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Las circunstancias colocan a Claudia Sheinbaum Pardo en un escenario difícil para la citada izquierda subcontinental: de las figuras relevantes que tal corriente ha tenido en diversos países, sólo el brasileño Inácio Lula da Silva podría intentar mantenerse en el poder en los comicios generales de octubre del año en curso; en Colombia terminará el periodo de Gustavo Petro, con la incierta posibilidad de que el senador Iván Cepeda dé continuidad al progresismo en las elecciones presidenciales de mayo o en segunda vuelta en junio.
En ambos casos mucho pesará el cantado intervencionismo de Donald Trump, quien ya ha cargado la balanza electoral hacia sus favoritos en las legislativas de Argentina (para ayudar al naufragante Milei), Chile y Honduras, y ahora, envalentonado por su “éxito” en Venezuela, tratará de impedir a toda costa que aspirantes con tonalidades de izquierda lleguen o se mantengan en el poder en otros países.
Sheinbaum ha logrado mantener una política de cesiones en la práctica combinadas con una retórica de aspiraciones soberanas. No es mucho el grado de acción que la realidad le permite, pero, el posible, lo ha ejercido con decoro: mantiene la intención de apoyo a Cuba (frente a una ultraderecha gringa que considera traición a la Casa Blanca toda solidaridad con la isla), se ha negado de manera rotunda a que haya acciones directas de los gringos contra los cárteles mexicanos y, con los cuidados a que el caso obliga, ha expresado rechazo a la invasión de Trump en Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro.
Ayer mismo, por vía telefónica, dialogó con Lula y, según lo que este declaró públicamente, ambos repudiaron “los ataques contra la soberanía venezolana y (...) cualquier visión que pueda implicar la anticuada división del mundo en zonas de influencia”. Dicha versión brasileña del diálogo fue acompañada de una invitación a la mexicana a visitar el gran país sudamericano.
Petro, por su parte, fue invitado a visitar la Casa Blanca luego de una peculiar llamada que sostuvo con Trump. Antes del telefonema, la postura del multimillonario había sido constantemente ofensiva contra el ex guerrillero. Aunque en apariencia hubo distensión, en Washington se mantiene firme el objetivo de que la derecha regrese al poder en Colombia.
Diríase que en el resto de las naciones latinoamericanas pocas son las expectativas de crecimiento o consolidación electoral y de poder de las izquierdas (lo que hay en Nicaragua es una aberración con cierta retórica sin credibilidad, Cuba pareciera encaminada a una crisis acaso terminal para el régimen histórico y los Rodríguez batallan en Venezuela para cumplirle tanto al poder gringo como a las exigencias de congruencia que les hace el chavismo-madurismo).
En ese escenario y sin que ella lo hubiese buscado, a Sheinbaum Pardo podría quedarle la oportunidad de construir una especie de referencia simbólica y, en cierto grado, operativa, de esa izquierda latinoamericana maltrecha o aplicarse a la defensa del territorio propio, sin dar motivos a los abusivos del norte para más golpes de los que ya se han recibido y los que constantemente se anuncian desde oficinas del trumpismo.
Y, mientras The New York Times ha preguntado en entrevista a Trump si existen límites a su poder global y él ha respondido: “Sí, hay una cosa: mi propia moralidad, mi propia mente. Es lo único que puede detenerme (...) No necesito el derecho internacional (...) No busco hacerle daño a nadie”, ¡hasta el próximo lunes, con esta “moralidad” Epstein, Gaza, Caracas y lo que se acumule!
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Venezuela (el más reciente Anschluss de Trump, donde, sin mayor resistencia, ilegalmente ya gobierna el cártel de la Casa Blanca, amén de que éste tiene agarrada de santas partes a la cúpula política de aquel país y debe sobrevivir con las migajas que el imperio les arroje, si es que en realidad lo hace) es sólo el inicio práctico e impúdico de la andanada imperial trumpista, pues en su inventario aparecen, cuando menos, China, Rusia (ambos con capacidad política y militar para contenerla), Cuba, Groenlandia, México, Colombia, Irán, Panamá, Palestina, el bloque europeo y muchos más, sin dejar de lado que descaradamente metió las manos en las elecciones de Honduras, Chile y Argentina para imponer a sus marionetas ultraderechistas Nasry Asfura, José Antonio Kast y Javier Milei, respectivamente, y, de no frenarlo, lo hará en donde se le pegue la gana. Y todavía le restan tres años de estancia en la Casa Blanca.
Sin declaración de guerra, bombardeó, secuestro, robó y asesinó, y por si fuera poco, una vez instalado en el gobierno venezolano, ahora Trump exige a Delcy Rodríguez que rompa relaciones con Cuba, Rusia, China e Irán, y “canalice todos los ingresos petroleros a cuentas bancarias controladas por Washington, adquiera en Estados Unidos todos los productos que necesite y entregue el crudo almacenado existente”. Desde ya, impone, “Venezuela debe ser socio exclusivo de Estados Unidos en la producción de petróleo y favorecerlo cuando venda crudo pesado”. Las decisiones siguen siendo dictadas por el imperio y este “plan”, según dice, “continuará de manera indefinida”.
