Canva.- Ciudad
de México.- En las últimas semanas, mujeres denunciaron en distintas
redes sociales un fenómeno en crecimiento: hombres con quienes apenas
están saliendo se autoinvitan a sus casas bajo la premisa de tener una
cita romántica. No obstante, detrás opera una idea impulsada desde la
machosfera, donde supuestos gurús de relaciones en internet incentivan
estas prácticas como estrategia para «poner a prueba» a las mujeres y
evaluar si cumplen con los valores tradiciones.
Desde la red social X, Sara originaria de Honduras publicó el mensaje «Ojo con decirle a un hombre hoy en día que vives sola, porque te quieren invitar a salir a tu casa y cenar con tu comida».
Esto despertó la alerta de más de mil mujeres no solo de Honduras, sino
de América Latina, quienes de inmediato compartieron sus propias
experiencias creando así un hilo extenso con pruebas y testimonios
confirmando el fenómeno.
Los relatos coincidieron en un punto
central, estos hombres no solo se autoinvitan a las casas una vez que
saben que las mujeres viven solas, sino que lo hacen con la expectativa
explícita de ser atendidos. Esperan que ellas cocinen, pongan el espacio
y asuman el rol de anfitrionas y cuidadoras; mientras ellos aporta
Ahora que están de moda los kits antinucleares, podemos
proyectar la metáfora a diversas realidades. Si Putin nos lanza una
bomba nuclear, no se olviden, por favor, del cortauñas, el mechero, la
botellita de agua, de un paquete de mascarillas por el polvo que se va a
levantar, sin duda; del pijama para dormir en el bunker del barrio y
muchas baterías para que todo funcione cuando se vaya la luz durante
tres días, que se irá. Ah, y el pasaporte, que para ir al otro barrio
parece que lo piden. Se trata de un kit para el rearme de la población europea, que es como el de las muñecas de Famosa pero en más moderno.
Discurre un momento histórico que unos llaman “últimos días”, otros,
“apocalipsis”, los de más allá, era de Acuario, los más científicos,
mundo cuántico; los más modernos sueñan con el mundo META colgados de
las redes, y los más ricos con un resort perpetuo en el que flotar,
comer y beber hasta un final de congelación perenne para resucitar del
frío. Y entre todo ese mundo que asoma por el horizonte como futuro más o
menos inmediato aparece el caballo alazán de la guerra, de algo tan
antiguo y constante como la guerra. Esa barbarie ha estado presente en
cualquier época, caótica o de bienestar, de riqueza o escasez, por causa
de la religión o del dinero, de la apropiación del terreno o de los
recursos hídricos…..
¿Y cuantos años, siglos, milenios seguimos este patrón de la guerra?
Pues exactamente desde que empezó el Patriarcado, que es un sistema
estúpido y perverso, que optó por la muerte, por el poder de matar, para
emular el poder de dar vida de las mujeres. Resulta que el gran tema no
era “la envidia del pene”, sino “la envidia del útero”. Y no se trata
de un simulacro, sino que en países como Suecia o Brasil se realizan
trasplantes de útero de cadáveres a personas que quieren parir y no
pueden, es decir, hombres mayormente, porque el género no basta para
semejante proeza. Por mucho que se vayan a parir con tacones, no van a
poder ni de coña ¡Qué contradicción! Por un lado tambores de guerra y
“kits” de supervivencia y, por otro lado, empeño sobrehumano por dar
vida. ¿Dar vida? No: competir con las mujeres y las hembras mamíferas
por ser capaces de dar a luz.
Yo no pondría tanto empeño en traer niñas y niños al mundo mientras
no fuéramos capaces de desterrar la guerra de la historia. Tendría que
ser lo primero en la Agenda feminista y sustituir en importancia, por
ejemplo, al aborto, que parece una bandera de progreso y un banderín de
enganche. Y el kit de supervivencia que se lo aplique la von der Leyen
para sobrevivir en su carguito en esa Comisión que parece la han creado
para meternos miedo a la gente de Europa y, a ser posible, también
arruinarnos. Porque ahora viene el dinero digital. Una broma pesada.
No podremos hablar de progreso, modernidad, democracia, Ciencia,
Inteligencia – artificial o natural -, progresismo, socialismo,
igualdad, justicia, transición ecológica ni feminismo hasta no conseguir
terminar con la guerra, hacerla imposible. No sé cómo hemos sido
capaces de consentir la guerra de Ucrania o el genocidio de Gaza o de
consentir a los políticos que lo han permitido o no lo han detenido. Ni
hablar de los ejecutores. Aunque sólo fuera de modo simbólico,
deberíamos hacer manifestaciones para quemar colectivamente todos los
kits de supervivencia, al igual que aquellas feministas quemaron sus
sujetadores en 1968 como protesta por un concurso de Miss América en
Nueva Jersey. Han pasado 50 años y no hemos inventado ninguna
performance para impedir la guerra. Ahora es el momento.
Foto de Darina Belonogova: /.-Ciudad
de México. – En una sociedad donde las mujeres no experimentan un
orgasmo en toda su vida a causa de la cultura machista que sentencia el
placer femenino; el autoconocimiento, la autoexploración y el
autoerotismo se convierten en la emancipación del sistema patriarcal que
erosiona en la libertad de la sexualidad, abriendo el panorama a un
sistema que las reconoce como sujetas sociales, políticas y por ende
sexuales.
De acuerdo con la encuesta del Instituto Mexicano de
Sexología (Imesex), la mitad de las mujeres mexicanas nunca ha
experimentado un orgasmo; este dato abre la puerta a cuestionar hasta
dónde se ha anidado el patriarcado en el dominio del cuerpo de las
mujeres, rodeando la sexualidad femenina de vergüenza, pudor y recato.
En una entrevista para Cimacnoticias,
María Zarandona, sexóloga y educadora del Bajío compartió desde el
punto de vista profesional la importancia del autoconocimiento femenino
en el panorama de la sexualidad, no sólo como sujetas sexuales, sino
como individuas que se desenvuelven en comuna.
“El
autoconocimiento y la exploración son unas de las piezas angulares que
necesitamos desarrollar para poder vivir una sexualidad en bienestar (…)
el autoconocimiento es el contacto con el cuerpo que va más allá de las
prácticas sexuales”. – María Zarandona
Para María
resulta fundamental que cada mujer reconozca en si misma la autenticidad
de su sexualidad, así como que el autoconocimiento es una habilidad que
se desarrolla y se construye, por lo cual se tiene que estar trabajando
por medio de la autoexploración y el autoerotismo siendo algo que “se
habilita y se práctica constantemente”.
Por ello, María en
conjunto con otras mujeres expertas e interesadas en erradicar los
estigmas que limitan la concepción de que las mujeres son merecedoras de
placer, se reunieron para crear Coautlicue Soy,
un “diario creativo” parte de la editorial Plántula que busca acompañar
a las mujeres en su proceso de autoconocimiento por medio no sólo de
lecturas teóricas sino también de actividades que ayuden a cada mujer a
explorar y vivir su libre sexualidad.
“Saber dónde está el clítoris es conocimiento, pero saber dónde está mi clítoris es el verdadero poder”. – Coatlicue Soy
El
gestionar, controlar y gozar del orgasmo femenino, constituye así,
parte de una revolución por recuperar la autonomía corpórea, es decir,
saber que nuestra cuerpa como territorio no pertenece a nadie más, que
no hay pudor ni vergüenza, sólo plenitud es un acto de amor a la
dignidad humana y sexual de las mujeres.
“Cada
vez que una mujer va entendiendo que merece placer, independiente de
otra persona y se va compartiendo así en el mundo se crea una ola
expansiva; el hecho de que podamos acceder al orgasmo implica que somos
merecedoras de placer, que tenemos la autonomía de explorar y tocar
nuestro cuerpo (…) escuchar nuestro placer no solamente se va a ver
reflejado en un bienestar sexual mucho más satisfactorio, sino que
también te vas a sentir mucho más segura de tomar decisiones en todas
las esferas, entonces cuando hablamos del autoconocimiento hablamos de
una transformación social súper poderosa”. – María Zarandona
Despojarse
de los valores negativos contenidos en la sexualidad femenina, es
paralelamente quebrar con el rol de género asignado; esta ruptura
propone deconstruir la perspectiva patriarcal que sexualiza a las
mujeres mientras les permite autopercibirse desde una mirada afectiva,
amorosa, erótica y liberadora.
“Necesitamos
realmente aprender sobre sexualidad, aprender sobre la respuesta
sexual, aprender sobre cómo se ve el clítoris, cómo podemos estimularlo;
el conocimiento nos da muchísimo poder, pero no podemos nada más
quedarnos ahí (…) la autoexploración es importante, animarse a
comunicar, a probar cosas, a conocer mi cuerpo, a verlo desnudo, a
observar mi vulva en un espejo, pero estando bien consiente de que va
pasando en mi mente, en mis sensaciones emocionales y físicas”. – María
Zarandona
El autoconocimiento y
autocuestionamiento sobre la relación que hemos desarrollado con nuestra
cuerpa resulta en una emancipación; la libertad.
Género y placer
Culturalmente,
la sexualidad femenina ha tenido un enfoque desproporcionado respecto
al placer masculino, autoras como Ivonne Szasz escribe en Sexualidad y género: algunas experiencias de investigación en México,
que en nuestro país el valor que se le adjudica al sexo recae en dos
acciones, ambas masculinas: la penetración y la eyaculación.
