9/13/2012

Los periodistas pal cafe.....



Han resultado escandalosamente desastrosas las gestiones gubernamentales de quienes llegaron al poder en elecciones recientes a través de las extrañas alianzas que empujaron Felipe Calderón desde Los Pinos y Manuel Camacho y Marcelo Ebrard desde el PRD.
Las esperanzas de cambio y buen gobierno naufragaron en Oaxaca, con un Gabino Cué rebasado por las circunstancias, incapaz de imponer rumbo y orden a la politiquería desatada a su alrededor, cómplice así sea por omisión de las pillerías y represión de su antecesor ahora tan impune y campante, Ulises Ruiz. En Sinaloa solamente hubo cambio de administración del gran negocio nativo, con un Mario López Valdez, conocido como Malova, extraviado entre los densos intereses de la delincuencia organizada, restaurador de violencia entre grupos antagónicos que sienten traicionados algunos pactos secretos, inactivo también respecto a su intocado antecesor en la gerencia local, Jesús Aguilar Padilla. Rafael Moreno Valle, en Puebla, acabó mostrando su verdadera tesitura gordillista, entregado a los negocios y los intereses de las élites de su entidad, indispuesto también a revisar y castigar los excesos y la corrupción de quien le antecedió en el cargo, Mario Marín, llamado el góber precioso, y de su familia y su equipo político cercano. En Guerrero, aunque no hubo alianza formal, sino el allanamiento de facto del PAN para el triunfo del PRD, Ángel Aguirre Rivero ha sido congruente a plenitud con su dinosaurismo priísta original, permitiendo represiones estudiantiles, protegiendo cacicazgos regionales y mostrando un acelerado camaleonismo que ahora le permite hablar de la izquierda como si fuera su ámbito natural, prócer de la democracia y la lucha popular mediante boletines de prensa pagados.
Nada aportaron tales alianzas que no fuera la sabida simulación del rejuego de siglas y el reciclamiento de viejas mañas. Ningún interés popular genuino fue beneficiado por esas transacciones electoreras. Ningún pez gordo de la corrupción cayó en la sartén presuntamente renovada en términos justicieros y éticos. Pero Calderón, Camacho, Ebrard y los Chuchos aprovecharon el simple cambio de etiquetas en los productos ganadores de las subastas estatales para brincar jubilosos proclamando cambios profundos gracias a sus estrategias visionarias.
A ese mismo formato de extremo gatopardismo pretende Jesús Zambrano uncir al PRD ya sin Andrés Manuel López Obrador (tabasqueño que fue complaciente con esas alianzas en Oaxaca pero implacable en el estado de México, donde la obstruyó, para beneplácito de Peña Nieto y Eruviel Ávila). Aún extenuado del intenso acompañamiento que dio al dos veces candidato presidencial de la izquierda en sus giras de proselitismo (aunque sintomáticamente faltó al mitin del domingo en el que se anunció el retiro táctico de AMLO), junto al cual prometió luchar de manera épica, Zambrano apareció ayer preguntando a dirigentes perredistas de estados donde habrá elecciones el año entrante si están dispuestos a aliarse con el PAN.
Zambrano ejerce con pulcritud las artes de tianguismo partidista que a buena parte de los Chuchos heredó su guía, Rafael Aguilar Talamantes, quien negociaba cuanto le era posible a cuenta y cuento de combatir, mediante esas estrambóticas y redituables alianzas con el cliente en turno, a hipotéticos adversarios malvados y muy peligrosos ante los cuales no quedaba sino hacer equipo con otros adversarios que en esos momentos no eran tan malvados ni tan peligrosos (aunque luego podrían llegar a serlo, ante lo cual ese pragmatismo de izquierda mercantil podría unirse a los anteriormente combatidos, y así hasta el infinito).
Ahora, Zambrano propone aliarse al PAN para combatir al PRI. Es decir, juntarse con Calderón y su pandilla, acusados por propios panistas de haber negociado con el tricolor la entrega de 2012 a Peña Nieto, para enfrentar a los nuevos ocupantes de Los Pinos. Claro que la propuesta mercantil puede cambiar, encarecida, si en el curso de las negociaciones el priísmo ofrece más y entonces la mira izquierdista encuentra que las alianzas deben enfocarse a luchar contra la malvada y muy peligrosa derecha. Servicio al gusto del cliente.
Peña Nieto, mientras tanto, se reunía ayer con la directiva nacional del PAN y los gobernadores emanados de ese partido. Aun cuando sigue el jaloneo nada subterráneo ante las pretensiones calderonistas de maximato de blanco y azul, lo esencial subsiste: hay un pacto entre el que se va y el que llega, para empujar reformas de élite, defender intereses comunes y garantizarse impunidad. Por lo pronto, el mexiquense ha prometido diálogo, entendimiento y colaboración institucional a la cúpula panista actual.
En el plano internacional las cosas no fluyen con tanta tersura para el licenciado Peña. Su primer asomo diplomático estará marcado por el desaseo y la ignorancia. Resulta que a los operadores internacionales del mexiquense se les ocurrió convocar a los presidentes centroamericanos para una especie de reunión a destajo, aprovechando una visita a Guatemala, donde los demás deberían congregarse a escuchar al mexicano sin que éste se molestara en ir específicamente a los demás países. Sólo estarán tres, además del anfitrión (Panamá, Costa Rica y Honduras), pues los de Nicaragua y El Salvador no asistirán. Mauricio Funes, el de este último país (quien tiene diferencias conocidas con el de Guatemala) adujo problemas de agenda y sugirió que ese tipo de reuniones se convoquen a través del institucional Sistema de la Integración Centroamericana y no mediante arreglos entre un mexicano y un guatemalteco. Dicho sistema es presidido actualmente por Daniel Ortega, quien dijo que no fue informado de esta reunión tan peculiar de la nueva diplomacia mexicana que tan mal se estrena.
Y, mientras Juan Sabines pide ni más ni menos que cinco mil millones de pesos para cerrar su sexenio de Hidalgo (aunque éste se desarrolla en Chiapas), ¡hasta mañana, con Javier Sicilia anunciando un merecido retiro de los reflectores, durante unos meses, para meditar y reformularse!



