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6/26/2010

El 2 o Sexo": no se nace feminista


QUINTA DE CINCO PARTES



CIMAC México, DF.- A Continuación transmitimos la quinta de cinco partes del Artículo " El Segundo Sexo": de no se nace feminista, que el escritor Carlos Monsiváis publicó en el volumen 20 de Debate Feminista, en octubre de 1999.

"Heroína es la mujer del héroe"

Por Carlos Monsiváis

México, DF, 25 jun 10 (CIMAC).- Muy escasas señoras merecen figurar en la historia oficial, y eso en calidad de heroínas colaterales o complementarias: Josefa Ortiz de Domínguez, que le avisó al cura Hidalgo del descubrimiento de la rebelión; Leona Vicario, por ser esposa de don Andrés Quintana Roo; Agustina Ramírez, que le entregó a la Patria a todos sus hijos.


... A la lista precaria, se añaden los símbolos de la revolución que son certificados de gratitud a la especie: la Soldadera, la Coronela.


En este siglo, sólo la escritora Rosario Castellanos ha obtenido credencial de socio regular en la Rotonda de los Hombres Ilustres (cuando se inauguró, el adjetivo era redundante). Hasta hace poco, a las mujeres se les destinaba el gran papel: testigos de la grandeza ajena. Véase si no la tardanza: en 1979 Griselda Álvarez, primera gobernadora, toma posesión; en 1980 Rosa Luz Alegría es la primera en el Gabinete Presidencial: Secretaria de Turismo.


¿Quién que es mujer?


En 1953, el presidente Adolfo Ruiz Cortines le concede el voto a las féminas, así como se oye, él le concede a las féminas porque, como se explica entonces, las buenas relaciones con la iglesia católica hacen ya innecesaria la alarma sobre la cesión del voto femenino a los curas.


Son la mitad de la población y hay que concederles algunos derechos formales, pero ya se sabe: las mujeres votarán por el PRI que es la estabilidad. Al principio, el voto es un apoyo psicológico que desea reducir el efecto maligno de "Era mujer y sin embargo pensaba", pero no van más allá los beneficios. Está bien que las mujeres voten, ¿pero a quién se le ocurriría votar por una mujer?


"Y ahora la diputada les va a explicar a las señoras por qué votar no va en contra de la ternura propia de su sexo"


Durante una larga etapa, en los ámbitos del monopolio político la representación femenina se burocratiza a la fuerza; las ya aceptadas como las más iguales entre las desiguales, deben profesionalizarse como emblemas.


Un ejemplo curricular, ni muy reciente ni demasiado antiguo, la profesora normalista y dirigente cetemista Hilda Anderson Nevares. Ingresa al PRI en 1958, en donde es secretaria de Acción Femenil (1971- 73).


Es fundadora y dirigente de la Agrupación Nacional Femenil Revolucionaria (1973-77). Secretaria general de la Federación de Organizaciones Femeniles de la CTtvt.


Presidenta del Comité Femenino de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (1981- 83).


Miembro de la Comisión para la Mujer de la Organización Internacional del Trabajo, diputada federal, senadora, candidata nuevamente a diputada. . . Concluido lo anterior, ¿qué se sabe, públicamente, de los pronunciamientos de doña Hilda en asuntos de la mujer? Nada, o si se hace un esfuerzo, vaguedades, brumas verbales. Es inequívocamente, una representante profesional, especialista en el oficio de símbolo.


¿En qué se ha traducido hasta el momento la representación de La Mujer en el PRI y en la oposición? Hasta fechas muy próximas, la respuesta parecía obvia: se ha traducido en el crecimiento de la burocracia femenina o femenil o en el perfeccionamiento de lugares comunes.


Y más símbolos no quiere decir el fin del acceso simbólico a la política, sólo la ampliación de los compartimentos alegóricos.


Los presidentes y los ministros se suceden, el tono va cambiando del paternalismo sentimental ("La mujer, la presencia detrás del gran hombre") al paternalismo tecnocrático ("La mujer, la capturista de emociones nobles"), pero en lo básico, en lo tocante a las creencias profundas de la clase política y de la sociedad, no se modifica el prejuicio: la política es cosa de hombres. "Una no nace mujer". Tampoco feminista.

6/25/2010

Monsiváis, feminista
Sara Lovera

MÉXICO, DF, 24 de junio (apro).- Estoy segura que cada quien tiene algo que ver contigo. Cada una o uno van a recordar un encuentro, una conversación, una cercanía, porque tu trabajo de escritor y agudísimo cronista estuvo del lado en que tenía que estar, como dice Carlos Payán, en el momento preciso, en la circunstancia necesaria.

Nos acompañaste siempre. Nuestro movimiento, el de las feministas, no estaría completo sin tu generosidad y tu lucidez. Mi recuerdo más antiguo está ubicado en el Paraninfo de la Preparatoria Uno, una tarde lluviosa en que se agolparon las y los jóvenes para escucharte; estaba ahí María Luisa La China Mendoza y acababa de publicarse tu biografía en la editorial Era.

Me impresionó la frase final: “Tengo 30 años y no conozco Europa”, entonces me propuse ir antes de cumplirlos; mucho tiempo no entendí tu ironía, tu sagaz inteligencia, tu memoria.

Luego te recuerdo analizando una crónica del diario El Día sobre el eclipse de 1970, que empecé súper cursi y nos reímos mucho, aunque pareciera difícil sacarte una sonrisa.

Más tarde, con el tiempo y los años, cuando eras definitivamente célebre, tu llamada tempranera que me animaba cuando estaba decidiendo mi vida en 1984; tus anécdotas contadas en las tertulias de la casa de La China, donde me hice periodista y ansiosa, pero no sabía escribir y servía el café, boba, escuchando.

