2/21/2026

Marcha de las mujeres negras, reparación para salir de las políticas de la precariedad

 resumenlatinoamericano.org

Foto: Fran Silva

Por Soledad Domínguez. Pikara Magazine. Resumen Latinoamericano, 19 de febrero de 2026

Una multitudinaria marcha antirracista ha recorrido la ciudad de Brasilia para exigir buen vivir, justicia climática y afrofuturos.

Brasilia es una ciudad que impone distancia y que no se siente a escala humana. Las manifestaciones públicas parecen pequeñas en sus inmensas dimensiones. Los edificios gubernamentales están todos alineados como piezas de un futuro imaginado: cóncavos, axiales y distanciados.

Ese corazón geométrico del poder central brasileño se vio envuelto en una presencia viva que lo volvió cuerpo, memoria y afecto por la Marcha de las Mujeres Negras que reunió a más de 350.000 participantes brasileñas, latinoamericanas, norteamericanas y del mundo que, el pasado mes de noviembre, recorrieron las arterias de estas grandes avenidas y ocuparon espacios de poder público. Con el lema de “Reparación y buen vivir”, mujeres negras y afrodescendientes se hicieron presentes en actos junto a autoridades del Supremo Tribunal Federal, del Parlamento Nacional, además de eventos culturales del que ellas fueron las protagonistas.

Esta marcha antirracista, cuya primera edición tuvo lugar en 2015, es una de las expresiones más fuertes, emotivas y activas del mundo feminista de enfoque interseccional que la hace única. “La interseccionalidad es la clave de este evento y lo que realmente tiene futuro por hacer visible la manera en que las personas somos afectadas por las discriminaciones en toda la amplitud de la diversidad que sufrimos”, dice Ana Irma Rivera, activista feminista afrodescendiente puertorriqueña y exsenadora en su país.

Flore May, mujer afromaya y activista mexicana de Afropoderosas, guarda con una sonrisa la vivencia de esos días: “La alegría de las personas fue notable. Ver a todas, sin importar la barrera del lenguaje ni las diferencias fenotípicas, unidas y sonriendo”. La marcha no se agotó en un evento único, tuvo más de 70 actividades y debates paralelos, fruto de más de un año de trabajo en 16 comités temáticos, globales, nacionales y globales. En clave “amefricana”, como propuso Lelia González, feminista, filósofa y militante del movimiento negro quien creó el término “amefricanidade” para conceptualizar la experiencia afrodescendiente en el continente, todas las participantes marcharon con las banderas en alto.

Una de las participantes en la marcha. / Foto: Yane

Una de las participantes en la marcha. / Foto: Yane

Las mujeres negras representan cerca del 28 por ciento de la población en Brasil. En México, la población afro en general supera los 2,5 millones de personas, alrededor del dos por ciento del total, mientras que en Uruguay los datos de 2023 indican que está alrededor del 10,5 por ciento. La realidad más amplia es que cerca del 25 por ciento de la población de América Latina y el Caribe -unos 150 millones de personas- se identifica como afrodescendiente, un componente central en la construcción histórica, cultural y política de la región, cuyas trayectorias han sido sistemáticamente invisibilizadas, estigmatizadas o reducidas a estereotipos, un proceso que ha afectado de manera particularmente profunda a las mujeres negras. “Nunca estuvimos en los libros de historia, nunca nos hablaron en el colegio de afrodescendencia, y aun así siempre estuvimos ahí”, resume Milene Molina, activista afrochilena e integrante de Colectiva de Mujeres Negras Luanda, presente en Brasilia.

Los principios del manifiesto, en el Congreso Nacional de Brasil

El manifiesto de la marcha lo dice sin rodeos: “Solo alcanzaremos el buen vivir si existen acciones concretas de reparación que reconozcan la centralidad de la participación activa de la población negra en la construcción de las naciones”. No es una consigna aislada, sino el resultado de un proceso político de aprendizaje y organización colectiva con fuerte marca de la experiencia histórica de lucha de las mujeres negras en Brasil. “En 2015 marchamos por el buen vivir; en 2025 entendimos que era necesario nombrar con claridad la reparación, decir qué justicia exigimos y cómo se construye”, explica Fabiana Pinto, integrante del Comité Nacional de la Marcha. Lejos de quedar anclado en la herida, el texto también mira hacia adelante. “Después de la Marcha de 2015 hubo un crecimiento del movimiento de mujeres negras: surgieron nuevas organizaciones y otras se fortalecieron”, remarca la comunicadora y activista Alane Reis, del Movimento de Mulheres Negras.

La reparación es una práctica política que busca revertir las desigualdades heredadas de la esclavitud y el colonialismo

Esta edición retomó y actualizó las demandas de la Carta de las Mujeres Negras de 2015 e insistió en el reconocimiento público de la deuda histórica del Estado brasileño con ellas. Para las mujeres negras, la reparación es una práctica política concreta que busca revertir en el presente las desigualdades heredadas de la esclavitud y el colonialismo. Reparación y buen vivir son dos ideas inseparables para disputar un modelo de desarrollo que sigue produciendo exclusión, violencia y racismo. “Cuando hablamos de reparación estamos hablando de políticas públicas, de presupuesto nacional, de fondos y de condiciones reales para que la población negra pueda vivir con dignidad”, agrega la lideresa Pinto.

