6/25/2016

La Nuit Debout será feminista o no será


Lucía Muñoz

“Egalité c’est la parole”. “Igualdad es la palabra”, dice una y otra vez Mathylde, estudiante francesa y una de las participantes en la comisión de Feminismos de la Nuit Debout, “La noche en pie”. Desde el 31 de marzo, la primavera llegó a París en forma de protesta. En la plaza de la República, debaten, proponen, tratan de construir una Francia para la gente. La mecha: la reforma en la ley laboral.
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La ya denominada ley Khomri (nombre de la actual ministra de Trabajo en Francia) ha puesto a todo un país en pie, no solo por la noche, sino más bien durante el día. Una ley que que tachan de neoliberal y que está sujeta a las medidas reclamadas por Bruselas. Una ley “marca España” exportada para los vecinos galos. A grandes rasgos, lo que pretende es facilitar el despido si la empresa prevé perder beneficios y en el caso de las indemnizaciones por despido improcedente caerán de los 12 meses de salario de ahora a seis, y solo si el trabajador lleva más de dos años en la empresa.
Además, la nueva ley pone por delante las negociaciones empresariales sin respetar los convenios colectivos, por lo que si el comité de empresa lo decide, se puede incluso rebajar las horas extra y aprobar rebajas laborales. Sin embargo, a un año de las elecciones de las próximas elecciones presidenciales y con un ambiente tenso en las calles, el Gobierno socialista ha recurrido al artículo 49.3 para aprobar esta polémica ley.
Esto, no solo ha proclamado un descontento del más del 70% de la población sobre la ley, según encuestas francesas, sino que también ha generado un despertar crítico sobre las políticas sociales que se están llevando a cabo en el país. “En Francia hay más de un 10% de desempleo, pero en realidad, el llamado partido socialista francés está creando una desigualdad social aún más profunda. Estamos ante una sociedad clasista y eso hay que cambiarlo y por eso salimos a la calle”, se escucha en una de las asambleas.
De este modo, la plaza de la República se ha convertido en el nuevo Congreso ciudadano de puertas abiertas, sin censura ni discriminación, y dividido en comisiones, como si fuesen los ministerios que se sitúan alrededor de la plaza; ya suman más de una veintena. Hay casi de todo: educación, sanidad, migración, y como no, feminismo. El ambiente reivindicativo de la plaza ha llevado a las mujeres a unirse para defender cinco puntos importantes, empezando por evitar en primer lugar los comentarios y actos sexistas. “Muchas chicas nos sentimos atacadas en algunos momentos de la asamblea porque estamos como en un segundo plano. Primero son ellos y luego nuestros temas. El feminismo es importante para educar a la sociedad y conseguir por fin la igualdad de  género. Eso es ser feminista”, recalca Mathylde desde esta comisión.

