5/17/2026

Isabel Díaz Ayuso y la derecha importadora de fracasos

 Héctor Alejandro Quintanar

"Díaz Ayuso quiso llegar con ínfulas de reconquista como Isidro Barradas, y terminó yéndose del país como portadora solamente de insidia y burradas".

Isabel Díaz Ayuso y la derecha importadora de fracasos. PorHéctor Alejandro Quintanar

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quiso llegar a México como si fuera el General Isidro Barradas en 1829, en ánimos de reconquista y de recuperar un territorio que sienten no sólo suyo sino subalterno. Desde luego, en el año 2026 la politicastra madrileña no arribó con miles de soldados bajo su mando para librar una batalla física en Tampico, pero sí vino con las ínfulas propias de quien siente que tiene derecho a adentrarse a una casa ajena a mandonear.

La presencia de Isabel Díaz Ayuso en México resultó mucho más irrelevante que su ausencia en España, por una razón sencilla: como recordó Luis Hernández Navarro, la situación de la política del Partido Popular en su país no puede ser más desafortunada, porque acarrea añejos casos de corrupción desde la pandemia y hoy es una pinza de sus mentores, el panfletista exministro de José María Aznar, Miguel Ángel Rodríguez, con quien ha ejercido desde la capital ibérica un gobierno desaseado que exhibe no sólo la improbidad sino también la escasa humanidad de las derechas, que dejaron en el abandono a los sectores más vulnerables en el momento más crítico de la epidemia de COVID hace pocos años.

Así, la visita de la señora Díaz Ayuso a México fue una especie de huida ante la luz pública, un refugio temporal de sus dislates, o, en el mejor de los casos, unas vacaciones a costa de los erarios español y mexicano; donde la señora pretendía llegar a un país multiétnico y multicultural a pontificar sobre la magnanimidad de Hernán Cortés y sobre por qué debemos estar agradecidos de que el conquistador y sus huestes llegaran a civilizarnos, lo que en la estrecha cabeza de las derechas significa el haber impuesto a la fuerza una religión y valerse de un sistema jerárquico que no sólo acabó con más del sesenta por ciento de la población originaria, sino que sentó las bases de una estructura colonial cuyas taras lacerantes, como por ejemplo el racismo, siguen vigentes.

En otras palabras, a diferencia de Isidro Barradas, que vino a dar una batalla armada de reconquista en el siglo XIX, la señora Díaz Ayuso vino a dar un intento de batalla cultural en el siglo XXI, a través de coartadas muy pobres en calidad, aunque no en lo monetario, como fue una vinculación con la Feria de Aguascalientes, la recepción de algún premio insípido ahí; un intento de misa reivindicativa de Cortés en la Catedral de la Ciudad de México; una reunión con la narcisista Alcaldesa de la Cuauhtémoc en Ciudad de México; una reunión con los cuatro gobernadores del Partido Acción Nacional, una conferencia en la Universidad patito de Ricardo Salinas Pliego, y una invitación a un acto de premios cinematográficos en Xcaret.

En ese proceso sobresalieron un par de aristas, una de contenido y otra logística. En ese sentido, el contenido del discurso de la señora Isabel Díaz Ayuso fue un pergeño ripioso de la Guerra Fría, porque acusó que el indigenismo es el “nuevo comunismo”, mal del que se debe salir; y acusó también, en un discurso ramplón y carente de cualquier evidencia, que México y España son ejemplos de países donde ha muerto la democracia porque no se respetan las reglas electorales que son de todos. Sin ofrecer un solo dato concreto, y obviando que, en el caso mexicano, las elecciones por primera vez en 2021 dejaron de tener derroche del erario federal para compra de voto y en 2024 la candidata del PRIAN tuvo equitativa presencia mediática y se le perdonaron recursos ilegales en campaña -como los invertidos en la red sociodigital X-, la señora Díaz Ayuso emitió una arenga obtusa, fantasiosa, que sin embargo pudieron haber firmado los transitólogos que se creen liberales en el país.

El anticomunismo, como han planteado Ernesto Bohoslavsky o Marcelo Casals, más que una ideología política es un intento de pensar el conflicto político y de construir antagonismos, donde al adversario se le quiere anular, muchas veces usando vías no democráticas o ilícitas, para señalarlo no como alguien con ideas equivocadas, sino alguien de existencia ilegítima; y siempre al presunto comunista se le acusa de ser una fachada, mascarada o caballo de Troya de una fuerza extraña y maligna que opera desde las sombras, llámese satanás, judaísmo, masonería, Unión Soviética, Foro de Sao Paulo, Foro Puebla, Venezuela, La Habana, el Castrochavismo o una unión intergaláctica narco-socialista.