Existen
ciertos comportamientos sexuales que poseen la característica de ser
reafirmantes de la identidad masculina; la masturbación y el acceso al
placer sin culpas. Esto en conjunto con la concepción social de la
sexualidad fomenta un sistema que normaliza la anteposición del placer
masculino frente a la existencia del orgasmo femenino, reprimiendo no
sólo la sexualidad de las mujeres, sino también su libre expresión y el
ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos.
“Me
parece que (como hombres y mujeres perciben el sexo) es algo
completamente contextual; tiene cuestiones de género, pero también de un
montón de otros contextos más, empezando por si estas siendo
socializada como una mujer, así como tu clase social y tu etnia, creando
un impacto de cómo vivimos y cómo desarrollamos nuestra sexualidad”. –
María Zarandona
En la más reciente participación de
la teórica feminista, Rosa Cobo refiere que el sistema patriarcal se ha
encargado de dividir el cuerpo del individuo, es decir, la idea de que
estos dos conceptos se encuentran separados; «No es así, el cuerpo es el
individuo», explica la teórica.
Según señala la autora, el hecho
de que las personas seamos socializadas sexualmente de esta manera, sólo
alienta a un profundo rezago sobre el conocimiento del placer, el
autoerotismo y la sensualidad, especialmente cuando se trata de mujeres,
quienes son privadas de ejercer su derecho a la autonomía placentera y
limitadas a la creencia patriarcal de que el goce sólo debe de limitarse
a la penetración y a la eyaculación del otro.
Esto también es sustentado por la maestra Ana Amuchástegui en Mitos y dilemas de los jóvenes en tiempos del SIDA; exponiendo
que las mujeres en México sólo es valorada por el placer que le brinda
al hombre durante la penetración, la preservación de la “virginidad”, la
fidelidad, la ignorancia sexual -como inocencia “positiva” al carecer
de experiencia sexual- y la discreción, siendo valores recrudecidos aún
más, cuando se trata de mujeres en contextos precarizados.
Con
esto se quiere señalar que explorar, disfrutar y proteger el cuerpo que
habitamos es parte intrínseca de la autodefensa de quién somos. Por
ello, desde el momento en que se ejerce la libertad del goce y el
placer, no sólo conlleva la emancipación del cuerpo, sino también, a
nosotras mismas; después, llega la revolución colectiva por la
autonomía.
En este sentido, es urgente que el hablar del placer
comience a ser una práctica normalizada; que el autoerotismo sea
compañero y que las mujeres comiencen a alejarse del margen patriarcal
que ha condenado el placer a la penetración.
Por otro lado, las
diferencias cognitivas y emocionales son identificadas a lo largo del
desarrollo humano, poniendo, de igual forma, a las mujeres en posición
de desventaja social, pues se tiende a asumir que las mismas son más
emocionales y por ende más “inestables”, mientras que los hombres son
obligados socialmente a reprimir sus emociones.
Finalmente, las
diferencias sociales y culturales son las que más ponen en declive el
desarrollo óptimo de la sexualidad de las mujeres, pues aunado a la
disparidad biológica, las diferencias sociales y culturales refuerzan
ciertos roles de sexo/género que colocan a las mujeres bajo el mandato
masculinizado, anteponiendo el placer de este último.
“Claro
que el género es una parte muy esencial, pero también es importante ver
todos estos entrecruces (sociales y culturales) porque estos también
impactan mucho en cómo aprendemos y qué aprendemos de la sexualidad”. –
María Zarandona
Una
participante toma la palabra en una asamblea abierta entre el secretario
general de la ONU y organizaciones de la sociedad civil. Imagen: Evan
Schneider / ONU
NUEVA YORK – El 21 de marzo de 2025 concluyó el 69.º sesión de
la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, conocido como
CSW69, tras dos semanas de sesiones iniciadas el 10 de marzo.
Se la considera la mayor reunión anual organizada bajo el paraguas de
las Naciones Unidas que congrega a activistas por los derechos de las
mujeres de distintas partes del mundo, en su mayoría representantes de
organizaciones de la sociedad civil. Este año, una cifra asombrosa de
más de 11 000 personas se inscribieron en la plataforma del Foro de ONG
de la CSW69.
La sesión de este año, difundida bajo el lema Beijing+30, se centró
en el estado de implementación de la Declaración y la Plataforma de
Acción adoptadas en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer
celebrada en Beijing en 1995.
Algunas activistas recordaron también que 2025 marca el 25°
aniversario de la resolución pionera 1325 del Consejo de Seguridad de la
ONU, adoptada en el año 2000, que destaca la importancia de reconocer
las contribuciones positivas de las mujeres en el ámbito de la paz y la
seguridad.
Por primera vez, los eventos paralelos organizados por la sociedad
civil en el marco de la CSW69 incluyeron el tema de la elección de una
mujer Secretaria General de las Naciones Unidas, algo inédito en los 80
años de existencia de la organización. Dos de estos eventos se centraron
exclusivamente en la urgente necesidad de elegir a la próxima y primera
mujer Secretaria General.
El autor, Anwarul K. Chowdhury
La primera actividad se realizó el 5 de marzo como evento previo a la
CSW69, bajo el título “¿Una primera vez histórica? Seguimiento a las
respuestas de los Estados ante la posibilidad de una Secretaria General
feminista”, y fue organizada por la Red Mundial de Mujeres Constructoras
de Paz (GNWP, en inglés), la Escuela de Estudios Internacionales de NYU
y la iniciativa 1 For 8 Billion.
El segundo evento tuvo lugar el último día de la CSW69, titulado
“Igualdad de género en el nivel más alto: elegir a una mujer Secretaria
General”, auspiciado por la campaña WomanSG y el Consejo Académico del
Sistema de Naciones Unidas (ACUNS, en inglés). Fui invitado a hablar en
ambas actividades.
El actual secretario general, António Guterres —ex primer ministro de
Portugal—, tiene previsto finalizar su segundo mandato de diez años el
31 de diciembre de 2026. La elección de la nueva o el nuevo Secretario
General se espera para octubre de ese año, como muy pronto. El artículo
97 de la Carta de la ONU establece que: “El Secretario General será
nombrado por la Asamblea General a recomendación del Consejo de
Seguridad. Será el más alto funcionario administrativo de la
Organización”.
Los Estados Miembros de la ONU tal vez hayan tomado demasiado literal
la última frase de ese artículo, ya que solo han elegido hombres como
Secretario General. Como bien sabemos, la Carta de las Naciones Unidas,
firmada en 1945, fue el primer acuerdo internacional en afirmar el
principio de igualdad entre mujeres y hombres.
Recuerdo las palabras de Eleanor Roosevelt cuando afirmaba: “Con
demasiada frecuencia, las grandes decisiones se originan y toman forma
en órganos integrados únicamente por hombres o tan completamente
dominados por ellos que cualquier aporte de valor especial que puedan
ofrecer las mujeres se descarta sin siquiera ser considerado”.
Es una realidad que la política, y más aún, la seguridad, sigue siendo un mundo de hombres.
Y al hablar de participación política de las mujeres, resulta
lamentable que, siendo la ONU la mayor defensora de la igualdad y los
derechos de las mujeres, su propio historial no sea motivo de orgullo.
Para impulsar a la ONU en la dirección correcta y fortalecer su
credibilidad, en septiembre de 2012 se presentó un “Llamado a la acción”
dirigido a los líderes mundiales reunidos en la sede de la
organización. Este llamado, emitido por IMPACT Leadership 21 y cofirmado
por mí como fundador del Movimiento Global por la Cultura de Paz
(GMCoP, en inglés), fue reiterado en 2016 e instaba a actuar con
urgencia, en especial para nombrar a una mujer como próxima Secretaria
General.
En sus ocho décadas de existencia, el organismo mundial ha elegido
únicamente hombres para ese cargo, como si solo los hombres estuvieran
destinados a liderar las Naciones Unidas.
En un artículo de opinión titulado “La esquiva Secretaria General”
publicado en IPS el 14 de octubre de 2016, un día después de la elección
de Guterres, expresé mi frustración diciendo: “Los miembros del Consejo
de Seguridad fueron totalmente insensibles ante el amplio apoyo
internacional por una mujer como próxima Secretaria General.
Con su decisión, perpetuaron la exclusión del 50 por ciento de la
humanidad. Es una grave distorsión del sistema que los 15 miembros del
Consejo impongan su elección influenciada por la presión y manipulación
del P5 al conjunto de los 193 Estados Miembros, sin mencionar la vasta
opinión y activismo de la sociedad civil a favor de una Secretaria
General mujer”.
En ese mismo texto, advertí que “es sumamente lamentable que en el
proceso de selección la política haya prevalecido sobre la igualdad de
género, violando el artículo 8 de la Carta de la ONU, que subraya la
elegibilidad e igualdad de hombres y mujeres para participar en
cualquier función de todos sus órganos, ya sean principales o
subsidiarios”.
En otro artículo de opinión, publicado el 20 de junio de 2011, más de
cinco años antes del anterior, titulado “Segundo mandato de Ban: el
caso por una Secretaria General”, escribí que “la reforma más importante
que necesita el proceso de elección del líder de la ONU es un cambio de
mentalidad de los Estados Miembros.