Estaba el doctor Agustín Carstens muy contento por la maravillosa solidez macroeconómica alcanzada por el país, cuando de repente se le ocurrió una novedosa idea para salir del hoyo: la mesa está puesta en México para que la economía pueda crecer a tasas de 6 por ciento, aunque para que ello ocurra es necesario (¡sorpresa!) concretar las reformas que tanto necesita el país en materia eléctrica y petrolera para que en esos sectores estratégicos participe la iniciativa privada ya de forma abierta y legal.
Tan novedosa resulta la citada propuesta, que en los últimos cinco gobiernos (el mismo, en realidad, pero con distintas caretas) se ha repetido hasta la saciedad. Lo único que cambia, de acuerdo con la ocasión, es el sector a privatizar, siempre con el fin de “detonar el crecimiento económico y aprovechar el potencial….etcétera, etcétera). La mesa, pues, se puso muchos años atrás al servicio de unos cuantos y, así, en las últimas tres décadas en este país se realizaron todas las reformas sugeridas por el FMI, se privatizó prácticamente todo el aparato productivo del Estado y el capital privado –nacional y foráneo– se apropió de toda la riqueza nacional. ¿El resultado de la mesa puesta?: a duras penas la economía mexicana ha crecido 2 por ciento como promedio anual en el periodo, y el citado potencial sigue brillando por su ausencia.
Los sectores eléctrico y petrolero son las joyas que el gobierno neoliberal, en sus cinco presentaciones, no ha podido vender, y no por ausencia de intentos. Ese par de productos es el remanente de 30 años de privatizaciones, y el único que a estas alturas permanece en los estantes de la venta de garaje inaugurada por Miguel de la Madrid. Pero no todo lo ha perdido, porque mañosamente, y pasándose la Constitución por el arco del triunfo, el gobierno no sólo ha permitido, sino estimulado la participación del capital privado en esas dos áreas (más descarada en la primera).
La venta de garaje comenzó de forma modesta. Oficialmente, apenas iniciado el sexenio de Miguel de la Madrid, la primera empresa pública que se remató fue Accesorios Tubulares Especiales, una fábrica de bicicletas adquirida por la CTM, con Fidel Velázquez a la cabeza. Poco después, la fábrica de casimires Avatram Mexicana, Bicicletas Cóndor, y así por el estilo. Y el argumento gubernamental fue que el Estado no tenía por qué dedicar tiempo, personal y recursos a la administración de sectores no estratégicos, en lo cual, sin duda, tenía razón. El problema fue que en el corto plazo nada resultó estratégico para el Estado, según la versión de los desincorporadores.
A la venta de las fábricas de bicicletas y casimires siguió la privatización en cascada de líneas aéreas, consorcios mineros, hoteles, embotelladoras, armadoras automotrices, instituciones financieras, productoras de acero, cemento, fertilizantes, papel y cartón, ingenios azucareros, y la devolución de 34 por ciento de la banca estatizada por José López Portillo. Nada resultaba estratégico, y los nombres de los beneficiarios de la privatización se repetían prácticamente en cada una de las desincorporaciones. El gobierno prometía liberar los recursos destinados a estos consorcios otrora del Estado para atender las urgencias sociales y detonar el crecimiento de la economía mexicana. Resultado: 0.34 por ciento de crecimiento anual promedio en el sexenio de Miguel de la Madrid.
