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8/01/2026

OEA llama a frenar publicidad que promueve estereotipos y violencia

El Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (MESECVI) alertó que campañas publicitarias difundidas en Jamaica, Belice y otros países del Caribe anglófono vulneran los principios de la Convención de Belém do Pará al presentar a las mujeres como objetos sexuales.

De acuerdo con el organismo especializado de la Organización de los Estados Americanos (OEA), estas campañas fueron promovidas por una empresa de bebidas alcohólicas y reproducen imágenes hipersexualizadas que refuerzan estereotipos discriminatorios, además de contribuir a normalizar la violencia contra las mujeres.

La publicidad también puede ser una forma de violencia simbólica

Las expertas explicaron que este tipo de mensajes no sólo afectan la representación de las mujeres en el espacio público, sino que constituyen una manifestación de violencia simbólica al reforzar patrones culturales que perpetúan la desigualdad y la discriminación.

Ante ello, hicieron un llamado a los Estados parte de la Convención de Belém do Pará para fortalecer las políticas destinadas a prevenir y erradicar la difusión de mensajes e imágenes que reproduzcan estereotipos sexistas y favorezcan la normalización de la violencia de género.

Empresas y medios tienen responsabilidad en la prevención de la violencia

El MESECVI también exhortó a empresas, agencias de publicidad y medios de comunicación a revisar sus contenidos para garantizar que respeten los estándares internacionales de derechos humanos de las mujeres y contribuyan a promover una cultura de igualdad.

El organismo recordó que la Convención de Belém do Pará establece la obligación de los Estados de modificar progresivamente los patrones socioculturales que legitiman la violencia contra las mujeres, impulsar programas de sensibilización y promover directrices para que los medios de comunicación contribuyan a erradicar este tipo de violencia.

¿Qué establece la Convención de Belém do Pará?

Adoptada en 1994, la Convención de Belém do Pará es el principal tratado interamericano para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Reconoce que esta violencia constituye una violación a los derechos humanos y obliga a los Estados que la han ratificado a desarrollar leyes, políticas públicas y acciones para prevenirla, sancionarla y garantizar el acceso de las víctimas a la justicia.

Entre sus disposiciones, el tratado establece que los Estados deben transformar los patrones socioculturales que reproducen la discriminación y fomentar que los medios de comunicación y el sector privado promuevan contenidos libres de estereotipos de género, objetivo que el MESECVI recordó tras denunciar la difusión de campañas publicitarias que cosifican a las mujeres.

De los medios a las redes sociales: así sobreviven los estereotipos sobre las madres

 

La imagen de las madres que aparece en películas, telenovelas, series y ahora también en redes sociales, como Instagram, Facebook y Tik Tok continúa respondiendo a un modelo que las vincula casi exclusivamente con el cuidado, el trabajo doméstico y la familia. Aunque las plataformas digitales han transformado la forma de consumir contenidos, el discurso que sostiene estos estereotipos permanece vigente.

Así lo afirmó la investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM, Aimée Vega Montiel, en entrevista para UNAM Global Revista. La especialista advirtió que los medios de comunicación siguen siendo uno de los principales espacios donde se reproducen desigualdades de género y violencia simbólica contra las mujeres.

La figura de la madre sigue asociada al cuidado y la domesticidad

De acuerdo con la especialista en derechos humanos de las mujeres en los medios y el entorno digital, históricamente la representación femenina ha estado marcada por estereotipos sexistas que presentan a las mujeres como personas destinadas a cuidar de otras personas y a permanecer en el ámbito privado.

Desde la investigación feminista en comunicación, estos discursos son entendidos como parte de un sistema simbólico que limita la participación de las mujeres en el espacio público y condiciona la forma en que la sociedad comprende la maternidad.

Vega Montiel retomó el concepto de «madre-esposa», desarrollado por la antropóloga feminista Marcela Lagarde, para explicar cómo la identidad femenina continúa construyéndose alrededor del trabajo doméstico y de cuidados.

Este modelo convierte a las mujeres en responsables principales de sostener la vida cotidiana, una labor indispensable que, sin embargo, permanece invisibilizada y carece de reconocimiento político, económico y social.

Cambia el formato, pero no el discurso sobre la maternidad

La investigadora señaló que, aunque las narrativas audiovisuales parecen mostrar mujeres más independientes o empoderadas, muchas producciones siguen sexualizándolas o situándolas como responsables del hogar y de la vida afectiva.

Para la académica, este fenómeno también puede observarse en tendencias digitales como las llamadas tradwives o esposas tradicionales, que promueven el regreso a roles tradicionales de género bajo una apariencia de libre elección.

Lejos de representar una ruptura con el pasado, explicó, estas narrativas constituyen una reconfiguración contemporánea del mismo modelo patriarcal.

La violencia simbólica también se reproduce en las plataformas digitales

La especialista explicó que la teoría feminista en comunicación ha desarrollado conceptos como la «aniquilación simbólica», que describe la invisibilización de las mujeres como sujetas de derechos en los medios, así como la «mirada masculina», que analiza cómo la industria audiovisual representa a las mujeres desde una perspectiva predominantemente masculina.

Estas representaciones, dijo, no solo aparecen en televisión o cine, sino también en redes sociales, plataformas digitales y servicios de streaming.

Por ello, definió al ecosistema mediático como «el brazo cultural del patriarcado», ya que amplifica representaciones discriminatorias que resultan rentables para las industrias de la comunicación.

La educación mediática, una tarea pendiente en México

Frente a este panorama, Vega Montiel subrayó la importancia de impulsar políticas de alfabetización mediática que permitan formar audiencias críticas capaces de cuestionar los mensajes que consumen diariamente.

Desde la década de 1970, explicó, existen propuestas internacionales para incorporar la educación para los medios desde edades tempranas; sin embargo, en México estas políticas no se han implementado de manera sistemática.

Asimismo, señaló que la responsabilidad no puede recaer únicamente en las personas consumidoras de contenidos, sino también en el Estado, que ha sido omiso en garantizar una educación mediática con perspectiva de derechos humanos y de igualdad de género.

Los compromisos internacionales para eliminar los estereotipos de género

La erradicación de los estereotipos sobre las mujeres en los medios de comunicación no solo constituye un desafío cultural, sino también una obligación en materia de derechos humanos. Instrumentos internacionales como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), adoptada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), establecen que los Estados deben adoptar medidas para eliminar los prejuicios y prácticas basadas en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos, incluidos aquellos que se reproducen a través de los medios de comunicación.

En el ámbito regional, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como Convención de Belém do Pará, reconoce que la violencia contra las mujeres también se sostiene mediante patrones socioculturales discriminatorios y estereotipos de género. Por ello, llama a los Estados a impulsar políticas públicas y acciones que promuevan representaciones igualitarias y contribuyan a prevenir la violencia simbólica.

