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10/03/2026

Sin datos claros sobre aborto por violación en Ecuador

 

Cinco años después de que Ecuador despenalizó el aborto en casos de violación, los registros oficiales todavía no permiten determinar cuántas mujeres han accedido efectivamente a una interrupción voluntaria del embarazo (IVE) por esta causal.

La falta de información completa dificulta conocer qué ocurre desde que una mujer solicita el procedimiento hasta que el caso se resuelve y, en consecuencia, limita la posibilidad de evaluar las rutas de atención y las políticas públicas implementadas para garantizar este derecho.

Así lo advierte el informe Interrupción voluntaria del embarazo por violación: ¿Cómo ha respondido el sistema de salud ecuatoriano?, elaborado desde el Observatorio de Violencias en Género y Sexualidades de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Ecuador.

Liudmila Morales, profesora de Flacso Ecuador y una de las investigadoras que presentó el informe, explicó que los registros disponibles continúan siendo imprecisos y no permiten identificar la totalidad de los abortos por violación realizados en el país.

Ecuador no registra por separado los abortos por violación

Uno de los principales problemas identificados por las investigadoras es que las altas hospitalarias no registran de manera diferenciada los abortos realizados por violación.

La categoría de “aborto médico” agrupa tanto las interrupciones del embarazo por violación como aquellas realizadas para evitar un peligro para la vida o la salud de la mujer embarazada.

Los lineamientos establecidos por las autoridades ecuatorianas contemplan códigos específicos para identificar los casos relacionados con violencia sexual. Sin embargo, los datos muestran que este mecanismo de registro prácticamente no se ha utilizado.

En 2022, año en que entró en vigor la legislación que reguló el acceso al aborto por violación, no se registró ningún caso con esa codificación dentro de los egresos hospitalarios por aborto médico del Ministerio de Salud Pública (MSP).

En 2023 y 2024 apareció un caso registrado de esta manera cada año. Para 2025, hasta septiembre, únicamente se habían contabilizado dos.

Ante esta situación, las cifras de aborto médico se convierten en una aproximación para intentar conocer el comportamiento de las interrupciones del embarazo por violación, aunque no permiten distinguir cuántas corresponden realmente a esta causal.

Los datos muestran una caída en el sector privado

Los registros del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), que incluyen información de los sectores público y privado, muestran que los abortos médicos alcanzaron en 2022 su cifra más baja desde 2015, con 541 casos.

Posteriormente, los registros aumentaron de manera gradual hasta llegar a 616 casos en 2024.

El descenso registrado en 2022 estuvo relacionado principalmente con la información proveniente del sector privado. De acuerdo con el informe, los casos registrados como aborto médico en instituciones privadas pasaron de 331 a 49.

Para Liudmila Morales, esto plantea otra dificultad para conocer la dimensión real del acceso.

“Posiblemente esos abortos médicos se siguen realizando en el sector privado, pero no se están registrando, entonces ya ahí hay un problema”, señaló la académica.

De esta manera, los registros administrativos no permiten saber si la disminución refleja una reducción real de los procedimientos o una falla en la forma en que son reportados.

Aumentan las solicitudes, pero no se sabe cuántas terminan en un aborto

El Ministerio de Salud Pública cuenta con información sobre las solicitudes de aborto por violación y estos registros muestran un incremento.

Sin embargo, las cifras tampoco permiten conocer con precisión qué ocurre con cada solicitud.

El problema es que los datos no permiten establecer si el procedimiento fue efectivamente realizado, si se completó dentro de una institución pública o si la mujer fue derivada a otro establecimiento.

El informe identifica también un aumento en las derivaciones, lo que implica que algunas víctimas de violencia sexual tuvieron que atravesar distintos filtros antes de acceder a la atención.

“No sabes cuándo se está resolviendo cada caso y quiénes son las mujeres que efectivamente están accediendo”, explicó Morales.

Esta falta de trazabilidad impide determinar cuántas solicitudes concluyen en una interrupción voluntaria del embarazo y cuánto tiempo transcurre entre la solicitud y la atención.

Desigualdad territorial y objeción de conciencia

Los datos disponibles también muestran diferencias territoriales en el acceso.

El aborto médico se concentra principalmente en las zonas urbanas, mientras que el informe identifica un crecimiento de la objeción de conciencia, particularmente en la región Costa.

Para las investigadoras, esta situación puede convertirse en una barrera adicional para las mujeres y niñas que buscan acceder a una interrupción del embarazo después de una violación.

La falta de información desagregada dificulta, además, identificar con precisión dónde se concentran las barreras y qué tan distintas son las condiciones de acceso entre territorios.

Sin datos completos, no se puede evaluar el acceso al aborto por violación

La legislación ecuatoriana y sus lineamientos establecieron obligaciones para garantizar la atención a las víctimas de violencia sexual. Sin embargo, los registros disponibles no permiten reconstruir de manera completa la ruta que sigue una mujer desde que es víctima de violación hasta que solicita y, en su caso, accede a una interrupción del embarazo.

“Es un registro incompleto, en el que es difícil trazar realmente la ruta del registro administrativo entre una mujer que es violada, que queda embarazada y que accede a la interrupción voluntaria del embarazo en una institución de salud”, señaló Morales.

La investigadora advirtió que esta falta de información también impide evaluar el funcionamiento de los plazos y las rutas de atención establecidos para estos casos.

En Ecuador, el marco normativo contempla un plazo de hasta 12 semanas para acceder al aborto por violación, con disposiciones específicas para determinados casos.

Sin datos que permitan saber cuándo se solicita cada procedimiento, cuánto tarda en resolverse y cuántas mujeres finalmente acceden a él, las autoridades enfrentan dificultades para identificar los obstáculos existentes y realizar ajustes a las políticas públicas.

9/12/2026

Niñas, las principales víctimas de violencia sexual: escuelas refuerzan prevención ante abuso

 

-El Consejo Ciudadano informó que casi seis de cada 10 casos de maltrato infantil que atendió desde 2025 corresponden a niñas.

La violencia sexual contra niñas y adolescentes sigue siendo una de las expresiones más graves de violencia contra la infancia en México. Frente a esta realidad, escuelas de educación básica de todo el país iniciaron una nueva jornada de concientización para prevenir, detectar y atender posibles casos de abuso sexual y maltrato infantil.

La Jornada de Concientización sobre la Gravedad del Abuso Sexual y el Maltrato Infantil, impulsada por la Secretaría de Educación Pública (SEP), contempla actividades informativas, lúdicas y formativas dirigidas a estudiantes, docentes y familias, con el objetivo de fortalecer entornos escolares seguros y generar herramientas para identificar situaciones de riesgo.

El enfoque cobra especial relevancia para las niñas. De acuerdo con UNICEF México, en 2023 92.2 por ciento de las víctimas de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes reportadas por el sistema de salud fueron niñas y adolescentes mujeres. El organismo advierte que esta violencia puede ocurrir en el hogar, la escuela, la comunidad o los espacios digitales y, en muchos casos, es ejercida por personas conocidas.

El propio análisis de UNICEF sobre la situación de la niñez y adolescencia en México señala que la tasa de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes pasó de 58.4 a 127.2 víctimas por cada 100 mil habitantes entre 2018 y 2023, mientras que las niñas y adolescentes resultan afectadas de manera desproporcionada.

