5/10/2026

La gachupina que amaba a Hernán Cortés

Fabrizio Mejía Madrid

"Según ella, las masacres, la esclavitud, y el desmembramiento con perros eran expresiones del afecto que nos tenían los españoles".

La gachupina que amaba a Hernán Cortés. Por Fabrizio Mejía

Todo empezó con una misa fallida para reconocer a Hernán Cortés en la Catedral Metropolitana. Ahí, el músico fundador del grupo de los ochentas, Mecano, iba a grabar un coro para su musical fallido llamado “Malinche”. Digo musical fallido porque la productora que lo financió acabó quebrando y el músico español pasó una temporada en la cárcel por aprovecharse de unas mexicanas que, como no tenían permiso de trabajo en España, pues no les pagó y se robó sus salarios. De todos modos se atrevió a venir a México cobijado por Salinas Pliego y las alcaldesas del PRIAN. Pero una concentración de pueblos originarios afuera de la Catedral hizo que los sacerdotes negaran a última hora el permiso y no hubo misa. Se tuvieron que ir a la Basílica de Guadalupe. Así empezó Díaz Ayuso su visita al país que desprecia, y fue de mal en peor. 

La foto política fue del total desamparo. En ella está la alcaldesa de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con quien la recibió por parte del PRIAN. No eran sus dirigentes políticos, ni siquiera sus personajes reconocidos. Eran Federico Döring Casar, Mauricio Tabe, y Alessandro Rojo de la Vega. Para quienes no conocen al PRIAN en la capital del país, estos nombre son desconocidos, pero son cruciales para entender el respaldo que la visita para alabar a Hernán Cortés realmente tuvo en México. Döring, por supuesto, es un Diputado panista cuya última corruptela conocida fue el fraude que realizó de la mano del Diputado del Partido Verde en San Luis, Héctor Serrano, junto con el entonces Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, del PRIAN_PRD. En 2015 quisieron obligar a los taxistas de la CdMx a usar taxímetros digitales de una empresa, Espíritu Santo y Libre Holding, de la que obtuvieron moches de sus dueños, Eduardo Zayas y Santiago León Aveleyra, hoy buscados por la Interpol. Federico Döring les ofreció obligar a los taxistas de Querétaro, Quintana Roo, y Aguascalientes. Los taxistas se ampararon contra la medida que, además de obligarlos a comprar la tableta, les exigía un pago por usar la aplicación. Como no pudieron, buscaron financiamiento de Ricardo Salinas Pliego y, al final, demandaron al gobierno mexicano por dos mil millones de dólares. Perdieron ese fraude. El otro, es Mauricio Tabe, el Alcalde prianista de Miguel Hidalgo. Está acusado por ser parte del cartel Inmobiliario y de los pisos ilegales que le echaron al edificio de Lafontaine 110, en Polanco, autorizadas por su antecesora, Xóchitl Gálvez. Está acusado de haber desviado 100 millones de pesos de obra pública no entregada en su Alcaldía. En cuanto a Alessandra Rojo, es la Alcalde de Cuauhtémoc. Además de haberse robado las estatuas que conmemoran el encuentro del Che Guevara y Fidel Castro en la colonia Tabacalera, está acusada de simular concursos mercantiles para beneficiar a una sola empresa inmobiliaria, Grupo Meor, de Iser Rabinovitz, por 97 millones del dinero público. Esos son los que recibieron a la Alcaldesa de Madrid. 

