7/12/2026

Trump, Infantino y el Balogun Gate

 Ana Lilia Pérez

"Lo que Trump toca lo ensucia, así, la carrera de Balogun quedó atrapada en el centro de la polémica ante la intromisión presidencial".

Trump, Infantino y el Balogun Gate. Por Ana Lilia Pérez

Toda clase de refranes, expresiones jubilosas, ironías y memes se desataron en redes sociales, blogs y canales de transmisión durante y después del encuentro futbolístico entre las selecciones de Estados Unidos y Bélgica. Con un marcador de 4 goles contra 1, el equipo europeo dejó fuera de la contienda al anfitrión en un estadio de Seattle.

La disputa se esgrimió más allá de la cancha y quedará como uno de los episodios por los cuales se recordará este Mundial: las manos de Trump manchando la competencia.

“La pelota no se mancha”, decía Maradona; sin embargo, cuando el torneo llegó a cancha estadounidense, un Donald Trump ególatra, autoritario y habituado a transgredir las leyes, romper las reglas, ignorar los reglamentos e imponer su voluntad, también lo hizo con la contienda futbolística que organiza la FIFA. Como todo lo que toca lo mancha, la Copa no fue la excepción.

Horas antes del partido por el pase a los cuartos de final –celebrado el 6 de julio–, el nombre de Folarin Balogun, delantero de la Selección de Estados Unidos, ocupó las páginas de la prensa internacional más allá de la sección deportiva. El jugador se colocó en el centro de la polémica debido a la abierta y escandalosa intromisión del Presidente de Estados Unidos, quien llamó a Infantino para que la FIFA anulara la suspensión de Balogun y así permitirle jugar contra Bélgica. Trump saboteó el “juego limpio” en un abierto abuso de poder.

Folarin estaba suspendido porque durante el partido previo, entre las selecciones de Estados Unidos y Bosnia-Herzegovina, recibió una tarjeta roja por pisar el tobillo y la pierna del defensa Tarik Muharemovic, provocándole una aparatosa torcedura. El artículo 66.4 del Código Disciplinario de la FIFA, que deben cumplir todos los participantes, establece que una tarjeta roja de expulsión conlleva que el jugador quede suspendido para el siguiente partido.

“Las expulsiones conllevarán automáticamente la suspensión durante el siguiente partido. Los órganos judiciales de la FIFA podrán imponer adicionalmente otras suspensiones por partidos y otras medidas disciplinarias”, cita el Código. De manera que, según el reglamento de la FIFA, al haber sido expulsado, Balogun no podía participar en el partido siguiente contra Bélgica.

Sin embargo, Donald Trump llamó a Infantino para que la FIFA levantara la suspensión. El propio mandatario estuvo ufanándose y alardeando de dicha intervención. Y la FIFA levantó la suspensión, lo que desató fuerte indignación y enojo de los otros contendientes.

La Real Federación Belga de Futbol (RBFA) solicitó a la FIFA el informe del árbitro, así como los documentos del procedimiento que llevó a la decisión y la justificaciones mediante las cuales se declaró que Balogun podría jugar. En respuesta la FIFA declaró como inadmisible la “apelación”, lo que, en consideración de la RBFA constituyó “una violación de las normas de la FIFA”.

Explica la RBFA en un comunicado que, al enterarse de la decisión de la FIFA, solicitó el informe del árbitro, así como los documentos del procedimiento y las justificaciones mediante las cuales se declaró que Balogun podría jugar; sin embargo, la FIFA no entregó ninguno de esos archivos. Que, si bien la federación belga simplemente solicitó una aclaración legítima, la FIFA convirtió unilateralmente “esta solicitud en una apelación, para luego declararla inadmisible de inmediato”. El comunicado añade que, “al mismo tiempo, la FIFA se negó a responder a las solicitudes de información, perfectamente legítimas”, de la federación.

Las ligas europeas de futbol reaccionaron expresando su indignación. En un comunicado, la UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Futbol), –que es la confederación y máximo organismo de ese deporte en Europa, que agrupa a 55 federaciones– se posicionó con firmeza: “Expresamos nuestra incredulidad ante una decisión tan sin precedentes, incomprensible e injustificable”.

La comunicación oficial de la UEFA fue contundente:

“El futbol, como cualquier otro deporte, se rige por reglas que constituyen la base de una competencia justa, honesta y transparente. A veces, las reglas son susceptibles de interpretación. En este caso, no. La suspensión automática mínima de un partido tras una tarjeta roja no es una opción discrecional y no requiere la decisión de un organismo competente para su aplicación. Es un principio consagrado en el reglamento, que no admite excepciones, y mucho menos en medio de un torneo donde otros jugadores se han encontrado en la misma situación y han cumplido su suspensión con regularidad.

