3/04/2017

Argentina: Crean Red de Estudiantes de la Salud por el Derecho a Decidir


Destruir el oscurantismo en medicina
   Segunda y última parte

Corina Bertone, la alumna de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que se plantó en la clase de Bioética con el fallo de la Corte Suprema en la mano y le recordó al profesor que el aborto es legal en todos los casos de violación y cuando corre riesgo la salud de la mujer embarazada, formó, junto con 12 estudiantes más, la Red de Estudiantes de la Salud por el Derecho a Decidir.  
 
Presentarán la Red el año próximo y, entre los objetivos que tienen están formarse a través de una cátedra libre que proyectan para 2017 en la cual puedan abordar lo técnico, lo legal y lo político. Y, por el otro, generar un material teórico como propuesta para que se hable de aborto en algunas materias donde el tema aparece de manera esporádica: Ginecología, Obstetricia, Medicina Familiar, Bioética, Medicina Legal.
 
Pretenden así “disputarle el sentido a la academia” y llenar el hueco que genera la falta de formación. “Hay muchos estudiantes que están de acuerdo con el aborto, pero quizá no están organizados y entonces no encuentran un lugar donde debatir”, dice la futura médica. “En la Facultad nos tenemos que formar en que la interrupción legal del embarazo es una práctica más como cualquier práctica médica. Es una problemática de salud pública por lo que nos debería interesar como médicos y médicas”, señala Corina.
 
LA RED
 
La Red de Estudiantes de la Salud por el Derecho a Decidir surge como hija de otro espacio: la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir, que existe desde 2014 y reúne alrededor de 800 profesionales conectados a diario y una vez al año en encuentros nacionales. La Red se encuentra dentro de la Campaña Nacional por el Aborto, Legal, Seguro y Gratuito.
 
Egresada de la UBA como médica generalista en 2010, Ana Paula Fagioli es una de las impulsoras de la Red madre. Hoy trabaja en el Centro de Salud Número 5 de San Martín. No recuerda cuándo fue la primera vez que le hablaron de aborto en su formación académica. Mucho de lo que hoy lleva a la práctica lo aprendió como militante feminista y por fuera de los contornos de la academia.
 
En sus épocas de alumna participó del Colectivo de atención primaria de la salud. Recuerda, también, un Congreso Nacional de Medicina General, organizado por la Federación Argentina de Medicina General (FAMG) y la Asociación Metropolitana de Generalistas.  
 
En ese marco, Ana participó de una de las mesas y talleres de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto-Línea Aborto: Más Información Menos Riesgos. “La primera vez que se habla de aborto en la carrera de medicina es en Medicina Legal, que la puedes hacer en tercer año o al final de tu carrera. Te dicen que el aborto es ilegal. Te hablan del Artículo 86, pero después te hablan de las penalidades. Hablan solo del acceso al aborto por causal violación y sin ningún tipo de actualización”, dice la fundadora de la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir que está en permanente contacto con estudiantes.
 
Y recuerda que una de las enseñanzas sobre la temática es la denuncia: “Te enseñan que cuando estás haciendo una guardia y llega una mujer con intento de suicidio y situación de aborto tienes que dar el aviso a la policía o a la justicia”. El continente es negar la práctica. Y algunos docentes son islas que intentan romper con el modelo de enseñanza hegemónico. Pasar por alguna de esas experiencias disruptivas es una lotería.
 
Algunas de sus compañeras le contaron a Corina que en Ginecología, en el Hospital Penna, el curso incluye misoprostol y AMEU. “Todo depende de las voluntades de los docentes. O si eres militante y te acercas al tema. Pero son casos aislados: cátedras electivas que entran solo los que tienen buen promedio, o una sola cátedra de Farmacología o una sola cátedra de Embriología. Todo depende de que haya ayudantes destacados (piolas) y la mayoría son ad honorem (sin remuneración), como en toda la Facultad. Entonces depende de la constancia de esta gente”, aporta Ana Paula.
 
DESTRUIR EL OSCURANTISMO
 
Ignacio Bocles es ayudante de segunda en la cátedra de Embriología. Y es una de las islas. En 2012, junto con colegas, comenzó a empujar una serie de seminarios para hablar de aborto, entre otros temas negados. El primer año se anotaron alrededor de 700 personas. Hoy ya pasaron 3 mil estudiantes por este espacio alternativo. “Hay que destruir el oscurantismo en medicina. La idea es institucionalizar ciertas discusiones que no están presentes y generar tensiones para modificar la currícula. No puede ser que no se discuta un tema de salud pública tan grande”, dice a MU. 

