7/05/2026

Monsiváis y la calumnia de las derechas

Héctor Alejandro Quintanar

"Desde la primera lectura, cualquier persona emocionalmente sana se hubiera dado cuenta de que la entrevista de marras era una completa falsedad".

Monsiváis y la calumnia de las derechas. Por Héctor Alejandro Quintanar

Hace una semana, el periódico El Universal publicó una calumnia inusitada. Presuntamente reeditó una entrevista de un tal Edmundo Cázarez al gran escritor Carlos Monsiváis, misma que supuestamente fue hecha en 1999 y publicada ese año en el periódico El Sol de México. En el dizque refrito, expuesto en la plataforma digital de El Universal hace unos días, resaltó que Monsiváis, según, acusó hace 27 años que AMLO estaba loco y que pretendía ser un émulo de Nerón o Julio César, y se insinuó mediante el gran escritor, que había huido de Tabasco porque asesinó a su hermano y, en tono ya de prensa amarillista estilo el Óóórale, se insinuó también que el expresidente había pasado noches “divertidas” con el escritor.

Desde la primera lectura, cualquier persona emocionalmente sana se hubiera dado cuenta de que la entrevista de marras era una completa falsedad. No vamos a ahondar en las toneladas de evidencia que, desde un inicio, restaban credibilidad al libelo. Ya el historiador Harim Gutiérrez se dedicó a desmentir todo con una rigurosa, pero sencilla visita a la hemeroteca donde encontró lo obvio: en 1999 Monsiváis no dijo nada sobre AMLO y lo publicado por El Universal es, sin más, una calumnia, cuestión que la familia del escritor mexicano, fallecido en 2010, también denunció en estos días y se arrogó el legítimo derecho a optar por la vía legal para sancionar el infundio.

A los pocos días sucedió lo esperable. El periódico debió eliminar la publicación y ofreció disculpa a sus lectores por mentir. Responsabilizó, sin embargo, a Cázarez y prometió ser más cuidadoso en su edición en el futuro. El diario empero no expuso disculpas a López Obrador, uno de los agraviados, y aseguró que el autor del bulo “no pudo probar” sus dichos. Dejó así cierto pábulo a que se pensara que la entrevista era real, sólo que no se había encontrado la grabación que la sustentaba.

Mucho se ha dicho ya respecto a ese tema. Así que esta columna sólo hará dos apuntes pertinentes.

El primero de ellos es que Edmundo Cázarez no es ninguna excepción, sino la regla. En el establo de los medios tradicionales mexicanos, periodistas intelectualmente corruptos, mentirosos, calumniadores y sucios hay por montones. Hoy este tipo está ya en un oprobio absoluto del que nadie lo va a salvar. Pero habría que exhibir a otros que deberían andar en las mismas.

Empecemos por Salvador Garcia Soto, también panfletista de El Universal, quien apenas ocurrido el escándalo fue a defender a Cázarez y le dio espacio en su programa. Ahí, en una sandez digna de Laura en América, el chimolero Cázarez se puso a llorar y acusó que lo amenazaron de muerte, sin que probara sus dichos, porque tampoco presentó la supuesta evidencia de ello.

Pero el entrevistador resultó tan vil cómo su entrevistado, cuando le dio la razón, le creyó sus patrañas de forma incondicional y agregó otra, porque en algún momento de la entrevista, García Soto insinuó que AMLO había asesinado a su hermano “en un partido de béisbol”, tontería que no merece ninguna respuesta más que la burla.

Pero echemos la mirada atrás. Hay otros bocones que merecerían el mismo oprobio y la misma ignominia que hoy padece Cázarez. Pensemos por ejemplo en León Krauze, quien en enero de 2018 se aventó la alucinación macartista de que Putin cometía una injerencia en la campaña de AMLO en ese año mediante John Ackerman e Irma Sandoval. López Obrador desmintió de inmediato eso con una magistral ironía al bromear con que esperaba en Veracruz a un submarino ruso con el nombre Andresmanuelóvich, y el tiempo hizo lo obvio: dejar a Krauze como un charlatán anclado en la Guerra Fría, o más bien, anclado en el sucio “haiga sido como haiga sido” de 2006. Putin nunca hizo injerencia alguna en 2018, todo fue producto de la febril imaginación de Krauze, quien hoy sigue campante e impune publicando en Letras Libres y El Universal.

Pensemos también en el gestor de la campaña goebbelsiana de la Operación Berlín, un porro de baja estofa llamado Fernando García Ramírez, quien lideró una campaña sucia de memes y seudo revelaciones periodísticas, todas ellas hechas con un dispendio absolutamente ilegal, contra López Obrador y su familia, que, en ese momento, eran civiles sin ningún cargo público, a los cuales, sin embargo, la campaña les significó espionaje y amedrentamiento.

En 2019 se descubrió de forma incontestable, a través de revelaciones de Tatiana Clouthier y evidencia incontrovertible provista por Ricardo Sevilla, que García Ramírez era un tipejo sucio, a la altura de los autores de El móndrigo, aquel panfleto apócrifo y mentiroso confeccionado por las cañerías del poder en 1968 para desacreditar el movimiento estudiantil de ese año. Hoy, García Ramírez sigue campante publicando vulgaridades en Letras Libres y la Aurora de México, y, hasta hace poco, en el periódico El Financiero.

En ascos de la misma ralea quedan gente como Carlos Alazraki, que señaló que AMLO había tenido una hemiplejia en 2023; o Leopoldo Mendívil, que en 2011 inventó que AMLO tenía diabetes; o el periódico salinista La Crónica de Hoy, que en 2006 alucinó que Chávez estaba detrás de la campaña del candidato del PRD, o él víbora Rivapalacio, quien entre sus tantos delirios ha acusado que Irán financió al tabasqueño en 2006 y que tuvo un infarto en 2023. La verdad ya es irrelevante para este sector, pero no deja de asombrar cómo hasta para mentir son malos.

Así, la pregunta que surge es por qué si esta gente ha sido tan vil y mitómana como Cázarez, sus amasijos calumniosos no han tenido el mismo destino del basurero de la historia y siguen aún ahí orondos contaminando el debate público.

Pregunta parecida surge con aquellos que, pese a su evidente falsedad, dieron por buena la entrevista delirante de Cázarez y después persistieron en darle crédito, como fue el señor Héctor de Mauleón (aunque después haciéndose tonto se desdijera); la politicastra Lili Téllez, el panfletista garcialunista Francisco Calderón, José Antonio Crespo o la mascotita de Trump, cuyo nombre no mencionaremos.

Ahí queda un esbozo de respuesta. Veamos la conducta del evasor del Ajusco, quien organizó hordas de umpa lumpas digitales para confeccionar memes homofóbicos, imágenes calumniosas, chistes fachos con base en el material brindado por esa entrevista falsa, cuyo contenido alegró a esa recua de asnos del mismo modo que la basura alebresta y excita a las cucarachas.

Esa es pues la función de estas noticias falsas o paparruchas. Como se sabe, en tiempos que corren una falsedad corre veinte veces más rápidamente que su desmentido. Esa es la apuesta de quienes recurren a estas bajezas para tratar de deturpar a la llamada Cuarta Transformación, aunque desde 2006 debieron aprender la lección: estas campañitas goebbelsianas son antidemocráticas tanto por sus contenidos mentirosos como por sus efectos, ya que no sirven para construir mayorías, sino para fanatizar a lo peor de la opinión pública mexicana.

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