Pero desde ahí, la visita a México de la Alcaldesa Díaz Ayuso se fue desbarrancando al abismo. Dio una charla en la Universidad de la Libertad de Ricardo Salinas Pliego, que financia el Atlas Network, cuya parte Latinoamericana, dirige su primo. A Díaz Ayuso la recibieron Ricardo Salinas Pliego, su hija, y su esposa. Todo quedó en familia. Había unos “familiares” de María Corina Machado, la que le regaló su Nobel de la Paz a Donald Trump. Pero ni siquiera estaba Machado, sino unos de sus parientes. Ahora quiero que imaginen al auditorio que fue a aplaudirle a la Alcaldesa española que escribe el nombre de México con “J” para negar, desde la ortografía, el origen mexica de una amplia región del país. Es lo mismo que negarse a ponerle una “e” a un interlocutor que no se define por el masculino o el femenino. Es negarle, aduciendo algo de la real academia de la lengua, su decisión, su historia, y su sustancia. Negarle agencia, que, se supone, es uno de los principios de la derecha que se dice “liberal”. Pero les propongo que se imaginen a unos asistentes a la conferencia patito en la Universidad patito que aplauden cuando se les insulta, que sonríen cuando los ningunean, que aspiran con sus axilas sudadas a ser como una española rústica e inculta que dice cosas que ni ella misma entiende. Díaz Ayuso empezó su “conferencia magistral” ---así la bautizaron--- diciendo: “Decía Cicerón que la vejez no hace dichosos a los jóvenes infelices”. Mal por quien le escribe los discursos a la Alcaldesa de Madrid. En realidad la frase de Cicerón sí se entiende, aunque no la entienda Ayuso y dice: “Para aquellos que no tienen en sí mismos recursos para vivir bien y felizmente, cualquier edad les resulta pesada". Pero Ayuso ni cuenta se dio de que no entendía la frase que leyó, y trató de jalar la atención del público. Dijo: “Les traigo un mensaje fundamental y es que del socialismo se sale”. ¿Quién está viviendo en el socialismo? Pues quién sabe, pero Ayuso nos trae la nueva de que existe ruta de evacuación. Luego, pasó a explicar lo que ella cree que es el socialismo. Dijo: “El agravio del colectivismo es que nos dicen que todo por un fin y todo por una causa. A través de eso hemos ido perdiendo a raudales nuestra libertad, a través del miedo, que es la libertad, que es singular, se pierde todo. Y qué se hace a través de ese miedo, de esas cadenas, el colectivismo. Y sobre todo la utilización populista de los sentimientos para controlar al individuo y volverlo preso”. Quién sabe a qué se refería Díaz Ayuso pero lo dijo como si fueran las indicaciones de Protección Civil en caso de emergencia. 

Siguió la Alcaldesa: “¿Que hacen? Utilizar la pobreza multiplicarla a raudales. Utilizar los instintos más elementales de las personas que más sufren, que menos tienen, que menos conocen, y por tanto personas que es más fácil agraviar y de esa manera tiranizar. ¿Qué se pretende? La lucha de clases, que estemos enfrentados, y que la sociedad encuentre la culpa en la propia sociedad y no en las personas que rompen las posibilidades de que esas posibilidades lleguen a todo el mundo”. Aquí alguien avísele a doña Ayuso que los instintos más elementales son los que promueve el mercado libre, en el que ella dice creer pero tampoco entiende. Y díganle que las personas que rompen las posibilidades de bienestar de los demás son los que evaden impuestos, como su anfitrión Salinas Pliego. 

Pero Ayuso continuó a ratos titibeando porque se nota que, en efecto, no sabe nada de nada. Dijo: “Hay lideres de este continente que dicen que la gente tiene que ser pobre porque si no dejan de votarlos”. La señora Ayuso no sabe que, en México, la izquierda gobernante ha sacado a 13 millones de personas de la pobreza y, en el Brasil de Lula, a 30 millones. Pero ella no mencionó a Lula o a Andrés Manuel, sino al Presidente de Colombia. Dijo: “Lo ha dicho Gustavo Petro y ahí están los videos”. Eso es una vil mentira. En 2021, en una entrevista, Gustavo Petro dijo: “Nos tocó variar las maneras de ser: ser o tener. No es que sea un anti tener... Se trata de que la gente deje de ser pobre. Ahí viene una pregunta: ¿dejar de ser pobre hacia dónde? Y viene el problema, porque si es dejar de ser pobre para vivir como en Miami, pues se acaba la humanidad”. Lo que Petro planteó es  lo mismo que Andrés Manuel, que los bienes puramente materiales, sin la empatía por los más pobres, no es el proyecto de la izquierda. Que América Latina no quiere ser Miami. Pero Ayuso cree que dijo que si dejabas la pobreza dejabas de votar por el populismo, el colectivismo que nos tiraniza, y nos tiene sujetos con sus cadenotas. En fin. Cita mal a Cicerón. Cita de mala fe a Gustavo Petro. Pero se fue de boca. Dijo: “El proyecto de la izquierda es que hayan más pobres y unos pocos ricos a los que culpar de ella. Entonces llegamos a la pretendida lucha de clases donde todos estamos enfrentados: la izquierda con la derecha, el hombre con la mujer, lo público con lo privado, entre generaciones, todo tensionado”. Aquí Ayuso banaliza hasta lo que ya viene banalizado de antemano: que el conlicto es malo para las sociedades y que quien sabe en qué momento vivíamos todos en armonía. La política es hacer el conflicto público y, por cierto, la lucha de clases se da con independencia de lo que ella crea. Es un antagonismo por la propiedad y las utilidades que todos creamos con nuestro trabajo. No la inventó Marx, como seguramente le dijeron los mismos que le hicieron la cita de Cicerón y la declaración de Gustavo Petro. El término lucha de clases proviene de los que fundaron el pensamiento liberal, Adam Smith y David Ricardo, pero eso tampoco lo sabe la señora Ayuso. 