Niñas concentran los casos de violencia sexual

La dimensión de género de esta violencia también aparece en los datos de atención del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.

De acuerdo con información proporcionada por el organismo, desde 2025 ha atendido 6 mil 131 casos relacionados con maltrato hacia niñas, niños y adolescentes. La omisión de cuidados representó 32 por ciento de los reportes; la violencia física, 29 por ciento; la violencia emocional, 21 por ciento, y la violencia sexual, 16 por ciento.

El Consejo Ciudadano señala además que casi seis de cada 10 casos de maltrato infantil que ha atendido corresponden a niñas, un indicador que muestra que las desigualdades de género también atraviesan las experiencias de violencia durante la infancia.

En lo que va de 2026, el organismo ha impartido pláticas de prevención a 11 mil 721 estudiantes, con contenidos relacionados con la identificación de riesgos y la construcción de entornos seguros en los ámbitos familiar, escolar y digital.

Las acciones forman parte de una estrategia de prevención que el Consejo Ciudadano desarrolla junto con autoridades y organizaciones que trabajan por los derechos de niñas, niños y adolescentes.

El abuso no siempre ocurre fuera del entorno cercano

Uno de los principales retos para prevenir la violencia sexual contra niñas es reconocer que la persona agresora no necesariamente es un desconocido.

UNICEF explica que la violencia sexual puede ser ejercida por familiares, vecinos, docentes, amistades, parejas u otras personas cercanas. También puede presentarse sin contacto físico, mediante amenazas, insinuaciones, solicitudes de contenido sexual, exhibicionismo o el envío de imágenes sexuales por medios electrónicos.

Esta característica puede dificultar que las niñas identifiquen lo que viven como una forma de violencia o que encuentren condiciones para hablar de ello.

En junio de 2026, UNICEF, ECPAT International e INTERPOL presentaron el estudio Disrupting Harm México, que encontró que uno de cada ocho adolescentes usuarios de internet en el país sufrió explotación o abuso sexual facilitados por tecnologías digitales durante un periodo de un año, equivalente a aproximadamente 1.6 millones de adolescentes.

El estudio también encontró que en casi dos de cada tres casos las víctimas conocían a la persona agresora, principalmente porque se trataba de amistades, parejas o familiares.

La violencia sexual, por tanto, no termina en las puertas de las escuelas. Los riesgos también se trasladan a redes sociales, videojuegos, aplicaciones de mensajería y otros espacios digitales utilizados cotidianamente por niñas y adolescentes.

Escuchar también es una forma de proteger

Para la SEP, la prevención requiere que las comunidades escolares cuenten con herramientas para detectar posibles situaciones de violencia y sepan cómo actuar ante ellas.

La jornada nacional de 2026, denominada “Te escucho, te comprendo, te protejo”, busca precisamente fortalecer una cultura de cuidado y prevención en los centros de educación básica. La SEP plantea actividades para que estudiantes conozcan sus derechos, identifiquen situaciones de riesgo y sepan a quién acudir cuando algo les genere miedo, incomodidad o preocupación.

La dependencia también cuenta con lineamientos específicos para la prevención, atención, detección, intervención, notificación, canalización y seguimiento de casos de violencia sexual y maltrato contra niñas, niños y adolescentes en educación básica.

El objetivo no es trasladar a las niñas la responsabilidad de protegerse, sino generar condiciones para que las personas adultas y las instituciones puedan identificar las violencias, intervenir oportunamente y garantizar su protección.

Por ello, el Consejo Ciudadano recomienda a madres, padres y personas cuidadoras escuchar a niñas, niños y adolescentes sin juzgarles ni regañarles, supervisar sus espacios físicos y digitales y hablar de manera clara sobre el cuerpo, los límites y el derecho a decir “no” frente a cualquier contacto que les incomode.

También plantea evitar que las infancias carguen con secretos relacionados con situaciones que les provoquen miedo, tristeza o incomodidad.

Si una niña cuenta que algo ocurrió, la recomendación es creerle, protegerla y buscar apoyo especializado. La responsabilidad de la violencia corresponde siempre a quien la ejerce, nunca a la niña.

La prevención, en ese sentido, no puede limitarse a una jornada escolar. Los datos muestran que la violencia sexual contra niñas y adolescentes continúa siendo una problemática estructural que requiere escuelas preparadas, familias informadas, instituciones capaces de responder y políticas públicas con perspectiva de género.

La escuela puede ser un espacio fundamental para romper el silencio. Pero para ello, niñas y adolescentes necesitan algo más que información: necesitan saber que serán escuchadas, creídas y protegidas.

8/15/2026

Tras interrumpir el embarazo de una niña de 11 años en Tamaulipas, ¿qué sigue para investigar la violencia sexual?

 

La niña de 11 años de Tamaulipas que quedó embarazada tras ser víctima de violencia sexual ya interrumpió el embarazo, de acuerdo con la información oficial por parte del gobierno estatal. Sin embargo, para Ipas Latinoamérica y el Caribe, garantizar el acceso a la interrupción del embarazo es apenas una parte de la respuesta que las instituciones deben brindar.

El caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que suele quedar relegada cuando se habla de embarazos infantiles producto de violencia sexual: ¿qué ocurre después de que una víctima de violencia sexual logra acceder a la interrupción del embarazo?

Para Marisol Escudero Martínez, subdirectora de Incidencia en Ipas Latinoamérica y el Caribe, ninguna niña debería ser víctima de violencia sexual ni verse obligada a enfrentar un embarazo derivado de una agresión.

“Ninguna niña debería ser víctima de violencia sexual y enfrentarse a la necesidad de interrumpir un embarazo producto de la agresión”, señaló en entrevista con CIMAC Noticias.

La especialista explicó que los embarazos infantiles representan un riesgo para la salud física, mental y social de las niñas y constituyen, además, una vulneración a sus derechos humanos.

Por ello, consideró que la respuesta institucional debe comenzar mucho antes de que una niña llegue a un servicio médico: con la prevención y detección oportuna de la violencia sexual, así como con mecanismos eficaces para proteger a las niñas y evitar que una agresión derive en un embarazo forzado.

El derecho a interrumpir un embarazo producto de violencia sexual

México cuenta con un marco normativo que establece obligaciones para las instituciones encargadas de atender a niñas y mujeres sobrevivientes de violencia sexual. Entre ellas se encuentra la atención contemplada en la NOM-046-SSA2-2005, que establece criterios para la prevención y atención de la violencia familiar, sexual y contra las mujeres.

De acuerdo con Escudero Martínez, uno de los principales retos sigue siendo conseguir que estas disposiciones se traduzcan en servicios accesibles, oportunos y libres de obstáculos en todo el país.

La atención debe incluir desde la anticoncepción de emergencia después de una agresión sexual hasta la interrupción oportuna del embarazo cuando éste ya ocurrió.

“La ley en México reconoce la interrupción del embarazo como un derecho de toda sobreviviente de violencia sexual, con independencia de la edad gestacional, y lo cataloga como un servicio de salud de urgencia médica, esto es, sensible al tiempo y de atención inmediata”, explicó.

Esto implica que las instituciones de salud deben contar con las condiciones necesarias para atender estos casos una vez que tienen conocimiento de que una niña está embarazada como consecuencia de violencia sexual.

“El tiempo es particularmente importante y las instituciones deben actuar con diligencia”, subrayó.

