Adolescentes, armas y violencia
Ana Lilia Pérez
"Históricamente el tema de la salud mental se ha visto como tabú y eso también inhibe que se busque atención preventiva".
Tres casos en tres países distintos en el lapso de una semana: adolescentes de 15 años de edad que llegaron a su escuela portando armas para perpetrar ataques que dejaron víctimas mortales.
Ocurrió en México, en Lázaro Cárdenas, Michoacán, cuando horas antes de cometer su crimen, la madrugada del 24 de marzo Osmar se hizo selfies y videos en su habitación: de pie frente al espejo vestido con pantalón y sudadera negra, guantes del mismo color y en sus manos sostenía un fusil de asalto AR-15 calibre 5.56, un arma de origen estadounidense de combate para uso exclusivo de las fuerzas armadas. Publicó las imágenes en sus redes sociales con la frase “Hoy es el día”.
El adolescente de 15 años de edad usaba una cuenta en Instagram con un nombre de usuario similar al seudónimo que a finales de los años noventa desde Estados Unidos usaba en foros de Internet y videojuegos uno de los perpetradores del tiroteo en una escuela secundaria en Columbine en 1999.
Horas después de su publicación, esa mañana Osmar salió de su casa en Michoacán, rumbo a la escuela privada donde cursaba la preparatoria. Cargaba un estuche de guitarra dentro del cual ocultó el fusil. Al llegar sacó el arma para asesinar a dos profesoras: Tatiana y María del Rosario, 14 disparos.
El lunes 30 de marzo se llevó a cabo la audiencia en que un Juez vinculó a proceso a Osmar por el doble feminicidio y por portación ilegal de arma de fuego. Como parte de la investigación complementaria, dentro de los próximos 30 días, la Fiscalía del estado (a través de la Fiscalía Especializada en Violencia Familiar y de Género, y de Niñas, Niños y Adolescentes) deberá integrar más pruebas para el proceso y Osmar permanecerá en el Centro de Justicia Integral para Adolescentes en Morelia.
El mismo día en que en México se llevaba a cabo la audiencia de Osmar, a más de siete mil kilómetros de distancia, en Argentina, en San Cristóbal, una localidad de la provincia de Santa Fe, otro adolescente de 15 años de edad llegó a su colegio con un arma también oculta en un estuche de guitarra. Era una escopeta calibre 12-70 de caza, que pertenecía a su abuelo: traía también una especie de canana con 40 cartuchos.
Pasaban de las 7 de la mañana cuando los estudiantes comenzaban a reunirse en el patio para izar la bandera. El adolescente entró al baño donde sacó el arma y los cartuchos, allí lo vio otro estudiante, un chico de 13 años de edad, a quien le disparó asesinándolo, luego caminó hacia el patio de la escuela, y mientras gritaba “¡Sorpresa!”, abrió fuego de manera indiscriminada, hiriendo a dos estudiantes, y otros seis más quedaron heridos mientras trataban de huir en estampida.
Los videos y testimonios de los estudiantes dan cuenta de cómo trataban de ocultarse del tirador, hasta que Fabio, uno de los porteros de la escuela logró detener al atacante; el joven le apuntó con el arma, pero él logró desarmarlo. Después Fabio declaró a medios de comunicación que el adolescente parecía en shock y le dijo: “Salí a cazar el fin de semana”.
Cuando llegó la Policía y lo subían a la patrulla, comenzó a decir que quería matar a toda la escuela, según los testimonios difundidos.
Las primeras declaraciones que compartieron sus abogados defensores fue que no se trató de un ataque contra alguien en particular, sino “fue contra todos”, también les dijo que desde los 10 años tenía pensamientos autodestructivos. En sus redes sociales el adolescente reposteaba contenido de combate y de ataques.
Con horas de diferencia, el mismo lunes 30 de marzo en Estados Unidos: en una preparatoria del condado Comal en Texas, otro estudiante de 15 años de edad llegó a la escuela con un revólver calibre .357 que sustrajo de su casa. Le disparó a una de sus profesora dejándola malherida y luego se suicidó.
En Texas se recuerda el caso ocurrido hace casi cuatro años, cuando en mayo de 2022, Salvador, un joven que recién había cumplido 18 años irrumpió en una primaria de Uvalde armado con un fusil de asalto AR-15 y asesinó a tiros a 19 niños de 10 y 11 años de edad, y a dos maestras e hirió a 17 más.