1/10/2026

Autoinvitarse a tu casa. Alertan estrategia de citas para evaluar a mujeres con los valores tradicionales

 

Desde la red social X, Sara originaria de Honduras publicó el mensaje «Ojo con decirle a un hombre hoy en día que vives sola, porque te quieren invitar a salir a tu casa y cenar con tu comida». Esto despertó la alerta de más de mil mujeres no solo de Honduras, sino de América Latina, quienes de inmediato compartieron sus propias experiencias creando así un hilo extenso con pruebas y testimonios confirmando el fenómeno.

Los relatos coincidieron en un punto central, estos hombres no solo se autoinvitan a las casas una vez que saben que las mujeres viven solas, sino que lo hacen con la expectativa explícita de ser atendidos. Esperan que ellas cocinen, pongan el espacio y asuman el rol de anfitrionas y cuidadoras; mientras ellos aporta

12/20/2025

Juicio contra mujeres en confrontación en Congreso CDMX exhibió mandatos de género

Los golpes, la rudeza, la confrontación e incluso la violencia son mandatos de género adjudicados a los hombres y esto se espera de ellos, no obstante, a las mujeres se les crece y desarrolla con mandatos distintos que incluyen la docilidad, la calma, el silencio y hasta la resignación, pero la política es un escenario que va más allá de cabildeos, las negociaciones tienen un tono elevado que ha sido respaldado por el Tribunal Electoral del Poder Superior de la Federación, al cual han excluido de la violencia política de género, pero lo exhibido en el Congreso de la Ciudad de México nos muestra que a la vara con la que se mide a hombres y mujeres es distinta.

Este enfrentamiento entre las legisladoras ocurrió durante la sesión ordinaria del Congreso, mientras se discutía el dictamen que extingue el Instituto de Transparencia, Acceso a la Información Pública, Protección de Datos Personales y Rendición de Cuentas de la Ciudad de México (InfoCDMX) y crea un nuevo órgano de transparencia adscrito a la Contraloría Jurídica; sin embargo, la conversación social no se centró en dicha modificación, sino que se trasladó únicamente al acto de violencia.

Cabe señalar que no es la primera vez que suceden actos de agresividad entre las y los funcionarios públicos, pero hay que poner bajo la mira que en su mayoría son protagonizados por hombres. Prueba de ello, se suscitó hace algunos meses entre Alejandro Moreno y el presidente de la Mesa Directiva de dicho recinto, Gerardo Fernández Noroña, de Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA).

Este evento fue abordado mediáticamente desde la burla y la trivialización, pese a que durante el enfrentamiento se registraron agresiones verbales, empujones, gritos, imposiciones, manotazos y encaramientos; incluso, la violencia se trasladó al ámbito digital, donde fue justificada.

 Además, más allá de señalar responsabilidades individuales, es importante no perder de vista que ambos legisladores involucrados en el encontronazo cuentan con denuncias previas en su contra por parte de legisladoras, quienes los han acusado por violencia política de género, pese a ello, ninguno de los dos ha sido sancionado, ni castigado socialmente.

Castigo diferenciado 

¿Por qué el castigo social frente a actos agresivos resulta desproporcionado cuando quienes los cometen son mujeres y no hombres?

Este dilema es abordado por el colectivo Criminología Feminista, quienes señalan que la sociedad patriarcal ha normalizado juzgar con mayor severidad a las mujeres, a quienes se les exige perfección y cuidado, mientras que a los hombres se les permite ser imperfectos, impulsivos o incluso agresivos sin enfrentar el mismo nivel de sanción social.

En el caso de las legisladoras, el episodio llegó incluso a medios internacionales y acaparó la agenda informativa, lo que derivó en un señalamiento y un doble juicio, pues más allá de la indignación de los actos violentos y agresivos cometidos, fueron juzgadas por ser mujeres, ya que este tipo de conductas no se ajustan a los mandatos de género socialmente establecidos.

Criminología Feminista apunta que, cuando las mujeres cometen errores o toman decisiones que no se ajustan a las expectativas sociales, suelen ser culpabilizadas y sometidas a mecanismos de vergüenza, lo que incluso puede llevarlas a juzgar a otras mujeres que atraviesan situaciones similares. En contraste, los hombres suelen ser exonerados de culpa y vergüenza, y se les permite “aprender de sus errores” sin enfrentar las mismas consecuencias sociales.

Asimismo, aclara que esta postura no plantea la tolerancia hacia violencias ejercidas por mujeres, sino que evidencia cómo las equivocaciones y las violencias se encuentran socialmente normalizadas cuando provienen de varones, a quienes se les concede mayor permisividad para cometer errores o ejercer violencias sin enfrentar el mismo nivel de señalamiento mediático.

Señalar la violencia machista en espacios de poder 

Tal como advierte la colectiva feminista, no se trata de justificar ningún tipo de violencia ejercida por mujeres; sin embargo, es importante poner sobre la mesa cómo, en los espacios políticos, los hombres han sido exonerados de distintos actos de agresión, violencia e incluso delitos, sin que haya ningún tipo de sanción

Evidencia de ello se ha observado a lo largo de los años, en diversos casos que involucraron a diputados y servidores públicos. Uno de ellos fue el de Cuauhtémoc Blanco, exjugador del América y actual diputado federal de Morena, quien fue señalado por violencia sexual en grado de tentativa contra Nidia Fabiola N., su media hermana, quien lo denunció dos meses después de los hechos.

Pese a que se presentó una solicitud de desafuero en la Cámara de Diputados para permitir su investigación, el proceso fue bloqueado. Con 291 votos, el pleno negó discutir el retiro del fuero del legislador, lo que impidió que avanzara la indagatoria en su contra.

Otro ejemplo es el del senador Félix Salgado Macedonio, acusado en 2021 de violencia y acoso sexual contra Basilia N., cuando era menor de edad, así como por otra mujer que trabajó para él cuando dirigía La Jornada de Guerrero. A pesar de que las denuncias se hicieron públicas hace siete años, el funcionario continúa en funciones y sigue siendo una figura relevante dentro de Morena. 

Tal como ha ocurrido con estos dos personajes, que continúan concentrando poder pese a las denuncias por abusos sexuales, la lista se extiende; sin embargo, han sido librados de responsabilidad y sanción, e incluso han sido arropados por sus propios partidos, lo que evidencia una vez más que la respuesta social e institucional no es la misma para hombres y mujeres.

11/15/2025

Dermatilomanía o lacerar la piel, trastorno en mujeres por presión social para mejorar apariencia

 

Ciudad de México.- Tocar, rascar, frotar, apretar, morder o excavar la piel puede parecer un gesto cotidiano, pero cuando se vuelve repetitivo y compulsivo hasta el punto de provocarse laceraciones, se trata de uno de los signos más claros de la dermatilomanía, un trastorno que, mayoritariamente, son las mujeres quienes la desarrollan debido a los constantes mensajes y presión para mejorar su apariencia física.

