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11/28/2010

¡Mejor rico hoy que jodido siempre!


Hania Novell


Pueblos fantasmas donde los hombres abandonan a sus mujeres e hijos para buscar una mejor oportunidad de trabajo? ¿Pueblos vacíos? Eso ha cambiado. Hoy los jóvenes ya no abandonan su lugar de origen en busca de los dólares “en el otro lado”, se quedan, prefieren ser chavos que viven poco pero bien a tener una larga vida de pobreza. Arriesgar el pellejo para convertirse en jornaleros, lavaplatos o jardineros ya no es su sueño.

La anatomía tanto de las fronteras como de las ciudades expulsoras de migrantes se está transformando. Los nuevos sicarios: viven aprisa y mueren jóvenes... y no se convierten en un bello cadáver, como sugería la frase de aquella película de 1949 Llama a cualquier puerta.

Las pandillas y bandas que se enfrentaban a pedradas para controlar unas cuadras ya pasaron a la historia. Hoy los niños y adolescentes son reclutados por el crimen organizado para vender droga, secuestrar, extorsionar y asesinar. ¡Todo sin salir de su localidad!

Niños que ni siquiera tuvieron la oportunidad de jugar a policías y ladrones hoy portan pistolas de verdad. Su carrera como profesionales de la delincuencia comienza con ser halcones, vigilantes que avisan cuando llegan extraños o policías, luego viene la venta al menudeo y que ellos mismos se “enganchen” en el consumo de drogas, más tarde llega el cobro de deudas y de ahí a la extorsión y al tan ansiado puesto de sicario. Se enfrascan en guerras absurdas con grupos contrarios y mueren como carne de cañón al enfrentarse con las fuerzas castrenses.

La historia de El Ponchis es un ejemplo reciente y uno de los más escalofriantes. A sus 12 años de edad es uno de los delincuentes más buscados en este momento, pertenece al cártel del Pacífico Sur, su trabajo dentro de la organización criminal consiste en decapitar y cortar los genitales a los rivales capturados. Se supo de su existencia a consecuencia de la confesión de la novia del jefe de la banda, una joven de 16 años y embarazada que fue capturada en un operativo de las fuerzas federales en Morelos.

Estos son los nuevos modelos para chavitos que ni estudian, ni trabajan, ni tienen sueños. Viven aprisa, sí, pero continúan encerrados en sus barrios, cárceles a cielo abierto de las que nunca saldrán con vida.

Según el Informe Nacional sobre Violencia y Salud auspiciado por la UNICEF, dos menores de 14 años mueren a diario en México como consecuencia de la violencia. El origen: la falta de educación, familias divididas, odio y golpes en sus casas; es lo que ven y es lo que reproducen. Su odio genera más odio. Crecen sin principios, ni valores, la calle los atrapa ofreciéndoles con menor esfuerzo una oportunidad de pertenecer al grupo y por unos pesos ser alguien. Y así van obteniendo poder y respeto en sus comunidades.

Datos de febrero de este año de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), señalan que más de 5 mil pandillas y bandas delictivas trabajan de manera conjunta o han sido contratadas por Los Zetas, La Familia Michoacana, los cárteles de Sinaloa, Juárez, Tijuana y el grupo de los Beltrán Leyva. Las autoridades calculan que alrededor de mil 500 pandillas de jóvenes entre los 14 y 25 años de edad se integraron a las filas de narcobandas como Los Aztecas, Los Artistas Asesinos y Los Linces en la frontera con Estados Unidos.

También las riquezas metafísicas son, en algunos casos, parte del atractivo. En Michoacán, La Familia prefiere jóvenes evangélicos, reclutan a chicos con la promesa de que los van a convertir en salvadores, durante su “entrenamiento” utilizan argumentos religiosos y adoctrinamiento. Los hacen hermanos; son una familia.

En la zona sur de Monterrey se tienen detectadas la presencia de al menos mil 900 pandilleros, y en la parte norte hay más de 400 bandas juveniles. Según la PGR “…se calcula que en nuestro país 80% de las pandillas están integradas por jóvenes mexicanos y latinos, mientras que 20% son una mezcla de mexicanos con estadounidenses, principalmente de Texas y Arizona, de ahí que las bandas delictivas no sólo estén capacitadas en adiestramiento de armas y de tráfico de drogas, sino de supervivencia…”.