El día en que cumplió 18, Salvador se compró de regalo de cumpleaños dos fusiles de asalto AR-15 y 375 cartuchos de municiones, mediante el sitio web de una compañía estadounidense que comercializa armas. En su cuenta de Instagram, bajo su nombre de usuario publicó la fotografía de las armas colocadas sobre la alfombra de su habitación.
Tras el tiroteo en la escuela de Uvalde, los familiares de las víctimas presentaron demandas en que señalaron a empresas de redes sociales, sitios web y videojuegos que –según los argumentos incluidos en esas demandas– habrían contribuido en el comportamiento del atacante. Se detalla en una de las demandas que apenas 23 minutos después de la medianoche del día de su cumpleaños número 18, el tirador de Uvalde compró dos rifles de asalto AR-15 y que mucho antes de que tuviera la edad suficiente para comprarlos, esas redes sociales y sitios web le fomentaron esa idea.
Nuevamente los casos recientes de adolescentes perpetrando ataques armados colocan en la agenda pública el debate sobre la salud mental de adolescentes y la violencia en las escuelas, el acceso a las armas, y el tipo de contenidos violentos que se promueven en redes sociales.
Es muy grave que en países como Estados Unidos de tan frecuentes, se han “normalizado” los tiroteos en escuelas. Lo que ocurrió en Texas el lunes, apenas si fue nota de algunos diarios.
En un país donde hay más armas que número de habitantes –120 armas de fuego por cada 100 estadounidenses según la organización suiza Small Arms Survey (SAS)– y su disponibilidad prácticamente está a un sólo click o en el estante de supermercado, la violencia armada se convirtió en una de las principales causas de mortalidad infantil y juvenil incluidos homicidios y suicidios juveniles con armas de fuego.
Lo anterior fue identificado y documentado por el Instituto Hopkins de salud pública, que cifró que desde el año 2020 en Estados Unidos hay mayor incidencia de muertes de niños y jóvenes por arma de fuego.
En ese país no hay un año en que no se registren tiroteos en alguna escuela y amenazas frecuentes. Cuando escribía este texto, al revisar los datos más recientes sobre el estado de salud de la profesora herida en la escuela de Texas, quien permanece hospitalizada, leo las alertas que la tarde del martes emitieron autoridades de ese país sobre otras amenazas que de manera anónima habría llegado en una escuela de Tennessee.
Escribe Michel Ende en La historia interminable que cuando se repite mucho, el horror pierde su espanto. No debemos habituarnos a que los casos de violencia armada en las escuelas se hagan costumbre.
Los casos recientes de adolescentes atacando a sus profesores o compañeros en las aulas de manera tan violenta, y en algunos casos quitándoles la vida, o incluso suicidándose, como ocurrió en Texas, recuerdan la necesidad de que los gobiernos y los sistemas de salud contemplen modelos de atención integral a la salud mental de los niños y adolescentes.
Históricamente el tema de la salud mental se ha visto como tabú y eso también inhibe que se busque atención preventiva.
Recientemente entrevisté a psicólogos y siquiatras que trabajan con niños y adolescentes, y me explicaban que ya no se le puede mirar a la salud mental como un tabú o algo que deba ocultarse o negarse, sino que se debe buscar atención de manera preventiva, y que es un tema urgente, porque la sobreexposición a las redes sociales y contenidos digitales que suelen ser muy violentos, explicaban, está impactando en la salud mental de personas en edades cada vez más tempranas.
La atención a la salud mental de los jóvenes es un tema urgente, un asunto de salud pública, lo percibimos los docentes cuando en las aulas los estudiantes expresan sus inquietudes, necesidades y afectaciones. El año pasado, cuando un estudiante del CCH asesinó a otro estudiante dentro del plantel e hirió a un trabajador, en las aulas se hablaba precisamente de la necesidad de que se dé mayor importancia y atención a la salud mental.
En diversos países se ha expuesto también la urgencia de legislar sobre el contenido de las redes sociales.
En México, el Gobierno federal ha adelantado que en próximas semanas presentará un plan integral de atención a la salud mental de niños y jóvenes, pero es una tarea en que debemos involucrarnos todos: padres de familia o tutores como primer círculo afectivo, también docentes, autoridades de las instituciones de salud y de las instituciones educativas, es una tarea colectiva y urgente.
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