4/13/2010


Jazz

Por lo tanto... jazz

Sibila de Villa

Antonio Malacara

Cuando toca el saxofón, la de Sibila de Villa es una pasión manifiesta, evidente, perpetua, que se esparce frontal y sin recato por todos lados y un poquito más allá, contrastando con la virtual timidez de la joven maestra, que nunca termina de asomarse bien a bien a este planeta y que prefiere compartir su música desde algún lejano rincón. Desde ahí, ocasionalmente (nos) sonríe entre la emoción y el agradecimiento.

El pasado viernes 9 de abril comenzó el ciclo Por lo tanto… jazz, organizado por la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes, y para ello, el trío de Sibila estaba programado en la sala Manuel M. Ponce. Teníamos que estar ahí; pero como no habíamos localizado a los encargados de prensa, llegamos una hora antes del concierto para comprar nuestro boleto. Y tenga. Ya todo estaba agotado. Subimos las escaleras con el ánimo arrodillado, mientras la gente preguntaba si me sobraba algún boleto. Afortunadamente, los argumentos periodísticos nos abrieron la puerta.

La saxofonista estaba flanqueada por dos celebridades (me emociono, pero no exagero): Rosino Serrano al piano y Víctor Flores en el contrabajo. Ella entró seria, casi hierática, tomó el sax alto y lentamente lo arrastró hacia los claroscuros con que se irían construyendo, una a una, todas las atmósferas de la noche. Siempre anhelantes. Siempre en movimiento. Sin prisa y sin pausa.

Volvían a aparecer varios de los temas incluidos hace tres años en Camposanto, el primer disco solista de Sibila: El último beso (Agustín Lara), ¿Por qué? (Jorge del Moral), Muy a mi pesar (Armando Manzanero), Quiéreme mucho (Gonzalo Roig), Toda una vida (Osvaldo Farrés). Se armaban nuevos arreglos y se mantenían los principios de búsqueda, encuentro e improvisación. No se trataba (no se trata) sólo de jazzear el bolero, por supuesto: en medio y en la periferia de estas tres voces privilegiadas hay toda una carga conceptual, una enorme intención expresiva que se cuida de las piruetas de circo y se mantiene sobria, serena, pero invariablemente intensa.

Sibila paseaba su personalísimo aliento entre el sax alto y el soprano, con soltura y a buen resguardo. Las cuerdas del piano y del contrabajo iban más allá del diálogo con ella y parecieran cobijarla y conducir el viaje. En un momento, fuera de programa, Rosino Serrano se quedó solo en el escenario y tocó La noche que cayó la bomba, composición propia que el maestro estrenó por 1985, en la época en que empezaba a gestarse la leyenda de la Banda Elástica.

Llegó después algo de Mingus, algo de Coltrane. Con el primero la dinámica surgió inmaculada, con el segundo hubo un fugaz encontronazo entre Flores y Serrano. Pero el vértice, el momento, llegó cuando el contrabajista volvió a salirse del programa. Volvió a sacar el arco y, a solas, se dejó ir en la belleza de una danza lenta, probablemente una zarabanda (nunca pudimos identificarla y Víctor no es localizable). Con enorme virtuosismo (y que valga el pleonasmo), la nostalgia fue llevada a los extremos y nos dejó fríos. Es entonces cuando se agradece estar en esta tierra y en este instante para poder ser parte de esta hipnosis colectiva.

Hubo más, llegó un tributo a Ponce con Marchita el alma, llegó un Summertime con aroma de tango, llegó un encore del Güero Gil con Sin un amor, llegaron las flores, los bravos, las aclamaciones. Salimos del Palacio de Bellas Artes como en trance, pero regresamos a la realidad de un solo golpe, cuando la taquilla del estacionamiento nos anunció lo que debíamos.

Al día siguiente quisimos hablar con los guías-acompañantes de Sibila, pero Rosino se había ido con Eugenia León y Víctor con la Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México. Nos aguantamos las dudas y las ganas.

Por lo tanto… jazz seguirá todos los viernes, sábados y domingos de abril, en la Manuel M. Ponce y en el Museo José Luis Cuevas. Ahí estarán Héctor Infanzón, Eugenio Toussaint, Roberto Aymes, Édison Quintana, Salvador Merchand, Agustín Bernal, la Sociedad Acústica, Lourdes Ambriz (la misma), Germán Bringas, Roberto Limón y muchos otros etcéteras de este nivel. Para más detalles puede ir a www.musicayopera.bellasartes.gob.mx.

No todo en esta administración está de cabeza. Salud.

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