“Cuando quienes velan por el cumplimiento de las reglas ya no lo garantizan, la integridad del juego se ve comprometida y la credibilidad de la competición se ve socavada. Asimismo, esta decisión sienta un precedente en el torneo en curso, donde situaciones similares requerirán ahora un trato igualitario, en detrimento de la competición”.

La polémica decisión de la FIFA, tras la abierta intromisión de Trump, hizo ineludible recordar otros episodios de manipulación política sobre la Copa del Mundo. Una clara muestra de ello ocurrió en 1934, durante la segunda edición del torneo que tuvo como sede Italia, cuando Benito Mussolini intervino para coaccionar a los árbitros a favor del equipo de su país. Otro antecedente fue la injerencia de Adolfo Hitler en el Mundial siguiente, el de 1938.

Hay quienes señalaron el desenlace del partido que sacó a la Selección de Estados Unidos de la contienda como un “karma”. Lo cierto es que la abierta intromisión de Trump se le revirtió rápidamente: en la cancha, Balogun tuvo un mal desempeño y, en ese polémico encuentro, el equipo estadounidense perdió frente a Bélgica, con un estrepitoso marcador de 4-1. De allí que el resultado se convirtiera en uno de los más celebrados del Mundial, un alivio equiparable al rechazo e indignación que generó la conducta de Trump, calificada como un claro tráfico de influencias y abuso de poder en complicidad con Infantino.

El tema no quedó zanjado con el marcador. Por el contrario, se tornó en un escándalo mayúsculo para Infantino: en el Parlamento Europeo, un grupo de eurodiputados presentó una iniciativa para solicitar que se investigue la conducta del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en el caso Balogun, así como la presión del Presidente de Estados Unidos para que la FIFA levantara la sanción al jugador.

El posicionamiento de los legisladores está dirigido a las 27 federaciones de futbol de la Unión Europea, a quienes piden actuar ante la FIFA y solicitar una investigación formal sobre el caso.

La prensa europea publicó parte de ese posicionamiento, el cual señala: “Consideramos que ha llegado el momento de que las federaciones europeas de futbol, todas ellas miembros de la FIFA, intervengan y pidan a la FIFA que investigue los procesos de toma de decisiones en el caso de Balogun”.

Es la segunda ocasión en que los eurodiputados cuestionan la conducta de Infantino, ya que el año pasado también expresaron su extrañamiento y solicitaron una investigación por la concesión que la FIFA con Infantino le hizo a Donald Trump, de su “Premio de la Paz”.

A ojos de todos ha sido evidente que Gianni Infantino se ha mostrado servil ante Trump, inventándole hasta ese “Premio de la Paz” de la FIFA, el cual entregó al mandatario durante la ceremonia del sorteo final de la Copa en Washington en 2025. A nombre de la FIFA premiaba a quien tan sólo ese año había ordenado operaciones militares en al menos siete países –como Siria, Irán, Irak, Nigeria, Yemen, Somalia y Libia–además de acciones contra embarcaciones en la región del Pacífico y el Caribe venezolano. A partir del 20 de enero de 2025, en que comenzó el segundo mandato de Trump, la organización no partidista de monitoreo de conflictos, Armed Conflict Location & Event Data (ACLED), contabilizó 622 ataques de estados Unidos en países extranjeros.

Lo que Trump toca lo ensucia, así, la carrera de Balogun quedó atrapada en el centro de la polémica ante la intromisión presidencial. Resulta paradójico que casi la mitad de los integrantes de la Selección de Estados Unidos sean hijos de migrantes que representan a ese país, en un contexto en el que el Presidente Trump ha buscado eliminar la ciudadanía por nacimiento, para aquellos descendientes de padres extranjeros que no son ciudadanos ni residentes permanentes. Apenas el 30 de junio, la Suprema Corte de ese país frenó la orden ejecutiva que Trump había emitido en ese sentido, al considerar la Corte, que esa medida es violatoria de la Constitución estadounidense; en respuesta Trump ha insistido en que mantendrá su postura.

Folarin Balogun nació por casualidad en Estados Unidos, cuando su madre –ciudadana nigeriana residente en Londres–, con un avanzado estado de embarazo, no pudo tomar un vuelo de regreso a Reino Unido desde Nueva York. Por ello, el delantero nació en suelo estadounidense, aunque la mayor parte de su vida ha vivido en la capital británica, hacia donde su familia regresó cuando él tenía apenas dos meses de edad. Su trayectoria en el futbol profesional inició en el Arsenal y, tras pasar por otros clubes, en el año 2023 fue fichado por el Mónaco.

A partir de lo ocurrido en el Mundial de 2026, su nombre se convirtió en tendencia global asociado a la intervención de Trump. Así, la carrera de este futbolista quedó marcada por la escandalosa intromisión de un mandatario que, como dicta el refrán popular, mancha lo que toca.

Irónicamente, serán Trump e Infantino quienes entreguen la Copa a la selección que resulte triunfadora el próximo 19 de julio.

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