A esta altura del desarrollo humano, es una vergüenza que en sus 65
años (en 2011), la ONU no haya podido elegir a una mujer para liderarla.
Es más, ni siquiera se había nominado a ninguna candidata”.
Y agregué: “Pese a todas las resoluciones, tratados, declaraciones y
pronunciamientos de la ONU sobre la igualdad de género, es lamentable
que el organismo haya excluido al 50 por ciento de la humanidad de su
máximo cargo. La organización, sin duda, se ha empobrecido al restringir
sus opciones solo a la mitad del potencial de liderazgo”.
También señalé que “la imagen deteriorada y la credibilidad de la ONU
ante la comunidad internacional en los últimos años reflejan la
necesidad creciente de un liderazgo eficaz y comprometido, que anteponga
la organización a los intereses personales y que no funcione
exclusivamente bajo una lógica de ‘mando y control’”.
Estas palabras, casualmente, cobran aún más sentido en la actualidad.
Existen ciertas realidades que deben tenerse en cuenta al hablar de la
elección de una Secretaria General:
– En 2016, ninguno de los miembros del P5 votó por una candidata mujer, a pesar de haber varias postulantes destacadas.
– La rotación geográfica que se respeta cuidadosamente para elegir al
presidente de la Asamblea General, no se aplica en el Consejo de
Seguridad al nominar al Secretario General. El P5 decide de forma
unilateral.
– Un Estado Miembro puede manifestar públicamente su apoyo a una
Secretaria General mujer, pero votar de forma contraria por razones
políticas. El voto secreto impide saber cómo votó realmente.
– También puede ocurrir que un país apoye inicialmente a una mujer,
pero cambie su voto si su apoyo es necesario para elegir a un hombre.
Nuevamente, el voto secreto oculta estos cambios.
– El P5 mantiene reuniones de coordinación fuera del recinto de la
ONU con más frecuencia de la prevista. La elección del Secretario
General es un tema prioritario que suele discutirse en esos espacios.
Entonces, la gran pregunta es: ¿cómo garantizar la elección de una
mujer como próxima Secretaria General, considerando todas estas visibles
y ocultas realidades?
Los Estados Miembros —y me refiero a los 193, no solo a los 15 del
Consejo de Seguridad— deben asumir el papel y la responsabilidad que les
otorga la Carta de la ONU en el nombramiento del Secretario General.
Tengo tres propuestas para ofrecer:
Primera: la opción más sencilla y natural sería que el Consejo de
Seguridad nominara a la actual Vicesecretaria General, una mujer con
firmes convicciones feministas, líder competente y respetada, reconocida
como la “partera” de los ODS, y que además conoce a fondo el
funcionamiento de la organización. Por si se preguntan, se trata de
Amina Mohammed, originaria de Nigeria.
Segunda: en los últimos tiempos, han surgido varios nombres de
mujeres del Grupo Regional de América Latina y el Caribe (Grulac), con
el argumento de que, según la práctica de rotación geográfica, le
corresponde a ese grupo proponer al próximo Secretario General.
Esta situación facilitaría la elección de una mujer bajo dos
condiciones: primero, que el Consejo de Seguridad acuerde por unanimidad
que le corresponde el turno a Grulac; y segundo, que los países de
Grulac presenten únicamente candidatas mujeres. Así, el Consejo solo
podría elegir entre mujeres de esa región.
Y finalmente, una tercera propuesta quizás atrevida, pero aún viable:
Si ninguna de las anteriores opciones logra la elección de una mujer,
la Asamblea General —que toma la decisión final a propuesta del
Consejo— debería rechazar por mayoría abrumadora a cualquier candidato
hombre que proponga el Consejo.
Esto obligaría al Consejo a reconsiderar su decisión. Si propusiera
nuevamente a un hombre, la Asamblea debería volver a rechazar la
nominación, forzando así al Consejo a proponer finalmente a una mujer.
Para lograr una mayoría significativa en la Asamblea General, la
sociedad civil tendría que hacer campaña y movilizar a un número
creciente de países para que apoyen esta iniciativa.
Tengo en mente el modelo de la campaña impulsada por Jody Williams y
la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersonales
(ICBL, en inglés), galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1997,
que logró aprobar el Tratado de Prohibición de Minas* pese al desacuerdo
de los gobiernos.
Esta tercera propuesta, poco convencional y aún no probada, puede ser
un verdadero punto de inflexión. Una postura firme, unida y decidida
por parte de la Asamblea General para hacer valer el papel que le otorga
la Carta podría devolverle a la ONU la credibilidad perdida, al elegir
por fin a una mujer como su próxima líder tras ocho décadas de omisión.
*La Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento,
producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción,
adoptada en 1997, se conoce informalmente como el Tratado de Ottawa o
Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonal.
El embajador Anwarul K. Chowdhury fue también el
impulsor de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad como presidente
del Consejo en marzo de 2000, en la que se destaca la participación
igualitaria de las mujeres; presidió en dos ocasiones la Junta Ejecutiva
de Unicef y es un reconocido analista del funcionamiento del sistema de
la ONU.
.-Ciudad
de México.- Tras la discusión en la Cámara de Diputados, que terminó
con la aceptación para desechar la solicitud de desafuero del diputado
federal Cuauhtémoc Blanco, dejó en evidencia dos cosas: en México es más
fácil proteger a un agresor que a la víctima y que las 251 mujeres en
el Pleno no alcanzaron a romper el pacto patriarcal.
«¿Quien pone esta denuncia?»
preguntó Claudia Sheinbaum esta mañana durante la Mañanera para
descreditar la solicitud de desafuero a Cuauhtémoc Blanco, acusado de
violación en grado de tentativa. Aunque la presidenta se refirió a Uriel
Carmona, ex fiscal de Morelos acusado en 2022 por encubrir un
feminicidio desde su cargo, la respuesta correcta es Nidia Fabiola N. a
quien le quitaron la oportunidad de que su agresor sea investigado.
Pruebas,
contexto o una pelea por la narrativa han sido las excusas para
defender a Blanco a toda cosa siendo que México se encuentra en el
«Tiempo de mujeres» en donde se ha dicho que se les creerá a las
víctimas, pero ¿por qué no le están creyendo a Nidia Fabiola? y peor
aún, ¿por qué no fue respaldada por el Estado?
En un recuento de
los hechos, hay que recordar que, Cuauhtémoc Blanco fue señalado por
violencia sexual en grado de tentativa por su hermanastra Nidia Fabiola
N., cuando aún laboraba para él siendo este el gobernador del estado de
Morelos. Desde entonces, ha enfrentado cuestionamientos sobre la
veracidad de su historia y el Estado le ha dado la espalda, primero con
la decisión de la Sección Instructora y ahora por toda la Cámara de
Diputados, instancia que debía decidir si desechar o no la solicitud de
desafuero.
Al grito de «¡No estas solo!, ¡No estas solo!»
un grupo de diputadas de Morena arroparon a Cuauhtémoc Blanco mientras
subió a la tribuna del Pleno a dar un discurso en su defensa. Se trató
de una participación que no estaba registrada, pero que fue permitida
sin objeción por Sergio Gutiérrez, presidente de la Mesa Directiva.
Qué
denigrante ser mujer y salir en este vídeo DETRÁS de un violentador y
presunto violador como Cuauhtémoc Blanco, apoyando y aplaudiendo que sus
delitos queden impunes.
Más
allá de usar una consigna feminista, que representa apoyo y
acompañamiento a las mujeres que han sido agredidas por cualquier tipo
de violencia, para defender a un hombre acusado de violencia sexual en
grado de tentativa contra su hermanastra, Nidia Fabiola N. lo que
sucedió ayer en la Cámara de Diputados fue un acto de abandono a las
mujeres fortalecido tanto por 291 hombres y mujeres de Morena, PVEM y el
PRI.
Cabe
mencionar que, la diputada Gabriela Jiménez de Morena, quien a su vez
es la vicecoordinadora del partido, se abstuvo de votar siendo que un
día anterior se unió al llamado de Anais Miriam Burgos, presidenta de la
Comisión de Igualdad de Género y compañera de partido, para que las 251
diputadas del Pleno rompieran el pacto patriarcal.
Sin embargo,
esto pudo responder a los rumores que circularon la misma mañana de la
votación sobre su posible destitución como vicecoordinadora ante el
posicionamiento que dio en redes sociales, información que, más tarde,
Ricardo Monreal salió a desmentir.
«Tú le diste a un violentado la última palabra, eres un cómplice»
le dijo la coordinadora de Movimiento Ciudadano, Ivonne Ortega, a
Sergio Gutiérrez cuando ella y varias diputadas del partido tomaron la
tribuna. Desde los resultados de la votación, la diputada fue de las
primeras en señalar que el acto que protagonizó Morena envía un mensaje a
las mujeres que se animan a denunciar violencia sexual: no serán
escuchadas.
