistema de medios públicos. Lo más visible en la crisis, en periódicos como Granma, el de mayor tirada del país, redujo su tirada, ahora solo publica una vez a la semana. Era algo que ya se había visto en los años 90 cuando no había papel. Hoy volvemos a lo mismo, no hay recursos, en medio de apagones.”

La crisis también está afectando a la comunicación y el consumo de la información porque las personas tienen que decidir a qué van a dedicar sus pocos megas para para poder informarse. No siempre hay internet y las tarifas son altas”.

Para SEMLAC es un momento de retos y de sorpresas. “En medio de año de crisis, crecimos muchísimo en Instagram. Las personas en un contexto donde tienen que elegir, eligen qué escuchar: mujeres cubanas hablando de la realidad cubana, hablando de ellas, de su profesión, de lo que han hecho, pero también pensando el país”.

SEMLAC ha apostado por mantenerse abierta para ampliar el flujo de la información, a mantener la mirada puesta en las mujeres y reportar cómo viven este proceso con una mirada feminista.

Lisandra apuesta a la comunicación comunitaria, alternativa y feminista.

“En medio de la crisis también hay oportunidades y también las mujeres que desatan un potencial que nos recuerda y nos viene a demostrar que estamos hechas de mucho y que hay que contar con nosotras para organizar el mundo ante tantas adversidades. Las mujeres cubanas hemos conquistado muchos derechos pero nos quedan muchos más derechos por conquistar”.

3/21/2026

La mujer nueva

 Reseña de La victoria (La Oveja Roja, 2025), de Federica Montseny; edición de Carolina Fernández Cordero

Fuentes: Mundo Obrero [Imagen: Manifestación de mujeres durante la II República española. Créditos: Mundo Obrero]

Son los años 20 y Clara es la encarnación de un modelo de mujer, el de Federica Montseny, mujer del mañana pensada desde el hoy. Es objeto de admiración, pero también de odio y de miedo.

Se acaban de cumplir cien años de la publicación de la primera novela larga de Federica Montseny (1905-1994), escritora, política y sindicalista anarquista (ministra de Sanidad y Asistencia Social en la Segunda República, primera mujer en sentarse al cargo de un ministerio en España). Cien años de La victoria, un artefacto literario de tesis libertaria que lleva por subtítulo nada más y nada menos que “Novela en la que se narran los problemas de orden moral que se le presentan a una mujer de ideas modernas”. Porque de esto va La victoria: de los problemas morales y sociales que se le plantean a Clara Delval, su personaje principal, cada vez que trata de poner en práctica (bajar a la tierra) sus ideas. ¿Qué ideas? Pues unas muy concretas relacionadas con la emancipación de la mujer y con el amor libre. ¿Y por qué el choque? Porque son los años veinte y Clara, como pronto descubrimos, una mujer del mañana pensada desde el hoy, así que no hay manera de entenderse. O mejor: no hay forma ideológica hecha cuerpo que luche contra las estructuras opresoras sobre las que se yergue la desigualdad entre hombres y mujeres, así que Clara está sola. Es demasiado inteligente y apenas sentimental, luego poco femenina: enferma.

Mujer del mañana pensada desde el hoy, la protagonista es objeto de admiración, pero también de odio y de miedo. Es una mujer de inteligencia extrema y rápida, emancipada, fuerte y segura de sí misma. Y, además —¡atención!—, bella y elegante, porque una cosa no quita la otra y, en todo caso, la inteligencia es cualidad femenina que está por encima de la belleza, tal como reivindica el texto. Clara es la encarnación de un modelo de mujer, el de Montseny, enfrentado tanto al del ángel del hogar como al de la garçonne, ambos inventos de la ideología burguesa con el objeto de mantener su hegemonía. Si hay algo, en este sentido, sobre lo que arroja luz el estudio introductorio de Carolina Fernández Cordero, encargada de la edición, es justamente sobre el lugar que ocupan la novela y el pensamiento de Montseny en el debate social, tanto dentro como fuera del anarquismo, sobre la emancipación de las mujeres. Gracias a ello, quedan esclarecidas las formas de oposición de La victoria contra la concepción burguesa y por ende dominante de la mujer y del amor, pero también contra los postulados de raigambre más feminista.

La novela narra un periodo corto en la vida de Clara, una joven que vive con su madre en una casita alejada del centro de la ciudad y se gana la vida como profesora en una academia de idiomas y de dibujo. Pronto dará el salto al Ateneo de Divulgación Ideológica, donde impartirá conferencias semanales a la clase obrera sobre justicia e igualdad social, dándose a conocer como figura intelectual destacada y mujer, por lo anterior, excepcional. Ciertos hombres no tardarán en pulular a su alrededor, y digo ciertos con conocimiento de causa: son hombres-prototipo, tres en concreto, enamorados de Clara, pero incapaces de entender y aceptar su independencia (el respeto mutuo por la libertad individual). Y es ese el gran drama, la imposibilidad del amor entre iguales, lo que evidencia en último término la contradicción que atraviesa al pensamiento obrerista en cuestión de género: ideas avanzadas para todo menos para la mujer, a la que se quiere —incluso ellos, los obreros, los progresistas, los anarquistas, los revolucionarios— sumisa y cariñosa, joya que acompaña como bello complemento.

Y aquí viene algo sumamente interesante, y con ello acabo: la forma de la novela, que es dialógica. Toda ella, o casi toda, construida a base de diálogo, de intercambio, de discusión entre la protagonista y los otros (porque son sobre todo ellos). Diálogos que conforman, las más de las veces, pequeños ensayos de corte filosófico y político a través de los que despliegan los personajes sus respectivas posturas ante las tres cuestiones más candentes: la feminidad, el rol de la mujer y la posibilidad del amor libre. Diálogos planteados como verdaderas disputas, como combates ideológicos que se vencen o se pierden. Y Clara gana en todos ellos, sobre todo en el último, pero no tanto por convencer como por mantenerse incólume: libre, jamás sumisa. Clara vence porque renuncia a una compañía que la coloca por debajo. Antes sola, sin duda, y esa es su victoria. La victoria.