También te sentí y viví en El cine y la crítica en Radio Universidad, donde fui invitada a generar ruidos extraños y pegar sobre la copa de un micrófono, mientras aprendía el significado del cine para la gente.

Pero quizá de todo ello, lo verdaderamente importante para una aprendiz de la vida, fue tu lucidez y tu verdadero acompañamiento en mi única lucha: la de las mujeres.

Y, esa otra, al lado de los cambios festivos de nuestra sociedad. En México en la Cultura, de la revista Siempre!, apenas comenzada la década de los setenta, abriste las páginas para el primer debate entre feministas: Antonieta Rascón, Rocío Peraza, Martha Acevedo, analizando cómo se haría, en el último trienio del siglo XX, el camino para liberar a las mujeres.

Harto de inhibir, delegar o transformar tus puntos de vista, escribiste: “Desde su levita de bronce, Juárez es como ningún otro héroe de la historia de México, profundamente actual… nuestro contemporáneo por la índole de su paciencia, de su inteligencia política, de su genio institucional, de su resistencia, de su congruencia. No fue mártir y murió en el poder, al que le cobró demasiado apego, pero su talento inmenso y el empeño de su generación, de la Reforma, crearon el espacio de crítica y de tolerancia de donde viene una parte fundamental del desarrollo civilizatorio de que disponemos”.

Esto dijiste de Juárez, aclarando no olvidar a Morelos y a Zapata, en esa pieza magnifica, la única que conozco como pieza de teatro integrada en tu libro Las herencias ocultas de la Reforma liberal del siglo XIX.

Por encima de todo lo que de ti se diga y escriba en estos días, hay que agregar que para las feministas fuiste el acompañante emblemático de la zaga profunda que nos anima: la promoción y la defensa de la diversidad humana, los derechos de las otras y los otros, desde la época en que el estruendo de mi generación –la del 68-- exploró los caminos de la libertad sexual, el derecho al aborto y el rechazo profundo a la violencia contra las mujeres. El Estado laico.

Carlos Monsiváis te fuiste en medio de la locura del Mundial de Futbol, agazapado para evitar sentirte salpicado de la vulgaridad y los lugares comunes, que identificaste siempre, como esa destructora cultura priista que nos aprisiona y confunde.

A pesar de ti, el tímido con quien viajé a Holanda, que no saliste a la calle la primera noche y nos comimos un emparedado salido de una máquina. A pesar de tu permanente postura irreverente, hay ya de todo, guardia de honor ante tu féretro, en el inmenso patio del Museo de la Ciudad de México, el homenaje en Bellas Artes, homenaje en el Congreso, la reedición de tus libros, la invitación a leerte para entender qué pasó en este país en los últimos 50 años. A pesar de ti, priva esa tozudez formal por todas partes.

Yo que te vi, en silencio, cómo analizabas y te reías de la torpe representación de una vecindad en el Centro Histórico de la Ciudad de México, allá en Ámsterdam, y cómo me conminaste más de una vez a relatar mis vivencias con las costureras de la Ciudad de México que, en 1985, se levantaron frente a la destrucción. Sé que es a tu pesar.

Para las feministas se nos ha ido una luz clarísima en el tremendo túnel de la estupidez humana que nos han puesto a hombres y mujeres en lugares distintos, quien documentó nuestras cuitas.

Recuerdo perfectamente que fue en La Cultura en México donde a tu vera se documentó el nacimiento de Ven Seremos, el primer grupo feminista de Michoacán, y como dejaste fluir la discusión en los ochenta sobre el significado libertario de la anticoncepción y el derecho al cuerpo.

Te vi mil veces en la acera del camino de las primeras marchas por los derechos de lesbianas y homosexuales; aprendí de tu crítica a la persecución de ellas y ellos en Cuba, hoy finalmente abierta a los tiempos nuevos y a las realidades de siempre, por la libre opción sexual.

Hiciste con tu trabajo de periodista directo, permanente, con los oídos y los ojos abiertos, para nuestra generación, el sitio necesario de la crítica alejada de los adjetivos baratos y de una ironía ilustrada que nos hizo leer, 40 años después, en tu libro El 68: la tradición de la resistencia, el nacimiento preciso y explicado de un movimiento que dio contenido a la defensa de los derechos humanos, donde nació el nuevo feminismo mexicano.

Con tu dirección, me permití el análisis del cine de los años de oro, vi contigo una película en Portales, hace mucho tiempo, y me hiciste reflexionar sobre la familia mexicana y todas sus ataduras ideológicas.

Tu voz se ha cegado, pero no tu inmensa y pertinaz obra aclaratoria de los tiempos de mi generación, apuntalada por tu sabiduría. Y claro, todo lo que tiene que ver con la literatura y la poesía. Te vamos extrañar, Monsi, ahora que nos cunde la locura del desorden gubernamental, las feministas te vamos a extrañar profundamente.

Comentarios: saralovera@yahoo.com.mx

"El segundo sexo": no se nace feminista

CUARTA DE CINCO PARTES


CIMAC | México, DF.- A continuación transmitimos la cuarta de cinco partes del artículo "El segundo sexo": no se nace feminista, que el escritor Carlos Monsiváis publicó en el volumen 20, de Debate Feminista, en octubre de 1999.

Apéndice demostrativo

Por Carlos Monsiváis

México, DF, 24 jun 10 (CIMAC).- En 1991 -no hace tanto tiempo- la Secretaría de Gestión Social del CEN del PRI le prepara a sus candidatos a diputados y senadores un manual de preguntas de primera necesidad, y de respuestas a estudiar y, en su recomendable caso, a memorizar.