«Cuando le empezaron a gritar «no estás solo, no estás solo»
yo solo tenía en la mente a las mujeres que se han manifestado, a las
madres buscadoras, a las que se han manifestado por algún motivo y
siempre están encapsuladas por policías, dispersadas con agua con gases
lacrimógenos. Yo de verdad creí que iba a ser un día histórico, del
momento del pacto (romper el pacto patriarcal) de las mujeres que se
escribiera en la historia donde las mujeres al haber llegado hicieron la
diferencia para otras mujeres y pues me encontré con lo mismo de
siempre» -Ivonne Ortega para MVS Radio
De la
misma forma, Yndra Sandoval, feminista e integrante de Las
Constituyentes MX, calificó como «vergonzoso» el apoyo a Cuauhtémoc
protagonizado por las diputadas morenistas Julieta Villalpando, Irma
Juan Carlos, Maiella Maldonado, Adriana Quiroz convirtiéndose en los
principales rostros. «Efectivamente, no está solo porque tiene todo un
estado que lo protege. Todos los días en México hay 100 agresiones
sexuales por hora documentadas por el secretariado ejecutivo del Sistema
Nacional de Seguridad Pública. Aquí lo que pasó fue un pacto
patriarcal. Vimos claramente cómo votó una bancada y otra.» mencionó.
Asimismo,
acusó a las diputadas por olvidar la lucha de las mujeres ancestras
quienes reclamaron a un sistema patriarcal los derechos políticos de las
mujeres para incidir en la vida de otras. «Hoy se prestaron como nanas
del patriarcado a cuidarle los intereses. No nos representan las de la
tercera legislatura de la paridad» señaló. De la misma forma, hizo
énfasis en a la responsabilidad de los diputados de dónde vienen los
acuerdos de protección y encubrimiento.
«No
llegamos todas mientras haya agresores en el poder. No hay víctimas más
importantes que otras. Lo que hoy se confirmó es que hay agresores más
poderosos que otros. Eso es lo que sí sucedió. Y en este país donde hay
98% de delitos un estatus de impunidad quedó claro de qué lado está la
fuerza mayoritaria de este país y sus comparsas cómplices están del lado
de los agresores. (…) Pudo más el pacto patriarcal que la más de la
mitad de estas legislaturas siendo por mujeres» -Yndra Sandoval,
feminista e integrante de Las Constituyentes MX.
¿Qué
está pasando con las mujeres que ya rompieron el techo de cristal?,
¿por qué sus decisiones no se traducen al avance y defensa de los
derechos de las mujeres? La realidad es que, reformar la constitución
para determinar la paridad en los tres niveles de gobierno no es
suficiente para mejorar sus condiciones de vida. Se necesita que estén
dispuestas a romper los pactos patriarcales para generar circunstancias
en el que verdaderamente lleguemos todas.
¿El desafuero sigue siendo una posibilidad?
De
acuerdo con Patricia Mercado, el desafuero no queda descartado
completamente, ya que loa Fiscalía de Morelos continúa teniendo un
expediente de la acusación en contra de Cuauhtémoc Blanco por violencia
sexual en grado de tentativa e instó al fiscal del estado, Edgar
Maldonado, a seguir con las investigaciones aplicando perspectiva de
género y de atención a las víctimas y para ella puede volver a solicitar
el desafuero.
«Faltan cinco semanas para que termine el actual periodo ordinario de sesiones en la Cámara de Diputados»,
mencionó. De la misma forma, señaló que, en este tiempo se puede
demostrar que sí se está a favor de las víctimas. Aun así, instó a no
proteger a un hombre que ha sido señalado por las autoridades
ministeriales por una denuncia ajena al trabajo legislativo.
Sin
embargo, de nada servirá interponer más solicitudes de desafuero si las
mujeres del Pleno no están dispuestas a romper el pacto patriarcal y
creerles a las víctimas sin antes objetar diferentes razones para
desacreditar sus historias.
Por ello, esta mañana, organizaciones
de la sociedad civil y feministas han compartido la convocatoria de una
protesta que se llevará a cabo el 29 de marzo de 2025 a las 11 de la
mañana en la Glorieta de las Mujeres que Luchan para denunciar que no se
rompió el pacto patriarcal entre los partidos y que las mujeres que
ejercen cargos públicos apliquen perspectiva de género en defensa de los
derechos de las mujeres.
Al menos desde el año
pasado, un grupo de hombres que tienen en común estar acusados de
violencia familiar y de género por sus ex parejas, ser adinerados y
gozar de altas conexiones en el Poder Judicial, la política y los medios
de comunicación, se organizó para presentarse como víctimas de extorsión por parte de las mujeres que denunciaron sus abusos y de la abogada que llevaba sus casos, Ana Katiria Suárez.
Sus acciones han rendido frutos con tanta celeridad que ya lograron
poner temporalmente tras las rejas a María Fernanda Turrent, esposa de
Édgar González Peredo, y obligar a salir del país a Suárez. La velocidad
con que han prosperado las contrademandas contrasta con la exasperante
lentitud con que agencias del Ministerio Público y tribunales procesan
las quejas contra los agresores, incluso cuando –como sucedió en la
denuncia de Turrent– existen pruebas abrumadoras e incontrovertibles del
terror físico, sicológico y económico al que estos hombres sometieron a
sus parejas y a sus hijos.
Como revela una investigación publicada ayer y hoy en este diario, existen fuertes indicios de que el cínicamente denominado colectivo nacional no más presos inocentes
es un cártel conformado por hombres deseosos de amedrentar y
escarmentar a quien intente llevarlos ante la justicia por sus conductas
violentas, y de que su éxito responde al entusiasta apoyo que por lazos
familiares, de amistad, de afinidad misógina o de corrupción les han
prestado las instancias de procuración e impartición de justicia.
Resulta notoria la figura de González Peredo: además de sus propios
negocios, su padre lleva los asuntos de uno de los grupos de medios más
poderosos del país y contrató para su defensa al despacho del abogado
José Luis Nassar Daw, hijo de Miguel Nassar Haro, criminal emblemático
de la guerra sucia.
Aunque este tipo de redes de tráfico de influencias siempre ha
existido, es inquietante que sus integrantes se sientan tan amparados
por la judicatura como para salir a la luz y encabezar un movimiento de padres de familia en el que no se ruborizan de sumar a alguien que es confeso violador, torturador y asesino de su propia hija de siete años.
En este sentido, es alentador, pero insuficiente, que la Fiscalía
General de Justicia de la Ciudad de México haya ordenado la destitución
de Miguel Ángel Barrera Sánchez, fiscal de Investigación de Delitos
Cometidos en Agravio de Niñas, Niños y Adolescentes, la revisión del
proceso contra María Fernanda Turrent y su no vinculación a proceso.
Poner al descubierto las irregularidades cometidas por este
funcionario debe ser el inicio de una exhaustiva limpieza de los agentes
del Ministerio Público, los cuales han protegido una y otra vez a
violentadores, en ocasiones con saldo mortal cuando éstos pasan de los
golpes al feminicidio. El mismo saneamiento debe tener lugar en el Poder
Judicial, cuyas sentencias aberrantes han puesto en libertad o han
dictado condenas irrisorias contra hombres probadamente violentos.
En un sentido más amplio, esta suerte de cártel de los machos es una
advertencia sobre lo mucho que queda por hacer en la erradicación de dos
de las mayores lacras sociales: la misoginia que impregna todos los
ámbitos de la vida social, y la corrupción que permite convertir el
poder económico en poder político. Asimismo, supone un recordatorio de
que estos males se refuerzan mutuamente, pues el tráfico de influencias
facilita la impunidad de los agresores y frena la lucha de las mujeres
por un mundo libre de violencia en razón de género.
Decía Michel Foucault en su famoso libro Vigilar y castigar que
la prisión es “omindiscipliniaria”. Es decir, que ejerce una disciplina
incesante y en todos los aspectos de la vida de las personas presas.
Para las mujeres y disidencias encarceladas esta pasa por el control de
casi todos los aspectos de su vida en reclusión, con reglas que regulan
su actuar, rígidos horarios que deben cumplir, cuentas1 reiteradas,
suprimiendo cualquier vestigio de individualidad. En este contexto, el
ejercicio del poder disciplinario se caracteriza por la sumisión,
subordinación e infantilización.
En algunos países, el hecho de que las funcionarias les llamen “las niñas”
y que las presas se dirijan a ellas como “seño” refuerza el proceso de
infantilización a la que se ven sometidas.
El control del cuerpo en las cárceles de mujeres se plasma en la obligación
de tener que pedir permiso para todo. Esta obligación les impone un rol de
sometimiento que las invalida como personas adultas, reforzando el papel de
sumisión impuesto por el patriarcado.
También existe un control del lenguaje, donde se confiscan las palabras: no
se puede hablar en alto en las filas, no se puede responder a las funcionarias,
no se puede insultar a otra reclusa, no se puede manifestar a gritos la
soledad, no se puede exteriorizar la angustia, no se puede… nada. Cualquier
intento de apropiación de la palabra desde la autonomía se verá como un exceso,
como una expresión de exagerada intensidad, algo a ser sancionado.
Las conductas de las presas también son menos toleradas porque, como indica
la socióloga catalana Elisabet Almeda, las actitudes del funcionariado están
impregnadas de concepciones sexistas que atribuyen a las mujeres mayor
conflictividad, un carácter más irritable y mayor susceptibilidad a la
autoridad. Recuerdo las palabras de una gendarme en una prisión chilena que me
recalcaba que «Las mujeres son más desobedientes que los hombres. Si.
Si. Yo he ido a prestar apoyo en cárceles de hombres y allí yo les digo: «Ya,
cállate». Allí se calla, aquí no”.