Fuente: https://mundoobrero.es/2026/03/11/la-mujer-nueva/

2/21/2026

Marcha de las mujeres negras, reparación para salir de las políticas de la precariedad

 resumenlatinoamericano.org

Foto: Fran Silva

Por Soledad Domínguez. Pikara Magazine. Resumen Latinoamericano, 19 de febrero de 2026

Una multitudinaria marcha antirracista ha recorrido la ciudad de Brasilia para exigir buen vivir, justicia climática y afrofuturos.

Brasilia es una ciudad que impone distancia y que no se siente a escala humana. Las manifestaciones públicas parecen pequeñas en sus inmensas dimensiones. Los edificios gubernamentales están todos alineados como piezas de un futuro imaginado: cóncavos, axiales y distanciados.

Ese corazón geométrico del poder central brasileño se vio envuelto en una presencia viva que lo volvió cuerpo, memoria y afecto por la Marcha de las Mujeres Negras que reunió a más de 350.000 participantes brasileñas, latinoamericanas, norteamericanas y del mundo que, el pasado mes de noviembre, recorrieron las arterias de estas grandes avenidas y ocuparon espacios de poder público. Con el lema de “Reparación y buen vivir”, mujeres negras y afrodescendientes se hicieron presentes en actos junto a autoridades del Supremo Tribunal Federal, del Parlamento Nacional, además de eventos culturales del que ellas fueron las protagonistas.

Esta marcha antirracista, cuya primera edición tuvo lugar en 2015, es una de las expresiones más fuertes, emotivas y activas del mundo feminista de enfoque interseccional que la hace única. “La interseccionalidad es la clave de este evento y lo que realmente tiene futuro por hacer visible la manera en que las personas somos afectadas por las discriminaciones en toda la amplitud de la diversidad que sufrimos”, dice Ana Irma Rivera, activista feminista afrodescendiente puertorriqueña y exsenadora en su país.

Flore May, mujer afromaya y activista mexicana de Afropoderosas, guarda con una sonrisa la vivencia de esos días: “La alegría de las personas fue notable. Ver a todas, sin importar la barrera del lenguaje ni las diferencias fenotípicas, unidas y sonriendo”. La marcha no se agotó en un evento único, tuvo más de 70 actividades y debates paralelos, fruto de más de un año de trabajo en 16 comités temáticos, globales, nacionales y globales. En clave “amefricana”, como propuso Lelia González, feminista, filósofa y militante del movimiento negro quien creó el término “amefricanidade” para conceptualizar la experiencia afrodescendiente en el continente, todas las participantes marcharon con las banderas en alto.

Una de las participantes en la marcha. / Foto: Yane

Una de las participantes en la marcha. / Foto: Yane

Las mujeres negras representan cerca del 28 por ciento de la población en Brasil. En México, la población afro en general supera los 2,5 millones de personas, alrededor del dos por ciento del total, mientras que en Uruguay los datos de 2023 indican que está alrededor del 10,5 por ciento. La realidad más amplia es que cerca del 25 por ciento de la población de América Latina y el Caribe -unos 150 millones de personas- se identifica como afrodescendiente, un componente central en la construcción histórica, cultural y política de la región, cuyas trayectorias han sido sistemáticamente invisibilizadas, estigmatizadas o reducidas a estereotipos, un proceso que ha afectado de manera particularmente profunda a las mujeres negras. “Nunca estuvimos en los libros de historia, nunca nos hablaron en el colegio de afrodescendencia, y aun así siempre estuvimos ahí”, resume Milene Molina, activista afrochilena e integrante de Colectiva de Mujeres Negras Luanda, presente en Brasilia.

Los principios del manifiesto, en el Congreso Nacional de Brasil

El manifiesto de la marcha lo dice sin rodeos: “Solo alcanzaremos el buen vivir si existen acciones concretas de reparación que reconozcan la centralidad de la participación activa de la población negra en la construcción de las naciones”. No es una consigna aislada, sino el resultado de un proceso político de aprendizaje y organización colectiva con fuerte marca de la experiencia histórica de lucha de las mujeres negras en Brasil. “En 2015 marchamos por el buen vivir; en 2025 entendimos que era necesario nombrar con claridad la reparación, decir qué justicia exigimos y cómo se construye”, explica Fabiana Pinto, integrante del Comité Nacional de la Marcha. Lejos de quedar anclado en la herida, el texto también mira hacia adelante. “Después de la Marcha de 2015 hubo un crecimiento del movimiento de mujeres negras: surgieron nuevas organizaciones y otras se fortalecieron”, remarca la comunicadora y activista Alane Reis, del Movimento de Mulheres Negras.

La reparación es una práctica política que busca revertir las desigualdades heredadas de la esclavitud y el colonialismo

Esta edición retomó y actualizó las demandas de la Carta de las Mujeres Negras de 2015 e insistió en el reconocimiento público de la deuda histórica del Estado brasileño con ellas. Para las mujeres negras, la reparación es una práctica política concreta que busca revertir en el presente las desigualdades heredadas de la esclavitud y el colonialismo. Reparación y buen vivir son dos ideas inseparables para disputar un modelo de desarrollo que sigue produciendo exclusión, violencia y racismo. “Cuando hablamos de reparación estamos hablando de políticas públicas, de presupuesto nacional, de fondos y de condiciones reales para que la población negra pueda vivir con dignidad”, agrega la lideresa Pinto.

