12/20/2013

Sorpresas de la prueba PISA




Tatiana Coll
La prueba PISA que aplica la OCDE desde 2003 es básicamente una prueba de opción múltiple, que no evalúa el currículum escolar, que no se aplica cada año, ni censualmente, sino de acuerdo con una muestra integrada por cuatro características escolares diferentes (escuelas urbanas, urbanas marginales, rurales, rurales marginales), que no se vincula a un estímulo económico ni a una acción punitiva, todo lo cual la hace significativamente diferente a la prueba Enlace elaborada por la SEP desde 2006, que sirve básicamente para establecer sus rankings clasificatorios con los fines de premiar o excluir.

La prueba PISA adolece del mismo problema que todas las que se basan en procesos de estandarización de los conocimientos, pero que se aplican a realidades socioeconómicas y culturales muy diferentes. Sus expertos nos dicen que se trata de medir si los estudiantes de 15 años tienen las competencias básicas para la vida. Evidentemente uno se pregunta si puede ser la misma vida y las mismas competencias de vida las que se requieren para vivir en París, Hong Kong, el DF o Washington. O bien en ciudades distintas como Nápoles, Chilpancingo, Liverpool o Manaos. Aun si nos explican que lo que se evalúa es la capacidad para localizar y procesar información, para utilizar herramientas matemáticas para resolver problemas reales y para aplicar conocimientos científicos para tomar decisiones, prevalece una injusta homologación construida por expertos que deciden desde los países desarrollados. Sin embargo la prueba PISA responde claramente a las exigencias del mundo globalizado y a la circulación de cerebros privilegiados como mercancías altamente tasadas, por ello sus resultados son interesantes indicadores.

La primera gran sorpresa para todos los especialistas es la irrupción de Vietnam en un octavo lugar en ciencias, un decimoséptimo lugar en matemáticas y un decimonoveno en lectura, sobre un total de 64 países. ¿Cómo es posible que un país destrozado por la guerra imperialista, con una frágil economía y además socialista, se encuentre por encima de Francia, Alemania y Estados Unidos? Estas desagradables sorpresas son interesantes. En Vietnam se valora altamente a los maestros, se les reconoce con buenos salarios y se ha reforzado la educación rural constantemente. Por aquí podemos empezar a compararnos y medir nuestros resultados en México.

La segunda sorpresa ha enmudecido seguramente a los que machacaron constantemente sobre el ejemplo Finlandia: este país ha caído del segundo lugar mundial al duodécimo. ¿Qué ha sucedido? Los finlandeses responden que pasó lo mismo en educación que con la compañía Nokia: ¡se durmieron sobre sus laureles, se descuidaron y les comieron el mandado! En realidad esta caída alcanza a todos los países europeos. Suecia representa el caso más dramático: cayó prácticamente 20 lugares, colocándose en el lugar 38, por debajo de la media. El primer ministro francés ha declarado que espera que estos resultados sean un electroshock para que Francia reaccione y se decida a enfrentar el problema del abandono y exclusión de las escuelas para migrantes confinadas a un régimen escolar totalmente diferente, que ha llevado a que un alumno inmigrante tenga 85 puntos menos, en promedio, que uno francés. En España el PP sólo acierta a reforzar medidas punitivas mientras los maestros gritan que la crisis ha precipitado un proceso brutal de desigualdad escolar con el cese de 61mil docentes. Estos planteamientos resultan muy interesantes para nuestra comparación: desigualdad, exclusión y recortes prevalecen.

La no sorpresa en cambio son los resultados de nuestro país, totalmente congruentes con la política educativa implementada en los años recientes. Son congruentes con la devastación que prevalece en todos los campos sociales, particularmente la salud, con los resultados económicos producto de una obstinada política neoliberal que sigue apostando a la privatización y mercantilización de todos los procesos. México, se ha dicho, mejoró en PISA desde 2003, sí, pero cayó varios puntos desde 2009. México está en el último lugar (34) de los países de la OCDE y en el 53 de los 65 participantes. Basta con mirar las cifras que el propio INEE ha proporcionado para vislumbrar el porqué de la constante mediocridad y estancamiento: se evaluó a los estudiantes de 15 años que egresan de la secundaria general, técnica, telesecundaria o secundaria comunitaria.

En el país hay 36 mil 500 establecimientos; de ellos, 50 por ciento son telesecundarias, desmanteladas, prácticamente unitarias, con un solo maestro al frente (que barre, es director y profesor, velador y tiene que buscar coperachas para pagar la luz). En todo el sistema de secundarias 50 por ciento de los maestros tienen contratos de horas y corren de una a otra escuela todo el día. No necesitamos del censo para saber esto. En estas condiciones, ¿acaso pueden sorprendernos los desastrosos y reiterados resultados?
PD. Una pésima noticia: la SEP ha decidido reinstalar la prueba Enlace.

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