7/26/2026

¿Celebra el fascismo español el triunfo de España en el Mundial?

 Héctor Alejandro Quintanar

"Vox, al igual que las extremas derechas de Europa Occidental, tienen a su mayor enemigo en la migración y sobre todo en la migración musulmana".

¿Celebra el fascismo español el triunfo de España en el Mundial? Por Héctor Alejandro Quintanar

La Copa del Mundo de 2026 concluyó con la selección española triunfante en un partido tenso, poco vistoso pero emotivo; ante una Argentina que, reconociendo de inicio la superioridad contraria en dominio de balón, desplazamiento del mismo y presión; apostó por un estratégico encierro defensivo que, ante el hipotético desgaste rival, le abriera una oportunidad a algún delantero albiceleste. Por lesiones, una expulsión y buen control español, la estrategia de Scaloni se cayó al minuto 105.

Antes de pasar a la reflexión circundante a ese respecto, este espacio reconoce y felicita el merecido triunfo de España, aunque reconoce que, por histórico latinoamericanismo y vínculos hermanos entre la Argentina y México, siempre se ha respaldado a la gran nación platense en el fútbol. Ya volverán los triunfos.

Dicho lo cual, vale la pena asomarnos a ciertas voces que rodearon al campeonato mundial, cuyo corolario fue el triunfo de España, que tuvo en su gol de la victoria un hecho incontestable: la crucial asistencia de Nico Williams, extraordinario futbolista español de origen ghanés para que Ferrán rematara y anotara. No es la primera vez que una persona afrodescendiente viste la casaca española, cuestión que ya había hecho el hispano-brasileño Marcos Senna en 2006; pero sí es la primera que jugadores de esas características llegan a una final, cuestión que comparte Williams con el brillante Lamine Yamal.

No está de más decirlo: las naciones, todas, han sido, son y serán siempre una confección compleja que no puede reducirse a tonos de piel o genética. Pero el cuento viene a cuenta porque hace muy poco se demostró que entre la presunta derecha democrática española y la ultraderecha de ese país no hay diferencias sustanciales.

En el año de 2013, el Partido Popular de España, que cree representar algo así como la derecha liberal en el país, era presidido por Mariano Rajoy, un hombrecillo alfil del impresentable José María Aznar, cuyo gobierno en España brilló por su actitud perruna ante George Bush en la Guerra de Irak y por sus ínfulas de conquista en América latina.

Con todo y ello, dentro del PP de Rajoy hubo pretensiones de descorrer del extremo derecho al partido, al apaciguar en él los discursos antiaborto. Por ese apaciguamiento y otras cuestiones es que en ese año, 2013, de una escisión de ese partido nació el engendro llamado Vox, liderado por el señor Santiago Abascal, organización cuyas raíces ideológicas, como documentaron Jesús Casquete y otros historiadores, están fundamentadas no en el retorcimiento de la historia, sino simplemente en mentiras.

Vox piensa que el nacimiento de España está en la Batalla de Covadonga, para librarse de la invasión musulmana; y por ello hoy cree encarnar una reedición de una lucha contra la supuesta islamización de Europa. Por eso, lo que ejercen es un franquismo discreto, porque si bien reivindican el golpe de Estado de 1936 que encabezó el criminalísimo Francisco Franco, omiten de éste que siempre fue un tipo que exaltó y llevó buena relación con el norte de África, por las campañas en que participó como soldado en su juventud en Marruecos.

Así, la extrema derecha de Vox, a la par que las extremas derechas de Europa Occidental, tienen a su mayor enemigo en la migración y sobre todo en la migración musulmana. Hoy que España juega con delanteros imprescindibles como Yamal o Williams, ambos jóvenes, ambos hijos de migrantes, ambos negros, ambos de juego magistral, uno de ellos musulmán, será curioso ver las machincuepas ideológicas con que la extrema derecha de ese país se traga sus insultos para celebrar un triunfo labrado con el aporte de dos jugadores que representan lo que desprecian.

Pareciera, así, que Vox es una fuerza política que se separó del PP porque éste no era suficientemente radical, suficientemente conservador o suficientemente sectario; y, así como Eduardo Verástegui califica al PAN de “derechita cobarde”, el Partido Popular parecería como una opción sensata y moderada. Pero sus líderes dicen lo contrario.