Varias participantes de la marcha en el Parlamento de Brasil. /Foto: Lissandra

Varias participantes de la marcha en el Parlamento de Brasil. /Foto: Lissandra

Estas demandas no quedaron solo enunciadas en documentos, tomaron voz, cuerpo y escena en uno de los espacios que aún expresan con mayor claridad la postergación histórica de las mujeres negras en la vida política y pública: el Parlamento de Brasil donde la representación de mujeres negras suma 9 parlamentarias federales de un total de 513 escaños. El Palacio Legislativo se volvió por unas horas un espacio de visibilidad de esa ausencia y de las desigualdades que atraviesan a las mujeres negras en Brasil. En la sesión solemne en homenaje a la Marcha Nacional de las Mujeres Negras, la ministra de Derechos Humanos y Ciudadanía, Macaé Evaristo, rodeada de diputadas y otras autoridades -todas mujeres negras-, puso en palabras un reclamo urgente hacia el interior de la democracia brasileña: que a las mujeres negras se les permita vivir. Fue una escena de visibilidad política en un espacio históricamente vedado a esas voces. Allí se leyó un documento que enumeró proyectos y compromisos posibles del Estado para la defensa de la vida de las mujeres negras y de la población negra en general. La diputada Talíria Petrone, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) por el estado de Río de Janeiro, lo expresó con claridad. “No hay reconstrucción posible que no pase por las manos de las mujeres negras. No hay bien vivir posible que no pase por nuestras manos. Porque nuestra existencia en este país está marcada por la tragedia y el dolor, también es cierto que no hay piedra sobre piedra sin nuestro trabajo, nuestra fuerza, nuestra ancestralidad, nuestra resistencia, nuestra ciencia, nuestros saberes y nuestras culturas”, afirmó.

«La justicia climática impacta directamente la vida de las mujeres negras, de sus territorios y sus formas de organización»

Justicia climática

Pocas semanas antes de la marcha, la ciudad de Belém do Pará, en la Amazonia brasileña, fue sede de la COP30, el mayor evento mundial sobre cambio climático. Las mujeres del Comité por la Justicia Climática de la Marcha de las Mujeres Negras estuvieron presentes. “Nuestro trabajo fue movilizar y construir una agenda común para mostrar que la justicia climática impacta directamente la vida de las mujeres negras, de sus territorios y sus formas de organización”, cuenta Maria Malcher, mujer negra brasileña es integrante de ese comité.

En el marco de esa conferencia internacional, fue un logro que el término “afrodescendientes” quedara incorporado a los documentos oficiales. Cuando esto sucede, algo se está moviendo y cambiando. “Al entrar un término en el documento final, se empieza a existir como categoría política”, subraya Malcher. En Brasil, las poblaciones negras están atravesadas por la pérdida de territorios, la gentrificación y el racismo ambiental: el Plan de Acción de Género de Belém (GAP 2026–2034) reconoce que la crisis climática impacta de manera desproporcionada en mujeres negras, indígenas, afrodescendientes, quilombolas y defensoras ambientales, e incorpora una mirada interseccional.

Un momento de la masiva manifestación. /Foto: Fran Silva

Un momento de la masiva manifestación. /Foto: Fran Silva

Pero el núcleo del planteo fue más allá y buscó incomodar: la Marcha de las Mujeres Negras insistió en que reparación no es compensación ambiental. “No alcanza con ofrecer créditos de carbono o soluciones verdes aisladas de otros aspectos sociales, culturales”, advierte Malcher. “Parafraseando a la filósofa y lideresa Sueli Carneiro, la reparación a la que nos referimos en la convocatoria de esta marcha significa salir de las políticas de la precariedad y caminar hacia políticas de prosperidad”.

Futuros ancestrales

“Tenemos mujeres urbanas y mujeres rurales en el corazón de Brasil, en el corazón de toda nuestra América del Sur”, dice Janira Sodré, educadora, fundadora de Coletiva Pretas de Angola. “Muchas veces quedamos invisibilizadas por otras narrativas, pero somos muchas, nuestros territorios son múltiples y estamos aquí. Todas existimos”, agrega.

«Hablamos de afrofuturos, de un futuro ancestral, construido por mujeres negras”

Para Sodré, el futuro del movimiento de mujeres negras es un futuro posible, pero lejos del modelo que destruye el planeta y profundiza las desigualdades. Ella evoca “afrofuturos”: entendidos como futuros que, paradójicamente, también son ancestrales. Futuros sostenidos en saberes heredados y que están hilvanados en formas de relación con la naturaleza. Muchos de ellos ya existen en comunidades quilombolas, formadas por descendientes de africanos esclavizados en Brasil que mantienen una relación histórica, comunitaria e identitaria con sus territorios. “En esas comunidades las mujeres viven el bioma y lo preservan. No es romanticismo, sino prácticas económicas, sociales y culturales que entienden la vida como interdependencia”, dice la activista y educadora.

Las lideresas no ven posible prometer finales o futuros cerrados porque siguen marchando, tejiendo redes entre lo local y lo global, entre la memoria y el porvenir en ciudades amazónicas y megaurbes de geografías cóncavas, como Brasilia. “Afrofuturas” son ellas que miran hacia adelante abrazando su pasado y resignificándolo. “Si el futuro existe será lejos del modelo actual que destruye la vida; por eso hablamos de afrofuturos, de un futuro ancestral, construido por mujeres negras”, afirma Sodré.

Fuente: Pikara Magazine

1/17/2026

Mujeres agricultoras, al centro de la agenda global en 2026

 

De acuerdo con la FAO, referirse a las mujeres agricultoras abarca a aquellas que trabajan en los sistemas agroalimentarios: productoras, campesinas, agricultoras familiares y pequeñas agricultoras, trabajadoras estacionales, pescadoras, trabajadoras de la industria pesquera, apicultoras, pastoras, silvicultoras, elaboradoras, comerciantes, hasta poseedoras de conocimientos tradicionales, mujeres que se desempeñan en ciencias agrícolas, trabajadoras formales e informales y empresarias rurales.

La definición incluye a mujeres diversas, desde jóvenes y mayores, indígenas y de las comunidades locales, con discapacidad, refugiadas y desplazadas. Mujeres que laboran en el sector formal e informal, y que realizan otras tareas como el liderazgo, el trabajo de cuidados y las tareas domésticas al mismo tiempo que contribuyen a la seguridad alimentaria, la prosperidad económica y mejoran la nutrición.

El informe “La situación de las mujeres en los sistemas agroalimentarios: un enfoque regional para América Latina y el Caribe” señala que, los sistemas agroalimentarios son una importante fuente de empleo para las mujeres y a nivel mundial ellas conforman el 36% de la plantilla de trabajo. No obstante, la desigualdad de género y riesgos climáticos son factores que ponen en riesgo su labor y participación.