Así, Díaz Ayuso llegó a México a decir nada nuevo, salvo en el estilo, al olvidar que en el país el único narcogobierno documentado es el del panista Felipe Calderón, un tipejo peligroso cuyo brazo de seguridad está hoy completamente preso o confeso de crímenes del narco, pero al que quizá el partido de la señora Díaz Ayuso respeta porque en 2007 tuvo la intención demagógica de abrir una sede panista en Madrid, llamada Europan, para estrechar vínculos con el Partido Popular, mientras en México, en ese mismo año, el Tec de Monterrey, de manera vergonzosa, le daba una cátedra al señor José María Aznar sobre “Liderazgo”, olvidando acaso que ese homúnculo fue el responsable de la ignominia de que España secundara el genocidio de Bush en Irak en 2003, labrado con la mentira de las “armas de destrucción masiva”.

Así, la dimensión de contenido de la visita de Díaz Ayuso fue un refrito trasnochado de los peores prejuicios de la Guerra Fría, embadurnados asimismo con la necedad de querer explicarle a los colonizados por qué le deben rendir pleitesía al colonizador. En lo relativo a la dimensión logística, sin embargo, es donde está el verdadero legado de la presidenta de la comunidad de Madrid, porque sin más su gira vacacional con cargo al erario fue un fracaso de dimensiones catastróficas.

Cancelada su misa en Catedral, reunida con lo peorcito de la opinión pública en la zahúrda de Salinas Pliego; fotografiada con cuatro gobernadores grises donde la que más sobresale lo hace por violar la Constitución y permitir injerencias de la CIA; en un hecho cuya foto dimensiona el tamaño real de Acción Nacional y su crisis electoral; y cancelada su verbena y verborrea en Xcaret, no hay nada memorable a su favor en su visita a nuestro país sino lograr sólo un apodo descriptivo para la señora que ya se asume la Díaz Ayuso mexicana: Alessandra Rojo de la Vega, a quien desde Madrid ya llaman la “Alcaldesa de poca monta”.

Consciente de su reverendo fracaso, la funcionaria madrileña optó por acortar su estancia y cancelar sus últimos cinco días y actos en México, pero como buena kamikaze política, y en pretensión de llevarse a algún inocente en su caída, Díaz Ayuso tuvo el descaro de mentir como Goebbels y acusar que se iba porque había un clima de boicot en su contra perpetrado por la Presidenta de México, que según ella presionó a Xcaret para cancelar su foro, hecho que la propia organización desmintió. Poco importa, para las hordas fanatizadas de las derechas mexicanas, esa verdad será irrelevante y culparán de su fracaso a Claudia Sheinbaum hasta el fin de los tiempos.

Así, la señora Díaz Ayuso se suma a una caterva innoble. En febrero de 2006, el PAN trajo a México a José María Aznar a violar la ley electoral y a dar banderazo de salida a la campaña fascista ilegal más cara en la historia hasta ese momento: la del “peligro para México”. En 2017, los porros de Claudio X. González trajeron a la capital mexicana al juez golpista Sergio Moro, mafioso que desaforó a Dilma Roussef y luego sería Ministro del fascista Jair Bolsonaro en Brasil. En 2021, el PAN trajo al Senado mexicano a Santiago Abascal de Vox, cuyo fascismo estruendoso fue tan vergonzoso que el propio PAN se arrepintió de su cháchara; y en 2024, traída por el magnate evasor Ricardo Salinas Pliego, llegó a México Cayetana Álvarez de Toledo, en una visita perfectamente olvidable.

La lección sin duda es clara. El PAN y el conservadurismo no entendieron que traer a politicastros derechistas en desgracia o bancarrota moral a tratar de sanearse a México y con ello dar lustre a la derecha local, es algo tan ridículo como traer a un estafador prófugo a que venga a ser tu especialista contable a tu empresa en quiebra.

El PRIAN mexicano no se ha dado cuenta de ello, y por eso deifica o trata como heroína a una mujer grisácea, con lozas políticas pesadas sobre la espalda, mientras ella, un poco más aguzada que sus anfitriones, se dio cuenta de su fracaso y prefirió darle la espalda a sus epígonos rastreros en México. Y con ello, selló un destino. Si Díaz Ayuso quiso llegar con ínfulas de reconquista como Isidro Barradas, y terminó yéndose del país como portadora solamente de insidia y burradas.

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