Mostrando las entradas con la etiqueta patriarcado. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta patriarcado. Mostrar todas las entradas

8/08/2026

Autoritarismo, heteropatriarcado y retrocesos en derechos: cuerpos, sexualidades y democracia en disputa

 Por Julia Evelyn Martínez 

Fuentes: Rebelión

Introducción

En las últimas décadas, el avance de gobiernos autoritarios en distintas regiones del mundo ha coincidido con un retroceso acelerado en los derechos de las mujeres y de las personas LGTBIQ+. Esta coincidencia no es accidental ni marginal: constituye un patrón histórico y contemporáneo que revela la profunda interdependencia entre autoritarismo y heteropatriarcado. Como han señalado diversas autoras feministas, los proyectos autoritarios requieren orden, obediencia y jerarquías para sostenerse (Fraser, 2016; Corrêa & Graff, 2021). Para imponer ese orden, comienzan por controlar los cuerpos, la sexualidad, la reproducción y la vida cotidiana.

Las mujeres y las personas sexo‑diversas encarnan, en su sola existencia, la posibilidad de vivir de otras maneras, de cuestionar la autoridad, de romper los moldes rígidos que el poder necesita para mantenerse. Por ello, se convierten en el primer territorio donde se ensaya la represión. Este ensayo analiza por qué el autoritarismo siempre va de la mano con el retroceso en derechos de género y diversidad, cómo opera esta articulación y por qué defender estos derechos es defender la democracia misma.

1. El heteropatriarcado como infraestructura del autoritarismo

Carole Pateman (1988) mostró que las sociedades modernas se fundan sobre un “contrato sexual” que asigna a los hombres la autoridad política y a las mujeres la subordinación. Este contrato no es solo histórico: se reactiva cada vez que un proyecto autoritario busca consolidarse. El heteropatriarcado, entendido como régimen que combina patriarcado y heteronormatividad, constituye una infraestructura de poder que los autoritarismos utilizan para reinstalar jerarquías y disciplinar cuerpos.

1.1. ¿Qué es exactamente el heteropatriarcado?

El concepto de heteropatriarcado permite comprender cómo se articulan las jerarquías de género y sexualidad dentro de los sistemas políticos contemporáneos, especialmente en contextos autoritarios. Aunque suele emplearse en debates públicos y activistas, su densidad teórica proviene de múltiples tradiciones críticas: la teoría feminista, los estudios de género, la economía política feminista y la genealogía de Michael Foucault del poder.
En términos generales, el heteropatriarcado puede definirse como un régimen de organización social que combina dos estructuras históricas:  

a) El patriarcado, que asigna a los hombres la autoridad política, económica y simbólica sobre las mujeres y los cuerpos feminizados;  

b) La heteronormatividad, que impone la heterosexualidad como única forma legítima de vida, deseo y parentesco.

Sin embargo, esta definición básica no captura la complejidad del fenómeno. Para entender su funcionamiento, es necesario analizar cómo opera simultáneamente en tres dimensiones: política, económica y cultural, produciendo un entramado de poder que organiza la vida social y define quién puede existir plenamente como sujeto.

Desde la perspectiva política, el heteropatriarcado establece una arquitectura de autoridad donde la masculinidad —particularmente la masculinidad heterosexual— se convierte en el modelo legítimo de ciudadanía. Pateman (1988) mostró que el “contrato sexual” es el fundamento oculto del contrato social moderno: la autoridad masculina es naturalizada como condición para el orden político.

En este sentido, el heteropatriarcado no solo distribuye roles de género; produce sujetos políticos diferenciados. Los hombres heterosexuales son construidos como sujetos plenos, mientras que las mujeres y las personas LGTBIQ+ son situadas en posiciones de subordinación, tutela o sospecha. Esta diferenciación no es simbólica: se traduce en acceso desigual al poder, a la representación y a la participación política.

En la dimensión económica, el heteropatriarcado organiza la división sexual del trabajo y la reproducción social. Federici (2010) y Pérez Orozco (2014) han mostrado que el capitalismo se sostiene sobre una base de trabajo no remunerado —cuidados, afectos, reproducción cotidiana— que recae desproporcionadamente sobre mujeres y cuerpos feminizados.

El heteropatriarcado garantiza esta distribución desigual mediante normas culturales, expectativas sociales y políticas públicas que naturalizan la responsabilidad femenina sobre la vida cotidiana. De este modo, produce dependencia económica, precarización y disciplinamiento. La heterosexualidad obligatoria también cumple una función económica: organiza la reproducción biológica y social dentro de un marco familiar que facilita la transferencia de costos desde el Estado hacia los hogares.

En la dimensión cultural, el heteropatriarcado produce imaginarios, narrativas y sentidos comunes que legitiman la jerarquía. Foucault (1978) mostró que el poder no solo reprime: produce discursos que definen lo normal, lo aceptable y lo legítimo. Butler (2004) profundizó esta idea al mostrar que el género es una práctica regulada, sostenida por normas que delimitan qué cuerpos pueden ser inteligibles.

El heteropatriarcado opera como un régimen de verdad que define qué formas de vida son válidas y cuáles deben ser corregidas, invisibilizadas o castigadas. La heterosexualidad se presenta como natural; la masculinidad como autoridad; la feminidad como cuidado; la diversidad sexual como amenaza. Este régimen cultural es indispensable para sostener las jerarquías políticas y económicas.

Cuando se articulan estas tres dimensiones, el heteropatriarcado funciona como una tecnología de poder que organiza la vida social en torno a jerarquías rígidas. No es solo un conjunto de normas culturales ni una estructura económica: es un dispositivo que produce sujetos, distribuye recursos, regula cuerpos y define los límites de la ciudadanía.

En contextos autoritarios, el heteropatriarcado se reactiva porque ofrece una infraestructura de poder ya disponible, históricamente sedimentada y culturalmente legitimada. No se trata simplemente de que los autoritarismos prefieran modelos tradicionales de familia o roles de género; se trata de que el heteropatriarcado constituye un andamiaje político, económico y simbólico que facilita la concentración de poder y la disciplina social. En otras palabras, es una tecnología de gobierno que reduce la complejidad social y permite administrar la vida mediante jerarquías rígidas.

En primer lugar, proporciona jerarquías claras que simplifican la gestión del poder. La autoridad masculina y heterosexual funciona como un principio organizador que define quién manda y quién obedece, quién es sujeto político pleno y quién debe ser tutelado. Esta claridad jerárquica es funcional al autoritarismo porque elimina la negociación democrática y reduce la pluralidad de voces que podrían cuestionar el poder.

En segundo lugar, ofrece un modelo de obediencia vertical que se extiende desde la familia hacia el Estado. La estructura patriarcal de la familia —con su distribución desigual de autoridad, trabajo y afectos— se convierte en una microfísica del poder que reproduce la lógica autoritaria en la vida cotidiana.

En tercer lugar, garantiza el control de la reproducción social, es decir, del conjunto de actividades que sostienen la vida: cuidados, crianza, afectos, salud, tiempo, energía. Cuando los autoritarismos recortan políticas públicas, privatizan servicios o desmantelan instituciones, la familia patriarcal absorbe los costos de esa retirada estatal.

En cuarto lugar, facilita el disciplinamiento de cuerpos considerados “peligrosos”. Las mujeres autónomas, las personas trans, las identidades no binarias y las sexualidades disidentes encarnan formas de vida que cuestionan la autoridad, la normatividad y la reproducción del orden.

Finalmente, ofrece un modelo de familia como mecanismo de control social. La familia patriarcal funciona como un dispositivo que canaliza la reproducción social, regula la sexualidad, distribuye el trabajo de cuidados y produce sujetos obedientes.

En conjunto, esta infraestructura heteropatriarcal permite a los autoritarismos gobernar con mayor eficacia: reduce la pluralidad, disciplina la vida cotidiana, precariza la autonomía y legitima la concentración del poder.

2. La ofensiva antigénero: producción del enemigo interno  

La llamada ofensiva antigénero es una estrategia política transnacional que busca frenar, revertir o destruir los avances feministas y LGTBIQ+. Corrêa y Graff (2021) han documentado cómo esta acometida anti derechos se articula mediante redes globales que conectan iglesias conservadoras, partidos de extrema derecha, think tanks y gobiernos autoritarios.

La ofensiva antigénero funciona mediante la construcción de un enemigo interno. Bajo etiquetas como “ideología de género”, “feminismo radical” o “lobby gay”, se fabrica la idea de que la igualdad es una amenaza y la diversidad un riesgo. Este enemigo es útil porque permite sembrar miedo, justificar la represión y cohesionar a la base autoritaria.

Este ataque conservador refuerza un orden social jerárquico donde la autoridad masculina, la heterosexualidad obligatoria y la familia patriarcal son las bases de la vida pública y privada. Este orden es político, económico y cultural, y constituye una pieza central en la consolidación de proyectos autoritarios.

3. Mecanismos del retroceso en derechos: anatomía del control autoritario

El retroceso en derechos no ocurre de manera abstracta ni súbita. Se construye mediante mecanismos concretos que reconfiguran la ciudadanía, disciplinan los cuerpos y restringen la vida. Estos mecanismos son simultáneos, interdependientes y estratégicos.

3.1. Reescritura de la ley

Los autoritarismos modifican marcos legales para estrechar los límites de lo que se considera una vida legítima. La eliminación del enfoque de género, la restricción del aborto, la invisibilización de identidades trans en documentos oficiales y la criminalización de relaciones entre personas del mismo sexo son formas de reconfigurar la ciudadanía (ILGA World, 2023).

3.2. Desmantelamiento institucional

El cierre o debilitamiento de ministerios de la mujer, institutos de diversidad, defensorías y programas de prevención de violencia no es una medida administrativa: es una estrategia política. Sin instituciones no hay políticas; sin políticas no hay protección; sin protección no hay derechos.

3.3. Producción estatal de odio

El discurso oficial es una herramienta de gobierno. Cuando un presidente ridiculiza a personas trans, insulta a feministas o acusa a la comunidad LGTBIQ+ de “corromper a la sociedad”, no solo expresa una opinión: produce política pública simbólica.

