4/06/2012

¿Renunciará Vázquez Mota a la candidatura, a favor de Cordero, “por motivos de salud”?




Pedro Echeverría V.



1. Todas la renuncias obligadas de funcionarios o candidatos durante más de 50 años en los gobiernos del PRI se decía elegantemente que eran “por motivos de salud”. Fue tan popular esa frase que se hizo una película en 1975 con ese nombre: “Renuncia por motivos de salud” actuada por Ignacio López Tarso poniendo a “la corrupción de las dependencias gubernamentales, a la transa y a la mordida”, en el centro de la política mexicana. Sin embargo jamás pudo negarse que siempre fue una buena salida, la mejor argucia a la que se podía acudir cuando ya no se servía para el cargo en el que fue designado; por eso hoy –para tratar de demostrar solidez en el cargo que se desempeña- todos se apresuran a decir que gozan de muy buena salud. Colosio, el candidato presidencial del PRI, sufrió embates en 1994 para obligarlo a renunciar “por motivos de salud”; después ya no pudo: fue asesinado para luego ser sustituido por el inexperto Ernesto Zedillo.

2. Hoy doña Josefina Vázquez Mota, la candidata panista, parece que tiene muchos obstáculos –en tan poco tiempo- para obligarla a renunciar. En primer lugar no fue la escogida por el grupo del presidente Calderón; luego en su gran mitin de protesta le provocaron que se retire la gente del foro; después, protestas de los trabajadores de aviación le hacen suspender un acto programado y, a los pocos días “se enferma por mareos” en una mesa de debate y, por último, es repudiada en un restaurante y tiene que suspender un mitin en Veracruz. No parecen “errores” o “cálculos” que ella misma haya provocado para hacerse publicidad; parece más bien que la están “ayudando a enfermarse” para que Ernesto Cordero –el que se decía el candidato de Calderón- pueda sustituirla. Parece que eso está permitido pues Zedillo pudo hacerlo con Colosio en 1994. (O en 1929 cuando Ortiz Rubio sustituyó a Aarón Sáenz como candidato del PNR)

3. La realidad es que ha habido unas cinco candidatas presidenciales mujeres, pero ninguna de ellas fue candidata de los principales partidos, por lo que no sufrían la tensión y los compromisos de la panista. Doña Rosario Ibarra –candidata de la izquierda radical y los trotskistas- tenía mucha más edad, pero había estado luchando en la calle muchos años y sus actos políticos eran más voluntarios que obligados; las otras candidatas fueron jóvenes y sus actos fueron igual de voluntariosos. El Caso de Josefina Vázquez es distinto porque tiene el compromiso de ganar la Presidencia o por lo menos quedar en segundo lugar para no hacer el ridículo y provocar y desplome de su partido. En la práctica sería la primera mujer en sostenerse en una candidatura y, de ganar, sería la primera presidenta de la República. Obviamente en el mundo ha habido decenas donde no se olvidan la Meir, la Thatcher, la Gandhi, la Aquino, la Merkel o la Krischner.

4. Digo que la Vázquez Mota podría ganar, así como puede ganar López Obrador de las fuerzas progresistas o Peña Nieto del PRI; el triunfo de cualquiera de ellos depende de la cantidad de dinero que cada partido invierta, de su alianza con los jefes del narcotráfico, del rumbo a donde se orienten los medios de información, de los acuerdos y determinaciones de la clase política, empresarial, del alto clero y, por último, de donde sea dirigido el voto de los electores. Hay que poner siempre al voto de último porque la clase dominante es la que dice por quien hay que votar para que luego se mueva toda la estructura electoral –encabezada por los medios de información y la Iglesia- que “orientará de manera acertada” el voto. Por su cuando alguien me dice que fue libre su voto, que nadie lo influyó, siempre mi reprimo la carcajada o la pena porque no recuerdo a algún presidente que antes del cargo haya luchado junto al pueblo o los electores que depositan su voto.

5. Si renunciara la pobre Josefina Vázquez a su candidatura “por motivos de salud” nos perderíamos en México la experiencia de una mujer a las orillas de la Presidencia. No sabríamos si como mujeres son capaces de aguantar la presión política, si sería capaz de ganarse a la estructura de dominación empresarial para ponerla a su servicio, no sabríamos si sus consejeros o asesores estarían dispuestos a seguir a una mujer en la Presidencia y muchas otras cosas como saber que hacer con las mordidas, las transas, los negocios bajo el agua y toda la corrupción institucionalizada que en México. No lo sabemos porque siempre han gobernado los hombres, desde los tiempos prehispánico, del virreinato y de los presidentes. Más aún se ha llegado a pensar de que la política a la mexicana es un asunto sólo de hombres y que la mujer –por el sólo hecho de entrar en ellos, de formar parte de los equipos, de actuar como los hombres- es sólo un hombre más.

6. El problema de cualquier mujer o cualquier hombre en la candidatura o en el gobierno es de ideología; no del contenido de los discursos, de lo que dicen que harán, sino de su identidad en relación a las clases sociales. Todos los seres humanos tenemos iguales derechos y deberes, pero en la sociedad capitalista –la única que existe- los grandes empresarios y políticos poseen las propiedades y los privilegios; en tanto las dos terceras partes de la población apenas poseen para no morir de hambre. Los gobiernos siempre han gobernado en beneficio de las minorías privilegiadas o, cuando más, aplican una ley igual para seres desiguales. ¿Cómo gobernar para igualar a la sociedad sino se gobierna al lado de la parte oprimida y miserable de la población? Obviamente Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto- al ser integrantes de partidos con ideología empresarial y de derecha, jamás podrán gobernar en beneficio de los explotados.

7. El problema de gobernar no es un asunto de sexo, raza, de títulos académicos o de bondad o maldad; de hombres o mujeres, de negros o blancos, de bondadosos o malos, de universitarios o no. Gobernar es estar con las grandes mayorías, con los que más lo necesitan, con los productores de la riqueza, con toda aquella ideología que significa igualdad, libertad y justicia igualitaria. Josefina puede o no renunciar si así lo desea el presidente o el PAN; tampoco depende de ella. Ha planteado la recomposición de su estrategia y de su equipo de campaña, pero quizá no dependa de uno u otro. ¿Qué tal si la cambian por Cordero o por otra mujer que sea más aguerrida y con más decisión? Los empresarios y los medios de información están llenos de contento porque su pupilo Peña Nieto parece ir en “caballo de hacienda”, sobre todo ahora que han estado logrando –con las encuestas- que López Obrador no rebase el 20 por ciento.


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