Eso sí, ahogado el niño las buenas conciencias quieren tapar el hoyo: “el Senado estadunidense aprobó ayer una resolución que prohíbe al presidente Donald Trump tomar más acciones militares contra Venezuela sin autorización del Congreso, allanando el camino para una mayor consideración en la cámara de 100 miembros. La votación sobre una medida de procedimiento para avanzar con la resolución de poderes de guerra fue de 52 a favor y 47 en contra, ya que un puñado de compañeros republicanos de Trump votaron con todos los demócratas a favor de seguir adelante”. Este es el primer paso; la votación decisiva se dará la próxima semana. Obviamente, el magnate naranja calificó de “estupidez” esta decisión, y dijo que los senadores republicanos que la apoyan “deberían avergonzarse por intentar arrebatarnos nuestra capacidad para luchar y defender a Estados Unidos”.
En círculos políticos de Washington se dice que demócratas y algunos republicanos ya cocinan el juicio político ( impeachment) para destituir al cavernícola naranja, pero lo cierto es que esto no aguanta ni un minuto más.
También, como lo hizo Hitler en 1933 (cuando “retiró” a Alemania de la Sociedad de las Naciones, por “obstaculizar nuestros objetivos de política exterior”), hoy el KKK Trump manda a paseo a los organismos internacionales (a los que, de cualquier suerte, siempre se los pasó por el arco del triunfo): “firmó un decreto para el retiro de Estados Unidos de 66 organizaciones, convenciones y tratados internacionales que ‘son contrarios a los intereses del país’, anunció la Casa Blanca. La orden involucra a 31 organismos de la Organización de Naciones Unidas y a 35 entidades no afiliadas a esa institución”.
Entonces, a 93 años de distancia, la única diferencia entre Hitler y Trump es el bigotito.
Las rebanadas del pastel
Gustavo Petro es un hombre inteligente, por lo que debe ser extremadamente cauto en su próxima cita con el cavernícola Trump, porque no vaya a ser que en breve duerma al lado de Nicolás Maduro en prisión gringa. Para eso sirven las videoconferencias, porque no se puede confiar ni un segundo en el imperio.
Ayer se cumplió un año más del fallecimiento de esta figura clave del arte de Colombia y América Latina. Pionera en la escultura cinegética y una de las primeras en desafiar las formas tradicionales vigentes al emplear chatarra, restos de automóviles, motores y acero inoxidable, para hacer esculturas a las que incorporó música, movimiento y espacio.
Hija de inmigrantes judíos polacos, Bursztyn nació en Bogotá en 1933. Pero allí se sentía como una extraña. A los 19 años contrajo matrimonio y tuvo tres hijos. Cuatro años más tarde se divorció y abandonó a su familia para dedicarse a lo que le gustaba: la escultura. Rechazó así las restricciones impuestas a las mujeres en Colombia y todos los cánones de una sociedad patriarcal. Ella dijo entonces que “¡en un país de machistas, hágase la loca!” Y así fue tratada no pocas veces en ciertos medios y en los rancios círculos sociales.
En cambio, las figuras importantes de la cultura entendieron y comentaron favorablemente su obra. Comenzando por el poeta Jorge Gaitán Durán, director de la famosa revista Mito, gracias a lo cual logró abrirse campo y exponer sus obras en museos de Colombia y, finalmente, en el de Arte Moderno de Bogotá.
Feminista en un país machista con cánones morales dictados por una Iglesia católica ultraconservadora, Feliza también fue severa crítica de la situación social y económica imperante. Militó en los movimientos progresistas. Perseguida por las fuerzas del Estado, tuvo que exiliarse en México en 1980 para salvar su vida, y luego en Francia.
El paso del tiempo le hizo justicia. Hoy su obra goza de reconocimiento internacional. Además, la novela Los nombres de Feliza, de Juan Gabriel Vásquez (2024), ofrece un acercamiento a la vida de quien luchó contra los prejuicios sociales, machistas, religiosos y políticos.
Por su parte, la titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Marcela Figueroa, informó que la mitad de los homicidios se concentran en siete entidades, mientras 26 estados experimentaron una mejoría en este indicador. De hecho, el conjunto de los delitos de alto impacto (homicidio doloso, feminicidio, secuestro, extorsión, violación y robos con violencia) tuvo una caída de 47 por ciento entre 2018 y 2025, pasando de 969 a 514 diarios. Quizá lo más destacable de las cifras presentadas en la conferencia de prensa presidencial de ayer es que más de tres cuartas partes de los intentos de extorsión han sido frustrados gracias a la estrategia de concienciación y al contacto de los ciudadanos con las autoridades. Como se señaló antes en este espacio, durante mucho tiempo la extorsión se mantuvo como el único delito de alto impacto que crecía en lugar de disminuir, por lo que los nuevos datos podrían marcar un alentador cambio de tendencia.
Es necesario poner en perspectiva las cifras para comprender su significado e importancia en el contexto de la grave violencia que padece México desde que Felipe Calderón usurpó la Presidencia y lanzó su falsa guerra contra el narcotráfico. Calderón recibió de su antecesor y correligionario, Vicente Fox, un país donde se cometían alrededor de 10 mil homicidios al año, y legó a su sucesor, Enrique Peña Nieto, una catástrofe humanitaria en la que ya perdían la vida de manera violenta casi 26 mil personas anualmente. El salto fue de 100 por ciento si se comparan las administraciones completas de los panistas (2001-2006 y 2007-2012), y de un aterrador 192 por ciento si se tiene en cuenta la diferencia entre el México que recibió Calderón y el que dejó como herencia nefasta.
