.- Ciudad
de México.-«La mitad de las mexicanas nunca han experimentado un
orgasmo», anuncia la última encuesta del Instituto Mexicano de Sexología
(Imesex); la lectura va más allá de hablar de prácticas puramente
sexuales, sino más bien, el dato abre la puerta a cuestionar hasta dónde
se ha anidado el patriarcado en el cuerpo que ha vinculado a palabras
como la vergüenza, el recato y el pudor con la sexualidad femenina.
Cada
8 de agosto se conmemora el Día Internacional del Orgasmo Femenino con
el objetivo de crear conciencia sobre la sexualidad femenina y con ello
el derecho al placer de las mujeres.
En una sociedad con valores
patriarcales enraizados y donde las mujeres no experimentan un orgasmo
en toda su vida, la posibilidad de la autoexploración y el autoerotismo
termina por encauzar en la posibilidad de erosionar todo el sistema
donde descansa nuestra sexualidad y nos reconoce como sujetas sociales,
políticas y por supuesto, sexuales.
El gestionar, controlar y
gozar del orgasmo femenino, constituye así, parte de una revolución por
recuperar la autonomía corpórea; saber que nuestro territorio no
pertenece a nadie más, que no hay pudor ni vergüenza, sólo plenitud.
Despojarse
de los valores negativos contenidos en la sexualidad femenina, es
paralelamente, quebrar con el rol asignado al género. Esta ruptura
supone repensarnos desde una mirada que no sea la patriarcal, sino desde
una mirada afectiva, amorosa, erótica y liberadora.
El
autocuestionamiento sobre la relación que hemos desarrollado con nuestro
territorio resulta en una emancipación; la libertad.
En la más
reciente participación de la teórica feminista, Rosa Cobo refiere que el
sistema patriarcal se ha encargado de dividir el cuerpo del individuo,
es decir, la idea de que estos dos conceptos se encuentran separados; «No es así, el cuerpo es el individuo», explica la teórica.
Con
esto se quiere señalar que explorar, disfrutar y proteger el cuerpo que
habitamos es parte intrínseca de la autodefensa de quién somos. Por
ello, desde el momento en que se ejerce la libertad del goce y el
placer, no sólo conlleva la emancipación del cuerpo, sino también, a
nosotras mismas; después, llega la revolución colectiva por la
autonomía.
Esto
último, lo ataja la filosofa feminista española Ana de Miguel Álvarez,
quien refiere que la sexualidad y el placer sólo han reproducido las
relaciones de desigualdad.
«Los
hombres han sido «el sujeto» en casi todos los sentidos posibles, y
como tales, definieron la sexualidad como «su sexualidad»
Fuente: Cimac Foto
De placer y género: Un privilegio diferenciado
Ivonne Szasz escribe en «Sexualidad y género: algunas experiencias de investigación en México» que en nuestro país, el valor que se le da a la sexualidad consta de dos cosas: La penetración y la eyaculación.
Estos
dos episodios sexuales reproducen una serie de cuestiones sistémicas,
como por ejemplo, el matrimonio temprano, el embarazo no deseado y la
transmisión de enfermedades sexuales, sin embargo, esta es la manera en
que la población ha sido instruida para vivir de su sexualidad.
Existen
ciertos comportamientos sexuales que poseen la característica de ser
reafirmantes de la identidad masculina; la masturbación y el acceso al
placer sin culpas.
Fuente: Cimac Foto
Según
señala la autora de la investigación, el hecho de que las personas
seamos socializadas sexualmente de esta manera, sólo alienta a un
profundo rezago sobre el conocimiento del placer, el autoerotismo y la
sensualidad, especialmente, cuando de mujeres se trata quienes son
privadas de ejercer su derecho a la autonomía placentera y limitadas a
la creencia patriarcal de que el goce sólo debe de limitarse a la
penetración y a la eyaculación del otro.
Esto también es sustentado por la maestra Ana Amuchástegui en Mitos y dilemas de los jóvenes en tiempos del SIDA que la mujer en México es valorada por el placer que le brinda al hombre durante la penetración, la preservación de la «virginidad«, la fidelidad, la ignorancia sexual -como inocencia «positiva»
al carecer de experiencia sexual- y la discreción, siendo valores
recrudecidos aún más, cuando se trata de mujeres en contextos
precarizados.
En este sentido, es urgente que el hablar del
placer comience a ser una práctica normalizada; que el autoerotismo sea
compañero y que las mujeres comiencen a alejarse del margen patriarcal
que ha condenado el placer a la penetración.
Fuente: THE «O» PROJECT, serie de fotografías de Marcos Alberti
Ante
un escenario donde la desigualdad de género es tan manifiesta, es
urgente desmarcarse de los valores arraigados a la relación que
entablamos con nuestro cuerpo.
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