Este “exceso femenino”, como lo denominan las investigadoras italianas
Susanna Ronconi y Grazia Zuffa, es visto como un problema que genera una
percepción de mayor dificultad en la gestión de las cárceles de mujeres. Otras
veces, las actitudes de mínimas de autonomía se ven como desafíos a la
autoridad. Todo ello conlleva sancionar conductas tan nimias como no limpiar
una día su celda, no hacer el oficio o tarea encomendada, no levantarse al
recuento o no concurrir a la escuela o al taller, aunque haya una
justificación.
En las cárceles italianas, por ejemplo, la falta más sancionada es la
negligencia en la limpieza personal o de la celda. Esto nos lleva a pensar que
se esperan comportamientos «típicos femeninos» de las reclusas y, por lo tanto,
se les exigen estándares de limpieza y decoro más altos que los de los hombres.
La vida en la cárcel, regida por el control y la disciplina, dificulta la
posibilidad de crear un entorno propicio para el tratamiento y acompañamiento
del sufrimiento emocional, lo que sumado a la ausencia de profesionales
especializados conlleva un uso discrecional en la prescripción de psicofármacos
en las presas. Esta forma de disciplinar y contener, llamada “chaleco químico”,
reduce la autonomía emocional y física de las reclusas induciendo a la
dependencia química, con los consiguientes daños psíquicos y físicos.
Por otro lado, conlleva sancionar la autodeterminación de las mujeres sobre
su salud cuando deciden no salir al hospital, o no tomarse la medicación o
reducirla, como me confesaba Claudia, una presa chilena: “No sé todo lo que estoy tomando, solo sé que tomo: ketapina, clonacepán,
sertralina, risperidona. Si no los tomo te anotan y te pueden sacar un
parte. Tengo que tomarlo delante de las funcionarias. Le he pedido al
psiquiatra que me revise la medicación porque me sienta mal, mira como me
tiemblan las manos, pero no me la cambia. Y me ha amenazado con hospitalizarme
si no me tomo la medicación. Me están obligando”.
Las cárceles para las mujeres y disidencias son, por tanto, una clara
correa de transmisión de los valores de sometimiento y sumisión del
patriarcado.
1 La “cuenta” es el recuento del
número de reclusas que se hace dos veces al día.
Alicia Alonso Merino. Feminista y abogada de derechos humanos.
Realiza acompañamiento socio-jurídico en cárceles de distintos países.
Sobre la siempre resistencia feminista a los actuales ataques del patriarcado
El ataque, desprestigio, exterminio sutil o feroz de nuestras
conquistas, instituciones, palabras, sentidos, es horadante. Sin prisa
pero sin pausa, por goteo o en baldazos de agua fría. El patriarcado
fascista en el que vivimos por estos días no da tregua, pero amanecemos
hoy sacudidas por las violencias de los supuestos aliados.
Sin embargo, los feminismos no pactan con silencios ni trampas. La
consciencia feminista es el incesante trabajo de ver en lo que ocurre,
no siempre porque está oculto, sino porque construye las categorías para
poder ver lo que también encandila, muy expuesto y visible, a cielo
abierto y a su vez negado, desmentido, o naturalizado. El patriarcado
fue y sigue siendo muchas veces tan indiscutible como el paisaje, el
clima, cualquier fenómeno de la naturaleza con el que nacimos y que
seguramente nos suceda cuando ya no estemos. Y sin embargo, las luchas
feministas, los saberes que han surgido de esas luchas, han encarnado en
nosotrxs y en la cultura. El saber primero y último es probablemente
que ninguna conquista está garantizada ni previene o evita que “ver”
siga siendo un trabajo y que no puede hacerse en solitario. Ver no es
una función que comprometa únicamente a nuestros ojos sino que moviliza e
implica todos nuestros órganos y nuestra sensibilidad, carnal, corpórea
y simbólica.
Los feminismos no vacunan contra la invisibilización con la que el
poder patriarcal opera. Los feminismos luchan. Como cualquier lucha
política se da de bruces, tiene férreos enemigos y no admite descanso.
No nos callamos más es un slogan, un motor, un conjuro. Lo repetimos no
sólo para que nos escuchen sino también para escucharnos nosotras. No
nos callamos ni nos caemos, y si nos caemos y nos callamos nos
levantamos, alzamos la voz, o susurramos, balbuceamos, buscamos las
palabras, las forjamos junto a otrxs, las inventamos si hacen falta.
El patriarcado goza de excelente salud y tiene hijos sanos e
indolentes. A veces los reconocemos a simple vista, muchísimas otras no.
Lleva tiempo. Las luchas feministas no empiezan ni terminan hoy.
Nuestros dolores y heridas son parte de nuestra potencia. El patriarcado
no se cayó, pero nosotras tampoco.
¿Cuál es tu VMS? Esta es una de las preguntas iniciales que puede encontrar una usuaria al interesarse por la comunidad de las trad wives (forma acortada del inglés traditional wives, esposas tradicionales, en castellano). VMS son las siglas de “Valor en el Mercado Sexual”
y miden el deseo sexual que una mujer despierta en un hombre: son ellos
quienes otorgan una nota del 1 al 10 y esta es variable según el gusto
de cada uno.
Las llamadas trad wives –organizadas bajo este nombre
particular– constituyen un movimiento nacido en internet, en principio
minoritario, pero que ha ido ganando popularidad e influencia en el
discurso público de Estados Unidos y Europa durante los últimos años. El
perfil de una trad wife, a grandes rasgos, es el de un ama de
casa que prefiere servir a su marido y tener hijos e hijas en lugar de
trabajar fuera del hogar. Mujeres cristianas que se oponen al feminismo,
creen en el determinismo biológico que divide la función de hombres y
mujeres en la sociedad y proclaman que las familias merecen
reconocimiento social. Su ideario político está en sintonía con el autoritarismo nostálgico de la extrema derecha.
El perfil de una trad wife, a grandes rasgos, es
el de un ama de casa que prefiere servir a su marido y tener hijos e
hijas en lugar de trabajar fuera del hogar
“Estas mujeres, al igual que los activistas por los derechos de los
hombres, perciben los roles de género como el resultado de la economía
del sexo”, explica la periodista Julia Ebner en La vida secreta de los extremistas (Temas de hoy), que se ha infiltrado en unos de estos grupos online
para saber como funcionan. “La comunidad heterosexual, creen, debería
percibirse como un mercado en el que las mujeres venden sexo y los
hombres lo compran. En consecuencia, para estos grupos el recurso más
importante de una mujer es su VMS”, añade.
Cuando la periodista le pregunta a una de las integrantes del grupo
por qué no se valoran otros factores como la inteligencia o el humor,
ella contesta que “la feminidad y la edad son las cualidades más
importantes para atraer a los hombres. La educación, la carrera o el
lugar de trabajo no influyen en el VMS de una mujer. Piénsalo, esos
valores no aumentan la satisfacción sexual de su pareja masculina”. Otra
participante comenta a continuación que si Ebner no quiere que baje su
VMS, debe prestar atención a su número n, “ya sabes, el número de
pollas. La naturaleza humana del hombre es desear cada vez menos a una
mujer conforme el número de n de esta aumenta”.
Internet: lugar de origen y desarrollo
El movimiento de las trad wives surgió en 2012 como el equivalente femenino de The Red Pill: una comunidad misógina de Reddit,
el foro más grande de internet, donde se pretendía “generar debates
sobre estrategia sexual en una cultura que carece cada vez más de una
identidad masculina”. Algunos de los foros cuentan con millones de
miembros: PUA (artistas del ligue, según sus siglas en
inglés), donde se enseña a manipular las mentes de las mujeres para
ligar; MGTOW, una comunidad anti matrimonio; o la que es la plataforma
más grande y violenta hasta el momento, Celibato Involuntario(incel,
por su acrónimo en inglés), un movimiento de hombres que busca venganza
porque las mujeres de hoy en día no quieren acostarse con ellos.
“Estos grupos siguen estrategias diferentes para
reconquistar el poder masculino, el orgullo y el privilegio, pero todos
comparten una hostilidad manifiesta hacia el feminismo, el liberalismo y
los roles de género modernos”
Aunque en un primer momento –y aún hoy en un enorme porcentaje– The
Red Pill se constituyó como un movimiento exclusivamente masculino, el
sector femenino ya tiene su aportación concreta: existen unas 30.000 mujeres solo en Reddit que se autodenominan trad wives o red pill woman.
Como expone Ebner, “estos grupos siguen estrategias diferentes para
reconquistar el poder masculino, el orgullo y el privilegio, pero todos
comparten una hostilidad manifiesta hacia el feminismo, el liberalismo y
los roles de género modernos. Ridiculizan movimientos como el #MeToo y
acusan a las activistas por los derechos de la mujer de ser feminazis”.
Sería un error considerar que estas comunidades solo se desarrollan en lugares oscuros de internet. “La rebelión incel ya ha comenzado”, escribió en Facebook Alex Minassian, un chico de 25 años, antes de matar a 10 personas en Toronto atropellándolas con su furgoneta. Y lo mismo ocurre con las trad wives:
internet solo es su lugar de reunión, un espacio para compartir
acciones que tienen un anclaje sólido en su forma de participar en el
mundo.