En Tamaulipas, como en el resto del país, el desafío no se limita entonces a que exista una norma. El reto es que el personal conozca sus obligaciones, que haya insumos y capacitación suficientes y que las instituciones no impongan requisitos que no corresponden.

Detección tardía y barreras institucionales

Para Ipas, una de las primeras barreras que enfrentan niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual es que la agresión puede permanecer oculta durante meses.

En muchos casos, explicó Escudero, los agresores son familiares o personas cercanas al entorno de las niñas. La violencia puede no ser detectada sino hasta que el embarazo se hace evidente.

A ello se suman obstáculos dentro de las propias instituciones de salud: desconocimiento de las obligaciones legales, falta de personal capacitado, ausencia de insumos, retrasos injustificados o exigencia de requisitos que no están contemplados en la normativa.

La especialista recordó que la atención médica tampoco debe ocurrir de manera aislada.

Cuando una institución de salud identifica que una niña fue víctima de violencia sexual, debe activar los mecanismos de protección y coordinación con otras autoridades para salvaguardar su integridad.

La NOM-046 establece criterios para que las instituciones de salud actúen frente a estos casos y coordinen medidas adicionales con las autoridades correspondientes.

Después de la interrupción del embarazo: investigar la violencia

El hecho de que una niña pueda acceder a la interrupción del embarazo no significa que la violencia sexual haya sido atendida en su totalidad.

Para Ipas, la investigación de la agresión debe continuar y las instituciones de salud tienen obligaciones específicas.

Escudero Martínez explicó que, de acuerdo con la NOM-046, los establecimientos de salud que conozcan de un caso de violencia sexual contra una niña deben notificarlo al Ministerio Público.

Además, durante la atención médica puede recopilarse información y evidencia que, conforme a las reglas aplicables, puede contribuir a la investigación.

El objetivo, señaló, es que exista una actuación coordinada entre las autoridades sanitarias y de procuración de justicia para garantizar la seguridad y el acceso a la justicia de las niñas y evitar su revictimización.

Esto significa que la interrupción del embarazo no debe convertirse en el cierre de un expediente institucional, sino en una parte de una respuesta mucho más amplia frente a la violencia.

8/01/2026

¿Dibujar? Una técnica proyectiva para mujeres que han vivido violencia sexual

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Por Claudia Cancio-Bello, Tali Izquierdo, Yordan Hernández. SEMLAC. Resumen Latinoamericano, 28 de julio de 2026

La violencia de género es un problema social grave, que afecta a millones de mujeres en todo el mundo. La sexual, en particular, deja secuelas psicológicas profundas, como depresión, ansiedad, trastornos de estrés postraumático, anorexia, bulimia y baja autoestima. La utilización de técnicas proyectivas en la intervención psicológica a mujeres que han vivido estas formas de maltrato permite expresar emociones no verbalizadas, por lo cual funciona como una manera de proyectar en el papel lo que se dificulta decir.

Datos de la Organización de las Naciones Unidas refieren que 736 millones de mujeres han sufrido ese flagelo a manos de una pareja o por otras personas; una de cada cuatro jóvenes de entre 15 a 24 años que ha tenido alguna relación íntima lo habrá padecido al llegar a los 25 años, según asevera la economista e investigadora española Judith Vall en su artículo “Violencia de género durante la covid-19”. Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) expone que una de cada cinco niñas ha sufrido abuso sexual infantil en algún momento de su vida. Los datos anteriores evidencian la importancia de tener un arsenal de técnicas para la intervención psicológica.

Lograr que la violencia de género sea erradicada es un objetivo a largo plazo, pero también es necesario contar con herramientas terapéuticas efectivas que permitan aliviar el sufrimiento de las víctimas y facilitar su recuperación. Emplear el dibujo como técnica proyectiva permite el acceso a contenidos emocionales y experiencias subjetivas reprimidas y difíciles, lo que contribuye a desarrollar intervenciones psicológicas más ajustadas y eficaces.

Para el presente estudio se investigó a ocho mujeres cubanas, residentes en La Habana, con historial confirmado de violencia o abuso sexual infantil, que se encuentran en un proceso de intervención psicológica. Estas mujeres tienen edades comprendidas entre los 19 y los 23 años, que las sitúan en un momento vital decisivo: la transición hacia la adultez.

Uno de los criterios de inclusión fue haber vivido una experiencia de violación o abuso sexual identificada como tal. Cuatro de ellas han vivido violación y cuatro abusos sexuales, lo que revela — más allá de las cifras– la compleja naturaleza de la violencia sexual. En cuanto al fenotipo autorreportado, predomina el color de la piel blanca en la mayoría de las participantes. Respecto al estado civil o conyugal, la unión consensual emerge como la situación predominante. Salvo en un caso, todas refieren que aquel acto de agresión constituyó su primera experiencia sexual.

Los dibujos y sus señales

Técnicas proyectivas en atención a violencia sexual
Collage de fragmentos de dibujos donde se evidencian los colores utilizados por las mujeres estudiadas. Foto: Cortesía de la fuente

La ilustración número 1 representa un collage de fragmentos de dibujos donde se evidencian los colores utilizados por las mujeres estudiadas. El reforzamiento del trazo en la cabeza y cabello expresa rumiación obsesiva y conflicto en la identidad sexual. Este gesto gráfico denota dificultad para procesar el trauma y señala una imagen corporal e identidad del yo gravemente comprometidas.

Técnicas proyectivas en atención a violencia sexual
Collage de fragmentos de dibujos donde se evidencian los reforzamientos realizados por las mujeres estudiadas. Foto: Cortesía de la fuente

La ilustración número dos es un collage de fragmentos de dibujos donde se evidencian los reforzamientos realizados por las mujeres estudiadas. La ubicación que predomina de las figuras es izquierda/centro, lo que evidencia una psiquis anclada en el pasado y una sensación de acorralamiento. Su dificultando la proyección futura, mientras que el centro con distorsiones simboliza el sentimiento de estar atrapada. La omisión de rostros indica dificultades comunicativas, vergüenza y culpa interiorizada. Representa el deseo de invisibilidad, retraimiento social y un mecanismo protector. La omisión en el agresor sugiere despersonalización y dificultad para elaborar la figura del victimario.

Técnicas proyectivas en atención a violencia sexual
Collage de fragmentos de dibujos de las mujeres estudiadas, donde se evidencia también la omisión de rostros. Foto: Cortesía de la fuente

Mientras, la ilustración 3 se compone de un collage de fragmentos de dibujos de las mujeres estudiadas, donde se evidencia también la omisión de rostros. El tamaño pequeño de las figuras refleja un yo constreñido y retraído. Esta miniatura expresa introversión, sentimientos de inferioridad y una estrategia de autoprotección ante una amenaza percibida como constante. Los resultados evidencian que la paleta cromática (grafito, rojo, marrón) revela las secuelas emocionales del trauma. El predominio del grafito indica inhibición emocional y vacío afectivo, mientras que el rojo y el marrón simbolizan violencia internalizada y angustia paralizante asociada a la sexualidad.

En general, las participantes dibujan un yo fragmentado, cuya energía se orienta a gestionar el pasado, con una capacidad significativamente limitada y que impacta en su presente.

Existe una responsabilidad doméstica asumida, fundamentalmente por las mujeres, donde siguen siendo ellas las principales responsables del cuidado, acompañamiento y atención, temporal y permanente, de familiares dependientes, todo ello sustentado por la existencia de un patrón tradicional de distribución de tareas que revela desigualdades.

* Claudia Cancio-Bello Ayes es psicóloga y feminista y dirige el Centro de Estudios de Bienestar Psicológico «Alfonso Bernal del Riesgo», de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana. Tali Izquierdo Hernández es psicóloga del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y Yordan Hernández Peña, también psicólogo, trabaja en el Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicada de la Universidad de la Habana (InSTEC).

7/18/2026

Advierten que cierre de recomendación de la CNDH deja sin garantías a niñas y niños frente a la violencia sexual

La Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia (ODI) cuestionó la decisión de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) de dar por concluida la Recomendación 76/2012 relacionada con el caso del Jardín de Niños «Maestro Andrés Oscoy Rodríguez», al considerar que no existen garantías suficientes para evitar que hechos de violencia sexual contra niñas y niños vuelvan a ocurrir en las escuelas.

La organización señaló que el organismo nacional cerró el expediente tras considerar cumplidas las medidas dirigidas a la Secretaría de Educación Pública (SEP), pero sostuvo que dicha determinación se basó principalmente en la revisión de documentos y no en una evaluación del impacto real de las acciones implementadas para proteger a la infancia.

Caso evidenció violencia sexual contra menores en un preescolar

Entre 2010 y 2011, servidores públicos del Jardín de Niños «Maestro Andrés Oscoy Rodríguez», ubicado en la alcaldía Iztapalapa, cometieron actos de violencia sexual contra niñas y niños en edad preescolar.

Ante estos hechos, en noviembre de 2012 la CNDH emitió la Recomendación 76/2012 dirigida a la SEP, al acreditar violaciones a los derechos de 15 niñas y niños, entre ellos su integridad personal, libertad sexual, derecho a la educación y al sano desarrollo. La recomendación contempló medidas de reparación para las víctimas y acciones institucionales para evitar la repetición de estos delitos.

Entre las medidas propuestas figuraban la capacitación obligatoria del personal educativo para prevenir e identificar casos de abuso sexual infantil, la revisión de las instalaciones escolares para detectar zonas de riesgo, la adopción de criterios de contratación que garantizaran perfiles adecuados para trabajar con niñas y niños, así como fortalecer las investigaciones sobre maltrato y abuso sexual infantil.

ODI afirma que las medidas siguen sin aplicarse de forma obligatoria

De acuerdo con la organización, aunque la SEP presentó documentación sobre diversas acciones realizadas, la CNDH no verificó si estas realmente cumplían el objetivo de prevenir nuevas agresiones sexuales en los centros educativos.

La ODI sostuvo que actualmente la capacitación sobre violencia sexual no es un requisito obligatorio para ingresar o permanecer en cargos educativos; tampoco existen criterios obligatorios de evaluación psicológica para el personal ni mecanismos permanentes para revisar espacios escolares considerados de riesgo.

Además, señaló que algunas acciones únicamente se implementaron en determinados planteles o alcaldías y durante periodos específicos, por lo que no constituyen una política nacional ni garantizan su permanencia en el tiempo.

Persisten casos de violencia sexual en escuelas

La organización advirtió que, pese a las recomendaciones emitidas por la CNDH desde hace más de dos décadas para prevenir la violencia sexual en escuelas, este tipo de agresiones continúan registrándose en distintos estados del país.

Como ejemplo mencionó el caso del Colegio Carrusel Magone, en Puebla, donde se denunció un espacio oculto conectado con una vivienda particular en el que se cometían agresiones contra niñas y niños. También recordó que, en mayo de este año, la Fiscalía General de la República informó sobre una sentencia condenatoria contra dos servidores públicos del sector educativo por violencia sexual cometida en un jardín de niños de Iztapalapa.

Piden revisar nuevamente la recomendación

Ante este panorama, la ODI solicitó a la CNDH reconsiderar el cierre de la Recomendación 76/2012 y realizar una evaluación sustantiva sobre el cumplimiento de las medidas de reparación y de no repetición, con base en sus resultados y no únicamente en la existencia de documentación administrativa.

Asimismo, llamó a la Secretaría de Educación Pública a cumplir plenamente con las obligaciones de reparación del daño pendientes y a fortalecer las acciones encaminadas a prevenir la violencia sexual en los entornos escolares, a fin de garantizar la protección efectiva de niñas, niños y adolescentes.

7/11/2026

“La industria de explotación sexual se ha convertido en multinacional del crimen”

 
diariodelanzarote.com

Rosa Cobo Badía es doctora en Ciencias Políticas y Sociología, profesora de Sociología del Género en la Universidad de A Coruña y presidenta de la Red Académica Internacional de Estudios sobre Prostitución y Pornografía. Se sitúa en la corriente del feminismo radical, al reconocerse genealógicamente heredera del movimiento de los años 70 del pasado siglo, que sostenía que el origen del poder patriarcal estaba en el dominio de la sexualidad y de la reproducción de las mujeres. “Nada que ver con extremismos. Uy, si pedimos cosas bien normaluchas”, dice con una gran sonrisa. Atiende a Diario de Lanzarote al término de su ponencia inaugural en las Jornadas organizadas por la asociación Mararía y dedicadas al cuerpo femenino como territorio de control.

-Sus investigaciones plantean que la novedad de la prostitución en el siglo XXI es la fusión entre los intereses patriarcales y los intereses capitalistas.

-Lo primero que hay que decir es que la prostitución, en los últimos años, se ha convertido en una vindicación central de la agenda política del feminismo, algo que no ha ocurrido en sus tres siglos de historia, pese a la preocupación y las críticas del XIX y de la última década de los setenta. El segundo elemento importante es que la prostitución, que antes respondía a intereses patriarcales, es decir, hombres que querían acceder a las mujeres sexualmente por un precio, ahora experimenta una fortísima implantación, cuando aparecen las políticas económicas neoliberales. ¿Por qué? Porque el capitalismo neoliberal necesita un mercado global. Muchos países en el mundo, que no podían engancharse a ese mercado global, tuvieron que acudir a las economías ilícitas, a las economías criminales, y una de ellas fue la prostitución. La industria de la explotación sexual se convierte así en una multinacional del crimen, en una industria global que exporta mujeres de países del sur a países del norte; ellas envían remesas de dinero al país de origen y eso reactiva el consumo, la economía y evita la quiebra de las élites económicas.

-En la misma línea, asegura que la escalada de la prostitución ha sido posible por la complicidad de algunos estados y de algunas instituciones del capitalismo internacional.

-Efectivamente. Un fenómeno social tan relevante como es el de la prostitución, el segundo negocio en términos de beneficios a escala global en el marco de las economías ilícitas, tiene que tener muchos apoyos. El primero es el del mercado, obviamente; y el segundo, el del Estado. Pero también contribuye un sector de las industrias culturales, una parte muy amplia de los medios de comunicación, junto a organizaciones no gubernamentales, integrantes importantísimos de la academia... Es imposible que una práctica social que se traduce en un negocio global, que salva la economía de muchos países en el mundo, pueda funcionar con el único apoyo de los mercenarios y de los proxenetas sobre los que se asienta la industria prostitucional.

-Hablamos de economías ilícitas que operan en sociedades que, a su vez, toleran estas prácticas.