La FAO ha observado, entre los años 2000 y 2019, diferencias significativas en cifras globales respecto a la proporción de mujeres en la agricultura, según el informe «Genero y situación laboral en los sistemas agroalimentarios«. Factores como la falta de acceso a educación, infraestructuras y mercados, junto con la sobrecarga de trabajo no remunerado y la escasez de empleos rurales fuera del sector agrícola, restringen significativamente las posibilidades de las mujeres rurales de pertenecer a actividades no agrícolas.

Una primera barrera es la falta de acceso a activos, servicios y recursos. Las mujeres agrícolas se encuentran una situación de desventaja en cuanto a la propiedad de la tierra. La cantidad de derechos de propiedad de los hombres es el doble que el de las mujeres en más del 40% de los países y lo mismo ocurre con el acceso a la propiedad del ganado e insumos como semillas mejoradas.

Por otro lado, persisten normas sociales discriminatorias en los sistemas agropecuarios que ocasionan desequilibrios entre mujeres y hombres, limitando así las opciones para las agricultoras. Por ejemplo, limitaciones sobre su movilidad, la posibilidad de realizar trabajo no doméstico y actividades relacionadas con el mercado. Pese a este panorama, solo el 19% de las políticas agrícolas analizadas por la FAO reconocían la igualdad de género en la agricultura o los derechos de las mujeres y el 13% promovía su participación.

Las perturbaciones y las crisis tienen consecuencias importantes en los medios de vida de las mujeres. La pandemia de la COVID-19 y la crisis económica que generó, intensificó las desigualdades de género para ellas. A escala mundial, el 22% perdió sus empleos en el primer año de la emergencia sanitaria, en comparación al 2% de los hombres. En consecuencia, la brecha de la inseguridad alimentaria se amplió y la carga del trabajo de cuidados incrementó a la par de la violencia de género por el confinamiento en los hogares.

Crédito: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

Asimismo, las consecuencias climáticas y desastres naturales limitan su trabajo. Cada día las temperaturas extremas reducen el valor total de los cultivos producidos por las agriculturas en un 3% a comparación con los hombres. Aun así, la carga de trabajo no disminuye cuando hay perturbaciones de origen climático como el estrés térmico, el cual es una respuesta del cuerpo a las condiciones de temperatura extrema que puede afectar la salud física y mental.

A esto se suma que, los sistemas agrícolas y alimentarios se enfrentan a múltiples retos: «Debemos alimentar a una población mundial creciente en un contexto de nuevas y persistentes crisis: económicas, energéticas, ambientales, alimentarias y sociales» advierte la FAO. Estos retos se insertan en medio de conflictos, catástrofes naturales, alza de precios, inseguridad de mercado, migración masiva y crisis sanitarias. Estas se profundizan dependiendo del cambio climático, el agotamiento de recursos naturales, la urbanización, los cambios en hábitos alimentarios y en los sistemas de vida.

Sin embargo, la FAO reconoce que, para lograr revertir esta situación, primero se deben abordar las desigualdades en el sector agrícola de muchos países. Por ello, el Año Internacional de la Agricultora 2026 busca encontrar formas de empoderar a las mujeres en los sistemas agroalimentarios y promover iniciativas internacionales.

«Aumentar el empoderamiento de las mujeres es esencial para su bienestar e influye positivamente en la producción agrícola, la seguridad alimentaria, la dieta y la nutrición infantil» -Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Mujeres de Xochitepec logran suspender explotación minera, precedente ambiental contra el extractivismo

 

La Unidad Habitacional Morelos, en donde radican las mujeres de Xochitepec, se fundó en 1985 mediante trabajo colectivo, creando parques, pozos de agua, escuelas y servicios básicos. A más de 40 años de ese esfuerzo comunitario, este proyecto de vida hoy se encuentra en riesgo debido a la existencia de concesiones mineras derivadas del proyecto denominado “Esperanza Gold”, impulsado por las empresas Esperanza Silver de México, Alamos Gold y Zacatecas Silver.

De acuerdo con TerraVida, dicho proyecto está constituido por seis concesiones mineras cuya extensión aproximada es de más de 2 mil hectáreas. Su objetivo es extraer metales preciosos, principalmente oro y plata, aunque también incluye otros como cobre, arsénico, antimonio, molibdeno y zinc de la zona. Para ello, implica la liberación de metales pesados que contaminan cuerpos de agua y afectan la salud de la población y los ecosistemas.

Ante este escenario, han sido las mujeres quienes han encabezado la resistencia contra este proyecto. Mediante su organización y con el respaldo de su comunidad, decidieron llevar el caso a los tribunales para lograr proteger el agua y los servicios básicos, así como el uso y disfrute de sus ríos, cerros y áreas verdes que aún han logrado mantener conservados.

Crédito: Colectivo Morelos sin Mina

Lo que está ocurriendo en las comunidades de Morelos no es un caso aislado. De acuerdo con la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos (IM-Defensoras), en su informe «La tierra, para quienes la trabajan y la defienden», se documentó que entre 1990 y 2020 el 80.2% de los conflictos socioambientales estuvieron relacionados con la extracción de minerales y materiales de construcción.

Cabe destacar que, según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), mediante un Dictamen Diagnóstico Socioambiental se advirtió que la explotación minera en Morelos es inviable por los graves impactos ambientales, visuales, humanos y culturales que generaría, además de alertar que no existe suficiente agua para sostener el proyecto sin afectar gravemente la seguridad hídrica local.

Ese mismo año, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) y la SEMARNAT señalaron que la explotación podría incrementar la presencia de arsénico y cobre en el suelo, representando un riesgo para la salud humana y la biodiversidad.

Frente a este extractivismo, las mujeres han luchado por proteger sus territorios; sin embargo, esta labor implica una actividad de alto riesgo. De acuerdo con IM-Defensoras, entre 2012 y 2024 se registraron 35 asesinatos y 10 mil agresiones contra defensoras de la tierra, el territorio y el medio ambiente, y se catalogó a México, Honduras, Nicaragua y El Salvador como los países con el mayor número de asesinatos contra defensoras ambientales.