Sus post y vídeos están cargados de colores pastel,
paisajes bucólicos, panes horneados con ingredientes “naturales”,
sonrisas y niños y niñas rubios
Sus tentáculos ideológicos han perpetrado las redes sociales mainstream. #tradwife es un hashtag
con 43 millones de menciones en Instagram y 84 millones de
visualizaciones en TikTok, la red social donde más horas pasa hoy la
generación Z (personas nacidas entre 1995 y 2009). Bajo este paraguas se reúnen críticas al feminismo radical, recetas de cocina, consejos para la crianza y formas de aumentar tu VMS.
Sus post y vídeos están cargados de colores pastel, paisajes bucólicos,
panes horneados con ingredientes “naturales”, sonrisas y niños y niñas
rubios. Las mujeres tradicionales siguen en sus perfiles de redes
sociales una estética particular, la de la esposa estadounidense de los
años 50.
Pero existe una gran diferencia con ellas: si antes esta era
sencillamente la vida que estaban obligadas a vivir la mayoría de las
mujeres por el hecho de serlo, las trad wives del siglo XXI trabajan en una campaña para promocionar su forma patriarcal de ordenar al mundo. Es decir, son más bien influencers
de los años 50: utilizan un lenguaje publicitario que vende la vuelta
al hogar como una aspiración y una lucha diaria contra lo establecido.
“Creo que mi vida adulta ha sido muy diferente de lo que es normal hoy
en día: estoy casada y he sido mamá desde los 18 años. Solo Dios sabe
cuánto dolor me infligí a mí misma y a los demás al no escuchar siempre
la voz de coraje que encontré a esa edad. Todavía me causa dolor vivir
con las consecuencias de haberme apoyado en la narrativa común de lo que
es el éxito femenino”, escribió en Instagram para celebrar su
cumpleaños la danesa Ekaterina Andersen, (@ekaterinaandersen), una de las trad wives con más influencia en Europa.
“Al autopromocionarse participan activamente de la esfera
pública de una forma que nunca se habría permitido a un ama de casa
subordinada en el sentido histórico”
Para la filósofa alemana Catherine Newmark este trabajo en redes sociales les otorga un estatus bien diferente al de antaño, “las trad wives no son solo amas de casa, esposas y madres, como pretenden ser”, expone en un artículo publicado en Zeit online.
“Como estrellas de Instagram reciben mucha atención en forma de ‘me
gusta’ y comentarios, algo que no se suele recibir por el trabajo
reproductivo, ni por las repetitivas y anodinas tareas de limpieza y
cocina en el día a día del hogar. Al autopromocionarse participan
activamente de la esfera pública de una forma que nunca se habría
permitido a un ama de casa subordinada en el sentido histórico”. Newmark
concluye que resulta incluso difícil imaginar que este laborioso
trabajo de autopromoción identitaria –sesiones de fotos, larguísimos
textos, grabación de podcast y mantenimiento de páginas web– sea
compatible con las tareas “femeninas” que se enorgullecen de realizar.
¿Quién quiere ser una trad wife?
El auge del movimiento #tradwife no puede entenderse sin las
políticas neoliberales que han creado un mercado laboral precario,
ultracompetitivo, donde predominan los trabajos temporales y la
inseguridad. Su discurso neoconservador explota el malestar social de las clases populares del mismo modo que la ultraderecha.
Despliegan también su discurso de odio hacia la comunidad
LGTBIQA+ por perturbar sus planes binaristas. En sus foros, la
homosexualidad se puede curar y la transexualidad, que apenas se nombra,
es una monstruosidad
El diagnóstico de la actualidad es para las trad wives igual
de catastrofista que para los sectores reaccionarios: las mujeres
blancas son más infelices que en 1950 y ya no tienen criaturas porque
deben trabajar una doble jornada, dentro y fuera de casa. Este ejercicio
nostálgico ofrece una exposición simple que los datos parecen
corroborar y, al mismo tiempo, demuestra su incapacidad de avanzar hacia
otros imaginarios: las esposas de la ultraderecha consideran que
invertir los roles y dejar su papel familiar no es posible para la
mayoría. Es entonces cuando se despliega el argumento biológico: las
mujeres están programadas para estar en casa –como madres y cuidadoras– y
los hombres están hechos para ganar dinero en el sistema productivo. Y
sobre esta base despliegan también su discurso de odio hacia la
comunidad LGTBIQA+ por perturbar sus planes binaristas. En sus foros, la
homosexualidad se puede curar y la transexualidad, que apenas se
nombra, es una monstruosidad.
Frente al descenso de la natalidad, “no podemos renovar
nuestra nación con los bebés de otros”, exclama Ayla Stewart como
solución a la idea del “gran reemplazo” que proclaman los partidos de
extrema derecha
Ayla Stewart es una de las trad wives más
conocidas en Estados Unidos, responsable de popularizar el uso de este
término en los medios tradicionales tras su apoyo al expresidente Donald Trump
en la campaña de 2016. Hoy, lo primero que aparece en su página web
Wife with a purpose (esposa con una misión) es un mensaje en letras
grandes debajo de su foto: “La madre cristiana más censurada en Estados
Unidos”. Stewart, con una marcada estética hiperfemenina, afirma ser una
“exfeminista” y partidaria del “nacionalismo blanco”. Lo que ella
considera censura se ha producido tras años publicando vídeos en
diferentes canales en los que pedía a las mujeres que se sumaran al
“reto del bebé blanco”. Frente al descenso de la natalidad, “no podemos
renovar nuestra nación con los bebés de otros”, exclama, como solución a
la idea del “gran reemplazo” que proclaman los partidos de extrema
derecha.
Stewart sirve como paradigma del papel que han cumplido las trad wives en el ascenso de la ultraderecha durante los últimos años, transformando su imagen de una forma muy concreta. Tal y como explica la periodista Susanne Kaiser en el libro Odio a las mujeres
(Katakrak), “estas mujeres aparentemente inofensivas quieren participar
en una guerra racial imaginada con sus armas de mujer (que se reducen a
la capacidad de dar a luz y criar a los hijos). Sin embargo, también
hablan del legítimo deseo de sentirse realizadas en una vida matrimonial
clásica y en la maternidad y de este modo alejan la atención del
contenido extremista. Con sus bonitos rostros de niña y su actitud, que
se puede confundir fácilmente con conservadurismo, estas jóvenes quieren
conseguir una normalización en el centro de la sociedad”. Silenciando
el núcleo violento de su ideología en los canales de marketing, estas
mujeres son las encargadas de transmitir la idea, explica Kaiser, de que
un “estilo de vida identitario” puede ser agradable, tranquilo y, por
último, deseable.
Cada vez más, el movimiento #tradwife tiene influencia en la política
institucional. En Polonia, el partido ultraderechista Ley y Justicia
(PiS, por sus siglas en polaco) llegó al poder en 2015 gracias al voto
femenino: más mujeres que hombres votaron por un partido que quería
limitar sus derechos reproductivos y que consideraba una “amenaza a los
grupos LGBTI”. ¿Por qué lo hicieron? Una de las primeras medidas que
tomó el PiS tras alcanzar el poder fue lanzar el programa Familia 500+,
concediendo a las familias una asignación mensual a partir del segundo
hijo o hija y un bono especial si llega inmediatamente después del
primer nacimiento. También se aprobó la concesión de 1.000 euros para
aquellas mujeres que dieran a luz criaturas con una enfermedad terminal o
discapacidad grave. Las madres de cuatro hijos o hijas o más tendrían
derecho a una pensión básica aunque no hubieran trabajado y la edad de
jubilación de las mujeres se redujo a 60 años –la de los hombres es de
65–.
Aunque estas medidas han beneficiado a muchas familias desde el punto
de vista económico, también han expulsado a las mujeres del mercado
laboral y empobrecido los hogares que no entran en la categoría de
familia normativa. Y lo que es peor: hoy podemos comprobar que las
medidas allanaron el camino para la prohibición casi total del aborto
–también en casos de malformaciones en el feto–, provocando situaciones
de extrema violencia e incluso a la muerte, para algunas embarazadas.
Como han denunciado las miles de mujeres feministas que salieron a la
calle para protestar por esta restrictiva ley, las ayudas de Familia
500+ empoderaron a algunas a costa de aumentar la precariedad de otras.
Esto sintetiza bien la situación del movimiento trad wives:
al definirse en primer lugar como antifeministas, siempre estarán
supeditadas al feminismo. Paradójicamente, la visibilidad y la
influencia pública que tienen sobre millones de mujeres solo es posible
gracias a las ideas que denigran. Pero como demuestra el caso de
Polonia, y de su creciente impacto en la política institucional en
Estados Unidos y otros países de Europa, el hecho que sean figuras de
contingencia ligadas al feminismo las hace más peligrosas que si fuesen
un movimiento silencioso y abnegado de repliegue al hogar.
Este reportaje fue publicado en el monográfico de Odios, en noviembre de 2022. Puedes conseguir un ejemplar en papel en nuestra tienda online.
Graduada
en Filosofía por la UVA. Máster en Filosofía Teórica y Práctica por la
UNED. Doctora en Filosofía por la UNED- Feminista abolicionista,
republicana y defensora de la educación pública. Anticapitalista.
Dicen que las grandes preguntas de la humanidad son quiénes somos, de
dónde venimos, cuál es el sentido de la existencia, si hay o no vida
más allá de la muerte. Seguramente, en mayor o menor medida todas las
personas se plantean esas cuestiones. Sin embargo, creo que hay otra
igual de transversal, no sólo porque también incumba a todo ser humano,
sino por ser aplicable a casi cualquier hecho, decisión, propuesta,
acción, postura, ley, empeño… y no es otra que: ¿Esto a quién beneficia?