El propio Mariano Rajoy, en cuya presidencia del Partido Popular es cuando ocurrió la ruptura de pepeístas que construyeron Vox, dijo hace unos días que la selección francesa no tenía jugadores franceses, en una sinrazón racista que negaba derechos a los jugadores afrodescendientes de la escuadra de ese país, a pesar de que casi todos sus descalificados nacieron en la nación gala.

Así, el dizque moderado Rajoy dijo una estupidez que bien podría haber pronunciado Santiago Abascal. Y, si nos ponemos estrictos, el payaso Rajoy dijo una imbecilidad idéntica a la que el fascista francés Jean Marie Le Pen, fundador del partido de extrema derecha National Front en 1973, dijo en 2006, cuando acusó que la selección francesa no llegaría lejos porque estaba llena de jugadores de color. Para callarle la boca, ese equipo lleno de “negros”, llegó a la final del torneo, que perdió en penales frente a Italia.

Aquí vale la pena exponer otro argumento. A la víspera del juego de octavos de final entre Paraguay y Francia, una Lili Téllez paraguaya, llamada Celeste Amarilla, agredió a Kyllian Mbappé con insultos racistas, diciendo que fue amamantado con agua de cocos y civilizado por orangutanes. Aunque pareciera que Rajoy es un dechado de virtudes frente a Amarilla, ambos padecen la misma pulsión fascista: negar europeidad al otro por su color de piel.

Y es que la historia desmiente a ese par de asnos parlanchines. Rajoy se irá de espaldas cuando se entere de que dos de los mejores jugadores que vistieron la camisa de la selección española hace tres cuartos de siglo fueron Alfredo Di Stéfano, que nació en Buenos Aires; o Ferenc Puskás, mundialista español en 1962, nacido en Budapest. Del mismo modo, ni Amarilla o Rajoy le negarían nunca francesidad a jugadores como Zinedine Zidane -de origen argelino-, o Karim Benzemá -también de ascendencia argelina-. La razón es obvia: aunque son jugadores franceses de origen norafricano, son de piel blanca. La estupidez de la extrema derecha es alérgica a los datos.

Y no se trata esto de una cuestión de la posmodernidad contemporánea, como alegan las ultraderechas conspiranoicas de hoy. Ni Rajoy ni Amarilla deben saber que el máximo goleador de todos los tiempos en Mundiales fue Just Fontaine hace casi setenta años, cuando en 1958, en la Copa del Mundo de Suecia, marcó 13 goles en ese torneo. El ariete era francés, pero nació en Marruecos. Sí, en África.

Mismos argumentos podrían darse respecto a jugadores históricos de la selección alemana. Su máximo goleador en la historia es el grandioso Miroslav Klose, jugador alemán nacido en Polonia, quien hizo equipo en el Mundial de 2006 con el genial alemán Lukas Podolski, también nacido en la nación polaca; y con el creativo mediocampista teutón Oliver Neuville, germánico nacido en Suiza. Volvemos a lo mismo: la extrema derecha no ve nada malo en esos “extranjeros” en selecciones europeas siempre y cuando sean blancos. Porque la información en los fascistas se queda siempre estancada en los ojos, sin transitar hacia el cerebro.

La extrema derecha española seguramente va a celebrar el triunfo de una selección española donde hoy juegan dos notables delanteros, como Yamal o Williams, que, socialmente, representan lo que ellos con sus peores prejuicios y estupidez odian. Y celebrarán desde la plataforma más obvia del fascismo: la negación de los hechos, la patológica ignorancia y la disonancia cognitiva, sin los cuales el fascismo es imposible, como se mostró desde Mussolini y el Mundial de 1934, donde para exaltar la presunta superioridad italiana en la cancha, se debió recurrir en la selección italiana a seis jugadores de ascendencia itálica, pero nacimiento en el extranjero.

Vaya este triunfo español no al rey ni a las élites que lo dirigen, sino al alma popular de ese país y a los refugiados republicanos antifascistas en México, cuyo legado español nos ha hecho también muy mexicanos; y que desde este espacio se les ve con enorme admiración, sobre todo a los innombrados que desde abajo trabajaron para darnos y ganarse patria; a futbolistas de polendas como Isidro Lángara o Martín Vantolrá; y a las luces de personajes que son ejemplo para muchos de nosotros, como los notables escritores María Zambrano, don Adolfo Sánchez Vázquez o Francisco Rebolledo. Si disfrutan la copa donde ahora están, que los que acá quedamos sonriamos con ellos, para así hacer enojar a los fascistas, quienes suelen odiar la legítima alegría ajena.

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