Los chavos banda de los 80, con sus pantalones pegados y playeras negras estampadas con sus grupos favoritos de rock y de punk quedaron atrás y ahora cambiaron el perfil, mutaron sus rituales para entrar a un negocio corto y mortal. Niños que prefieren traer dinero en el bolsillo aunque exista la posibilidad de caer en la cárcel. Niños que prefieren matar para vivir un día como ricos antes que pasar el resto de sus vidas como jodidos.
Periodista

10/24/2010

Los escuadrones de la muerte


Hannia Novell

Aunque ya no es la frase con la que nos asaltan, “¡arriba las manos!”, evoca el mismo sentimiento de impotencia al vernos sometidos ante un criminal. El tema es que cada vez éstos son más violentos, más sanguinarios y crueles, ya no importa si el delito lo comete La Línea, Los Aztecas, El Chapo, El Chapito o Chepeto... o como se quieran llamar; ya no, son igual de sádicos. Y ahora todos corremos el riesgo de ser confundidos o estar entre el fuego cruzado.

No hay cifras certeras de muertos, ni mucho menos de heridos, y si las autoridades han insistido en llamar esto una guerra, lo que vive hoy México es más, o no es una guerra. Es un descontrol: desertores que se pasan de un bando a otro, de una corporación policiaca a un cártel. Y los cárteles lo mismo dominan zonas, estados y rutas, que incursionan en la piratería, tienen flotillas completas de taxis a su servicio para usarlos de halcones (especie de informantes), han entrado al desalmado negocio del secuestro. Y si me lo permiten, cada vez son más creativos para comunicarse y mandarse amenazas entre bandos.

¿Fue en Irak donde se registró el primer degollado grabado y transmitido en videomensaje?, no sabemos a ciencia cierta, lo que sí es que esa forma de descabezar gente la retomó el crimen organizado en México. Y de ahí un sinfín de métodos que sería inútil describir.

De todo esto, estamos cansados y hundidos en un profundo miedo. Ya hay muestras de hartazgo en varios intentos de linchamiento que se multiplican por pueblos y comunidades enteras al interior del país, pero lo que hoy sorprende es otro fenómeno que no hay que pasar por alto, los llamados “escuadrones de la muerte”.

No son nuevos y tienen su historia en nuestro continente. Ejemplos como el de Colombia son claros, “hacer justicia por propia mano” en principio surge de la misma sociedad tolerado por la ley, las Autodefensas Unidas de Colombia aparecieron en abril de 1997 tras el secuestro y asesinato del jefe de la familia Castaño, el escuadrón lo forman sus hijos, los hermanos Castaño, una familia rica que tras no encontrar justicia, la buscan ellos mismos.

Utilizaron a criminales y ex militares y terminaron aliándose con narcotraficantes. Tras hacer limpieza social y arrebatar el monopolio criminal, terminaron por sustituir a quienes habían eliminado. Colombia es sólo un caso, gavillas creadas para defender sus intereses las hay también en Brasil, Guatemala y El Salvador.

En México recientemente apareció algo que se autodenominó Pelotón Omega. Encabezados por el comandante Miguel, su propósito es, otra vez, “hacer justicia por propia mano”, nacen en Michoacán y, según una carta publicada el domingo 3 de octubre y en volantes repartidos por todo Morelia, pretenden combatir a los grupos que aterran a la entidad:

“A partir de hoy ninguna maldita lacra de esas podrán dormir en paz. Ningún criminal estará a salvo, ningún funcionarios que preste su colaboración a los criminales será perdonado; el tiempo ha llegado en que la sociedad se haga justicia a sí misma, pues los órganos de la justicia formal ya no funcionan”.

Sus argumentos: “Nadie nos protege, nadie nos escucha, nadie se preocupa por la gente de trabajo; nosotros no podemos generar riqueza, como nación, si no tenemos un gobierno decente que asuma su papel y que se haga respetar por los grupos sociales, y que elimine a los grupos del crimen organizado aplicando la ley de manera correcta pero inflexible”.

“La justicia es pervertida todos los días, a cada momento; los inocentes van a la cárcel y los criminales andan libres... muchos gobernadores, presidentes, jueces, comandantes, generales, policías y almirantes, negocian, se asocian y conviven con los criminales que azotan a la sociedad.”

La firma: “...ningún inocente será atacado. En el nombre de Dios. Comandante Miguel”.

Aunque inicialmente estos grupos sean bien recibidos por la sociedad desesperada, son organismos paramilitares que terminan obedeciendo a su propia lógica y no a la sociedad. Otro dato, en su momento La Familia Michoacana se presentó en sociedad de forma similar.

Los criminólogos ya estudian a este nuevo “escuadrón”. Por lo pronto, explican que en griego “omega” corresponde a la última letra de ese alfabeto, equivalente en el nuestro a la letra “zeta”. ¿Coincidencia? ¿No será más bien “Pelotón Z” o quizás Alpha y Omega, el principio y el fin? ¿Será que sólo es un escuadrón más de La Familia dedicado a asesinar zetas?