Cuando se enfoca desde esta perspectiva algo que cuesta comprender,
que parece absurdo, raro o poco interesante, pero que, sin embargo,
tiene una repercusión inexplicable, la cosa se aclara bastante. Desde
hace unos años y con una intensidad moderada pero creciente, salpican
las redes, los periódicos, las revistas y los reportajes informaciones
que abordan la asexualidad. Su definición más simple es la de condición
de la persona que no manifiesta deseo sexual por ninguna persona ni
interés por nada que incumba la sexualidad misma por lo que, en
consecuencia, evita cualquier interacción sexual con otras personas y, a
menudo, consigo misma. Sin embargo, quienes así se definen y se empeñan
en hacer de esta característica una cuestión colectiva y política
matizan que tal definición es incorrecta y que atiende a la ignorancia
sobre este colectivo.
Luego iremos a los matices, que se aclaran con la pregunta que, creo,
debe precederlos. No es otra de ¿el altavoz puesto a este colectivo a
quién beneficia? Es algo que llevo preguntándome algún tiempo y no veía
muy clara la respuesta. Hay una hipersexualización creciente de la
sociedad muy funcional a dos de las industrias criminales más potentes
del mundo: la de la prostitución y la de la pornografía, que necesitan
hacer del (mal) sexo el motor de las vidas de cuantas más personas y
desde más jóvenes mejor para multiplicar sus beneficios. A un nivel
secundario, pero también destacable, del mandato de ser sexualmente
atractivas siempre y en cualquier circunstancia (orden que se dirige a
las mujeres) se lucra una extensísima industria de la moda y la belleza
que incluye exigencias muy superiores a las tener unos hábitos y rutinas
saludables que, indirecta pero sensiblemente, redundan de manera
natural en tener buen aspecto.
Siendo esto así, es raro que se cuelen por los altavoces del poder
discursos que restan o anulan la importancia de la sexualidad. Por ello,
hay quien incluso saluda esta tendencia como una vía apropiada para
denunciar la hipersexualización constante a las que estamos sometidas no
sólo las mujeres sino también las niñas. No comparto este saludo
entusiasmado porque no creo que deba verse el sexo como algo de lo que
librarse, sino algo de lo que las mujeres deben apropiarse siendo sus
sujetos y no sus objetos, pero, al margen de esta reflexión,
preguntémonos por esa rareza con la pregunta central: ¿A quién beneficia normalizar e incluso hacer propaganda de una supuesta orientación asexual (si tal cosa no fuera un oxímoron)?
Pues todo se aclara cuando se detecta que la definición obvia de lo
que es una persona asexual y que ya hemos dado –aquella que no tiene
vida sexual porque carece totalmente del deseo que le invite a
explorarla tanto individualmente como con otras personas– es rechazada
por parte de este colectivo. A menudo se puntualiza que, para empezar,
la asexualidad no es una realidad estática ni hay una única manera de
sentirla, vivirla o expresarla, sino que es un espectro (ya empezamos
con lo espectral y lo fluido) y para continuar se matiza que ser asexual
no implica no tener sexo, ni carecer absolutamente de deseo, ni
rechazar o evitar el autoerotismo, y que incluye realidades variadas:
personas que no tienen sexo ni se masturban; personas que no tienen sexo
con otras, pero sí se masturban y personas asexuales que tienen pareja y
en consecuencia tienen relaciones por complacerla, a pesar de su nulo o
bajo deseo sexual. Por todo ello, se concluye que reducir la
asexualidad a “condición de la persona que no tiene ningún tipo de
actividad sexual” es un prejuicio –no lo he leído, pero doy la nada
original idea: y asexualfobia –.
En realidad, me importa bastante poco cómo se defina cada quien en
este aspecto. Creo que cada persona tiene mayor o menor libido sexual en
función de muchas variables, como su situación emocional, el nivel de
estrés, si se siente o no atraída por alguien, la etapa vital que
atraviese, las vivencias y la importancia que le dé o no al sexo. No es
sobre ello sobre lo que tenga mucho que decir, al menos en este
artículo. Sí lo tengo sobre lo que acabo de señalar: el
movimiento asexual sostiene que el hecho de carecer de deseo sexual no
tiene por qué suponer que una persona asexual no tenga relaciones
sexuales. Es importante subrayarlo porque siempre aparece la
misma aclaración: muchas personas asexuales tienen relaciones sexuales
por complacer a sus parejas, por haberlo pactado con ellas, por no ser
sus parejas del “espectro asexual” o porque no necesitan sentir un gran
deseo para mantenerlas.
De repente, todo se aclara. Este es el fin de la promoción de la asexualidad: normalizar las relaciones sexuales no deseadas.
Legitimarlas, acusar de ignorancia o fobia a quien no trague con este
modo de entender la sexualidad, que no es otro que el patriarcal. No por
casualidad a menudo se ponen estos mensajes en boca de mujeres. Lo que
aparentemente parecía una normalización y legitimación de no tener
relaciones sexuales si no se desean y, como ellos mismos dicen, que tal
cosa no se estime una rareza o anomalía, de repente se convierte en un
discurso que concluye lo contrario que puede haber sexo sin deseo por
decisión, que más bien es débito, de complacer a un tercero. Así,
si una mujer no se siente satisfecha sexualmente, no se tendrá que
preguntar por qué, ni indagar en lo que le apetece o lo que no, lo que
le gusta y lo que no, ni pedirá cuentas y reciprocidad al otro. Es mucho
más cómodo que se suponga asexual y sepa que ello no impida que su
pareja acceda sexualmente a ella, aunque ni lo desee ni la complazca. Nada nuevo bajo el Sol. Pura cultura de la violación.
No es posible, y lo digo honestamente y sin ironía, no fascinarse por
la implacabilidad del patriarcado, tan horrendo como perfecto. Su
capacidad de reacción es extraordinaria. Compra en el supermercado que
tenga que comprar. Le conviene tanto el puritanismo como la
hipersexualización; promociona la asexualidad al tiempo que el sexo sin
deseo. Se vale de la industria proxeneta y su discurso y también pone
altavoces a este discurso asexual. Todo tiene el mismo objetivo: que las
mujeres presten su “servicio sexual” cuando otro lo desee, al margen de
su voluntad. Si para ello hay que promocionar la prostitución, se hace;
si por contexto viene mejor establecer un débito conyugal, el
patriarcado va con ello; si surge una revolución sexual, se une a ella y
la moldea a su estilo; si le va mejor pasar del puritanismo al destape,
consigue que España un día se acueste con el “españoles, Franco ha
muerto” y se levante con la Interviú. Si hay que sexualizar la
infancia e hipersexualizar la adultez, decenas de industrias,
organizaciones criminales y medios de comunicación lo logran al unísono
sin pestañear y si surge un discurso asexual (que no estimo
antipatriarcal, ni aunque fuese coherente y sin los “matices” señalados,
porque niega nuestra naturaleza sexuada) se utiliza para sostener que
el sexo sin deseo es válido. A ver si aprendemos de la capacidad
estratégica del enemigo y nos luce mejor el pelo. No lo creo.
La catedrática de Prehistoria Marga Sánchez Romero es también
vicerrectora de Extensión Universitaria, Patrimonio y Relaciones
Institucionales de la Universidad de Granada. Pero todo título se le
queda pequeño para la titánica labor de divulgación que desempeña.
Podemos verla en El condensador del Fluzo de La 2 y leer Prehistoria de
mujeres (Destino, 2022).
Marga Sánchez Romero (Madrid, 1971) defiende que la
sociedad vive en el eterno prejuicio sobre las mujeres, y que la
arqueología, que en el siglo XIX fue de élites de hombres blancos y
europeos, ha contribuido a construir estos discursos. Por eso ella
empuña su lanza (conocida como ciencia) para desmontar mitos, estudiar
qué fuimos y somos, seguir investigando y divulgando sobre la otra mitad
de la humanidad: nosotras. Y para ello usa la Academia y la
divulgación, participando en el programa de televisión El condensador del Fluzo, que emite La 2, y escribiendo libros Prehistoria de mujeres (Destino, 2022).
Porque, ¿se acuerdan de los Marmol y los Picadiedra? Betty y Vilma
delgadas, guapas, cuidadoras de sus retoños, amas de casas sin
rechistar, y sus contrarios, gordos, fuertes, que llegan a casa agotados
de trabajar y se ponen a beber cerveza. La construcción de la historia
–y sus ficciones– no es inocente. Y la arqueología y las historiadoras
feministas levantan otro relato que pone el ojo dónde nunca nadie miró. Y
cuando se hizo, lo desdeñó por categorizarlo como “cosas de mujeres”.
Su libro Prehistoria de mujeres lleva seis
ediciones. Enhorabuena a usted y a su editora Martina Torrades. ¿Por qué
considera clave el relato de la Prehistoria para la composición de toda
la historia de las mujeres?