-La prostitución en la mayor parte de los países del mundo, también en España, está socialmente tolerada o regulada. Pero eso es una cosa distinta a la industria que trafica con mujeres, con procesos de acumulación económica intensísimos que no son legales. Es un dinero que no pasa por los circuitos de la legalidad salvo en el nudo que conecta la economía ilegal con la economía financiera ilegal; se produce así un blanqueo de dinero que legaliza una buena parte de lo que se ha obtenido ilegalmente.

“La abolición de la prostitución es un proyecto político feminista civilizador”

-¿Cómo argumenta su defensa del abolicionismo frente a la regularización de la prostitución?

-Respecto a la abolición, mis posiciones son clarísimas. Yo soy una de las personas que ha investigado sobre esto y que estimo que la abolición de la prostitución es un proyecto político feminista fuertemente civilizador. Sobre este asunto, hay tres posiciones: la regulacionista, que pretende legalizar la prostitución con el objetivo clarísimo de ofrecer garantías jurídicas a la industria proxeneta, a la industria del sexo; luego está el prohibicionismo, por el que se prohíbe la prostitución y se arremete con detenciones y con sanciones a las mujeres que están en prostitución; y finalmente está el abolicionismo, que considera que la prostitución es una institución fundacional del sistema patriarcal; que quiere acabar con esa práctica social y para eso propone perseguir a la industria criminal, perseguir el proxenetismo, perseguir a quienes se autodenominan empresarios del sexo, y a toda la cadena de mercenarios que circulan desde el país de origen hasta el país de destino. Por otra parte, tenemos la pretensión de sancionar a los puteros. No está bien aprovecharse de mujeres que están en situación de vulnerabilidad y ejercer violencia contra ellas, porque los daños psicológicos y físicos son inmensos. También consideramos que es muy necesario implementar planes de sensibilización y planes coeducativos en las escuelas, donde se refuerce entre niños y niñas la igualdad y la educación afectivo sexual. Igualmente son necesarias las políticas públicas de igualdad para las mujeres que están en prostitución, porque si no son sujeto de políticas públicas, entonces volverán a la prostitución. Soluciones habitacionales, terapia psicológica para ellas y para sus hijos e hijas, cualificación profesional... Esto es el abolicionismo.

-¿Acabará el abolicionismo con la prostitución?

-No lo sabemos, pero, ¿va a disuadir a muchos proxenetas de que este no es el país adecuado? Sí, por supuesto que sí. ¿Va a hacer posible que, como ha ocurrido en Suecia, generaciones de jóvenes no crean que la salida natural es la prostitución? Yo creo que sí, que es perfectamente posible. Eso es lo que queremos, dar un golpe irreversible a un tipo de actividad y a un sistema que orienta la mirada masculina hacia todas las mujeres. Los varones que van a la prostitución y los que creen que la prostitución es algo normalizado, asumen que todas las mujeres son potencialmente prostituibles. Que todas vamos a decirles que sí, que todas nos morimos por tener relaciones. Hay que destruir ese imaginario sexual que es un imaginario de violencia contra las mujeres y que tiene un gran impacto fuera del sistema prostitucional. Lo decía Esther Torrado: un vídeo porno norteamericano puede poner en pie una práctica de violencia en Camboya. Porque la prostitución y la pornografía son las dos caras de la misma moneda, y esa moneda se llama industria de la explotación sexual. Y la industria de la explotación sexual coloniza las cabezas de nuestros adolescentes, de nuestros jóvenes, que se pasan horas y horas viendo pornografía y después tratan de llevarla a la práctica con sus novias, con sus amigas, con sus compañeras. El resultado es un tejido de violencia que produce un enorme malestar en las chicas, que quisieran otro tipo de relación.

“Prostitución y pornografía son las dos caras de la industria de explotación”

-La violencia sexual continúa siendo un gran caballo de batalla, con un sistema que duda sistemáticamente de las víctimas.

-Cuando una mujer pone una denuncia, la violencia no es intangible ni abstracta. Otra cosa muy distinta es que los jueces crean en la palabra de la víctima. En el caso del futbolista Dani Alves, había indicios mucho más potentes que los que han provocado la destitución del fiscal general del Estado, por poner un ejemplo. Había una cámara, había una chica jovencita que fue evaluada por policías y por servicios médicos, había pruebas... pero Dani Alves está en la calle. No puede legislarse acerca del deseo. No tiene por qué. Pero sí hay que legislar acerca de la violencia sexual. Pero de nada sirve si el juez decide no creer la palabra de la víctima. Cuando yo voy a poner una denuncia porque digo que me han robado la cartera, ningún policía lo duda. Pero si voy y digo que me han violado, entonces sí lo dudan. La pregunta es por qué hay palabras que son dignas de ser creídas y palabras que no tienen ninguna credibilidad.

-Llega el 8 de marzo y los titulares se empeñan en señalar la división del movimiento feminista español. ¿Es posible reaccionar a las nuevas invectivas patriarcales desde la desunión y el enfrentamiento?

-El feminismo se ha separado desde el año 2021 por una razón ideológica de fondo, que tiene que ver con una agenda política atravesada por los nervios de la violencia sexual, que incluye la prostitución, la pornografía, y en otro sentido también los vientres de alquiler, y de la feminización de la pobreza y la precarización de las mujeres en el mercado laboral, en su acepción más amplia. Pero un sector de la nueva izquierda, que no comparte estas prioridades, necesitado de construir un sujeto político de cambio social, se apropió del feminismo y lo vació de contenido. Han querido tener una marca de distinción respecto a un movimiento que ellos estimaban que estaba controlado por el PSOE. Han decidido que esto les era políticamente muy rentable. Pero la realidad es que ha habido organizaciones feministas que han estado acogidas por el PSOE y también por Izquierda Unida, y otras que somos perfectamente autónomas. Ahora, dicho esto, yo creo que es enormemente importante que enfaticemos aquello que nos une y que debilitemos aquello en lo que no estamos de acuerdo. El feminismo es un movimiento social que puede ser enormemente relevante a la hora de articular posiciones que sean críticas contra la derecha extrema, porque la derecha extrema intenta acabar con derechos de las mujeres. Y para responder a eso, sería muy importante que tendiésemos puentes, que hablásemos y que fuésemos capaces de salir de una polarización general, en la que el feminismo también está, porque si la derecha extrema llega al poder, va a perjudicarnos a todas.

Rosa Cobo, durante las jornadas de la mujer organizadas por la asociación Mararía. 

“En el caso Alves había más indicios que en el del fiscal general del Estado”

-Entre las disputas más enconadas se encuentra la disolución del género.

-El tema trans es uno de los debates más fuertes que separan a las mujeres que se autodesignan feministas, y sobre este asunto hay varias cosas que me preocupan mucho, como que se confunda o se crea que es lo mismo la igualdad entre hombres y mujeres que la diversidad. El movimiento LGTB contiene una reivindicación social con su propia legitimidad, por el trabajo desarrollado por su proyecto; y el feminismo es otra cosa. Son dos movimientos sociales distintos, tienen dos agendas políticas distintas; y las feministas tenemos cierto malestar porque no queremos que aquellos derechos que hemos conseguido ni aquellos espacios que hemos conquistado sean ocupados por quienes no han dado la lucha como la hemos dado nosotras. El colectivo LGTB tiene sus propias reivindicaciones que llevar adelante, al mismo tiempo que ponen en pie un proyecto político. Pero nosotras tenemos ya proyecto político, tenemos historia, tenemos genealogía, tenemos espacios y tenemos derechos alcanzados. Y hasta que no haya una clarísima distinción entre un movimiento y el otro, entre una agenda y la otra, entre los derechos que nosotras hemos conseguido y los que ellos quieren conseguir, hasta que eso no se produzca, va a haber una situación de mucha tensión política. No estoy en contra de la diversidad para nada, pero no es el objetivo político del feminismo. Nuestro objetivo es crear derechos para las mujeres. El sistema patriarcal puede erosionar a otros colectivos, pero está creado para la subordinación de las mujeres.