Llegó el salinato, y con él más reformas. En materia de privatizaciones metió el acelerador a fondo, con la tesis de que era necesario modernizar el aparato económico, ampliar la participación del capital privado y atender las urgencias sociales con los recursos liberados por la venta de garaje, pues, aseguraba, el redimensionamiento del sector público favorece la participación de los sectores social y privado, aunque en los hechos sólo un reducido número de grupos financieros, industriales, de servicios y comerciales (que en no pocas ocasiones conjuntaban esas cuatro ramas de la actividad económica en un solo consorcio) resultaron beneficiados, es decir, los mismos que en tiempos de Miguel de la Madrid. Así, se desincorporaron más consorcios mineros, ingenios azucareros, carreteras, astilleros, Teléfonos de México, con un largo etcétera, y las 18 instituciones bancarias. Resultado: 3.9 por ciento de crecimiento anual promedio en el sexenio, mayor pobreza y 24 empresarios Forbes, amén de que el detonador económico nunca apareció.
Con Zedillo se registró otra tanda de reformas y la venta de garaje siguió: Ferrocarriles Nacionales, satélites, carreteras (rescate), bancos (rescate y extranjerización), líneas aéreas (rescate), aseguradoras, puertos, aeropuertos, y otras menudencias. Los nombres de los compradores seguían siendo los mismos de los tiempos de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, de tal suerte que los sectores estratégicos quedaron en manos de la oligarquía, con el gobierno y el erario a su servicio. Resultado: 3.5 por ciento de crecimiento anual promedio, con millones y millones de pobres en espera de recibir algún beneficio por los recursos liberados por la desincorporación de empresas del Estado para atender las urgencias sociales.
Más reformas con el cambio y la continuidad. A Fox y Calderón ya no les dejaron mucho en los estantes de la venta de garaje (en cantidad, pero sí en calidad), y ambos se enfocaron en terminar el trabajo que De la Madrid, Salinas y Zedillo, es decir, privatizar los sectores eléctrico y petrolero. Fallaron, pero algo lograron: a estas alturas, el 40 por ciento de la generación eléctrica en el país está en manos de las trasnacionales que llegaron para apoyar a México (versión oficial), y la larga mano del capital privado ya está a medio meter en materia de oro negro. Resultado: 2 por ciento de crecimiento promedio anual en la docena trágica blanquiazul, con más pobres, mayor concentración del ingreso y la oligarquía desbocada.
¿Y dónde quedó aquello de que con las reformas y la privatización se detonaría el crecimiento y se aprovecharía el potencial económico de este país? La respuesta –nítida, sólida y novedosa– ya la dio el doctor Carstens: más reformas y más privatizaciones. ¿Alguna duda?
Las rebanadas del pastel
¿Quién defenderá a los trabajadores de la reforma laboral? ¿Acaso Joaquín Gamboa Pascoe (a mí nunca me verán de huaraches), Víctor Flores (uno de los representantes obreros ante la CNSM), Carlos Romero Deschamps (con su avión particular y los perritos de su hija), Elba Esther Gordillo (sin comentarios), y conexos, todos calladitos y serviciales, a cambio de generosas dádivas y suculentos negocios del y con el poder político?