Los temas son cruciales: el Tratado de Libre Comercio, la modernidad, la privatización, la economía subterránea, el sistema financiero, la educación, los salarios, etcétera. Y en el repertorio de asuntos formidables, la única mención -maravillosa- de La Mujer se halla en la pregunta 77; "¿Propone (usted) alguna política de protección a grupos sociales? Niñez, juventud, mujeres, indígenas, ancianos, drogadictos, homosexuales, ¿qué propone?"

Con lo anterior, la Secretaría de Gestión Social del PRI nos informa: a) la niñez, la juventud y los ancianos son grupos sociales; y b) los indígenas y las mujeres son grupos protegibles. Y las respuestas están a la altura de la pregunta.

De los homosexuales, presiviblemente, no se dice una palabra; en lo tocante a los niños el PRI decide protegerlos "de su estado de indefensión en el seno familiar y en el ámbito social"; y a la mujer, responsabilizada de "la dura tarea de mantener unida a la
familia", la alcanza el siguiente alegato :

En relación a la participación de la mujer, el Partido postula la necesaria promoción para el acceso de la mujer, en igualdad de condiciones con el hombre, en los procesos políticos, así como la práctica efectiva de su derecho al trabajo, condición indispensable para su integración en la vida social y base de su completa liberación.

Si no muy brillante y clara, al menos la respuesta que se le ordena a los candidatos es sincera: a los niños, los jóvenes, las mujeres, los indígenas y los ancianos, grupos sociales, los protegerá el único sector que puede hacerlo, los protectores profesionales: los hombres entre 30 y 60 años, los que sí cuentan en el país. Y si la mujer quiere liberarse deberá hallar la fórmula mágica del derecho al trabajo, milagro que no requiere para el PRI de más especificaciones, ni de procesos legales o sociales ajenos al buen deseo.

B) Un fragmento del Manual de imagen, de mayo de 1991, dedicado también a los priístas, y que nos pone al día de los requisitos esenciales en un político que no quiere ser confundido con un naco:

El político debe usar vestimenta que, por una parte, simbolice que está identificado con los valores y las instituciones de sus antepasados como plataforma, infraestructura o base de sus acciones, y por otra parte, que es progresista y tiende a buscar soluciones modernas, acordes con las ideas contemporáneas.

De manera que su ropa debe observar lineamientos conservadores, al mismo tiempo que, dentro de éstos, se agreguen los elementos de moda. Otra cuestión, no menos importante, es tomar en cuenta factores, que dentro de la parte técnica de los medios (en este caso la televisión), resulten adecuados en la definición estética de
la imagen.

MUJERES EN GENERAL

-Vestidos, trajes de dos piezas o falda y blusa modernos, pero no
muy llamativos.
-Medias del tono de color de la falda o vestido.
-Zapatos y bolsa del mismo color y que éste combine con el del
vestido, es decir, que se repita alguno de los colores de la vestimenta.

OCASIONES INFORMALES
- Colores claros.
- Algodón, rayón o lino.
- Moda sencilla.
- Maquillaje natural.

Ocasiones formales (actos formalmente públicos o de noche)
- Colores oscuros o un poco más intensos.
- Seda, lana o texturas con cierto brillo.
- Moda un poco más sofisticada.
-Maquillaje un poco más acentuado.

La política no es sólo publicidad, es también ornamentación. Al
cielo por el asalto de estos "arquitectos de exteriores" y "arquitectos capilares" que son los modistos y los estilistas . "Una no nace mujer. . ."


6/24/2010

"El segundo sexo": no se nace feminista

TERCERA DE CINCO PARTES

CIMAC | México, DF.- A continuación transmitimos la tercera de cinco partes del artículo "El segundo sexo": no se nace feminista, que el escritor Carlos Monsiváis publicó en el volumen 20, de Debate Feminista, en octubre de 1999.

¿Qué tanto les divierte el heroísmo a las mujeres?

Por Carlos Monsiváis

México, DF, 23 jun 10 (CIMAC).- En la primera parte de “El segundo sexo”, De Beauvoir examina los hechos y los mitos. Y esto, en los años siguientes a su aparición, subraya en los lectores latinoamericanos la diferencia enorme con la experiencia europea.

En América Latina, los mitos y los hechos han sido peores, más degradados, en especial en el ámbito de las pobres y las indígenas. Y hasta el derrumbe del socialismo real los mitos ideológicos tenían en la izquierda un peso supersticioso semejante al europeo, pero con una carga mayor de analfabetismo funcional. Por eso, la polémica de De Beauvoir con el libro de Engels (El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado), le resultó irritante a la izquierda cultural (la izquierda partidista jamás se enteró).

La derecha, orgánicamente incapacitada para entender el libro, no supo jamás de su crítica a las posiciones de la iglesia católica, de la patrística a los obispos franceses, y sobre todo no percibió su idea de algo distinto al sometimiento natural.

En la derecha, el rechazo a los planteamientos feministas es orgánico, y en la izquierda, si bien con mayor práctica de convivencia feminista, sólo en años recientes se aceptó la tesis de un movimiento diverso y paralelo . Antes, lo usual era la prédica: todo debe encauzarse por la ruta única de la revolución, y quien indique rumbos alternos traiciona la lucha proletaria.

En mi primera lectura de El segundo sexo, me llamaron la atención las citas depredadoras y opresivas de un buen número de escritores, pensadoras, figuras famosas. ¿Cómo era posible, pensé, que Nietzsche, a quien apenas había leído pero que no era por eso menos Nietzsche, afirmara: "La mujer es la diversión del héroe"?

