Ana Lilia Pérez
"Las mansiones que ocupaban los Lozoya-Eckes, son muestra del tipo de operaciones y administración a la que por muchos años se sometió a la petrolera".
En una paradisiaca zona de Ixtapa Zihuatanejo hay un exclusivo condominio de lujo llamado Quinta Mar cuyas mansiones además de vista a las brillantes aguas color turquesa del mar tienen playa privada. Una de esas fastuosas residencias fue construida en una extensión de tres mil 578 metros cuadrados en varios niveles sobre un acantilado desde el que se desciende por caminos de césped, terrazas y una piscina cuya vista se funde con la panorámica de la costa; dicha mansión entraña una historia que la vincula en una trama de sobornos en Pemex.
En el año 2013 fue adquirida por 1.9 millones de dólares, mediante operaciones trianguladas por un abogado que trabajaba para Altos Hornos de México (AHMSA). La mansión era para transferírsela a Marielle Eckes, esposa de Emilio Lozoya, el entonces director de Petróleos Mexicanos (Pemex) en el Gobierno de Enrique Peña Nieto.
Hacía apenas unos meses que Emilio Lozoya había adquirido otra mansión de mil metros de construcción en Lomas de Bezares, en la Ciudad de México, por la que pagó 38 millones 175 mil pesos de contado.
Al paso de los años tras realizar sus indagatorias, la Fiscalía General de la República (FGR) identificaría que ambas mansiones fueron producto de los sobornos que Lozoya recibió de Alonso Ancira y de Odebrech.
Desde el año 2017 en la FGR se abrió una carpeta de investigación relacionada con los sobornos que Odebrech la trasnacional de origen brasileño había entregado en México. La contratista de Pemex operaba en países de todo el mundo entregando sobornos a funcionarios de diversos niveles a cambio de contratos multimillonarios y beneficios. En el caso de México, el director de esa trasnacional, Marcelo Odebrech señaló haber entregado sobornos por 10 millones de dólares a Emilio Lozoya, pagos que habrían comenzado cuando Lozoya era parte de la campaña a nivel internacional de Peña Nieto.
Después de aquella campaña Lozoya fue coordinador de asuntos internacionales del equipo de transición de Peña y luego designado director de Pemex.
En sus indagatorias las autoridades detectaron también los sobornos que Lozoya habría recibido del dueño de AHMSA, Alonso Ancira, a cambio de que Pemex adquiriera la planta chatarra, que, bajo la dirección de Lozoya, Pemex pagó con enorme sobreprecio.
Mediante operaciones trianguladas –según las autoridades federales– las mansiones fueron parte de la trama de sobornos que Lozoya habría recibido, y desde el año 2019 quedaron bajo aseguramiento como medida cautelar. Durante los siguientes años, la FGR litigaría para aplicar a ambas propiedades la ley de extinción de dominio e incautarlas.
Hace unos días la FGR logró que un tribunal federal le diera la razón en la demanda de extinción de dominio por la mansión de Ixtapa; en ese caso, el tribunal revocó una sentencia que el año pasado había dictado una Jueza que había declarado improcedente la solicitud de la FGR; es decir, el reciente fallo de un tribunal federal da la razón a la FGR y ha ordenado la extinción de dominio, con lo que el inmueble pasaría a control de la Federación.
En tanto que está abierto el proceso mediante el cual las autoridades federales buscan aplicar la extinción de dominio también en el inmueble de Lomas de Bezares, la otra mansión que Lozoya pagó con 38 millones de pesos de contado, y que las autoridades de la FGR identificaron también como parte de los sobornos que habría recibido.
Durante el periodo en que su esposo dirigió la paraestatal, Eckes asistía a los eventos de Pemex en su rol de presidenta del Voluntariado de Pemex, al estilo de “primeras damas” de la paraestatal.
Las mansiones que ocupaban los Lozoya-Eckes y que las autoridades vinculan con los sobornos de contratistas de Pemex, son muestra del tipo de operaciones y administración a la que por muchos años en diversos gobiernos se sometió a la petrolera hasta convertirla no sólo en la compañía más endeudada, sino la más saqueada en su historia.
El saqueo que de Pemex se hizo por parte de diversos gobiernos que bajo el modelo neoliberal pretendían su privatización, es también parte de la historia de la industria petrolera de la que se hace remembranza por estos días, a propósito de un aniversario más de su nacionalización.
Episodios como el de Lozoya como director de la petrolera son más que anécdotas, porque fueron esos periodos los que dejaron una desastrosa herencia en Pemex: su enorme deuda, en parte producto de muchas de las mafiosas decisiones que se tomaban en contra del patrimonio de la paraestatal, para beneficio de algunos privados, incluidos aquellos como los que favorecieron a Lozoya con sobornos.