Además de que son las mujeres quienes desarrollan más ansiedad, en entrevista para Cimacnoticias, la dermatóloga e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, Ana López, mencionó que ellas encuentran un escape en su piel a diferencia de los hombres, quienes lo hacen refugiándose en las adicciones. Esto tiene que ver con que ellas tienen una fijación de su apariencia desde que son niñas debido a los estereotipos de género y estándares de belleza impuestos en las sociedades patriarcales; sin embargo, en esta paradoja dónde sienten que esa costra, grano o pellejo de la piel “no debería estar ahí” y de esta manera terminan por lastimarse inconscientemente.

La dermatilomania comienza a desarrollarse en la infancia, pero es a los veinte años cuando se dispara el pico en las mujeres porque socialmente comienzan a ponerle mayor atención a su apariencia provocando que incluso se realicen operaciones estéticas para modificar partes de su cuerpo y alcanzar el estándar hegemónico.

No obstante, dentro dicha acción, en algunas ocasiones las mujeres desarrollan dismorfia corporal, es decir, cuando existe preocupación excesiva por su apariencia.

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De acuerdo con el artículo «Dermatilomanía o trastorno de escoriación. Una revisión.» de Erik I. Rivera1 y Roberto Arenas, existen algunas cifras que permiten dimensionar la situación, por ejemplo, se estima que la prevalencia de este padecimiento es de al menos 1.4% en la población general, pero del 4.2% al 9% en la población adulta de entre 20 a los 45 años. Asimismo, se prevé que tres cuartas partes de las personas que padecen esta enfermedad son mujeres, es decir el 75%.

La dermatóloga e investigadora explicó que, la dermatilomanía es una enfermedad que no solo se aborda como un tema dermatológico sino psicológico, pues está catalogada dentro del grupo de la psicosis, es decir, este grupo de enfermedades donde la parte emocional afecta la piel. Datos del Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones señalan que las mujeres de 30 a 49 años son más propensas a desarrollar episodios psicóticos (45.6%).

Ana López también apuntó que, las personas que suelen desarrollar dermatilomanía muestran señales de tener ansiedad, presión o angustia. Durante 2024, en México atendió a 303 mil 356 personas por distintas condiciones de salud mental; sin embargo, resulta relevante que 205 mil 336 fueron mujeres y las condiciones con mayor prevalencia en ellas fueron depresión (78.8%) y ansiedad (73.4%), según el Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones.

Depresión en mujeres un trastorno mental, también por factores sociales – cimacnoticias.com.mx

Crédito: Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones.

Al generar estos trastornes emocionales, las personas con dermatilomanía encuentran gratificante el rascarse o pellizcarse la piel porque su cuerpo genera «sustancia P». De acuerdo con Ana López, se trata de una molécula química que el sistema nervioso libera para relajar el cuerpo cuando hay sensaciones de dolor tras una cortada o quemadura, pero también cuando hay estrés emocional intenso —ya que el cuerpo reacciona de manera similar al dolor físico— convirtiéndose en un estimulante.

Asimismo, la dermatilomania también comparte algunas características de la tricotilomania (arrancarse el cabello), la tricofagia (la ingesta de cabello) o la onicofagia (comerse las uñas). Es decir, que no solo rascan partes de la piel sino que las arrancan y las ingieren, ya que encuentran una sensación de alivio al hacerlo o un beneficio secundario: “es parte de la sensación de alivio, así como hay personas que comen por por ansiedad, eso es lo mismo.”, compartió la dermatóloga.

En consecuencia, las personas con dermatilomania suelen causarse ulceraciones en la piel y en algunos casos se puede desfigurar la zona afectada: «Es posible que se originen a partir de una lesión menor secundaria, a alguna dermatosis, o en piel sana independientemente de cualquier otra patología.», según determina el artículo de Erik I. Rivera1 y Roberto Arenas.

«Estas lesiones se encuentran en zonas de fácil acceso a las manos, y en general afectan la cara, brazos, antebrazos, muslos, piernas y parte la superior del tronco. Otras alteraciones comúnmente observadas son: onicofagia (65%), tricotilomanía (10%), queratinofagia (59%), succión labial de repetición (50%), mordeduras de los carrillos (23%), espasmos palpebrales (15%) y/o movimiento corporal espontáneo automatizado
(9 por ciento)» -Erik I. Rivera1 y Roberto Arenas

Otros efectos son el enrojecimiento y erosiones de la piel, cicatrices evidentes, cicatrización queloide, infecciones que puedan necesitar antibióticos o procedimiento quirúrgico como colocar algún injerto en la piel. A su vez, tener estas laceraciones ocasionan vergüenza y culpa llevando a las mujeres a utilizar formas de camuflaje como maquillaje, prendas de vestir o vendajes en un intento por esconder su piel.

Crédito: Canva

Las mujeres que buscan un escape en su piel

Desde la visión del patriarcado, la subordinación de las mujeres se ha sustentado principalmente en la dominación de los cuerpos femeninos, según establecen Alda Facio y Lorena Fries en su artículo ‘Feminismo, género y patriarcado’. Este es ejercido por los hombres y las instituciones que ellos han creado -como la medicina, el derecho y la religión- con el fin de controlar su sexualidad y capacidad reproductiva.

Por otro lado, las autoras mencionan que durante la etapa de socialización de las mujeres y niñas son obligadas a reprimir su realidad y se les impone otra, por lo que cuando se convierten en adultas son susceptibles al dominio y explotación. La realidad impuesta opera a nivel mental y físico, siendo el cuerpo de las mujeres el que tiene una consecuencia efectiva que comienza en su seno familiar.

El articulo «La violencia estetica» del Centro de Promoción de los Derechos Humanos de Niñas, Niños y Adolescentes en Guajanuato (NIMA) sostiene que este tipo de violencia implica narrativas, representaciones y prácticas que presionan a las mujeres a cumplir con los estereotipos de belleza impuestos. Es una forma de discriminación y exclusión para quienes no cumplen los estándares e históricamente se ha ejercido sobre las mujeres bajo un sistema patriarcal y machista.

Asimismo, señalan que se manifiesta como una forma de control y discriminación hacia las mujeres, quienes desde niñas enfrentan la presión de cumplir con mandatos de belleza que idealizan la juventud eterna, el cuerpo delgado y ciertos rasgos físicos. Se trata de una violencia que atraviesa todas las edades donde los cuerpos femeninos se conciben como objetos de consumo en una cultura que normaliza estas exigencias.

Para atender la dermotilomanía, se necesita de atención multidisciplinaria en el que se conjunte la atención dermatológica y psicológica, pero para poder realizar el diagnóstico se necesita hablar del tema para entender la razón social que atraviesa la paciente.

«Hay que explicarles que es una enfermedad que no están fingiendo (…) se tiene que tratar de manera disciplinada, porque si yo no le quito el acné a la niña, se lo va a seguir haciendo, pero también si no le quito la ansiedad, pues el acné no se lo voy a quitar en dos días y va a seguir teniendo acné por mucho tiempo, nada más lo voy a mejorar.» -Ana López, dermatóloga e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

«¿Cómo hablar del tema sin estigmatizar la enfermedad?» Para la dermatóloga, es necesario hacer conciencia que, debido a las presiones sociales sobre las mujeres, así como reconocer la ansiedad y depresión en las niñas y adolescentes, junto con las señales que dan en esas edades. Por otro lado, se debe proporcionar las herramientas para que aprendan a relajarse sin juzgarlas.