-Otro asunto al que ha prestado atención ha sido el de las prácticas que, bajo un paraguas cultural e identitario, pueden enmascarar atentados al principio de igualdad.

-Desde luego, partimos de la idea fundamental de que todas las culturas son respetables, y sobre todo, las que ha inferiorizado Occidente. Pero lo que a veces no son respetables son algunas de las prácticas que tienen lugar dentro de cada cultura. ¿Por qué? Porque aunque son explicadas como prácticas culturales, en realidad son prácticas patriarcales. ¿Cómo podemos distinguir una práctica patriarcal? Fácil: el burka y las distintas formas de velación son prácticas patriarcales porque son solamente asumidas por las mujeres. ¿Van tapados los varones? No. ¿Van velados los varones? No. ¿Llevan un burka y ven el mundo cuadriculado? No. Pues eso es una práctica patriarcal. Intervenir es complejísimo porque las élites patriarcales de esas culturas bien se empeñan en convencer a sus mujeres de que se trata de señas de identidad cultural. Y lo que es muchísimo peor, sectores de la izquierda que han hecho suya esa misma idea. En todo caso, las formas de velación total, incluido el burka, deben ser completamente prohibidas y deben de tener efectos en las ayudas que reciben las personas migrantes.

6/27/2026

Futbol en el paraíso de la explotación sexual infantil

 

.-Cimac Foto.-Ciudad de México.- La justa deportiva internacional que más afición congrega en el mundo ya inició la semana pasada en la Ciudad de México y según cifras de ONU Mujeres esta edición será la más vista a nivel mundial con más de 6 mil millones de espectadores, lo que la convertirá en la más vista en la historia de los medios globales pero con esta culminación especialistas en derechos humanos han advertido vendrá un incremento en redes delictivas, especialmente aquellas consumidoras de la explotación sexual infantil.

Esto ya había sido puntualizado con antelación por diversos organismos de derechos humanos, por ejemplo, Human Rights Watch en enero de este año denunció que la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) no había implementado protección a la niñez en este sentido y que tampoco existía un marco claro e integral para proteger a las niñas y adolescentes de la trata de personas, la explotación sexual, el trabajo infantil y el desplazamiento familiar, entre otras formas de violencia y abuso.

FIFA carece de protocolos contra trata infantil rumbo al Mundial 2026: Human Rights Watch

Esta advertencia dista de ser una especulación. Se sabe que el turismo sexual suele tener picos significativos en contextos de eventos deportivos, esto según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, además es territorio fértil para estos delitos.

«México está considerado uno de los principales países de tránsito y destino del turismo sexual infantil». CNDH

Esta situación ya había sido advertida desde diciembre del 2025, por UNICEF, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, así como la Asociación Nacional de Cadenas Hoteleras (ANCH), cuando anunciaron una alianza para prevenir la explotación sexual infantil en entornos turísticos, comunitarios y digitales en México.

Apuntaron que:

«Los eventos deportivos internacionales, tales como la Copa Mundial suelen estar asociados con un aumento en los reportes de violencia familiar y con mayores riesgos de explotación sexual infantil y violencia contra niños, niñas, adolescentes y mujeres».

Las cifras documentadas por la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), de enero de 2015 a junio de 2025, contabilizaron 2 mil 963 personas de 0 a 17 años víctimas de trata en el país, de las cuales 2 mil 218 fueron mujeres.

REDIM advirtió que la Ciudad de México, un de las sedes mundialista, también es una de las más peligrosas para las infancias, ya que concentró el 23% de las víctimas de trata de personas, de las cuales casi el 80% fueron niñas y adolescentes, una proporción incluso mayor a la registrada a nivel nacional.

CDMX concentra cuarta parte de víctimas de trata; 80% son niñas y adolescentes

La misma REDIM presentó el año pasado junto con el Centro de Estudios Sociales Antonio Montesinos (CAM), el estudio Análisis de Contexto Infancia Cuenta “Informe sobre Trata de Personas y Reclutamiento por grupos de la delincuencia organizada de niñas, niños y adolescentes en la Ciudad de México”, donde identificaron a las alcaldías y municipios conurbados donde niñas, niños y adolescentes enfrentan mayores vulnerabilidades, como Iztapalapa, Tláhuac, Ecatepec y Nezahualcóyotl.

Este escenario sería solo uno de los tantos corredores de explotación sexual infantil en México.

Por tanto, México al ser un territorio que favorece, pervive y acontece el violento turismo sexual infantil, el Mundial de futbol traería consigo consumidores de esta delictiva industria y alcanza esta determinación por el número de víctimas.

Según el Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPNINA) indican que el número de víctimas del turismo sexual en México es de más de 20 mil niñas, niños y adolescente y el 36% de estos casos son cometidos por ciudadanos procedentes de Estados Unidos y Canadá, mismos países sedes de este evento deportivo.

Esta situación no es nueva, ha sido mapeada por diversas instituciones e incluso legisladores. En mayo del 2025, el Congreso de la Ciudad de México, aprobó un dictamen que reformó la Ley de Turismo de la Ciudad de México para contribuir a erradicar la trata de personas, explotación sexual o cualquier otra actividad ilícita que involucre niñas, niños y adolescentes.

En el dictamen aprobado expusieron que:

«México ocupa el segundo lugar en estas conductas delictivas, sólo por detrás de Tailandia, y es el primer lugar en consumo de pornografía de este tipo. Destinos turísticos como Acapulco, Cancún, Guadalajara, Tapachula y Tijuana son identificados como puntos donde se ofrecen estos servicios ilícitos, con más de 20 mil infantes víctimas de estas prácticas».

Es por ello que se han hecho intentos paliativos pero que no han tocado la estructura que sostiene a estas industria delictivas las cuales atentan contra la niñez.

Por ejemplo, en septiembre del 2025, la Comisión de Turismo en la Cámara de diputados, aprobó por unanimidad una reforma a la Ley General de Turismo con el objetivo de prevenir la trata de personas y la explotación sexual infantil. En ella se modificaron las fracciones X Bis y X Ter del artículo 58°, en materia de seguridad y protección de niñas, niños y adolescentes en el sector turístico.

Con esta ley, las y los prestadores de servicios tendrán obligación de solicitar identificación oficial a las personas que hagan uso de sus servicios, lo que permitirá generar un registro que complemente las acciones de prevención y persecución del delito de trata de personas. Asimismo, se solicitará de manera obligatoria a los turistas acreditar la tutela, patria potestad, guarda o custodia.

Esta medida es paliativa porque más allá de una ley, se necesitaría un esfuerzo para reducir la demanda de explotación sexual, desarticular las redes criminales que ya operan, prevenir el inicio de otras, erradicar la corrupción de las instituciones y estructura que la sostiene, eliminar las condiciones de vulnerabilidad en la que viven las víctimas, garantizar protección a las y los víctimas sobrevivientes; transformar una cultura consumidora de este delito, mejorar sistemas de investigación, eliminar la impunidad, etc.