Falta de agua afecta más a las mujeres

Pese al riesgo que implica la defensa del territorio, las mujeres de la comunidad de Xochitepec iniciaron su activismo en 2025 mediante un juicio de amparo para solicitar la cancelación de las concesiones mineras. En su argumentación señalan que, al ser una industria altamente demandante de agua, la minería profundizará la escasez y afectará la disponibilidad, accesibilidad y calidad del recurso, vulnerando el derecho humano al agua y a una vida digna.

Sostuvieron que su proyecto de vida comunitario se encuentra en peligro frente a la devastación socioambiental que genera la actividad minera y que las concesiones vulneran el derecho a la igualdad y no discriminación, al constituir una forma de racismo ambiental que expone de manera desproporcionada a la comunidad a impactos ambientales y cargas de contaminación.

Cabe señalar que este proyecto minero, acusado de posible desabasto de agua, podría provocar una crisis hídrica que, de acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD), profundiza las desigualdades de género, pues en todas las regiones son las mujeres quienes asumen mayor responsabilidad en las labores de cuidado y provisión de agua.

Crédito: Colectivo Morelos sin Mina

En la mayoría de los casos, los trayectos para acarrear agua son largos y extenuantes, lo que les impide dedicar ese tiempo a la educación, el empleo o el descanso. Además, estos recorridos las exponen a riesgos físicos, agresiones y otras formas de violencia.

Ante estas consecuencias, las mujeres morelenses han buscado oponerse a toda costa al proyecto minero. Tras lograr la suspensión definitiva que impide la explotación mientras dura el proceso legal, ahora buscan ampliar la medida cautelar para frenar también la fase de exploración, ya que implica estudios geológicos, construcción de socavones y perforaciones que generan daños e impactos ambientales en el territorio; sin embargo, la Secretaría de Economía ha intentado que estas actividades no sean suspendidas.

Con este proceso, las mujeres organizadas, junto con la comunidad de la Unidad Habitacional Morelos y colonias adyacentes, buscan que su territorio vuelva a ser libre de minería, lo que beneficiaría no solo a Xochitepec, sino también a municipios vecinos como Miacatlán y Temixco, y al estado de Morelos en su conjunto.

1/03/2026

Las mujeres en el protagonismo de la soberanía alimentaria y de los sistemas populares de salud

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Por Farah Shroff. Rebelión. Resumen Latinoamericano, 21 de diciembre de 2025

En la actual construcción social, ¡las mujeres alimentan y cuidan del mundo! Somos aguerridas, fuertes y hacemos la lucha por justicia.

Nosotras exponemos la opresión sistémica que afecta la salud de las mujeres, considerando mujeres a todas las personas que así se identifican, incluyendo personas trans, no binarias y de género fluido.

Cuestiones sistémicas

El fin del capitalismo no será el fin del patriarcado, pero el fin del patriarcado será el fin del capitalismo. Las economías capitalistas coloniales globales de la actualidad dependen del trabajo reproductivo de las mujeres, del trabajo de cuidados no remunerado o mal remunerado dentro de las familias y de las comunidades, incluyendo sus contribuciones a los sistemas de salud, a la provisión de alimentos y a la producción agrícola. Las mujeres poseen una porción ínfima de las tierras fértiles, pero son responsables por la producción y por la alimentación de las familias, comunidades y naciones.                                                               

La explotación económica de las mujeres y de las personas de género diverso

Las mujeres realizan al menos tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado, esencial para el funcionamiento de las economías capitalistas. Es una carga que lleva a consecuencias graves para la salud mental y el bienestar. Sin él, el trabajo asalariado y los mercados globales colapsarían. Es un trabajo que lleva marcas de género, raza, clase y casta: son las mujeres migrantes, racializadas y de castas históricamente oprimidas quienes en general realizan las tareas peor pagadas y más desvalorizadas en los sectores de cuidados, doméstico, agrícola e industrial, en condiciones precarias e inseguras.

Nosotras reivindicamos el reconocimiento social y financiero del trabajo de las mujeres y la garantía de los derechos de las mujeres de acceder y tener la propiedad de la tierra y de otros recursos, la propiedad de la producción, la autonomía financiera y educación para garantizar su independencia económica y política.

Enfrentando la violencia sistémica de género

La violencia contra las mujeres es generalizada e inherente a todas las sociedades patriarcales. Las mujeres y niñas sufren la violencia sistémica que lleva al feminicidio, a la mutilación genital femenina, al matrimonio forzado, a la esterilización forzada y a la histerectomía, a la violencia obstétrica, a los exámenes clínicos antiéticos, a la falta de acceso a la planificación familiar y al aborto seguro, a la violación y a la violencia sexual —y todo eso lleva a traumas que perduran por toda la vida.

Las mujeres y niñas en las zonas rurales, en las áreas urbanas pobres, las mujeres racializadas, migrantes, de clases marginalizadas y castas oprimidas, incluyendo mujeres indígenas, enfrentan impactos desproporcionados. Nosotras nos colocamos en fuerte solidaridad con las mujeres de Sudán, del Congo, de Palestina y otras que viven en zonas de guerra y que siguen resistiendo a la violencia y al genocidio. Esa violencia afecta el derecho de las mujeres a la salud y también nuestra capacidad de participar en los movimientos por soberanía alimentaria, pues la supervivencia y la seguridad se vuelven luchas constantes.

Necesitamos reconocer y acabar con la violencia estructural de género, humanizar a las mujeres y a las personas de género diverso, proteger sus derechos humanos, incluyendo el acceso a la salud, al aborto y a la planificación familiar, y ofrecer la base social para permitir que todas nosotras nos liberemos de los ciclos de violencia.                                                                      

Lucha por la salud

La salud de las mujeres y de las personas de género diverso no está determinada solo por diferencias biológicas, sino por desigualdades estructurales arraigadas en nuestras economías y nuestros sistemas de salud. Hoy, las investigaciones médicas, la prevención y el tratamiento están definidos por normas androcéntricas que sistemáticamente ignoran y desvalorizan las necesidades de los cuerpos femeninos.