Varias participantes de la marcha en el Parlamento de Brasil. /Foto: Lissandra

Varias participantes de la marcha en el Parlamento de Brasil. /Foto: Lissandra

Estas demandas no quedaron solo enunciadas en documentos, tomaron voz, cuerpo y escena en uno de los espacios que aún expresan con mayor claridad la postergación histórica de las mujeres negras en la vida política y pública: el Parlamento de Brasil donde la representación de mujeres negras suma 9 parlamentarias federales de un total de 513 escaños. El Palacio Legislativo se volvió por unas horas un espacio de visibilidad de esa ausencia y de las desigualdades que atraviesan a las mujeres negras en Brasil. En la sesión solemne en homenaje a la Marcha Nacional de las Mujeres Negras, la ministra de Derechos Humanos y Ciudadanía, Macaé Evaristo, rodeada de diputadas y otras autoridades -todas mujeres negras-, puso en palabras un reclamo urgente hacia el interior de la democracia brasileña: que a las mujeres negras se les permita vivir. Fue una escena de visibilidad política en un espacio históricamente vedado a esas voces. Allí se leyó un documento que enumeró proyectos y compromisos posibles del Estado para la defensa de la vida de las mujeres negras y de la población negra en general. La diputada Talíria Petrone, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) por el estado de Río de Janeiro, lo expresó con claridad. “No hay reconstrucción posible que no pase por las manos de las mujeres negras. No hay bien vivir posible que no pase por nuestras manos. Porque nuestra existencia en este país está marcada por la tragedia y el dolor, también es cierto que no hay piedra sobre piedra sin nuestro trabajo, nuestra fuerza, nuestra ancestralidad, nuestra resistencia, nuestra ciencia, nuestros saberes y nuestras culturas”, afirmó.

«La justicia climática impacta directamente la vida de las mujeres negras, de sus territorios y sus formas de organización»

Justicia climática

Pocas semanas antes de la marcha, la ciudad de Belém do Pará, en la Amazonia brasileña, fue sede de la COP30, el mayor evento mundial sobre cambio climático. Las mujeres del Comité por la Justicia Climática de la Marcha de las Mujeres Negras estuvieron presentes. “Nuestro trabajo fue movilizar y construir una agenda común para mostrar que la justicia climática impacta directamente la vida de las mujeres negras, de sus territorios y sus formas de organización”, cuenta Maria Malcher, mujer negra brasileña es integrante de ese comité.

En el marco de esa conferencia internacional, fue un logro que el término “afrodescendientes” quedara incorporado a los documentos oficiales. Cuando esto sucede, algo se está moviendo y cambiando. “Al entrar un término en el documento final, se empieza a existir como categoría política”, subraya Malcher. En Brasil, las poblaciones negras están atravesadas por la pérdida de territorios, la gentrificación y el racismo ambiental: el Plan de Acción de Género de Belém (GAP 2026–2034) reconoce que la crisis climática impacta de manera desproporcionada en mujeres negras, indígenas, afrodescendientes, quilombolas y defensoras ambientales, e incorpora una mirada interseccional.

Un momento de la masiva manifestación. /Foto: Fran Silva

Un momento de la masiva manifestación. /Foto: Fran Silva

Pero el núcleo del planteo fue más allá y buscó incomodar: la Marcha de las Mujeres Negras insistió en que reparación no es compensación ambiental. “No alcanza con ofrecer créditos de carbono o soluciones verdes aisladas de otros aspectos sociales, culturales”, advierte Malcher. “Parafraseando a la filósofa y lideresa Sueli Carneiro, la reparación a la que nos referimos en la convocatoria de esta marcha significa salir de las políticas de la precariedad y caminar hacia políticas de prosperidad”.

Futuros ancestrales

“Tenemos mujeres urbanas y mujeres rurales en el corazón de Brasil, en el corazón de toda nuestra América del Sur”, dice Janira Sodré, educadora, fundadora de Coletiva Pretas de Angola. “Muchas veces quedamos invisibilizadas por otras narrativas, pero somos muchas, nuestros territorios son múltiples y estamos aquí. Todas existimos”, agrega.

«Hablamos de afrofuturos, de un futuro ancestral, construido por mujeres negras”

Para Sodré, el futuro del movimiento de mujeres negras es un futuro posible, pero lejos del modelo que destruye el planeta y profundiza las desigualdades. Ella evoca “afrofuturos”: entendidos como futuros que, paradójicamente, también son ancestrales. Futuros sostenidos en saberes heredados y que están hilvanados en formas de relación con la naturaleza. Muchos de ellos ya existen en comunidades quilombolas, formadas por descendientes de africanos esclavizados en Brasil que mantienen una relación histórica, comunitaria e identitaria con sus territorios. “En esas comunidades las mujeres viven el bioma y lo preservan. No es romanticismo, sino prácticas económicas, sociales y culturales que entienden la vida como interdependencia”, dice la activista y educadora.

Las lideresas no ven posible prometer finales o futuros cerrados porque siguen marchando, tejiendo redes entre lo local y lo global, entre la memoria y el porvenir en ciudades amazónicas y megaurbes de geografías cóncavas, como Brasilia. “Afrofuturas” son ellas que miran hacia adelante abrazando su pasado y resignificándolo. “Si el futuro existe será lejos del modelo actual que destruye la vida; por eso hablamos de afrofuturos, de un futuro ancestral, construido por mujeres negras”, afirma Sodré.

Fuente: Pikara Magazine

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