Pero ¿cuánto ocurre este tipo de delitos? UNICEF, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, agencia de la ONU dedicada a proteger los derechos de las niñas, niños y adolescentes en más de 190 países y territorios, puntualiza que la explotación sexual ocurre cuando:

«Un grupo de personas o una persona involucra a niñas, niños o adolescentes en actos sexuales para satisfacción propia o de otras personas a cambio de cualquier tipo de beneficio, dinero, especias, protección, regalos».

La misma UNICEF considera que las modalidades de explotación sexual de niñas, niños y adolescentes son diversas y generalmente se presentan de forma relacionada y simultánea​: Actos sexuales remunerados o con promesa de remuneración; Utilización de imágenes de niños en pornografías; Explotación sexual comercial en viajes y turismo; Trata de niñas, niños y adolescentes con fines de explotación sexual comercial; Utilización de niños y niñas en espectáculos sexuales; Matrimonio forzado o parejas forzadas.

Ahora, la trata de personas está definida en el Protocolo de Palermo, como:

La captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.

Contra la trata

La organización Reinserta presentó al inicio de este mundial, una iniciativa para promover la prevención y denuncia de las distintas formas de violencia que afectan a niñas, niños y adolescentes durante eventos masivos: Juntos Somos VAR-Vemos, Alertamos y Reporta al 089.

Reinserta coincidió en que:

«Para este Mundial de fútbol más de 20 mil niñas, niños y adolescentes podrían estar en riesgo de abuso y explotación».

Es por ello que Mercedes Castañeda, cofundadora de Reinserta, hizo un llamado a fortalecer la participación ciudadana frente a las distintas formas de violencia que afectan a niñas, niños y adolescentes. Destacó que la prevención no depende únicamente de las instituciones, sino también de la capacidad de la sociedad para reconocer señales de riesgo, actuar oportunamente y denunciar posibles situaciones de violencia.

Durante la presentación de esta iniciativa Karla Jacinto, sobreviviente de trata de personas y actual colaboradora de Fundación Libera México, compartió su testimonio y alzó la voz por la protección de la niñez. A través de su experiencia, invitó a reflexionar sobre los mecanismos de captación, las formas en que ciertas violencias son normalizadas socialmente y la importancia de escuchar a quienes han sobrevivido a estos delitos. Su participación recordó la necesidad de colocar a las víctimas y sobrevivientes en el centro de las estrategias de prevención, atención y acceso a la justicia.

Sin duda esta situación no es particular de México, Areli Zarai Rojas Rivera en El combate a la trata de personas como un reto de seguridad nacional, determina que combatir este delito es un reto a nivel global para todos los países, así que llamó a enfrentar la situación desde una perspectiva de Seguridad Nacional. Advirtió de su alcance y crecimiento como industria:

«La trata de personas se ha convertido en el cuarto delito más lucrativo a nivel mundial, según datos del Departamento de Estado de Estados Unidos; pues este delito se ha colocado solo detrás del narcotráfico, el tráfico de armas y la piratería».

La explotación sexual infantil es uno de los delitos que podría repuntar en estos días durante la justa deportiva, no obstante, no es la única violación a derechos humanos que se hace presente.

La Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos «Todos los Derechos para Todas, Todos y Todes» (Red TDT), también advirtieron del riesgo que existe de profundizarse en esta justa deportiva, las políticas de contención, invisibilización y desplazamiento contra poblaciones históricamente excluidas.

Externaron su preocupación por el incremento de acciones de desplazamiento forzado, desalojos, persecución a personas migrantes, limpieza social de personas en situación de calle, violencias institucionales contra poblaciones prioritarias, vulneraciones al derecho a la protesta y a la libertad de expresión, racismo, clasismo y el aumento de la militarización en las sedes mundialistas CDMX, Guadalajara, Monterrey.

Maternidad libre y segura: un horizonte lejano para miles de niñas en Perú

 

Cartel con el lema "Las niñas no se tocan" que activistas peruanas pintaron durante una manifestación en las calles de Lima en septiembre del 2025, en defensa de la integridad física de las niñas ante la violencia sexual que vulnera sus derechos y genera embarazos y maternidades forzadas. Imagen: Mariela Jara / IPS.Mariela Jara

LIMA – Los embarazos en niñas y adolescentes persisten en el Perú vulnerando los derechos humanos de esta población. En lo que va del 2026, 784 menores de 14 años se han visto forzadas a la maternidad cuando les correspondería estar en la edad del juego y de la formación escolar.

Según datos del gubernamental Sistema de Registro del Certificado de Nacido Vivo en Línea del Ministerio de Salud (Minsa), en el 2025 fueron 992 las niñas que dieron a luz, y en el 2024, 1075, lo que arroja la cifra de 2851 casos en el pasado bienio.

Todos estos casos son considerados resultado de una violación; la legislación peruana protege la indemnidad sexual de menores hasta los 14 años.

La legislación peruana protege el derecho de menores de 14 años a mantener intacta su esfera íntima para no perturbar el libre desarrollo de su personalidad, considerando por ello todo acto sexual que los involucre como un delito. Aun en los casos en que se alegue “consentimiento”, este no tiene validez legal.

El año pasado, 63% de las denuncias por violencia sexual que sumaron más de 13 000, fue contra niñas y adolescentes.

“La tasa (de embarazo adolescente) de Perú es menor a muchos países, pero en comparación con Chile o Argentina estamos mal. Como decía, hay que superar la inequidad porque las más afectadas son las niñas más pobres, con menor educación”: Guillermo Atencio.

Las víctimas tienen derecho a recibir atención integral en el sistema de salud, acceder al kit de emergencia que incluye la anticoncepción oral de emergencia y, en caso de embarazo, información sobre aborto terapéutico, despenalizado en el Perú. Sin embargo, no se cumple y las niñas siguen dando a luz.

Instancias internacionales de Derechos Humanos han exhortado al Estado peruano a corregir esta situación. Un caso clamoroso sucedió en 2023, cuando el Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas lo responsabilizó de vulnerar los derechos humanos de “Camila”, una niña del amazónico departamento Loreto, embarazada por la violación de su propio padre.

No se atendió la demanda de la madre de interrumpir el embarazo pese al grave estado de la salud física y mental de la hija.  Con 13 semanas de gestación, “Camila” tuvo un aborto espontáneo por el que fue criminalizada. Tras la denuncia internacional, el Comité exhortó al Estado peruano a despenalizar el aborto en todos los casos de embarazo de niñas y asegurarles acceso a servicios seguros.

Mujeres del pueblo indígenas awajún llegaron hasta Lima 
desde su provincia amazónica, Condorcanqui, en la zona nororiental 
del Perú, para denunciar la indiferencia del Estado ante las 
violaciones sistemáticas de niñas y adolescentes de sus territorios.
 Imagen: CMP Flora Tristán

La última Encuesta Nacional de Salud 2025, presentada el 19 de junio, indica que 2,3 % de menores de 12 a 17 años estuvieron alguna vez embarazadas. El porcentaje sube a 7,4 % cuando se toma el rango de edad entre los 15 y 19 años. Las más afectadas son niñas y adolescentes de zonas rurales en situación de pobreza y de departamentos amazónicos.