¿Que toda batalla termina en una orgía? El coito, corona de la épica. Tardé en comprender la eficacia del método de Simone de Beauvoir . Analiza antropológica, histórica, filosófica y políticamente un proceso, y se sirve de las citas como una síntesis del ritmo de las sentencias en la pared. Los aforismos del patriarcado son dictámenes sin derecho a réplica, y no proclaman sabiduría sino recuerdan el sitio relegado y a fin de cuentas invisible por genérico de las mujeres . "No se nace mujer. . ."

Es decir, no se nace enterada de la tragedia de haber nacido en el género equivocado, o si no se quiere un adjetivo tan exterminador, en el género que todavía en los años cincuenta, y si se era decente, recibía los estímulos de las variedades del sometimiento, o si ya se atrevía a trabajar, se instalaba en el perímetro donde no hay ascensos porque no se tenía con qué. (Si acudimos a la tesis freudiana de la envidia del pene, en materia de promociones laborales, entonces como ahora, las mujeres han vivido por así decirlo la envidia de los ascensos que el pene concede.)

Biología es destino. Sí, pero no con tal furia determinista ni todo el tiempo. Hoy, el destino ha cambiado notablemente para las jóvenes en pasado/presente las universidades, en la economía, en la cultura, e incluso se va modificando la suerte de las indígenas de Chiapas que al adquirir el uso de la palabra adquieren una visión del mundo.

Es justo reconocer que el feminismo es la única revolución del siglo XX que no termina en la autocracia (esto no es un elogio desde el punto de vista de Lenin, Stalin, el Ayatollah, numerosos clérigos, Fidel Castro y el PRI), y es de justicia señalar también que a medio siglo de su publicación, El segundo sexo retiene su vitalidad porque no obstante los avances, las mujeres continúan en situación de grave desventaja .

6/23/2010

"El segundo sexo": no se nace feminista

SEGUNDA DE CINCO PARTES

CIMAC | México, DF.- A continuación transmitimos la segunda de cinco partes del artículo "El segundo sexo": no se nace feminista, que el escritor Carlos Monsiváis publicó en el volumen 20, de Debate Feminista, en octubre de 1999.

Por Carlos Monsiváis México, DF, 22 jun 10 (CIMAC).- Se insiste en que Simone de Beauvoir declaró reiteradamente no ser feminista. Sin llegar al exceso de recordar a Marx diciendo "No soy marxista", o a la herejía de precisar que Cristo nunca se declaró cristiano, ni Buda budista, es obvio que los grandes renovadores teóricos carecen de perspectiva de acomodo personal en su proyecto.

De Beauvoir es memorable por su calidad intelectual, su valentía interpretativa y su decisión de enfrentarse al pensamiento que organiza la inferioridad de las mujeres y a la impunidad verbal, legal, moral, patrimonial, física, del machismo. Al enfrentarse en teoría y práctica al canon impuesto de femineidad, al rechazar el esencialismo de "lo femenino", al rehusarse a considerar fatal la opresión tradicionalista, ella aclara de manera excepcional el esfuerzo considerable de las mujeres para vivir integralmente su condición de ser humano. Se había dicho ya esto parcialmente, y con reiteración, pero por lo común con énfasis carente de esperanza .

Algo extraordinario de El segundo sexo es su estilo desdramatizado, la ausencia de ese filo melodramático impuesto a las mujeres como "ejercicio de sensibilidad". Al renunciar al melodrama, De Beauvoir abandona un vínculo clásico con el esencialismo, y al no aprovechar las "galas de la fragilidad" y elegir el clásico tono objetivo del ensayo francés, exhibe la falacia que identifica a la escritura femenina con la solicitud de perdón a través de la gracia, el coqueteo y cierta dosis de cursilería. Esto es fundamental porque, entre otras cosas, permite releer la literatura de mujeres, de Jane Austen a George Eliot, de Emily Dickinson a Emily Bronte, de Katherine Mansfield a Virginia Woolf, y observar cómo la sensibilidad visible pertenece a la educación y las costumbres del grupo social, pero no a esencia alguna. Cierto, sólo una mujer pudo escribir Orgullo y prejuicio o Mrs. Dalloway, pero a las mujeres nada más se les permitían esos temas, y la escritura no es femenina sino literaria.

La Otra en la cocina y en la recámara y en el confesionario, aguarda Lo más citado de El segundo sexo es lo siguiente: No se nace mujer: llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización en conjunto es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino.

Sólo la mediación de un ajeno puede constituir a un individuo en Otro. Al desmontar culturalmente el aparato formativo y deformador del patriarcado, Simone de Beauvoir contribuye poderosamente a la crisis de tal modelo dictatorial en la segunda mitad del siglo XX. Ahora ya es posible decir, en la mayoría de los países y en algunos sectores: "No se nace mujer: hay diferentes modos de llegar a serlo". Y esos modos contienen también alternativas. Si la derecha, como lo prueba políticamente en México y en todas partes, sólo admite una forma de ser mujer (sumisa, abnegada, en casa y con la pata rota o en el trabajo pero acatando las decisiones del varón), el pensamiento democrático se ha preparado contra el esencialismo y tiene en su haber una abundante literatura y las experiencias de movimientos sociales y logros legales y constitucionales.

Pero esto no ha jubilado ni enviado al desván de las gloriosas precursoras el libro de Simone de Beauvoir, todavía lectura indispensable en la medida en que la pasión y la lucidez intelectual siguen siendo ejemplares. Cierto, El segundo sexo es actualizable en varios aspectos, porque hay de por medio siglos de saberes acumulados, y hay momentos en que la observación aguda linda con el prejuicio: Las lesbianas intentarán compensar a menudo su inferioridad viril con una arrogancia y exhibicionismo que manifiestan de hecho un desequilibrio interior.