Son tiempos de crisis y propicios ante el desorden, pero todos estos grupos tienen algo en común, proliferan frente a autoridades débiles con dificultad para hacer cumplir la ley.

Periodista

9/26/2010

Veracruz: con el agua hasta el cuello


Hannia Novell


“No encuentro a mi familia, salí muy temprano y al regresar el huracán ya nos había pegado. El párroco de Antigua tampoco aparecía, las familias se separaron, los padres salieron a conseguir un poco de alimento dejando solos a esposas e hijos”. El huracán pegó en Veracruz y el agua les llegó hasta el cuello.

Como siempre, los huracanes no tienen palabra de honor. Wilma por ejemplo, que tocó costas mexicanas en octubre de 2005, dejó cicatriz a su paso por la península de Yucatán. Derrumbó no sólo casitas de palma, arrasó con los campos de siembra, afectó las actividades turísticas y económicas y, se calcula, generó pérdidas por 7.5 billones de dólares, el más costoso de nuestra historia.

Antes en 1988, para arruinar las fiestas patrias, Gilberto hizo sonar las campanas del pueblo para dar el grito adelantado abruptamente un 14 de septiembre. También en la península de Yucatán, Gilberto llegó con categoría 5. Pérdidas de otro tipo, la vida de 202 personas.

Pero lejos de recordar cuántos huracanes nos han desvestido a lo largo de la historia, nos han dejado sin nada, hay que plantearse si hemos aprendido algo.
Huracanes siempre van a existir, su comportamiento tal vez esté transformándose por el cambio climático o la urbanización de zonas antes despobladas que hace que sus efectos sean más evidentes. Pero ellos (los huracanes) siguen formados, uno tras otro.

A pesar de ser más conscientes de los peligros que representa un desastre natural como lo son los huracanes, tormentas tropicales o incluso depresiones, la gente demuestra que atiende las recomendaciones de las distintas instancias de protección civil, se vuelca a las calles, corre a los techos o albergues. Sin embargo, los daños son cada vez mayores.

Hace tan sólo unos días, el director general del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), Rubén Hofliger Topete, pidió a las autoridades municipales, estatales y federales detener los permisos y la construcción de casas y unidades habitacionales en zonas de alto riesgo. Según el funcionario, de continuar así, no habrá recursos económicos que alcancen para atender las necesidades de las personas tras los embates de fenómenos naturales.

En lo que va de este 2010, el Fonden ha entregado 10 mil millones de pesos y está en trámite de transferir 7 mil millones más, esto sin contar aún los daños por la emergencia que apenas esta semana generó el huracán Karl a su paso por Veracruz y sus secuelas en Puebla, Hidalgo, Guerrero y el Estado de México.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha tenido que realizar en tres ocasiones una ampliación al presupuesto original del fondo, que para este año los legisladores fijaron en 6 mil 800 millones de pesos. La estimación es que la cifra final será 400% mayor a lo previsto.

En ocasiones anteriores fue con los ingresos por excedentes petroleros con lo que se rellenó el saco del Fonden, al que prestos acuden los gobernadores cada vez que se ven rebasados por una emergencia, pero esa llave se está cerrando. La recomendación del gobierno federal a estados y municipios es a contratar con sus propios seguros que cubran los eventuales daños y siniestros a la infraestructura de su entidad. Claro que la “sugerencia” no ha sido muy popular.

Eso sí, los legisladores ya prometieron que para el presupuesto del 2011 agilizarán (otra vez) las reglas de operación del Fonden y revisarán si se están asignando los recursos suficientes.

Y mientras los gobiernos hacen cuentas frente a la emergencia económica y presupuestal, los damnificados tienen que sumarle a su desgracia otro terrible fenómeno, quizá más cruel y devastador que los propios huracanes. Las aves de rapiña.

Es en estas condiciones de fragilidad cuando el animal, lo más primitivo de nuestro ser, se asoma, se afilan los colmillos. Comienzan los robos, desde los más insignificantes, a las casas inundadas que apenas quedaron en pie, hasta las grandes oportunidades de hacer campaña política con la desgracia de los demás. Y eso también es comportarse como buitre. Debería ser tan castigado el que aprovecha la ocasión para meterse a una casa y robarse un televisor, como el que pasea la ayuda, las botellitas de agua, las latas y los medicamentos en camiones rotulados con mantas del partido político al que pertenece.

Parece que el agua nos llega hasta el cuello cada temporada de huracanes; cada vez contamos a nuestros muertos con mayor indiferencia, parte de una estadística fría que arroja el temporal. Pero también cada vez más, las suaves y delicadas aves de rapiña aparecen vestidas de marea roja; total, si el agua ya nos llegó hasta el cuello.
Periodista