Pero, tras estas disertaciones, la Alcaldesa de Madrid vino a decir lo que vino a decir a México. Y lo dijo así: “Y también se utiliza la persecución de cualquier acto de libertad, el guerracivilismo, que es el buscar el agravio en los pueblos, en reinventar la historia y el pasado, en mirar el pasado con las gafas del presente, y de esa manera buscar culpables, en una supuesta memoria hecha ley, para decir que todo lo que ocurre hoy viene del pasado, que la culpa es de otros, y nunca por tanto responsabilizarse de nada. ¿Les suena, verdad? Es la historia que les conviene contar. Es el revisionismo y es como digo ley, porque es lo que van a aprender los niños en los colegios, los jovenes en las universidades, y la opinión pública va a tener que decir. Ese tipo de pensamiento colectivista y totalitario, además de querer pudrir el alma, porque quiere que sientas ese agravio, que tengas envidia, que desconfíes, que siempre tengas emociones negativas, que no tengas nada y que todo lo que tengas está mal. Si has prosperado, que sea sospechoso. Que si has construido un patrimonio, que sea perseguido, que si te va bien, que te vay mal. Que no tengas nación, que no tengas fe, que no tengas historia, familia o propiedad. Y que tampoco tengas espíritu emprendedor porque si vives el azar de la vida, que es una aventura maravillosa, en torno al riesgo, serás libre y, por tanto, no podré controlarte a ti tampoco. A ellos los llamo los tristes. Necesitan que todo mundo esté triste como ellos lo están y que el mundo se vea bajo su pequeño prisma para transformar a la sociedad. Lo que queda claro es que las sociedades donde se instala el odio siempre acaban destrozadas. Siempre es siempre”. Si recuerdan, el párrafo de Ayuso comenzó con una idea absurda de que existiría, quizás en sus fantasías, una historia que no mira al pasado desde el presente, luego saltó a la envidia, luego a que es una aventura vivir en la intemperie de la falta de Estado, y acabó en la tristeza, el odio, y la destrucción. En su torpeza terminó diciendo que narrar una historia distinta a la oficial lleva a la guerra civil y todo porque la izquierda es triste. Es tan limitada la Alcaldesa de Madrid que nunca se dio cuenta de que la envidia es el motor emocional del consumismo, clave para su capitalismo libertario. Tampoco se dio cuenta de que, cuando habla del azar del emprendedor, está hablando de la gente que no tiene nadie a quien recurrir cuando quiebra, como si tienen los grandes empresarios como cuando el Fobaproa o cuando ella rescató a su novio al darle el contrato de cubrebocas en la pandemia. Tampoco se da cuenta de que establece una semejanza entre derechos sociales y control, que es un insulto a los millones de adultos mayores, jóvenes, mujeres que ejercen esos derechos en México. Y así siguió. Aseguró sin miedo al abucheo mayoritario: “La política de la subvención no está pensada para aquellos que tienen una necesidad como la infancia, la discapacidad o los mayores, quienes han perdido todo. Es la cultura de la subvención para el control de la sociedad. Mucha gente agraviada, mucha gente dependiente, mucha gente bajo mi control. Yo defiendo que las subvenciones son para que el que no puede, no para el que no quiere. Ese gran negocio es otra de las cadenas de este socialismo. Y la manipulación constante, la aniquiliación del adversario, que te calles, que te acomplejes, que no digas, así es como funciona”. Quién sabe en qué país creyó Díaz Ayuso que hablaba. Los dos temas que traía, que aprendamos a amar a Hernán Cortés y contra los derechos sociales, los expresó mal. Luego confesó: “La primera vez que estuve en México era la primera campaña de Morena. Nosotros hicimos campaña en Baja California y CdMx”. ¿Nosotros? ¿Quiénes? ¿Acaso aceptó Ayuso que hizo política electoral en un país que no es el suyo? ¿Con el PRIAN? Misterio. Lo dijo y ya no abundó porque luego se instaló en una verborrea digna de la Guerra Fría en 1950 diciendo que los gobiernos de izquierda utilizan la democracia ---cito--- “Porque dos son más que uno, nos podemos quedar con su vivienda, es la democracia, así lo hemos votado y así todo. Y así es como van muriendo las democracias. Porque aparentemente hay unas urnas, unos partidos, y unos medios y a partir de ahí, nada más funciona. Todo aquello que es libertad es erradicado desde la propia democracia. ¿Qué se hace? Se ataca la propiedad, las instituciones, carcomidas por los activistas, se aparta a los mejores, se quita a la gente que ha llegado ahí por oposición, por concurso, por mérito, a los verdaderos profesionales, expertos, gente con prestigio, por gente que vive de lo público para que lo público no funcione. Y así es como poco a poco van carcomiendo los contrapesos, esas instituciones y la democracia poquito a poquito se va cayendo. No gestionan, sólo mueven las reglas, porque están a la gestión del poder, y tambien como digo, a la destrucción personal”. Si usted entendió algo de lo que quiso decir, por favor explíqueselo en su siguiente visita a Madrid.