El regreso del PRI a Los Pinos supuso un descenso importante en el número de homicidios en sus primeros tres años, pero la segunda mitad del sexenio perdió cualquier avance y se hundió en una espiral de asesinatos: el primer año del peñanietismo registró 23 mil 63 homicidios, y el último la cifra alcanzó 36 mil 685. El primer gobierno de la Cuarta Transformación fue, en números absolutos, el más violento en la historia moderna de México. Lo que no dicen los críticos de esa administración progresista es que también fue el primero en impedir el crecimiento de la violencia y en reducir los asesinatos: el ex presidente Andrés Manuel López Obrador recibió un escenario de más de 36 mil homicidios anuales y 2024 cerró con 33 mil, en los que se cuentan tres meses del actual gobierno. En vez de aumentar, la cifra de homicidios disminuyó 9 por ciento, y la reducción fue mucho mayor en otros delitos de alto impacto, en particular el secuestro.
Valorar estos datos no implica minimizar ni mucho menos normalizar los niveles de violencia actuales. Por el contrario, la comisión de medio centenar de homicidios al día se traduce en un inadmisible riesgo para la integridad física y el derecho a la tranquilidad de los ciudadanos, mientras las extorsiones destruyen el patrimonio de trabajadores y pequeños y medianos empresarios, además de ahuyentar inversiones y lastrar el desarrollo nacional. Pero pretender que nada ha cambiado sería igualmente pernicioso, pues impediría reconocer que finalmente se transita el camino correcto y podría llevar a la tentación de repetir fórmulas fracasadas como la que puso en marcha Calderón y hoy se le quiere imponer al país desde Washington. En suma, mirar la situación como parte de una trayectoria histórica habilita para evaluar estrategias y evitar los errores del pasado, sin dejar por ello de exigir la paz que México merece.

Es nuestro deber encontrar el camino y liberar al mundo con imaginación.
Carlos Pellicer López
Califica de “deleznable” celebrar el injerencismo de Trump y sus secuaces
Si de por sí es insólita la forma en la que Estados Unidos pisotea el derecho internacional y los derechos humanos tras secuestrar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, debe ser la más pura locura que Donald Trump, Marco Rubio y todos sus secuaces admitan con descaro que se quedarán con el petróleo de Caracas, que impondrán un gobernante y que además amenacen con desparpajo a Cuba, Colombia e incluso a México con que su suerte podría ser muy similar. Inaudito también es que, a pesar de que hay protestas de los propios ciudadanos estadunidenses contra el injerencismo de su gobierno, no reúnan la fuerza democrática necesaria para cambiar su sistema político sanguinario y ladrón que va sembrando miserias en todo el mundo.
Pero lo peor, lo más deleznable y triste en toda esta situación escandalosa, es que existan latinoamericanos que aplauden el actuar del Hitler gringo y piden para sus países la misma intervención militar que está sufriendo Venezuela. Lo anterior es una penosa muestra de todo lo que está mal; son unos traidores a la patria, a la razón y a la humanidad.
Hay que alzar la voz contra el imperialismo yanqui y seguir exigiendo que liberen a Maduro y a Flores. La defensa de Venezuela es también la protección de la soberanía de toda América Latina.
Sam Fouilloux
Los traidores a su patria sólo reciben migajas del imperialismo, señala
Los imperios que someten, esclavizan y saquean pueblos se sirven de los traidores, quienes les ayudan y los vitorean a pesar de sólo ser utilizados y recibir a cambio migajas.
En el fondo, los imperialistas no quieren a los ciudadanos de los países invadidos, los desprecian profundamente y antes que tarde les aplican también su “justicia” para quedarse con sus recursos.
Si estos traidores creen que serían los consentidos, se equivocan. Revisen la historia, ejemplos sobran.
Juan Manuel Hernández Castillo
Solicitan ayuda de urgencia al IMSS
Director general del IMSS, Zoé Robledo: después de estar 23 días hospitalizado en la Clínica 24, y tres en la Clínica 25, lamentablemente el paciente Ignacio Joaquín Pérez Monroy, de 65 años, fue dado de alta durante la noche del 7 enero porque el siquiatra que lo atendía señaló que el diagnóstico de “esquizofrenia” es erróneo. Aunque ya tenía el pase para que la ambulancia lo recogiera y lo trasladara a la Unidad Morelos del IMSS, las autoridades cancelaron el traslado con el argumento de que no es caso siquiátrico.
En casa, antenoche nadie durmió. Ignacio y su familia requerimos ayuda urgente para que sea atendido, pues representa un alto riesgo para la seguridad de todos. No hay palabras que puedan transmitir la necesidad de ayuda urgente. Dejo mi correo electrónico como medio de contacto: blpmonroy@gmail.com
Braulio P. Monroy
Denuncia burocracia de Seguros Mapfre
En enero del año pasado contraté una póliza de gastos médicos mayores con Seguros Mapfre que todavía se encuentra vigente. A inicios de octubre, acudí a valoración médica por dolor agudo e incapacitante en el hombro izquierdo, mi brazo dominante, que me impide realizar actividades básicas.
Una resonancia magnética confirmó desgarre del tendón supraespinoso mayor a 50 por ciento, lesión del manguito rotador y pinzamiento subacromial, diagnóstico que requiere cirugía inmediata.
El medico tratante integró la solicitud quirúrgica y se enviaron oportunamente estudios y documentación médica a la compañía de seguros, que lejos de autorizarla, ha dilatado el trámite de forma reiterada, solicitando una y otra vez los mismos formularios ya entregados.
El 20 de diciembre, pese a que se me informó que la cirugía sería autorizada, el procedimiento no se realizó. A la fecha no existe dictamen ni autorización, sólo nuevas exigencias administrativas sin justificación médica.