Los índices de anemia, malnutrición, obesidad y deficiencia de micronutrientes continúan creciendo o se mantienen estancados, impactando desproporcionadamente a las mujeres en función de condiciones tanto biológicas como sociales. Las mujeres son mucho más afectadas por enfermedades autoinmunes, pero las investigaciones sobre sus causas y tratamientos continúan recibiendo financiamiento insuficiente. Muchas enfermedades, como las cardiovasculares, se manifiestan de forma diferente en los cuerpos de las mujeres, pero esas diferencias no son bien comprendidas, llevando a fallas de diagnóstico, tratamiento inadecuado y muertes que podrían ser evitadas. Es común que los problemas de salud mental se vuelvan un peso cargado durante toda la vida, resultado de este sistema de desigualdad que nos afecta desde el útero hasta la muerte.

Estas desigualdades se agravan por el sistema alimentario global que, dominado por las corporaciones agroindustriales, prioriza el lucro en detrimento de la nutrición, inundando comunidades con alimentos procesados de baja calidad que alimentan enfermedades crónicas. Para las mujeres, el peso es doble: siendo las principales responsables por los cuidados y por los alimentos, sostenemos familias y comunidades, pero la nutrición adecuada y el tiempo para cuidar de nuestra propia salud todavía nos son negados.

Para combatir esto, debemos desarrollar sistemas de salud feministas, descentralizados y comunitarios que coloquen a las mujeres, niñas y personas de género diverso en el centro, tanto como proveedoras como responsables por las decisiones. Que consideren y traten las diferencias y necesidades del cuerpo femenino, incluyendo en la prevención, en el diagnóstico, en el tratamiento, en el cuidado y en la investigación. Es necesario reconstruir sistemas alimentarios y de salud con base en la soberanía alimentaria y en la autonomía de los cuerpos, apoyando la producción local y ecológica de alimentos y protegiendo la lactancia materna, el conocimiento nutricional y el trabajo de cuidados.

Transformando el mundo a través de las mujeres

Transformar el mundo a través de las mujeres y de las personas de género diverso comienza con el reconocimiento de que nuestro trabajo es sistemáticamente explotado para sostener el sistema alimentario. Y somos nosotras, precisamente, quienes lideramos la transformación de ese sistema: desmantelando los mercados globales y las jerarquías arraigadas, sustituyéndolas por la producción de alimentos en cooperativas, con prácticas ecológicas locales y comunidades abastecidas por energía renovable. Esto también significa acabar con el desequilibrio estructural de poder sobre la tierra, la economía, la salud y la educación, y reconstruir todos los sectores a partir de los principios de justicia. Significa reconocer social y financieramente el trabajo de cuidados y el trabajo de las mujeres, reorganizando socialmente los cuidados.

Para la transformación, no se trata solo de desmantelar, sino también de construir nuevos mundos. Otro mundo no solo es posible, sino que está en camino.

Las mujeres y las personas de género diverso cargan generaciones de saberes en la protección de las semillas, en la agroecología y en la salud comunitaria. Nosotras cargamos las prácticas de cuidado y solidaridad, resistencia y creatividad que comprueban que ya existen alternativas vivas. Nuestras visiones de justicia unen soberanía alimentaria, acción climática y el derecho a la salud.

El fin de la opresión de las mujeres es el fin de los sistemas alimentarios desiguales. La lucha por la salud y la soberanía alimentaria es una sola. Y nosotras, mujeres y personas de género diverso, ya protagonizamos esa lucha.

Farah Shroff integra el Movimiento por la Salud de los Pueblos en Canadá. Este artículo es una versión editada de su intervención durante la Asamblea de Mujeres del 3.er Foro Global Nyéléni.

Fuente: Capire (vía Rebelión)

Latinoamérica: las 10 historias de mujeres que iluminaron la conservación en 2025

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Mongabay Latam. Resumen Latinoamericano, 26 de diciembre de 2025

En 2025, la conservación en Latinoamérica volvió a mostrar que muchas de sus batallas más importantes son lideradas por mujeres. En las costas del Pacífico y el Caribe, pescadoras artesanales lucharon por ser visibles no solo como apoyo al oficio, sino como actoras clave en la defensa del mar, la organización comunitaria y la incidencia política. En varios países, sus luchas lograron frenar prácticas destructivas, impulsar vedas y abrir el camino para un reconocimiento legal largamente postergado.

Pero los mares no son los únicos ecosistemas que tienen a lideresas al frente. En la Amazonía, mujeres indígenas protegieron semillas, ríos y palmeras mientras construían economías alternativas para evitar que sus comunidades dependan de actividades ilegales o extractivas. Algunas de estas acciones incluso derivaron en sentencias históricas que reconocen derechos a la naturaleza, como la del río Marañón en Perú.

Sin embargo, este liderazgo no está libre de riesgos. En Colombia, las defensoras del territorio siguen viviendo al filo de la muerte: amenazas, estigmatización, desplazamientos y agresiones se han intensificado en los últimos años, especialmente en regiones atravesadas por economías ilegales y conflictos armados. Aun así, las mujeres continúan organizándose para proteger el agua, los bosques y la vida comunitaria.

También fue un año de memoria y legado. La muerte de Jane Goodall, científica que revolucionó la forma de entender la relación entre humanos y naturaleza y miembro del consejo asesor de Mongabay, nos recordó que la esperanza y la ciencia pueden caminar juntas incluso en tiempos de crisis ambiental. Entre resistencias y soluciones, estas historias trazan un mapa del rol indispensable que las mujeres han tenido en la conservación del continente.

10. Las concheras del manglar: la resistencia de las mujeres frente al impacto de la industria camaronera en Ecuador

En el cantón Muisne, en la provincia de Esmeraldas, las mujeres concheras encabezan desde hace años una lucha clave para proteger los manglares frente a la expansión de la industria camaronera. Esta actividad es señalada por la tala intensiva del manglar, la deforestación y el vertido de químicos tóxicos en ríos y esteros, lo que afecta gravemente a las especies que dependen de este ecosistema.

Ante la ausencia de apoyo estatal, las concheras se organizaron para resistir. Movilizaron a sus familias y a las juventudes locales, crearon redes comunitarias de vigilancia, impulsaron procesos de reforestación y promovieron la educación ambiental como una herramienta de defensa del territorio. Su trabajo no solo busca frenar la destrucción del manglar, sino asegurar que las nuevas generaciones continúen protegiendo un ecosistema del que dependen su cultura, su alimentación y su forma de vida.