Coincide con Corina y Ana Paula: se habla de aborto en materias aisladas como Medicina Legal, Obstetricia y Bioética y todo depende del cuerpo docente. “Es deficiente la formación. Se quedan en una clasificación de tipos de abortos, dicen. 
 
En Medicina Legal tienen un idioma distinto: el de los abogados. Y el tema se plantea en una materia que dura dos meses, una vez por semana. Te dejan la sensación de no te metas”, resume Bocles. 
 
HACER ESCUELA 
 
¿Cómo es el modelo de Facultad de Medicina que sueñan? Corina es categórica y apunta a modificar el plan de estudios: “Hay que refundar la Universidad”. La joven estudiante también cree que la academia debe repensar la forma de tratar a quienes pasan por el Hospital de Clínicas y son objeto de las prácticas de futuros estudiantes. “A veces hay mujeres embarazada de 9 meses a las que te dicen que les tienes que hacer tacto rectal, y por ahí todos los que están en esa clase tienen que pasar. El maltrato es tremendo”, señala. 
 
“No tiene ningún tipo de formación respecto al cuidado de los cuerpos, al ejercicio de la Medicina como un control, a los derechos de las personas con las que se trabaja. Salimos preparados para instrumentar los cuerpos de las personas. No hay una visión crítica de los profesionales que están formando”, cuenta Ana Paula Fagioli.
 
Para ella hay que barajar y dar de nuevo. “La UBA es impenetrable. Tiene tantas estructuras de poder tan establecidas que lo único que se puede pensar es que implosione”, dice.
 
LA RED Y LA REALIDAD
 
La Red de Profesionales por el Derecho a Decidir también tiene una fuerte impronta de capacitación hacia adentro y afuera. Los integrantes de este espacio van a los servicios con los médicos residentes. Para buscar una formación que no niegue la realidad de las mujeres, hay que ir más allá de la General Paz y el Puente Pueyrredón.
 
Ana Paula rescata como ejemplos tres del conurbano: la Universidad Nacional Arturo Jauretche, en Florencio Varela; la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) y la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). Ella fue docente de esta última en la materia Formación del Ser Humano. 
 
La carrera empezó a dictarse allí en 2012 con un modelo alternativo de enseñanza médica basado en el estudio de problemas. La enseñanza del cuerpo humano no es a través de un órgano, sino a través del debate en grupo a partir de casos. El próximo año la UNLaM tendrá su primera camada de egresados y egresadas. 
 
Nahir Alarcón tiene 23 años y vive en Villa Luzuriaga, San Justo, la misma localidad donde está emplazada la UNLaM. Para ella tener la universidad cerca de su casa fue clave para elegir esta carrera en la que ya cursa el quinto año de formación. Dice que tiene un perfil “más social” que las otras facultades de Medicina. Desde el primer año los y las estudiantes recorren salitas y centros de atención primaria. “Se forman promotores de derechos”, dice Nahir, que ya pasó por el Centro de Salud N° 7 de Villa Celina y por el CESAC N° 5 de Villa Lugano. 
 
EVITAR LA CRIMINALIZACIÓN
 
Como estudiante vio llegar a esos espacios mujeres atravesadas por las consecuencias de los abortos inseguros. La interrupción legal del embarazo, la educación sexual integral y el parto humanizado fueron temas recurrentes en su formación académica. “Lo que nos enseñan es que, más allá de que una esté de acuerdo o no con legalizar y despenalizar el aborto, esa mujer que llega al espacio de salud necesita atención. Y nosotros tenemos la obligación de dársela”, explica. 
 
El abismo incomprensible que existe entre la academia y la vida de las mujeres deja un hueco para la criminalización. En los últimos años se registraron, al menos, 15 casos de mujeres encarceladas por abortos inducidos o espontáneos.
 
En la mayoría de los casos fueron médicos quienes las denunciaron. La falta de una norma que legalice y despenalice la interrupción del embarazo no exime al Estado de sus obligaciones: no morir ni enfermarse por aborto inseguro es un derecho humano básico, universal e inderogable. ¿Cómo convertir un hecho obstétrico o la interrupción de un embarazo en un caso policial? No hablando de los derechos de los cuerpos de mujeres gestantes en la formación académica
 
*Artículo tomado de la Revista Mu, de la cooperativa argentina La Vaca.
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Florencia Alcaraz*
Cimacnoticias | Buenos Aires, Arg .-

No hay comentarios.:

Publicar un comentario