“El problema es la inequidad, hay regiones como Lima que tiene prevalencia de embarazo adolescente que oscila entre 4 o 5 % mientras que en otras como Amazonas en la zona nororiente del país, llega a 18 y 20 %”, indicó a IPS Guillermo Atencio, especialista en Salud Sexual y Reproductiva del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa) en Perú.

Agregó que es necesario que el Estado logre intervenciones efectivas considerando las especificidades de la población al abordar situaciones transversales como la violencia sexual o la exposición a economías ilegales, para lo cual, precisó, es necesario que los equipos técnicos avancen en esas miradas territoriales.

Perú es un país de renta media con profundas desigualdades sociales y de género. Su población supera los 34 millones, de los cuales 25 %, uno de cada cuatro habitantes, es pobre, lo que aumenta a 35 % en zonas rurales.

“Los procesos avanzan muy lentos, sigue la impunidad. Mientras tanto no paran las violaciones, siguen ocurriendo y en este momento tenemos 80 adolescentes embarazadas contagiadas con VIH/sida”, Rosemary Pioc.

Atencio, médico cirujano ginecoobstetra con una amplia trayectoria en la salud pública y la docencia universitaria, destacó que el Plan Multisectorial de Prevención del Embarazo Adolescente 2012 – 2021 aplicado en Perú, ha incorporado la educación sexual, el problema de la violencia sexual y la diferenciación entre el embarazo adolescente y el infantil.

Sin embargo, analizó, esta importante herramienta de política pública no tomó en cuenta la diversidad territorial y de población, ni los problemas estructurales de género, por lo que no incluyó intervenciones específicas.

“Está en marcha un nuevo plan y desde el Unfpa estamos planteando que tenga un fuerte componente territorial para considerar las diferentes vulnerabilidades quede manera interseccionada afectan a la población, a fin de lograr intervenciones más efectivas”, puntualizó.

En las movilizaciones convocadas por organizaciones de mujeres 
en Perú se evidencia la denuncia de las maternidades forzadas 
en niñas y adolescentes. Pero la sociedad peruana mantiene 
una alta tolerancia a la violencia de género que contribuye
 a naturalizar las vulneraciones de derechos de ese grupo poblacional.
 Imagen: Mariela Jara / IPS

Un problema latinoamericano

En Perú, la tasa de fecundidad pasó de 3,5 hijos por mujer de 15 a 49 años en 1996 a 1,7 al 2025.

Esa fuerte tendencia decreciente no se registra en los embarazos de niñas y adolescentes, lo que también ocurre a nivel de América Latina y el Caribe, región donde más de 50 % de su población de 660 millones es femenina y con altos índices de violencia de género y embarazos no deseados.

En la actualidad sigue siendo la segunda región del mundo, detrás de África, con mayor tasa de embarazos tempranos, debido a la falta de educación sexual integral y desigualdades socioeconómicas entre otros factores, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

De acuerdo al balance de los indicadores de género de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la Agenda Regional de Género, publicado por Cepal y ONU Mujeres el 2025, la tasa de fecundidad adolescente fue de 50,6 por cada 1000 mujeres de 15 a 19 años.

Un estudio de Unfpa estima que en la región 1,6 millones de adolescentes son madres lo que ocasiona un impacto económico de 15 300 millones de dólares por año debido a la pérdida de oportunidades educativas y laborales en las mujeres, y costos de los servicios de salud del Estado.

Nicaragua y Honduras superan el promedio regional de 50,6 al alcanzar 93 y 81 casos, seguidos de Venezuela con 73, de Guatemala, Guyana y Haití con 68, Bolivia con 64, México con 59, Colombia con 58, Panamá con 56, Ecuador con 54, El Salvador con 53, República Dominicana con 50 y Belice con 56.

Entre los países con una tasa media alta están Belice con 56, Suriname con 47, Perú con 43 y Brasil con 41. Y con una menor tasa figuran Jamaica y Trinidad y Tobago con 36, Argentina con 26, Costa Rica y Uruguay con 25, y Chile con 6.

“La tasa de Perú es menor a muchos países, pero en comparación con Chile o Argentina estamos mal. Como decía, hay que superar la inequidad porque las más afectadas son las niñas más pobres, con menor educación”, planteó el especialista Atencio.

Y agregó: “Debemos empoderarlas en educación sexual, en el conocimiento y protección frente a situaciones de violencia sexual, difundir el uso de métodos anticonceptivos en adolescentes que inician actividad sexual e involucrando la participación activa de la comunidad”.

“En el avance de la política es clave el enfoque de la violencia, antes el ministerio lo asumía desde el punto de vista mental, pero la violencia sexual no ocurre porque hay personas desequilibradas sino por cómo está estructurada la sociedad lo que demanda como respuesta un cambio social para reducir la tolerancia a la violencia de género”, dijo.

En Perú y el resto de América Latina se está dando visibilidad 
a uno de los más graves atentados a los derechos humanos 
de las niñas, como es el embarazo producto de violación sexual 
en menores de 14 años. Imagen: Mariela Jara / IPS

“No paran las violaciones”

En Perú el machismo es muy arraigado. La Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales publicada el 2025 mostró que 56 % de los hombres justifica la violencia sexual.

Rosemary Pioc, presidenta del Consejo de Mujeres Awajún, Wampis, Umukay Yawy, habló con IPS desde la provincia de Condorcanqui, en el departamento de Amazonas, conocida por su amplia biodiversidad. Con más de 430 000 habitantes, la pobreza entre la población indígena amazónica supera largamente el promedio nacional de 25 %.

Su organización viene denunciando la violación sistemática de niñas y adolescentes por parte de docentes de las instituciones educativas, y la falta de atención del Estado, al punto que han debido realizar movilizaciones a Lima para que se garantice el funcionamiento de una Fiscalía Especializada en Familia que atienda las denuncias.

Las niñas, indígenas de los pueblos awajún y wampis viven durante los periodos escolares en residencias estudiantiles para favorecer su acceso y permanencia a la educación pública, ante la lejanía de sus comunidades nativas, donde es clamorosa la ausencia del Estado y no existen instituciones educativas.

En los últimos años, según denuncia de las lideresas de esos pueblos, más de 500 niñas han sido víctimas de violación y no todos los responsables han sido destituidos.

“Los procesos avanzan muy lentos, sigue la impunidad. Mientras tanto no paran las violaciones, siguen ocurriendo y en este momento tenemos 80 adolescentes embarazadas contagiadas con VIH/sida”, manifestó. En Amazonas, la tolerancia a la violencia sexual llega a 69 %.

La lideresa indígena del pueblo awajún, uno de los 51 pueblos indígenas amazónicos reconocidos en Perú, deploró que el Estado no ponga como una prioridad la situación de las niñas y adolescentes de Condorcanqui y otras provincias del departamento.

“Hay mucho machismo y violencia, nosotras hacemos acompañamiento a las víctimas, sensibilizamos a las familias, pero muchas no quieren ni denunciar porque no confían en el Estado”, dijo.

Agregó que en su territorio “falta todo”, ante la envergadura de la pobreza, la desnutrición y el abandono. “Esto no va a terminar, mientras no se capture y sancione a los agresores y se haga justicia a las niñas. Nosotras seguiremos en lucha”, aseveró.

ED: EG