Cuando ya desarrollan el trastorno, existen técnicas que pueden ayudar a que sean más conscientes de lo que hacen como contar, hacer introspección, la técnica de la liga, aprender a no pensar en situaciones del futuro que no pueden manejar, meditar, repetir frases, entre otras que entrenan la mente para no lastimar su piel. No obstante, también se necesita de la acción dermatológica como encontrar el jabón o shampoo adecuado para su piel, proporcionar medicamentos o hasta enseñarles a tratar sus heridas físicas.

11/01/2025

Hierberas, herejes, brujas y hechiceras. Juicios de la Santa Inquisición contra mujeres

 

Estas mujeres juzgadas como hierberas, blasfemas, herejes o hechiceras fueron juzgadas así por su etnia, por el uso del conocimiento herbolario o simplemente por su género y así resistieron los embates de la ortodoxia religiosa masculina y el estricto orden social que mandató silencio y castigo contra ellas.

Es importante decir que la inquisición mexicana no se pautó propiamente hasta 1571 cuando el Santo Oficio de la Inquisición llegó a Nueva España, pero la realidad es que varias décadas antes ya existían inquisidores y obispos asentados en la -entonces- colonia, como Juan de Zumárraga quien llegó a México en 1539 y también usó su poder clerical para condenar a quien consideró oportuno y determinó la pena de muerte contra un familiar directo de Nezahualcóyotl, es decir, la muerte forma parte de los castigos.

Esta inquisición mexicana construyó su propio palacio que hoy funge como el Museo de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. Los miembros de este poderoso órgano virreinal se mantuvieron activos por un total de 249 años; años en los que se produjeron atropellos, violencias, injusticias y sentencias torcidas contra centenares de personas, puntualmente, contra 324 y 50 homicidios, según documenta el historiador Rogelio Álvarez en la Enciclopedia Mexicana. 

Pero dentro de este aparato de juicio social tenía reglas no obstante su jurisdicción fue ampliándose y fueron las mujeres uno de sus objetivos, es decir, debían establecer un estricto orden para ellas, Palmira García Hidalgo en su texto Las mujeres y la Inquisición Novohispana publicado por la Universidad de Sevilla nos indica que

«La práctica inquisitorial novohispana no tenía jurisdicción para actuar sobre los indígenas, siendo los españoles, criollos, mestizos y mulatos objeto de su competencia. De ahí la relevancia de las castas. Con el tiempo, la expansión lógica del mestizaje incrementó la competencia del tribunal. Gran importancia tendría, además, su actuación respecto al sexo femenino, ya que no solo se buscaba mantener la ortodoxia católica; también se trataba de salvaguardar un determinado orden social, razón por la cual en los territorios americanos el control de las mujeres fue considerado más necesario, incluso, que en la Península».

Cuadro de Castas, Museo Nacional del Virreinato. Fuente: Mediateca Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, CC BY-NC-ND 4.0 (https://mediateca.inah.gob.mx/islandora_74/islandora/object/pintura%3A2123)

Pero la pregunta es ¿cuántas de estas sentencias fueron dictadas contra mujeres?, ¿quiénes eran? Bajo esta premisa, Cimacnoticias consultó al Archivo General de la Nación para nombrar a aquellas quienes fueron juzgadas como brujas, hechiceras, hierbas o apóstatas por el Santo Oficio.

Mulata, india y bruja: la mirada colonial y de casta

Consultando los registros del Archivo General de la Nación (AGN) Cimacnoticias encontró una serie de coincidencias importantes y es que, la mayoría de las mujeres que fueron señaladas de brujería eran provenientes de comunidades indígenas, esclavas o negras.  Esto dibuja una clara línea que conecta el proceso inquisitorio con otros sistemas de opresión, además del patriarcado, el colonialismo ejerció una cruda violencia y criminalización en contra de mujeres, particularmente, aquellas -citando- «mulatas libres» e «indias» que habitaron el sur del país. 

En Mujeres afrodescendientes en la Nueva España del Instituto de Investigaciones Históricas, dan una lectura sobre las mujeres afrodescendientes desde una perspectiva de derechos humanos y reconocen su agencia, presencia y aporte a la sociedad novohispana.

Afirman que estas mujeres participaban en prácticamente todas las actividades económicas. Por ejemplo, durante el siglo XVI, al amanecer salían alrededor de 500 mujeres de origen africano a vender frutas y verduras en la Plaza Mayor de la Ciudad de México. Algunas otras pertenecían a gremios como hiladoras, tejedoras de seda, dulceras, fabricantes de tabaco o haciendo bordados.

«Eran mucho más que mano de obra esclavizada; fueron mujeres que resistieron y se rebelaron a estos sistemas de opresión. Sus experiencias no fueron homogéneas, ya que provenían de distintas etnias; con lenguas y tradiciones distintivas, principalmente del Oeste y Centro del continente africano. Pertenecían a culturas como la Wolof, Tukulor, Malinke, Kassanga, Bram, Biafada, Bakongo, Lala y Tio, entre muchas otras».

La historiadora sevillana, Palmira García Hidalgo escribe en «Mujeres y la inquisición» que, en Nueva España la violencia se recrudeció particularmente en contra de mujeres indígenas y de origen afrodescendiente a causa de sus tradiciones y su conocimiento sobre hierbas medicinales que poco podían hacer cuando eran señaladas, especialmente, si quien las acusaba era un hombre. 

En aquel contexto, la palabra de una mujer tenía poca valía, por lo que ser acusada por un vecino (o peor aún, por el propio esposo) resultaba en un hecho complejo donde era imposible escapar de la Iglesia. Los inquisidores tendían a creer en la palabra de los hombres que denunciaban a sus mujeres, pues eran consideradas de su propiedad y si algo hacían mal, entonces, debían ser reprendidas. 

Una línea que esboza escenarios violentos considerando los fuertes discursos patriarcales y raciales de la época que deja en la mesa crudos cuestionamientos como: ¿Cuántas mujeres fueron señaladas falsamente por sus esposos?

Andrea

Andrea (sin apellidos) fue una presunta hechicera que vivió en el pueblo de Tepeapulco, Hidalgo y que fue detenida en 1695, luego de ser señalada por su propio esposo, Nicolás de Trejo. El hombre la denunció ante las autoridades del Santo Oficio luego de que, supuestamente, le presumiera de sus dotes de bruja y se le adjudicara el asesinato del gobernador del pueblo. 

«Con sus hechizos y encantos tenía a su marido baldado o imposibilitado de una pierna para que no la castigara y la dejara. Nicolas [Nicolás] de Trexo [Trejo], su marido, declaró que lo tenía aturdido, encantado y enfermo, para que ella pudiese salir de su casa día y noche, además de que le presumía de que era hechicera», se lee en el oficio religioso recuperado por el Archivo General de la Nación.