Datos de la SEP sobre María Esther Orozco
Busqué en el Registro Nacional de Profesionistas de la Dirección General de Profesiones dependiente de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y encontré que la señora María Esther Orozco Orozco (de 1967 a la fecha) sólo tiene los siguientes datos:

Así que lo que publicaron en Internet unos intelectualoides vuelve a incendiar Medio Oriente: caricaturas del profeta, quemas de ejemplares del Corán, y ahora, un video de terroristas de túnica en un falso desierto. Después de sus actos, los perpetradores occidentales cristianos se esconden en el anonimato (porque esto es un requisito indispensable para que la publicidad funcione) mientras los inocentes mueren asfixiados, decapitados. Así, la excesiva venganza de musulmanes demuestra las afirmaciones racistas de quienes gustan de regar la mentira sucia de que el islam es una religión violenta.

La coyuntura política actual del país se resume en pocas palabras. El gobierno panista que está dejando el poder ha sembrado una serie de pendientes que pretende heredar al nuevo gobierno. Esto lo ha venido haciendo Felipe Calderón de última hora, entre otras muchas cosas con su proyecto preferente ante la Cámara de Diputados sobre una reforma laboral que, de entrada, o de salida, intenta lograr un nuevo estatuto del trabajo que no deja lugar a dudas sobre su intención injusta y arbitraria contra los trabajadores y los sindicatos, a los cuales durante todo su sexenio se ha dedicado a golpear, minimizar o someter a una política antisocial de absoluto corte empresarial.

Andrés Manuel López Obrador anunció en el acto en el Zócalo el calendario para decidir si Morena seguirá siendo una asociación civil o se convierte en un nuevo partido. En otras palabras, si continúa siendo un movimiento, cuyos alcances –más que su número– están sujetos a una valoración objetiva después de las elecciones de julio, o se transforma para ocupar de lleno un nuevo papel en la vida pública nacional. La discusión, por lo visto, ha sido intensa y, en mi opinión, por lo que he logrado leer, bastante franca y directa, alejada de los maniqueísmos que suelen endilgarle sus adversarios.

Hay una tendencia creciente de desconfianza y rechazo de la opinión europea hacia la forma en que se ha manejado la crisis del euro, en apariencia interminable. Se manifiesta desde la aguerrida resistencia a la austeridad en las calles de Madrid o Atenas hasta el vigoroso debate de ideas acerca de otras opciones, que rebasa con mucho los marcos estrechos de las cuestiones monetarias y financieras. En agudo contraste, las decisiones y acciones formales de autoridades e instituciones de la eurozona y sus integrantes siguen orientadas a responder a cuestiones que parecen de plazo cada vez más corto y alcance más y más limitado. Quizá tal resulte ser también el caso del conjunto de decisiones adoptadas el 6 de septiembre por el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo –con una etiqueta novedosa: transacciones monetarias directas– a propuesta de su presidente, Mario Draghi, visto ahora –excepto en Alemania, por supuesto– como el eurohéroe.

El discurso que pronunció el presidente Obama en la Convención Demócrata, que lo eligió candidato para un segundo periodo presidencial, planteó diversos asuntos, desde los esfuerzos del pasado hasta las dificultades del futuro, pasando por la política exterior y la propuesta rival de los republicanos. Obama es un gran orador, elocuente, articulado, apasionado y conmovedor. En la convención puso en juego todo su encanto personal, que es mucho, y toda su inteligencia, que es todavía más grande, para afianzar su liderazgo político. No había más que ver los rostros de los asistentes, empezando por el de la esposa del vicepresidente Biden, para comprobar que sus palabras tenían el efecto buscado y que sus simpatizantes lo son de a de veras.