Y así terminó su disertación magistral esta advenediza del pensamiento lógico: “Venimos a defender la hispanidad que es una forma alegre de ver la vida en torno a unos valores. Los de la civilización, los del pensamiento, del Estado de Derecho. Y ha llegado el momento de que celebremos lo que hay de los dos lados del Atlántico. Es momento de dejar de comprar la versión siempre acomplejada de las supuestas conquistas para estar divididos y enfrentados con las gafas del pasado y sobre todo para que la gente no tome responsabilidad ninguna sobre qué tiene que hacer en el presente y especialmente en el futuro”. Según ella, las masacres, la esclavitud, y el desmembramiento con perros eran expresiones del afecto que nos tenían los españoles y, si no ves ese amor, pues estás acomplejado. Lo bueno que no fomentan el odio. Y se pregunta en su ignorancia inabarcable: “¿Cómo puede ser que cinco siglos más tarde, los que estamos aquí compartamos unos mismos apellidos, un mismo idioma y una misma religión? Yo pienso que sólo es a través del amor posible”. No señora Ayuso, es porque usted nunca leyó a sus cronistas describir los bautizos masivos y el uso de la fuerza para imponer un idioma y una religión en todo el continente. Pero, no importó. En el auditorio se pararon a aplaudir como si acabaran de escuchar algo coherente, Pablo Hiriart, que ahora dirige el diario de los salinistas, los prianistas Gil Zuath, Belaunzarán, y Germán Martínez. Lo que es tragar camote y traer un tupper para llevar. 

La visita continuó, pero empezó a perder relevancia morbosa. Ya casi nadie atendió que el gobierno de Tere Jiménez en Aguascalientes le dio unas llaves de la ciudad o algo así, que la policía reprimió a toletazos a los que se manifestaron en contra, que una regidora levantó un cartel contra esa ceremonia y fue sacada por policías privados. Tampoco que las inversiones que llevó a Madrid fueron del restorán Vips. Muchos dicen que Díaz Ayuso vino a provocar. Al final creo que ni ella misma lo sabe.  

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