8/30/2018

México, ante una gran oportunidad para resolver flagelos que lo aquejan



El futuro gobierno debe aprovechar la coyuntura para escuchar y dialogar


Como resultado del trabajo realizado desde 2015 por 90 actores de varios ámbitos, que analizaron los problemas nacionales atravesados por inseguridad, ilegalidad e inequidad, se delinearon cuatro escenarios que pueden presentarse en 2030: una nación agandallada, pasmada, responsable o fallida

▲ El presidente de la CNDH, durante la entrevista con La Jornada. 

México tiene frente así una gran coyuntura que debe aprovecharse para combatir y resolver los flagelos que lo aquejan. Los gobiernos que están por tomar posesión (en todos los niveles) tienen la oportunidad de escuchar y dialogar con la sociedad, convocar a todos los sectores y poner sobre la mesa las prioridades de la nación.

El presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Luis Raúl González Pérez, delinea cuatro posibles escenarios para el país en 2030, que son resultado del trabajo comprometido al que se sumaron 90 actores de varios ámbitos (social, empresarial, sindical, académico, gubernamental, institucional y de seguridad, entre otros), todos con posiciones divergentes, pero con un objetivo común: el bienestar nacional.

Estos ejercicios dieron inicio en 2015, con una encerrona de prácticamente todo el fin de semana, donde los participantes –entre ellos González Pérez– tenían que arriesgarse a llegar a acuerdos con quienes presentaban puntos de vista divergentes, al grado incluso de hacerlo con quien no se confiaba o agradaba.

En entrevista con este diario, señala que gracias a ello se construyeron cuatro escenarios que el país podría enfrentar en 12 años: el México agandallado, donde unos cuantos mantienen sus privilegios en perjuicio de la mayoría; el México pasmado, en el que algunos impulsan la transformación, pero es insuficiente; el México responsable, donde todos los actores convergen para un desarrollo más justo y equitativo, y el México fallido, en el que las problemáticas se agudizan.

El objetivo final del ejercicio era abordar desde diferentes perspectivas el análisis de los problemas nacionales atravesados por las que llamaron las tres I (inseguridad, ilegalidad e inequidad).

El ombudsman nacional también se da tiempo para referirse al caso Ayotzinapa, al que define como emblemático de las graves violaciones a derechos humanos que se dieron en el sexenio que está por concluir y el cual muestra la debilidad institucional en la procuración de justicia en el país.

–¿En qué consistió el ejercicio llamado Méxicos posibles?

–En 2015, un grupo se dio a la tarea de emprender estos ejercicios, en los que participamos unas 90 personas de los más variados ámbitos: líderes del sector educativo, empresarios, dirigentes sindicales, activistas, jóvenes, politólogos, representantes de las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina, e intelectuales. Había gran pluralidad. Con base en las ideas de Adam Kahane, el objetivo fue aprender a trabajar desde la divergencia. ¿Cómo colaborar con el enemigo, con quien no estás de acuerdo, no te agrada o no confías? Esa pluralidad nos llevó a la confrontación de ideas y gracias a ese proceso llegamos a cuatro escenarios para el país en 2030.

“Buscábamos resolver tres tópicos: inequidad, inseguridad e ilegalidad, las tres ‘I’. Los tres puntos a partir de los cuales surgen los graves problemas que enfrenta el país. No se trata de diagnósticos, sino de escenarios que podríamos enfrentar en 2030.”

–¿Cómo es cada escenario?

–En el México agandallado, los grupos de poder actúan activamente con el objetivo de proteger y mantener su poder, privilegios y riqueza. Las tres ‘I’ se incrementan, se deterioran. Ello trae consigo un debilitamiento de las instituciones, se mantienen la cultura de la ilegalidad y el crimen, y se acrecientan los privilegios de pocos. Poniendo como ejemplo el juego de la pirinola, aquí unos toman.

“En el México pasmado, unos cuantos trabajan para transformar las realidades, es decir, algunos ponemos (pirinola). Hay un ejercicio desde la sociedad civil, las instituciones públicas y el sector privado para cambiar, pero se logra poco, la violencia subsiste por regiones, se toman algunas acciones económicas, políticas y sociales, pero no son integrales. El esfuerzo es insuficiente.

“El México responsable es el mejor de los escenarios: aquí todos ponemos, todos convergemos. Hay pesos y contrapesos, medios de comunicación independientes y mayor incidencia de todos los sectores en la toma de decisiones. El crimen organizado se contiene, las condiciones mejoran porque supimos escuchar, entender y construir las soluciones que todos requerimos. Hay mayor eficiencia y transparencia en el gasto, participación civil más activa, pero más tomada en cuenta y un combate frontal a la corrupción.

El peor de los escenarios es el México fallido, en el que prevalecen los estados de excepción, se agudiza la violencia, la inseguridad, la injusticia y la inequidad en todo el país. La sociedad se polariza.

–¿Cómo trasladar esto de las ideas a la realidad?

–Hay que aprovechar las coyunturas. Estamos en un momento en el que la sociedad mexicana expresó su voluntad de quién conducirá el destino del país desde el gobierno. Es el momento en el que se pueden aplicar estos ejercicios. Si se revisa el documento Seguridad y justicia en democracia, surgido de una serie de foros convocados por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 2012, la primera conclusión es que se necesita diálogo y un gran acuerdo entre los sectores.

–Hoy, ¿cómo entender estos Méxicos posibles? ¿En qué escenario queremos vivir?

–Hoy, los gobiernos entrantes tienen la gran oportunidad para saber escuchar y dialogar, a fin de poner las prioridades sobre la mesa. Debemos construir las bases para combatir los flagelos y tener en 2030 el mejor de los escenarios.

–¿Ve interés de los actores políticos? Volviendo a su ejemplo, aquel documento de seguridad, al igual que otros sobre educación y ciencia, también emanados de la UNAM, ¿no tuvieron impacto en las políticas del gobierno?

Seguridad y justicia en democracia, por citar uno, se dio en 2012, y el gobierno de entonces (Felipe Calderón) lo desdeñó. El de Enrique Peña Nieto tomó algunos aspectos, pero frente a acciones aisladas, resultados aislados. Lo que vimos es que se agudizó el tema del crimen organizado y la inseguridad. En esa propuesta planteábamos la necesidad de más inteligencia y menos reacción, y no se aplicó. Hoy vemos una coyuntura importante, sumada a un reclamo social. Tengo optimismo en que el análisis de los cuatro escenarios pueda ser considerado.

Es un exhorto a los gobiernos entrantes para que en la política de gobierno el eje central sea la dignidad de las personas.

–Estamos a un mes de que se cumplan cuatro años de los crímenes contra los normalistas de Ayotzinapa. ¿Estará la recomendación de la CNDH antes de ese aniversario?

–Está muy avanzada y es nuestro objetivo tenerla antes del 26 de septiembre. Sin embargo, no me gusta comprometer fechas, porque a veces las realidades de trabajo pueden ser otras. Me hubiera gustado tenerla hace un año, pero a veces surgen temas, como en el de La Rana (Érick Uriel Sandoval Rodríguez), que es inocente (de la desaparición de los 43 normalistas), y hay desdén de la PGR a nuestras investigaciones para mantenerlo en la cárcel.

Este caso muestra la debilidad institucional en procuración de justicia. No veo una actitud de buena fe que debería caracterizar al Ministerio Público. Se mantiene la impunidad para 43 familias y la sociedad no conoce las interrogantes que el caso plantea.

Foto Cristina Rodríguez

Emir Olivares Alonso
Periódico La Jornada
Jueves 30 de agosto de 2018, p. 14

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