3.4. Criminalización de identidades

Más de 2.000 millones de personas viven en países donde ser LGTBIQ+ es ilegal (ILGA World, 2023). La criminalización permite controlar la vida íntima, castigar la disidencia y producir miedo.

4. El patrón global: autoritarismo y heteropatriarcado en distintas geografías

Aunque los contextos varían, el patrón es consistente: cada vez que el autoritarismo avanza, los derechos de género y diversidad retroceden.

4.1. América Latina: autoritarismos en crisis democráticas  

En América Latina, el avance de proyectos autoritarios ha estado estrechamente vinculado al debilitamiento institucional y a la reactivación de dispositivos heteropatriarcales. Aunque los contextos nacionales difieren, el patrón es consistente: la eliminación del enfoque de género, el cierre de instituciones dedicadas a la igualdad y la proliferación de discursos de odio desde el poder acompañan procesos de concentración de autoridad y erosión democrática

Perú constituye uno de los casos más ilustrativos. En 2025, el gobierno eliminó el enfoque de género de la Política Nacional de Educación, justificando la medida como una “defensa de la familia” y una protección frente a la supuesta “ideología de género”. Esta decisión no solo borró a las personas trans de los documentos oficiales y de las políticas educativas, sino que debilitó la capacidad del Estado para prevenir violencia de género y garantizar educación inclusiva. La medida se produjo en un contexto de crisis política profunda, con un Ejecutivo enfrentado al Congreso y con instituciones debilitadas, lo que permitió que discursos conservadores se consolidaran como herramientas de gobernanza moral.

En El Salvador, el cierre de la Secretaría de Inclusión Social y de la Dirección de Diversidad Sexual se presentó como una “simplificación administrativa”, pero en la práctica significó la desaparición de las únicas instituciones estatales dedicadas a la igualdad de género y a la protección de personas LGTBIQ+. Paralelamente, el Ejecutivo ha utilizado discursos que ridiculizan a personas trans y deslegitiman las luchas feministas, mientras concentra poder mediante estados de excepción prolongados y reformas institucionales que reducen la independencia judicial. El movimiento  antigénero se integra así en un proyecto autoritario más amplio, donde la disciplina social y la homogeneidad cultural se convierten en pilares de la gobernanza.

En Guatemala, el avance de iniciativas como la Ley 5272 —que buscaba prohibir el matrimonio igualitario, restringir el aborto incluso en casos de riesgo para la vida de la mujer y criminalizar la educación sexual integral— reflejó la articulación entre fuerzas conservadoras, grupos religiosos y sectores políticos interesados en consolidar un modelo de ciudadanía excluyente. Aunque la ley no llegó a implementarse plenamente, su impulso legislativo evidenció cómo esta tendencia  antigénero se utiliza para movilizar bases conservadoras, desviar la atención de crisis de corrupción y legitimar proyectos políticos autoritarios.

En Argentina, el giro político hacia posiciones ultraconservadoras en 2023–2024 estuvo acompañado por la eliminación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, la reducción drástica de presupuestos para políticas de igualdad y la deslegitimación pública de los movimientos feministas. El discurso oficial ha presentado la agenda de género como un “gasto innecesario” o como una “imposición ideológica”, mientras se implementan políticas de ajuste estructural que precarizan la vida de mujeres y personas LGTBIQ+. Este proceso se inserta en un contexto de crisis económica y polarización política, donde la ola antigénero funciona como herramienta para cohesionar apoyos y justificar la reducción del Estado social.

En todos estos casos, las posturas antigénero no aparecen como un fenómeno aislado, sino como parte de una estrategia más amplia de reconfiguración autoritaria. La eliminación del enfoque de género, el cierre de instituciones y los discursos de odio operan como mecanismos para reinstalar jerarquías heteropatriarcales, disciplinar cuerpos considerados “peligrosos” y reducir la capacidad de resistencia social. Al mismo tiempo, estos retrocesos permiten a los gobiernos concentrar poder, debilitar contrapesos institucionales y gobernar mediante la moralización de la vida pública.

Así, América Latina muestra con claridad cómo el heteropatriarcado se convierte en una herramienta de gobernanza autoritaria: facilita la producción de enemigos internos, legitima la represión, precariza la autonomía y refuerza la dependencia social. En contextos de crisis política, económica o institucional, esta infraestructura heteropatriarcal se reactiva para sostener proyectos que buscan reducir la pluralidad democrática y reinstalar un orden social jerárquico.

4.2. Europa del Este: institucionalización del odio y erosión del pluralismo  

En Europa del Este, el avance de proyectos iliberales ha estado acompañado por una ofensiva antigénero profundamente institucionalizada. Hungría y Polonia constituyen los casos paradigmáticos de esta articulación entre autoritarismo y heteropatriarcado, donde las políticas antigénero no son solo medidas aisladas, sino componentes centrales de un proyecto de reconfiguración estatal.

En Hungría, el gobierno de Viktor Orbán ha convertido el rechazo a la teoría de género en política de Estado. En 2020, se prohibió legalmente el reconocimiento de las personas trans en documentos oficiales, eliminando la categoría de “sexo” como variable modificable. Esta medida no solo borró identidades, sino que produjo un efecto cascada: imposibilidad de acceder a servicios, vulnerabilidad laboral, exclusión sanitaria y aumento de violencia. Paralelamente, el gobierno aprobó una ley que prohíbe la difusión de contenidos sobre diversidad sexual en escuelas y medios, justificándola como protección de la niñez. En realidad, esta censura funciona como un dispositivo de control cultural que elimina narrativas alternativas y refuerza la hegemonía heteropatriarcal.

En Polonia, el partido Ley y Justicia (PiS) impulsó una agenda conservadora que incluyó la creación de “zonas libres de ideología LGTBIQ+”, donde gobiernos locales declararon que la diversidad sexual era una amenaza para la comunidad. Aunque estas resoluciones no tenían fuerza legal plena, su impacto simbólico fue profundo: legitimaron la discriminación, normalizaron la violencia y reforzaron la idea de que las personas LGTBIQ+ son un enemigo interno. Además, el Tribunal Constitucional polaco restringió severamente el aborto en 2020, incluso en casos de malformación fetal, consolidando un modelo de control estatal sobre los cuerpos de las mujeres.

En ambos países, el retroceso en materia de género y de diversidad sexual se articula con la erosión del pluralismo democrático: captura de tribunales, control de medios, debilitamiento de organizaciones civiles y concentración de poder en el Ejecutivo. La moral conservadora se convierte en un instrumento para justificar la represión, cohesionar bases políticas y presentar la exclusión como defensa de la nación. La diversidad sexual y la autonomía de las mujeres son construidas como amenazas a la identidad nacional, lo que permite a los gobiernos avanzar en su proyecto autoritario sin enfrentar resistencia significativa.

Europa del Este muestra cómo el heteropatriarcado puede ser institucionalizado como política de Estado, convirtiéndose en una herramienta para desmantelar la democracia desde adentro.

4.3. Rusia, África y Asia: criminalización, nacionalismo y control biopolítico

En Rusia, la ofensiva antigénero se ha convertido en un componente central del proyecto nacionalista y autoritario de Vladimir Putin. Desde 2013, la llamada ley contra la “propaganda LGTBIQ+” ha prohibido cualquier representación positiva de la diversidad sexual en espacios públicos, medios y escuelas. En 2022 y 2023, estas restricciones se ampliaron para incluir prácticamente cualquier expresión de identidad LGTBIQ+, convirtiendo la diversidad sexual en una categoría criminal. Esta legislación ha sido acompañada por campañas mediáticas que presentan a las personas LGTBIQ+ como agentes de “decadencia occidental”, reforzando la idea de que la heterosexualidad obligatoria es parte de la identidad nacional rusa. La represión de personas trans, incluyendo restricciones al acceso a tratamientos médicos y prohibiciones de cambio de género legal, constituye una forma de control biopolítico que busca disciplinar cuerpos considerados peligrosos para el proyecto nacional.

En África, varios gobiernos han endurecido leyes coloniales contra la homosexualidad, convirtiendo la diversidad sexual en un campo de disputa política. En Uganda, la Ley Anti‑Homosexualidad de 2023 introdujo penas extremadamente severas, incluyendo cadena perpetua y pena de muerte en ciertos casos. Esta legislación se justificó como defensa de la “moral africana” frente a influencias externas, articulando nacionalismo, conservadurismo religioso y autoritarismo. La criminalización funciona como herramienta para desviar la atención de crisis económicas, corrupción y conflictos internos, mientras se produce un enemigo interno que cohesiona a sectores conservadores.

En Asia Central, países como Uzbekistán y Turkmenistán mantienen leyes que criminalizan la homosexualidad, heredadas del periodo soviético, y las han reforzado en el marco de proyectos autoritarios que buscan controlar la vida íntima y eliminar cualquier forma de disidencia. En Indonesia, el avance de grupos islamistas conservadores ha impulsado restricciones a la educación sexual, persecución de personas trans y censura de contenidos sobre diversidad, en un contexto donde el gobierno utiliza la moral religiosa para consolidar poder y limitar el pluralismo.

En estas regiones, la narrativa anti derechos de las mujeres y de la comunidad sexo-diversa, se articula con discursos nacionalistas que presentan la diversidad sexual como amenaza a la identidad cultural, la soberanía o la estabilidad social. La criminalización se convierte en una herramienta para controlar cuerpos, disciplinar la vida íntima y producir miedo, elementos fundamentales para sostener proyectos autoritarios.

5. La sostenibilidad de la vida: economía política del autoritarismo  

La economía feminista ha mostrado que toda sociedad depende de un enorme trabajo —visible e invisible— que sostiene la vida: cuidados, afectos, salud, crianza, alimentación, redes comunitarias. Este trabajo constituye la base material de cualquier proyecto democrático (Carrasco, 2006; Pérez Orozco, 2014). Cuando esta base se precariza, la democracia se debilita, y los autoritarismos encuentran una oportunidad para avanzar.