Francisca, Mariana, María, Bernarda, Lucía, Josepha, Cecilia

Entre los registros, figuran mujeres de origen indígena y afrodescendientes como por ejemplo: Francisca Baraona, «mulata libre» acusada por su vecino, Luis Ramírez de ser bruja, 1695.

Mariana de la Candelaria «de casta mulata», mujer casada de más de 50 años, procesada por los delitos de «maléfica, bruja y hechicera» en 1760. 

María de Anton, «mulata de Xalapa», fue acusada por vecinos de hechicera en 1664. 

Bernarda de Baraona «mulata libre», casada con el mestizo Jacinto Escobar, acusada de hechicera y supersticiosa en agosto de 1695. 

Las negras Lucía Pacheco y Josepha Errera, acusadas de hacerle un hechizo a don Thomas de Valladolid, gobernador del mencionado presidio. Puestas a disposición de la Iglesia en enero de 1732.

De origen guatemalteco, Cecilia de Arriola, mujer casada con don Juan de Fuentes y de casta mulata, es uno de los casos en los que Cimacnoticias pudo encontrar la violencia en el castigo que tuvo que vivir, fue imputada por el Santo Oficio por los delitos de sortílega hechicera, además, se le acusó de tener pactos implícitos con el demonio y de ser maestra de malas doctrinas. Fue acusada por su propio esposo y llevada ante el inquisidor Francisco de Ulloa quien la halló culpable de todas las acusaciones. 

Cecilia fue sentenciada a escuchar la misa mayor todos los días en el convento de Santo Domingo (Ciudad de México) sosteniendo siempre una vela encendida y en el rostro, debía colocarse una máscara demoníaca que la avergonzara de sus presuntos nexos con entidades oscuras y al cuello, Cecilia debía tener atada una soga.

Además de esto, la mujer fue obligada a desnudarse y ser exhibida en espacios públicos pregonando su culpa, fue desterrada y forzada a dedicarse a atender a los enfermos en el Hospital de los Pobres. 

Además de los fuertes rasgos coloniales y de castas en estos archivos también se encontró la tendencia importante: Mujeres señaladas de herir o asesinar a hombres poderosos. 

Como se advertía con anterioridad en algunos de los casos, las muertes de gobernadores o sacerdotes estaban estrechamente ligadas a las mujeres (especialmente si eran negras o de origen indígena). Tal es el caso de Catalina Serrano mujer mulata quien fue llevada ante el Santo Oficio luego de que vecinos de la comunidad Villa de Sonsonate la acusaran de haber asesinado al sacerdote de la comunidad, pues, presuntamente, se le había visto mezclando polvos y hierbas.

Otro de los registros sobre el poder que tenían los hombres para truncar la vida de las mujeres a través de acusaciones, se dio en contra de María Gómez y «una mujer india llamada Leonor«, cuando un señor inquisidor fiscal del Santo Oficio (sin nombre) las acusó de tener pactos con el demonio y de ser brujas, pues, además, testificó en su contra diciendo que las había visto volar por las noches mientras gritaban: «De villa en villa, sin dios y sin María».

«La negra» Catalina Torres fue acusada por decir algunas palabras violentas en Durango en 1563. 

Ese mismo año, una mujer negra también fue acusada de haberle dado una bebida misteriosa a un hombre quien murió de forma repentina. 

Curiosamente, entre las denuncias que se repiten con mayor incidencia están aquellas por «palabras desacatadas«, por blasfemia y por haber contraído matrimonio más de dos veces -aún en contra de su voluntad-; las mujeres que osaban a ser ruidosas, realizar frases vulgares o cuestionaban a la iglesia se convertían en objeto incómodo para sus esposos y, por supuesto, para la iglesia. 

Fuente: Consulta realizada por Cimacnoticias en Repositorio Digital del Archivo General de la Nación, Árbol: Textual / Inquisición

En la ciudad de Querétaro, en los 1600 habitó la bruja Josefa Ramos apodada «la chupa ratones» quien fue llevada ante la corte eclesiástica en enero de 1629 por una serie de crímenes cometidos en contra de la iglesia católica. 

Josefa de Ramos fue una bruja mestiza de ascendencia de Valladolid y que, junto a otras mujeres, formó un presunto culto «obsesionado con el demonio» en la ciudad de Santiago de Querétaro según el escrito contenido en el volumen 523 del expediente 1. 

“La chupa ratones«, junto a la doncella Ana de la Cruz y una mujer indígena de nombre Francisca Mejía apodada «la mexicana«, realizaban hechicería con el uso de hierbas y fue un exorcismo lo que las puso en la mira de la iglesia. Durante ese exorcismo que se llevó a cabo en casa de «la mexicana» a una mujer le creció el estómago de forma sobrenatural y las 3 mujeres apuntaban a que se trataba de un demonio que crecía en el vientre de esa mujer. 

Foto de Кристина Гринченко: https://www.pexels.com/es-es/foto/mujer-sujetando-halloween-escalofriante-10211277/

Josefa Ramos fue detenida en la capital queretana, se le embargaron todos sus bienes materiales –que, en realidad, no tenía ninguno-, fue enviada a prisión en una cárcel desconocida de Nueva España y sentenciada al destierro de Querétaro por 10 años, asimismo, se le impuso dedicar 5 años de su vida a servir a las personas enfermas en el Hospital del Amor de Dios. Sobre sus pares, «la mexicana» y la doncella, no hay mayor información rescatada en el archivo. 

Además de «la chupa ratones», existió otra presunta bruja con quien compartía nombre; Josefa Salazar, en la Ciudad de México quien fue presentada ante el comisario del Santo Oficio acusada por el fraile Joseph de Patermina luego de que un hombre identificado como Pablo Álvarez, capitán y soldado se acercara a las autoridades clericales para explicarles que esa misteriosa mujer había realizado brujería en contra de su compañero, el capitán Manuel de Alarcón. 

En una indagatoria, se descubrió que Josefa Salazar guardaba los cabellos de Manuel de Alarcón, así como hierbas y polvos que utilizaba para presuntos rituales. 

En añadidura, también era reconocida en la capital por recolectar en un paño el esperma de los hombres con quienes mantenía relaciones sexuales. para posteriormente mezclarlo con otros brebajes hasta que se creaba una bebida parecida al chocolate y finalmente, se la daba a beber a sus amantes con el objetivo de que crearan dependencia a ella.  

A la misma Ciudad de México arribó la presunta hechicera María de Gallardo, de origen español, quien fue remitida a la capital luego de hacer presuntas acciones brujeriles en la ciudad de Aguascalientes. El principal señalamiento contra María fue su participación para hechizar al cura don Pedro Rincón. 