Los relatos sobre las sociedades de la Prehistoria se han hecho para
sustentar las desigualdades. En el presente hombres y mujeres seguimos
siendo desiguales y, para mantener el statu quo, el patriarcado tiene
que trabajar los argumentos. Bajo el argumento de “esto es así porque ha
sido siempre, desde la Prehistoria”, es como si la desigualdad fuera
inherente al ser humano o formara parte de lo que somos. Mientras más
lejos lo pongan y más cercano a los primeros seres humanos, más difícil
es comprender que no, que esto es cultural, construido, y que no tiene
nada de biológico. El patriarcado necesita sustentar el discurso actual,
que se generó partir de la segunda mitad del siglo XIX, que es cuando
la arqueología se articula como disciplina y hace un discurso
científico, dándole así validez. Pero no. Cuando hablamos de la
Prehistoria estamos hablando de decenas de miles de años, y la mayor
parte de la humanidad ha sido igualitaria.
¿Qué se está demostrando con la arqueología feminista?
Abre el campo a nuevas formas de entender quiénes somos. Cuando en el
XIX se hacen los discursos sobre cómo funcionan las sociedades del
pasado, lo que se hizo fue elegir una serie de actividades como el
culmen de la sociedad: la caza, la guerra, el comercio y el arte
rupestre. Estos elementos son los que supuestamente nos hace evolucionar
y los sitúa todos en manos masculinas. De manera que las mujeres o las
personas en edades avanzadas, o las criaturas o las personas con
discapacitadas no están en ese relato. Cuando el feminismo llega a la
arqueología a finales de los 70, principio de los 80 lo que dice es ¡os
habéis dejado tanto sin contar! El cuidado, la socialización, la
crianza, la alimentación, las tecnologías relacionadas con el textil…,
es decir, la historia es parcial y todo esto no se consideró porque se
vinculó esencial, natural y biológicamente a la mujer. Y, además, las mujeres sí cazábamos,
sí pintábamos, sí viajábamos y desgraciadamente sí peleábamos en los
conflictos violentos. El dato científico también pone a las mujeres ahí.
Sin olvidar que lo que se consideraba que no tenía importancia es lo
único que realmente la tiene, porque si no crías, cuidas, socializas,
curas, alimentas no puedes hacer nada. Estas actividades de
mantenimiento son las que de verdad son estructurales e imprescindibles
en todas las sociedades. Y todas estas informaciones respecto al pasado
se han obviado porque estaban vinculadas a la mujer.
“La desigualdad arranca con la acumulación y con el excedente”
Vamos a grabarlo a fuego: las sociedades paleolíticas eran igualitarias.
Sí, las desigualdades empiezan con la producción. ¿Qué te hace a ti
ser desigual a otra persona? Tener más o poseer cosas distintas. La
desigualdad arranca con la acumulación y con el excedente. Cuando en el
Neolítico se empieza a cultivar y a tener ganadería, poco a poco,
empieza a haber gente que tiene algo más. Todo esto es muy sutil y son
procesos de miles de años. El que cada vez intenta tener más, fabrica el
discurso para que el resto crea que lo natural es que unos tengan más
que otros. Y aquí empiezan también las desigualdades de género, porque
la producción depende de la reproducción. Si no se producen hijos que
sean mano de obra, no se produce más, con lo que empieza a haber un
control de la reproducción por parte de los hombres. En las poblaciones
cazadoras recolectoras las mujeres se mueven por el territorio igual que
los hombres, por eso las sociedades móviles tienen muchos menos hijos
que las sociedades sedentarias. Las crías humanas en el primer año están
en estado fetal, son dependientes completamente, por eso las madres se
quedan en los espacios de protección mientras que los hombres siguen
moviéndose. En esa situación ellos intentaron controlar el discurso. Y
luego llegaron los griegos y dijeron que las mujeres no somos seres
humanos completos.
¿Y de ahí viene la división sexual del trabajo?
Ten en cuenta que es una estrategia económica para ser lo más
efectivos posibles. Es cierto que histórica, etnográfica y
arqueológicamente se documenta que las mujeres han estado más vinculadas
a las actividades de mantenimiento y los hombres a la producción, en un
sentido más amplio de la palabra. El problema no está en la división en
sí, sino en el valor que le damos, no que tienen. Todo lo relacionado
con lo masculino lo ponemos arriba y las actividades relacionadas con lo
femenino abajo. Además, el reparto del trabajo pudo ser más fluido. Por
ejemplo, los barcos balleneros en Alaska que dicen que las mujeres no
van en los barcos, ¿y cuando el hombre se pone malo? Pues va una mujer.
Pero es cierto que cuanto más especializadas (en cerámica, metalurgia…)
son las sociedades, más férrea es la división sexual del trabajo.
¿Qué están estudiando ahora?
Nosotras trabajamos con la cultura material. Yo escavo y de ahí
extraigo cuerpos, objetos, contexto en el que están y de ahí podemos ir
reconstruyendo. Lo importante en realidad son las preguntas que hacemos.
Por ejemplo, estamos estudiando la lactancia: analizamos los dientes de
las criaturas para saber cuándo se empieza a producir el destete y
cuando termina. Analizamos el interior de las cerámicas para saber qué
productos se consumían y cómo se preparaban. Estudiamos el cuidado en
los huesos, porque cuando se rompían había formas de soldarlos. Hay
personas enfermas que sobrevivían, y si lo hacen es porque se las cuida.
También miramos los enterramientos: con quién, cómo, con qué. Esto nos
habla de la identidad de esas personas. Hasta ahora, lo encontrado solo
había servido para reconstruir la vida de los hombres. Ahora estamos
reconstruyendo la vida de las mujeres, por tanto, la vida del grupo.
“Estamos reconstruyendo la vida de las mujeres en la prehistoria, por tanto, la vida del grupo”
Esta conversación se está produciendo por videoconferencia. Y
veo detrás de usted muchísimas estatuillas de las venus. Digo
estatuillas, pero he aprendido -en su libro- que se llama “arte móvil”.
¿Qué son? ¿A qué responden?
Son estatuillas muy diversas. El problema es que con el término
“venus” se simplifica demasiado, porque solo en el Paleolítico conocemos
unas ciento y pico figurillas. Hay adolescentes, mujeres embarazadas,
obesas, otras con los rasgos sexuales muy marcados y señoras mayores. Al
llamarlas venus se nos viene a la cabeza la Venus de Praxíteles y esto
está relacionado con una ideología, con una ética y moral, que no tienen
nada que ver con la Prehistoria. La única relación es que son mujeres
desnudas, pero el término venus se relaciona con la sexualidad y la
reproducción, y esto es reducir el pensamiento simbólico de 30.000 años
de historia. Yo digo que responden a motivaciones diferentes y que
reconocen el cuerpo de las mujeres como un elemento fundamental en la
explicación de sus vidas. Creo que representan la feminidad. En los años
80 la arqueóloga Prudence Rice las estudió y concluyó que no representan reproducción sino feminidad.
¿Pudo Altamira ser pintado por mujeres?
Por lo menos no se puede asegurar que solo fueran hombres. Lo que
pasa que cuando pensamos en un genio creador se nos viene a la cabeza un
hombre: Picasso pintando Altamira. Pero ¿podemos asegurar cien por cien
que lo pintaron hombres? No, podrían haber sido mujeres también. El
arte rupestre es muy complejo y muy diverso. Lo hay en todas partes del
mundo y en cada sitio responde a una cosa distinta. Es una forma de
comunicación y una forma de expresar identidad. En la Cueva del Trucho
hay un panel con manos y encontramos hasta de bebes. Es como decir “aquí
estoy yo, esta es mi identidad y pertenezco a este grupo”. Del arte
rupestre hay cuestiones que no entenderemos nunca porque no tenemos los
códigos simbólicos de la sociedad de la Prehistoria. Es por eso que
reducir a que solo los hombres pintaron es completamente acientífico.
Sobre el presentismo, ¿cómo ha influido a la hora de escribir la historia?
Es la idea de que las circunstancias de cualquier momento histórico
han sido iguales a las del presente. El presentismo es malo, pero
tampoco podemos desvincularnos de quiénes somos. Y el feminismo es muy
de punto de vista situado: yo miro al pasado con mi punto de vista y
estoy buscando a las mujeres de la prehistoria porque me interesan las
mujeres del presente. La honestidad es fundamental, porque si solo hablo
de hombres estoy haciendo ciencia, pero si meto a las mujeres en el
discurso nos dicen que ya estamos haciendo política. Perdona, pero
política se estaba haciendo antes negando a una parte de la población e
visibilizando solo unos trabajos y actividades que supuestamente solo
hacían hombres. Política hacemos todos.
¿Quién sois las Past Women y qué hacéis?
Somos una red de compañeras. En los años 2000 vimos que nos
interesaban estos temas, pero estábamos muy aisladas las unas de las
otras. Yo en Granada, otras en Barcelona, en Valencia, en Jaén… y hacía
que la arqueología feminista no acabara de cuajar. A principio de los
2000, de mí se reían lo más grande. Ahora si lo hacen tiene que ser para
dentro. Era muy complicado. En 2003 organicé en Granada un curso de
arqueología feminista y las invité a todas. Se generó una red que nos
sustenta, sostiene y que son mi referente. Esto ha permitido que la
arqueología feminista en España crezca de forma brutal: yo no sería
quien soy si no fuera por mis compañeras. Tenemos muchas líneas de
investigación abiertas que se van materializando en nuestro recurso web.
Empezamos trabajando en construir imágenes, hace unos años solo eran
tíos y tíos. Ahora también sacaremos una línea de publicación en clave
divulgativa porque hay que hacer accesible la academia a la ciudadanía.