También el desequilibrio interior es una construcción social. La represión, la condena, la necesidad de gastar energías ejerciendo el desafío, todo lo que constituye en un sector de lesbianas la arrogancia y el exhibicionismo, prueba más que un desequilibrio interior, las dificultades de una técnica de resistencia. En el acoso, conducir al límite la psicología defensiva no es acto de desequilibrio, sino de búsqueda de espacio.

Esto, de una manera más amplia, lo señala Kierkegaard en el epígrafe elegido por De Beauvoir: "¡Que desgracia ser mujer! Y cuando se es mujer, sin embargo, la peor desgracia en el fondo, es no comprender que es una desgracia". Si uno no califica a Kierkegaard de esencialista, lo que dice es perfectamente racional: la peor desgracia es no comprender que esa condición impuesta, con tanta frecuencia invivible, es una desgracia que debe ser enmendada. Y transformar la condena del género en destino responsable de la persona es la empresa del feminismo y de los sectores de la sociedad influidos por el feminismo.


México sin Monsiváis
Arnoldo Kraus

Muchas personas han cavilado acerca de la insuficiencia del lenguaje. Las madres que pierden a sus hijos, los hermanos que pierden a sus hermanos y los familiares de los desaparecidos son vivencias que carecen de la palabra adecuada para describir esas situaciones. Lo mismo sucede tras el fallecimiento de una persona indispensable para una nación: el idioma no cuenta con el término preciso para describir el acontecimiento. La muerte de Carlos Monsiváis, figura indispensable en la vida del país, se inscribe dentro de esa cortedad del idioma. En el caso Monsi, el lenguaje resulta enjuto: las palabras no bastan. No se trata de ensalzar su imagen, se trata de la realidad.

Admirado y denostado, querido y despreciado, entregado y traicionado, fiel y maltratado, irónico y satanizado, dulce y huraño son algunos de los incontables calificativos utilizados para describir a Monsiváis. Las expresiones y el compromiso de Carlos eran el material de esos binomios. Su mirada y su hambre eran infinitas. Su curiosidad y su incansable don contestatario, remontaba cualquier frontera. Ningún tema le era ajeno; todos los rubros de los muchos México de su vida fueron tocados por su pluma. Carlos fue un lector indispensable del acontecer de nuestra nación; su lectura fue un referente único para comprender muchas de las vicisitudes del país. Su capacidad como retratista era descomunal; dibujó y denunció sin cesar las incontables fracturas de la nación.

Las personas que por una o mil razones considerábamos vital su presencia entendemos su muerte, pero no comprendemos el hueco que queda. Aceptamos la inevitabilidad de su deceso pero sabemos que las palabras yermo, orfandad, desamparo, pérdida y aflicción son cortas para describir la ausencia. Carlos poseía un compromiso, casi genético, contra todo aquello que tuviese que ver con la injusticia. Pocas personas han comprometido su voz y su vida como él lo hizo para denunciar todo lo que debería denunciarse y para señalar todas las pifias y horrores de nuestros gobiernos.

La muerte demasiado lenta de Carlos fue una especie de preámbulo para adentrarse en los recovecos del lenguaje y en los sinsabores de la ausencia. A partir de su reclusión hospitalaria, su muerte, demasiado lenta, se convirtió en un prolegómeno para cavilar en los significados del México sin Monsiváis y del valor de la amistad. Dentro de muchos recuerdos comparto una anécdota personal.

Cuando murió mi padre, en 1994, Carlos acudió a mi consultorio. El diálogo fue muy breve. Tras los saludos de rigor y un pequeño intercambio de ideas le pregunté: Carlos, ¿en qué te ayudo? Me respondió, en nada, no me siento mal. Vine por otra razón. ¿Qué sucede?. Después de un momento sacó de su portafolio una bolsa de plástico y me la entregó. Ábrela, me dijo. La emoción y la sorpresa fueron enormes. La bolsa contenía un libro viejo, ilustrado, muy bien conservado y de una belleza casi indescriptible. Durante unos pocos minutos, rodeados por un silencio profundo, cogí con cuidado el libro: lo toqué, lo volteé, lo hojeé y busqué la fecha de edición y el país de origen del libro.

El libro, Il Canzoniere di Dante, era muy hermoso. En nada difería a los de los museos o a los de las casas de antigüedades. Poco tardé en amistarme con él. ¿Por qué me lo das?, pregunté. En Oaxaca aprendí que la mejor forma de acompañar a una persona cuando sufre una pérdida es regalarle algo personal, algo que quieres y que atesoras. Terminada la oración Carlos se levantó, me dio unas palmadas y se fue. No tuve la oportunidad de agradecerle o de hacer algún comentario. Me dejó el mismo silencio cariñoso que rodeó la atmósfera mientras hojeaba el libro ante su mirada compañera. Hoy, mientras escribo y le rindo un pequeño homenaje a Carlos, hojeo el libro. El silencio me acompaña y me regresa al mutismo de aquel día. Ese acompañar fue, para mí, un regalo de la vida.

Para afrontar y derrotar la insuficiencia del lenguaje el mejor tributo que se le puede hacer a Carlos es hacer nuestro su permanente estado de indignación. Él vivía indignado, no por azar, sino por necesidad. Su indignación era infinita. Lo mismo sucedía con su compromiso hacia los débiles. No callar era parte de esa indignación. Asumir el perenne malestar de Carlos contra el oprobio del poder es el mejor homenaje que se le puede brindar a una persona tan singular e irrepetible como Monsi.

La multifacética lupa de Monsiváis

Me parece oportuno reproducir algunas estampas sobre nuestros símbolos, costumbres y aficiones que, con su fino bisturí, desmenuzó.

