El Poder del Consumidor
Alejandro Calvillo
"Facebook, por su amplio uso, ha estado implicado en todo tipo de movilizaciones sociales. Pero el lado oscuro de Facebook ha crecido".

En 2006 cuando Facebook se abrió al público surgió la percepción, en muchos, de que sería una tecnología que fortalecería la comunicación horizontal, la democracia, la transmisión de la información sin censura, sin la intervención de intereses económicos y políticos, que se acabaría con las grandes corporaciones controladores de los medios tradicionales de comunicación. Ese era el sueño, hace 20 años. Pero el sueño se ha convertido en una pesadilla.
Facebook presentó un crecimiento explosivo, en solamente seis años, entre 2006 y 2012, llegó a mil millones de usuario. Su adquisición de Instagram en 2012 y de WhatsApp en 2014, para renombrarse como META en 2021, llevó a la corporación a registrar más de 3.5 mil millones de usuarios, una importante parte de la población mundial. Para entonces Meta estaba ya muy lejos de lo que fue para muchos la percepción positiva de Facebook a su inició. Meta se había convertido en una expresión distópica del avance tecnológico convirtiéndose en el medio de comunicación más potente e invasivo al servicio de la manipulación política y comercial de los individuos, desde muy temprana edad, dañando la salud mental y las estructuras democráticas.
A Sara Wynn-Williams, una exdiplomática neozelandesa que entró a trabajar a Facebook tres años después de que empezó a operar públicamente, es decir, en 2009, le tocó ser testigo de cómo el sueño se convirtió en pesadilla. Entró a Facebook con el sueño de que sería una herramienta de comunicación e información que profundizaría las prácticas democráticas. Vivió durante ocho años en el corazón de esa empresa. En 2025 publicó un libro sobre su experiencia en Facebook, después Meta: una radiografía de una corporación con prácticas que perfectamente pueden ser descritas como sociópatas, y parte de una radiografía del personaje de Mark Zuckerberg, su fundador, propietario y dirigente; una radiografía de su profunda deshumanización. Su libro, traducido como Los irresponsables. Una historia real de poder, codicia y falso idealismo es un cruel relato de cómo estos jóvenes tecnológicos, sin ninguna idea del mundo ni de los retos de la humanidad, carentes de empatía, movidos únicamente por sus deseos de riqueza y poder, nos están empujando a sistemas sociales profundamente distópicos.
Sarah Wynn-Williams entró a Facebook a encargarse de las relaciones que la corporación comenzó a establecer con los gobiernos de varias regiones del mundo. Le tocó presenciar a un Zuckerberg que huía de encuentros con presidentes y primeros ministros, que no se hallaba en la política y que, años después, era otro. Viendo el poder de Facebook y Meta para influir en las elecciones y su poder de manipular a las personas, comienza a considerar, incluso, presentarse como candidato a la presidencia de los Estados Unidos, idea que por suerte abandonó.
La perversidad que ha llevado a Facebook, después Meta, a convertirse tanto en una amenaza para la salud mental como para las democracias en el mundo, ha tenido solamente un motivo: el deseo de expansión, de aumentar las ganancias, de hacerse de más poder y control sobre el mundo.
En estos días Meta enfrenta una nueva demanda multimillonaria, presentada por varios estados de la Unión Americana, por la adicción que ha provocado en niñas, niños y adolescentes. Se están reclamando alrededor de 200 mil millones de dólares en daños. Las acusaciones vienen de comunidades, familias y autoridades por la afectación a la salud mental de los jóvenes. El proceso se da en medio de una reacción internacional a través de la cual diversos gobiernos están regulando y prohibiendo el uso de estas plataformas y otras más, a menores de edad.
Sarah Wynn-Williams describe en su libro que en abril de 2017 Facebook estaba ofreciendo a sus anunciantes la oportunidad de dirigir publicidad a usuarios entre 13 y 17 años, identificando momentos en los que se encuentran vulnerables psicológicamente, "cuando se sienten inseguros, estresados, derrotados, ansiosos, tontos, inútiles, fracasados y sin valor alguno… o cuando estén preocupados por sus cuerpos". Explica que Facebook preparó para un cliente en Australia una presentación en la que le demostraban cómo Facebook e Instagram «supervisan las publicaciones, fotografías, interacciones, conversaciones con amigos, comunicaciones visuales y actividad en internet de los adolescentes… para ofrecerles contenido específico cuando se sientan más desvalidos. Es decir, Facebook-Meta ha venido ofreciendo a los anunciantes —no a todos, no lo hace público— la vigilancia de los usuarios menores de edad para detectar sus vulnerabilidades y poder ofrecerles productos y servicios aprovechándose de esas vulnerabilidades.