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9. Tres guardianas del alto Putumayo desafían monocultivos, ganadería y vías 

En el valle de Sibundoy, en el extremo sur de Colombia, mujeres de los pueblos indígenas inga y kamëntšá lideran la defensa de un territorio clave para el abastecimiento de agua del departamento del Putumayo. Este reportaje, realizado en alianza con La Silla Vacía y que forma parte de un especial sobre guardias indígenas en Colombia, narra como en una región atravesada por economías ilegales, grupos armados y la presión sobre la tierra, las mujeres resisten al avance de los monocultivos, la ganadería extensiva y los proyectos de infraestructura vial que amenazan ecosistemas sensibles y fuentes hídricas.

A través del cuidado de las chagras —sistemas de siembra tradicionales con cientos de especies de plantas alimenticias y medicinales—, al menos 45 mujeres se han organizado para mantener el control del territorio, transmitir conocimientos ancestrales y resistir la deforestación. Su vínculo profundo con la tierra les ha permitido participar en la creación de resguardos indígenas y oponerse a proyectos que fragmentan el paisaje, demostrando que la defensa ambiental también se sostiene desde la cultura, la lengua y las prácticas cotidianas.

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8. Mari Luz Canaquiri Murayari, la guardiana del río Marañón, recibe el Premio Medioambiental Goldman 2025

En la Amazonía peruana, la defensa del río Marañón ha sido una lucha larga y desigual frente a décadas de derrames de petróleo y contaminación crónica, un problema que hemos documentado de forma sostenida en Mongabay Latam. En ese escenario, la lideresa indígena kukama kukamiria Mari Luz Canaquiri Murayari se convirtió en una de las voces más firmes en la exigencia de justicia ambiental para su pueblo, históricamente afectado por la actividad petrolera y por la falta de respuestas del Estado.

Su trabajo junto a la Asociación de Mujeres Huaynakana Kamatahuara Kana logró en 2024 una sentencia histórica que reconoció al río Marañón como un ser vivo con derechos, incluido el de fluir libre y sin contaminación, y obligó al Gobierno a implementar medidas de protección para toda la cuenca. Por esta lucha, Canaquiri recibió el Premio Medioambiental Goldman 2025, un reconocimiento que visibiliza no solo su liderazgo, sino también el rol de las mujeres indígenas en la defensa de los ríos, la salud y los territorios amazónicos.

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7. Las guardianas del huicungo en Perú: mujeres yine protegen palmeras alrededor del Parque Nacional Alto Purús

En la comunidad indígena Monte Salvado, en el sur de la Amazonía peruana, cerca de 40 mujeres del pueblo yine lideran una estrategia de conservación basada en el uso sostenible del huicungo, una palmera amazónica central para el bosque. El territorio donde viven colinda con la Reserva Territorial Madre de Dios y el Parque Nacional Alto Purús, una zona por donde se desplazan pueblos indígenas en aislamiento voluntario, hoy amenazados por la tala ilegal.

Desde 2014, las mujeres yine recolectan y transforman las semillas de huicungo para elaborar artesanías, una actividad que les permite generar ingresos sin ampliar la frontera agrícola ni deforestar. A través de la zonificación de su territorio, han delimitado las áreas destinadas a la recolección y aquellas que se mantienen intactas para la regeneración de la especie. Al mismo tiempo, las lideresas alertan sobre el avance de los madereros ilegales que presionan a los pueblos en aislamiento y refuerzan la urgencia de proteger el bosque encontrando alternativas económicas compatibles con la vida amazónica.

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6. Las hijas de la yuca: mujeres bora procesan tubérculos como alternativa a actividades ilegales

En la cuenca del río Ampiyacu, en Loreto, un grupo de mujeres del pueblo indígena bora encontró en la yuca una estrategia para proteger su territorio y mejorar la economía de sus familias en una región marcada por los cultivos ilícitos y la minería ilegal. En esta crónica de Mongabay Latam reconstruimos cómo, en 2019, conformaron la cooperativa Las hijas de la yuca, un emprendimiento comunitario que procesa derivados de este tubérculo amazónico sin expandir la frontera agrícola ni destruir bosque.

Su principal producto es el ají negro, una salsa elaborada de manera artesanal que ha logrado posicionarse en la gastronomía gourmet. Al mismo tiempo, las mujeres conservan más de 20 variedades de yuca como parte de un esfuerzo por preservar la diversidad agrícola y transmitirla a las nuevas generaciones. El proyecto funciona bajo acuerdos colectivos: cuando hay pedidos grandes, la yuca se compra a otras familias de la comunidad, evitando abrir nuevas chacras y reforzando una economía que apuesta por el bosque en pie. Mientras producen, las mujeres continúan monitoreando sus territorios, que forman parte de la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Yaguas.

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5. Las Chelemeras: el grupo de amas de casa que salvó los manglares de la costa norte de Yucatán

En el pueblo pesquero de Chelem, en la costa norte de Yucatán, un grupo de mujeres —amas de casa, jóvenes y adultas mayores— lidera desde hace más de una década la restauración de manglares gravemente afectados por la construcción de carreteras, un puerto de abrigo y la deforestación, como documentamos en esta investigación de Mongabay Latam. La alteración del flujo hidrológico provocó la muerte de amplias zonas de humedal, secando algunos sectores e inundando otros dentro de la Reserva Estatal Ciénagas y Manglares de la Costa Norte de Yucatán.

Frente a ese escenario, Las Chelemeras apostaron por la restauración ecológica. A través de la apertura y mantenimiento de canales y la siembra de plántulas de manglar rojo y negro, lograron recuperar más del 60 % de la topografía y el 90 % del flujo hídrico en el área intervenida. Los resultados son visibles: especies que habían desaparecido han regresado y el ecosistema muestra señales claras de recuperación. Con la mirada puesta en el futuro, las mujeres trabajan para involucrar a niñas, niños y jóvenes, convencidas de que la protección del manglar depende de que nuevas generaciones continúen cuidando el territorio.