José Antonio Crespo

Tendemos a especializarnos en un área del conocimiento, para comprenderla mejor y profundizar en ella. Pocos tienen una visión más generalista e integradora, como la que distinguió a Carlos Monsiváis. Coincido en que el mejor homenaje que podemos hacerle es adentrarnos en su obra. Por eso mismo, más que hacer una reflexión sobre sus escritos —no porque no lo merezcan—, me parece oportuno reproducir algunas estampas sobre nuestros símbolos, costumbres y aficiones, que con su fino bisturí, Monsiváis desmenuzó.

LA VIRGEN DE GUADALUPE. “Por devocionales que sean, las imágenes de la Virgen pertenecen al paisaje de todos los días, a los cafés y las fondas, los prostíbulos y las oficinas de gobierno, las casas y las posadas del camino, las plazas de los pueblos y los albergues de la montaña, los mercados y los comercios… A lo largo del siglo XIX, entre batallas por la libertad de conciencia y la libertad de cultos, la Virgen Morena es obligación religiosa, patriótica comunitaria, familiar y personal”.

EL HIMNO NACIONAL. “Como los de todos los países, el Himno Nacional de México surge para volver indivisibles el ánimo patrio y la fe en las instituciones. Es parte del relato heroico que consolida la idea de Patria entre reiteraciones y consumares que parecen venir del origen de los tiempos, y su fuerza profunda le viene de las generaciones que, en momentos difíciles o trágicos, lo entonan como el bautismo de la identidad o como el debut de las convicciones patrióticas. Y eso impide el escrutinio de las letras, derivadas de la religión de la Patria que usa irremediablemente el idioma parroquial”.

CINE. “Gracias al cine la vida moderna y la vida tradicional modifican y mezclan sus señales. Con superficialidad y de modo profundo, el cine habitúa a los cambios, que se inician en la sensación de atestiguar la verdad de las imágenes, algo distinto al realismo de la fantasía… Los nombres de los cines son reflejos condicionados. Dígase el nombre y brotará la felicidad de los fines de semana o de la semana entera o del romance seguro y el sexo casi a punto… En la oscuridad se relativiza la ética, o como se le diga al distanciamiento de la censura interiorizada”.

LA CARICATURA POLÍTICA. “Con más rapidez que la crónica, el cuento y la novela, la caricatura ejerce funciones muy diversas: Integra un espacio de entendimiento que es diversión útil a alfabetizados y analfabetos; origina el sentido del humor que, ante la ausencia de alternativas, la sociedad acepta como suyo; resume con brillantez las razones de la oposición; desmitifica sin cesar a los políticos poderosos; renueva periódicamente las visiones colectivas de la política y la vida social, y lleva a los pensamientos a medias, a conclusiones casi siempre fértiles… Los caricaturistas son avanzadas de la libertad de expresión y esa condición les permite ampliar semanalmente sus propios límites, derrotar con frecuencia a la censura”.
TELEVISIÓN. “La primera generación teleadicta se divierte con lo que sea, porque ‘lo que sea’ es el arribo del cine ‘sin problemas’ a la sala, la recámara o la habitación única… la televisión es el adversario que hace a un lado la misa de siete, las veladas familiares, las sensaciones de quietud vespertina, el deambular por las calles como el cóctel nómada. Al imponerse la televisión, el costumbrismo va siendo cada vez más un acto devocional de la memoria”.

EL FUT-BOL. “En tratándose de futbol, los fans no captan lo privado, ¿para qué? Lo valioso es el estadio donde ya no cabe ni un alma, la salita llena de amigos y familiares (aunque hoy sólo existe la familia que es la Nación); los patriotas se multiplican dispuestos a dar el Grito de la Independencia verdadera que se origina en los éxitos del Tri (color), y si el equipo pierde nada sucede, salvo que la Independencia pasa de planetaria a nacional… El mundial de Futbol es la tradición o la reubicación geográfica que, en el caso de cada habitante de cada país, lo incorpora todo (ríos, montañas, héroes, costumbres, orgullos regionales, pagos de Hacienda) a la alegría de estar aquí, al ahora del juego, transmitiéndole a los demás lo que uno sabe de futbol, que es, más o menos, lo que uno sabe de la vida. Con una diferencia: en la vida se agoniza una sola vez y la vida en otros siglos no necesariamente incluía la alegría de apoyar a un equipo”.

El buen Monsiváis nos deja un enorme legado para la reflexión, un complejo espejo de nosotros mismos, cuyo reflejo no siempre es agradable, pero sí muy ilustrativo. Aprovechémoslo.

6/22/2010

"Vamos hacia el fascismo": Monsiváis
Jenaro Villamil

MÉXICO, D.F., 22 de junio (apro).- En su último manuscrito para un artículo periodístico, en vísperas de ingresar a terapia intensiva, Carlos Monsiváis escribió:

“Nada más lógico y, a su modo, más eficiente, que la estrategia de autoengaño del gobierno federal. No son los únicos, desde luego, en este laberinto de afirmaciones que parten de la irrealidad y se alojan en la realidad más profunda, aquella que habitan los manufactureros de la verdad”.

Era el 27 de marzo. Aún estaba reciente el homicidio de dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey –la misma institución que entonces dirigía como rector Rafael Rangel Sostmann, recientemente “renunciado”–, y el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, volvió a recetar en una de sus carismáticas ruedas de prensa la explicación calderonista del “fuego cruzado”, que avalaba la tesis del “daño colateral” expuesta por el secretario de la Defensa, Guillermo Galván.

“No estoy ironizando –escribió Monsiváis. ¿Cómo puede explicarse de otra manera que el secretario de Gobernación hable de la línea de fuego en el combate en el Tec de Monterrey y que los estudiantes habían estado del lado bueno y por ello resultaron asesinados por los sicarios? No lo dice en serio como secretario de Gobernación. Lo dice, y muy en serio, como poder y lector del secretario de Gobernación”.

