7/05/2026

A 43 años de la huelga del Sutin

Antonio Gershenson

Artículo póstumo escrito poco antes de su fallecimiento el 5 de junio

Han pasado más de cuatro décadas desde aquel esperado estallido de la huelga del Sutin. Un gran logro y también el resultado del trabajo organizado y disciplinado que siempre procurábamos. Una manifestación de lucha que, hoy, una pequeña parte de la población recuerda todavía. Entre ellos, los involucrados en el tema de la energía nuclear en nuestro país. Una huelga única en su clase y que pudo haber cambiado el rumbo del sustento energético en México.

En 1983, el 30 de mayo, trabajadores del sector nuclear, Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear (Sutin) levantaron la voz en protesta por las pésimas condiciones laborales, pues en aquel entonces, el ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado y el Poder Legislativo habían expuesto la integridad de los trabajadores del Sutin. Obreros, investigadores, científicos, entre otros, defendieron los derechos laborales que les correspondían por ley, sin embargo y no obstante el éxito organizativo de la huelga, ésta fue diezmada por el gobierno neoliberal en turno.

Pero, la derrota no fue sólo para el Sutin, fue un gran golpe para el desarrollo de la industria y soberanía energética de México. El resultado fue que nuestro país continuó sumergido, aún más y hasta la fecha, en el consumo y dependencia total de los combustibles fósiles.

¿Cómo impactó la derrota de la huelga del Sutin? En pocas palabras y en boca de los que estuvimos presentes en aquel movimiento sindical, fue como ver una puerta enorme cerrándose en nuestras narices. El gobierno, fiel a las órdenes del gobierno de Estados Unidos, cumplió con las medidas impuestas por aquel gobierno para hacer del nuestro, un país dependiente de la industria de los hidrocarburos. Como país petrolero, importaba ser sustentable en la producción de una energía no renovable, aunque menos limpia e independiente.

En resumen, se sabe bien que la soberanía económica de México ha sido destrozada desde los gobiernos del PRI y posteriormente del PAN. Vendiendo a diestra y siniestra las empresas nacionales y los recursos naturales de nuestro país. Los beneficiados han sido, como ya lo sabemos, las industrias privadas extranjeras y algunas del país. Pasó con los ferrocarriles nacionales, minería, teléfonos de México, televisoras del Estado y claro, la desaparición de la empresa paraestatal Uramex, entre otras. Pero, hoy empezamos a contar otra historia.

El Sutin en aquel entonces sabía por dónde era la jugada de aquel mandatario y su gobierno autoritario y represor. En principio, acabar con los movimientos democráticos sindicalistas, pues eran un verdadero peligro para el México capitalista que ellos defendían. Su tarea principal: golpear al sector nuclear. Pues se sabe bien que México depende en su totalidad de la energía de combustibles fósiles y, en este caso, la energía nuclear era un obstáculo para las alternativas de suministro energético, ya que la dependencia del petróleo, así como el gas natural eran un negocio muy ambicioso que tanto empresas privadas como los gobiernos en turno presionaban a México para que sólo fueran este tipo de energéticos los que se utilizaran abierta y libremente como la únicas fuentes de energía.

Si aquella huelga del Sutin hubiera tenido éxito, México tendría hasta la fecha otro panorama. Pero nunca es tarde. Aquella manifestación de legítima lucha organizada nos deja, no una, sino varias lecciones de aprendizaje. Las tareas continúan: la lucha sigue, lograremos una transición energética limpia y barata que mejorará las condiciones de vida para la población mexicana.

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