6/28/2026

250 años ¿de qué?


La administración de Donald Trump, en sus más altos rangos civiles y militares, dirige acciones militares genocidas en contra de Cuba, Irán y Palestina. Sostiene distintas formas de guerra, intervencionismo, colonialismo o neocolonialismo en más de 80 países de los cinco continentes. Al interior de su país, ejecuta políticas discriminatorias en contra de la población no blanca y sostiene una política de terror en contra de los migrantes.

En ese contexto y en el marco de los 250 años de la firma del acta de Independencia de ese país, la administración trumpista ha anunciado una serie de celebraciones bajo el lema “Libertad 250”. Más allá del cinismo y de las evidentes contradicciones del lema con el gobierno actual ¿Qué se puede conmemorar en esos 250 años de existencia? ¿Las múltiples guerras e invasiones a lo largo de los 250 años son apenas accidentes en el despliegue de esa nación? ¿Dónde queda la historia de su pueblo?

Como parte de la cultura e ideología dominantes se podrá encontrar el justo medio entre el cúmulo de crímenes y sus grandes aportes. Más de una persona resaltarán aspectos positivos y sucesos que, sin la impronta americana, mostrarían una historia contemporánea insuficiente, incompleta o defectuosa. Se calificará como injusto y severo el más mínimo asomo por poner en cuestión la historia de una nación y de un pueblo, tan sólo por algunos crímenes y personajes nefastos.

En sus tesis sobre el concepto de historia, Walter Benjamin planteó que “No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie” (Tesis 7). Bajo su óptica, aquello que explica el desarrollo histórico como un continuum de sucesos bajo los cuales la historia humana avanza, no puede explicarse sin la carga inherente de violencia y destrucción bajo las cuales se someten a los oprimidos de todas las épocas.

Sus tesis, escritas en un momento en que el ascenso del fascismo amenazaba con triunfar, el pensador judío-alemán tuvo la capacidad para formular una concepción de la historia crítica que hace saltar por los aires las nociones de equilibrios y contrapesos propios de la visión de mundo burgués occidental, que mira el resultado dominante de la historia como lineal y perfectible.

Si siguiéramos a Benjamin para pensar los 250 años de EU, tendríamos que comprender que su nacimiento es indisociable del genocidio de la población nativa y de la piratería comercial. País que antes de proclamar su independencia priorizó crear su cuerpo de marines. Nación que reconoció en su Constitución el derecho de sus ciudadanos a portar armas 75 años antes de abolir la esclavitud.

Esa mirada crítica permitiría mirar en George Washington al modelo de político emprendedor yanqui: un especulador de tierras y dueño de plantaciones basadas en el trabajo esclavo; en Thomas Jefferson al fundador de la política exterior del país al definirla como un “imperio extensivo y autogobierno”; y en Abraham Lincoln al ideólogo de su política migratoria cuando, al enfrentar el problema de la esclavitud, pensó que la mejor salida sería expulsar a los negros del país para que poblaran Belice y las Guayanas.

La fortaleza de ese país no se puede explicar sin su precocidad para iniciar guerras de invasión y despojo. Tenía 36 años como nación cuando dirigió su primera invasión a otro continente, (contra Indonesia y las islas polinesias). A sus 47 años proclamó la Doctrina Monroe afirmando que todo el continente americano y el Caribe le pertenecían. A sus 70 años inició el despojo de la mitad del territorio mexicano (el mayor robo territorial cometido contra un país).

La antigua colonia emergió como una nueva potencia al calor de su participación en las guerras mundiales. Así se consagró como el nuevo hegemón imperial. Para sostenerse así, sostiene una guerra multidimensional permanente contra todo esfuerzo multipolar.

Después de la Segunda Guerra Mundial, EU ha invadido o intervenido 96 países. Desde 2001, so pretexto de su guerra contra el terrorismo, ha desplegado operaciones bélicas en 85 países. Según la fundación filipina IBON, los saldos humanos de las agresiones militares de Estados Unidos en todo el mundo pueden ascender hasta los 32 millones de personas.

Además, mantiene el control político, económico y militar sobre 14 colinas (eufemísticamente les llama “Territorios no incorporados”). Aquello que en los 250 años de Estados Unidos “aparece como una cadena de acontecimientos –parafraseando a Benjamin– realmente corresponde a una catástrofe única” (Tesis 9).

¿Es injusta o desproporcionada esta visión? ¿Acaso cancela la posibilidad de reconocer los esfuerzos de abajo para que ese país tenga otra historia?

Benjamin escribió también “sólo a la humanidad redimida se le ha vuelto citable su pasado en cada uno de sus momentos. Cada uno de sus instantes vividos se convierte en un punto en la orden del día” (tesis 3).

* Filósofo, coordinador de las Obras escogidas de Fernando Martínez Heredia   

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