Comisión feminista

Como todas las comisiones, la feminista surgió de forma espontánea. Entre conversaciones y puestas en común de los diferentes puntos de vista, varias chicas desconocidas entre ellas comenzaron a hablar de los problemas de las mujeres en Francia. Al principio, solo se reunían mujeres para debatir en el que también se incluía al colectivo LGTBI, pero en seguida se dieron cuenta de que “esta lucha no es solo de las mujeres, es de todos y para todos, aunque es verdad que somos nosotras las que defendemos la igualdad y las que buscamos empoderarnos. En este espacio podemos hablar claramente de nuestras necesidades, incluso de la represión por ser mujer. Hacemos propuestas pensando por primera vez en nosotras, sin sentirnos responsables de los demás”, descarga Mariem, francesa de origen magrebí (y musulmana) que expone la doble discriminación que sufre, “una por ser mujer, y otra por ser magrebí”. Por ello, y para que todo el mundo pueda aportar su granito de arena, ya se están celebrando también reuniones mixtas “con la intención de unir la plaza en una convergencia por la lucha feminista”.
El gesto en forma de vagina representa el desacuerdo de la asamblea ante comentarios y actos sexistas./ Lucía Muñoz
El gesto en forma de vagina representa el desacuerdo de la asamblea ante comentarios y actos sexistas./ Lucía Muñoz
Uno de los símbolos que identifica esta comisión es la unión de las dos manos en el aire en forma de triángulo representando una vagina. Así, se reconoce su presencia y se hacen notar en la plaza. Cada vez que hay algún acto o comentario sexista gritan tan solo con un gesto.
El debate feminista se extrapola a la plaza y va más allá. Sale a la luz el día a día con temas como la desigualdad, la paridad, la violencia machista, la brecha salarial, la prostitución, la discriminación por ser mujer y/o lesbiana, transexual o gay, el trabajo doméstico y también la reforma en la ley laboral, todo el momento presente. “Esta reforma en la ley va a dar lugar a más desigualdad entre hombres y mujeres, no solamente en cuanto a la brecha salarial que ya supera el 15%, sino también en derechos y en reconocimientos. Esta ley va a dar lugar a más estereotipos en el trabajo como el doméstico que solo se identifica con mujeres. Tenemos que acabar con los estereotipos porque las mujeres podemos hacer cualquier trabajo, además estamos más preparadas que los hombres a pesar de no cubrir todos los puestos directos que nos corresponden”, proclama a los cuatros vientos Sophie, impaciente ante la situación actual.
Y es que las asambleas feministas no mixtas han sido muy criticadas desde que comenzaron a celebrarse. En la plaza, principalmente los hombres, se quejan de no poder participar en este espacio solo para mujeres, a pesar de estar invitados a participar libremente más tarde en las reuniones mixtas. Este espacio es totalmente necesario para liberar y recuperar el espacio de la palabra de muchas mujeres que se sienten oprimidas y condicionadas cuando existe la presencia masculina. Una reunión no mixta ayuda a enriquecer la asamblea mixta y general. Según datos del propio movimiento, en la asamblea general el turno de palabra es usado en un 70-80% por hombres.
Sobre un cartón mal cortado se puede leer “Comission Feministe” situado junto a uno de las tantas carpas a los ojos de Republique desde las 17 horas y hasta la media noche aproximadamente, ya que la acampada está totalmente prohibida por lo que montan y desmontan cada día, sin faltar a su cita diaria. Lo que al principio fue la constancia de cientos, tras dos semanas de encuentros, hay días que la plaza acoge cerca de 3.000 personas que escuchan, comparten y participan en la Asamblea General. Hay hasta quien se atreve a proponer los puntos a debatir en forma de poesía.

Del 15M a la Nuit Debout

Isa está en Republique. Trabaja de dependienta en Francia, pero también conoce en primera persona cómo se forjó el 15M. Ha vivido el descontento social en España y ahora se suma al pulso de la indignación francesa. En Sol, entendió por primera vez lo que el feminismo podía ser en la práctica. “Esta carpa surgió de forma muy organizada desde el principio y por primera vez participé en una red feminista. Pasé de la teoría a la práctica creando una red de solidaridad y un movimiento social, entendiendo la participación como ciudadanía. Todos los días había talleres, todo muy pedagógico y con mucha información”, recuerda Isa. Tampoco necesitó mucho más para engancharse. “Me impactó mucho que en las asambleas se utilizaba el lenguaje inclusivo, gracias a la presión de las feministas. Algo que se convirtió en un hecho normal y que incluso después era raro no escucharlo en el resto de la sociedad. De momento, aquí (en París) no se utiliza, solo se repulsan los comentarios y actitudes sexistas”.
La desigualdad de género es uno de los principales debates en la Comisión Feminista.
La desigualdad de género es uno de los principales debates en la Comisión Feminista, que también incluye al colectivo LGTBI./ L.M.
Como con el 15M, el fin es el mismo, pero los medios y los modos son diferentes. “El contexto es muy distinto. También había espacios no mixtos y eso es bueno, porque es cuando las mujeres hablamos y nos escuchamos y nos escuchan sin prejuicios. En París, hay chicas que han hablado de violaciones y otras de agresiones en el trabajo. En ambos, las mujeres tomamos las palabra sin miedo y sin conocernos de nada”.
La Nuit Debout se ha convertido en la hermana pequeña del 15M español, con similitudes, pero con muchas diferencias. Ni Francia es España, ni España es Francia. España era y sigue siendo la indignada: una sociedad desgastada por los recortes sociales, hundida por el desempleo, enfadada consigo misma y sin ilusión por la política. Sin embargo, la plaza llevó a la ciudadanía la unión, la organización, el apoyo, el sentido crítico y el empoderamiento político. En todas las esquinas hoy se habla de política sin importar la edad, clase social, religión, cultura y condición sexual.