Expone un caso en el que Facebook trabaja para una empresa de cosméticos, registrando cuando las chicas de entre 13 y 17 años borran continuamente sus selfies para ofrecerles, justamente en el momento en que se deshacen de la imagen que no les gusta de sí mismas, un producto de belleza.
Sarah escribe: "A mi modo de ver, este tipo de vigilancia y monetización de la baja autoestima de los adolescentes es un paso muy concreto hacia el futuro distópico sobre el que los críticos de Facebook llevan tanto tiempo advirtiéndonos".
Sobre el impacto de Facebook en la política, hay que decir que en los primeros años se vio como una herramienta de movilización social contra los regímenes autoritarios; era parte del sueño. Sin duda, en 2011, Facebook tuvo un papel importante en la llamada Primavera Árabe como herramienta de comunicación horizontal, para la organización comunitaria, para la información independiente, para las convocatorias a las protestas públicas. En varias movilizaciones sociales, como el 15M en España en el mismo año de 2011, Facebook fue una herramienta fundamental de comunicación y coordinación, junto con otras plataformas. Facebook, por su amplio uso, ha estado implicado en todo tipo de movilizaciones sociales. Pero el lado oscuro de Facebook ha crecido y ha vendido sus servicios a quien ponga más dinero.
Sobre el profundo daño a las sociedades provocado por Facebook y Meta, Sarah deja testimonio de su experiencia en la compañía. No hay por qué no creerle cuando deja ver que Mark Zuckerberg, en primera instancia, no se dio cuenta de cómo Facebook fue fundamental para la llegada de Trump a la Presidencia. En cuanto Trump es electo Presidente, los empleados de Facebook no dudan del papel que jugó esta corporación en su victoria. Muchos se sintieron culpables por las difamaciones, las mentiras y la guerra sucia que sustentó la campaña de Trump a través de Facebook e Instagram. Uno de los pocos empleados de la corporación que se atrevió a hablar preguntó: "¿Esto es culpa nuestra? Las elecciones de 2016 son 'las elecciones de Facebook'". Y hay que preguntarse qué papel han estado jugando los Estados Unidos de la administración Trump en las elecciones en América Latina y cuál estará jugando en México a través de estas plataformas, a través de las redes sociales.
Llama la atención enterarse de que Zuckerberg no estaba consciente de lo que Facebook había significado en la elección de Trump, en su triunfo. Cuando se da cuenta, todo cambia: toma conciencia del poder político que tiene su empresa y, a partir de ahí, comienza a ofrecerlo en sus negociaciones con gobiernos e, incluso, para provocar movilizaciones sociales. En público dirá que "el papel de Facebook es hacer un mundo más abierto y conectado"; en lo privado, ofrecerá su plataforma al mejor postor.
Desde 2018 se reveló que la consultora británica Cambridge Analytica utilizó datos psicométricos obtenidos de forma masiva e irregular a través de Facebook para diseñar campañas de manipulación psicológica en las elecciones de México, Colombia, Brasil y Argentina. En 2022, en Brasil, se denunció que Facebook se había prestado a una campaña de desinformación sobre fechas de las votaciones, ubicación de las casillas y sobre la integridad del sistema de votación; es decir, una campaña de sabotaje.
¿Qué hay detrás? ¿Qué es lo que ofrece Meta a sus clientes distinguidos? ¿Qué es lo que no es público? Los testimonios de extrabajadoras como Sara Wynn-Williams, Frances Haugen y Lindsay Blackwell dejan ver lo que realmente están haciendo estas y otras corporaciones que dominan la percepción de miles de millones de personas en el mundo. Están ahí los testimonios ante el propio Congreso de los Estados Unidos sobre la prioridad que dan los algoritmos de estas plataformas a los mensajes de confrontación, como puedan dar prioridad a los mensajes que favorecen a sus aliados políticos y a sus aliados económicos, a través de la generación de percepciones favorables a sus intereses y contrarias al interés público.
Las demandas multimillonarias contra estas corporaciones y el establecimiento de regulaciones en diversos países del mundo para proteger a las infancias y adolescencias de las estrategias adictivas y manipuladoras de estos medios son urgentes, tanto en materia de salud como en protección de los sistemas políticos.
Los personajes al frente de estas corporaciones se están convirtiendo en los mayores poderes fácticos a escala planetaria. La amenaza para la especie está tanto en el poder y la riqueza que acumulan estos personajes como en sus personalidades. El mundo está, en parte, bajo el poder de personajes sociópatas.
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