Hace cinco años inició una crisis económica que no ha podido resolverse. Empezó en el mercado financiero estadunidense y británico, pero se extendió de inmediato a prácticamente todo el mundo. En unos cuantos meses ocurrieron muchas cosas: grandes empresas financieras desaparecieron, instrumentos financieros de gran aceptación se hicieron ilíquidos y, lo más importante, decenas de millones personas perdieron su empleo y muchas no lo han recuperado aún. Los bancos centrales fueron actuando, primero, con acciones que dieran liquidez al sistema y, después, reduciendo la tasa de interés.

Cercano el 11 de septiembre es inevitable recordar abominables acontecimientos luctuosos ocurridos en la fecha. Se cumplen 39 años del golpe fascista contra el presidente Salvador Allende y 11 del atroz ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. El primero, una acción de terrorismo de Estado de Estados Unidos pues está documentado que fue planeado por la CIA, aprobado por el secretario de Estado Henry Kissinger y ordenado por el presidente Richard Nixon. El segundo, también una acción terrorista y por ello condenable desde todo punto de vista aunque no se disponga todavía de una información convincente sobre los hechos.

Pensaba continuar escribiendo sobre China, pero como ahora me voy a Buenos Aires y he tenido varios percances con las muy honorables instituciones que nos tiranizan, me espero para mi próxima colaboración. Empiezo: para viajar es necesario avisarlo a los bancos si se pretende utilizar las tarjetas de crédito o débito que la buena o la mala fortuna nos haya otorgado. Se marca un número señalado en el reverso de la tarjeta: suena ocupado. Vuelve a marcarse con paciencia infinita y de pronto una voz atildada agradece la llamada y pide que a continuación marquemos una de las múltiples opciones posibles. Las oímos con atención, pero ninguna parece corresponder a lo que deseamos, que una voz humana no grabada se conduela y nos conteste; después de mucho marcar –el uno, el dos, el tres o el cuatro o de perdida el asterisco cero–, el arcano telefónico nos devuelve una monótona voz femenina, diciendo Gracias por llamar a Banamex, me llamo Lidia Salas, ¿puede proporcionarme su nombre completo? Lo proporciono, deletreándolo con cuidado varias veces al hilo; me ruegan luego que enumere los 16s dígitos que identifican mi plástico, lo hago con mansedumbre de cordero; agregan de inmediato que, para mi conveniencia, la conversación será grabada. ¿Qué hacer, acepto o no acepto? Si no lo hago, la operación no se consuma; hago de tripas corazón y acepto, aunque sé que es un abuso de confianza o quizá una medida totalmente anticonstitucional.

Dos de las grandes obras de Anton Chejov poseen lo que se puede considerar como un final abierto, esto es, que la manera de ser y las situaciones de los personajes de El tío Vania y Las tres hermanas se prolongarán, con todo su tedio y monotonía, una vez caído el telón, sin un desenlace claro a la manera de muchos otros textos dramáticos. El autor irlandés Brian Friel, al que se considera descendiente literario de los grandes dramaturgos del llamado Teatro de la Abadía, se propuso describir algunos posibles desenlaces de estas obras situando a dos de sus personajes en un encuentro casual en un café moscovita. En After play, subtitulada secuelas chejovianas (en traducción de Alfredo Michel, lo que es garantía tanto de exactitud en la traslación como de elegancia en el lenguaje) se conocen e incluso intercambian ciertas confidencias, Sofía Andreievna o Sonia y Andrei Sergueievich muchos años después del final dado por Chejov respectivamente a El tío Vania y a Las tres hermanas, de ahí el título de después de la obra (y me pregunto la razón de darlo en inglés, ya que entre las extravagantes reducciones punto com y la creciente angloparlancia se está liquidando al idioma español).


No hay comentarios.:

Publicar un comentario