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4. Proyecto Tiburón: una alianza entre científicas y pescadores busca salvar a estas especies en el Golfo de California

En el Golfo de California, uno de los mares con mayor biodiversidad del planeta, varias especies de tiburones han sido gravemente afectadas por la pesca, como revelamos en este reportaje. Frente a este escenario, Orgcas —una organización liderada por mujeres de distintas disciplinas— impulsa en Baja California Sur el Proyecto Tiburón, una iniciativa que busca proteger a estas especies y restaurar el equilibrio del ecosistema marino trabajando de la mano con comunidades costeras.

La estrategia se basa en alianzas con pescadores artesanales que operan en las aguas cercanas a la Isla Cerralvo, reconociendo su conocimiento del mar como una herramienta para la conservación. El proyecto promueve alternativas a la pesca de tiburones, como el turismo de conservación y los recorridos científicos, que permiten generar ingresos sin extraer fauna vulnerable. A partir de este trabajo conjunto, las científicas han comenzado a observar señales de recuperación, mostrando que cuando la conservación se construye con las comunidades, el mar tiene capacidad de regenerarse.

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3. Murió Jane Goodall, la primatóloga que revolucionó la ciencia y contagió de esperanza al mundo

En 2025 murió Jane Goodall, una de las científicas más influyentes del siglo XX y una figura indispensable para entender la relación entre humanos y naturaleza. A los 91 años, su fallecimiento cerró una trayectoria que transformó la ciencia cuando, durante sus investigaciones con chimpancés, demostró que estos primates fabrican y utilizan herramientas, un hallazgo que cambió para siempre la idea de que la conciencia era exclusiva de los seres humanos.

A lo largo de su vida, Goodall dedicó su trabajo a la conservación y a la divulgación científica, lo que la convirtió en una voz de referencia en un contexto de crisis ambiental global. Miembro del consejo asesor de Mongabay desde 2014, defendió el periodismo independiente y basado en evidencia como una herramienta fundamental para proteger la naturaleza. Su legado, marcado por la ciencia, la ética y la esperanza, sigue influyendo en generaciones de investigadoras, activistas y defensoras del planeta.

Lea la historia completa aquí.

2. Mujeres que protegen el territorio: las defensoras en Colombia viven al filo de muerte

En Colombia, defender el territorio sigue siendo una labor de alto riesgo, especialmente para las mujeres. En esta investigación realizada por Mongabay Latam en alianza con Rutas del Conflicto y Vorágine, informamos que solo durante 2023 y el primer semestre de 2024 el Programa Somos Defensores registró 238 agresiones contra lideresas y defensoras ambientales, una cifra que confirma la escalada de violencia advertida por organizaciones sociales y la Defensoría del Pueblo desde 2022. A diferencia de sus compañeros, ellas enfrentan una doble victimización: por ser lideresas comunitarias y por ser mujeres.

El especial reconstruye las historias de defensoras en la Amazonía y la Orinoquía colombiana en departamentos como Putumayo, Caquetá y Meta, donde continúan siendo estigmatizadas, amenazadas, desplazadas y criminalizadas por oponerse a economías ilegales, proyectos extractivos y al control de actores armados. A través de los casos de mujeres como Jani Silva, Marlen Arévalo y Waira Jacanamijoy mostramos que, pese a la violencia persistente, las defensoras siguen organizándose para proteger el agua, los bosques y los derechos de sus comunidades, aun cuando hacerlo implica poner la vida en riesgo.

Lea el especial completo aquí.

1. Sin mujeres no hay pesca: siete historias de pescadoras que rompen barreras en Latinoamérica

En Latinoamérica, la pesca artesanal ha sido históricamente entendida como un oficio masculino. Sin embargo, como documentamos en este especial regional, son las mujeres quienes preparan redes, limpian y filetean el pescado, comercializan los productos y sostienen la economía familiar en comunidades costeras. A pesar de cumplir tareas fundamentales para la actividad pesquera, su trabajo ha sido por décadas invisibilizado y, en muchos casos, menospreciado.

Este especial fue realizado por Mongabay Latam en colaboración con Vorágine (Colombia), Causa Natura (México), Plaza Pública (Guatemala), Contracorriente (Honduras), Revista Late y Mullu TV (Ecuador). A través de siete historias en distintos países de la región, mostramos cómo las pescadoras se han organizado para exigir reconocimiento, derechos laborales y participación en la toma de decisiones. Desde recolectoras de algas y cangrejeras hasta lideresas pesqueras y mujeres trans vinculadas a la pesca artesanal, documentamos cómo las mujeres no solo trabajan en el mar, sino también cómo defienden territorios, impulsan vedas, inciden en políticas públicas y enfrentan amenazas como la pesca furtiva y la degradación de los ecosistemas marinos.

Aunque las brechas de género persisten, su organización está generando cambios reales en la gobernanza pesquera y deja claro que sin mujeres no hay pesca ni conservación posible.

La serie de historias puede leerse aquí.

Bonus track: Más de 200 mujeres originarias protegen el mar de Chile: así conservan 20 espacios costeros con saberes ancestrales

En Chile, mujeres pertenecientes a once territorios y cinco pueblos originarios integran la Red de Mujeres Originarias por la Defensa del Mar, una articulación creada en 2022 que actualmente reúne a más de 200 mujeres comprometidas con el cuidado del borde costero. A través del Monitoreo Biocultural, estas lideresas han documentado oficios tradicionales ligados al mar, conocimientos sobre mareas, clima y medicina, y han identificado las necesidades específicas de cada comunidad para la conservación de sus territorios.

La investigación recoge conversaciones comunitarias que luego se traducen en mapas que reconocen espacios con valor cultural y espiritual, algunos incluso georreferenciados con herramientas digitales. Este trabajo ha permitido la protección de más de 20 Espacios Marinos Costeros de Pueblos Originarios, una figura de conservación que fue reconocida en el Informe sobre Océanos y Derechos Humanos 2025 de las Naciones Unidas. Más que una iniciativa técnica, el proceso muestra cómo los saberes ancestrales liderados por mujeres pueden convertirse en políticas concretas de conservación para asegurar el mar a las generaciones presentes y futuras.

Fuente: Mongabay Latam (vía Desinformémonos)