5.1. Crisis de reproducción social y oportunidad autoritaria

Nancy Fraser (2016) denomina crisis de la reproducción social al momento en que el capitalismo y los Estados dejan de garantizar las condiciones mínimas para vivir. Esta crisis se manifiesta en la privatización de servicios, la precarización laboral, la sobrecarga de cuidados y el agotamiento de cuerpos feminizados. En este contexto, los autoritarismos se presentan como soluciones rápidas y ordenadoras, mientras desmantelan políticas públicas y trasladan la responsabilidad de sostener la vida hacia los hogares.

5.2. La familia patriarcal como dispositivo de absorción

La familia patriarcal funciona como un “colchón de absorción” que sostiene la vida a costa de la desigualdad (Pérez Orozco, 2014). Cuando el Estado se retira y el mercado precariza, las mujeres y cuerpos feminizados cargan con la responsabilidad de sostener la vida sin derechos ni recursos. Esta dependencia refuerza la lógica autoritaria: cuerpos agotados, vidas precarizadas y autonomía limitada.

En contextos autoritarios, la familia patriarcal se presenta como institución moral, natural y necesaria, lo que permite justificar políticas regresivas y excluir de la protección estatal a quienes no encajan en ese molde. La heterosexualidad obligatoria se convierte en un mecanismo para organizar la reproducción social y disciplinar cuerpos disidentes.

5.3. Precarización de personas LGTBIQ+: violencia material

La criminalización y discriminación contra personas LGTBIQ+ no solo producen violencia simbólica: generan precariedad material. La expulsión del empleo, la negación de servicios de salud, la exclusión de la vivienda y la falta de protección estatal debilitan la capacidad de resistencia y refuerzan la dependencia (ILGA World, 2023). La violencia moral se convierte en violencia económica, y la violencia económica en disciplinamiento político.

5.4. Autoritarismo como restricción de la vida misma

Los autoritarismos no solo restringen derechos: restringen la vida misma. Disciplinan la reproducción social, imponen dependencia y atacan la capacidad de sostener la autonomía. La lucha por la igualdad de género y diversidad sexual es, en última instancia, una lucha por la sostenibilidad de la vida. Sin condiciones materiales para vivir, no hay ciudadanía posible; sin ciudadanía, no hay democracia.

6. Conclusiones: cuerpos, democracia y resistencia

El análisis desarrollado a lo largo de este texto permite afirmar con claridad que el retroceso en los derechos de las mujeres y de las personas LGTBIQ+ no es un fenómeno aislado ni un daño colateral de los proyectos autoritarios. Es, más bien, una pieza estructural de su arquitectura de poder. La restauración heteropatriarcal opera como una tecnología política que facilita la concentración de autoridad, disciplina la vida cotidiana, precariza la autonomía y legitima la exclusión. Allí donde el autoritarismo avanza, la igualdad de género y la diversidad sexual retroceden; y allí donde estas luchas se fortalecen, el autoritarismo encuentra límites.

Los autoritarismos necesitan jerarquías, obediencia, miedo y control de la vida íntima. Las mujeres y las personas sexo‑diversas representamos lo contrario: autonomía, libertad, pluralidad, deseo, creatividad, comunidad, resistencia. Por eso somos las primeras en ser atacadas. Nuestros cuerpos son el primer territorio donde se ensaya la represión, porque en ellos se disputa la posibilidad misma de la democracia.

En un contexto global donde los autoritarismos avanzan mediante la moralización del poder, la criminalización de identidades y la precarización de la vida, la resistencia no es una opción: es una necesidad histórica. Resistir implica disputar el sentido común, desmontar las narrativas que presentan la igualdad como amenaza, confrontar la desinformación y construir pedagogías públicas que devuelvan dignidad y legitimidad a las vidas que el heteropatriarcado busca disciplinar.

La resistencia exige también unidad en la diversidad. Los autoritarismos avanzan dividiendo: mujeres contra feministas, feministas contra personas trans, movimientos sociales contra comunidades LGTBIQ+, sectores populares contra agendas de igualdad. La fragmentación es una herramienta de dominación. La unidad, en cambio, es una estrategia de supervivencia democrática. Mujeres, personas LGTBIQ+, movimientos sociales, sindicatos, comunidades indígenas, organizaciones estudiantiles, colectivos de derechos humanos y redes comunitarias comparten una misma lucha: la defensa de la vida frente a proyectos que buscan disciplinarla.

La resistencia debe ser activa y pública. Los autoritarismos necesitan silencio, retraimiento y miedo. La resistencia necesita presencia, palabra, ocupación del espacio público, articulación territorial y construcción de alianzas amplias. Implica sostener la esperanza como práctica política, no como ingenuidad, sino como horizonte estratégico. La esperanza es la capacidad de imaginar futuros posibles cuando el autoritarismo quiere convencernos de que no los hay.

En última instancia, la lucha por los derechos de las mujeres y de las personas LGTBIQ+ es la lucha por la democracia misma. No hay democracia sin autonomía corporal. No hay democracia sin libertad sexual. No hay democracia sin igualdad de género. No hay democracia sin pluralidad de formas de vida. No hay democracia sin cuerpos libres.

Si la democracia está en riesgo —y hoy lo está— la resistencia no es opcional: es un deber histórico.  

Un deber que solo puede cumplirse en unidad y diversidad, con la convicción de que defender nuestros cuerpos es defender la vida, y defender la vida es defender el futuro.

Referencias:

Butler, J. (2004). *Undoing gender*. Routledge.

Carrasco, C. (2006). La economía feminista: una apuesta por otra economía. Revista de Economía Crítica, número 4, páginas 21–40.

Corrêa, S., & Graff, A. (2021). The global anti-gender movement: Contesting gender equality in international arenas. Routledge.

Federici, S. (2010). Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de Sueños.

Foucault, M. (1978). The history of sexuality: Volume 1. Pantheon Books.

Fraser, N. (2016). Contradicciones del capitalismo contemporáneo: Crisis de legitimidad y ofensiva conservadora. Verso.

Graff, A., & Korolczuk, E. (2022). Anti-gender politics in the populist moment. Routledge.

ILGA World. (2023). State-sponsored homophobia report: Global legislation overview. ILGA.

Pateman, C. (1988). The sexual contract. Stanford University Press.

Pérez Orozco, A. (2014). *Subversión feminista de la economía: Aportes para un debate sobre el conflicto capital‑vida*. Traficantes de Sueños.

Tamale, S. (2020). Decolonization and Afro-feminism. Daraja Press.

Julia Evelyn Martínez. Economista feminista salvadoreña 

1/10/2026

Autoinvitarse a tu casa. Alertan estrategia de citas para evaluar a mujeres con los valores tradicionales

 

Desde la red social X, Sara originaria de Honduras publicó el mensaje «Ojo con decirle a un hombre hoy en día que vives sola, porque te quieren invitar a salir a tu casa y cenar con tu comida». Esto despertó la alerta de más de mil mujeres no solo de Honduras, sino de América Latina, quienes de inmediato compartieron sus propias experiencias creando así un hilo extenso con pruebas y testimonios confirmando el fenómeno.

Los relatos coincidieron en un punto central, estos hombres no solo se autoinvitan a las casas una vez que saben que las mujeres viven solas, sino que lo hacen con la expectativa explícita de ser atendidos. Esperan que ellas cocinen, pongan el espacio y asuman el rol de anfitrionas y cuidadoras; mientras ellos aporta

10/25/2025

Mensaje de urgencia para antes de la guerra

 tribunafeminista.org

Victoria Sendón de León

Victoria Sendón de León

Ahora que están de moda los kits antinucleares, podemos proyectar la metáfora a diversas realidades. Si Putin nos lanza una bomba nuclear, no se olviden, por favor, del cortauñas, el mechero, la botellita de agua, de un paquete de mascarillas por el polvo que se va a levantar, sin duda; del pijama para dormir en el bunker del barrio y muchas baterías para que todo funcione cuando se vaya la luz durante tres días, que se irá. Ah, y el pasaporte, que para ir al otro barrio parece que lo piden. Se trata de un kit para el rearme de la población europea, que es como el de las muñecas de Famosa pero en más moderno.

Discurre un momento histórico que unos llaman “últimos días”, otros, “apocalipsis”, los de más allá, era de Acuario, los más científicos, mundo cuántico; los más modernos sueñan con el mundo META colgados de las redes, y los más ricos con un resort perpetuo en el que flotar, comer y beber hasta un final de congelación perenne para resucitar del frío. Y entre todo ese mundo que asoma por el horizonte como futuro más o menos inmediato aparece el caballo alazán de la guerra, de algo tan antiguo y constante como la guerra. Esa barbarie ha estado presente en cualquier época, caótica o de bienestar, de riqueza o escasez, por causa de la religión o del dinero, de la apropiación del terreno o de los recursos hídricos…..

¿Y cuantos años, siglos, milenios seguimos este patrón de la guerra? Pues exactamente desde que empezó el Patriarcado, que es un sistema estúpido y perverso, que optó por la muerte, por el poder de matar, para emular el poder de dar vida de las mujeres. Resulta que el gran tema no era “la envidia del pene”, sino “la envidia del útero”. Y no se trata de un simulacro, sino que en países como Suecia o Brasil se realizan trasplantes de útero de cadáveres a personas que quieren parir y no pueden, es decir, hombres mayormente, porque el género no basta para semejante proeza. Por mucho que se vayan a parir con tacones, no van a poder ni de coña ¡Qué contradicción! Por un lado tambores de guerra y “kits” de supervivencia y, por otro lado, empeño sobrehumano por dar vida. ¿Dar vida? No: competir con las mujeres y las hembras mamíferas por ser capaces de dar a luz.

Yo no pondría tanto empeño en traer niñas y niños al mundo mientras no fuéramos capaces de desterrar la guerra de la historia. Tendría que ser lo primero en la Agenda feminista y sustituir en importancia, por ejemplo, al aborto, que parece una bandera de progreso y un banderín de enganche. Y el kit de supervivencia que  se lo aplique la von der Leyen para sobrevivir en su carguito en esa Comisión que parece la han creado para meternos miedo a la gente de Europa y, a ser posible, también arruinarnos. Porque ahora viene el dinero digital. Una broma pesada.

