7/05/2026

Los clubes también monetizan el Mundial

Mario Campa

"El monto final que recibe un club por futbolista es calculado sumando todos los días que el jugador permanece concentrado".

Los clubes también monetizan el Mundial. Por Mario Campa

Las pausas de hidratación del Mundial de futbol despertaron rechifla y rechazo. A contrapelo de la historia deportiva, la FIFA convirtió las mitades en cuartos con recesos de tres minutos. La razón descansa más en el dinero que en las presuntas olas de calor, a grandes rasgos ausentes. También apodadas “pausas de monetización”, fueron un trueque con las televisoras a cambio de una mayor compensación por los derechos de transmisión, ya de por sí inflados por la expansión a un formato de 48 selecciones. “Jugar cuatro tiempos en lugar de dos altera la concepción que culturalmente se había construido para interpretar el futbol”, declaró el seleccionador de Uruguay, Marcelo Bielsa, uno de los pocos insiders críticos en un mar de quejas del exterior.

El tema generó acalorados debates. En casi todos, la FIFA queda como villana, aunque poco se ha discutido sobre los dueños de los clubes y las recompensas por seguir el juego. A fin de cuentas, alguien más que la FIFA tiene que monetizar: sin reparto, no hay acato. La televisión es la candidata evidente. Con 104 partidos calendarizados, sólo las cadenas estadounidenses como Fox Sports obtendrían 250 millones de dólares en ingresos adicionales por las 10 horas de publicidad premium añadidas al torneo. Del otro lado de la ecuación, ese dinero aceita la maquinaria que mantiene viva a la FIFA. Los dueños de los clubes, alejados de los reflectores, reciben una jugosa recompensa por prestar sus activos al torneo. En México y en China, costoso ausente del Mundial, el pantalón largo está lejos de ser una dama de la caridad.

Allende los ingresos de Televisa y TV Azteca por anuncios publicitarios, que se cuecen aparte, el botín del Mundial potenciado por las pausas de monetización nutre los bolsillos de la cúpula oligárquica. En esencia, las ganancias que los clubes mexicanos extraen de la Copa del Mundo provienen de cuatro fuentes: el reparto de premios a la Federación, las tarifas que la FIFA paga a cada club por jugador prestado, la apreciación de cartas de traspaso por el efecto vitrina y, en el caso de los países anfitriones, el alquiler de estadios e instalaciones de entrenamiento. Es posible calcular el tamaño de la piñata colmada de dulces a partir del supuesto razonable de que la Selección Mexicana termine su participación en octavos de final, en el “quinto partido”, el domingo 5 de julio en el Estadio Azteca—monetizado bajo el nombre “Banorte”.

Como base de cálculo tarifario por el alquiler de seleccionados, la Liga Mx aporta un total de 26 jugadores a la Copa del Mundo. Estos futbolistas se encuentran distribuidos en varios equipos nacionales. Doce convocados de la Selección Mexicana juegan en la liga local, destacando el aporte de las Chivas de Guadalajara con cinco. Amén de los jugadores del Tri, otros 14 futbolistas militan en clubes mexicanos y representan a diversas selecciones, como Alejandro Zendejas (América) con Estados Unidos, Adalberto Carrasquilla (Pumas) con Panamá y Camilo Vargas (Atlas) con Colombia. Esa base de 26 jugadores nacionales y extranjeros compone la primera bolsa de reparto.

La FIFA paga a los clubes una tarifa fija mínima de cinco mil dólares diarios por cada jugador convocado al Mundial. El pago comienza dos semanas antes del partido inaugural y se mantiene hasta el día posterior a la eliminación de su selección. El monto final que recibe un club por futbolista es calculado sumando todos los días que el jugador permanece concentrado. Si la Selección Mexicana es eliminada en octavos, la FIFA pagaría a cada club mexicano un total de 40 días de concentración por jugador. Es decir, cada franquicia de la LigaMx obtendría 200 mil dólares por seleccionado. Asumiendo que Estados Unidos, Uruguay, Ecuador, Colombia y otros representativos con jugadores registrados en el futbol mexicano concentren en promedio 30 días monetizables a sus futbolistas, los 26 mundialistas de la Liga Mx significarían un pago de cuatro millones 500 mil dólares por el préstamo de jugadores. Chivas (5) y América (4) concentran más de un tercio del pago por alquiler de servicios.

Adicional al reparto directo a los clubes, el Mundial entrega a las federaciones premios que derraman a discreción. En su 76º Congreso, la FIFA aprobó una bolsa total de 871 millones de dólares (mdd) para ser repartida entre las 48 selecciones participantes. En la fase de preparación, cada equipo recibió 2.5 mdd. Por disputar la fase de grupos del torneo, cada selección aseguró 10 mdd. Los pagos crecen en función de las rondas logradas. Al asumir de nuevo que la Selección Mexicana termine su participación en octavos de final, sumaría cinco mdd adicionales. Es decir, en el escenario base de una eliminación en el quinto partido, la Femexfut obtendría 17.5 mdd sólo en premios. En el deseable—aunque improbable—caso de que la Selección Mexicana avance a cuartos, el botín crecería en cuatro mdd más. En cualquier escenario, la Federación convidará el botín con los equipos locales bajo acuerdos cupulares opacos.

Ciertamente, es preciso descontar a la cifra bruta la tasa fiscal, el costo del desarrollo o la compra de jugadores para una posterior exportación o venta local, el reparto a los seleccionados—magro en México—y cierta retención de premios para el desarrollo de las selecciones menores y el bienestar de la burocracia dorada de la Femexfut. Con todos los descuentos sumados, el monto resultante (neto) sigue siendo generoso aun sin considerar el efecto vitrina. Para muestra, lo invertido en el desarrollo de Gilberto Mora es mínimo en relación al alquiler de sus servicios en el Mundial y la apreciación de su carta, monetizable en una venta futura.

En pocas palabras, el grueso del botín del Mundial fluye como ganancias extraordinarias a los clubes. Algunos decretarán un dividendo a los accionistas. Otros reinvertirán en activos fijos, como estadios o canchas de entrenamiento, o bien en activos intangibles, como las cartas de traspaso de los jugadores. En definitiva, con los antecedentes del futbol mexicano, donde la voracidad del pantalón largo es el faro que guía los pasos de un mercado de características oligopólicas, agosto llegó temprano para los dueños del balón. Olvidados los errores del ciclo mundialista, la temporada de monetización sana hoy heridas y congela para mañana las intrigas en la corte del rey llamado futbol. Cash-in cash-in ra-rá.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario