7/26/2026

La industria automotriz entre la espada de Trump y una muralla china

 Mario Campa

"Entre el filo de la espada de Washington y una muralla china de subsidios e innovación, la industria automotriz entra a la revisión del T-MEC".

La industria automotriz entre la espada de Trump y una muralla china. Por Mario Campa

La industria automotriz mexicana entra a la revisión del T-MEC cargando a cuestas una severa incertidumbre. De un lado, la ofensiva de Trump combina la amenaza de aranceles con modificaciones a las cláusulas de contenido regional y regulación laboral. Del otro, una muralla china limita el potencial crecimiento de inversiones y la diversificación de mercados. Entre la espada y la pared, la industria enfrenta una amenaza existencial seria. Casos como el de Francia, Canadá y Alemania muestran que el cierre de fábricas y la compresión de líneas de producción suelen ser graduales, aunque irrefrenables una vez desatados. En un descuido, México podría andar el mismo derrotero.

El regreso de Trump frenó el impulso de la industria automotriz mexicana. La subindustria de vehículos pesados experimentó en 2025 una contracción anual de casi 35 por ciento en unidades producidas y alrededor de 29 por ciento en unidades exportadas, en gran parte atribuible al arancel focalizado de Washington. En cuanto a vehículos ligeros, la producción cayó casi uno por ciento en 2025 y las unidades exportadas cerca de tres por ciento. La debilidad persiste en 2026. En ambos casos, los planes de expansión están congelados. Un ejemplo del impacto disuasivo fue la cancelación de intenciones de construir fábricas en México de armadoras como Geely y BYD, que ahora mismo analizan exportar desde Brasil o comprar capacidad ociosa en Canadá.

Ciertamente, el impacto pudo haber tomado dimensiones catastróficas y no lo hizo. En el primer cuatrimestre del 2026, las importaciones a Estados Unidos de automóviles y autopartes cayeron 11 por ciento frente al mismo periodo del 2025. En cambio, las cifras de la balanza comercial publicadas el 26 de junio muestran que las exportaciones de vehículos de México a Estados Unidos bajaron 4.8 por ciento entre enero y mayo en relación al mismo periodo del año anterior. Además de aumentar sus envíos al resto del mundo (+27.1 por ciento anual en enero-mayo), las armadoras en México preservaron cuota de mercado en Estados Unidos mediante una adecuación de precios y volúmenes. Para contrarrestar los aranceles, los exportadores cumplieron las exigencias de contenido regional del T-MEC para alcanzar trato preferencial. Asimismo, adelantaron ventas y trasladaron a proveedores una fracción de la compresión de márgenes. No obstante, los riesgos persisten y el pastel total se achica.

Por si la espada de Washington no bastara, las armadoras mexicanas enfrentan una amenaza mayor que limita el crecimiento futuro. Es una suerte de muralla. Dice mucho que el Auto Show de Shanghái y el Auto China de Pekín sean hoy día las exposiciones donde las armadoras presentan los modelos de vehículos eléctricos más avanzados del mundo. No es para menos. En 2024, China exportó vehículos eléctricos por valor de casi 35 mil millones de dólares y exportó baterías por valor de 67 mil millones de dólares (sexto producto de exportación más importante). Por participación de mercado, en 2024 China representó el 25 por ciento de las exportaciones mundiales de vehículos eléctricos y el 48 por ciento de los envíos globales de baterías, casi el doble con respecto a 2017.

México debería tomar nota de la preocupación que externan Alemania y Europa frente al avasallamiento industrial chino, en especial en la manufactura avanzada como es la de los vehículos eléctricos. Mercedes, Audi, BMW y otras ahora mismo sangran ventas en China y comienzan a replegarse en casa con recortes de empleo, como los 100 mil que anunció Volkswagen como medida extrema para evitar la suerte que corrieron armadoras como Nissan (Japón), hoy adelgazada hasta los huesos por simple y llana supervivencia.

Sander Tordoir y Brad Setser argumentan que el desplazamiento de la manufactura europea, en particular la alemana, se explica tanto por la sofisticación tecnológica china como por tres distorsiones superpuestas. En primer lugar, una elevada tasa de ahorro en China y un débil consumo de los hogares que deprime la demanda interna. En segundo, una política industrial activa que incluye la provisión de subsidios directos, tierra gratuita, maquinaria barata y crédito estatal generoso. En tercero, una moneda subvaluada que, según cálculos del FMI, rondaría el 16 por ciento. Para los autores, frenar la desindustrialización alemana y combatir lo que llaman el choque “China 2.0” requiere de varios factores: una corrección de los desequilibrios chinos, salvaguardas sectoriales temporales a nivel europea focalizadas contra China, compras con mayor contenido regional (europeo) e incentivos a la formación de empresas conjuntas y la localización de proveeduría estratégica, como baterías o semiconductores para automóviles.

Pensar que la industria automotriz china depende enteramente de los subsidios industriales sería una crasa sobresimplificación. Importan, pero no definen. Rhodium Group estima que menos del 15 por ciento de la ventaja de costos por vehículo del fabricante de vehículos eléctricos BYD, en comparación con Tesla, proviene de subvenciones y condiciones preferenciales, y que el resto se debe a una integración vertical, al financiamiento vía proveedores, a los clústeres industriales y a economías de escala. El acceso al suministro de minerales críticos, ferozmente disputado por Estados Unidos y China, es clave para las baterías.

Un riesgo para las armadoras tradicionales es que la producción mundial de automóviles —donde, además, confluyen baterías, robots y chips— se concentre cada vez más en China, lo que debilitaría la I+D y la ingeniería en los centros de diseño y fabricación avanzada, como Alemania, Estados Unidos, Japón y Corea. Si México elige mal, si opta por sólo preservar las inversiones de las armadoras occidentales establecidas en el país, China y su red de aliados podría crecer como amenaza existencial para la industria norteamericana. Ciertamente, cualquier paso de acercamiento con China enfrentaría en lo inmediato la objeción de Trump. La revisión anual del T-MEC, nuevo plan de Washington, intensifica la incertidumbre.

Entre el filo de la espada de Washington y una muralla china de subsidios, innovación y escala, la industria automotriz entra a la revisión del T-MEC a intentar sortear los continuos cambios en las reglas del juego. Dependiente de las matrices del extranjero y sin una red de innovación industrial robusta, es momento de que México considere mecanismos de depreciación especiales para I+D—no sólo inversión en activos fijos—, la formación de empresas conjuntas para desarrollar marcas nacionales, compras públicas con reglas de contenido regional y, en último lugar, aranceles y salvaguardas temporales. En definitiva, cruzar los dedos y esperar que Trump tenga una mala elección intermedia en noviembre no resuelve el predicamento.

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