Ciudad de México.- ¿Kakú kata saa me ñu ́ú?, recita la poeta indígena Nadia López García, uno de los fragmentos de su libro “Tikuxi Kaa – El Tren”, escrito en tu’un savi y en español. Con voz firme y serena, traduce: ¿Volverá a retoñar el canto del pájaro en esta tierra?
Tu’un savi — palabra de la lluvia— es la lengua del pueblo mixteco y es la lengua en la que Nadia ha decidido escribir, soñar y resistir. Nadia es una mujer de la Mixteca de Oaxaca, escritora, titular de la Dirección General de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) desde febrero de 2026, y es una reconocida activista y promotora de los derechos educativos y culturales.
Hoy existen aproximadamente 8 mil 324 lenguas en el planeta; de ellas, 7 mil siguen en uso. Sin embargo, se estima que cada dos semanas desaparece una. En México, uno de los países con mayor diversidad lingüística, se hablan 68 lenguas indígenas con 364 variantes. De los más de 131 millones de personas que habitan en el país, solo 7 millones son hablantes de alguna de ellas. Según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), 31 están en alto riesgo de desaparecer en la próxima década.
Las lenguas son esenciales para la educación, el desarrollo sostenible y el fortalecimiento de sociedades más inclusivas y pacíficas; sin embargo, la diversidad lingüística se encuentra cada vez más amenazada. En el Día Internacional de la Lengua Materna, 21 de febrero, fecha proclamada por la UNESCO, Nadia recuerda que estas cifras no son estadísticas lejanas: son historias de vida.
“Una lengua es una forma de vida, es una forma de posicionamiento ante el mundo, y si esta lengua se muere, entonces también se muere una forma de mirarnos, de sentirnos, de pensarnos en esta tierra y de hacer mundo. Debemos salvaguardar las lenguas originarias y todas las lenguas del mundo, porque cada lengua es una forma de vida, una forma de conocimiento y de comprensión en este mundo”, reflexiona la escritora.
“Tikuxi Kaa”: migración, memoria y trenes
“Tikuxi Kaa – El Tren”, cuenta Nadia, nació tras impartir talleres a niñas, niños y adolescentes que habían vivido procesos migratorios. A partir de ellos, construyó poemas sobre la experiencia de la migración, la añoranza y la memoria.
El libro fue ilustrado en blanco y negro por el artista nahua Cuauhtémoc Wetzka, evocando los trenes y la estela que dejan a su paso, símbolo de muchas historias de personas migrantes que cruzan México.

“Los pueblos originarios migran desde hace muchos años hacia el norte del país para poder tener una mejor calidad de vida”, explica la artista. Su propia historia también atraviesa por ese tránsito: creció en Baja California, donde sus padres trabajaron como jornaleros agrícolas.
Nadia decidió escribir literatura en su lengua materna tras reconocer que el silencio también es una forma de pérdida. Su libro es testimonio de que la literatura en lenguas indígenas existe y florece.
“Me hubiera gustado que en mi infancia alguien me dijera que mi lengua es importante, que no hay que hablarla con vergüenza. Escribir en una lengua indígena es un posicionamiento de vida y político. En este país pensamos, hablamos, soñamos y hacemos literatura en muchos idiomas, no solo en español”, reflexiona la escritora.

Por eso, Nadia escribe y trabaja con infancias: para que sepan que aun lejos de su territorio, pueden seguir hablando su idioma, habitando su cultura y compartirla en todos los espacios.

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