Según documenta el oficio imputado contra María de Gallardo, la mujer guardaba a un muñeco hecho de cera con cabellos del cura y que, supuestamente, utilizaba para lastimar al sacerdote. Fue detenida en 1667 y se desconoce el castigo que impuso el Santo Oficio Católico.

Estos son algunos de los archivos documentados por Cimacnoticias en el Archivo General de la Nación, los cuales permitieron un acercamiento al tema de mujeres afromexicanas, mulatas e indígenas severamente castigadas por el Santo Oficio de la iglesia católica española quienes a través de sus sentencias contra ellas al marcarlas como brujas, hechiceras, apóstatas y herejes, permitieron reconocer textos fundacionales que contribuyeron en la construcción de valores y violencias patriarcales incluidas las simbólicas y tácitas que trascendieron los siglos las cuales siguen arraigadas en la idiosincracia mexicana.

«El martillo de las brujas», el tratado medieval de persecución y caza de brujas

 

Aunque fue un libro escrito desde la teología, lo cierto es que fue utilizado como un código penal por toda Europa para que juzgadores de la inquisición llevaran a cabo ejecuciones y torturas contras mujeres acusadas de brujas porque según sus letras, eran más propensas a realizar estas prácticas por su «debilidad moral e intelectual».

«El martillo de las brujas», nombre traducido de Malleus Maleficarum, ha trascendido el tiempo y sigue disponible en la actualidad, una ventaja porque permite leerlo y realizar análisis de contenido desde la perspectiva de los derechos humanos de las mujeres para entender cómo los textos fundacionales trascendieron y conformaron sociedad patriarcales, por ejemplo, la Universidad de Navarra señala en su artículo Del Malleus Maleficarum a los cuentos de brujas que fueron principalmente mujeres pero en especial curanderas el objetivo de la caza de brujas. 

El Malleus Maleficarum es un texto que permanece actual, a pesar de los siglos pasados desde su publicación por vez primera. Finalmente, ¿existen razones para mantener invisibles, anónimas, a las brujas que fueron hostigadas, perseguidas, torturadas, juzgadas y muertas al amparo del Malleus Maleficarum?, ¿cuántas?, ¿de qué número de mujeres estamos hablando? Éstas habrán de permanecer por siempre “invisibles”.

Remedievalización del derecho y la política. Introducción crítica al estudio del saber jurídicopolítico

La obra fue escrita en Alemania por dos sacerdotes: Heinrich Institors y Jacobus Sprenger. Ambos pertenecían a la Orden Dominicana, una organización fundada en el siglo XIII que combatiría la herejía. En algún punto de sus vidas fueron nombrados como inquisidores lo que influyó en la forma de razonamiento que hay en el libro.

Fue el papa Juan XXII con la bula Super Illius Specula, un documento que condenaba como brujas a las mujeres comadronas por sus conocimientos en botánica durante la Edad Media y así se fue oficializando la brujería como una práctica hereje. Dicho documento originó otros textos en los que se responsabilizaba a las mujeres de practicar la hechicería.

En la época, la misoginia contra las mujeres era un proceso naturalizado, tan solo el término fémina era considero la conjunción de las palabras fe y minus, dando a entender que ellas tenían menos fe que los hombres lo que las llevaba a caer con facilidad en la práctica de la brujería. El libro también demeritaba a personajes históricos como Eva, Dalila, Jezabel, Helena de Troya y Cleopatra. De esta manera, lograron confabular una guía para la detección, obtención de pruebas y tratamiento punitivo de las brujas.

Incluso, este manual de cazería contra las mujeres permitía que las pruebas que sustenban las acusaciones con ellas fueran rumores, dichos, historias, suposiciones, comentarios, miradas o relatos y esto bastaba para llevarlas a procesos de tortura.

En «Del Malleus Maleficarum a los feminicidios actuales», se detalla que el 90% de las personas condenadas y torturadas por prácticas de hechicería fueron mujeres. En su mayoría, fueron adultas, pobres, solteras o viudas. Las conductas comúnmente punibles fueron acciones que físicamente no podían realizar, por ejemplo eran condenadas por:

Causar tormentas y granizadas sobre poblaciones o cultivos, producir sequías, matar mediante maleficios en animales, ocasionar plagas, enloquecer a los hombres mediante conjuros, provocar que los hombres se apasionen sexualmente de prostitutas, robarles riqueza a los hombres, hacer soñar a sus enemigos con desastres y muertes, desaparecer el pene de los hombres por embrujos, volver estéril a una mujer, influir en los astros para que cambien el rumbo, modificar rostros, dar muerta a mujeres sanas, devolver a la vida a los muertos, lograr que personas nieguen a Dios, ocasionar enfermedades incurables, entre otras.

Recetario para castigar mujeres

Como un recetario, «El martillo de las brujas» expone tres vías para iniciar un proceso contra detenidas por brujería. El texto señala que debían acusarla ante un juez por herejía y poder probarlo, pero se hacía sin pruebas y sin inmiscuirse en el proceso bajo la excusa de que quien se negara a denunciar tendría también una pena.

Para el proceso se necesitaba conseguir testigos y la mejor manera recomendada era dejar por escrito sus declaraciones para que posteriormente se pudiera catalogar como una prueba infalible para convencer al juez. Este también podía convocar a los testigos al estrado y bajo un juramento eclesiástico.

Luego, para admitir un testimonio se debía seguir todo un proceso, por ejemplo, no era aceptada la declaración de personas excomulgadas, los partícipes y compañeros del crimen, los que son declarados infames y criminales, los siervos contra sus amos, tampoco los enemigos mortales de las mujeres acusadas; sin embargo, se podían admitir declaraciones de familiares siempre que fueron en contra y no en favor de ellas.

Si una mujer acusada de brujería negaba su participación, el juez debía considerar la mala reputación de ella, los indicios del hecho y las opiniones de los testigos. Aunque la mala reputación de las mujeres siempre tenía un mayor peso. Asimismo, si se sospechaba que esa mujer acusada tenía intención de huir, la mantenían en prisión con mayor razón.

Después del arresto se debían seguir dos pasos, proporcionarle un defensor a la acusada y realizar un examen en la cámara de tortura. La primera solo se realizaba si había una petición de la acusada y dejarlas sin una defensa era una práctica común. Cuando sí se proporcionaba una defensa, no se le compartía el nombre de los testigos, en cambio, el abogado debía cumplir con tres expectativas: modestia, verdad y que su salario fuera moderado.

En cuanto a la tortura, se realizaba con la intención de obtener una confesión propia pensando que sería una forma para presionarla sin pensar que reconocer dicha acusación también era una forma de terminar con el proceso violento al que eran sometidas. Posteriormente, el juez debía estar atento cuanto se emitiera la sentencia de tortura para analizar su reacción, el que no llorara era una muestra más de su brujería.

Una vez sentenciadas, eran desnudadas siempre por otras mujeres consideradas de buena reputación. Esto era parte de un proceso de seguridad en el que se aseguraban de que no cargaban con algún maleficio en sus vestimentas. También era escoltada sin tocarla y portando sal exorcizada o hierbas benditas.