No podremos hablar de progreso, modernidad, democracia, Ciencia, Inteligencia – artificial o natural -, progresismo, socialismo, igualdad, justicia, transición ecológica ni feminismo hasta no conseguir terminar con la guerra, hacerla imposible. No sé cómo hemos sido capaces de consentir la guerra de Ucrania o el genocidio de Gaza o de consentir a los políticos que lo han permitido o no lo han detenido. Ni hablar de los ejecutores. Aunque sólo fuera de modo simbólico, deberíamos hacer manifestaciones para quemar colectivamente todos los kits de supervivencia, al igual que aquellas feministas quemaron sus sujetadores en 1968 como protesta por un concurso de Miss América en Nueva Jersey. Han pasado 50 años y no hemos inventado ninguna performance para impedir la guerra. Ahora es el momento.

- Publicidad -

8/30/2025

Sexualidad en libertad para las mujeres, emancipación del sistema patriarcal

De acuerdo con la encuesta del Instituto Mexicano de Sexología (Imesex), la mitad de las mujeres mexicanas nunca ha experimentado un orgasmo; este dato abre la puerta a cuestionar hasta dónde se ha anidado el patriarcado en el dominio del cuerpo de las mujeres, rodeando la sexualidad femenina de vergüenza, pudor y recato.

En una entrevista para Cimacnoticias, María Zarandona, sexóloga y educadora del Bajío compartió desde el punto de vista profesional la importancia del autoconocimiento femenino en el panorama de la sexualidad, no sólo como sujetas sexuales, sino como individuas que se desenvuelven en comuna. 

“El autoconocimiento y la exploración son unas de las piezas angulares que necesitamos desarrollar para poder vivir una sexualidad en bienestar (…) el autoconocimiento es el contacto con el cuerpo que va más allá de las prácticas sexuales”. – María Zarandona  

Para María resulta fundamental que cada mujer reconozca en si misma la autenticidad de su sexualidad, así como que el autoconocimiento es una habilidad que se desarrolla y se construye, por lo cual se tiene que estar trabajando por medio de la autoexploración y el autoerotismo siendo algo que “se habilita y se práctica constantemente”.

Por ello, María en conjunto con otras mujeres expertas e interesadas en erradicar los estigmas que limitan la concepción de que las mujeres son merecedoras de placer, se reunieron para crear Coautlicue Soy, un “diario creativo” parte de la editorial Plántula que busca acompañar a las mujeres en su proceso de autoconocimiento por medio no sólo de lecturas teóricas sino también de actividades que ayuden a cada mujer a explorar y vivir su libre sexualidad.

“Saber dónde está el clítoris es conocimiento, pero saber dónde está mi clítoris es el verdadero poder”. – Coatlicue Soy

El gestionar, controlar y gozar del orgasmo femenino, constituye así, parte de una revolución por recuperar la autonomía corpórea, es decir, saber que nuestra cuerpa como territorio no pertenece a nadie más, que no hay pudor ni vergüenza, sólo plenitud es un acto de amor a la dignidad humana y sexual de las mujeres.

“Cada vez que una mujer va entendiendo que merece placer, independiente de otra persona y se va compartiendo así en el mundo se crea una ola expansiva; el hecho de que podamos acceder al orgasmo implica que somos merecedoras de placer, que tenemos la autonomía de explorar y tocar nuestro cuerpo (…) escuchar nuestro placer no solamente se va a ver reflejado en un bienestar sexual mucho más satisfactorio, sino que también te vas a sentir mucho más segura de tomar decisiones  en todas las esferas, entonces cuando hablamos del autoconocimiento hablamos de una transformación social súper poderosa”. – María Zarandona

Despojarse de los valores negativos contenidos en la sexualidad femenina, es paralelamente quebrar con el rol de género asignado; esta ruptura propone deconstruir la perspectiva patriarcal que sexualiza a las mujeres mientras les permite autopercibirse desde una mirada afectiva, amorosa, erótica y liberadora. 

“Necesitamos realmente aprender sobre sexualidad, aprender sobre la respuesta sexual, aprender sobre cómo se ve el clítoris, cómo podemos estimularlo; el conocimiento nos da muchísimo poder, pero no podemos nada más quedarnos ahí (…) la autoexploración es importante, animarse a comunicar, a probar cosas, a conocer mi cuerpo, a verlo desnudo, a observar mi vulva en un espejo, pero estando bien consiente de que va pasando en mi mente, en mis sensaciones emocionales y físicas”. – María Zarandona   

El autoconocimiento y autocuestionamiento sobre la relación que hemos desarrollado con nuestra cuerpa resulta en una emancipación; la libertad. 

Género y placer

Culturalmente, la sexualidad femenina ha tenido un enfoque desproporcionado respecto al placer masculino, autoras como Ivonne Szasz escribe en Sexualidad y género: algunas experiencias de investigación en México, que en nuestro país el valor que se le adjudica al sexo recae en dos acciones, ambas masculinas: la penetración y la eyaculación.

Existen ciertos comportamientos sexuales que poseen la característica de ser reafirmantes de la identidad masculina; la masturbación y el acceso al placer sin culpas. Esto en conjunto con la concepción social de la sexualidad fomenta un sistema que normaliza la anteposición del placer masculino frente a la existencia del orgasmo femenino, reprimiendo no sólo la sexualidad de las mujeres, sino también su libre expresión y el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos. 

“Me parece que (como hombres y mujeres perciben el sexo) es algo completamente contextual; tiene cuestiones de género, pero también de un montón de otros contextos más, empezando por si estas siendo socializada como una mujer, así como tu clase social y tu etnia, creando un impacto de cómo vivimos y cómo desarrollamos nuestra sexualidad”. – María Zarandona

En la más reciente participación de la teórica feminista, Rosa Cobo refiere que el sistema patriarcal se ha encargado de dividir el cuerpo del individuo, es decir, la idea de que estos dos conceptos se encuentran separados; «No es así, el cuerpo es el individuo», explica la teórica.

Según señala la autora, el hecho de que las personas seamos socializadas sexualmente de esta manera, sólo alienta a un profundo rezago sobre el conocimiento del placer, el autoerotismo y la sensualidad, especialmente cuando se trata de mujeres, quienes son privadas de ejercer su derecho a la autonomía placentera y limitadas a la creencia patriarcal de que el goce sólo debe de limitarse a la penetración y a la eyaculación del otro.

Esto también es sustentado por la maestra Ana Amuchástegui en Mitos y dilemas de los jóvenes en tiempos del SIDA; exponiendo que las mujeres en México sólo es valorada por el placer que le brinda al hombre durante la penetración, la preservación de la “virginidad”, la fidelidad, la ignorancia sexual -como inocencia “positiva” al carecer de experiencia sexual- y la discreción, siendo valores recrudecidos aún más, cuando se trata de mujeres en contextos precarizados.

Con esto se quiere señalar que explorar, disfrutar y proteger el cuerpo que habitamos es parte intrínseca de la autodefensa de quién somos. Por ello, desde el momento en que se ejerce la libertad del goce y el placer, no sólo conlleva la emancipación del cuerpo, sino también, a nosotras mismas; después, llega la revolución colectiva por la autonomía.

En este sentido, es urgente que el hablar del placer comience a ser una práctica normalizada; que el autoerotismo sea compañero y que las mujeres comiencen a alejarse del margen patriarcal que ha condenado el placer a la penetración.

Por otro lado, las diferencias cognitivas y emocionales son identificadas a lo largo del desarrollo humano, poniendo, de igual forma, a las mujeres en posición de desventaja social, pues se tiende a asumir que las mismas son más emocionales y por ende más “inestables”, mientras que los hombres son obligados socialmente a reprimir sus emociones.

Finalmente, las diferencias sociales y culturales son las que más ponen en declive el desarrollo óptimo de la sexualidad de las mujeres, pues aunado a la disparidad biológica, las diferencias sociales y culturales refuerzan ciertos roles de sexo/género que colocan a las mujeres bajo el mandato masculinizado, anteponiendo el placer de este último.

“Claro que el género es una parte muy esencial, pero también es importante ver todos estos entrecruces (sociales y culturales) porque estos también impactan mucho en cómo aprendemos y qué aprendemos de la sexualidad”. – María Zarandona   

5/03/2025

Garantizar la elección de la primera secretaria general: un desafío desalentador para la ONU

 

Es un desafío poco alentador el camino para que la ONU tenga por primera vez una mujer como secretaria general, analiza Anwarul Chowdhury en un artículo de opinión.
Una participante toma la palabra en una asamblea abierta entre el secretario general de la ONU y organizaciones de la sociedad civil. Imagen: Evan Schneider / ONU

NUEVA YORK –  El 21 de marzo de 2025 concluyó el 69.º sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, conocido como CSW69, tras dos semanas de sesiones iniciadas el 10 de marzo.

Se la considera la mayor reunión anual organizada bajo el paraguas de las Naciones Unidas que congrega a activistas por los derechos de las mujeres de distintas partes del mundo, en su mayoría representantes de organizaciones de la sociedad civil. Este año, una cifra asombrosa de más de 11 000 personas se inscribieron en la plataforma del Foro de ONG de la CSW69.

La sesión de este año, difundida bajo el lema Beijing+30, se centró en el estado de implementación de la Declaración y la Plataforma de Acción adoptadas en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing en 1995.

Algunas activistas recordaron también que 2025 marca el 25° aniversario de la resolución pionera 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada en el año 2000, que destaca la importancia de reconocer las contribuciones positivas de las mujeres en el ámbito de la paz y la seguridad.

Por primera vez, los eventos paralelos organizados por la sociedad civil en el marco de la CSW69 incluyeron el tema de la elección de una mujer Secretaria General de las Naciones Unidas, algo inédito en los 80 años de existencia de la organización. Dos de estos eventos se centraron exclusivamente en la urgente necesidad de elegir a la próxima y primera mujer Secretaria General.