La Nuit Debout en Le Balieue

Pero las protestas y las asambleas organizadas no se quedan solamente en el centro de París. Le Banlieue (así es como llaman en Francia al extrarradio, a los barrios marginados) también se han unido a esta movilización ciudadana. En el barrio de Saint-Denis, donde más de la mitad de su población es migrante, los reclamos y las necesidades se duplican. Las mujeres migrantes también son mayoría y en los encuentros se puede ver un amplio abanico de religiones, pero sobre todo de culturas.
Mitu está sentada en la primera fila. No para de comerse las uñas. Está muy nerviosa porque le toca hablar, pero más nerviosa aún por lo que está apunto de anunciar: “He recibido una carta de expulsión”. La plaza enmudece, a pesar de ser el pan de cada día en este barrio. Esta subsahariana lleva una década en Europa y ahora el trabajo escasea sobre todo para las personas de fuera, no solo por el creciente desempleo sino más por el aumento de racismo e islamofobia desde los atentados del pasado 13 de noviembre, tanto que no ha podido renovar la documentación. “Aquí, la mayoría somos mujeres migrantes y tenemos muchos problemas con los papeles, además tengo que luchar el doble por ser negra”, dice con valor Mitu. Ella no conoce muy bien la teoría de la ley Khomri, pero sí la práctica. “Lo mismo que el gobierno está anunciando ahora, lo sufrimos las mujeres cada día, sobre todo las que venimos de fuera. La precariedad laboral es muy grande y también mucha diferencia entre el salario de hombres y mujeres. Para nosotras, con esta ley todo va a seguir igual o incluso peor”, se adelanta la africana.
De esto sabe mucho Louise, que hija de familia migrante, nació y se crió en este barrio. Su labor se centra en ayudar a mujeres migrantes. “En Saint Denis hay muchos casos como el de Mitu, porque la política migratoria es una política muy racista. Sin embargo, ahora estamos conociendo más casos porque con la Nuit Debout la gente ha encontrado por fin un espacio donde poder desahogarse y hablar”. Más de 200 personas rodean la plaza del ayuntamiento de Saint Denis. Hay comida, guardería y las comisiones no son tan específicas como en Republique, sino que se centran más en los problemas del barrio. Eso sí, el tema de la reforma laboral vuelve a sonar cuando a Louise se le pregunta por la importancia de este movimiento. “La ley Khomri no es una ley que tenga flexibilidad, ni que luche por la igualdad, sino que es precaria y da lugar al trabajo parcial. Desde aquí, condenamos las consecuencias irreversibles que puedan tener sobretodo en los migrantes porque acortan los pocos derechos que puedan tener estar personas bajo un racismo patronal, un racismo organizado por el estado”.
Después de más de un mes de protestas, asambleas y actividades, los franceses siguen en marzo (basado en su propio calendario cuando empezó la huelga general del 31 de marzo) con la mirada en abril y no se sabe cuando será, pero mientras tanto aguantarán en las plazas que se extienden ya por toda Francia, a pesar de la fuerte represión policial con gases lacrimógenos, detenciones y vulneración de derechos humanos como el de la libre expresión, a lo que se suma la desobediencia, principalmente, pacífica de los manifestantes cansados de que se antepongan las políticas sociales. Hoy, todo es válido para los indignados franceses que sueñan con reencontrarse con la democracia.

Camarógrafa, periodista y flamenca. Me compré unas buenas zapatillas para recorrer el mundo y tengo un objetivo violeta para ver a través de él. Me decanto por escribir sobre mujeres y migración. Algún día, nos bañaremos en las playas de una Sahara Libre.

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