La mejor prueba de que los poderosos no leen o no les gusta asimilar lo que leen de Monsiváis respecto de sus propias palabras nos la acaba de recetar el mismo personaje. Fernando Gómez Mont, tan perspicaz como siempre, acaba de descubrir que el problema de la violencia en el país no es la violencia misma, sino el lenguaje utilizado por los medios.

En sintonía con su jefe, Felipe Calderón, quien publicó sendos desplegados dominicales y declamó en “cadena nacional” que si hay 22 mil muertos es porque su administración ha sido muy valiente y los narcos sólo se matan entre sí (esa especie de endogamia del crimen que exenta al Estado de la responsabilidad en función de la justicia), Gómez Mont declaró el pasado lunes 21, en Ixtapan de la Sal, que la violencia es heredada y que los medios no han contextualizado como debieran lo que está ocurriendo.

“Hay un falso debate entre contar y no contar historias –afirmó Gómez Mont. Reconozco la limitada capacidad para comunicar estrategias de seguridad. Tampoco vengo a pedir aplausos; no vengo a pedir que se callen, sino que contextualicen (El contexto es una manera de censura voluntariamente asumida, diría la R., me dicta Monsiváis desde el más acá). No les vengo a pedir que tapen la violencia, sino que cuando la cuenten la pongan en contexto.

“Desde antes de que el presidente Calderón asumiera el poder ya había violencia importante y sostenida; había procesos contenidos y cubiertos. El gobierno apostó por reconstruir las instituciones, porque la democracia no le heredó al país cuerpos confiables de seguridad”.

La última frase es un prodigio. Una perla de Por mi Madre, Bohemios. “La democracia no le heredó cuerpos confiables de seguridad”, resuena el reclamo de Gómez Mont. Si es así, entonces, para contextualizar, hay que decir que ante cada masacre, ante cada “fuego cruzado”, ante todos los “daños colaterales”, ante las confusiones de policías nerviosos o de militares enviados a una guerra sin estrategia, que el gobierno federal es heroico porque está construyendo democracia.

Por estas mismas razones, en las últimas entregas de Por mi Madre, Bohemios, Monsiváis me decía sin ningún dejo de ironía: “vamos hacia el facismo”. Y no le faltaba razón: veía venir la ceremonia de lavado de manos frente a la tragedia de la guardería ABC; la paramilitarización del discurso oficial (tan bien representada por Genaro García Luna), y lo que hoy se convierte, a pesar del enorme distractor del Mundial de Futbol Sudáfrica 2010, en una realidad apabullante: el calderonismo continuó con la polarización social que inició en 2006, cuando decidió decretar que ellos nos salvarían de un “peligro para México”. Y el peligro son ellos.

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El segundo sexo: no se nace feminista
Primera de cinco partes

México, 21 de jun 10 (CIMAC).- A continuación transmitimos la primera de cinco partes del artículo "El segundo sexo": no se nace feminista, que el escritor Carlos Monsiváis publicó en el volumen 20, de Debate Feminista, en octubre de 1999.

Por Carlos Monsiváis

En 1949 se publica El segundo sexo de Simone de Beauvoir. En los años inmediatos a su salida son mínimas las repercusiones en América Latina, y los motivos de esta demora son entendibles.

No se dispone del espacio social y cultural, del ánimo receptivo que transforme las propuestas en decisiones de cambio. El patriarcado es un imperio feudal, en México por ejemplo las mujeres no votan, en varios países no existe el divorcio, el adulterio continúa estremeciendo a las buenas familias y alentando su morbo, incluso se combate el uso femenino de los pantalones.

En el campo de las profesiones la presencia de las mujeres es mínima y en la UNAM el porcentaje de alumnas no es mayor del 8 por ciento (el porcentaje de maestras es aún más bajo). A las sufragistas y feministas heroicas de los años veinte y treinta, las suceden en los cincuenta casos aislados de luchadoras sociales, de izquierdistas con frecuencia dogmáticas, de profesionistas a las que se respeta añadiendo en la admiración el condicionante : "A pesar de ser mujer. . ."

A fines de los cincuenta -acudo a mi testimonio por típico de un momento, no por excepcional- leo El segundo sexo con entusiasmo. Asimilo entonces el libro de un modo que hoy me avergüenza y entonces hallo natural: es un gran ensayo sobre La Mujer, que examina la naturaleza de sus desventajas. No voy más allá . A la distancia, me doy cuenta de mi "astucia": elegí concentrarme en la forma y el método expositivo: "Muy mal que las discriminen, ¿pero qué puedo hacer?" Al recapitular, advierto mi incongruencia: ¿cómo me pudo apasionar un tratado que es un alegato, sin desprender de su lectura consecuencias políticas?

Reviso mi ejemplar de El segundo sexo y encuentro la profusión de subrayados y notas en los márgenes. Pero la perspectiva sobre lo femenino que me regía apenas se modificó. Muy probablemente, el cerco del pensamiento patriarcal era tan intenso que separaba orgánicamente la reflexión de la aplicación práctica, y se veía como "literatura" un examen radical de la opresión histórica y la construcción social de las mujeres.