El autor, Anwarul K. Chowdhury

La primera actividad se realizó el 5 de marzo como evento previo a la CSW69, bajo el título “¿Una primera vez histórica? Seguimiento a las respuestas de los Estados ante la posibilidad de una Secretaria General feminista”, y fue organizada por la Red Mundial de Mujeres Constructoras de Paz (GNWP, en inglés), la Escuela de Estudios Internacionales de NYU y la iniciativa 1 For 8 Billion.

El segundo evento tuvo lugar el último día de la CSW69, titulado “Igualdad de género en el nivel más alto: elegir a una mujer Secretaria General”, auspiciado por la campaña WomanSG y el Consejo Académico del Sistema de Naciones Unidas (ACUNS, en inglés). Fui invitado a hablar en ambas actividades.

El actual secretario general, António Guterres —ex primer ministro de Portugal—, tiene previsto finalizar su segundo mandato de diez años el 31 de diciembre de 2026. La elección de la nueva o el nuevo Secretario General se espera para octubre de ese año, como muy pronto. El artículo 97 de la Carta de la ONU establece que: “El Secretario General será nombrado por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad. Será el más alto funcionario administrativo de la Organización”.

Los Estados Miembros de la ONU tal vez hayan tomado demasiado literal la última frase de ese artículo, ya que solo han elegido hombres como Secretario General. Como bien sabemos, la Carta de las Naciones Unidas, firmada en 1945, fue el primer acuerdo internacional en afirmar el principio de igualdad entre mujeres y hombres.

Recuerdo las palabras de Eleanor Roosevelt cuando afirmaba: “Con demasiada frecuencia, las grandes decisiones se originan y toman forma en órganos integrados únicamente por hombres o tan completamente dominados por ellos que cualquier aporte de valor especial que puedan ofrecer las mujeres se descarta sin siquiera ser considerado”.

Es una realidad que la política, y más aún, la seguridad, sigue siendo un mundo de hombres.

Y al hablar de participación política de las mujeres, resulta lamentable que, siendo la ONU la mayor defensora de la igualdad y los derechos de las mujeres, su propio historial no sea motivo de orgullo.

Para impulsar a la ONU en la dirección correcta y fortalecer su credibilidad, en septiembre de 2012 se presentó un “Llamado a la acción” dirigido a los líderes mundiales reunidos en la sede de la organización. Este llamado, emitido por IMPACT Leadership 21 y cofirmado por mí como fundador del Movimiento Global por la Cultura de Paz (GMCoP, en inglés), fue reiterado en 2016 e instaba a actuar con urgencia, en especial para nombrar a una mujer como próxima Secretaria General.

En sus ocho décadas de existencia, el organismo mundial ha elegido únicamente hombres para ese cargo, como si solo los hombres estuvieran destinados a liderar las Naciones Unidas.

En un artículo de opinión titulado “La esquiva Secretaria General” publicado en IPS el 14 de octubre de 2016, un día después de la elección de Guterres, expresé mi frustración diciendo: “Los miembros del Consejo de Seguridad fueron totalmente insensibles ante el amplio apoyo internacional por una mujer como próxima Secretaria General.

Con su decisión, perpetuaron la exclusión del 50 por ciento de la humanidad. Es una grave distorsión del sistema que los 15 miembros del Consejo impongan su elección influenciada por la presión y manipulación del P5 al conjunto de los 193 Estados Miembros, sin mencionar la vasta opinión y activismo de la sociedad civil a favor de una Secretaria General mujer”.

En ese mismo texto, advertí que “es sumamente lamentable que en el proceso de selección la política haya prevalecido sobre la igualdad de género, violando el artículo 8 de la Carta de la ONU, que subraya la elegibilidad e igualdad de hombres y mujeres para participar en cualquier función de todos sus órganos, ya sean principales o subsidiarios”.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

En otro artículo de opinión, publicado el 20 de junio de 2011, más de cinco años antes del anterior, titulado “Segundo mandato de Ban: el caso por una Secretaria General”, escribí que “la reforma más importante que necesita el proceso de elección del líder de la ONU es un cambio de mentalidad de los Estados Miembros.

A esta altura del desarrollo humano, es una vergüenza que en sus 65 años (en 2011), la ONU no haya podido elegir a una mujer para liderarla. Es más, ni siquiera se había nominado a ninguna candidata”.

Y agregué: “Pese a todas las resoluciones, tratados, declaraciones y pronunciamientos de la ONU sobre la igualdad de género, es lamentable que el organismo haya excluido al 50 por ciento de la humanidad de su máximo cargo. La organización, sin duda, se ha empobrecido al restringir sus opciones solo a la mitad del potencial de liderazgo”.

También señalé que “la imagen deteriorada y la credibilidad de la ONU ante la comunidad internacional en los últimos años reflejan la necesidad creciente de un liderazgo eficaz y comprometido, que anteponga la organización a los intereses personales y que no funcione exclusivamente bajo una lógica de ‘mando y control’”.

Estas palabras, casualmente, cobran aún más sentido en la actualidad. Existen ciertas realidades que deben tenerse en cuenta al hablar de la elección de una Secretaria General:

– En 2016, ninguno de los miembros del P5 votó por una candidata mujer, a pesar de haber varias postulantes destacadas.

– La rotación geográfica que se respeta cuidadosamente para elegir al presidente de la Asamblea General, no se aplica en el Consejo de Seguridad al nominar al Secretario General. El P5 decide de forma unilateral.

– Un Estado Miembro puede manifestar públicamente su apoyo a una Secretaria General mujer, pero votar de forma contraria por razones políticas. El voto secreto impide saber cómo votó realmente.

– También puede ocurrir que un país apoye inicialmente a una mujer, pero cambie su voto si su apoyo es necesario para elegir a un hombre. Nuevamente, el voto secreto oculta estos cambios.

– El P5 mantiene reuniones de coordinación fuera del recinto de la ONU con más frecuencia de la prevista. La elección del Secretario General es un tema prioritario que suele discutirse en esos espacios.

Entonces, la gran pregunta es: ¿cómo garantizar la elección de una mujer como próxima Secretaria General, considerando todas estas visibles y ocultas realidades?

Los Estados Miembros —y me refiero a los 193, no solo a los 15 del Consejo de Seguridad— deben asumir el papel y la responsabilidad que les otorga la Carta de la ONU en el nombramiento del Secretario General.

Tengo tres propuestas para ofrecer:

Primera: la opción más sencilla y natural sería que el Consejo de Seguridad nominara a la actual Vicesecretaria General, una mujer con firmes convicciones feministas, líder competente y respetada, reconocida como la “partera” de los ODS, y que además conoce a fondo el funcionamiento de la organización. Por si se preguntan, se trata de Amina Mohammed, originaria de Nigeria.

Segunda: en los últimos tiempos, han surgido varios nombres de mujeres del Grupo Regional de América Latina y el Caribe (Grulac), con el argumento de que, según la práctica de rotación geográfica, le corresponde a ese grupo proponer al próximo Secretario General.

Esta situación facilitaría la elección de una mujer bajo dos condiciones: primero, que el Consejo de Seguridad acuerde por unanimidad que le corresponde el turno a Grulac; y segundo, que los países de Grulac presenten únicamente candidatas mujeres. Así, el Consejo solo podría elegir entre mujeres de esa región.

Y finalmente, una tercera propuesta quizás atrevida, pero aún viable:

Si ninguna de las anteriores opciones logra la elección de una mujer, la Asamblea General —que toma la decisión final a propuesta del Consejo— debería rechazar por mayoría abrumadora a cualquier candidato hombre que proponga el Consejo.

Esto obligaría al Consejo a reconsiderar su decisión. Si propusiera nuevamente a un hombre, la Asamblea debería volver a rechazar la nominación, forzando así al Consejo a proponer finalmente a una mujer.

Para lograr una mayoría significativa en la Asamblea General, la sociedad civil tendría que hacer campaña y movilizar a un número creciente de países para que apoyen esta iniciativa.

Tengo en mente el modelo de la campaña impulsada por Jody Williams y la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersonales (ICBL, en inglés), galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1997, que logró aprobar el Tratado de Prohibición de Minas* pese al desacuerdo de los gobiernos.

Esta tercera propuesta, poco convencional y aún no probada, puede ser un verdadero punto de inflexión. Una postura firme, unida y decidida por parte de la Asamblea General para hacer valer el papel que le otorga la Carta podría devolverle a la ONU la credibilidad perdida, al elegir por fin a una mujer como su próxima líder tras ocho décadas de omisión.

*La Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción, adoptada en 1997, se conoce informalmente como el Tratado de Ottawa o Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonal.

El embajador Anwarul K. Chowdhury fue también el impulsor de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad como presidente del Consejo en marzo de 2000, en la que se destaca la participación igualitaria de las mujeres; presidió en dos ocasiones la Junta Ejecutiva de Unicef y es un reconocido analista del funcionamiento del sistema de la ONU.

3/29/2025

«No está solo, un estado lo protege». Reacciones ante la decisión del Pleno por desafuero de Blanco


.-Ciudad de México.- Tras la discusión en la Cámara de Diputados, que terminó con la aceptación para desechar la solicitud de desafuero del diputado federal Cuauhtémoc Blanco, dejó en evidencia dos cosas: en México es más fácil proteger a un agresor que a la víctima y que las 251 mujeres en el Pleno no alcanzaron a romper el pacto patriarcal.

«¿Quien pone esta denuncia?» preguntó Claudia Sheinbaum esta mañana durante la Mañanera para descreditar la solicitud de desafuero a Cuauhtémoc Blanco, acusado de violación en grado de tentativa. Aunque la presidenta se refirió a Uriel Carmona, ex fiscal de Morelos acusado en 2022 por encubrir un feminicidio desde su cargo, la respuesta correcta es Nidia Fabiola N. a quien le quitaron la oportunidad de que su agresor sea investigado.

Pruebas, contexto o una pelea por la narrativa han sido las excusas para defender a Blanco a toda cosa siendo que México se encuentra en el «Tiempo de mujeres» en donde se ha dicho que se les creerá a las víctimas, pero ¿por qué no le están creyendo a Nidia Fabiola? y peor aún, ¿por qué no fue respaldada por el Estado?