Mientras Mapfre retrasa la cirugía, mi salud se deteriora, el dolor es constante y el riesgo de daño permanente aumenta. La intervención es urgente y el retraso compromete seriamente mi recuperación y mi integridad física.
Ana Rosa Lozano Ruíz
Invitación
Marcha Antimperealista
La Coordinadora Mexicana de Solidaridad con Venezuela repudia la cobarde y criminal agresión militar de Estados Unidos a la República Bolivariana de Venezuela perpetrada el día 3 de enero en la madrugada y el secuestro de su Presidente Constitucional Nicolás Maduro y su esposa, la Diputada Cilia Flores.
Hacemos un llamado al pueblo de México a participar en la marcha pacífica que se realizará en el marco de la Jornada Antiimperialista por Venezuela, el sábado 10 de enero a las 11 horas del Ángel de la Independencia al Hemiciclo a Juárez en la CDMX, para demandar su inmediata liberación, el cese de las amenazas que el imperialismo yanqui viene haciendo a los gobiernos y pueblos del mundo y el respeto al marco jurídico internacional.
¡Es el momento de unirnos para apoyar a un pueblo hermano! ¡Defender al pueblo y gobierno de Venezuela es defender a todos los pueblos de Nuestra América!
Rosa María Hernández, Irma Sofía Nava, Rafael Ordóñez, Irma Tovar
Si lo hacemos, concluimos que el imperio actúa de un modo muy similar al narco: amenazando, comprando, atacando cobardemente para apropiarse de los bienes colectivos de comunidades y pueblos. Por eso el narcocapitalismo o el capitalismo criminal, sinónimos ya, deben ser entendidos de forma integral, sin separar las diversas facetas.
Lo sucedido con el ataque a Venezuela es un punto de inflexión que trasciende al gobierno de Trump, ya que el imperio decidió tomar el camino de la dominación sin fisuras de nuestra región, para intentar contener su irresistible decadencia con la esperanza de enfrentar a China desde un Occidente bajo su control.
Pero lo central, desde mi punto de vista, es cómo la nueva realidad afecta a los movimientos y a los pueblos, qué podemos esperar a partir de ahora y cómo podemos actuar para acotar los daños, para sobrevivir colectivamente a un enemigo, el capitalismo, que aspira a aniquilarnos para conquistar los bienes comunes. El genocidio palestino es el espejo donde mirarnos, que nos permite comprender los objetivos del sistema.
La primera cuestión es que Trump no está loco. Representa los intereses de las grandes empresas y del Estado, y el grupo que gobierna tiene la única estrategia razonable para la supervivencia del im-perio: no pelear directamente con China y con Rusia, dejarlos controlar Asia y Eurasia, respectivamente, y centrarse en el control de Occidente y, sobre todo, de su patio trasero. Desde allí esperan resistir el ascenso de China, controlando el petróleo y el petrodólar, las tierras raras y los minerales en nuestro continente.
Venga quien venga después de Trump, esta política, diseñada en la reciente Estrategia de Seguridad Nacional, no va a cambiar.
La segunda es que para los movimientos y los pueblos el desafío es enorme, de un tamaño tal que no estamos en condiciones de revertir ni de frenar en el corto y mediano plazo. Esta es la tormenta que el EZLN viene anunciando por lo menos desde 2015, cuando fue el seminario “El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista”.
Las guerras por la hegemonía mundial son una parte central de la tormenta, a las que deben sumarse la crisis y caos ambientales que, juntos, arrasarán a buena parte de la humanidad. El primer deber que tenemos es comprender que estamos en la primera fase de este desastre, cuyo inicio podemos situar en Gaza y ahora en Venezuela, sabiendo que el imperio tiene en su mira a Colombia, Cuba y México, pero también a Groenlandia, como se desprende de las últimas declaraciones de Trump.
La tercera es qué vamos a hacer ahora que sabemos que no hay legalidad internacional, que los organismos como Naciones Unidas se han vuelto irrelevantes y que sólo cuenta la fuerza militar, la fuerza bruta, como sucedió en las guerras coloniales y en las dos guerras mundiales. Si queremos verlo desde otro lado, decimos que estamos en medio de una transición hegemónica y que, en la historia, las transiciones de este tipo implicaron guerras tremendas. Sólo en la Segunda Guerra Mundial la cifra de muertos alcanza los 100 millones de personas.
Ahora el desastre humano será mucho mayor, ya que las armas se han perfeccionado y hay ya nueve países que cuentan con armas nucleares, que están dispuestos a usarlas. Además, ¿cuántas vidas se cobrarán el desastre climático y las migraciones?
Creo que una lección básica de la historia es que si no estamos organizados, vamos a desaparecer como personas y como pueblos. Si estamos organizados, tenemos chance de sobrevivir, y aunque esto no se puede garantizar, lo seguro es que es la única chance seria que tenemos. Eso implica tener refugios colectivos, arcas colectivas y autónomas, capaces de garantizar el agua, la alimentación, la seguridad y la salud de los pueblos.
La otra cuestión es que el futuro depende sólo de nosotros y nosotras. Nadie nos va a salvar. Por lo tanto, debemos poner el cuerpo, no por vocación de exponernos, sino porque no queda otra. Así le hicieron los pueblos de Vietnam, de Argelia y Cuba, entre otros. Para expulsar a los yanquis, los vietnamitas pagaron con alrededor de 3 millones de vidas, en un país que entonces contaba 32 millones de habitantes. Medio millón de argelinos cayeron en la guerra de liberación nacional, de los 10 millones que poblaban el país.
No pretendo con esto defender el sacrificio; menos aún la muerte. En paralelo, la guerra popular y prolongada ya no funciona, ni ética, ni política, ni militarmente. Afirmación que merece extenso debate.
Sólo quiero decir que debemos estar organizados. Que la tormenta en curso está recién empezando y que lo más doloroso y cruento está por llegar. Algo tan serio como la supervivencia colectiva está en juego. Con la vida no se juega. No debemos jugar con la guerra.
Este texto prohíbe que un Estado miembro de la ONU viole la soberanía de otro empleando la fuerza, la coacción o el estrangulamiento, como lo expresó Jeffrey Sachs en su alocución ante el Consejo de Seguridad. La lista de las agresiones del gobierno estadunidense es conocida: Irak, Libia, Siria, Honduras, Panamá, Venezuela, Irán, Cuba y ahora otra vez Venezuela. En todos estos casos, se han aducido pretextos, como el de que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva, que nunca se encontraron; que en Irán estaban preparándose para la fabricación de bombas atómicas, lo que no se demostró, y ahora, que Venezuela estaba enviando drogas a Estados Unidos. Pero el presidente Trump declaró además que el petróleo de Venezuela “era de Estados Unidos” y que en México, a pesar de que tenía una buena presidenta, quienes gobernaban efectivamente a nuestro país eran los cárteles de la droga. De nuevo, el uso del doble discurso: combate al narcotráfico como parte del interés de apropiarse de los cuantiosos yacimientos de petróleo de Venezuela, pero también control de la llave para abrir o cerrar a quien se le antoje y especialmente China, que constituye el enemigo a contener debido al enorme desarrollo tecnológico y comercial que ha logrado en unión con los BRICS.
México, inserto en una relación profundamente asimétrica con Estados Unidos y sujeto al T-MEC, corre el riesgo de que el discurso sobre “combate al narcotráfico” se convierta en herramienta de presión política, económica o incluso militar. La historia de la región muestra que la retórica de seguridad ha sido usada repetidamente para justificar injerencias. Frente a esta posibilidad, podría sobrevenir la narrativa de los medios masivos de comunicación afirmando que se trataría de una “acción benéfica y protectora” que la ultraderecha aprobaría en forma entusiasta. Esto ocurre actualmente con Venezuela, en que el tema de la irregularidad de las elecciones presidenciales se utiliza para justificar el secuestro de Maduro y su esposa. En México no debemos descartar, por parte de la derecha, que busquen justificar y apoyar la injerencia extranjera. Ante la posibilidad de que esto ocurra, se requiere informar ampliamente a los ciudadanos; reivindicar las grandes luchas que se han tenido por nuestra independencia; hacer uso de una gran capacidad negociadora y promover una amplia, radical y enérgica defensa de la soberanía de nuestro país. Se tiene, además, que desarmar ideológicamente a la derecha, explicando las causas de que millones de estadunidenses hayan caído en la drogadicción; la libertad criminal que tienen para comprar armas de todo calibre; la tolerancia para la circulación de dinero; la difusión masiva de la violencia digital entre la juventud, etc. Pero tampoco soslayar la connivencia de ciertas autoridades gubernamentales o de la empresa privada con los narcotraficantes y apoyar plenamente su combate.
Pero las acciones criminales de Trump, aparte de Venezuela y México, tienen otro objetivo, que es el de acabar finalmente con el régimen cubano. Como sabemos, entre Cuba y México ha habido una larga relación de fraternidad no sólo porque estuvo en nuestro suelo el prócer José Martí, sino también que aquí se prepararon los insurgentes que, comandados por Fidel Castro, lograron derrotar al corrupto dictador Fulgencio Batista, respaldado, para variar, por Estados Unidos. El hecho de que Cuba declarara su independencia llevó al gobierno estadunidense a declarar un infame bloqueo mercantil y financiero que ha durado ya seis décadas y ha sido condenado por la ONU 33 veces, siendo la última la de octubre de 2025, cuando la abrumadora mayoría de países (165 a favor, siete en contra y 12 abstenciones) reclamó el levantamiento de las sanciones. Este bloqueo ha sometido a ese pueblo a inmensos sacrificios.
Y para completar el cuadro, recordemos que Trump ha expresado su interés de apropiarse de Groenlandia, aunque allí no tiene el pretexto del narcotráfico, pero que, de efectuarse, sería una nueva violación a la soberanía de un país, ahora europeo. Frente a esta situación, las preguntas que surgen son: ¿hasta cuándo los ciudadanos estadunidenses permitirán que se les lleve de nuevo al abismo de la guerra?, ¿los pueblos latinoamericanos permanecerán impasibles ante estas acciones que nos vuelven otra vez a la barbarie?, ¿los países europeos y sus ciudadanos permanecerán impasibles ante la violación de la soberanía de las naciones?, ¿cuál será la reacción de China, India, Rusia o Brasil ante todos estos hechos?
*Profesor-investigador de filosofía moral y política, UAM-I
Frente a este escenario, es pertinente recordar la historia de lucha antimperialista de los trabajadores de México y América Latina, que tiene entre sus episodios más significativos la actividad del cubano Julio Antonio Mella, quien fue asesinado el 10 de enero de 1929 en México, con apenas 25 años, motivo por el cual Fidel Castro dijo que Mella fue el que más hizo en menos tiempo.
Mella nació en Cuba el 25 de marzo de 1903, y desde joven emprendió su participación política, de tal forma que en 1923, presidió el primer Congreso Nacional de Estudiantes de Cuba y fundó la Universidad Popular José Martí; en 1924, creó la Liga Anticlerical. En 1925, mostrando su madurez política, junto con Carlos Baliño fue uno de los fundadores del Partido Comunista de Cuba en el mes de agosto. En ese mismo año fue expulsado de la universidad y encarcelado, a lo que respondió con una huelga de hambre. En 1926, el mundo se le abrió aún más, pues salió exiliado hacia México, donde se convirtió en un revolucionario profesional y desarrolló buena parte de su labor política y producción intelectual.
En México, Mella militó en el Partido Comunista de México (PCM), del que llegó a ser secretario general interino. También fue redactor del periódico El Machete, en el que participó con los seudónimos de Cuauhtémoc Zapata y Kim. Asimismo, participó en la Liga Antimperialista de las Américas (Ladla), organismo impulsado por la Internacional Comunista (IC), que tuvo como precedentes el Buró Latinoamericano (1919-1920) y el Buró Panamericano (1920-1921), y del que llegó a ser secretario general de su Comité Continental Coordinador.
La relación entre Mella y la Ladla comenzó desde 1925, cuando el joven cubano fundó la sección cubana de esta organización. En ese mismo año, la Ladla adoptó acciones a favor del revolucionario cubano cuando se encontraba preso por el gobierno de Machado. Mella participó en las actividades antimperialistas de esta organización; por ejemplo, en la organizada contra la ocupación de Panamá por parte de tropas de Estados Unidos en 1925. La Ladla también organizó en 1927 una campaña por la liberación de los dos anarquistas Sacco y Vanzetti, quienes fueron condenados a muerte en Estados Unidos; asimismo, se desarrolló una campaña de apoyo a Haití, ocupado por Estados Unidos, y una campaña de apoyo a la Unión Soviética. Queda constancia de la participación de Mella en los mítines por Sacco y Vanzetti, así como de sus colaboraciones para El Libertador, órgano de la Ladla. Una de las campañas más relevantes de la Ladla fue la emprendida en solidaridad con Augusto César Sandino en su lucha contra la intervención estadunidense en Nicaragua, que llevó a la creación del “Comité ¡Manos Fuera de Nicaragua!” (Mafuenic), promovido por Mella.
Como dirigente de la Ladla, Mella asistió al Congreso contra la Opresión Colonial en Bruselas, Bélgica, celebrado en febrero de 1927. En este espacio, surgió con claridad la querella entre Mella y Víctor Raúl Haya de la Torre. Mientras Mella levantó la bandera del antimperialismo confeccionada por la IC, señalando que se debía incluir a las amplias masas de trabajadores, pero mantener la independencia política de la clase obrera frente a la burguesía de su propio país, Haya de la Torre, dirigente de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), sostenía una posición nacionalista que supeditaba a los trabajadores a la burguesía.
La relevancia que para Mella tenía la claridad política en la acción antimperialista lo llevó a redactar el folleto ¿Qué es el APRA?, en el que acusó a esta organización de querer aparecer como sucesora de Marx y Lenin, pero ser en realidad expresión del reformismo y el oportunismo. Al cuestionar el programa del APRA, Mella señaló sus deficiencias; por ejemplo, que al hablar de la “Unidad de América” no se señalaba que esta unidad debía ser de los trabajadores y no una unidad dirigida por la burguesía, y que sólo oponerse al imperialismo yanqui, y no a otros centros imperialistas, desvirtuaba la concepción del imperialismo desarrollada por Lenin. Así señaló: “El imperialismo es un fenómeno internacional y sus características fundamentales son iguales en América y en Asia”; de esta forma se opuso a la idea de que las concepciones leninistas no eran aplicables a América.
La política antimperialista promovida por Mella y la Ladla implicaba la oposición a la injerencia estadunidense en el continente, de tal forma que, como Mella escribió en su folleto “Cuba: un pueblo que jamás ha sido libre”, la única salida se resumía en la siguiente frase: “Hay que hacer la revolución de los ciudadanos, de los pueblos contra el dólar”. Para no dejar lugar a error, Mella aclara en el mismo folleto que esa revolución “contra el dólar” debía seguir el ejemplo de la Revolución rusa y la construcción de la Unión Soviética.
Ante la reciente agresión contra Venezuela, las amenazas del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, contra Cuba, y las declaraciones de Trump contra los gobiernos de Colombia y México, el camino que nos indica la figura del joven revolucionario cubano y mexicano es claro: “Hay que hacer, en fin, la revolución social en los países de América”.
*Historiador de la ENAH @Chavez_Angel_
La población de Japón tiene la mayor esperanza de vida al nacer: las mujeres viven en promedio 87 años y los hombres 81 años (en México, ellas viven 79 años, y ellos 73, en promedio). Además, el gobierno japonés mide la esperanza de vida saludable, que es el periodo sin restricciones de salud en la vida cotidiana, la cual estiman en 75 años para las mujeres y en 73 años para los hombres.
En todas partes las mujeres viven más, y es lógico que haya más mujeres mayores que viven solas que hombres. En la población japonesa, el número de personas mayores de 65 años que viven solas ha aumentado; de 1980 a 2020, la proporción de personas mayores de 65 años que vivían solas creció de 11 a 22 por ciento (mujeres), y de 4 por ciento a 15 por ciento (hombres); se prevé que para 2050, este grupo de edad alcance a 29 por ciento de las mujeres y a 26 por ciento de hombres. Hay cada vez más personas mayores saludables que trabajan después de su jubilación. Las personas mayores de Japón trabajan principalmente por el ingreso, pero al mismo tiempo son conscientes de que es saludable trabajar.
El gobierno ha identificado múltiples impactos ante el cambio de la estructura por edad de la población: 1) La sostenibilidad del sistema de seguridad social, la presión de pensiones sobre los recursos financieros debido a la disminución de contribuyentes y el aumento de beneficiarios; aumento de los gastos médicos nacionales, escasez de camas y médicos; rápido aumento de la necesidad de cuidados y escasez de personal de cuidados. 2) Escasez de mano de obra y ralentización del crecimiento económico; disminución de la población en edad de trabajar (15-64 años), estancamiento de la actividad industrial, disminución de la competitividad internacional. 3) Disminución de la vitalidad de las comunidades locales y dificultad para su mantenimiento; avance de la despoblación, dificultad para mantener infraestructuras y aparición de personas con dificultad para acceder a compras y servicios médicos. 4) Preocupación por la ampliación de la brecha generacional y aumento de la carga para las generaciones más jóvenes.
Actualmente, el país desarrolla un programa de transición. Para garantizar la sostenibilidad del sistema de seguridad social, se revisa el equilibrio entre beneficios y contribuciones, se promueve la prevención y el aumento de la esperanza de vida saludable; además, se promueve la participación social y el papel activo de las personas mayores y se realizan diversas formas de trabajo sin importar la edad, actividades comunitarias y participación en el aprendizaje a lo largo de la vida y actividades comunitarias; se fortalecen las medidas contra la baja natalidad, se busca reforzar el apoyo a la crianza de los hijos (desarrollo de la próxima generación) y estabilizar la base económica de los jóvenes.
Las directrices sobre medidas para una sociedad envejecida se basan en la Ley Básica sobre Medidas para una Sociedad Envejecida (promulgada en 1995) y actividades exhaustivas a medio y largo plazo. Con la premisa de que la proporción de personas mayores será aún mayor en el futuro y con el objetivo de lograr una sociedad en la que todas las personas, desde las generaciones más jóvenes hasta las más mayores, puedan convertirse tanto en “apoyantes” como en “apoyados” sin que la edad suponga una barrera, señalan tres pilares: una sociedad de actividad continua para todas las edades, una sociedad de convivencia comunitaria y una sociedad amigable con los cambios en las funciones físicas y cognitivas.
Tomando en cuenta que México, junto con América Latina, experimenta una alta velocidad en el envejecimiento de su población, la experiencia de Japón puede inspirar ampliamente la nueva estrategia intergeneracional ante el cambio de estructura por edad que estamos diseñando en el Consejo Nacional de Población. En próxima colaboración, ampliaré las líneas de acción y las directrices que desarrolla el gobierno de Japón, sin dejar de tomar en cuenta que se trata de un país rico, con un PIB cuatro veces mayor al nuestro, que cuenta con la sexta parte de nuestro territorio (aproximadamente 377 mil 962 kilómetros cuadrados contra 1 millón 964 mil 380), tiene 10 millones menos de habitantes que México (124 contra 134 millones) y un proceso de envejecimiento mucho más avanzado.
*Secretaria técnica del Conapo
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Desde la perspectiva estadunidense, el criterio decisivo para valorar a una élite política mexicana no es su legitimidad democrática ni su capacidad de articular un proyecto nacional propio, sino su confiabilidad. Confiabilidad entendida como previsibilidad de conducta, cooperación sostenida y alineamiento con los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Como lo reconoce la tradición realista de la política exterior estadunidense, los Estados no premian intenciones ni virtudes normativas, sino comportamientos estables y funcionales a sus intereses. Son élites aceptables aquellas que garantizan disciplina macroeconómica, apertura a la inversión, continuidad regulatoria y colaboración efectiva en los temas que Washington define como prioritarios: migración, seguridad, energía y cadenas de suministro. La política deja de ser proyecto y se reduce a gestión.
Las élites que cuestionan ese marco –mediante políticas de soberanía energética, reconstrucción industrial o reformas institucionales que alteran los equilibrios heredados– no suelen ser interpretadas como expresiones legítimas de autodeterminación democrática, sino como factores de riesgo. El problema no es ideológico, sino funcional: introducen incertidumbre en una relación diseñada para ser administrable. Por ello, la respuesta dominante no es la confrontación abierta, sino la presión indirecta, la deslegitimación técnica y la espera de un reacomodo interno que restablezca la normalidad.
Esta lógica se reproduce con particular fuerza en el ámbito académico. Para Estados Unidos, la academia mexicana cumple una función estratégica silenciosa: delimitar los marcos de lo pensable. El sistema internacional de prestigio académico, dominado por universidades, revistas y criterios de evaluación anglosajones, no es neutral. Premia determinadas agendas, lenguajes y enfoques, y margina otros. Así, la élite académica más valorada es aquella integrada al circuito intelectual estadunidense: formada en sus universidades, publicada en sus journals y alineada con sus marcos analíticos dominantes.
No se trata de una conspiración ni de una imposición burda, sino de una forma sofisticada de ejercicio del poder. Programas de intercambio, becas, redes de policy y financiamiento a la investigación han construido durante décadas una comunidad epistémica trasnacional que comparte supuestos fundamentales: primacía del mercado, desconfianza frente al Estado desarrollador y una noción de estado de derecho centrada en la protección de la inversión más que en la construcción de capacidades nacionales. En ese ecosistema, la crítica estructural a la dependencia o al colonialismo académico es tolerada como opinión, pero excluida como conocimiento legítimo.
El resultado es una academia que explica el mundo tal como es, pero renuncia a pensar cómo transformarlo desde una perspectiva nacional. Cuando emergen voces que cuestionan ese consenso, la reacción no suele ser la refutación abierta, sino la descalificación. Se les acusa de ideológicas, poco rigurosas o irrelevantes para la política pública. El control no es represivo es epistémico. Quien define los estándares de calidad define también los límites de lo posible. Ese equilibrio, sin embargo, ha dejado de ser suficiente.
Hoy, esta hegemonía ha entrado en una fase cualitativamente distinta. La relación bilateral ya no se organiza únicamente en torno a incentivos o validaciones institucionales, sino en torno a amenazas explícitas y a la militarización del vínculo. El narcotráfico deja de ser tratado como un problema compartido y se convierte en una palanca de presión política mediante la cual Estados Unidos redefine unilateralmente los términos de la relación. La cooperación deja de ser negociada y empieza a ser exigida. La dependencia deja de ser administrada y se vuelve coercitiva. No se trata de una anomalía, sino de la forma que adopta hoy una relación jerárquica cuando el margen de tolerancia del centro se reduce.
Este endurecimiento no opera en el vacío: se vuelve efectivo porque encuentra élites dispuestas a gestionarlo, racionalizarlo y presentarlo como inevitable.
La cuestión decisiva no es si México cuenta con élites competentes, sino si esas élites están dispuestas a dejar de administrar la subordinación como si fuera virtud. Durante décadas se les formó para garantizar estabilidad externa, no para disputar poder; para traducir exigencias ajenas, no para formular un proyecto propio. Así, la dependencia dejó de percibirse como un problema estructural y pasó a asumirse como una condición natural del orden. Cuando las élites renuncian a imaginar alternativas, el país renuncia a decidir. Y cuando la academia abdica de su función crítica para resguardarse en una neutralidad funcional al statu quo, la hegemonía deja de imponerse desde fuera y se reproduce desde dentro. Ningún proceso democrático puede sostenerse sobre esta renuncia prolongada a la soberanía intelectual y política.
* Director general del CIDE
Él, uno de los vencedores de Lepanto, soldado heroico que tan orgullosamente recordaba la gran gesta cristiana contra el turco, se ve de repente sujeto a cautiverio y ha de hacer frente, animoso, a la adversidad. Las largas jornadas del cautivo se gastan en duros trabajos y en constantes proyectos de fuga.
Se vivía con la esperanza de que el poderío español acabase de una vez por todas con aquel nido de piratas que era Argel; empresa la más popular que hubiera sido en España, y que inexplicablemente ni Carlos ni Felipe supieron realizar.
Fue como si el desastre de 1541 ejerciera tal influencia y pusiera tanto temor en el ánimo de los gobernantes españoles del 500, que jamás volvieron a plantear.
Por Cervantes sabemos las ilusiones fallidas de los cautivos de Argel, que día tras día esperaban vanamente ver aparecer las velas de España y con ellas la liberación.
En carta al secretario de Felipe II, Mateo Vázquez, Cervantes insta al gobierno de la monarquía a esa jornada, más en consonancia con las necesidades y los males del país que ninguna otra. ¿No sería posible vivir horas similares a las que había conseguido Carlos V al conquistar Túnez? Desde la alcazaba de aquella capital, escribe Carlos V a sus representantes en Italia, narrándoles la victoria obtenida, y resaltando los cautivos liberados:
“Los cristianos cautivos que aquí se han hallado, son 18 o 20 mil hombres, que no es lo que en menos se debe tener de esta empresa, por la libertad que han conseguido y por ser los instrumentos con que Barbarroja hacía la guerra, así por haber entre ellos muchos oficiales como porque era la más de la gente de remo…”
De ahí que Cervantes apelase al ánimo de Felipe II, para que rematase la obra de su padre:
“… haz, oh, buen rey, que sea por ti acabado / lo que con tanta audacia y valor tanto / fue por tu amado padre comenzado.”
El cautiverio venía a constituir como un drama, con sus tres partes claramente diferenciadas; un drama que vivían día tras día muchos españoles: primer acto, el súbito apresamiento, con todo el estupor que producía –un estupor lacerante– verse pasar de la noche a la mañana de libre en cautivo; segundo acto, el largo episodio del cautiverio, con la incierta suerte, con jornadas esperanzadas por el rescate próximo o por la fuga tanteada, y otras llenas de desesperación, y el tercer acto, que tenía dos variantes radicalmente distintas: la una, gozosa, con la ansiada liberación (por fuga o por rescate), o la muerte, en el suplicio o por propia desesperanza y abatimiento, sin contar con que las condiciones del cautiverio eran muy contrarias a la salud.
… al fin fue rescatado Cervantes, el año de 1580, y se restituyó a su patria, donde pasó en oscuridad y progresan los 36 años que le quedaban de vida.
¡Mengua de aquel siglo! Cuando se considera al inmortal Cervantes reducido a la condición de un miserable y angustiado pretendiente, empleado subalterno de los proveedores de la armada en Sevilla, agente de negocios particulares en la corte, encarcelado como un esbirro maléfico en La Mancha o como un asesino en Valladolid, y viviendo en sus últimos años de la generosidad del conde de Lemos y de la caridad del arzobispo de Toledo, y al mismo tiempo se recuerdan los sucesos de su cautiverio y los recelos que dieron al gobierno de Argel su valor, constancia y arrojo, no se puede menos de exclamar:
¡Los moros dieron consideración e importancia a Cervantes, y sus compatriotas lo despreciaron!
La historia que se repite hoy día.
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