No creo haber sido en esos años un sexista irrefrenable. Desde adolescente me fastidiaban los signos del atraso programado, muy en especial la partícula que ataba esclavistamente a la mujer con su marido"Fulana de Gómez, Perengana de Torres". (Lo sentía un herraje más que un sello matrimonial) También, había visto de cerca y admirado a las sobrevivientes del sufragismo mexicano de los veinte, con sus relatos de policías que persiguen a las activistas, las meten a una patrulla, van por otras, las detenidas escapan y todo vuelve a comenzar, mientras la propia izquierda las somete a discriminaciones. También atestigüé por compromisos militantes, la primera votación de mujeres en México, en 1955, que me emocionó o a lo mejor no, y de seguro me resultó un espectáculo fascinante, ese miedo reverencial al llegar a la casilla, ese empuñar de la papeleta como la llave de ingreso al mundo desconocido. Eso sí, pero nunca, seriamente, había revisado mis ideas sobre los derechos femeninos. Los aprobé sin responsabilizarme de mi punto de vista, reaccioné con enfado ante el maltrato machista a las mujeres, la arrogancia de los violadores, el desprecio a las activistas y sus luchas siempre tan aisladas y aislables. Pero mi rechazo sentimental de la injusticia no me comprometía a visión alguna de género.

Le debo a Rosario Castellanos la relectura de El segundo sexo. Con su modo magisterial fundado en la ironía obstinada y cíclica, Castellanos me hizo consciente de las resonancias del libro. A ella El segundo sexo le había transformado, al modificar, organizándolo panorámicamente, su entendimiento de la condición femenina. Y como a ella a un grupo de universitarias de esas generaciones, por fin dueñas de un instrumento de precisión ideológica, histórica, sociológica, incluso científica.Y si se piensa que le atribuyo demasiado valor a un solo libro, recuérdense en las condiciones de la época, y el discurso político que aún se dirigía a La Mujer con lujo de paternalismo: "Estas manos que mecen la cuna" . Por eso fue tan aleccionador el influjo del Segundo sexo sobre Castellanos. Ya podía burlarse de sí misma, porque delimitaba su sarcasmo y lo convertía en parte de la crítica irónica al machismo.

Optimismo

Pedro Miguel

De cuerpo presente, sin necesidad de mover un músculo ni de musitar una palabra, Monsiváis dio a la gente la oportunidad de anotarse una victoria sobre el poder oligárquico: este domingo el jefe nominal de las instituciones federales no pudo ni acercarse al Palacio de Bellas Artes y mucho menos presidir el homenaje al fallecido, así fuera ingresando al recinto por la puerta de atrás, como especuló, con motivos, alguien del personal del INBA citado en la nota de ayer de Mónica Mateos-Vega y Fabiola Palapa. En el más emblemático recinto cultural, los dueños actuales del poder fueron los apestados del evento. En cambio, López Obrador, el hombre más odiado por el régimen oligárquico, fue recibido con aplausos por la gente. Pero a Calderón no hubo que hacerle explícita la prohibición popular; simplemente, no tenía la menor posibilidad de estar allí.

No es un dato menor. El señor impuesto en el Ejecutivo federal por los dinerales corporativos; el que se alivia los complejos mediante el abuso de tanquetas, ametralladoras pesadas, helicópteros y cuerpos especiales; el que se siente capaz de aplastar la verdad con avalanchas de propaganda mentirosa; el que necesita, alrededor de su círculo de guaruras armados, otro círculo de guaruras de opinión (ocupados ahora en fabricar a un Monsiváis enemigo del Peje y de las izquierdas), no pudo entrar a Bellas Artes a apoderarse de Monsi, como le habría gustado y convenido, para convertirlo en un amuleto más de ese mito oficial llamado unidad de todos los mexicanos en torno a un desgobierno catastrófico. Lo único que pudo hacer fue mandar a Alonso Lujambio para que recibiera, en nombre del gobierno federal, las humillaciones merecidas y los repudios meticulosamente cultivados.

Pobre hombre, este Lujambio, forzado por las circunstancias a autocertificarse como amigo de Monsiváis para, a renglón seguido, reducirlo a un modelo de supercomputadora (memoria de elefante y capacidad impresionante para relacionar datos y analizar la realidad) y a una madre Teresa de la tolerancia: nos deja como legado la idea de que los mexicanos debemos respetar nuestra diversidad y convivir juntos (nadie vaya a pensar en convivir separados). Respetemos, pues –diría este Monsi inventado por el personal de servicio de la Gordillo–, la obsesión del régimen de ensangrentar a México, el afán de sepultar el Estado laico, el gusto por los negocios turbios, la discapacidad para hablar con la verdad, la necedad de suprimir los derechos reproductivos; convivamos en santa paz con el designio de hundir al país en una guerra estúpida (perdón por el pleonasmo), con el secuestro de instituciones, con la proclamación de la desigualdad necesaria.

Qué buen ejemplo de la sabiduría del autoengaño, como el propio homenajeado definió los ejercicios de los más calificados y autocalificados funcionarios del gobierno federal: ¿A quién persuadir? Pues a los más enterados, a los más competentes, a los que rigen los destinos de la nación; nos referimos, naturalmente, a nosotros mismos.

En compensación por la derrota –sin precedente en los anales de la impotencia presidencial– regalémosle a los redactores del calderonato una coartada honorable: la ausencia de su jefe fue un gesto de prudencia y de respeto. Que se alivie con eso la frustrada necesidad de darse importancia y el anhelo, malogrado el domingo, de convertir la ilegitmidad en un discurso en nombre de todo México.

La ausencia de Calderón en Bellas Artes y la irrupción del pueblo en la despedida a Monsi fue una señal de impotencia y un triunfo de la gente pensante –la cosecha de lectoras y lectores es, en buena medida, cortesía del homenajeado– ante un poder despótico y casi analfabeto; una victoria de la plebe ilustrada sobre una elite de ignorantes irremediables, así tengan doctorado y maestría. Los que mantienen a la población bajo cerco militar y mediático viven, a su vez, sometidos al cerco cívico y pacífico del desprecio, y éste es más poderoso de lo que suele pensarse. Dejemos de revolvernos en la impotencia y sirva el registro de este triunfo –que a ustedes les consta– para documentar nuestro optimismo.