En un recuento de los hechos, hay que recordar que, Cuauhtémoc Blanco fue señalado por violencia sexual en grado de tentativa por su hermanastra Nidia Fabiola N., cuando aún laboraba para él siendo este el gobernador del estado de Morelos. Desde entonces, ha enfrentado cuestionamientos sobre la veracidad de su historia y el Estado le ha dado la espalda, primero con la decisión de la Sección Instructora y ahora por toda la Cámara de Diputados, instancia que debía decidir si desechar o no la solicitud de desafuero.

Al grito de «¡No estas solo!, ¡No estas solo!» un grupo de diputadas de Morena arroparon a Cuauhtémoc Blanco mientras subió a la tribuna del Pleno a dar un discurso en su defensa. Se trató de una participación que no estaba registrada, pero que fue permitida sin objeción por Sergio Gutiérrez, presidente de la Mesa Directiva.

Más allá de usar una consigna feminista, que representa apoyo y acompañamiento a las mujeres que han sido agredidas por cualquier tipo de violencia, para defender a un hombre acusado de violencia sexual en grado de tentativa contra su hermanastra, Nidia Fabiola N. lo que sucedió ayer en la Cámara de Diputados fue un acto de abandono a las mujeres fortalecido tanto por 291 hombres y mujeres de Morena, PVEM y el PRI.

Cabe mencionar que, la diputada Gabriela Jiménez de Morena, quien a su vez es la vicecoordinadora del partido, se abstuvo de votar siendo que un día anterior se unió al llamado de Anais Miriam Burgos, presidenta de la Comisión de Igualdad de Género y compañera de partido, para que las 251 diputadas del Pleno rompieran el pacto patriarcal.

Sin embargo, esto pudo responder a los rumores que circularon la misma mañana de la votación sobre su posible destitución como vicecoordinadora ante el posicionamiento que dio en redes sociales, información que, más tarde, Ricardo Monreal salió a desmentir.

«Tú le diste a un violentado la última palabra, eres un cómplice» le dijo la coordinadora de Movimiento Ciudadano, Ivonne Ortega, a Sergio Gutiérrez cuando ella y varias diputadas del partido tomaron la tribuna. Desde los resultados de la votación, la diputada fue de las primeras en señalar que el acto que protagonizó Morena envía un mensaje a las mujeres que se animan a denunciar violencia sexual: no serán escuchadas.

«Cuando le empezaron a gritar «no estás solo, no estás solo» yo solo tenía en la mente a las mujeres que se han manifestado, a las madres buscadoras, a las que se han manifestado por algún motivo y siempre están encapsuladas por policías, dispersadas con agua con gases lacrimógenos. Yo de verdad creí que iba a ser un día histórico, del momento del pacto (romper el pacto patriarcal) de las mujeres que se escribiera en la historia donde las mujeres al haber llegado hicieron la diferencia para otras mujeres y pues me encontré con lo mismo de siempre» -Ivonne Ortega para MVS Radio

De la misma forma, Yndra Sandoval, feminista e integrante de Las Constituyentes MX, calificó como «vergonzoso» el apoyo a Cuauhtémoc protagonizado por las diputadas morenistas Julieta Villalpando, Irma Juan Carlos, Maiella Maldonado, Adriana Quiroz convirtiéndose en los principales rostros. «Efectivamente, no está solo porque tiene todo un estado que lo protege. Todos los días en México hay 100 agresiones sexuales por hora documentadas por el secretariado ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Aquí lo que pasó fue un pacto patriarcal. Vimos claramente cómo votó una bancada y otra.» mencionó.

Asimismo, acusó a las diputadas por olvidar la lucha de las mujeres ancestras quienes reclamaron a un sistema patriarcal los derechos políticos de las mujeres para incidir en la vida de otras. «Hoy se prestaron como nanas del patriarcado a cuidarle los intereses. No nos representan las de la tercera legislatura de la paridad» señaló. De la misma forma, hizo énfasis en a la responsabilidad de los diputados de dónde vienen los acuerdos de protección y encubrimiento.

«No llegamos todas mientras haya agresores en el poder. No hay víctimas más importantes que otras. Lo que hoy se confirmó es que hay agresores más poderosos que otros. Eso es lo que sí sucedió. Y en este país donde hay 98% de delitos un estatus de impunidad quedó claro de qué lado está la fuerza mayoritaria de este país y sus comparsas cómplices están del lado de los agresores. (…) Pudo más el pacto patriarcal que la más de la mitad de estas legislaturas siendo por mujeres» -Yndra Sandoval, feminista e integrante de Las Constituyentes MX.

¿Qué está pasando con las mujeres que ya rompieron el techo de cristal?, ¿por qué sus decisiones no se traducen al avance y defensa de los derechos de las mujeres? La realidad es que, reformar la constitución para determinar la paridad en los tres niveles de gobierno no es suficiente para mejorar sus condiciones de vida. Se necesita que estén dispuestas a romper los pactos patriarcales para generar circunstancias en el que verdaderamente lleguemos todas.

¿El desafuero sigue siendo una posibilidad?

De acuerdo con Patricia Mercado, el desafuero no queda descartado completamente, ya que loa Fiscalía de Morelos continúa teniendo un expediente de la acusación en contra de Cuauhtémoc Blanco por violencia sexual en grado de tentativa e instó al fiscal del estado, Edgar Maldonado, a seguir con las investigaciones aplicando perspectiva de género y de atención a las víctimas y para ella puede volver a solicitar el desafuero.

«Faltan cinco semanas para que termine el actual periodo ordinario de sesiones en la Cámara de Diputados», mencionó. De la misma forma, señaló que, en este tiempo se puede demostrar que sí se está a favor de las víctimas. Aun así, instó a no proteger a un hombre que ha sido señalado por las autoridades ministeriales por una denuncia ajena al trabajo legislativo.

Sin embargo, de nada servirá interponer más solicitudes de desafuero si las mujeres del Pleno no están dispuestas a romper el pacto patriarcal y creerles a las víctimas sin antes objetar diferentes razones para desacreditar sus historias.

Por ello, esta mañana, organizaciones de la sociedad civil y feministas han compartido la convocatoria de una protesta que se llevará a cabo el 29 de marzo de 2025 a las 11 de la mañana en la Glorieta de las Mujeres que Luchan para denunciar que no se rompió el pacto patriarcal entre los partidos y que las mujeres que ejercen cargos públicos apliquen perspectiva de género en defensa de los derechos de las mujeres.

2/01/2025

El cártel de los machos

Editorial La Jornada 

Al menos desde el año pasado, un grupo de hombres que tienen en común estar acusados de violencia familiar y de género por sus ex parejas, ser adinerados y gozar de altas conexiones en el Poder Judicial, la política y los medios de comunicación, se organizó para presentarse como víctimas de extorsión por parte de las mujeres que denunciaron sus abusos y de la abogada que llevaba sus casos, Ana Katiria Suárez.

Sus acciones han rendido frutos con tanta celeridad que ya lograron poner temporalmente tras las rejas a María Fernanda Turrent, esposa de Édgar González Peredo, y obligar a salir del país a Suárez. La velocidad con que han prosperado las contrademandas contrasta con la exasperante lentitud con que agencias del Ministerio Público y tribunales procesan las quejas contra los agresores, incluso cuando –como sucedió en la denuncia de Turrent– existen pruebas abrumadoras e incontrovertibles del terror físico, sicológico y económico al que estos hombres sometieron a sus parejas y a sus hijos.

Como revela una investigación publicada ayer y hoy en este diario, existen fuertes indicios de que el cínicamente denominado colectivo nacional no más presos inocentes es un cártel conformado por hombres deseosos de amedrentar y escarmentar a quien intente llevarlos ante la justicia por sus conductas violentas, y de que su éxito responde al entusiasta apoyo que por lazos familiares, de amistad, de afinidad misógina o de corrupción les han prestado las instancias de procuración e impartición de justicia.

Resulta notoria la figura de González Peredo: además de sus propios negocios, su padre lleva los asuntos de uno de los grupos de medios más poderosos del país y contrató para su defensa al despacho del abogado José Luis Nassar Daw, hijo de Miguel Nassar Haro, criminal emblemático de la guerra sucia.

Aunque este tipo de redes de tráfico de influencias siempre ha existido, es inquietante que sus integrantes se sientan tan amparados por la judicatura como para salir a la luz y encabezar un movimiento de padres de familia en el que no se ruborizan de sumar a alguien que es confeso violador, torturador y asesino de su propia hija de siete años.

En este sentido, es alentador, pero insuficiente, que la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México haya ordenado la destitución de Miguel Ángel Barrera Sánchez, fiscal de Investigación de Delitos Cometidos en Agravio de Niñas, Niños y Adolescentes, la revisión del proceso contra María Fernanda Turrent y su no vinculación a proceso.

Poner al descubierto las irregularidades cometidas por este funcionario debe ser el inicio de una exhaustiva limpieza de los agentes del Ministerio Público, los cuales han protegido una y otra vez a violentadores, en ocasiones con saldo mortal cuando éstos pasan de los golpes al feminicidio. El mismo saneamiento debe tener lugar en el Poder Judicial, cuyas sentencias aberrantes han puesto en libertad o han dictado condenas irrisorias contra hombres probadamente violentos.

En un sentido más amplio, esta suerte de cártel de los machos es una advertencia sobre lo mucho que queda por hacer en la erradicación de dos de las mayores lacras sociales: la misoginia que impregna todos los ámbitos de la vida social, y la corrupción que permite convertir el poder económico en poder político. Asimismo, supone un recordatorio de que estos males se refuerzan mutuamente, pues el tráfico de influencias facilita la impunidad de los agresores y frena la lucha de las mujeres por un mundo libre de violencia en razón de género.