De acuerdo con el artículo, el «El martillo de las brujas» fue una guía para cometer feminicidios: «más que brujas o hechiceras, estas mujeres eran víctimas de este proceso injusto». No obstante, actualmente es una acción que se sigue practicando donde las mujeres son criminalizadas no solo por su género, sino por romper con los estándares y estereotipos de la sociedad patriarcal.

«¡Matar a la Bruja no es un grito que se ha quedado en el pasado, no! El femicidio y feminicidio son nuevas manifestaciones de este grito. Ya no se realiza este grito en el ámbito de lo público, pero está en muchas de las mentes que se construyeron en este modelo de derecho patriarcal aun habita este perjuicio»

Pese a que la brujería era considerada como el peor mal en la humanidad, «El martillo de las brujas» justificó su existencia bajo la permisibilidad de un supuesto dios. Mientras que, la naturaleza de este personaje no le permitía caer en prácticas demoniacas, la humanidad tenía el libre albedrío para decidir entre el camino del bien y el mal. Aunque, refiere que la inferioridad biológica y espiritual de las mujeres era lo que las llevaba a práctica brujería, cosa que no ocurría con los hombres.

Por ejemplo, de acuerdo con el capítulo tres, Institoris y Sprenger determinan que es imposible la creación de un hombre a través de la relación sexual entre un demonio y una mujer, ya que la única manera para su creación es a través de Dios, de lo contrario «la obra del Diablo sería más fuerte que la de Dios», lo que alude a la debilidad como algo inherente de las mujeres. Por el contrario, en el capítulo sexto, no existe posibilidad de que a las mujeres no se les relacione con la brujería porque es algo que «la experiencia» ha determinado.

Y así página tras página Malleus Maleficarum detalla su manual de tortura contra las mujeres que difundió este tratado de persecución contra «las brujas»como un reflejo del control eclesiástico medieval responsable de la ejecución de miles de inocentes, por lo que es una advertencia viva de lo que significa la institucionalización de la misoginia.

10/25/2025

La resistencia a los estereotipos y mandatos sociales es un aspecto clave del activismo

 tribunafeminista.org

Mari Mar Molpeceres

La lucha contra la exclusión debida al incumplimiento de los estereotipos patriarcales es agotadora. La adhesión al positivismo del colectivo con discapacidad como coartada para integrarse en un grupo es comprensible, pero tal actitud en esas dinámicas afecta negativamente a nuestras vidas. Rechazar el positivismo puede ser una forma de resistencia. No siempre es posible o saludable adoptar una actitud positiva ante situaciones de discriminación o exclusión. A veces, el reconocimiento del dolor y la lucha es esencial para poder avanzar y encontrar nuestro camino.

Es importante encontrar espacios donde nos sintamos validadas y comprendidas. A veces, el apoyo puede venir de comunidades que comparten experiencias similares.

La lucha contra las normas patriarcales y la discriminación es una tarea onerosa no exenta de escollos, especialmente cuando se trata de desbaratar estereotipos arraigados en la sociedad y que se inculcan desde la cuna.

El positivismo, aunque puede ofrecer un sentido de pertenencia, no siempre es la respuesta. Aceptar el dolor y la lucha es vital tanto a nivel individual como también para la formación de un movimiento más fuerte y consciente de las distintas realidades de sus integrantes.

Descubrir espacios de apoyo que reconozcan y acepten nuestras experiencias puede suponer nuestra salvación. Ya sea en grupos de discusión, redes sociales o comunidades activistas, la conexión puede ser el motor del cambio. La lucha es tanto personal como colectiva. Claro, el tema de la discapacidad y la forma en que se cruza con el sexismo, roles sociales y expectativas culturales entraña una gran complejidad. La sociedad tiende a imponer normas que pueden ser excluyentes, y muchas veces, quienes nose ajustan a esos moldes enfrentan discriminación y marginación.

Lo personal es político también en esos casos. Nuestras experiencias y luchas no son solo individuales, sino que reflejan patrones más amplios de opresión. Al no seguir los roles patriarcales y no conformarnos con lo que se espera de una mujer «normativa», desafiamos esas estructuras de poder.

Dichas dinámicas de poder sitas en la intersección entre discapacidad y sexismo son complejas. Aquí ponemos algunas:

  1. Desigualdad por haber nacido mujeres. Las mujeres con discapacidad nos enfrentamos a opresión por haber nacido mujeres, pero no solo somos oprimidas por nuestro sexo , también enfrentamos el estigma de la discapacidad.

2.Estereotipos patriarcales: Los estereotipos tradicionales sitúan a las mujeres en una posición de subalternas respecto a los varones.  Si añadimos la discapacidad con su estigma a la ecuación, acabamos siendo percibidas como eternos objetos de cuidado, colaborando en la cronificación del rol sexista en lugar de como agentes activas de su vida .

  1. Acceso a recursos Las mujeres con discapacidad a menudo tenemos un acceso limitado a recursos como educación, atención médica y empleo. Esto se agrava por la falta de políticas inclusivas que aborden nuestras necesidades específicas.
  2. Violencia y abuso: Las mujeres con discapacidad somos más propensas a ser víctimas de violencia y abuso, tanto físico como emocional. La intersección entre discapacidad y sexo nos hace más vulnerables y facilita la violencia al contar con nuestras defensas mermadas, tenemos más difícil defendernos lo que conlleva que las instituciones den a menos crédito a nuestras denuncias.
  3. La falta de representación de mujeres con discapacidad en espacios de toma de decisiones perpetúa nuestra exclusión. Sin una voz en la creación de políticas y programas, nuestras necesidades y experiencias a menudo quedan sin ser contempladas.

Estas dinámicas revelan cómo las estructuras de poder están interrelacionadas y cómo es esencial abordar la discriminación de manera holística para lograr un La resistencia a los estereotipos y mandatos sociales es un aspecto clave del activismo, y es cierto que las mujeres con discapacidad enfrentan desafíos únicos en este contexto. La deconstrucción de prejuicios como el capacitismo requiere un esfuerzo colectivo y constante, ya que está profundamente arraigado en la sociedad. La idea de «normalidad» como un constructo social impuesto es un punto importante. Poner en cuestión estos estándares y reconocer la variedad  en todas sus formas es vital para avanzar hacia una sociedad más equitativa donde quepamos todas.

Nunca más adolescentes en quirófanos para moldear su estética

 

No olvidemos que las sociedades patriarcales impulsan mayores exigencias sobre los modelos de belleza para las mujeres, estos patrones promueven la discriminación racial y capacitismo que produce rechazo a cualquier persona que no tenga piel blanca, cabello claro, ojos claros, nariz respingada, estatura adecuada o delgadez extrema. Para alcanzar estos estándares las cirugías estéticas se han convertido en herramientas, y por ello, es común que adolescentes soliciten a sus padres una cirugía como regalos de cumpleaños.

