Un Quijote en Tenochtitlán
i acaso cuando desprecian la vida de la gente y no es el caso".
Decía el maestro de periodistas Kapuscinski que el trabajo de los periodistas era ayudar a que se entendiera la realidad y no tanto emprenderla a golpes con los mentirosos y los tramposos, aunque el cuerpo lo pida: "No pisar las cucarachas, sino encender la luz para que los ciudadanos vean cómo las cucarachas corren a esconderse".
Los seres humanos no somos cucarachas. Ni siquiera el más abyecto. Somos peores que las cucarachas precisamente porque somos seres humanos. Las cucarachas no pueden hacer otra cosa que lo que hacen. No tienen libre albedrío. Nosotros podemos escoger qué decisión tomamos. Es verdad que a veces no nos sentimos libres porque no tenemos recursos, porque tenemos miedo, porque no entendemos lo que pasa. Cuando los que tienen más dinero que la media en un país, cuando los que votan todos los días, cuando los que tienen estudios y formación, cuando los que están sanos, cuando los que tienen un buen trabajo, cuando los que no pasan necesidad se portan como cucarachas, no hay excusa que les exonere de haberse comportado como cucarachas.
Los que provocan las guerras para robarle los recursos a otros pueblos se comportan como los reyes de las cucarachas. Ahí están Gaza e Irán y Yemen y Siria y Libia. Se comportan como reyes de las cucarachas los que hacen cercos medievales para intentar doblegar a pueblos que nunca se han dejado poner de rodillas, como pasa con Cuba. Se comportan como reyes de las cucarachas los poderosos que no se atreven a meterse con alguien de su tamaño y usan el billón de dólares que se gastan en armamento para secuestrar al Presidente de un país y a la primera dama, como ha pasado hace dos meses en Venezuela. Espero que no tengamos que decir que se comportan como los emperadores de las cucarachas los que usan armas nucleares, aunque los que tienen la más alta probabilidad de ganarse esa corona son los que ya usaron en Hiroshima y Nagasaki esas bombas que funden los cuerpos, al igual que sus amigos, que también tienen voluntad de ser en sus regiones emperadores de las cucarachas.
No es verdad que siempre te tengas que comportar como una cucaracha. Si una cucaracha te pone una pistola en la cabeza tienes la obligación de, porque no eres una cucaracha, salvaguardar la vida tuya y de los que pelean contigo para seguir peleando. ¿No es lo que hizo Chávez en 1994 cuando, después de fracasar el levantamiento contra el corrupto Carlos Andrés Pérez, asumió la derrota y pidió que depusieran las armas? Muerto, no hubiera tenido su “por ahora” y gobernarían en Venezuela, con probabilidad, cucarachas como en Argentina o en Ecuador.
En España, Pedro Sánchez le ha devuelto a mucha gente el orgullo de ser español. Igual que con Obrador y con Sheinbaum las mayorías volvieron a tener orgullo de México y en Colombia hay orgullo de colombianidad con Gustavo Petro y se llenó Venezuela de venezolanidad con Chávez, con Maduro y hoy siguen con la cabeza alta, golpeada pero alta, con la Presidenta encargada Delcy Rodríguez. Los que han devuelto el orgullo a la Patria son gente que se han atrevido a decir “no” a la más grande de las cucarachas, sea la forma en que ese “no” haya tomado forma en cada uno de los países. La derecha española, que está con Trump pero no con el gobierno, cuenta, casi desean me atrevería a decir, con el apocalipsis en España, después de que Trump haya dicho “no necesitamos nada de ese país”. Las derechas nunca dudan en llamar a los extranjeros para que gobiernen si creen que podrán hacerse con las migajas que caigan de la mesa.
Cuando los políticos arriesgan desde la dignidad, una parte muy alta del pueblo les sigue en esa apuesta digna. El pueblo está con el canadiense Carney porque no se ha doblegado a Trump con los aranceles, está con Sheinbaum como estuvo con Obrador porque no se inclinaron dejando injuriar al país como permitieron Peña Nieto, Calderón, Fox o Salinas, está con Petro porque no le ha prometido a Trump convertir a Colombia en la Israel latinoamericana como hizo Santos y cumplió Duque, está con Sánchez, que hace un mes estaba enredado en la politiquería que siempre ha acompañado a los socialdemócratas, pero que hoy, plantando cara, aunque no sea con la más absoluta de las coherencias, al matón del norte, recibe la admiración de los que están cansados de que les quieran arrodillar por haberse negado a dejar que se usen las insultantes bases norteamericanas en España para asesinar niñas iraníes.
En México hay tristeza porque la Reforma Electoral no ha pasado en San Lázaro: votaron a favor Morena, y algunos diputados, algunos, del Verde (12) y del PT (uno); pero hay aliados de Morena que no han votado -el PT y el Verde- y, por supuesto, no lo ha hecho la derecha, en sus distintas expresiones: PRI, PAN y MC. La reforma terminaba con privilegios que benefician a las estructuras clásicas de los partidos: alta financiación, reducción de cargos, no consultar medidas relevantes al pueblo, elección de los candidatos en las cúpulas de los partidos o la existencia de un órgano, el CNE, que es un residuo del antiguo régimen con el que, visto lo visto, se sienten bien los partidos de la derecha y algunos de los que dicen estar en la izquierda.
Es evidente que esta derrota no ha gustado al pueblo mayoritario que apoya a la 4T y está alineado con la Presidenta Sheinbaum. Yo no compararía, ni por asomo, a los que se han opuesto a esta reforma desde la izquierda con cucarachas. Las cucarachas, en este mundo tan extremo, alcanzan ese estatus, si acaso, porque los seres humanos no somos insectos invertebrados, cuando desprecian la vida de la gente, y no es el caso. Es muy probable que los diputados del PT y del Verde que no han votado la reforma no hayan sido generosos, pero son, sin duda, compañeros de viaje. En cambio, la gente de la derecha que ha votado en contra lo ha hecho deseando tumbar de una vez al Gobierno de la 4T. Y si cayera el Gobierno de Claudia Sheinbaum, eso costaría vidas como está pasando en Argentina o en Ecuador. Lo que convierte a esa gente que desea una invasión norteamericana de México en primos hermanos de esos artrópodos invertebrados que viven en la suciedad y propagan enfermedades. Hay que encender la luz para ver cómo corren a esconderse.
Los procesos populares de cambio son como las bicicletas: si dejas de pedalear, te caes. Si pedaleas, necesitas seguir ahondando en el horizonte principal que alienta la voluntad de esa amplia familia de la izquierda: reducir las desigualdades, aumentar la libertad, desterrar el miedo y conseguir sociedades donde cada cual pueda desplegar quien es. Para eso necesitamos que la política esté al lado de la gente. Por eso necesitamos partidos-movimiento. Que ni siquiera tienen que actuar como insecticida, sino como un enorme faro que ilumina toda la costa. Donde a las cucarachas se las lleva el viento del pueblo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario