Solo 29% de mujeres indígenas en AL y el Caribe accede a un empleo asalariado: ONU-Mujeres
Carolina Gómez Mena
Ciudad de México. Cerca de la mitad de las mujeres indígenas que habitan en América Latina y el Caribe reside en áreas urbanas, en donde se insertan sobre todo en el comercio informal, el trabajo doméstico y el autoempleo, con acceso limitado a la protección social, señaló ONU Mujeres con base en datos de la Organización Internacional del Trabajo.
En el Día Internacional de las Mujeres Indígenas, hoy 5 de septiembre, el organismo de Naciones Unidas detalló que casi una de cada tres de estas mujeres, trabaja sin remuneración en negocios familiares y solo 29 por ciento accede a un empleo asalariado, conforme a cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Asimismo, sus ingresos representan en promedio apenas 26 por ciento de los de las mujeres no indígenas, lo que evidencia una brecha de discriminación estructural en múltiples niveles.
Estas cifras, precisó ONU Mujeres, reflejan una “realidad de desigualdad interseccional: ser mujer e indígena significa enfrentar barreras superpuestas de género, etnicidad y clase.”
Aparte, integrantes de Asamblea Nacional Política de Mujeres Indígenas (ANPMI), advirtieron hoy que “sin las mujeres indígenas no habrá justicia ni democracia verdadera en México.”
Reunidas en Teotihuacán, en el encuentro Mujeres Indígenas, Resistencias y Creatividad desde los Territorios, aseguraron que la declaración del Año de la Mujer Indígena, “de nada sirve si en los espacios de poder en México se siguen reproduciendo violencias marcadas por el clasismo, machismo y el racismo, se sigue criminalizando, desapareciendo y asesinando a las y los defensores de la tierra y el territorio, y se continúan enfrentando barreras institucionales para el acceso a la salud y la justicia.”
Añadieron que no han sido consultadas y “tampoco se nos ha llamado para construir metas, indicadores o poner algunas pautas que nos ayudaran a revisar si al término del año cambió algo, si existieron condiciones concretas que facilitaran el ejercicio de nuestros derechos en todos los ámbitos y esferas de la vida pública y privada”.
En el contexto de la conmemoración, ONU Mujeres resaltó la defensa de los derechos individuales y colectivos de las mujeres indígenas y “abogamos por su participación plena y efectiva en los procesos de toma de decisiones.”
Expuso que importante resaltar el papel fundamental que las mujeres indígenas desempeñan en el cuidado y defensa del medio ambiente, la conservación de la biodiversidad y la transmisión del conocimiento ancestral, la identidad cultural y el mantenimiento de las lenguas indígenas de generación en generación.
Subrayó que la crisis de los cuidados y la crisis climática, las cuales están profundamente entrelazadas, exige reconocer los derechos y las voces de las mujeres indígenas como cuidadoras de la vida, guardianas de la biodiversidad y protagonistas en la protección del planeta.
El Compromiso de Tlatelolco, adoptado en la 16 Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, realizada en la Ciudad de México (12-15 de agosto de 2025) subraya que enfrentar la crisis climática es inseparable de la construcción de una sociedad del cuidado, recordó.
“Este es un desafío urgente y transformador y, para hacerlo posible, es imprescindible reconocer el papel fundamental de las mujeres indígenas.”
La presidenta Claudia Sheinbuam señaló en conferencia de presna
la importancia de la Cartilla de Derechos de las Mujeres Indígenas, el 5
de septiembre de 2025. Foto Cuartoscuro
La Cartilla de Derechos de las Mujeres ha sido traducida a
35 lenguas originarias y comenzará a distribuirse en comunidades
indígenas y afromexicanas de todo el país, anunció ayer el gobierno
federal en el contexto del Día Internacional de la Mujer Indígena.
En
su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum subrayó que el
objetivo es garantizar que todas las mujeres tengan acceso a la
información y puedan ejercer plenamente sus derechos. “Tenemos que
seguir avanzando en todo lo que tiene que ver con hacer valer los
derechos. Estamos en ello”, expresó, y recordó que ayer la bandera
nacional fue izada en honor a las indígenas.
Funcionarias de la
Secretaría de las Mujeres y traductoras destacaron que al conocer sus
derechos, las niñas indígenas crecerán con la certeza de que pueden ser
lo que deseen. La secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández Mora,
señaló que esta acción inaugura una política de promoción de las
garantías.
Esfuerzo inédito
La
subsecretaria de Igualdad Sustantiva, María Elvira Concheiro Bórquez,
afirmó que es un esfuerzo inédito en la historia y anunció que la
cartilla se difundirá en 6 mil 700 escuelas, con el apoyo de 17 mil
docentes, y alcanzará a casi 400 mil estudiantes.
La directora de
Educación Indígena, Intercultural y Bilingüe de la Secretaría de
Educación Pública, María de los Ángeles Gordillo Castañeda, informó que
ya existen versiones impresas en 35 lenguas y audiovisuales en 27,
además de que se avanza en la traducción a 27 más en 18 estados, entre
ellos Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Veracruz y la Ciudad de México.
La
jefa de Capacitación del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas,
Yessica Roque Roque, resaltó que la traducción fortalece tanto los
derechos femeninos como los lingüísticos. En tanto, la presidenta del
Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, Claudia Olivia Morales
Reza, consideró que la cartilla reivindica y reconoce estos derechos, y
agradeció a Sheinbaum por dar visibilidad al trabajo de las comunidades
indígenas.
Traductoras como Ana Elvia Paulino Escamilla (mazahua)
y Anahí Bautista (teenek), subrayaron que esta inclusión era urgente,
pues permitirá que mujeres, adolescentes y niñas en comunidades
originarias sepan que pueden aspirar a lo que ellas quieran ser.
Integrantes de las etnias mazahua y tsotsil participaron en una ceremonia en la Ciudad de México para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Indígena. Foto Afp
Cerca de la mitad de las indígenas que habitan en América Latina y el Caribe residen en áreas urbanas, donde se insertan sobre todo en el comercio informal, el trabajo doméstico y el autoempleo, con acceso limitado a la protección social, señaló ONU Mujeres con base en datos de la Organización Internacional del Trabajo.
En el Día Internacional de la Mujer Indígena, conmemorado ayer, el organismo de Naciones Unidas detalló que casi una de cada tres de ellas trabaja sin remuneración en negocios familiares y sólo 29 por ciento tiene acceso a un empleo asalariado, conforme a cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Asimismo, sus ingresos representan en promedio apenas 26 por ciento de los de las no indígenas, lo que evidencia una brecha de discriminación estructural en múltiples escalas.
Estas cifras, precisó ONU Mujeres, reflejan una “realidad de desigualdad interseccional: ser mujer e indígena significa enfrentar barreras superpuestas de género, etnicidad y clase”.
ONU Mujeres resaltó el papel fundamental que las indígenas desempeñan en el cuidado y defensa del medio ambiente, la conservación de la biodiversidad y la transmisión del conocimiento ancestral, la identidad cultural y el mantenimiento de las lenguas originarias de generación en generación.
Ante las crisis de los cuidados y la climática, las cuales están profundamente entrelazadas, exigió reconocer los derechos y las voces de las mujeres indígenas como cuidadoras de la vida, guardianas de la biodiversidad y protagonistas en la protección del planeta.
Recordó que el Compromiso de Tlatelolco, adoptado en la 16 Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, celebrada en la Ciudad de México (12 al 15 de agosto de 2025), subraya que enfrentar la crisis climática es inseparable de la construcción de una sociedad del cuidado. “Este es un desafío urgente y transformador, y para hacerlo posible es imprescindible reconocer el papel fundamental de las mujeres indígenas”.
En tanto, el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas destacó que el papel de las integrantes de los pueblos originarios en la historia del país ha sido fundamental. Añadió que aun con los desafíos que enfrenta este sector, “ellas continúan siendo pilares de sus comunidades”, por lo que “este día es un recordatorio de su poder, de su voz, que exige ser escuchada, y de su contribución invaluable a la construcción de un país más justo e inclusivo”.
Una celebración de los pueblos indígenas en Canadá. Imagen: Cortesía de Chrystal Tabobandung
TORONTO, Canadá – Si el colonialismo europeo no hubiera
alcanzado a Canadá, el matriarcado seguiría siendo fuerte en la cultura
indígena. El matriarcado era la columna vertebral de la estructura
social y de la línea de dominio en la «Isla de la Tortuga», como los
indígenas del país denominan a la Norteamérica prevía a la llegada de
los occidentales, en un concepto referido a su identidad y resistencia.
En la práctica, las mujeres indígenas en Canadá han sido víctimas de
violencia y discriminación. En teoría, debían gozar, junto con los
niños, de plena protección, tal como establece el artículo 22 de la
Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos
Indígenas (DNUDPI).
“El conocimiento tradicional estaría completo. Nuestras lenguas,
ceremonias, sistemas de gobernanza, la salud del planeta, las
comunidades, cosmologías, prácticas de la tierra, preservación del agua y
métodos de cosecha estarían vivos y bien”, dice Kim Wheatley, guardiana
del Conocimiento Ancestral Anishinaabe, cuyo nombre espiritual es
“cabeza / lideresa de la Flor de Fuego”.
El anishinaabe es un grupo de pueblos indígenas vinculados entre sí y
asentados en la región de los grandes lagos de Canadá y el colindante
Estados Unidos.
El rol e influencia femenina en la cultura indígena tradicional eran
poderosos y fundamentales. Wheatley señala cómo el deber principal de
las mujeres, “como el de todos los miembros de la comunidad, era vivir
en armonía con la creación, una vida de propósito y pasión comprometida
basada en los dones con los que llegaban del mundo espiritual”.
“Las mujeres eran cazadoras, recolectoras, curanderas, sanadoras,
educadoras, líderes, artistas, pescadoras, ceremoniales, cantantes,
bailarinas, artistas y guardianas de la gobernanza: realmente el
pegamento social sobre cómo proveer para el bien común. Ellas eran
quienes tomaban las grandes decisiones a largo plazo para las
comunidades de las que eran responsables”, añadió.
La historia de las mujeres indígenas en Canadá es considerablemente
incompatible con lo que Disney intentó distorsionar en su popular
pelicula de animación “Pocahontas”.
Chrystal Tabobandung, fundadora de Raise (formación en conciencia y
competencia cultural indígena), con raíces ojibwe, observa el “odio de
las mujeres blancas hacia nosotras, como si fuéramos menos. Nos echaron
de nuestros hogares. Hoy sufrimos y somos sexualizadas por hombres y por
las redes sociales. Históricamente, las mujeres blancas nos envidiaban
por los roles que teníamos en nuestras comunidades y nuestras formas
tradicionales”.
Ahí es donde el impacto del colonialismo entró desde los primeros
contactos y fue cambiando con el tiempo. “Las mujeres en Europa no
debían ser vistas ni escuchadas. Estaban en segundo plano, y resentían
mucho que aquí las mujeres indígenas tuvieran voz, un asiento en la mesa
para tomar decisiones sobre seguridad, crianza, política e incluso
dónde acampar”, aseguró.
Kim Wheatley, guardiana del Conocimiento Ancestral Anishinaabe
Desigualdad socioeconómica
El efecto del modelo social y económico occidental impuesto ha
destrozado demasiadas comunidades indígenas, y el cambio hacia un estilo
de vida masculino-dominante occidental alteró toda la estructura.
Wheatley considera que, en los últimos 150 años, “la base de las
especies quedó en riesgo. La destrucción de tierras y aguas mediante la
extracción interminable de recursos, el racismo, la misoginia, la
vulgaridad de la toma de decisiones políticas sobre los cuerpos de las
mujeres, la violencia creciente contra mujeres y niñas, y la lista
sigue. Vemos una disparidad dramática en las realidades
socioeconómicas».
«Nuestro pueblo tiene vastos y complejos sistemas políticos,
estructuras de gobernanza, modelos de liderazgo equilibrados,
extraordinarias prácticas comerciales, creatividad infinita y relaciones
íntimas con tierras y aguas. Profundas enseñanzas morales que
contribuyen al bien común basadas en visiones de largo plazo”, añadió.
Si bien las mujeres pueden y de hecho se postulan a cargos de
liderazgo, el sistema colonial no apoya la gobernanza ni las prácticas
tradicionales. La Ley India sigue vigente en Canadá y es uno de los
documentos legales reconocidos como más racistas en el mundo. Esta ley
supervisa cómo y qué puede hacer una comunidad de Primera Nación dentro
de los límites de la reserva y qué pasa al salir de ella.
Las diferencias entre mujeres indígenas varían según sus distintas
naciones. En Canadá, hay más de 630 comunidades reconocidas como
Primeras Naciones.
“Nuestras mujeres hacen las cosas de manera diferente según las
enseñanzas de nación a nación que están ligadas a la tradición y la
cultura, más que a roles”, explicó Tabobandung. “Existen tantos sistemas
opresivos divergentes que las desconectan», agregó.
Detalló que «no necesariamente trabajan juntas, pero frente a grandes
problemas sociales, como las mujeres indígenas asesinadas y
desaparecidas o la trata sexual, sí se unen».
«Participan en marchas y manifestaciones. Se enfrentan a las
injusticias y se reconectan con su tradición y su cultura. Cuantas más
voces surgen, más personas se sienten valientes, fuertes y capaces de
compartir sus experiencias personales”, detalló.
¿Cómo afecta la falta de acceso al agua potable a las mujeres
indígenas? Según Wheatley, “la crisis del agua en las comunidades de
Primeras Naciones es un ataque continuo y poco reconocido contra un
derecho humano básico».
«Las mujeres que viven fuera de las reservas tienen mayores
oportunidades de empleo, vivienda y otras posibilidades socioeconómicas
que simplemente no existen en muchas reservas por una amplia variedad de
razones. Las instalaciones educativas son mucho más accesibles, al
igual que los servicios sociales que son esenciales para el
sostenimiento de las familias”, explicó.
Wheatley continuó: “La cercanía en los traslados hacia/desde el
trabajo, reuniones sociales, espacios de apoyo, actividades culturales,
opciones educativas e interacciones sociales más amplias es mucho más
accesible en áreas urbanas”.
“Esto contribuye a un mayor bienestar. En pueblos pequeños, el
racismo puede limitar oportunidades, pero en ciudades con poblaciones
más grandes, las probabilidades aumentan a favor de la mujer”, planteó.
Chrystal Tabobandung, fundadora de la organización Raise, de conciencia cultural indígena
Reconciliación y preservación de la cultura
A juicio de Wheatley, el Informe de Verdad y Reconciliación fue un
regalo para los canadienses, ya que desafió su comodidad en la amnesia
histórica y en la ignorancia sobre el genocidio cultural cometido por
los más altos niveles de liderazgo en este país.
“Cada vez que una voz de nuestro pueblo dice cómo debemos mirar la
restitución y la restauración de nuestra soberanía, es el camino
correcto», adujo.
Consideró que «no necesitamos que nos digan cómo sanar… Necesitamos
decirle al país cómo apoyar nuestra sanación. Eso es lo que el informe
hace maravillosamente».
Y añadió: «Es tan completo como el país puede digerir en este momento
y, sin embargo… pocas de las ‘llamadas a la acción’ se han abordado de
manera significativa hasta ahora”.
Pero la realidad es que han pasado 10 años desde ese informe y, sin embargo, poco ha cambiado, agrega Wheatley.
“Este país ha operado continuamente bajo la falacia de la Doctrina
del Descubrimiento y el robo de tierras que nunca les pertenecieron”,
detalló.
La perspectiva eurocéntrica occidental se ha impuesto incluso en la terminología y en cómo se define a una persona indígena.
Tabobandung afirmó: “Solo en las últimas generaciones hemos
empoderado a nuestros hijos para que tengan voz y hagan preguntas. Yo
crecí en un pueblo pequeño donde el colonialismo nos impactaba, pero aún
así logramos transmitir nuestras enseñanzas e historias. Las personas
que fueron alejadas de su cultura o desconectadas de algún modo no
conocerían estas enseñanzas”.
En la Columbia Británica, los pueblos indígenas son muy conscientes de su cultura.
“Ellos realmente proyectan la importancia de sus mujeres indígenas”,
dijo Wheatley. “Si hubiera algún movimiento de derechos indígenas o
aborígenes que deba cambiar en el sistema judicial, sucederá primero en
la Columbia Británica y marcará un precedente para todas las demás
naciones de Canadá, añadió”.
¿Hay una salida?
Wheatley cree que la solución entre el gobierno y los pueblos indígenas no ha sido priorizada.
“Por eso, en muchas comunidades indígenas las condiciones del Tercer
Mundo (Sur global) existen como norma. Para reconciliar los crímenes del
pasado en Canadá, sus perpetradores deben asumir la responsabilidad,
pero eso sigue siendo una amenaza para la intrusión colonial y la
imposición sobre tierras que nos pertenecen legítimamente”, dijo.
Cada quien interpreta la Reconciliación de manera diferente.
Tabobandung escuchó voces distintas; algunas personas son más
extremas que otras. En la práctica, el hecho consumado es que los
pueblos indígenas, los occidentales y otros inmigrantes comparten hoy
sus vidas en la Isla de la Tortuga, el aniguo continente ancestral
norteamericano de los pueblos originarios.
Tabobandung se siente en el medio.
“Tienes este modelo occidental de negocios, social y político, y tu
propio modelo. ¿Cómo equilibrar eso? Muchos pueblos de las Primeras
Naciones tuvieron esa dificultad, especialmente quienes provienen de
comunidades rurales y remotas del norte», explicó
Y agregó: «Tienes que saber quién eres y tener raíces profundas. Es
muy difícil hacer esa transición, especialmente en el sistema
eurocéntrico occidental, donde quieren deshacerse de nosotros; quieren
integrarnos a la sociedad occidentalizada para que no existamos más.
Algunos logran encontrar paz y equilibrio”.
“Soy anishinaabe. Soy ojibwe. Me niego a reconocerme como indígena, primera nación o aborigen”, dijo Tabobandung.
E insistió: “Nuestro pueblo es más antiguo que las terminologías que
el gobierno federal nos impuso. Camino suave y gentilmente sobre la
tierra. La cultura me salvó, saber que soy Primeros Pueblos de esta
tierra, en este territorio, y saber que un sistema intenta aniquilar a
mi pueblo, pero que sigo aquí, resistiendo y sobreviviendo”.
Eso es lo que la motiva.
“Por eso camino con la cabeza en alto. Por eso me educo todo lo que
puedo sobre cualquier tema. Pinto arte indígena y hago pinturas
indígenas para transmitir ese conocimiento”, concluyó.
Hace un año se reformó
al artículo segundo constitucional, una modificación que por primera
vez en nuestra historia otorga una personalidad jurídica y patrimonio
propio a los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, lo que
fortalece su autonomía y autodeterminación. El texto actual dice a la
letra:
“La Nación Mexicana es única e indivisible, basada en la grandeza de
sus pueblos y culturas. La Nación tiene una composición pluricultural y
multiétnica sustentada originalmente en sus pueblos indígenas, que son
aquellas colectividades con una continuidad histórica de las sociedades
precoloniales establecidas en el territorio nacional; y que conservan,
desarrollan y transmiten sus instituciones sociales, normativas,
económicas, culturales y políticas, o parte de ellas. La conciencia de
su identidad indígena deberá ser criterio fundamental para determinar a
quiénes se aplican las disposiciones sobre pueblos indígenas. Son
comunidades integrantes de un pueblo indígena aquéllas que forman una
unidad social, económica y cultural, asentadas en un territorio y que
reconocen autoridades propias de acuerdo con sus sistemas normativos. El
derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación se ejercerá
en un marco constitucional de autonomía que asegure la unidad nacional
(...).”
Además, es de celebrar que por primera vez se incluyen algunos
párrafos dedicados a las mujeres indígenas, se les reconoce como
trabajadoras del hogar y con necesidades específicas de salud:
Inciso B. “La Federación, las entidades federativas, los
Municipios (…) deberán determinar las políticas públicas que garanticen
el ejercicio efectivo de los derechos de los pueblos indígenas y tienen
la obligación de:
Apartado XIII. Establecer políticas públicas para proteger a
las comunidades y personas indígenas migrantes, tanto en el territorio
nacional como en el extranjero, en especial, mediante acciones
destinadas a: (…) b) Garantizar los derechos laborales de las personas
jornaleras agrícolas, trabajadoras de hogar y con discapacidad; c)
Mejorar las condiciones de salud de las mujeres, así como apoyar con
programas especiales de educación y nutrición a niñas, niños,
adolescentes y jóvenes de familias migrantes...”
El Año de la Mujer Indígena ha sido ocasión para visibilizar las
profundas inequidades que afectan de manera desproporcionada a mujeres y
niñas indígenas; se trata de la discriminación que no se ha superado en
el país y de desigualdades arraigadas en pautas patriarcales y en
sistemas normativos que se han perpetuado por generaciones.
La desigualdad en el acceso a la educación de niñas y adolescentes
indígenas es inaceptable: mientras que 50.8 por ciento de las mujeres
mexicanas siguen estudiando a los 19 años de edad, a esta edad tan sólo
25 por ciento de las indígenas continúan en la escuela, un ciclo
educativo que es crucial para la ampliación del conocimiento, de
habilidades técnicas y profesionales, y del acceso a mejores condiciones
laborales.
La falta de oportunidades educativas es una determinante de
uniones tempranas, a pesar de que las leyes mexicanas prohíben el
matrimonio antes de los 18 años, en las comunidades indígenas 34.2 por
ciento de las hablantes de lengua indígena ya están unidas antes de los
18 años. A escala nacional, la proporción es de 18.4 por ciento y en las
comunidades urbanas es de 15 por ciento.
En ese sector las uniones y matrimonios van acompañados de una
maternidad temprana: 20 por ciento de las indígenas son madres antes de
cumplir los 18 años, la fecundidad de las hablantes de lengua indígena
es de 82.9 nacimientos por cada mil adolescentes (de 15 a 19 años),
mientras que en las no hablantes es de 49.1 por cada mil y entre
afrodescendientes es de 54.8 nacimientos.
De los 8 mil 218 nacimientos en niñas de 10 a 14 años registrados el
año pasado, 53.3 por ciento estaban unidas. Se tipifica como fecundidad
forzada los nacimientos de madres menores de 14 años, la cual, aunque
logró reducirse en los últimos seis años, de 4.40 a 2.45 nacimientos por
cada mil niñas de 12 a 14 años. Ninguna niña tendría que ser madre.
El 80.4 por ciento de niñas de 6 a 10 años declaró haber tenido su
primera relación sexual sin consentimiento, y 95.5 por ciento de las de
11 a 14 años la tuvo con consentimiento aparente. El 86.2 por ciento de
las niñas madres se dedican al trabajo no remunerado (doméstico y de
cuidados), 16.2 realiza trabajo remunerado y sólo 13.7 continúa
estudiando.
El papel de las parteras tradicionales destaca por sus cosmovisiones
indígenas que ofrecen servicios integrales de atención a la salud: 2.2
por ciento de los partos en niñas de 10 a 14 años fueron asistidos por
parteras, con mayores concentraciones en Chiapas (10.1 por ciento),
Guerrero (4.1) y Tabasco (3.6).
Sigue siendo un reto construir un diálogo intercultural que garantice
la autonomía comunitaria de nuestros pueblos originarios y es
lamentable que en la reforma del año pasado no se haya aprobado, como
parte de los sistemas normativos, el párrafo sobre el respeto y la
inclusión de la dignidad e integridad de las mujeres, de las niñas,
niños y adolescentes, ni la prohibición explícita de prácticas
perjudiciales como el matrimonio infantil.
La Bandera se iza para reconocer a las mujeres indígenas
Por Montserrat Antúnez
El Día Internacional de la
Mujer Indígena se conmemora cada 5 de septiembre para recordar el
asesinato de Bartolina Sisa y sus compañeras en 1872, en La Paz, hoy
capital de Bolivia, por oponerse a la dominación colonial.
Ciudad de México, 5 de septiembre (SinEmbargo).- La mañana de este 5 de septiembre, por primera vez en la historia, se izó la Bandera nacional a “toda asta” en reconocimiento a las mujeres indígenas, anunció la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien impulsó esta conmemoración como parte de las efemérides oficiales en México.
Con motivo de este día, la mandataria también dio a conocer que la cartilla de derechos de las mujeres, impulsada por el Gobierno Federal, se ha traducido a 35 lenguas originarias.
"Hoy es el Día Internacional de la Mujer Indígena. Hace un mes, o un
poco más, se aprobó en el Congreso una modificación a la Ley del Escudo
Nacional, ahí vienen las efemérides, es decir, qué días conmemoramos en
nuestro país. Y en este día, además ya está en la Ley, se eleva la
Bandera en honor a las mujeres indígenas", explicó la mandataria
federal.
La Jefa del Ejecutivo remarcó que durante muchos años las mujeres de
pueblos originarios sufrieron de triple discriminación en el país: por
su color de piel, por ser mujeres y por ser indígena, y que ahora se
busca reivindicarlas.
“Por mucho tiempo fueron invisibilizadas, no por sus comunidades sino
por la sociedad en este racismo que imperó en México durante muchísimos
años y que todavía sigue presente en muchas personas. La mujer indígena
era las más discriminada: por su color de piel, por ser mujer y por ser
indígenas. Nosotros queremos reivindicarlas porque son la esencia del
país”, señaló Sheinbaum.
Por su parte, María de los Ángeles Gordillo Castañeda, directora
General de Educación Indígena, Intercultural y Bilingüe, recordó que en
1983, durante el Segundo Encuentro de organizaciones y Movimientos de
América, se instituyó el 5 de septiembre como Día Internacional de la
Mujer Indígena, para recordar el asesinato de Bartolina Sisa y sus
compañeras 200 años antes: el 5 de septiembre de 1872, en La Paz, hoy
capital de Bolivia, por oponerse a la dominación colonial.
"Es Tiempo de Mujeres —como lo ha señalado nuestra Presidenta— y
de alzar la voz de todas, como las valientes mujeres zapatistas, las
sin rostro, que exclamaron por sus derechos, la autonomía, el
reconocimiento y la justicia social para sus comunidades y sus
territorios; o la organización de mujeres, las Bartolinas de Poncho
Rojo, boliviano, que reivindicaron la valoración y conservación de su
cultura, entre otros, hay que mencionar, entre muchos otros
movimientos", expresó y agregó que "las mujeres indígenas somos memoria, somos presente y somos futuro, pero sobre todo, somos y construimos la transformación".
La funcionaria también destacó que la traducción de las cartillas de
los derechos a 35 lenguas originarias es un avance para el
reconocimiento de las mujeres indígenas.
Citlalli Hernández Mora, titular de la Secretaría de las Mujeres,
reiteró que esta iniciativa marca el inicio de una política nacional de
promoción de los derechos de las mujeres indígenas, y que se prevé su
difusión a través de radios comunitarias en todo el país, en
colaboración con el sector educativo.
Ana Elvia Paulino, del Instituto
Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), añadió que la cartilla se tradujo
a 27 lenguas en formato audiovisual, tiene 35 versiones escritas y que
se trabajó con comunidades de 15 estados del país, a través de una
metodología acompañada, colectiva y en pares, que involucró a mujeres
indígenas traductoras, promotoras y especialistas.
Conoce la Cartilla de derechos de las mujeres
La cartilla de derechos de las mujeres destaca que todas las mujeres
en México deben saber que tienen derecho a cumplir sus sueños y las
autoridades están obligadas a garantizar las condiciones para que esto
suceda. Puedes consultar este documento aquí.