8/09/2026

La diferencia entre entender y vivir

 El Oasis de la Insignificancia

Óscar de la Borbolla

"La experiencia, el hecho, la realidad añaden un plus irremplazable, incomparable con el mero entender, el mero saber".

La diferencia entre entender y vivir. Por Óscar de la Borbolla

Hay una diferencia abismal entre entender (captar a nivel intelectual) y vivir (tener una experiencia real que deja una marca). Diferencia enorme que vuelve inútiles la mera información y los consejos que se dan a los jóvenes. Comprender esa disparidad podría permitir repensar la educación y algunas políticas públicas destinadas a la prevención. Intentaré mostrarlo.

Todos sabemos que somos mortales, entendemos perfectamente que el ser humano muere, que la muerte está en nuestra naturaleza; hasta los niños lo han oído. Es posible que sea el más universal de nuestros saberes y, sin embargo, saberlo o entenderlo no le quita ni un ápice de sorpresa a la efectiva ocurrencia de la muerte. Cuando alguien, a quien uno quiere, muere, la muerte deja de ser una noción intelectual y aparece ante nosotros desplegada con toda su dolorosa presencia. Ahora sí tiene contenido: es real.

Y esta gran diferencia pasa con todo: no es lo mismo saber cómo se nada, haber recibido el mejor curso de natación, las mejores clases teóricas que echarse al agua y comenzar a bracear. La experiencia, el hecho, la realidad añaden un plus irremplazable, incomparable con el mero entender, el mero saber. Esta diferencia la marca muy bien nuestro idioma con saber y conocer: es diferente saber de una persona que conocerla: uno puede saber, saber incluso mucho de ella, pero nunca es igual que conocerla, que tenerla frente a uno. La experiencia sí enseña, la experiencia hace una marca profunda en uno: es más de veras.

Otro ejemplo, que resulta terrible por sus consecuencias sociales, es el hambre. El hambre vuelve a los ricos y a los pobres habitantes de distintos planetas, porque aunque el rico pueda llegar a sentir hambre, ese ardor en el estómago, esa necesidad, esa demanda no alcanza a compararse con el hambre del pobre, esa que lleva días, que lo obliga a humillarse, a someterse o a matar incluso. Indudablemente son dos hambres y dos mundos.

La diferencia entre "entender" (un proceso que ocurre en la mente) y "experimentar" (un proceso que es o existe en la realidad) la explicó Kant en su Crítica de la razón pura, concretamente en el pasaje que se conoce como la Prueba Ontológica. Vale detenernos en ello: siglos antes de Kant, hubo un monje filósofo llamado San Anselmo que escribió un libro de título Proslogion, donde aparece, por primera vez, la prueba de la existencia de Dios que fue repetida durante muchos siglos y que tuvo versiones en autores muy destacados del Siglo XVII como Descartes y Leibniz. Fue Kant (Siglo XVIII) quien la bautizó así y la refutó.

Intentaré explicar de la manera más sencilla y didáctica la prueba de la existencia de Dios de San Anselmo: imaginemos un diálogo entre San Anselmo y un ateo, el primero afirmando que Dios existe y el segundo negándolo. Anselmo pregunta: ¿Estás de acuerdo de que discutamos la idea de un Dios perfecto, pues no me interesa discutir la idea de un Dios imperfecto? El ateo dice que para él no existe Dios. Y Anselmo insiste: estoy de acuerdo contigo a propósito de dioses imperfectos. Esos no existen. No me interesa discutir si Tláloc o Zeus existen, sino si existe un Dios perfecto. Está bien, dice el ateo, discutamos la idea de un Dios perfecto. Anselmo contesta entonces: ya te lo demostré… El ateo, desconcertado, pregunta. ¿Cómo es que ya me lo demostraste si no me has dado ningún argumento? Ya te lo di, afirma Anselmo, solo revisa lo que acabas de aceptar: aceptaste que discutiríamos la existencia de un Dios perfecto. Sí, responde el ateo, yo acepté discutir la existencia de un Dios perfecto, pero y eso ¿qué? Pues que en el concepto de perfección, dice Anselmo, está implícito que sea omnisapiente, omnipresente, omnipotente… y si tiene todas las cualidades en grado máximo, ¿cómo podría no tener la característica de la existencia? Si aceptas discutir la existencia de un Dios perfecto, entonces ya has aceptado que tiene existencia…

Este argumento, que parece un mero truco, se apoya en uno de los pilares de la razón occidental que todavía hoy es admitido. Un pilar que aparece por primera vez en el Fragmento B 3 de Heráclito: "Ser y pensar son la misma cosa"; y que repite Hegel, Siglo XIX, cuando afirma: "todo lo real es racional y todo lo racional es real" y que —aunque tal vez sin saberlo— repiten también los físicos de hoy cuando elaboran y confían en los modelos matemáticos con los que exploran zonas donde no alcanzan a experimentar. Y lo repetimos todos aquellos que confiamos en las matemáticas como un instrumento para explorar el mundo: es la razón asumida como esqueleto de lo real, la lógica como ontología.

Kant refuta el argumento de San Anselmo al mostrar que la existencia no es un predicado y lo hace de una manera muy simpática: lo resumo: el concepto de Dios perfecto incluye una serie de predicados: omnisciencia, omnipotencia, etc. y con todos ellos se consigue "entender" la definición completa de la idea "Dios"; pero, como también puedo, dice Kant, hacer la definición completa de 100 thalers (monedas de plata de su época) y no por ello soy más rico, se sigue entonces que "la existencia no es un predicado"; la existencia no puede ser deducida, tiene que ser hallada en la "experiencia".

Si se capta la enorme diferencia que hay entre "entender" y "experimentar" se comprenderá que de nada sirve dar consejos a un joven, pues, aunque los entienda, quede informado, eso no produce "experiencia". Solo lo vivido, lo real, aquello con lo que uno tropieza produce enseñanza. Y, si se captara esta diferencia, también se comprendería la inutilidad de las campañas preventivas del gobierno que informan sobre los males que ocasionan las drogas, el alcohol o el tabaco. Informan, lo entendemos, pero eso no cambia la conducta; solo lo vivido, lo experimentado en carne propia, lo que aparece delante, con lo que nos topamos y tropezamos, en una palabra, solo lo que existe enseña, educa: nos cambia.

Habría que buscar la solución no en la mera información, pues hoy hay una nueva manera de experiencia: la experiencia virtual. No es como la experiencia real, pero, por lo visto, algo tiene de real, pues como somos seres simbólicos resultamos capaces de conmovernos por un like o de hundirnos en la desesperanza cuando alguien nos bloquea en una red social.

Es muy absurdo, que a todos nos resulte tan espontáneo creer que basta con que la gente entienda para que cambie. Lo digo como profesor y como padre; pongo mi empeño en que me entienda —y claro que me entiende— pero no cambia, no cambian… recuerdo una pieza teatral de Eugenio Ionesco, La lección. En ella un profesor de idiomas quiere que su alumno comprenda hasta el fondo no solamente la palabra "cuchillo", sino la experiencia cuchillo y termina encajándoselo… Yo solo procuro ser lo más claro posible.

X @oscardelaborbol

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