Esta información trae a cuenta el caso de la adolescente Paola Nicole quien murió el pasado 25 de septiembre a los 14 años luego de someterse a una cirugía estética para colocarse implantes mamarios, lo que presuntamente resultó en complicaciones fatales.

Fue por eso que el pasado 30 de septiembre la senadora Gina Campuzano del Partido Acción Nacional (PAN) propuso la Ley Nicole, para prohibir procedimientos estéticos en menores de edad.

“Se trata de poner límites éticos y sanitarios cuando hay niñas, niños y adolescentes de por medio. Se trata de que la medicina vuelva a ser cuidado y no comercio. De que el bisturí nunca se use para tallar inseguridades infantiles en un quirófano sin garantías”, resaltó.

Para la psicóloga Aidee Elena Rodríguez Serrano, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), crear la necesidad en las adolescentes de modificar sus cuerpos a través de cirugías es una forma de violencia estética que influye en la autoaceptación causando que constantemente estén inconformes con ellas mismas. En este escenario, propuso que las madres y padres desarrollaren un papel de guía y educación para orientarlos en cuestiones de salud física y mental, pudiendo acompañarlas en su etapa de desarrollo de forma más sana y libre de violencias.

La Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos indica que madres y padres deben hacerse tres preguntas esenciales: ¿es realmente la o el adolescente por sí misma la que desea la cirugía o cambio?, ¿es realista que la o el adolescente sepa acerca de los beneficios que se puede obtener con la cirugía estética o el cambio que pretende?, y ¿puede ser la o el adolescente madura para apreciar los riesgos y desventajas de la cirugía estética?

Por ello, para poder enseñar a las adolescentes a tener una mejor relación con sus cuerpos y mejorar su autoestima, la psicóloga Aidee Elena Rodríguez Serrano recomienda no hacer comentarios sobre los cuerpos ajenos o alentar a la modificación con operaciones estéticas, sobre todo de las niñas y adolescentes. Esto se extiende no solos sobre temas de belleza, sino en sus capacidades, autoaceptación, y validarlas como personas.

Es importante señalar que el número de procedimientos estéticos van en aumento, datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica y Estética (ISPAS) señalan que a nivel mundial se realizaron 17 millones 415 mil 678 procedimientos quirúrgicos y 20 millones 535 mil 686 procedimientos no quirúrgicos durante 2024. Sin embargo, lo más preocupante es que el 83% de las cirugías quirúrgicas y el 84.2% de operaciones no quirúrgicas en el mundo se hicieron en mujeres.

México ocupa el sexto lugar con la mayor cantidad de operaciones estéticas.

Del total de 734 mil 82 procedimientos quirúrgicos realizados en México, 292 mil 478 se hicieron en cara y cabeza, 294 mil 071 en cuerpo completo y extremidades, y 147 mil 533 en mama. Por otro lado, de los 560 mil 865 procedimientos no quirúrgicos, 421 mil 893 se hicieron a través de inyecciones, 70 mil 83 fueron rejuvenecimientos faciales y 68 mil 889 implicó otro tipo de método.

En México, 18 mujeres al día se realizan labioplastias para rejuvenecer la vulva. Mutilación voluntaria – cimacnoticias.com.mx

A pesar de la lucha de las mujeres por la autonomía de sus cuerpos, siguen siendo regidas por los estándares de belleza. Carmen Gonzales Martín, autora del texto ‘La doncella de hierro y la odalisca: metafísica de una imagen femenina’ considera que existen estereotipos encubiertos que crean una falsa sensación de progreso sobre la imagen femenina.

La metáfora de la doncella de hierro en El mito de la belleza de Naomi Wolf, nos recuerda que, este instrumento de tortura medieval con púas afiladas, restringe y moldea a quienes lo usan como lo hacen las cirugías estéticas. Gracias a ellas, las mujeres asumieron el papel de autoformar sus cuerpos bajo la presión social de alcanzar estándares estrictos. 

De esta manera, Carmen plantea que las mujeres creen que toman decisiones libres sobre la liberación sexual y la reapropiación del cuerpo, cuando en realidad cumplen nuevos estándares de control voluntariamente, lo que continúa con la percepción de que las mujeres son objetos despojados de su individualismo. 

Pese a que, desde afuera, podría parecer que se trata de una decisión libre, para la psicóloga Aidee Elena Rodríguez Serrano, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en entrevista para Cimacnoticias en la adolescencia las decisiones son influidas por los factores que les rodean. Por ejemplo, la publicidad, los medios de comunicación, redes sociales, figuras públicas o celebridades, y el mercado estético siendo ellas más susceptibles a recibir constantes mensajes sobre su imagen personal. Aunque una causa más directa son los comentarios que llegan a recibir desde niñas sobre su apariencia.

Otra factor es la preocupación por conseguir una pareja y establecer una relación heterosexual con «valores tradicionales» donde el hombre rico sea el proveedor, mientras que las mujeres adoptan el papel de cuidadoras abandonando la independencia económica. En la dinámica interponen sus cuerpos como un tipo de enganche o precio a pagar para mantener ese estilo de vida. Dicha tendencia se ha expandido a través de redes sociales con las llamadas tradwife o las baby sugar.

Cultura digital #Tradwife o #Esposa Tradicional, romantiza sumisión en las mujeres – cimacnoticias.com.mx

Médicamente, por qué no

Desde una perspectiva médica, el personal médico recomienda que el cuerpo alcance su completo desarrollo, por lo que, desaconsejan las intervenciones en menores de 18 años, ya que diversas partes de su cuerpo aún no están consolidadas. Aunque es común ver que cirugías como la rinoplastia o cirugía estética de la nariz comienza a practicarse a los 14 años en mujeres y a los 16 años en hombres, se pide no normalizarlo.

Por el contrario, el articulo «Adolescentes y cirugía estética: enfoque en el aumento de senos y la liposucción» señala que las cirugías reconstructivas para corregir una anomalía (labio leporino o paladar hendido), pueden proporcionar un beneficio a las niñas y adolescentes.

Para dimensionar las consecuencias de una cirugía estética, el mismo texto advierte que, cuando se trata de una operación de senos, la mayoría de las complicaciones están relacionadas con el prostético. Por ejemplo, existe riesgo de una contractura capsular, endurecimiento del tejido cicatricial que rodea el implante, sentir el seno duro y doloroso, ruptura del implante, fugas, sangrado posoperatorio, hematomas, reacciones a la anestesia, pérdida de sensibilidad y cicatrices.

Los riesgos médicos por implantes mamarios aumentan en años posteriores a la cirugía incluso aunque estos tienen una duración de 10 años aproximadamente.

Con ello, hay otras consecuencias como lactancia insuficiente y falla en la detección de tumores mamarios cancerosos aproximadamente en un 55%, lo doble del promedio en mujeres sin implantes. No obstante, el cuerpo de una adolescente no es apto para estos cambios, ya que el desarrollo de los senos puede continuar incluso después de los 18 años donde hay probabilidades de que aumente de peso.