10/05/2024

Cárceles y patriarcado: control de la vida y los cuerpos

  Alicia Alonso Merino 

Fuentes: Desinformémonos

Decía Michel Foucault en su famoso libro Vigilar y castigar que la prisión es “omindiscipliniaria”. Es decir, que ejerce una disciplina incesante y en todos los aspectos de la vida de las personas presas. Para las mujeres y disidencias encarceladas esta pasa por el control de casi todos los aspectos de su vida en reclusión, con reglas que regulan su actuar, rígidos horarios que deben cumplir, cuentas1 reiteradas, suprimiendo cualquier vestigio de individualidad. En este contexto, el ejercicio del poder disciplinario se caracteriza por la sumisión, subordinación e infantilización.

En algunos países, el hecho de que las funcionarias les llamen “las niñas” y que las presas se dirijan a ellas como “seño” refuerza el proceso de infantilización a la que se ven sometidas.

El control del cuerpo en las cárceles de mujeres se plasma en la obligación de tener que pedir permiso para todo. Esta obligación les impone un rol de sometimiento que las invalida como personas adultas, reforzando el papel de sumisión impuesto por el patriarcado.

También existe un control del lenguaje, donde se confiscan las palabras: no se puede hablar en alto en las filas, no se puede responder a las funcionarias, no se puede insultar a otra reclusa, no se puede manifestar a gritos la soledad, no se puede exteriorizar la angustia, no se puede… nada. Cualquier intento de apropiación de la palabra desde la autonomía se verá como un exceso, como una expresión de exagerada intensidad, algo a ser sancionado.

Las conductas de las presas también son menos toleradas porque, como indica la socióloga catalana Elisabet Almeda, las actitudes del funcionariado están impregnadas de concepciones sexistas que atribuyen a las mujeres mayor conflictividad, un carácter más irritable y mayor susceptibilidad a la autoridad. Recuerdo las palabras de una gendarme en una prisión chilena que me recalcaba que «Las mujeres son más desobedientes que los hombres. Si. Si. Yo he ido a prestar apoyo en cárceles de hombres y allí yo les digo: «Ya, cállate». Allí se calla, aquí no”.

Este “exceso femenino”, como lo denominan las investigadoras italianas Susanna Ronconi y Grazia Zuffa, es visto como un problema que genera una percepción de mayor dificultad en la gestión de las cárceles de mujeres. Otras veces, las actitudes de mínimas de autonomía se ven como desafíos a la autoridad. Todo ello conlleva sancionar conductas tan nimias como no limpiar una día su celda, no hacer el oficio o tarea encomendada, no levantarse al recuento o no concurrir a la escuela o al taller, aunque haya una justificación.

En las cárceles italianas, por ejemplo, la falta más sancionada es la negligencia en la limpieza personal o de la celda. Esto nos lleva a pensar que se esperan comportamientos «típicos femeninos» de las reclusas y, por lo tanto, se les exigen estándares de limpieza y decoro más altos que los de los hombres.

La vida en la cárcel, regida por el control y la disciplina, dificulta la posibilidad de crear un entorno propicio para el tratamiento y acompañamiento del sufrimiento emocional, lo que sumado a la ausencia de profesionales especializados conlleva un uso discrecional en la prescripción de psicofármacos en las presas. Esta forma de disciplinar y contener, llamada “chaleco químico”, reduce la autonomía emocional y física de las reclusas induciendo a la dependencia química, con los consiguientes daños psíquicos y físicos.

Por otro lado, conlleva sancionar la autodeterminación de las mujeres sobre su salud cuando deciden no salir al hospital, o no tomarse la medicación o reducirla, como me confesaba Claudia, una presa chilena: “No sé todo lo que estoy tomando, solo sé que tomo: ketapina, clonacepán, sertralina, risperidona.  Si no los tomo te anotan y te pueden sacar un parte. Tengo que tomarlo delante de las funcionarias. Le he pedido al psiquiatra que me revise la medicación porque me sienta mal, mira como me tiemblan las manos, pero no me la cambia. Y me ha amenazado con hospitalizarme si no me tomo la medicación. Me están obligando”.

Las cárceles para las mujeres y disidencias son, por tanto, una clara correa de transmisión de los valores de sometimiento y sumisión del patriarcado.

1 La “cuenta” es el recuento del número de reclusas que se hace dos veces al día.

Alicia Alonso Merino. Feminista y abogada de derechos humanos. Realiza acompañamiento socio-jurídico en cárceles de distintos países.

Fuente: https://desinformemonos.org/carceles-y-patriarcado-control-de-la-vida-y-los-cuerpos/

8/24/2024

El patriarcado no cayó ni va a caer. La lucha feminista tampoco

 Resistencia Feminista

Fuentes: https://www.pagina12.com.ar

Sobre la siempre resistencia feminista a los actuales ataques del patriarcado


El ataque, desprestigio, exterminio sutil o feroz de nuestras conquistas, instituciones, palabras, sentidos, es horadante. Sin prisa pero sin pausa, por goteo o en baldazos de agua fría. El patriarcado fascista en el que vivimos por estos días no da tregua, pero amanecemos hoy sacudidas por las violencias de los supuestos aliados.

Sin embargo, los feminismos no pactan con silencios ni trampas. La consciencia feminista es el incesante trabajo de ver en lo que ocurre, no siempre porque está oculto, sino porque construye las categorías para poder ver lo que también encandila, muy expuesto y visible, a cielo abierto y a su vez negado, desmentido, o naturalizado. El patriarcado fue y sigue siendo muchas veces tan indiscutible como el paisaje, el clima, cualquier fenómeno de la naturaleza con el que nacimos y que seguramente nos suceda cuando ya no estemos. Y sin embargo, las luchas feministas, los saberes que han surgido de esas luchas, han encarnado en nosotrxs y en la cultura. El saber primero y último es probablemente que ninguna conquista está garantizada ni previene o evita que “ver” siga siendo un trabajo y que no puede hacerse en solitario. Ver no es una función que comprometa únicamente a nuestros ojos sino que moviliza e implica todos nuestros órganos y nuestra sensibilidad, carnal, corpórea y simbólica.

Los feminismos no vacunan contra la invisibilización con la que el poder patriarcal opera. Los feminismos luchan. Como cualquier lucha política se da de bruces, tiene férreos enemigos y no admite descanso. No nos callamos más es un slogan, un motor, un conjuro. Lo repetimos no sólo para que nos escuchen sino también para escucharnos nosotras. No nos callamos ni nos caemos, y si nos caemos y nos callamos nos levantamos, alzamos la voz, o susurramos, balbuceamos, buscamos las palabras, las forjamos junto a otrxs, las inventamos si hacen falta.

El patriarcado goza de excelente salud y tiene hijos sanos e indolentes. A veces los reconocemos a simple vista, muchísimas otras no. Lleva tiempo. Las luchas feministas no empiezan ni terminan hoy. Nuestros dolores y heridas son parte de nuestra potencia. El patriarcado no se cayó, pero nosotras tampoco.


Fuente: https://www.pagina12.com.ar/759139-el-patriarcado-no-se-cayo-ni-se-va-a-caer-la-lucha-feminista

8/10/2024

Madre, esposa y antifeminista: el papel de las trad wives en las ambiciones ultraderechistas

Berta Gómez Santo Tomás

¿Cuál es tu VMS? Esta es una de las preguntas iniciales que puede encontrar una usuaria al interesarse por la comunidad de las trad wives (forma acortada del inglés traditional wives, esposas tradicionales, en castellano). VMS son las siglas de “Valor en el Mercado Sexual” y miden el deseo sexual que una mujer despierta en un hombre: son ellos quienes otorgan una nota del 1 al 10 y esta es variable según el gusto de cada uno.

Las llamadas trad wives –organizadas bajo este nombre particular– constituyen un movimiento nacido en internet, en principio minoritario, pero que ha ido ganando popularidad e influencia en el discurso público de Estados Unidos y Europa durante los últimos años. El perfil de una trad wife, a grandes rasgos, es el de un ama de casa que prefiere servir a su marido y tener hijos e hijas en lugar de trabajar fuera del hogar. Mujeres cristianas que se oponen al feminismo, creen en el determinismo biológico que divide la función de hombres y mujeres en la sociedad y proclaman que las familias merecen reconocimiento social. Su ideario político está en sintonía con el autoritarismo nostálgico de la extrema derecha.

El perfil de una trad wife, a grandes rasgos, es el de un ama de casa que prefiere servir a su marido y tener hijos e hijas en lugar de trabajar fuera del hogar

“Estas mujeres, al igual que los activistas por los derechos de los hombres, perciben los roles de género como el resultado de la economía del sexo”, explica la periodista Julia Ebner en La vida secreta de los extremistas (Temas de hoy), que se ha infiltrado en unos de estos grupos online para saber como funcionan. “La comunidad heterosexual, creen, debería percibirse como un mercado en el que las mujeres venden sexo y los hombres lo compran. En consecuencia, para estos grupos el recurso más importante de una mujer es su VMS”, añade.

Cuando la periodista le pregunta a una de las integrantes del grupo por qué no se valoran otros factores como la inteligencia o el humor, ella contesta que “la feminidad y la edad son las cualidades más importantes para atraer a los hombres. La educación, la carrera o el lugar de trabajo no influyen en el VMS de una mujer. Piénsalo, esos valores no aumentan la satisfacción sexual de su pareja masculina”. Otra participante comenta a continuación que si Ebner no quiere que baje su VMS, debe prestar atención a su número n, “ya sabes, el número de pollas. La naturaleza humana del hombre es desear cada vez menos a una mujer conforme el número de n de esta aumenta”.

Internet: lugar de origen y desarrollo

El movimiento de las trad wives surgió en 2012 como el equivalente femenino de The Red Pill: una comunidad misógina de Reddit, el foro más grande de internet, donde se pretendía “generar debates sobre estrategia sexual en una cultura que carece cada vez más de una identidad masculina”. Algunos de los foros cuentan con millones de miembros: PUA (artistas del ligue, según sus siglas en inglés), donde se enseña a manipular las mentes de las mujeres para ligar; MGTOW, una comunidad anti matrimonio; o la que es la plataforma más grande y violenta hasta el momento, Celibato Involuntario (incel, por su acrónimo en inglés), un movimiento de hombres que busca venganza porque las mujeres de hoy en día no quieren acostarse con ellos.