Son pasajes también por los que ha pasado la industria petrolera, que recién conmemoró 88 años desde aquella histórica decisión que tomó el Presidente Lázaro Cárdenas en marzo de 1938 de nacionalizar la industria, para poner fin a la abusiva conducta de las petroleras extranjeras que desde el porfiriato expoliaban los recursos energéticos de la Nación con toda clase de privilegios y en condiciones de abuso para con sus trabajadores.
Cárdenas, hombre con visión humanista y un alto sentido de justicia social, vio en el sector petrolero una parte fundamental de su proyecto de Nación. Primero abrazó el nacimiento de la organización gremial y estableció un salario mínimo petrolero, luego, en 1937 creó la Administración General del Petróleo; para marzo de 1938 decidía nacionalizar la industria.
Su determinación se tornó en uno de los episodios más emotivos, simbólicos y de solidaridad en la historia de México, en la que la población apoyaba a su presidente aportando lo que tenían a la mano para el pago a las empresas expropiadas.
La nacionalización de la industria petrolera se volvió el acto más claro de la defensa de la Soberanía. Tres meses después de emitido el Decreto de Expropiación, el 7 de junio de 1938 el gobierno creó la paraestatal Petróleos Mexicanos, como un organismo descentralizado de la Administración Pública Federal, con personalidad jurídica y patrimonio propios, para la conducción central y estratégica de todas las actividades de la industria petrolera.
La utopía cardenista, materializada con la nacionalización de la industria petrolera darían al país autonomía y soberanía no sólo energética sino económica, porque la nacionalizada industria petrolera daría al país la institución económica más importante de su historia, símbolo también de identidad.
Durante los siguientes años Pemex se forjó como una de las principales petroleras del mundo con una producción que llegó a su nivel más alto a partir de los años setenta, tras el descubrimiento, en el Golfo de México, de Cantarell, el segundo yacimiento más importante del planeta.
La política de privatización que aceleraron Felipe Calderón y Peña Nieto fue de subutilización de instalaciones, llegando en las refinerías a niveles de 35 por ciento de su capacidad para privilegiar la importación de refinados, imponiendo un costo mayor a los consumidores y haciendo también cada vez más costosa la operación de la petrolera al imponerle burocracias doradas y privilegios exorbitantes para sus directivos.
Del salinato al peñismo, incluidos los gobiernos de Fox y Calderón, además de la política privatizadora, los funcionarios públicos hicieron de la paraestatal su veta de negocios personales. A costa de Pemex se hicieron emporios privados; se inyectó dinero a elecciones presidenciales; acumularon fortuna sus directivos esquilmando lo que estaba a su alcance.
En esas etapas de saqueo neoliberal, la estadía de Emilio Lozoya en la dirección de Pemex se tornó en años en los que cobraba comisión hasta por recibir en su despacho a personas del sector que tocaban a su puerta, y tenía para ello un encargado de gestionar esos cobros. Usó su paso por la petrolera para el uso y goce personal, con un grotesco derroche, con vuelos en aeronaves de Pemex para trasladarse de manera cotidiana entre la mansión de Lomas de Bezares y las oficinas de Pemex; para irse de viaje por medio mundo con cargo también a Pemex, incluidos días de playa en los Hamptons, lugar exclusivo de la clase alta de Estados Unidos.
En pleno proceso de aplicación de la privatizadora reforma energética de Peña Nieto, que se aprobó mediante sobornos a legisladores, en Pemex su director Lozoya impuso transacciones desastrosas como la compra de la planta chatarra de Agronitrogenados.
Se trataba de plantas inactivas desde 1999, que en su origen habían pertenecido al Estado, porque habían sido parte de Fertimex, una de las paraestatales privatizadas durante la oleada de privatizaciones que iniciaron en el salinato cuando el padre de Lozoya era también secretario de Estado. Esas plantas quedaron en manos de la familia Ancira, cuyo dueño décadas después maquinaría con Lozoya que Pemex recomprara su chatarra pagándole sobreprecios mediante avalúos falsos, y transacciones plagadas de irregularidades.
Pese a sus quebrantos a Pemex, al salir de su cargo Lozoya cobró su finiquito por un monto de casi dos millones de pesos.
Ya se había embolsado además los millones en sobornos con que fueron pagadas las mansiones en las que se daba vida de jeque en las Lomas o en el paraíso de playa, esas mansiones que, desde hace años, la FGR litiga incautarle.
https://www.sinembargo.mx/4780174/lozoya-eckes-mansiones-y-corrupcion-a-costa-de-pemex/
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