“Estos grupos siguen estrategias diferentes para reconquistar el poder masculino, el orgullo y el privilegio, pero todos comparten una hostilidad manifiesta hacia el feminismo, el liberalismo y los roles de género modernos”

Aunque en un primer momento –y aún hoy en un enorme porcentaje– The Red Pill se constituyó como un movimiento exclusivamente masculino, el sector femenino ya tiene su aportación concreta: existen unas 30.000 mujeres solo en Reddit que se autodenominan trad wives o red pill woman. Como expone Ebner, “estos grupos siguen estrategias diferentes para reconquistar el poder masculino, el orgullo y el privilegio, pero todos comparten una hostilidad manifiesta hacia el feminismo, el liberalismo y los roles de género modernos. Ridiculizan movimientos como el #MeToo y acusan a las activistas por los derechos de la mujer de ser feminazis”.

Sería un error considerar que estas comunidades solo se desarrollan en lugares oscuros de internet. “La rebelión incel ya ha comenzado”, escribió en Facebook Alex Minassian, un chico de 25 años, antes de matar a 10 personas en Toronto atropellándolas con su furgoneta. Y lo mismo ocurre con las trad wives: internet solo es su lugar de reunión, un espacio para compartir acciones que tienen un anclaje sólido en su forma de participar en el mundo.

Sus post y vídeos están cargados de colores pastel, paisajes bucólicos, panes horneados con ingredientes “naturales”, sonrisas y niños y niñas rubios

Sus tentáculos ideológicos han perpetrado las redes sociales mainstream. #tradwife es un hashtag con 43 millones de menciones en Instagram y 84 millones de visualizaciones en TikTok, la red social donde más horas pasa hoy la generación Z (personas nacidas entre 1995 y 2009). Bajo este paraguas se reúnen críticas al feminismo radical, recetas de cocina, consejos para la crianza y formas de aumentar tu VMS. Sus post y vídeos están cargados de colores pastel, paisajes bucólicos, panes horneados con ingredientes “naturales”, sonrisas y niños y niñas rubios. Las mujeres tradicionales siguen en sus perfiles de redes sociales una estética particular, la de la esposa estadounidense de los años 50.

Pero existe una gran diferencia con ellas: si antes esta era sencillamente la vida que estaban obligadas a vivir la mayoría de las mujeres por el hecho de serlo, las trad wives del siglo XXI trabajan en una campaña para promocionar su forma patriarcal de ordenar al mundo. Es decir, son más bien influencers de los años 50: utilizan un lenguaje publicitario que vende la vuelta al hogar como una aspiración y una lucha diaria contra lo establecido. “Creo que mi vida adulta ha sido muy diferente de lo que es normal hoy en día: estoy casada y he sido mamá desde los 18 años. Solo Dios sabe cuánto dolor me infligí a mí misma y a los demás al no escuchar siempre la voz de coraje que encontré a esa edad. Todavía me causa dolor vivir con las consecuencias de haberme apoyado en la narrativa común de lo que es el éxito femenino”, escribió en Instagram para celebrar su cumpleaños la danesa Ekaterina Andersen, (@ekaterinaandersen), una de las trad wives con más influencia en Europa.

“Al autopromocionarse participan activamente de la esfera pública de una forma que nunca se habría permitido a un ama de casa subordinada en el sentido histórico”

Para la filósofa alemana Catherine Newmark este trabajo en redes sociales les otorga un estatus bien diferente al de antaño, “las trad wives no son solo amas de casa, esposas y madres, como pretenden ser”, expone en un artículo publicado en Zeit online. “Como estrellas de Instagram reciben mucha atención en forma de ‘me gusta’ y comentarios, algo que no se suele recibir por el trabajo reproductivo, ni por las repetitivas y anodinas tareas de limpieza y cocina en el día a día del hogar. Al autopromocionarse participan activamente de la esfera pública de una forma que nunca se habría permitido a un ama de casa subordinada en el sentido histórico”. Newmark concluye que resulta incluso difícil imaginar que este laborioso trabajo de autopromoción identitaria –sesiones de fotos, larguísimos textos, grabación de podcast y mantenimiento de páginas web– sea compatible con las tareas “femeninas” que se enorgullecen de realizar.

¿Quién quiere ser una trad wife?

El auge del movimiento #tradwife no puede entenderse sin las políticas neoliberales que han creado un mercado laboral precario, ultracompetitivo, donde predominan los trabajos temporales y la inseguridad. Su discurso neoconservador explota el malestar social de las clases populares del mismo modo que la ultraderecha.

Despliegan también su discurso de odio hacia la comunidad LGTBIQA+ por perturbar sus planes binaristas. En sus foros, la homosexualidad se puede curar y la transexualidad, que apenas se nombra, es una monstruosidad

El diagnóstico de la actualidad es para las trad wives igual de catastrofista que para los sectores reaccionarios: las mujeres blancas son más infelices que en 1950 y ya no tienen criaturas porque deben trabajar una doble jornada, dentro y fuera de casa. Este ejercicio nostálgico ofrece una exposición simple que los datos parecen corroborar y, al mismo tiempo, demuestra su incapacidad de avanzar hacia otros imaginarios: las esposas de la ultraderecha consideran que invertir los roles y dejar su papel familiar no es posible para la mayoría. Es entonces cuando se despliega el argumento biológico: las mujeres están programadas para estar en casa –como madres y cuidadoras– y los hombres están hechos para ganar dinero en el sistema productivo. Y sobre esta base despliegan también su discurso de odio hacia la comunidad LGTBIQA+ por perturbar sus planes binaristas. En sus foros, la homosexualidad se puede curar y la transexualidad, que apenas se nombra, es una monstruosidad.

Frente al descenso de la natalidad, “no podemos renovar nuestra nación con los bebés de otros”, exclama Ayla Stewart como solución a la idea del “gran reemplazo” que proclaman los partidos de extrema derecha

Ayla Stewart es una de las trad wives más conocidas en Estados Unidos, responsable de popularizar el uso de este término en los medios tradicionales tras su apoyo al expresidente Donald Trump en la campaña de 2016. Hoy, lo primero que aparece en su página web Wife with a purpose (esposa con una misión) es un mensaje en letras grandes debajo de su foto: “La madre cristiana más censurada en Estados Unidos”. Stewart, con una marcada estética hiperfemenina, afirma ser una “exfeminista” y partidaria del “nacionalismo blanco”. Lo que ella considera censura se ha producido tras años publicando vídeos en diferentes canales en los que pedía a las mujeres que se sumaran al “reto del bebé blanco”. Frente al descenso de la natalidad, “no podemos renovar nuestra nación con los bebés de otros”, exclama, como solución a la idea del “gran reemplazo” que proclaman los partidos de extrema derecha.

Stewart sirve como paradigma del papel que han cumplido las trad wives en el ascenso de la ultraderecha durante los últimos años, transformando su imagen de una forma muy concreta. Tal y como explica la periodista Susanne Kaiser en el libro Odio a las mujeres (Katakrak), “estas mujeres aparentemente inofensivas quieren participar en una guerra racial imaginada con sus armas de mujer (que se reducen a la capacidad de dar a luz y criar a los hijos). Sin embargo, también hablan del legítimo deseo de sentirse realizadas en una vida matrimonial clásica y en la maternidad y de este modo alejan la atención del contenido extremista. Con sus bonitos rostros de niña y su actitud, que se puede confundir fácilmente con conservadurismo, estas jóvenes quieren conseguir una normalización en el centro de la sociedad”. Silenciando el núcleo violento de su ideología en los canales de marketing, estas mujeres son las encargadas de transmitir la idea, explica Kaiser, de que un “estilo de vida identitario” puede ser agradable, tranquilo y, por último, deseable.

Cada vez más, el movimiento #tradwife tiene influencia en la política institucional. En Polonia, el partido ultraderechista Ley y Justicia (PiS, por sus siglas en polaco) llegó al poder en 2015 gracias al voto femenino: más mujeres que hombres votaron por un partido que quería limitar sus derechos reproductivos y que consideraba una “amenaza a los grupos LGBTI”. ¿Por qué lo hicieron? Una de las primeras medidas que tomó el PiS tras alcanzar el poder fue lanzar el programa Familia 500+, concediendo a las familias una asignación mensual a partir del segundo hijo o hija y un bono especial si llega inmediatamente después del primer nacimiento. También se aprobó la concesión de 1.000 euros para aquellas mujeres que dieran a luz criaturas con una enfermedad terminal o discapacidad grave. Las madres de cuatro hijos o hijas o más tendrían derecho a una pensión básica aunque no hubieran trabajado y la edad de jubilación de las mujeres se redujo a 60 años –la de los hombres es de 65–.

Aunque estas medidas han beneficiado a muchas familias desde el punto de vista económico, también han expulsado a las mujeres del mercado laboral y empobrecido los hogares que no entran en la categoría de familia normativa. Y lo que es peor: hoy podemos comprobar que las medidas allanaron el camino para la prohibición casi total del aborto –también en casos de malformaciones en el feto–, provocando situaciones de extrema violencia e incluso a la muerte, para algunas embarazadas. Como han denunciado las miles de mujeres feministas que salieron a la calle para protestar por esta restrictiva ley, las ayudas de Familia 500+ empoderaron a algunas a costa de aumentar la precariedad de otras.

Esto sintetiza bien la situación del movimiento trad wives: al definirse en primer lugar como antifeministas, siempre estarán supeditadas al feminismo. Paradójicamente, la visibilidad y la influencia pública que tienen sobre millones de mujeres solo es posible gracias a las ideas que denigran. Pero como demuestra el caso de Polonia, y de su creciente impacto en la política institucional en Estados Unidos y otros países de Europa, el hecho que sean figuras de contingencia ligadas al feminismo las hace más peligrosas que si fuesen un movimiento silencioso y abnegado de repliegue al hogar.

Este reportaje fue publicado en el monográfico de Odios, en noviembre de 2022. Puedes conseguir un ejemplar en papel en nuestra tienda online.

Download PDF